Un hermoso parque a orillas de un río, era el lugar preferido de la joven enfermera que disfrutaba sus últimos días de incapacidad junto a su pareja de hombrecitos.

— ¡Oye Shun!—gritaba un pequeño peliazul desde arriba de unas hamacas— cuando camines te traeré a acá para que juegues conmigo.

Su madre le dedicaba una hermosa sonrisa y con la mano sujeta del peliverde saludaba a su hermano, de repente apagó su sonrisa y clavo su mirada en la nada, un poco extrañado Ikki se acercó a su madre y acarició a su hermano que gorgoteaba al tenerle cerca.

— ¿Pasa algo mamá?— preguntó sacándola de sus pensamientos— ¿estas tiste?— continuo el pequeño con su ceño fruncido.

Su madre lo observó y con ternura alborotó su rebelde cabello— no nene, es solo que no sé nada de Amy la madre de Pandora—respondió.

El pequeño se sentó a su lado sin soltar la mano de su hermano que comenzaba a llorar y suspiró.

— ¿Que tiene?… digo, Pandora debe de estar feliz con su hermanita ¿no?— dijo con tono de fastidio mientras fruncía su boca— ¡bueno!—exclamó derrotado al ver la ceja ligeramente levantada de su madre—… la visitaremos ¿verdad?— su madre respondió con una tranquila sonrisa.

—Eso deseara Ikki, pero tu hermano está muy pequeño para viajar aun y además tienes que entrar este año a la guardería…—la llegada del padre interrumpió la amena charla de su familia y su rostro preocupado la alarmó— ¿Pasa algo mi vida?

—Shijiro… — dijo el hombre arrodillándose ante su esposa e hijos—recibí una carta de la policía alemana, pasó algo a tu amiga y a toda su familia, han reunido a todos los familiares que viven en otros países, dicen que han desaparecido y nadie sabe nada dela pequeña Pandora y el bebé… dice que debes presentarte en la brevedad posible al ser una de sus amistades más allegadas, pero no creo que…

La peliverde sostuvo la respiración por unos momentos y apretó la mano de su esposo—Quiero ir—interrumpió con una quebrada voz—ella es mi mejor amiga, casi mi hermana mi…

— ¿Que pasara con Shun?—preguntó su esposo—es muy pequeño para un viaje tan complicado, e Ikki No podemos llevarlos a ambos… yo no quiero que te arriesgues… ¿Quién lo cuidará?

—Tú…

— ¿Cómo dices?

—Si… tu cuidaras de ellos Mako—dijo sosteniendo el mentón de su esposo— Shun sabe tomar biberón y sé que Ikki no dará problemas—solo serán unos días y cuando todo pase volveré—sonrió y deposito un suave beso en sus labios.

—P, p, pero Shijiro… yo

—Shhhh— dijo poniéndoles sus delicados dedos en su boca—ellos son buenos niños mi vida, mi amiga me necesita, además ya pase mi cuarentena Dr. Makoto Sho.

Un suspiro de resignación salió de sus labios, no podía negarle nada a esa sonrisa tan sincera y esos enormes ojos azules cubiertos por juguetones rizos verduzcos—Te amo— le dijo mientras la observaba.

—Yo a ti más—sonrió ella.

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A la mañana siguiente el sol no salió, una tenue llovizna oscurecía el camino hasta la estación, sin muchos ánimos el padre acomodó de nuevo el asiento del bebé y el cojín de Ikki, tensó una última vez los cinturones mientras el pequeño peliazul lo observaba con el ceño fruncido, suspiró sobre el volante y arrancó el auto.

Su esposa le sostuvo la mano y le brindó una sonrisa de ánimos, pero muy dentro de él algo no estaba bien, esos presentimientos que te abordan cuando algo muy terrible va a pasar lo acosaban, aun así siguió su camino en silencio, solo la música de la radio producía algo de ruido.

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Sentada en la ventada con sus brazos rodeando sus cortas piernas, sus vestidos rotos y la cara sucia, la pequeña Pandora vigilaba su fortaleza hundida en el silencio más ensordecedor, no estaba Adolf, no había sirvientes, tenía hambre y las pocas provisiones que existían en la despensa amenazaban con terminarse de un día a otro, el hedor a mortandad inundaba cada uno de los salones que alguna vez brillaron con armonía y llenaron con risas suyas y las de su madre.

Dos enormes gotas resbalaban por sus mejillas abriéndose camino entre la suciedad que manchaba su pequeña cara, suspiraba de manera entrecortada y con torpeza restregaba sus ojitos, en la pequeña cuna el resto de lo que se podría llamar bebé se había transfigurado en una cara vacía y oscura, donde daba la impresión de poder observar galaxias danzantes.

—Mi señora no debe llorar— dijo entre la oscuridad una suave voz.

De un salto Pandora se levantó de la ventana y dio unos pasos hacia el frente

— ¿Quién edes?— preguntó la pequeña mientras se lanzaba a proteger a su hermano — ¿Qué haces aquí? ¿Qué quiedes?

De la oscuridad un jovencito no mayor de doce años, alto, de cabellos rubios y unos ambarinos ojos afilados, se presentó ante ella, con su semblante serio dobló su rodilla y llevó una mano a su pecho.

—Radamanthys de Wyvern mi señora—contestó levantando su mirada y clavándola en los purpuras orbes de la niña— juez de Caina y espectro del señor Hades.

—Rama… Raga… ¿Raramandys?—balbuceo la pequeña, con su ceño fruncido.

—Radamanthys—repitió un poco molesto—mi señora Pandora.

—Así que tu edes uno de los Jueces…— la pequeña camino hacia el hombre— levántate Raramandys—colocó una manita entre los dedos del chico, depositando esta vez su tierna mirada en sus ojos—los señodes Thadatos e Hipnos me dijeron que serían tres—dijo con una mala pronunciación mientras sostenía su mentón.

—Los otros están abajo mi señora—comentó el rubio mientras se colocaba de pie frente a ella.

Antes de salir de la habitación corrió de nuevo hacia el moisés y tomo él bebe con el alma de hades aun dormida, celosa de su presencia y todavía un poco desconfiada cubrió el rostro del cuerpecito que cargaba, un pequeño paso atrás dio la pequeña niña al presenciar de nuevo la majestuosa altura del juez de Wyvern, giro su cabecita despeinada y colocó su mirada purpura en los amarillos del chico.

—Sígame mi señora—hizo un pequeño ademan con su mano invitando a la pequeña a seguirle mientras le abría la puerta.

— Soy Señodita… — dijo la niña deteniéndose por un momento.

— ¿Perdón?

—Soy una niña pequeña… Raramandys, señodita Pandora pada ti.

—Mil disculpas Señorita Pandora—el joven juez sonrió orgulloso de la pequeña que en vez de mostrarle temor, daba signos ya de ser la elegida Heraldo, y aunque sus ojos le mostraban a una criatura indefensa sabía que dentro de ese corazón albergaba a una mujer poderosa, fuerte e inquebrantable, la mano derecha del señor Hades y la mujer que alguna vez logró amar aun con su corazón lleno de oscuridad, sabía que algún día despertaría por completo, así como ellos tres habían sido asignados y despertados totalmente en esos cuerpos adolescentes, eso sí con una memoria más vieja que el mismo Hades, una memoria llena de confusos recuerdos con ella, pero que por el momento debería dejar guardados.

ooo

Frente a la pequeña dos jóvenes más, colocaron su rodilla el piso al momento que la observaron entrar, y bajaron sus miradas en señal de respeto.

—Minos de Grifo mi señora— se presentó el primero de cabellos blancos y ojos dorados mientras levantaba su pálido rostro

—Aiacos de Garuda mi señora—dijo un pelinegro de mirada purpura y rostro redondeado.

—Son 108 espectros en total señorita— resaltó Radamanthys a su espalda— los demás aun duermen bajo el sello de Atena y no pueden despertar hasta la llegada del señor Hades, nosotros hemos sido liberados por los dioses gemelos, pero los demás deberán esperar.

La pequeña camino hasta los espectros arrodillados—tengo hambre— dijo acercándose al peliblanco— y mucha.

Tambien apesta—dijo por bajo Minos restregando su nariz.

— ¡Raramandys!—Exclamó la pequeña dándoles la espalda a los otros dos, que casi inmediatamente se contenían poniéndose rojos para evitar reírse de la mala pronunciación de la pequeña— ¿Pasa algo? — pregunto indiferente sin voltear.

—No señorita —contestaron al unísono.

—Entonces… ¿porque se dien?

—Es Radamanthys señorita Pandora— susurro el rubio.

—Bueno… Radamandys… necesito que me acompañes a un lugar—le dijo tomando de su mano y arrastrándolo hacia su habitación, dejando los otros jóvenes esbozando una enorme sonrisa.

Radamanthys simplemente les dedicó una mirada afilada con su semblante siempre serio y sus puños ligeramente presionados antes de perderse con la niña, ser niñera de la pequeña Pandora no estaba en sus prioridades de juez, además no sabían nada de ternura ni apego mortal, eran tres almas miserables reencarnadas en los cuerpos de tres casi adolecentes y ahora les tocaría educar a la Heraldo de su señor.

—Hay una persona que deseo ver—dijo sacándolo de sus pensamientos y jalándolo de la manga de su camisa para que quedara a su altura —¿me puedes llevar?—preguntó con una hermosa sonrisa acercando su carita a la del rubio.

El juez asintió con obediencia y la tomó de la mano rodeándose ambos con una suave luz, para luego desaparecer en la nada.

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Llovía, de hecho más que una lluvia una tormenta, rayos, truenos, y hasta granizo azotaba el largo camino por recorrer que se extendía ante el Dr. Sho y su familia, aún así ya no había vuelta atrás.

— ¿Está todo bien por ahí atrás campeón?—un poco preocupado el padre observaba por el espejo retrovisor la carita asustada de sus hijos— sentía que sería mala idea salir hoy Shijiro—susurró a su esposa

Shijiro a su lado sujetaba la mano de Shun y con la otra acariciaba la rodilla de Ikki—todo está bien mis pequeños, papá pronto los llevará de regreso a casa—dijo con su siempre dulce sonrisa.

Ikki asentía con su cabecita mientras tomaba la mano de su pequeño hermano tratando de calmar sus nervios.

—Todo está bien hedmanito, jamás te dejadé solo— las esmeraldas de Shun se llenaban de vez en cuando de agua al ver a su hermano.

De repente todo se oscureció, una montaña de lodo a un lado de la carretera se desprendió de la pared y cayó encima del auto de la familia provocando que resbalara por la carretera.

—¡!Ikki!— resonó la voz de su madre en un grito que luego se extinguió.

El auto rodó en un precipicio haciendo que su padre saliera por el parabrisas y su madre por la puerta el tratar sin éxito de pasarse al asiento de atrás, incontables vueltas dio el automóvil antes de parar en la parte baja de un bosque.

Ooo

No sabía cuánto había pasado, pero las gotas de lluvia que se filtraban a través del dañado y arrugado techo golpearon su rostro haciéndolo despertar.

— ¡Mamá!…—hablo el pequeño peliazul mientras tocaba su adolorida y herida frente— ¿mami? ¿Papi?— dijo entre sollozos— ¿Dónde están?

Pero no había ni un solo rastro de ellos por el lugar— se valiente— resonó la voz de su padre en su cabeza, no había otro sonido más que el llanto de su hermanito a su lado, la lluvia que no había parado amenazaba con filtrarse cada vez más entre los vidrios de las ventanas, con sus pequeñas manos soltó los cinturones de seguridad de ambos y con la poca fuerza que tenía sacó a Shun del pequeño porta bebe hasta llevarlo fuera del automóvil. Recordó como su mamá había empacado con cuidado una sweater para su hermanito y una para él, y también una cangura donde ella acostumbraba meter al peliverde para cocinar o hacer las compras, entró de nuevo al auto y sacó el bolso que ya hacia detrás de las sillas retorcidas, tomó a su hermanito con ambas manos y lo colocó en la cangura, ya que para su edad era casi imposible cargarlo como se debía.

—No llodes Shun— decía al pequeño bebé—vedas que mamá y papá vendrrán por nosotros.

Pronto oscurecía y las sombras nocturnas amenazaban con devorarlos, la lluvia había parado un momento, por lo menos eso era un gran alivio, luego de un rato dando vueltas sin sentido, llegaron hasta un claro donde la luna llena los podía alumbrar, el pequeño Shun dormía colgado de su hermano dentro del saco, las fuerzas aun le dieron para llegar hasta un árbol donde se recostó, hambriento, asustado, se sentía mal, no sabía que pasaba, sentía que solo quería dormir.

—Ikki—una conocida voz le sacó de su accidentado sueño.

— ¿Pandora?… — susurró abriendo sus adormilados ojos — ¿qué haces aquí?

— Vine por el bebé…

—Él no es tu hermano fea… es mío y debo cuidarlo.

— ¡Entregalo…!—gritó molesta mientras se acercaba a los niños.

Ikki se levantó molesto y asustado sacando energías de donde no existían, presionó al pequeño peliverde que se despertó y comenzó a sollozar.

—Jamás te entregadé a Shun, él es mi hermano.

Sumamente molesta la pelimorado dejó caer una fuerte descarga desde el cielo ayudada por el cosmos de Hades.

— ¡Suéltalo! — Decía la pequeña Pandora— oh morirás si no lo haces

Pero esas palabras no tenían sentido para él, nadie en este mundo sería capaz de arrebatarle el motivo por el cual había caminado tanto y lo único que ahora sin saber tenía en el mundo, su hermano.

—Jamás te lo llevarás—musitó sin perder de vista los ojos purpura de la niña. Una lágrima corrió por su rostro, y tras una respiración agitada, cayó al suelo exhausto y de rodillas, abrazando a él bebe que se mantenía asustado.

Sintiéndose derrotada Pandora caminó hacia ellos y los observó mientras se arrodillaba, luego tomo un collar gravado y lo coloco a él bebe en su cuello, voltio hacia Ikki y con una suave caricia borró aquel amargo recuerdo, por ahora dejaría que ese fastidioso niño cuidara de su hermano, pero cuando fuera el momento nadie podría evitar que ella regresara y lo llevara consigo.

Ante la mirada extrañada de Radamanthys que se mantuvo alejado tras los arbustos, la niña depositó un beso en la frente del peliazul y en la del bebé.

—Jamás Ikki, lo debes dejar solo, cuídalo por ambos, cuida a nuestro hermano.

La pequeña sonrió mientras se desvanecía entre la oscuridad de la mano del joven juez.

Continuaraaaa

Gracias por leer … se aceptan rewiews —.o