Capitulo 2
Nueve ilusiones
A Ren no le tomó mucho tiempo llegar a la segunda base de los Uchiha. Sin embargo, desde que asesinó al grupo de Uchihas, había viajado el día y la noche sin detenerse, por lo cual su primer objetivo era descansar y encontrarse con su amigo. La base se concentraba en un claro donde las tiendas estaban una al lado de la otra, perfectamente alineadas. Entró al claro y se detuvo a la espera de algún ataque. Los Uchiha no acostumbraban a sorprenderse con la llegada de los intrusos, sino viceversa. Pero parecía que el campamento estaba vacío, ya que, sólo el silencio le respondió. El niño sonrió a medias, confiado y se introdujo en una de las tiendas del medio de la fila, que pertenecía a su amigo.
El lugar era pequeño y habían pocas cosas; unos pergaminos, ropa, armas, un baúl y una manta en el piso, en forma de cama. Si bien era poco, todo estaba perfectamente ordenado. Como era evidente que no estaba allí, comenzó su "descanso". Ren abrió el baúl con un chirrido y luego de escarbar un poco encontró un pedazo de pan fresco. Su estómago sonó fuerte en modo de protesta y sin pensarlo mucho comenzó a comerlo.
De repente, la tela de la entrada del lugar fue corrida por un niño de la misma edad que él, pero un poco más alto, con el cabello completamente liso y de un marrón oscuro que casi le tapaba los dos ojos. El niño lo miró desconcertado, con los ojos como platos, mientras Ren lo miraba masticando el pan.
-No te voy a dar.
Le dijo el niño de la mirada fría. El otro Uchiha salió de su asombro y su rostro se volvió rojizo entre la indignación y la vergüenza.
-¡¿Qué haces aquí?!- Le gritó a su amigo apuntándole con un dedo. Ren le mostró lo que quedaba del pan, con cara de que era evidente.
- Ese es mi pan, Ren.- le dijo fulminándolo con la mirada. Como respuesta se comió de un bocado el restante. El otro niño produjo un chillido de irritación y se arrodilló junto a las migajas balbuceando cosas como "El único pan que me quedaba", "Niño loco y raro" y "Tendré que comprar más".
-Ya no.- Dijo tranquilamente Ren mientras se limpiaba las migajas de su ropa.- Creo que debemos marcharnos esta noche, Soun.
Él levantó de manera rápida la cabeza y se irguió pálido.
-¡¿Q-qué?! ¡¿Estás loco?! No me digas que has llevado a cabo lo que habíamos estado hablando hace tiempo… ¿Te… rebelaste?
-Es… una larga historia.- dijo arrastrando las palabras, de manera pensativa. Luego clavó sus ojos en él y sus vestimentas y prosiguió de manera firme.- Mañana al salir el sol nos debemos encontrar a 12km de aquí, para encontrarnos con mi contacto.
Soun analizó sus palabras.
-¿Y si no quiero ir?
Ren lo miró y sacó de su manga una manzana.
-Entonces me llevaré sólo la comida.- Dijo sonriente.
-¡Eh!- gritó Soun mientras intentaba sacarle la manzana, que ni siquiera sabía que tenía. Al final se cansó y lo miró echando humo por las orejas.
-Agh.
Luego de hablar unos minutos más, Ren terminó de convencer a Soun, quien juntó sus pocas pertenencias y media hora más tarde, ya estaban en camino, con el atardecer alumbrándolos. El nuevo recluta, si bien se quejó durante un largo rato, una vez que lo convenció, guardo silencio. Ambos siempre habían deseado sentir ese sentimiento de libertad, desligado de la guerra y su clan, aún sabiendo que por más que se alejaran a kilómetros del peligro de su hogar este seguiría latente en cada rincón a donde fueran. Su camino fue silencioso, incluso cuando la noche los cubrió y la oscuridad los hacía difícil divisarse. No dijeron una sola palabra, hasta que Ren se detuvo en seco.
-Llegamos.
Soun por un momento creyó que se chocaría con él y ambos caerían al vacío, ya que Ren dirigía la marcha adelante a muy pocos metros de su posición. Sin embargo, al detenerse de repente, ni la oscuridad ni la distancia lo ayudaron para frenar su corrida, por lo cual cayó al suelo desde una gran altura, sin llevarse consigo a Ren, ya que este se corrió segundos antes sin siquiera amagar a salvar a su amigo.
Soun quedó estrellado contra la hierba, mientras en la noche se escuchaba una risa que provenía de su compañero unos metros más arriba.
-Muy gracioso.- dijo escupiendo pasto.
-Creí que eras más ágil.- contestó seguido de una risa.
-Idiota.
Ambos se refugiaron bajo un gran árbol y se turnaron para dormir. El punto de encuentro era un lugar boscoso y sombrío, pero señalizado por una kunai que se encontraba por encima de la cabeza de los muchachos, clavada en el tronco y adornada con un listón rojo.
Junto al amanecer esperaron la llegada de Tetsu, pero los minutos pasaban y el horizonte seguía igual de desierto. Ren se recostó sobre una roca y allí descansó en absoluta tranquilidad, a diferencia de Soun quien cada vez estaba más inquieto. A medida que el tiempo avanzaba el nuevo recluta desconfiaba aún más de aquel nuevo compañero que debían tener. Tenía tantos deseos de recorrer libre aquellas tierras, que le exasperaba el tiempo perdido. A la media hora, Soun ya estaba enojado, por lo cual sacó la espada y comenzó a cortar un árbol "practicando". Luego de un rato el sudor y el cansancio lo vencieron y se recostó boca arriba sobre la hierba. Ren abrió un solo ojo y lo observo unos segundos para luego volverlo a cerrar.
-Así arruinaras la espada.
Soun lo miró ceñudo y resopló.
-¿Por qué seguimos aquí? ¿Cómo sabes que vendrá? ¡Hace media hora tendría que haber llegado!
Ren siguió en silencio, ignorándolo. Eso solo sirvió para empeorar el mal humor del muchacho. Por un momento se quedó pensativo jugueteando con la hierba. Luego miró aun más ceñudo al niño de la mirada fría.
-Hay algo que aún no entiendo. Has escapado de tu clan de improvisto, aunque sinceramente creo que no me has contado bien esa parte y luego te has encontrado conmigo. ¿En qué momento te comunicaste con tu contacto para encontrarnos?
Ren suspiró y abrió los ojos lentamente fastidiado.
-Le envié un águila mensajera. Este suele ser nuestro punto de encuentro, para pasarnos información. Es una especie de espía.
-…Y… ¿Se supone que es nuestro compañero? ¿Un espía?
Ren lo miró serio.
-Te aseguro que será fiel. Y la única razón por la que lo esperamos es porque no es muy conocido por su puntualidad.
Soun suspiró y le arrojó algunas hierbas que había arrancado del piso. Ren ni se inmutó, salvo para soplar un pedazo de pasto que se le había quedado pegado a un mechón de pelo.
Pasó una media hora más en la que Soun no dejó de quejarse recostado en el césped. En un momento, Ren abandonó su postura y se levantó sacudiéndose la ropa. Soun se levantó como un resorte listo para prender la marcha, aunque ya estaba fastidiado lo suficiente como para no pronunciar palabra. El niño de la mirada fría miró una vez más el horizonte y comenzó a caminar para el sentido contrario, pasando por al lado de su compañero.
-Vámonos.
Soun le siguió despacio, ya que tenía partes entumecidas de tanto esperar. Pero no llegaron a caminar unos metros cuando se escuchó a lo lejos unos gritos. Ren se dio la vuelta lentamente. Más gritos. No eran de desesperación ni auxilio, sino, un llamado de atención. Su compañero se giró y divisó a lo lejos un muchachito que venía corriendo a toda velocidad cargando consigo una bolsa de dos veces su tamaño. Agitaba su brazo mientras gritaba, con una sonrisa en el rostro. Soun miró a Ren.
-Es él.
El quejoso Uchiha, clavó su espada en el piso hecho una furia y comenzó a tronarse los dedos con rabia, mientras veía que se acercaba el nuevo compañero.
-Ese hijo de…
-Yo me encargo.- Dijo Ren mientras posaba su mano en el hombro de Soun para que se relajase. Este soltó todo el aire por la nariz con los ojos cerrados.
-Bien.
El nuevo integrante llego frente a ellos agitado y sonriendo a la vez. Su pelo era largo hasta los hombros y estaba peinado hacia atrás muy prolijamente. Tenía la altura de Ren y era algo más escuálido que los otros dos. Sus ojos eran negros y pequeños, lo que daba un aspecto algo ingenuo.
Se irguió y poniendo la mano sobre su cabeza, como un soldado, miro a Ren e infló pecho.
-¡Buenos días, Ren! Estoy completamente preparado para la aventura. Lo he estado, desde que llegó tu carta.
Ren suspiró cerrando los ojos, como si estuviera acostumbrado al ataque de energía de aquel muchacho. El niño miró a Soun, quien parecía asesinarlo con la mirada y le ofreció la mano.
-Tetsu Nanashi .- Se presentó con un gesto solemne. Soun lo miró fijo unos instantes y estrechó su mano.
-Una hora tarde. Una hora.- dijo estrujándole la mano. Tetsu sonrió nervioso. Ren apartó la mano de ambos y miró serio al nuevo integrante.
-Soun Uchiha. Y tiene razón. No podemos tolerar más tardanzas. Habíamos acordado al amanecer, debes ser puntual, Tetsu, los ninjas son puntuales. ¿Cómo te excusas?
-Me… quedé dormido.- Rió de manera nerviosa.
-¿Y que se supone que es eso?- dijo Soun con desdén señalando la inmensa bolsa que cargaba Tetsu a sus espalda.
-Provisiones. Ropa. Cosas vitales.-Dijo con una amplia sonrisa. Soun se quedó analizando las palabras unos segundos, esperando que le dijera que era una broma.
-¿Lo dices de verdad? ¿Piensas cargar con eso de por vida?... Ni las mujeres de mi clan llevan tanta ropa.
Tetsu se sonrojó ofendido.
-No sabes lo vital que puede ser. Cuando mueras de frío o de hambre, recordarás esta bolsa. Además es más liviana de lo que se ve.
-Creo que ser ninja implica…
-Suficiente.- Los cortó Ren.
Ambos miraron a Ren, sorprendidos. Este los estaba mirando con desaprobación.
-De ahora en más debemos ir juntos. No podemos empezar así. Deben saber tolerar sus diferencias, porque, les recuerdo, somos un equipo. Estamos los tres desamparados, pero si alguno quiere irse solo ahora, es libre. Pero no creo que les vaya mejor que si seguimos el camino, juntos.
Ambos compañeros se miraron desafiantes, pero luego de medir las palabras de Ren, lo pensaron mejor y se estrecharon nuevamente la mano.
-Tetsu Nanashi.
-Soun Uchiha.- dijeron ambos serios. Ren se dio media vuelta, y comenzó a marchar.
-Vamos.- Dio media vuelta y sonrió, reprimiendo una risa.
-Era hora.- Dijo Soun mirando a Tetsu. Este volteó la cabeza ignorándolo.
-¡Espérame, Ren!- dijo Tetsu con renovada energía y una sonrisa resplandeciente, cargando la bolsa sobre su espalda. Soun se dedicó a sacar la espada del suelo, observando la escena con hastío. Esas energías de su nuevo compañero lo ponían de mal humor. Con la espada en mano, se dirigió hacia donde sus compañeros, pero se topó con la gigante bolsa que arrastraba su irritante compañero. Soun miró la bolsa ceñudo un instante, hasta que se dibujó una sonrisa maligna sobre su rostro lentamente.
Con la espada aún desenvainada, creó un pequeño corte en la horrible tela de la bolsa, lo suficientemente grande para que prenda por prenda abandonara aquel saco. Cuando vio que su plan se desempeñaba a la perfección y que Tetsu no se daba cuenta, sonrió aún más.
Transcurrieron dos días y un amanecer, hasta llegar a su destino. Desde la primera noche empezaron a tratarse con un silencio indiferente, ya que se había generado una gran pelea a raíz de la pequeña broma de Soun. Tetsu estaba completamente indignado y no paraba de decir que si llegaran a pasar hambre o frío la culpa sería completamente de él. Soun por su parte, afirmaba que gracias a él avanzaron mucho más rápido, que con la bolsa. Ren por su parte se debatía entre reírse ante la situación o disuadirla, pero al pasar los días la disputa comenzó a irritarlo. También debía sumarle el hecho de que le comenzaba a exasperar no llegar a su destino. El objetivo de Ren era un templo antiguo, que había visto en unas de sus misiones. Carecía de tiempo, pero fue suficiente para saber que estaba abandonado, aún cuando ni siquiera había entrado. El lugar, por fuera, se veía impotente y majestuoso, aunque la maleza había tomado posesión de él. Ren había fantaseado muchas noches con entrar a ese lugar y hacerlo su refugio y ahora, finalmente, podía cumplir aquel sueño. El único problema era que no recordaba con exactitud el camino y esforzaba su mente al máximo para no perderse.
Llegaron un amanecer completamente agotados, luego de haber pasado por una zona sumamente escarpada.
-¡Ah, majestuoso!- gritó Tetsu ni bien pudo verlo. Nunca parecía agotársele la energía.
-Al fin.- Contestó Soun mirando mordazmente a su compañero. Estaba agobiado por el viaje y las ganas de maltratar a Tetsu le carcomían las venas.
Los tres caminaron lentamente, con el niño de la mirada fría a la cabeza. El lugar constaba de varias casas del mismo estilo repartidas en diferentes zonas y un gran templo que se llevaba toda la atención. Tenían unos colores verde oscuro para el techo y beige para el resto, que se camuflaban con el bosque.
Los tres muchachos estaban en absoluto silencio, anonadados, mirando cada rincón. El camino casi tapado por la naturaleza, los conducía al majestuoso templo. Tetsu se adelantó corriendo y al tener unos metros de distancia se giró, caminando en reversa, agitando un brazo y con su típica sonrisa, los invitaba a una carrera. Soun bufó, pero justo cuando estaba por gritarle algo, una explosión los empujó a los tres lejos.
-¡¿Qué demonios fue eso?!- gritó Soun tocándose la cabeza por el duro golpe que se había llevado. Lo único que le contestó, fue el grito de Tetsu a lo lejos. Ren y él se levantaron alarmados y la escena que se desarrollaba en frente los dejó más impresionados. Tetsu estaba en el piso con los ojos abiertos como platos y, frente a él, erguido y sin expresión se hallaba otro Tetsu. Pero él no era el único con un clon. Las copias de Soun y Ren los miraban serios uno al lado de otro.
-¡Reúnanse!- gritó Ren. En seguida Tetsu y Soun se replegaron a su espalda, formando un triángulo. Simultáneamente, sus clones se pusieron frente a sus respectivos originales. La respiración de Tetsu era muy superficial, ya que estaba afectada por el susto.
-Cálmate.-ordenó Soun. Ren se dedicó a observar sus copias detenidamente, analizando la situación. Parecían que aquellas no se moverían, a menos que ellos mismos lo hagan. Como un espejo.- Debe ser un jutsu barrera. Protegen la entrada al templo.- dijo en voz baja a sus compañeros.
-¡¿Qué hacemos?!- gritó Tetsu.
-Atacar.- dijo Ren. Enseguida los tres se dirigieron frente a sus respectivas copias. Los originales y sus falsificaciones se miraron desafiantes. Aquellos eran completamente iguales, salvo por su inexpresividad. Pero, aquello significaba que tenían sus mismas habilidades y debilidades. ¿Cómo demonios vencerían, teniendo el mismo nivel?
Ren escuchaba como los demás comenzaban a atacar, pero, él prefirió quedarse midiéndose. Definitivamente, la copia no atacaría primero. Ren sacó una kunai, haciéndola girar con el dedo, antes de atraparla firmemente con la mano derecha. La falsificación hizo exactamente lo mismo.
-Bien.- Le susurró.
Se acerco corriendo y ambos esquivaron una patada a la cabeza. Apuntó la kunai a las costillas y simultáneamente bloqueó su lado contrario, esperando el mismo ataque. Con rapidez, manipuló una patada baja, hacia un nervio de la pierna, pero también lo recibió él, del falso Ren.
-Tsk.- soltó ante el dolor. Con un puño al pecho, ambos se alejaron varios metros, creando una estela de polvo y tierra. Ren se sostenía la pierna derecha, que le temblaba producto del golpe. Del otro lado, su copia mantenía la misma posición. Agitado, se dio cuenta que no podía continuar así. La única manera de hacerle daño, era hacérselo así mismo; ese era el truco del jutsu. Aquella pelea era inútil, no podría vencerlo, no con sus propias técnicas. Ren abrió los ojos de pronto, ante lo que acababa de descubrir.
-Mangekyo sharingan.- Susurró, mientras las seis aspas aparecían, sobre la superficie roja de su ojo. Vio como a su copia, le aparecían progresivamente las aspas, copiando a la perfección su kekkei genkai. Quizás el clon peleara como él, pero no pensaba como tal. La clave estaba en probar algo que nunca haya hecho. Esto no lo había probado nunca, pero… Ren sonrió levemente y pronunció, apuntando al pecho:
-¡Kamui!
La copia se vio de pronto sin un hombro y succionado por aquel repentino vórtice, pero no llegó a hacerlo completamente, ya que, explotó dejando una nube blanca en su lugar. Mierda había errado enormemente. Ren apoyó una rodilla, mientras se tapaba un ojo. El dolor en aquel, era punzante y latente. Se irguió suspirando y sus ojos volvieron a su sharingan normal. Miró a su alrededor y a unos pocos metros detectó a Soun peleando consigo mismo.
Soun jadeaba sonoramente, mientras se limpiaba la sangre del labio. Su copia, en cambio, lo miraba seriamente con un ojo hinchado por un reciente golpe. Tal vez él era lo suficientemente rápido para engañar a su falsificación, pero con eso no bastaría. Con la espada en alto, el Uchiha apuntaba a su clon con aire de desafío.
-¡Retrocede!- gritó Ren mientras se acercaba a toda velocidad. Soun lo miró de soslayo, lo suficiente como para acatar la orden. El clon se acercó dispuesto a atravesarlo con la espada, pero Soun retrocedió con un salto, salvándose por poco. Mientras se deslizaba hacia atrás, topó con la espalda de Ren, que en el acto ordenó : - Muévete cuando te diga.
-Per…
-¡Muévete!-Gritó Ren, que había terminado su sello de manos. Soun se arrojó al suelo, aún con su espada en la mano, mientras su compañero giraba sobre si, escupiendo una gran bola de fuego. El clon se protegió la cara, pero sus prendas se incendiaban con rapidez. Ren lanzó su espada a Soun, quien se estaba incorporando, con velocidad. El Uchiha corrió con ambas espadas en las manos hacia su clon que se tapaba el rostro, a medida de que el fuego se disipaba. Soun cortó a su clon en forma de cruz y este se evaporó, dejando una nube blanca. Miró a Ren, con su típico frunce de seños.
-No te me vuelvas a poner a las espaldas. Casi termino atravesado.
-Al menos no fuiste calcinado.
-¿Cómo sabías que era yo?
-Porque estabas a punto de cuestionar mis reglas. Ya sabes, los clones no hablan. Ni contradicen las órdenes.
-¡Pero eso fue cuestión de segundos!
-Tienes suerte.
Soun abrió la boca para maldecirlo, pero un temblor los interrumpió. Miraron a su alrededor, pero se encontraban completamente solos.
-¿Dónde está Tetsu?
Ambos corrieron hacia la parte donde la tierra estaba claramente removida. Se internaron detrás de unos árboles, fuera de los límites del templo. Aparecieron ambos armados y listos para defender a su compañero, pero se quedaron helados ante la escena. Delante de ellos había dos cabezas, separadas por varios metros de tierra. Las dos cabezas se miraban, una con indiferencia y la otra echando fuego con los ojos.
-¡Maldito clon! ¡No uses mi jutsu al mismo tiempo que yo! ¡Aaagh!
Gritaba desaforado Tetsu, mientras se movía con ímpetu. Pero todo su cuerpo había sido tragado por la tierra al igual que su contrincante. Soun no pudo evitarlo y soltó una risa, al tiempo que cargaba la espada al hombro. Ren por su parte, sufría una especie de decepción y gracia por su compañero, que se limitó a soltar el aire con una ligera sonrisa.
-Hay que matar el clon.-dijo el niño de la mirada fría.
-Sí, pero… ¿Cuál será?
-¡¿De qué hablan?! ¡Es obvio que soy yo!- gritaba la cabeza desaforada de Tetsu.
Soun se acercó al clon, y se acuclilló a su lado.
-¿Qué dices, Ren? Es más callado y obediente que el otro… ¿Nos lo quedamos?-Dijo mientras apoyaba la mano sobre la cabeza del clon y le revolvía el pelo, como si fuera un cachorro.
-¡¿Qué tonterías dices, Soun?! ¡Cuando salga de aquí…!
Soun se acercó con velocidad al Tetsu original y apoyó la punta de la espada, en la nariz.
-Hora de deshacernos del que sobra…
-¡Ren!
Ren clavó la espada en la cabeza del clon, como si lo hiciera en la tierra. La copia explotó con una nube blanca, dejando un hueco en el suelo. Soun se giró y lo miró molesto.
-¡No se vale! ¡Iba a ser la única vez que lo pudiera matar en verdad!
Tetsu y Soun se miraron. Este último sonrió maliciosamente.
-O tal vez no…
-¡¿Me pueden sacar de aquí?!
-Me gustaba más el silencioso…- susurró Soun.
Luego de recomponerse de la pelea los tres se encontraban nuevamente en las puertas del templo. Habían recobrado sus expresiones de asombro y ansiosos, admiraban con inquietud la puerta cerrada.
Ren apoyó su mano en la puerta y luego de unos segundos la empujó. Los niños entraron con sigilo, ante la magnitud del lugar y el peligro de que haya más trampas. Pero luego de unos segundos se separaron maravillados y con la curiosidad despierta. El primero en salir del estado anonadado fue Tetsu que salió disparado a una habitación, que tenía dibujado por encima de la puerta un tigre. Al rato, Soun se vio atraído por lo que le pareció era el brillo de unas espadas. Sigilosamente se acercó a la habitación dejando atrás a Ren. Este último vio como se alejaba hasta que su cuerpo desapareció tras el umbra. Al cabo de un rato, escuchó como Soun silbaba ante lo que acababa hallar.
El niño de la mirada fría sonrió a medias. Parecía que el lugar ya no tenía más trampas. Siguió caminando en absoluto silencio, hasta que se topó con un lugar, digno de un rey. La sala era era amplia, lúgubre y solo estaba decorada por un asiento, parecido a un trono, pegado a la pared. Sin embargo, por encima de esta había nueve máscaras. Nueve máscaras de zorro, todas iguales pero completamente diferentes gracias a unos pequeños detalles. Las nueve máscaras estaban alineadas contra la pared. Ren se acercó maravillado. Cuando estuvo a la altura de la quinta máscara, la del medio, la descolgó y acarició su superficie. Aquella máscara era blanca con detalles en rojo. El niño de la mirada fría deslizó el dedo por las curvas con una sensación extraña en el pecho. Levantó la cabeza y miró con detenimiento la ventana. Inhaló y se colocó lentamente la máscara.
Sin dejar de mirar a la ventana pronunció.
-Kitsune.
