INOCENCIA PERDIDA…
Hoy era el día, había esperado casi seis años ese momento y apenas su maestro se lo había comunicado la noche anterior no había podido pegar los ojos, el peliverde se sentó en su cama, se arrimó a la ventana y observo a lo lejos la costa de la isla, se levantó y estiro siguiendo su plan vespertino, se acercó al espejo y se observó sus brazos, lejos de estar flácidos y delgados ahora tenían pequeños pero considerables músculos adornándolos, se colocó una camiseta blanca y amarro sus muñequeras, sujeto con fiereza su colgante y suspiro.
— Hoy es el día hermano, muy pronto extremos juntos, te juro que me esforzare por June, mamá, papá y por ti —se apuró y termino de acicalarse pues su maestro lo estaba esperando en el comedor.
Al salir de la habitación se encontró con la placida sonrisa de Albiore y la de su esposa, ellos se habían convertido en su familia junto con la joven amazona, aunque últimamente june se había alejado o mejor dicho, él la había alejado, sabía que partiría con la armadura a Japón apenas ganara, si eso era lo que pasaba y por eso mantenía la distancia, no quería verla sufrir, aunque muy dentro se había convertido en su mejor amiga y compartían momentos de felicidad, en silencio y a escondidas de su maestro.
— ¿Listo para la pelea hombrecito?—pregunto su maestro mientras tomaba café, ligeramente se sobresaltó provocando la risa de Albiore.
—Si señor…— contesto el peliverde.
—Entonces desayuna y nos vemos en unas horas, justo cuando el sol baje— el maestro se levantó de la mesa palmoteo el hombro de su alumno y llamo a june, ella salió de su habitación sin dirigirle palabra alguna, lo ignoro y casi corriendo se pasó llevando a su padre quien la veía extrañado.
Shun bajo su mirada y se refugió tras la taza de café, acción que no paso desapercibida para la madre de June, término de desayunar y salió al rato tras los pasos de su maestro.
—Shun…— llamo la esposa del caballero de Cefeo.
— ¿Señora…?— pregunto con timidez
— ¿La quieres? —el asintió— sé que se aman— guiñó su ojo — yo también me he enamorado— sonrió, y las esmeraldas de Shun se abrieron, trago grueso, apretó con cariño la mano de la mujer y corrió para encontrarse con su maestro y el resto de los aprendices. La rubia negaba con una enorme sonrisa.
XX—XX—XX
Detrás de unas rocas la silueta delgada de Pandora vigilaba cada uno de los pasos de Shun, varios meses había pasado en secreto observando el progreso de su hermano desde que Ikki le había confesado el paradero de este.
Al verlo recordaba pequeños detalles de su infantil vida espiando a la pareja de hermanos tras los jardines y paredes de aquella mansión, ahora con paciencia esperaba que tuviera al fin la edad necesaria para cumplir con el propósito que ella misma se había encargado de ponerle en su camino, había sentido casi año atrás como la joven Atena había abierto sus ojos y su poder se incrementaba cada día mas, a diferencia de su señor, la diosa había nacido con su cosmos dormido, y ahora bajo los cuidados de los caballeros dorados cada día crecía más, así que ya no había tiempo que perder.
Sabia también que debía apagar el alma de ese chico para que su señor hades pudiera despertar por completo pero ¿Por qué estaba dudando?.
—¿Que esperamos señorita pandora?—preguntaba Minos sacándola de sus pensamientos.
—Que encienda su cosmos, el nuevo cuerpo del señor hades deber ser digno de su alma, cuando se convierta en guerrero lo llevaremos al Meikai con nosotros, no antes ¿te quedo claro Grifo?— el peli plateado asintió — necesito que te quedes acá y lo vigiles – compartieron una ligera reverencia y la pelimorado desapareció, tenía que mantener cierto teatrito con una parejita en especial en otra isla.
XX—XX—XX
Casi un año tenía de estar compartiendo la vida de Esmeralda e Ikki en la reina muerte, Angie como se llamaba Pandora bajo su disfraz se había convertido en la mejor amiga de Esmeralda y había conseguido acercarse al joven fénix, aunque el muchacho le rehuía cuantas veces fuera necesario cuando que se quedaba a solas con ella, suspiraba solo de verlos tomarse de la mano y jugar como niños tontos, la vida de ellos era distinta, no importaba cuánto sufrimiento existiera en ese momento la compañía mutua del peliazul y la rubia compensaba de sobremanera cualquier adversidad.
En las horas de entrenamiento la castaña se quedaba con Esmeralda en las orillas de la isla, para tranquilidad de Ikki, que Angie hubiese llegado le brindaba la seguridad que Esmeralda no interferiría en los rudos entrenamientos de su maestro.
Sobre las únicas colinas que sobresalían en la isla, la rubia tejía con agilidad una red, mientras Angie anudaba parte de los hilos, de reojo Esmeralda la observaba y reía.
—Te seré honesta, para venir de una isla eres un poco inútil con eso— dijo con sorna la rubia
—Oye —la castaña le devolvió un golpe en el hombro— te recuerdo que vengo de una isla, pero por eso no significa que deba saber todo esto— tiro a un lado la revuelta red y se cruzó de brazos en fingido resentimiento.
—Bueno… solo bromeaba— dijo frotándose el hombro—¿Angie?— pregunto deteniendo su labor.
— ¿Dime? – respondió la castaña.
— ¿Alguna vez te has enamorado?
La castaña abrió sus ojos como platos, ¿amor? ¿Que era esa trivialidad? Lo más cercano al amor lo sintió antes de bajar al inframundo y convertirse en la heraldo de hades, o mucho más atrás en los brazos de sus padres o más aun por ese peliazul, tal vez o solo quizás, por el juez, negó con su cabeza — ¿tu si?— pregunto aun sabiendo la respuesta.
—Si...—sonrió
— ¿Cómo sabes que es amor?— pregunto con una afilada mirada.
—Porque cuando él está a mi lado, el mundo se detiene, mi corazón y el suyo laten al mismo ritmo, y cuando me besa… simplemente me lleva lejos de acá.
—Uff que bueno que no estoy cerca cuando pasa eso, no vaya a ser que me babeen entre los dos— ambas chicas soltaron una carcajada, de repente Esmeralda borro su sonrisa y se puso de pie.
La castaña guio la vista hacia la misma dirección que Esmeralda, caminando suavemente se aproximaba el joven fénix sosteniendo su costado, siempre traía una enorme sonrisa que contrarrestaba con el abrasante sol de la tarde no importaba si su labio se había partido, pero ese día no, algo estaba mal, Angie bajo su cabeza, y continuo su labor con la enredada red, de reojo los observaba.
La rubia salió corriendo hasta recibirlo y ayudarlo a sentarse, lo observo con sus zafiros esperando palabras del chico pero el simplemente desvió su mirada.
— ¿Qué pasa fénix?— pregunto ya angustiada por el silencio del peliazul.
—Dos meses…— musito el peliazul.
— ¿Dos meses para qué? ¿Qué pasa fénix?...— tomo su cara y coloco su frente sobre la de el—explícame por favor… Ikki — susurró
—Dentro de dos meses tendré que reclamar la armadura ante tu padre – dijo soltando sus manos — ¿entiendes? Ya es hora de volver por mi hermano.
Pandora giro su rostro y se acercó a ellos, coloco una mano sobre el hombro de la rubia, se agacho a su lado y esta la volteo a ver, no estaba acostumbrada a consolar, junto a sus espectros había conocido un poco de consideración pero hasta ahí.
—Esmeralda, no volveré por ti… te llevare de una vez, – la estrecho con fuerza y observo a pandora—Angie, te agradecería que ese día no desaparecieras y pudieras estar con ella, apenas tenga la armadura nos largaremos de acá los tres—sonrió dándole la mano, la castaña sonrió, aunque ese día tal vez ella ya no estaría cerca.
El peliazul aparto a la rubia y las observo a ambas— Hey no pongan esa cara, no me he muerto— luego fijo su mirada en esmeralda— ¿recuerdas que día es hoy?—pregunto levantado una ceja divertido.
La chica abrió sus zafiros como platos – el aniversario de Fire Mountain…— musito— ¿quiere decir que hoy si iremos?— el peliazul asintió y pandora levanto una ceja—te encantara Angie— dijo la rubia con una sonrisa.
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La vuelta al Meikai le absorbía el tiempo de una manera increíble, se pasaba el día entre los entrenamientos de sus espectros a quien dejaba a cargo algunas veces a Valentine de arpía y a Sylphid de Basilisco para poder poner en orden algunas tareas de Caina o Cocytos , casi no podía saber nada de Pandora quien últimamente desaparecía sin avisar y regresaba sin ánimos de trabajar, sentía que por alguna vaga razón la heraldo de Hades había olvidado el enorme compromiso que cargaba, y luego estaba Valentine casi la verdadera razón de su desesperada urgencia del paradero de la jovencita, desde el día que ella les conto donde estaba la niña Atena él la había tratado de estúpida y cobarde provocando la risa de Pandora y la negación de Minos—¿Piensas que nuestro señor hades o la señorita pandora se rebajaran amatar a una mocosa indefensa? que tienes en esa cabeza Valentine—recordaba palabra a palabra, sin darse cuenta se encontraba en el salón de Giudecca, camino hasta los tronos vacíos y se enfureció aún mas.
—ZEROS…—llamo con impaciencia el Wyvern – ¿DONDE RAYOS ESTAS METIDO?— las alas de su sapuri se agitaban como cuando los pájaros intentan alzar vuelo, estaba furioso, sacudió su cabeza acomodando sus emociones.
Detrás de los tronos la antiestética figura del espectro de Frog se asomaba.
—Mi señor Radamanthys… ¿qué sucede?
— ¿Dónde está Pandora?
—En busca del nuevo cuerpo de mi señor Hades, mi señor
El rubio arqueo una ceja— y se puede saber ¿con quién fue?—pregunto acercándose al feo espectro, Zeros retrocedió temeroso pero no se salvó de las enormes manos del juez que lo aprisionaron contra la pared—te hice una pregunta ¿con quien diantres esta la señorita Pandora?—termino para soltarlo contra el piso.
—Por Hades Wyvern ¿pero qué te pasa? ¿Se te salió la niña del nido y no te diste cuenta?—pregunto con sorna el nepalés ganándose una mirada afilada del rubio.
—Solo quiero saber con quién está, últimamente se desaparece y no dice nada, sabes que no podemos perder más tiempo Garuda.
—Es lo más sobreprotector que te he escuchado decir Radamanthys, realmente me sorprendes.
—Minos… mí… Señor… Radamanthys, la señorita Pandora partió con el señor Minos de Grifo desde temprano—contesto por fin Zeros apretándose el cuello con suavidad.
Sin decir nada más el Wyvern salió de Giudecca a paso veloz hasta su templo.
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Se despojó de su sapuri y se recostó en uno de sus enormes sillones, colgó su cabeza y cerro sus ojos, una caricia sobre su pecho lo hizo respingar, rodo sus ojos con fastidio viendo la silueta que estaba a su lado, los ojos dorados de la mujer lo recorrían de manera lasciva.
—¿Preocupado mi señor Radamanthys?— pregunto tocando su pecho, el juez retiro con furia las caricias de la chipriota, la hizo a un lado y se levantó
—¿Cómo van los entrenamientos Valentine?—cuestiono para evitar la absurda conversación, aunque al mismo tiempo se tranquilizaba de verle ahí.
—Bien –contesto con suavidad, sentándose en el sillón ahora desocupado y dejando a la vista del juez sus piernas descubiertas y sus pechos ligeramente sudados por los recientes ejercicios.
—¿Qué quería Iván?—preguntó recordando como el espectro de troll, lo andaba buscando
—Problemas con Aqueronte… solamente, nada que no se pueda solucionar con palabras
—Dile a Sylphid que mañana me uniré a ustedes en el entrenamiento – portó de nuevo su oscura armadura y salió, no quería que esa mujer lo tocara nunca más.
—Mi señor…— exclamo la espectro deteniendo su paso— Minos vino a buscarlo temprano, dijo que hoy le celebrarían el cumpleaños a Lune en Caina, si usted se lo permite.
Radamanthys levanto una ceja, ¿Minos celebrando el cumpleaños de su espectro de confianza y en su templo?, era una osadía pero eso habría que verlo, asintió y se retiró—prepara todo entonces—grito para perderse, la chipriota asintió.
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—¿Listo Shun?—gritaba Spica, uno de los aprendices en la isla.
El peliverde asintió, ambos esperaban la orden de su maestro para empezar el combate, con un par de cadenas en cada brazo Shun respiraba agitado, nervioso, la voz de Albiore marco el comienzo de la batalla, sin dejarlo respirar Spica lanzo una patada directa al estómago del peliverde que lo hizo retroceder.
Albiore, en la parte alta del improvisado coliseo vigilaba cada uno de los movimientos de sus muchachos, mantenía el semblante serio y sus brazos cruzados.
—No tendré piedad de ti niño lindo— espetó Spica elevando su cosmos—sabes me da lástima tu hermano, creo que se quedara esperando por ti.
Una aura rosada cubrió el cuerpo del peliverde, sus esmeralda se tornaban de un rojo chispeante, Albiore frunció el ceño, definitivamente ese cosmos era especial.
Con una fuerza tremenda Spica lanzo las cadenas que al igual que el peliverde tenía en sus manos, a pesar de haber llevado el mismo entrenamiento el chico no podía levitarlas con facilidad, pero aun así estas sujetaron a Shun de ambas manos, lo jalo atrayéndolo hacia el suelo para luego dejarse caer sobre las costillas del peliverde, se alejó luego lo suficiente y juntando sus manos elevó su cosmos aún más TORMENTA NEBULAR grito, Shun apenas se incorporaba de rodillas aun con sus ojos chispeantes y la tormenta lo lanzo varios metros atrás , Albiore sabía lo que pasaba, aunque Shun tuviera ese enorme poder jamás lo usaría contra el otro muchacho.
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June estaba entre el resto de los aprendices, sostenía sus manos apretándolas hasta casi palidecer, cuando observo la caída, no dudó un instante en tirarse al suelo junto al peliverde —Shun maldita sea defiéndete, Spica es tu enemigo, si no lo derrotas jamás veras a Ikki otra vez— dos de los otros muchachos se habían tirado a levantarla, la pelea no podía ser interrumpida.
Volvió a su lugar aún sujeta por los otros jóvenes, se soltó y se dejó caer en el suelo, ¿sería capaz que Shun se dejara vencer? Negó con su cabeza—jamás—musito.
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Minos se colocaba en una mejor posición para observar el combate, cuando vio el cuerpo del peliverde en el suelo dudo en la elección de Pandora para el portador de su señor, pero cuando esa rubia cayo a su lado ligeramente su poder se incrementó tranquilizando sus dudas, un santo de Atena al servicio del mal, ¿Quién lo diría?
—Levántate muchacho, no nos decepciones – se acercó un poco más, tratando de mantener su cosmos al mínimo para no ser sentido por Albiore, afino su mirada y levanto una ceja, el chico una vez más se ponía de pie.
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Las palabras de june lo hicieron razonar por un momento y mientras ella se alejaba se levantó del suelo y cerro sus puños tomando fuerza del ánimo de la rubia, observo por un momento donde estaba su maestro y lo vio asentir con suavidad, entonces supo que era el momento, june, su hermano, su maestro, su amigos, Hyoga, todos confiaban en él, elevo el cosmos al máximo cerrando sus ojos, su ahora larga melena verde se abatía furiosa con el viento, de repente logro lo que Spica nunca pudo con facilidad, las cadenas de entrenamiento de Shun literalmente cobraron vida, fijo su mirada ahora rojiza a su enemigo que tenía al frente— perdóname – musito—CADENA NEBULAR— grito sacando todo el aire de sus pulmones, su maestro sonrió, el combate había terminado, al otro extremo Spica estaba sujeto de pies y manos, escupía sangre por la boca y al instante cayo desmayado, de un movimiento Shun aparto las cadenas del chico y cayo de rodillas, la luz que lo envolvía comenzó a tintinear con fuerza.
De entre el mar una columna de agua se levantaba, entre ella la armadura de bronce clamando por su dueño brillaba al mismo ritmo que el cosmos del peliverde, sin esperar orden alguna la caja de pandora se abrió dejando ver la hermosa vestidura bronceada, como por arte de magia esta se separó y mudo a su nuevo portador, su ahora legítimo dueño, el cosmos rosado volvió a rodear al menor que cerro sus ojos para convertirse en uno con su armadura, sonrió, lo había logrado, abrió sus ojos y observo a june en el suelo arrodillada.
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Albiore estaba satisfecho, se acercó al peliverde y coloco la mano en su hombro, bajo el ropaje bronceado el rostro aniñado de Shun sonreía, la inocencia que lo envolvía brotaba de sus esmeraldas cristalizadas, era solo un niño pero tenía un poder increíble y él lo sabía.
—Shun de Andrómeda, ya no eres más mi alumno… ahora eres mi compañero de armas— sujeto de la mano al muchacho y la estrecho de forma fraternal.
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Minos sonreía, detrás suyo se abría de nuevo una pequeña entrada al inframundo, volvería con la noticia para Pandora y muy pronto regresarían por el muchacho.
Camino hasta el Meikai pero antes de ingresar a Giudecca pasaría a ver a cierto noruego ayudante suyo en tribunal de los muertos, apuró su paso ligero pero armonioso hasta toparse con el rostro pálido de Lune sumergido en el gran Libro, este no noto la presencia de su superior y continuo sus anotaciones.
—¿Me parece que alguien está cumpliendo años?— el espectro de Balrog levantó su mirada afilada y carente de emoción, tiñendo eso si de un leve rosa sus pálidas mejillas.
—Mi señor Minos… que grata sorpresa… supongo que yo—Minos sonrió provocando que el sonrojo de su ayudante se intensificara – ¿se le ofrece algo Mi señor?—pregunto sin perder su compostura.
—Solo ofrecerte una invitación… quiero que llegues a Caina dentro de un rato.
—Pero y las almas que…
—Nos encargaremos luego, los dos…—Lune cerro con suavidad del libro que tenía al frente y asintió.
Satisfecho el juez de Grifo volteo a la salida para toparse de frente con el juez de Caina.
— ¿Minos?... ¿Qué rayos haces aquí?
—Es mi lugar Radamanthys, ¿dónde más debería estar?
— ¿Dónde está Pandora?—Minos arqueo las cejas y guardo silencio, realmente ni el mismo lo sabía.
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El santuario se llenaba de luz alrededor de la pelilila, con largos vestidos blancos y su cabello suelto mecido por el viento, sostenía con una peculiar sonrisa una carta en la mano, esa mañana había llegado hasta ella la noticia de que uno de los niños había obtenido la primera armadura de bronce y satisfecha bebía una taza de chocolate en la terraza del salón papal, pero el regocijo duro poco, pues al mismo tiempo anunciaba la cuenta regresiva para el gran enfrentamiento contra Hades.
—Señorita Atena—chilló un pequeño pelirrojo, Saori le revolvió sus cortos cabellos— ¿esta aburrida?— cuestiono zafándose de las manos de su diosa.
—No kiki… solo pienso
El pequeño pelirrojo era alumno del caballero de Aries y se había ganado el cariño de la joven diosa, solía escabullirse de su maestro y acompañarla a sus paseos diarios alrededor del santuario, procuraba hacerla sonreír cada vez que podía, al final de cuentas cuando el joven Aries daba con el terminaba por quedarse también a su lado.
—Aquí estas…
—Señor Mu…, la princesa estaba sola y pensé…
—Que sería una buena excusa para librarte del entrenamiento ¿he?, lo es enano – sonrió –pero deberás esforzarte más mañana— el pequeño asintió, luego reparo en su joven diosa que se perdía en el atardecer—Princesa ¿todo está bien?—se acercó a su joven deidad y tomo su frágil mano entre la suya brindándole confianza.
—Si Mu… solo que cada día se acerca más la guerra santa y no sé si estoy preparada…—bajo su mirada con tristeza y suspiro con pesar.
El joven Aries tomo con delicadeza su mentón y busco su mirada, Saori se perdió en sus enormes ojos verdes y sonrió, con ganas de olvidar todo por un momento se refugió en el pecho de su caballero, quien la estrujo con cariño.
—No debe de temer, nosotros estaremos a su lado – acaricio con cariño las mechas lilas y sintió entonces el cosmos de su diosa alterarse, luego un líquido caliente llenar ligeramente su camisa – estará lista, todos lo estaremos, mi maestro Shion, el maestro Dohko, los muchachos de bronce, nada va a pasarle, todos estamos dispuestos a dar la vida por usted, por el mundo—separo a Saori y seco con delicadeza las lágrimas que enrojecían sus hermosos orbes grises, por un momento sus miradas se encontraron y la distancia entre sus rostros se hacía escasa.
—¿He… maestro Mu?—
Rápidamente Saori se alejó de su caballero ligeramente sonrojada, el protocolo no incluía abrazos tan efusivos de parte de su élite dorada, pero le había gustado, la tranquilidad que Mu emitía era regocijante , agito su cabeza, ella era una niña pero más que eso su diosa.
Por otro lado el joven lemuriano se mantenía con la vista fija en las doce casas, había pasado por alto una regla del santuario y se sentía responsable de lo que su comportamiento causara, se golpeó mentalmente al haber actuado de esa manera tan sensible o mejor dicho tan humana, gracias a kiki solía pasar más tiempo que cualquier otro caballero al lado de la pelilila, y con eso había aprendido más que a venerar si no a querer a esa chiquilla, porque eso era, una chiquilla, una niña, aunque desde que había despertado totalmente su cosmos, su cuerpo hubiese cambiado, desde sus rasgos ahora juveniles, hasta sus curvas ligeramente pronunciadas y la altura que un año había ganado, le daban esa imagen de mujer adulta con rostro aniñado, aun así era una pequeña y más que eso su diosa. La mujer a la que le debía respeto.
—¿Qué… pasa enano?— dijo sin darle la cara.
—Este… es que usted me había dicho que…
—Olvídalo si…solo por hoy… solo – golpeo su frente al recodar las muchas veces que había sentenciado a kiki sobre el comportamiento delante de su diosa, y ahora él se había dejado llevar sin pensar siquiera que su pequeño alumno sería testigo de ese desliz— no ha pasado nada ¿sí?— el pelirrojo asintió no sin notar las mejillas teñidas de Saori y las de su maestro, lanzaba su mirada de uno a otro hasta sentir en la nuca el saludo inconfundible del escorpión dorado.
—Princesa…— dijo colocando su rodilla en el piso—traigo noticias de Siberia, la armadura del cisne ha sido reclamada, uno de los discípulo de Camus, al parecer el que adopto su abuelo, el ruso.
—Hyoga…— musito, giro el rostro para encontrar en el de Mu cierto desconcierto todavía, tomo su antebrazo y le sonrió, dirigió sus pasos al caballero que estaba arrodillado—Vamos Milo, llévame con Shion – el peliazul asintió, y se levantó no sin antes guiñar el ojo su compañero con una gran sonrisa plasmada en su rostro.
Mu cerró sus ojos y negó con su cabeza, Milo los había visto.
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La noche llego tan rápido como las ansias por tomar el bote y navegar hasta la isla vecina a la celebración de Fire Mountain, esperaron que el viejo Guilty saliera de la cabaña y media hora después siguieron sus pasos.
La enorme luna llena brillaba sobre el firmamento, vestido como todo un isleño, totalmente de blanco con un pantalón de manta y una camisa ligeramente abierta, fuera de la vivienda un ya impaciente peliazul esperaba por la rubia, molesto tiraba rocas a la nada para matar el tiempo, escucho la puerta rechinar y giró para encontrarse con la más hermosa imagen que jamás pensó ver, con una hermosa falda blanca que permitía ver una de sus piernas desde el muslo y un top del mismo color que dejaba a la luz su pálido pero firme vientre, esmeralda terminaba de sujetarse el cabello en una alta coleta.
—¿Listo fénix?—el chico asintió con lentitud – ¿tan espantosa me veo?— pregunto colocando sus manos la cadera.
—Ha… pues… yo… digo… te vez bien…— Esmeralda rio de ver el impacto de su amigo—¿Cómo es que nunca te habías puesto eso?— dijo aun indignado cruzando los brazos— porque ahora que vamos para una fiesta… en la playa… llena de chicos guapos ¿te vistes así?—levanto una ceja sin perder de vista a la rubia.
—Basta celoso, sabes que solo tengo ojo para ti bobo— se acercó y lo tomo de su brazo jalándolo hasta perderse entre la montaña.
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Estaba en la orilla esperando casi desesperada la llegada de sus amigos, sonrió cuando vio la delgada figura de esmeralda alzar la mano para saludarla, tras de ella a paso lento Ikki solo sonreía.
— ¿Qué le pasa?— codeo suavemente a esmeralda.
—Esta celoso… dice que nunca me pongo nada así de lindo— se sujetaron los brazos y caminaron delante del peliazul ambas sonrieron con complicidad.
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La isla estaba llena, luces, colores, música, gente de todo lado, licor, lo bueno de ese día era que en conmoración de la bruja que habitaba la otra isla todos usarían mascaras durante la noche, siendo una gran ayuda para evitar ser reconocidos por Guilty que acostumbraba también disfrutar de esa noche, todos revelarían sus rostros para la acostumbrada hora del regalo especial, cosa para la que el joven fénix ya estaba preparado, con sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón, de vez en cuando retorcía los ojos y observaba a las chicas que reían, de repente una de las jóvenes isleñas que solían sonreírle se le acerco sujetándose de su brazo.
— ¿Bailamos?—pregunto una dulce voz detrás de la fea mascara, pero no logro contestar pues de un jalón Esmeralda ya lo había separado de la otra chica.
—Pensé que el de los celos era yo… — susurro con sorna el peliazul.
—Cállate y camina…— le tiro la máscara en su pecho con toda la fiereza que pudo sacándole al peliazul una sonora carcajada.
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Aunque había crecido al lado de los espectros y una que otra vez había visto a Radamanthys servirse un vaso de whisky junto a Minos, o visto y sentido a Aiacos llegar con ese típico olor de cerveza barata en su ropa, por su mente jamás había pasado probarlo, sentada en la arena junto a los otros dos observaba con detenimiento el líquido semiamarillo servido en los vasos plásticos.
— ¿Te animas?— las palabras de la rubia la sacaron de sus pensamientos.
— ¿A probarlo?— pregunto sorprendida, la rubia asintió— pues no…
Esmeralda se levantó del suelo y volvió con tres vasos del famoso licor, entrego uno a cada uno, Ikki solo negaba y Pandora sonreía.
—Vamos cobardes, prueben…— coloco el vaso en su boca y dio un trago bastante fuerte, frunció el ceño y tosió un poco— ¿vieron? no morí ahora ustedes.
La castaña y el peliazul se volvieron a ver, asintieron y tomaron de los vasos
—Qué as… co…— tosía el peliazul.
—Amargo…— decía la castaña en una mueca.
Esmeralda se ahogaba de la risa de ver el semblante desencajado del joven fénix, de repente una conocida canción sonó, se levantó y tomo de la mano al chico y lo llevo a bailar dejando sola a Pandora que termino por tomarse por primera vez el primero de varios vasos de licor de esa noche, a pesar de estar bien necesitaba de algo, al ver a la pareja que bailaba y suponía reía bajo esa estúpida mascara lo descubrió, ella quería sentirse amada, protegida y se había dado cuenta quien exactamente la hacía sentir así y esa noche se lo diría.
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Casi a la media noche cuando la luna alcanzaba su punto máximo sobre la tierra el hombre que sostenía el micrófono anunciaba la hora del regalo especial, con Angie en la supuesta vigilancia de Guilty, los jóvenes volaron las máscaras al aire topándose con la mirada brillante bastante relajada de cada uno.
El peliazul metió las manos en el bolsillo de su pantalón para sacar el regalo que a escondidas había traído para esmeralda, pero ella se las sujeto con suavidad
— No, aquí no—susurro cerca de su oído— yo también tengo mi regalo especial, en un lugar especial— jalo al chico hasta el vote y remaron hasta la isla.
Con la misma ternura el joven se dejó llevar hasta la explanada de la peligrosa cascada donde una vez se habían tirado siendo más jóvenes, de inmediato freno su mano haciendo que la rubia lo volviera a ver.
—No vamos a tirarnos Ikki, es aquí—se soltó y abrió sus manos dejando que el aire que subía por la fuerza de la cascada jugara con su cabello.
Tomándola de la cintura, sujeto una de sus manos colocando un par de aretes en forma de calamar— mi regalo señorita – la chica giro con lentitud zafándose de sus brazos – ¿ahora dónde está el mío? por que déjame decirte que debe ser muy pequeño para que lo hallas escondido entre esos retazos de tela que tra…—Esmeralda rodeo su cuello con sus brazos y beso al fénix –es…pues…to—termino.
—Así es … este es mi regalo Ikki— se soltó del peliazul dejando caer frente a él su delicada falda, luego con agilidad soltó el pequeño top que la cubría y se sentó sobre las telas que se había quitado estirando la mano al joven fénix.
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Con delicadeza bajo hasta su lado, tragando grueso se acercó hasta su boca permitiéndose por primera vez explorar con facilidad la cavidad de la rubia hasta que la falta de aire los separo, guio sus manos sobre la piel descubierta de la rubia hasta toparse con la ropa interior que aun la cubría, se detuvo y ella lo observo sus enormes ojos verdes.
— ¿Estas segura?—pregunto casi en un susurro, ella asintió.
Se retiró un poco para liberarse de la ropa que se había vuelto incomoda, con delicadeza termino por apartar lo que aun detenía su paso y besando con suavidad la frente de esmeralda se dejó llevar, ambos lo deseaban, se amaban en un secreto a voces, la primera vez, su regalo especial, su inocencia envuelta en retazos de tela blanca.
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Seis espectros en Caina cantando el feliz cumpleaños al ayudante de Minos, todos bebían y festejaban, todos menos uno, Radamanthys, el juez de vez en cuando sonreía, pero en realidad estaba preocupado, ya se había tardado demasiado, Pandora no volvía y eso lo irritaba, Minos había pasado horas tratando de convencerlo que ella ya no era una mocosa y además la Heraldo de hades, pero a él poco le importaba, solo quería verla, saber que estaba bien.
Salió a tomar aire fuera del alboroto en su templo, estaba harto de escuchar las estupideces de Aiacos, además había ciertas cosas que lo comenzaban a desesperar, le había parecido raro que bajo los efectos del alcohol, Garuda parecía muy entusiasmado con su general de arpía y ni hablar de Minos acorralando a su ayudante que por cierto no parecía nada molesto, además estaba enratonado de estar sentado, camino un poco y aun sin proponérselo llego a Giudecca, un extraño sonido llamo su atención, eso era ¿un vals? Por hades, tenía años de no escuchar ese tipo de música, aligero su paso y entro en la soledad del lugar, caminó casi a hurtadillas hasta recostar el oído en la puerta de Pandora, ¿en qué momento había llegado? ¿y quién le había dado ese artefacto para producir música?
—¿Me espiaba juez Wyvern?— esa cantarina voz lo hizo respingar e inmediatamente giro para encontrarse con los etílicos ojos de Pandora, ladeo su rostro y se atrevió a olfatear con disimulo a la joven heraldo, levantó una ceja y entreabrió su boca– oh no ¿Radamanthys me vas a sermonear?— dijo sosteniéndose de su tridente, cosa que no pasó desapercibida por el rubio juez.
—No señorita—dijo conteniendo la risa— me alegra que haya vuelto, buenas noches— hizo una reverencia y giro sobre sus pasos, pero un golpe lo hizo voltear su rostro , en el suelo la joven heraldo trataba de incorporarse de la caída que había sufrido, al tratar siquiera de bajar la cabeza para corresponder al juez— señorita Pandora que demonios ¿dónde estaba metida?—sujeto a la chica de sus brazos y la levanto, pero justo cuando iba a sermonearla se soltó de él y se aferró a su cuello, Radamanthys suspiro y la sentó en trono.
—No estoy totalmente ebria te lo juro – el solo asentía sin quitarle su mirada ambarina de encima, le parecía adorable el suave sonrojo que cubría sus mejillas, se sentó en el suelo como niño bueno sosteniendo sus piernas, mientras le permitía convencerlo que no estaba borracha— es más para probártelo ¿Por qué no follamos?.
El juez frunció el ceño ¿follar? – Señorita pandora que rayos…
—Era una broma, ¿no te acuerdas que Aiacos había dicho que follar era como bailar?— dijo arremedando los ademanes del juez Garuda – sonrió lo tomo de la mano y lo obligo a levantarse— vamos juez de Caina muéstrame como bailar
—Señorita hace años no bailo es casi imposi…
—shhhhhhh— dijo colocando un dedo de distancia entre sus labios— solo escuchemos la música y ya.
Con delicadeza una de las manos del juez se colocó en la espalda de pandora mientras la otra sostenía su fina mano, bastante cerca se miraron fijamente hasta que el vals comenzó una vez mas, avanzaron casi por todo el salón con armonía, como una princesa oscura sus largos vestidos se mecían al ritmo de la canción, por otro lado Radamanthys con sus botas gruesas, pantalones negros y esa camisa blanca manga larga dobladas un poco más debajo de los codos muy al estilo inglés, parecían la estampa de un romántico cuento de hadas.
La música cesó y ambos pararon agitados, su ojos ambarinos se perdían en la mirada purpura de pandora, lentamente la joven recostó su cabeza sobre su semidesnudo pecho, mientras soltando su mano la estrujaba con cariño, le gustaba sentirla cerca sin duda, sentir sus finas manos aferrándose a su espalda, la joven se removió apartándose de él, sujeto sus manos y sonrió, suavemente deposito un beso su mejilla y se despidió.
La vio alejarse, la había tenido tan cerca, ya no era esa niña que se levantaba en las noches a buscarlo, ahora era una joven hermosa, con un cuerpo de mujer, caminaba con su elegante paso, haciendo que su cabello se moviera mecido en un vaivén seductor para él, y esos malditos vestidos abiertos en la espalda que llegaban hasta un cierre justo arriba de su cintura.
Esperó, quería verla partir, conservar esa sensación momentánea de tenerla cerca.
xx—xx—xx
Caminaba hacia su habitación pero su corazón quería quedarse ahí, volteo un momento hacia atrás para ver el hombre que ya hacía de pie en medio del salón, mordió su labio y siguió su camino coloco la mano sobre la manija de su habitación pero no la giro, dio media vuelta y el juez aún estaba ahí, seguro esperando que entrara a su habitación como siempre, podía ver la su ceja ligeramente levantada midiendo cada paso, entonces corrió, tal vez haber sudado en el baile había permitido que su nivel de alcohol bajara, llego justo en frente de él , sin pensarlo se abalanzo a los labios del juez quien se mantenía inmóvil, con sutileza lo obligo a abrir la boca explorando cada centímetro de la cavidad del inglés, al momento sintió con fuerza sus grandes manos recorriendo cada centímetro sobre su ropa, sintió escalofríos al sentir que su cierre cedía antes los experimentados dedos del rubio, lo soltó ambos solicitaban el preciado aire.
Esmeralda tenía razón, un beso que te lleva a otro lugar, dos corazones que latían como uno, eso era ¿amor?.
Con agilidad la cargo mientras se refugiaba en su cuello delineando sus pectorales definidos, abrió la puerta de su habitación y con delicadeza la coloco en su cama, de pie lo observo desnudarse, no podía evitar sonrojarse, jamás lo había visto así, tembló al verlo acercarse a gatas sobre ella sin quitar esa mirada de fiera peor al mismo tiempo cargada de una mezcla de deseo y amor, se sorprendió de la agilidad del juez de despojarla de su vestido entre besos y caricias, era sin duda un hombre experimentado, este beso por última vez su cuello para comenzar a acariciarla.
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Debía ser sutil, delicado, era la primera vez de Pandora y no quería lastimarla, al contrario quería que disfrutara de todas las sensaciones que podría brindarle, beso su frente y con suavidad comenzó su labor.
— ¿Está bien?...— pregunto por primera vez nervioso el magnífico juez de Caina—si le incomoda paramos…yo...—ella coloco sus finos dedos sobre la boca del rubio perdiéndose en sus ambarinos ojos.
—Estoy bien…— fue lo último que logro articular antes de sentir el leve ardor, con sus ojos llorosos se aferró a él para sentir después la ola de placer que recorría cada parte de su cuerpo.
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La fiesta había terminado pero el Wyvern no aparecía por ningún lado, nadie se había dado cuenta de su ausencia hasta que llegó la hora de despedirse.
—Debe estar en Giudecca esperando a la señorita pandora – exclamo Lune
Ambos asintieron, de repente una conocida figura se aparecía entre la niebla del Meikai
—¿Zeros?
—Mi señor Aiacos
—¿No has visto a tu juez?— pregunto Minos, el espectro sonrió.
—Espero lo disculpen pero mi señor Radamanthys está... ocupado con la señorita Pandora tratando un tema especial.
—¿Está loco? Esa lagartija va a aburrir a la niña de tanto perseguirla, se debe estar muriendo del sueño escuchando el sermón de ese desgraciado— decía Minos negando con su cabeza, Lune sonrió, Valentine se removió incomoda en la silla y Aiacos soltó su mejor carcajada.
—Gracias Zeros, vete a dormir creo que por hoy te relevan de tu puesto— dijo aun entre risas el nepalés
continuarraaaa
