Dos semanas sumergido en un febril sueño desde que un leñador los había encontrado y llevado a un hospital, la terrible pesadilla que lo atormentaba mientras dormía al fin lo había despertado, con su respiración agitada y su cabecita aun vendada Ikki se levantó asustado, recorrió con sus zafiros cada rincón de la habitación, se bajó con agilidad de la alta camilla y salió hacia el pasillo, comenzó a caminar mientras su corazón latía a mil por hora, no encontraba a su hermano por ningún lado. El lugar era conocido, el hospital donde trabajaba su padre, llegó justo a donde las enfermeras se reúnen para vigilar a los enfermos y sollozó.
— ¡Shun!— Gritó el pequeño mientras entraba al cubículo de las mujeres— ¿Dónde está mi hermano?-preguntó con su ceño fruncido.
—Ikki—escucho a sus espaldas —tranquilo cariño… tu hermanito duerme en la habitación de al lado— decía la mujer mientras sujetaba sus pequeñas manos—vamos regresemos a tu cama.
— ¿Hukimo?—preguntó reconociendo a la joven enfermera—¿Donde están mis papas?— sollozaba el pequeño—quiero verlos—dos enormes hilos de agua resbalaban por las regordetas mejillas de Ikki—por favor…
Los enfermeros conocían a los pequeños desde que andaban en el vientre de su madre, pero a pesar de la confianza y el cariño que les tenían, todavía no habían encontrado palabras para aclararles la muerte de sus padres o tal vez no querían verlos sufrir más, por lo menos no a Ikki que era el mas grande.
La joven tomó de la manita al peli azul y lo llevó hasta la cunita donde reposaba el bebé, ahí, en un sueño increíblemente tranquilo, Shun dormitaba sin ninguna preocupación, no satisfecho se soltó de las delgadas manos de la enfermera y trepó en las barandas para acariciar los suaves rizos verduzcos.
— ¿Viste?— preguntó la enfermera al verlo sonreir— ahora debes de hacer lo mismo he ir a dormir… mañana será un nuevo día y tienes que estar aun mas recuperado.
— ¿Hukimo…?—pregunto el pequeño mientras caminaba de la mano hacia la habitación.
—Dime pequeño…—contestó regalándole una hermosa sonrisa.
— ¿Mis papas vendrán mañana?—la mujer se detuvo y se agacho hasta la altura del pequeño—ellos jamás nos dejarían solos ¿verdad?…
Calló a el pequeño con un abrazo y le inspiró un poco de confianza, luego acarició los rizos azules que caían sobre su frente y sonrió aún mas—mañana será otro día pequeño Ikki-chan— el menor asintió con pereza— entonces descansa por favor, rápidamente llevó a el pequeño hasta la habitación de al lado, lo acomodó y besó su frente, luego se devolvió a tomar algunos expedientes.
—Hukimo— la voz de su jefe la paralizó— ¿sabes que Ikki y Shun llevan una semana acá verdad?—a mujer asintió con pesar— ahora que el mayor ha despertado no podemos mantenerlos en el hospital, aunque su padre fue un excelente compañero y médico no podemos hacernos cargo de ellos, a menos que los adoptes y esa opción no es prudente para ti con tu familia, eres muy joven y tu padre jamás lo permitiría.
La mujer frunció su ceño y cerró los ojos, saco de sus bolsillos un papel que extendió a su jefe.
—Dr. Shimajo, hoy vino esta carta—dijo mientras extendía el papel a su jefe— solicité una audiencia con el señor Mitsumasa Kido, él tiene varios orfanatos en su poder, tal vez Ikki y Shun puedan ser recibidos ahí, mañana temprano vendrá y espero que puedan hacer algo por ellos—sin mas palabras la joven se alejó rápidamente para que el hombre no la viera llorar.
Con un gran asombro y un nudo en su corazón el hombre sujeto el papel entre sus manos, sin el valor siquiera de abrirlo, trato de buscar en los ojos de la enfermera una razón para negarse, pero ella ya se había ido—yo… jamás pensé... que sería tan difícil— el doctor simplemente enterró sus dedos en su cabellera negra dejando sobre la mesa el mencionado papel— por Dios Makoto porque dejaste a tus hijos solos…
Mañana de verdad sería otro día.
… … … …
En la habitación ya aseada y arreglada, un pequeño bultito se movía tratando de escapar de los rayos del sol, en una silla velando su sueño un desvelado Radamanthys con sus ojos ahora rojos, sostenía su quijada con una mano y en la otra un vaso de leche a medio llenar, los movimientos de la criatura lo hicieron acercarse, la poca claridad que entraba en la habitación hacia un juego de colores en la melena de la pequeña, sin poder evitar sonreír tocó la frente de esta para apartarle varios mechones rebeldes, sus mejillas manchadas y sucias hacían que su carita se viera como la de una niña de la calle, recordando las palabras de Minos el joven juez se acercó hasta la pequeña y se retiró con rapidez—de verdad que apesta—se dijo restregándose la nariz, luego reparó en el moisés que estaba al lado de la cama y sigilosamente se acercó hasta la cuna dispuesto a levantar el pequeño toldito gris.
—¿Qué haces raramandys? —preguntó la pequeña parpadeando y frotando sus ojos.
—Nada señorita Pandora, solo vigilaba su sueño—dijo el rubio sentándose en la cama de la niña.
—Tengo mucho sueño Raramandys—observó al Wyvern con sus ojitos entrecerrados — y mucha hambre.
—Si me permite… creo que también necesita un baño Señorita…
—No…—Chilló la inflando sus sucios cachetes—no me gusta bañarme.
—Pero como General del inframundo debe de…
— ¡Que no!-dijo cruzando sus brazos—quiero leche… y pan… ya—chilló.
—Bien… ya regreso señorita…—dijo el rubio levantando una ceja, caminó hacia la salida de la habitación no sin antes dar una última revisión a todo, luego aligeró su paso hasta la cocina donde los otros dos jueces discutían detalles de la llegada de hades.
—Ohhh pero si es el niñero— exclamó Aiacos en carcajadas.
—Ja ja muy gracioso imbécil, ¿quieres que ponga tu cabeza de porta cubiertos en la cocina?— rodó sus ojos fastidiado mientras se dejaba caer en la silla juntos a Minos—tenemos un problema—dijo al peliblanco—la niña es alérgica al agua —bufó.
—Oh no… mi querido Rada… esas cosas no van conmigo, mira que bañar a esa chiquita, no lo sé—dijo Minos cruzando sus brazos.
—¿Qué sucede?—preguntó el joven Garuda al ver la cara de frustración de sus compañeros.
—Pandora no quiere bañarse—siseó el rubio.
—Por Hades… pero por que se joden tanto la vida—rio el pelinegro—tengo una idea—dijo mientras se sentaba en la mesa.
—Primero necesito que coma algo…—dijo clavando su mirada en Minos que era el encargado del desayuno ese día.
Radamanthys tomó la leche y las frutas que le ofreció Minos y se retiró a las habitaciones superiores, mientras sus compañeros discutían sobre cómo preparar el baño para la joven Pandora.
… … … … …
—Ikki…— la enfermera sentada en la camilla mecía a el pequeño para invitarlo a levantarse —ya es hora de que desayunes perezoso, hoy quiero que conozcas a alguien especial.
Primero un pequeño bostezo, acompañado después de un estirón y una inocente sonrisa, la mujer despeino aún más los rizos azulados del pequeño.
—Un rato más Hukimo— rogaba el pequeñín envolviéndose en las sábanas.
Después de mucho rogar—casi dos horas— un par de aseados niños y una ofuscada enfermera esperaban en la oficina del regente en el hospital.
—Sr Kido es un placer tenerle en nuestras instalaciones— tres hombres vestidos de negro atravesaron las puertas acompañando al médico y un hombre mayor de contextura gruesa y cabellos grises
—Ikki— el pequeño que se encontraba concentrado observando la respiración tranquila de su diminuto hermano se sobresaltó de su silla, volteo inmediatamente hacia el origen de esa voz— quiero que conozcas a el señor Kido, ven pequeño saluda— el doctor tomó a el pequeño de la mano y lo coloco frente a el hombre mayor—al señor Kido le encantan los niños.
El pequeño peli azul levantó su rostro hacia el mayor y se refugió en las piernas del médico—no entiendo—murmuro.
—Niño ignorante— grito un hombre sin cabello—nos llevaremos a tu hermano y a ti a un orfanato.
—Orfo…nato?—La cara de espanto de Ikki sumada a los llantos del pequeño Shun quien se había despertado después del alarido del hombre, comenzaban a poner tenso el ambiente en la oficina.
—Tatsumi— gruño el mayor —estos niños han pasado de tenerlo todo a no tener nada han perdido a sus padres y…
— ¡No! —grito el pequeño Ikki alejándose de los hombres—usted no sabe nada, ellos vendrán a buscarnos, ellos… díselo Hukimo –dijo buscando la mirada de la enfermera— diles que ellos vendrán y que nadie me separara de mi hermano jamás… Hukimo?
Pero la mirada de esa mujer no reflejaba nada, de pie detrás de la sombra del médico simplemente negaba con su cabeza.
—Discúlpeme señor Kido—tomó asiento el médico— se nos ha hecho casi imposible dar la noticia a el pequeño—cruzó sus brazos y se recostó en la silla sin perder de vista al niño— quiero que comprenda que ellos han sido parte de este hospital y se han criado junto a nosotros, su padre fue uno de nuestros mejores médicos y directores y su madre la jefa de enfermería, la noticia de su accidente fue algo duro yo...
—Entiendo Dr. Shimajo— el hombre sonrió— yo hablare con él.
Padres, perdida, accidente … todo, nada, estas palabras ya de por si difíciles para un niño de menos de cuatro años eran tan confusas, pero al mismo tiempo tan reveladoras, ¿porqué hablaban de ellos como si fueran un par de niños abandonados?, ¿sería que sus papas habían decidido dejarlos solos?
El anciano volteó hacia el pequeño peli azul que se encontraba sumergido entre sus pensamientos —Ikki, tú y tu hermanito vendrán conmigo ¿esta bien?—la interrupción causó un sobresalto en el pequeño— conozco un lugar donde puedes jugar con más niños y tener amigos, serás feliz, no te prometo que será fácil pero si la oportunidad de estar con tu hermano.
—Pero señor— interrumpió Tatsumi— necesitamos solo él bebe y es más probable que…
—Que no se diga mas Tatsumi, nos llevamos a ambos niños—sonrió a la enfermera que no lo había perdido de vista, casi suplicándole no los separara— Por favor que tomen las pocas cosas que tienen y que se los entreguen a las señoritas que esperan afuera.
—Hukimo por favor, acompáñalos— llamo el médico a la enfermera.
La joven tomó a Ikki de la mano y a Shun en el porta bebé y caminó hasta la salida donde una limusina esperaba por los pequeños, el camino se hizo largo, confuso, lleno de miradas de personas, ajenas al dolor que en ese momento estaban pasando, por lo menos él, que ya había sentido lo que el abrazo de su madre provocaba y comprendía que de verdad lo había perdido casi todo, observo de reojo el pequeño porta bebe donde estaba su hermano, esa era de ahora en adelante la razón de su motivación, por el lucharía cada instante de su vida.
—Pórtate bien si— dijo mientras arreglaba el cuello del pequeño.
—No me toques…—las lágrimas rebeldes y las duras palabras de Ikki comenzaban a partirá en dos el corazón de la joven— te odio.
—Ikki…yo…
Sin dar tiempo de explicaciones dos mujeres salieron del enorme auto y tomaron a los hermanos para hacerlos entrar a la limusina, no hubo una última mirada de Ikki, ni sonrisas, ni abrazos, simplemente su vida cambiaría desde ese momento, ¿por qué todas las personas que amaba se apartaban de él? y las caricias de su madre ¿será que se quedarían impregnadas en un vago recuerdo infantil?
Desde la ventana del automóvil dos ojitos azules veían desaparecer el edificio y con el algunos de los recuerdos más fuertes de sus padres, y tal vez de su corta vida.
… … … … …
Tras la puerta de la habitación de Pandora, tres chiquillos descalzos con sus pantalones y mangas de sus camisas dobladas se preparaban armados de baldes con agua, jabón y un paño.
—A la cuenta de tres, dos, uno…—gritó el peliblanco lanzando el balde agua media tibia a Pandora que salía de la habitación.
—Los odio a los tres…—chilló la niña
—No importa que nos odie señorita su higiene esta primero que todo— decía Aiacos remojado mientras enjabonaba con todo y ropa a la pequeña—¡más agua!—gritó para recibir de golpe un baldazo en su cabeza, con rapidez rompió el vestido y enjuagó a la niña—toda tuya Wyvern dijo mientras tiritaba sus labios de frío.
El rubio la envolvió en el paño y la metió en su habitación cambiándole ágilmente de ropa y llevándola al jardín para que tomara un poco de sol, la colocó en el piso y respiró profundo mientras la pequeña lo observaba de brazos cruzados, sumamente molesta.
—El Infierno pequeña Pandora—comenzó la lección— es donde son juzgadas las almas de los mortales—decía el aun joven Wyvern mientras sacudía su corta melena mojada — se compone de ocho prisiones, tres valles, diez fosos y cuatro esferas. Además es también el pasaje hacia los Campos Elíseos, lugar donde sólo los elegidos por los dioses pueden llegar—un par de ojos purpura brillaban de par en par y una boquita que poco a poco se tornó ligeramente abierta se convirtió en una hermosa imagen digna de ver.
Desde la sala con una paño en la cabeza, Aiacos y Minos sonreían mientras observaban en una silla como el majestuoso juez Wyvern hacia ademanes como si fuese un cuento lo que le explicase a la pequeña, quien mantenía fija la mirada en aquel joven rubio que se mostraba orgulloso de cada palabra que pronunciase, la pequeña solo asentía y fruncía el ceño ligeramente para guardar poco a poco cada información.
Aquello se volvería una rutina diaria para ambos, el jardín que una vez estuvo lleno de oscuridad momentáneamente se llenaría de luz con la presencia de la pequeña y su maestro que le ilustraba cada detalle de lo que algún día ella tendría a su encargo.
—La primera prisión corresponde al ayudante de Minos de grifo el…
—¿Minos?—interrumpió la pequeña sonriendo.
—Asi es… le decía que Minos de grifo es el jefe d…
—Minos de grifo…— de nuevo la pequeña con sus ojitos entrecerrados.
—Si señorita, Minos de grifo el…
Una pequeña risa término por colmar la paciencia de por si recién agotada del juez Wyvern, de un salto el rubio se puso de pie, giró hacia la entrada de la casa y comenzó a caminar, no importa que tan ameno fuera el momento su paciencia no era algo que se pudiera poner a prueba fuera quien fuera.
—Suficiente señorita Pandora—dijo dándole la espalda—cuando esté lista para continuar me hace saber, con su permiso…
—Un momento Raramandys…— dijo la pequeña levantándose del piso— yo no tengo la culpa que ese Minos de Grifo me recuerde a unos perros ovejeros que tienen mechones en sus ojos—cruzó sus bracitos e inflo sus pálidos cachetes, su rostro mostraba el más tierno disgusto hacia su mentor.
—¿Qué Minos qué?— preguntó devolviéndose a su asiento, no podía perder esa hermosísima comparación de la niña al grandioso juez del inframundo , no después de haberse bufado junto con Aiacos de la mala pronunciación de Pandora con su nombre.
—He dicho que me recuerda a un perro…—sonrió llevándose sus manitas a la boca.
Una estruendosa carcajada recorrió los pasillos de la mansión acompañada de las tímidas risitas de la niña.
—Eres un encanto— dijo el juez mientras revolvía la cabellera de la pequeña.
Continuaraaaaa…..
