conociendonos
Ya tarde, en las afueras de Tokio—en la ciudad de Nueva Luxor— majestuosas murallas blancas guiaban a un enorme portón de metal que se partía en dos para dar paso a la limusina, un camino asfaltado rodeado de pinos minuciosamente recortados, daba acceso a una especie de quiosco circular donde los autos giraban hasta quedar frente a las puertas de la mansión, en la entrada, una cantidad exagerada de sirvientes esperaban a el señor Kido.
Aún dormido en uno de los asientos de atrás, el pequeño peli azul fue levantado por una de las jóvenes que los acompañaban, aun con el rostro adormilado se puso en camino sujeto ahora de la mano del señor Mitsumasa, pero su sueño se disipo al entrar al lugar, frente a ellos unas gradas inmensas se partían en dos y en el techo un candelabro de cristal del siglo pasado daba luz a toda la sala, grandes ventanales adornados con cortinas de color pastel daba a la estancia un aire de tranquilidad.
—Bueno—dijo el hombre sacando de su asombro a Ikki— esta será tu casa y la de tu hermano, que por supuesto ya no será solo el chiquitín—sonrió llevando la mano a la cabeza de Shun que estaba aún dormido en el porta bebé— además de una escuela por supuesto, de hoy en adelante, vivirán aquí, así que…—levantó una de sus manos a lo que una jovencita de cabellos rubios se acercó—esta señorita les enseñara donde deben dormir.
Luego de una reverencia con su cabeza, la joven llevo a Ikki a la parte alta de las escaleras, donde un pasadizo largo albergaba varias puertas iguales repartidas a cada lado, la mujer se abrió paso a una de las habitaciones con ambos niños.
— Y aquí dormirán ustedes—sonrió mientras empujaba a el pequeño.
El cuarto contaba con una cama de barandas y una cuna de madera arreglada para Shun, una hermosa ventana daba al jardín trasero de la mansión, la mecedora blanca y dos roperos rústicos junto a dos mesitas con sus respectivas lámparas y libreros completaban la decoración.
— ¿Y dónde están los otros?—preguntó el niño—el señor dijo que habría más niños acá.
La joven sonrió, depositó una mano en su pequeño hombro y se agacho hasta tenerle a la misma altura—cuando estés listo bajaras a comer y podrás conocer a los demás pequeño.
—Ikki, me llamo Ikki.
—Bien Ikki… entonces…
El pequeño se removió del agarre de la joven y camino hasta su cama, dejó caer su cuerpecito cansado y casi inmediatamente se durmió otra vez— tantas emociones para alguien tan pequeño deben ser agotadoras— pensó la joven mientras lo seguía y quitaba los pequeños tenis, lo cubrió con la frazada y luego sacó a Shun del porta bebé y lo acomodo en la cuna, este ya despierto la observaba con sus enormes ojos verdes mientras chupaba sus manos.
— ¡Pero si eres una ternurita!— dijo la joven abrazándolo— "yours ever"—leyó en el colgante— lindo dije pequeño, seguro es un recuerdo de tu madre—levantó en el aire a el infante para encontrar su mirada de nuevo— y ahora ¿que hare contigo he?—decía la joven mientras le hacía mimos al peliverde— supongo que tu hermano no se enojará si te llevo a mi habitación a tomar biberón, necesito terminar algunas cosas y luego te traeré de vuelta, el pequeño trataba de tomar los risos rubios de la sirvienta y llevarlos a su boca, mientras emitía balbuceos y gimoteos. Se acercó de nuevo a Ikki y encendió una lamparita de pared en forma de dragón, se sentó en su cama y lo observo dormir, por un momento se dejó llevar por la pausada respiración del menor hasta que los pequeños gritos de Shun le recordaron que era hora de alimentarlo—mañana conocerás a los demás niños Ikki—tomó la mano de Shun y la coloco en el hombro de su hermanito—dile buenas noches a tu hermano bebé, creo que te mueres de hambre y cargando al regordete Shun salió la sirvienta en silencio de la habitación tratando de siquiera cerrar la puerta tras de ella para evitar hacer ruido.
… … … … …
Un tarareo casi inaudible se dejaba llevar por la brisa en el castillo Heinstein, una jovencita caminaba por los abandonados jardines de su mansión, el vestido de seda negro que apenas dejaba ver el pálido color de sus aun pequeñas manos y rostro aniñado arrastraba tras ella una cola de satín gris, sus cabellos morados cada vez más largos se balanceaban en sus hombros con un delicado vaivén, ya no sabía cuántos años llevaba en ese mundo de soledad, volteo de repente, alguien le seguía.
—Aiacos— dijo sin dudar —¿por qué me sigues?
—Mi señorita no debería caminar tan sola por las lejanías de su mansión—contestó el ahora muchacho de trece años.
— ya no soy una bebe, y creo que lo sabes ¿verdad?— preguntó girando en su dirección.
El joven asintió revelando su oscura figura, mientras la joven tomaba asiento en una roca.
—Pero aún es una niña pequeña, por lo tanto no nos podemos permitir que sufra algún… accidente, usted me entiende está en nuestro deber mantenerle a salvo.
—Si… si…., ya se todo eso –volteó con fastidio hacia los ojos del pelinegro — pero también necesito un tiempo a solas Garuda, soy una mujer y a las mujeres nos gusta, de hecho necesitamos privacidad… mmm…ya sabes, cómo te explico… espacio si, si espacio—dijo agitando sus cortos bracitos.
Aiacos sonrió divertido, vaya "mujer".
— ¿Cuántos años tengo?... ¿me lo recuerdas?—preguntó mientras observaba sus uñas para que el mismo muchacho se diera cuenta que ya no era una nena delicada.
—Siete años si mal no recuerdo…señorita Pandora—
La niña lo veía de reojo mientras disimulaba una sonrisa, se levantó juntando sus manitas y ladeo su rostro.
—Entonces Aiacos, ¿me ayudaras a tener mí… espacio?— preguntó con una contagiosa inocencia.
—Pero… señorita, y ¿si Radamanthys pregunta?, usted sabe que él es demasiado estricto con su cuidado jamás nos perdonaría dejarla sola .
—Dime una cosa, ¿que acaso el juez de Wyvern no se ausenta y se pierde por ahí sin decir nada a nadie?
—Pues sí pero…
—Eso significa… que él se desentiende totalmente de mi…por lo tanto si me dejas libre un par de horas él no lo notara… además estoy bajo tu cuidado.
Maldita sea el poder de convencimiento de la pequeña heraldo, aun a su corta edad los juegos de palabras y sus ojos eran realmente instrumentos de manipulación extraordinarios.
—Está bien señorita—suspiró resignado—pero prométame que no pondrá su vida en riesgo.
La pequeña aplaudió de emoción, librarse un par de horas de esas sombras fastidiosas le caería bien, además ella solo quería ver como se encontraba su… hermano, hacía mucho que no sabía nada de ellos, también quería ver a Ikki, ¿cuánto habría crecido?, sin duda tendrían la misma edad—claro, claro yo jamás me arriesgaría—dijo poniéndose de pie— ¿ahora me podrías dejar sola?
Con una reverencia el joven juez Aiacos de Garuda volteo sobre sus pasos en dirección al castillo, con los nervios un poco alterados, un momento… ¿nervios? El un despiadado juez del inframundo a cargo de las almas del hades ¿nervioso? Definitivamente convivir con esa pequeña les estaba pasando una extraña factura.
… … … … …
— ¡Pasa el balón Ikki! —gritaba un pequeño de cabellos blancos.
— ¡Ikki no seas orgulloso!—gritaba un gordito peli morado
—Hyoga… ¡toma!— el balón salió disparado hasta un pequeño rubio ojos azules.
Pero sin darse cuenta un veloz asiático llamado Shiryu ya había adivinado la jugada del peli azul y salto al mismo tiempo que Hyoga.
—Auchhh—ambos niños se quejaron del impacto en sus cabezas y todos corrieron a su alrededor.
Oigan, ¿qué les pasa? parece que solo Ikki y Hyoga juegan ¿por qué no pasan el balón perdedores?—reclamaba un enojado Nachi.
—Porque ustedes juegan mal —respondió un agitado Ikki sosteniendo sus rodillas— además perdedores son ustedes que no son capaces ni de quitarle un balón a mí hermano que no sabe jugar.
—Si claro de no ser porque te nos tiras encima cada vez que el enano grita— le replico el pequeño.
—Heyyy, no soy enano—dijo el pequeño Shun frunciendo su ceño.
—Si lo eres.
—Es mentira—replicó el peliverde llenando de agua sus ojos.
—No lo es, y además eres un llorón—le contestó Nachi con sus brazos cruzados dibujando una enorme sonrisa.
Varias carcajadas rompieron con la discusión de los niños.
—Heyyy— un golpe en la cabeza del revoltoso Nachi departe de Ikki acabo con la diversión—oye Ikki, solo era una broma— dijo frotándose sobre su cabello.
—Ahórratelas Nachi, lo que tienes de listo lo tienes de comediante—con una sonrisa triunfal el pequeño Ikki lo observaba.
—Bueno, bueno, continuemos, hagamos los equipos de nuevo — Geki se sentó en el suelo e invito a sus amigos a formar un circulo—Ikki tu y yo seremos los capitanes escoge primero.
—Heyy ¿por qué Ikki otra vez?—de nuevo Nachi interrumpiendo.
Ikki rodó sus ojos con fastidio, se levantó pacientemente tomó a Nachi de su camisa y lo acercó a su rostro—porque se jugar, porque soy mayor, porque soy tremenda mente bueno con el balón y por qué si no te callas de una vez voy a dejarte tan morado que le harás competencia al cabello de Geki.
—B, b, bueno como digas—respondió Nachi arreglándose la camisa—que carácter bufó.
Una vez resuelta la pregunta el peli azul pasaba revisión a todos sus hermanos.—Shun, Hyoga, Shiryu y tu Seiya, en mi equipo.
—Bien el resto va conmigo— dijo Geki—vamos chicos una hora más y terminamos el juego los que pierdan harán las tareas del equipo ganador.
… … … … …
Pero cuantos años de verdad habían pasado, no podía reconocer a su hermano entre tantos niños, detrás de unos arbustos la pequeña pandora observaba con emoción y nervios el partido que se llevaba en el patio, sabía que el pequeño estaría ahí, su cosmos lo había encontrado gracias al medallón y su corazón se lo había confirmado, pero aun sus ojos no habían diferenciado la silueta del menor, de repente un balón rodó hasta sus pies, la pequeña se agacho y tomo con cuidado la colorida esfera.
… … … … …
—Shun ve a traerla —ordenó el peliazul, mientras se tiraba al suelo a descansar junto con los otros. El pequeño peliverde asintió a su hermano, corrió y se adentró a los arbustos.
— ¡No vayas a extraviarte bebé!—decían en coro Nachi e Ichi parando casi de inmediato de reír bajo la mirada amenazante de Ikki.
El pequeño camino hasta donde su bajo sentido de la orientación le decía había caído el balón, paró un momento y llevó ambas manos a su nuca, no estaba por ningún lado, pero ¿hasta donde había pateado esa pelota?, a él no le gustaba el futbol, pero vaya que pateaba bien fuerte después de todo.
—Niño—Una voz a sus espaldas le hizo erizar la piel— ¿buscabas esto?
Con un poco de temor, el peliverde lentamente giró sobre sus piecitos hasta dar con la mirada purpura de la niña—¿quién eres?—susurró con sus enormes esmeraldas abiertas de par en par.
— ¿Primero tu…?— de su boca no salieron más palabras, el dije que sobresalía de la camisa del menor delataba su parentesco, una emoción se descontrolaba en su pequeño pecho—¿te gustaría venir a jugar conmigo?—dijo recuperando su aliento.
—Mi hermano Ikki no me deja hablar con extraños— contestó el menor dando un paso hacia atrás.
—Ikki…— ese nombre retumbo en su cabeza— él no tiene que saberlo.
Con desconfianza Shun se acercó lentamente y sostuvo el balón entre sus manos junto con la niña, ambas miradas se mantuvieron firmes un rato.
— ¿Quién eres?, porque nunca te había visto… eres una niña extraña ¿Te has perdido?—preguntó entrecerrando sus pequeños ojos.
La pequeña sonrió, liberó una de sus manos del balón en dirección al niño, a lo que Shun aprovechó para terminar de recuperarlo y se alejó de ella sin darle la espalda.
— ¿Me temes?— preguntó Pandora observándolo detenidamente, era un niño muy hermoso, con timidez asintió.
—No debes, quiero ser tu amiga —se movió rápidamente y se acercó, pocos centímetros separaban sus rostros, la respiración de Shun se detuvo y unas gotas de sudor amenazaban con resbalar en su frente.
— ¡Shun!— la voz de su hermano lo hizo girar— ¿pero que haces?, ya casi pasa la hora del fútbol, nos tocara hacer todas las tareas y…y nunca regresaste con el balón hermano… ¿hermano?
Al escuchar la voz de Ikki, el peliverde se había girado dándolo la espalada a Pandora, pero al volver de nuevo su vista hacia la niña ella ya no estaba, dejándolo totalmente en estado de shock—yo… yo…— balbuceaba el menor
Ikki suspiró—ya bueno, pasa el balón ve con los demás—dijo mientras le arrebataba la esfera de cuero a su hermano.
—Pero hermano había una niña acá—replicó sujetando el balón con fuerza y observando a su hermano con sus enormes esmeraldas.
—En la mansión no hay más niñas aparte de la mimada Saori… Shun, no desvaríes hermano… ¿te golpeaste acaso?— dijo buscando una herida en su cabeza.
—No…—dijo soltando el balón y escapando de la requisa de hermano—tal vez, tienes razón y… solo lo imagine—suspiró resignado. El pequeño salió corriendo del lugar en dirección a la improvisada cancha en el patio.
Mientras, Ikki sujetaba la bola y la bailaba en sus manos para ir tras de su hermano, de repente un ruido de una rama al quebrarse lo paralizó, lentamente giró y camino hacia donde se escuchó el sonido—¿Quien anda ahí?—pregunto desconfiado.
Mordiéndose los labios la pequeña pandora se ocultaba tras unos enormes árboles, y mientras sujetaba su traicionero vestido que se había enredado en unas raíces, rogaba que Ikki no caminara más, pero ella estaba a punto de descubrir que el pequeño que conoció muchos años atrás mantenía ese espíritu renegado e indomable.
— ¡Ikki!… ¡Ikki!— la voz de uno de los hombres que trabajaban en la mansión lo hizo retroceder –pero niño que haces ahí ya casi es hora de cenar y todavía estas sucio vamos no pierdas el tiempo.
Al fin la niña exhalo con tranquilidad para seguir observando al peli azul correr hacia la parte plana del jardín.
—Ikki… has mantenido a salvo a mi hermano, haces un buen trabajo—susurro con pesar.
Dos lagrimas rodaron por sus mejillas cuando recordó los breves momentos que habían compartido desde que eran unos bebés, vio alejarse junto con ese niño momentos que jamás volverían, y tal vez el único amigo que pudo llegar a tener en su corta vida, y ahí estaban a punto de ser uno de sus más grandes enemigos unidos por un bebe y separados por un dios.
... … … … …
—Aiacos de Garuda…
La voz de Radamanthys lo sorprendió, sentado en un sillón de la sala, el rubio bailoteaba los dedos en una mesita de madera, con su pierna cruzada y su mirada ambarina casi reluciente.
—La señorita pandora… ¿dónde está?— preguntó poniéndose de pie.
El joven juez de Garuda siguió su camino, ignorándolo y maldiciendo por bajo su mala suerte.
Con una agilidad increíble Radamanthys voló hasta la entrada de la cocina hacia donde Aiacos se dirigía y con una mano en el marco de la puerta le impidió su paso—te hice una pregunta gárgola—buscó sus mirada y la encaró— ¿no me digas que la dejaste recorrer los bosques sola?.
—Ya basta Wyvern—soltó fastidiado— no soy niñera ¿sabes?
—Por Hades Aiacos es la señora Pandora, ¿qué mierda tienes en la cabeza?... ¿Dónde la dejaste?
Con una sonrisa el pelinegro formuló una respuesta para sí mismo "tranquilo solo la dejé desaparecer sin dejar rastro alguno, tal vez este al otro lado del mundo comiendo helado.
— ¿Qué demonios es tan gracioso Garuda? — preguntó al ver el gesto de burla en su cara.
—Tu cara—dijo Aiacos empujándole para pasar—deberías verte pareces una gallina con crías de pato.
—Maldito seas Aiacos todo lo tomas a la ligera.
—Ja ya estoy maldito Wyvern y no, no todo lo tomo a la ligera, la señorita Pandora me pidió espacio— dijo agitando sus manos.
— Ha o sea que si la señorita pandora te dice que va a viajar al otro lado del mundo a comerse un helado no solo la dejas ir si no que ni siquiera la vigilas a escondidas—dijo cruzando sus brazos.
Aiacos volteo rápidamente y sonrió—ya tranquilo solo quería estar sola, cosas de chicas deberías pedirle ayuda a Violate cuando despierte con eso, dentro de un rato la buscaré si tanto te molesta—de repente detuvo el paso y volteo hacia el rubio—aunque, si mal no recuerdo ¿no fuiste tú quien la dejo alejarse del castillo y con el señor hades es sus brazos?
— En ese momento no estaba pensando en…—la inesperada introducción de la pequeña cayó al juez en su intento de salvar su orgullo.
—¿Por qué discuten?—preguntó la niña mientras entraba por la puerta sacudiendo sus vestidos rasgados y limpiando con disimulo sus mejillas, situación que no pasó desapercibida por los dos jueces.
—Señorita Pandora… ¿se encuentra usted bien?…
—Ya… ya…Radamanthys estoy bien, solo que… casi me caigo y rompí mi vestido, pero no es nada que una aguja e hilo no puedan solucionar—camino en medio de ambos hombres con su rostro alzado digno de un general—hoy no cenaré, quiero descansar por favor si no hay nada que deba saber con urgencia no me molesten—dijo antes que su voz se quebrara, con su singular caminar se perdió entre puertas que daban paso a las habitaciones del castillo, mientras un par de ojos la seguían en silencio.
— ¡Bueno!— exclamó Aiacos rompiendo el silencio —ya pudiste ver que nada pasó, todo está bien, la nena está de vuelta sin ninguna herida— tomó una manzana de una canasta y la mordió devolviéndose para recostarse en una mesa de madera—ciertamente te estas dejando influenciar demasiado por parte de esa mocosa.
—Esa mocosa— dijo Radamanthys volando la manzana de manos de su compañero— es la reencarnación de la señora Pandora y será dentro de muy poco la mano derecha del señor hades rey del inframundo, te recuerdo escoria que nosotros formamos parte del ejercito élite del infierno y ella será nuestro general al mando.
Indignado tras el insulto el juez Garuda se incorporó inmediatamente, ambas miradas chocaron, esa estúpida discusión estaba llegando demasiado lejos, tanto que es ese momento podría estallar en una batalla de palabras o en una de puños, tomando aire para adoptar una postura más relajada Aiacos dio la espalda a Radamanthys.
—No aquí, no ahora, y menos con estos degradantes cuerpos nuestra fuerza será puesta a prueba mi querido amigo—espetó el pelinegro.
—Totalmente de acuerdo—contestó entre dientes.
Siguiendo su camino y sin voltear Aiacos levanto una mano en señal de despedida.
Ya a solas el rubio tomó una manzana y se encaminó hacia las habitaciones, no podía pasar por alto las lágrimas que con torpeza había secado la pequeña.
… … … … …
Una enorme habitación se repartía en varias mesitas acomodadas por dos grupos donde varios niños iban llegando y tomando posesión de los asientos vacíos, una en especial ya estaba casi completamente llena.
—Oye Shun… perdimos por tu culpa—reclamaba un pequeño cabellos color marrón.
Los otros niños asentían provocando que los verdes ojos del más pequeño se llenaran de agua.
—Hay no ahí vamos de nuevo—el rubio fruncía su ceño llevando su manita a la frente, el ruso sin proponérselo se había convertido en el mejor amigo del peliverde, había aprendido a convivir con Ikki y sus cambios de humor y a consolar al pequeño Shun en sus constantes lloriqueos, aunque su japonés no era muy bueno con amigos como ellos era más que suficiente, y aunque Ikki no se lo dijera se identificaba con él, la noche de su llegada Hyoga lloraba desconsolado llamando a su madre en su idioma natal y eso había removido un poco de recuerdos en el corazón del peliazul, ambos habían perdido a sus padres casi a la misma edad, a diferencia de Seiya que había sido criado por su hermana hasta cierto tiempo en un orfanato y nunca los había conocido , o el enigmático origen del asiático shiryu que simplemente había llegado un año atrás.
— ¿Pero es que acaso no puedo dejar a mi hermano cinco minutos a solas con ustedes sin que lo que hagan llorar?—preguntó el peliazul a los cuatro pequeños.
—Fue Seya—dijo Hyoga señalándolo.
—Es Seiya, S-E-I-Y-A… ¿escuchaste yoga?— deletreó el castaño con sus manos sobre la mesa.
—Es Hyoga… глупый (tonto) — insultó en su idioma natal.
—Bueno… ya basta… Seiya te he dicho que no hagas llorar a Shun—con un leve golpe en la nuca del pelimarron, término por sentarse—y hermano te he dicho que dejes de lloriquear por todo, tienes que ser valiente—el peliverde asintió, la figura de Ikki se había vuelto algo autoritaria en esos 4 chiquitines.
… … … … …
La presencia del señor Kido había traído consigo un silencio al entrar a aquella en la habitación, detrás, una pequeña pelilila revoloteaba con cada paso de su abuelo recibiendo afiladas miradas de los pequeños ahí reunidos, el hombre tomó asiento con la pequeña en sus regazos.
—Mis niños, hay algo que quiero compartirles—las luces se apagaron y una imagen apareció en la pared—esta armadura de oro que pueden ver en el recuadro algún día pertenecerá a alguno de ustedes.
Boquitas entre abiertas y ojitos asombrados llenaban la sala, hundido en su silla con el semblante serio Ikki sostenía sus brazos cruzados estudiando cada expresión del resto de los niños, hasta reparar en su pequeño hermano, entonces frunció mucho más el ceño, el pequeño no estaba sorprendido, estaba aterrado, lentamente se incorporó en su asiento haciendo una pequeña pelotita con un poco de pan, y usándola como proyectil la lanzo al peliverde que inmediatamente chillo para voltear a su hermano que lo observaba negando con una ceja levantada.
— ¿Pasa algo Shun?—preguntó el anciano
—N… no nada—dijo retorciendo sus ojos a su hermano mayor.
—Bueno como les decía—continuo el señor Kido – dentro de más o menos dos años partirán en busca de las armaduras de bronce, solo así podrán competir en un torneo galáctico y reclamarla.
Lejos de poner atención a lo que el anciano explicaba Ikki trataba de llamar la atención de su hermano menor una vez mas.
— ¡Shun!…Oye Shun—susurraba el peliazul.
— ¿Queee?…—contestó molesto el peliverde
— ¿porque estas asustado?
—No quiero pelear— contesto dándole la espalda al mayor.
Ikki sonrió, suspiro y volvió a su antigua posición ya conocía a su hermano, el evitaría a toda costa entablar una pelea justo como se lo había demostrado semanas atrás dejándose ganar por Nachi o cuando prefirió tomar el lugar de Geki para que el mismo no discutiera, así era Shun, tan sumiso.
—Por lo tanto serán asignados a diferentes partes del mundo por separado…—continuaba el anciano.
— ¡Un momento!…—interrumpió el peliazul—usted me dijo que jamás me separaría de mi hermano.
—Ikki no…— suplicaba el pequeño.
—Ya basta Shun, déjame hablar—espetó a su hermano que con suavidad asintió—este hombre me prometió estar a tu lado y cuidarte y ahora me viene a decir que nos tirara por el mundo como granos de maíz y aparte tendremos que traer una cosa de bronce y…
—Ikki—interrumpió el anciano mientras se encendían las luces— todos venimos a este mundo por razones que desconocemos, y sé que la vida no ha sido benévola contigo, pero en este momento te doy la oportunidad de convertirte en un caballero de bronce y volver con la armadura, seguirás con tu vida y volverás con tu hermano — el anciano camino hasta donde estaba el niño junto a la pequeña Saori —confió en que tendrás la fortaleza como siempre la has demostrado en volver victorioso.
El pequeño tomo asiento entre las miradas de sus medio hermanos y asintió, tal vez porque lo que en verdad le preocupaba no era el, si no su hermanito, desde ese día se pondría en la tarea de entrenarlo, por lo menos así estaría un poco más tranquilo de saber que el pequeño Shun podría defenderse.
… … … … …
De pie delante de una puerta delicadamente labrada se encontraba el majestuoso y ahora joven de catorce años, Radamanthys de Wyvern con una manzana en la mano y la otra en la manija dispuesto a ingresar a la habitación de la pequeña.
— ¿Señorita Pandora?—llamo desde fuera
— ¿Qué quieres?—respondió la pequeña—dije que no se me molestara de menos…
—De menos que fuera importante… lo sé—interrumpió el juez—pues es muy importante… necesito hablarle del Giudecca.
Radamanthys mordió su labio en espera de la respuesta, que insoportable, hace doscientos años no tuvo que molestarse en siquiera preparar un vaso de leche a media noche, o de explicar las prisiones y fosas del infierno a un infante, para eso estaba Victoria, y la antigua Pandora había sido desde pequeña una niña dominante, no una niña dulcemente rebelde, un momento ¿dulcemente? no esa no era la palabra…
—Pasa— dijo casi en un susurro apenas audible.
La autorización lo sacó de sus pensamientos que se estaban volviendo bizarros, abrió suavemente la puerta para encontrarse con una pequeña recostada en el respaldar de su cama con sus rodillas abrazadas y su rostro escondido, caminó lentamente hasta llegar a la orilla donde se arrodilló, coloco la manzana a los pies de la infanta y estiró su mano para quitar suavemente varios mechones que cubrían su rostro.
— ¿Qué es Giudecca?— pregunto sin levantar la cara— ¿qué es tan importante que no puede esperar?
—Muy pronto tendremos que viajar hasta el Inframundo Señorita—dijo mientras observaba con detenimiento cada rasgo de la niña— el señor Hades debe descansar en sus aposentos hasta que llegue la hora de su completo despertar—sonrió una vez más mientras los orbes purpura se clavaban en su rostro.
—Bueno, supongo que tú me ayudaras ¿no?—el rubio asintió— ¿algo más? porque algo me dice que no solo eso vienes a decirme…— dijo mientras colocaba su mano en el hombro del rubio haciéndolo respingar.
—No…bueno si, solo que me gustaría que cada vez que usted salga se me informe—agacho su cabeza, por un momento le pareció sentirse abochornado— es nuestro deber vigilarles a ambos—hizo un movimiento hacia la cuna que se mantenía muda al rincón de la habitación.
Pandora retiró la mano de su hombro y se giró colgando sus piernitas frente al rubio que aún se mantenía con una rodilla en el suelo—gracias Radamanthys—dijo la pequeña con una pequeña sonrisa en sus labios— Por la manzana y... todo…
Sin querer correspondió la sonrisa de la niña y se levantó revolviendo sus suaves cabellos, antes de salir y como era costumbre hecho un último vistazo por toda la habitación hasta reparar de nuevo en sus ojos purpura.
—Sé que no soy el más indicado, pero no debe llorar, no sé dónde estaba, ni cuales hallan sido el motivo de sus lágrimas, y por supuesto no le cuestionare nada—sonrió— lo que si se es que dentro de usted hay una fuerza sobrenatural que le puede brindar el valor suficiente para levantarse de cualquier situación, así como lo ha hecho desde la muerte de sus padres, recuerde que dentro de poco liderará nuestro ejército élite y entonces...
— ¿Tu estarás ahí?—interrumpió la niña.
— ¿Perdón?— preguntó sorprendido.
—He dicho… ¿qué si tu estarás también ahí?
—Claro señorita soy Radamanthys de Wyvern juez de…
—Entonces no debo de preocuparme—una risita traviesa salió de los labios de la pequeña—buenas noches Radamanthys de Wyvern…hasta mañana.
—Hasta… mañana—contestó un extrañado y sonrojado juez, cerró la puerta suavemente y suspiro llevándose sus manos a la cabeza para revolverse su cabello, que complicado era eso de sentir después de todo, sonrió mientras comenzaba a caminar y negar con su cabeza.
Continuaraaa
Es la misma historia solo que con algunos cambios, opiniones bien recibidas
