EL COMIENZO DE LA GUERRA...
Habían pasado casi dos meses desde aquel encuentro en donde se había rendido al placer humano, y esa era la tercera vez que despertaba a su lado, al juez de Caína le parecía increíble que al fin después de esperar por más de doscientos años, la mujer que más amaba sobre los límites de cualquier mundo estuviera con él, dormida, la observó un par de minutos y retiro con delicadeza un par de mechones morados que tapaban su angelical rostro, besó su frente con ternura y suavemente quitó los delgados brazos de pandora que le abrazaban el pecho.
— ¿Tan rápido te vas?—preguntó la Heraldo al rubio que ya se amarraba las botas sentado en la cama.
—Alguien puede verme—contestó con una sonrisa retorcida.
Pandora acarició su espalda mientras se levantaba y en silencio lo vio vestir su sapuri y salir a escondidas de Giudecca, sonrió al verlo abrir la ventana como un ladrón y abrir sus alas para partir, se arropó y suspiró, ella también debía partir pronto, había algo pendiente en cierta isla infernal.
Como testigo muda, la chipriota lo observaba salir y volar de regreso a su hogar, ya habían sido dos las oportunidades en las que lo había seguido, y con tristeza había contemplado la enorme sonrisa que mostraba el inglés en su rostro, esa niña malcriada al fin lo había atrapado y ahora ella era dueña de ese secreto.
— ¿Perdiste algo Valentine?—preguntó una ronca vos en su oído para luego morder con sensualidad su cuello.
—Aiakos… dejame en paz…—dijo la chica empujando al juez.
—Interesante, comienzo a creer que soy un juguete de tus celos enfermizos harpía—dijo el juez observando de reojo al espectro.
—No es eso, gran Juez de Garuda—espeto con sarcasmo—simplemente me parece incorrecto que los subordinados nos vean en ese tipo de escenas.
—Pero que decente niña… vale más que el pudor lo dejas para los lugares públicos—dijo en su oído—me voy, tengo trabajo que hacer, dile a tu señor Radamathys que hoy iremos al fin por el cuerpo del señor Hades—el juez camino hasta Giudecca sin siquiera voltear, a paso ligero se adentró en el templo, mientras Valentine suspiraba y ahogaba un par de furiosas lágrimas.
… … …
El juez de Grifo caminó hasta la primera prisión en busca del rubio Ingles que últimamente se mantenía de un buen humor, sonrió cuando lo observó refugiado tras las hojas del enorme libro en el salón principal, en silencio se acercó por sus espaldas para sorprenderlo— ¡Vaya, vaya pero que tenemos aquí!—exclamo Grifo— ¿esa es una sonrisa?—preguntó hundiendo su dedo en un pequeño hoyuelo que apenas se asomaba en la mejilla del sorprendido Wyvern.
—Basta…—dijo el rubio golpeado la mano de Minos—creo que si me rio o no, no es tu problema Minos.
—Claro que es mi problema… con ese humor eres capaz de mandar algún condenado asesino a los elíseos—bromeo—dale instrucciones a Valentine, hoy partiremos a la isla Andrómeda en busca del cuerpo del señor hades.
— ¿Es hoy? Pensé que Pandora me….
— ¿Pandora? ¿Ya no es más señorita Pandora?—Minos sonrió al ver el hermoso tono rojo de las mejillas del rubio
—Basta Minos… tengo trabajo que hacer… ¿Por qué no te largas a fastidiar a Aiakos? Llego en un rato cuando el espectro de harpía se digne a aparecer, últimamente se pierde por ratos.
—Bien señor de Caina, te espero allá, no tardes, no vaya a ser que la señorita—dijo con falsa tos—Pandora te mande a buscar.
Radamanthys negó mientras escribía en un enorme libro algunas tareas para sus dos generales, de reojo vio partir a su compañero de armas, algunas veces eran tan molestos, pero tal vez tenía razón, era feliz, por lo menos en tiempos de presunta guerra, tirarle algo de amor al alma no era tan mala idea.
… … … …
Varias semanas tenía de estar en cama con náuseas y dolor de cabeza, Esmeralda no veía el sol claro con tanto malestar, así que su padre la había obligado a visitar al anciano para que la revisara. Llevaba varios días esperando el famoso resultado, pero ese día en especial, se había sentido pésima y no había podido levantarse.
A su lado el peliazul la observaba acongojado y estresado no sabía qué hacer, aparte estaba nervioso porque ese mismo día pelearía por la armadura del fénix, y su maestro le había pedido quedarse con la joven mientras el regresaba.
— ¿Estas segura que no fué que comiste algo malo?—le preguntaba con el ceño fruncido, ella simplemente negaba.
—Te juro que en mi vida me había sentido así…—cada frase era una ida hacia un lado de su cama a vomitar.
Ikki caminaba de un lado a otro, se sentaba, se paraba, se recostaba en la pared, se sentaba en la cama.
—Por Dios Ikki deja de dar vueltas, haces que me maree más de la cuenta… —dijo la rubia mientras se sentaba— vamos, mejor llevame fuera, necesito un poco de aire fresco, el joven la tomo de mano y la llevo hasta el corredor.
La vista no era la mejor, pero por lo menos las náuseas habían pasado un poco y el aire aunque no era tan fresco que digamos se respiraba mejor que dentro de la casa, se sentaron en el corredor donde algunas veces solían quedarse cuando su padre no regresaba a casa los fines de semana.
Esmeralda perdía su vista hacia el lejano horizonte, era aun de mañana pero el sol no alcanzaba su punto más alto, sonrió por un momento y tomo la mano del futuro fénix.
—Me gustaría verle la cara a mi padre si algún día me pilla escabulléndome a tu habitación— dijo presionando la mano del muchacho.
—Eres increíble, realmente estas enloqueciendo… —dijo el abrazándola—pero hoy tendré esa armadura y nos iremos de aquí, así que siento mucho arruinar tus planes.
— ¡Hola!— una chillona voz los hizo separarse de inmediato.
—¡Angie!— exclamaron al unísono.
La joven castaña saludo con un efusivo abrazo a ambos chicos, se sentó al lado de esmeralda y acaricio su cabeza.
—Dejame decirte que te vez espantosa querida—exclamó la castaña levantando una ceja.
—No me lo recuerdes…—dijo la rubia cerrando sus ojos.
… … … …
El maestro de la reina muerte llego a la isla vecina en busca de respuestas sobre su hija, tenía esa extraña corazonada, y esos malditos síntomas se la hacían demasiado conocidos.
—Guilty…—musito el anciano al ver la silueta que se dibujaba frente a él.
—Anciano…que tiene mi hija…—espeto el hombre sin saludar.
—Nada grave, dentro de unos meses se le pasara— dijo el anciano haciéndose el desentendido.
El terror que dominaba en la cara del viejo curandero se notaba kilómetros, pero aun así el trataba de disimularlo, con sus manos temblorosas entrego al hombre un brebaje para disminuir los síntomas de la joven.
—Que tome esto tres veces al día y pronto mejorará—mostro unas botellas al hombre que las tomo con fuerza.
Antes de salir entrecerró sus ojos y abrió uno de los embaces
— ¿Qué acaso esto no es…?—la mirada del demonio de la isla de la reina muerte se llenó de ira, boto el resto de botellas y sujeto al anciano del cuello— ¿es un brebaje para embarazadas? ¿Me quieres ver la cara de estúpido viejo decrepito? Reconocería este olor a kilómetros de distancia, su madre tomo esto casi todo el embarazo—lanzo con fuerza al viejo contra la pared.
—Basta— decía Hellen—por favor señor Guilty no dañe a mi abuelo.
—No te metas mocosa—dijo formando una esfera de luz anaranjada en su mano izquierda.
—Hellen vete de aquí…—grito el anciano—no solo para eso sirve ese brebaje demonio—replicó el anciano sujetando la mano que aún lo aprisionaba.
—Si no quieres morir tienes que aclararme que es lo que tiene mi hija—espeto lanzando una mínima potencia de su energía, apenas para dañarlo y que confesara.
—¡Esta embarazada…!—chillo Hellen, el anciano negó— su hija está esperando un bebé…—susurró.
El demonio desapareció la esfera de energía, no podía creerlo o mejor dicho se negaba a aceptarlo, su hija, su pequeña, ese desgraciado pagaría el daño que le hizo, soltó al hombre contra la pared y en silencio hundida en la furia mas enorme salió rumbo a la isla.
— ¡Hellen!—llamó el aciano aún en el suelo—corre, busca a los muchachos, debes advertirles que ese hombre los matará— la niña asintió y corrió hacia donde estaban los botes.
… … … …
Al final había logrado que la rubia caminara un poco hasta la playa, recogiendo conchitas y contando cosas divertidas entre Ikki y Angie le sacaban una que otra sonrisa.
—Ikki— resonó una voz en su cabeza.
—Maestro—musito
—Ven acá inmediatamente—Ikki respingo y observo a las chicas que lo veían confundidas.
—Debo irme… tu padre me llama, Angie, cuidala por mí— dijo el joven, sujeto a esmeralda y la beso por unos minutos que se sintieron como una eternidad, luego la abrazó y besó su frente— volveré por ustedes—dijo y se despidió de ambas para salir corriendo.
Esmeralda sujeto con fuerza las manos de Angie, de repente sintió de nuevo un mal presentimiento, su joven corazón latía con nerviosismo.
—Angie… si algo sale mal…
—Callate… nada saldrá mal, vas a ver que saldremos de aquí.
… … … …
— ¿Maestro?—llamo el joven peli azul mientras entraba en el campo de entrenamiento, delante de el en un pedestal de piedra se alzaba imponente la armadura del fénix.
—Ikki…—dijo el hombre apareciendo a las espaldas del muchacho—¿estás listo para morir?
—Estoy listo para salir de acá con esa estúpida cosa de bronce.
—Supongo que no volverás ¿verdad?—preguntó el hombre.
¿Por qué preguntaba esas tonterías su maestro?, pensó el joven por un momento, su desde que el llegase a ese lugar lo que menos había hecho ese hombre era demostrar algún tipo de afecto hacia el.
— ¿Acaso me extrañara?— Pregunto con cinismo.
El hombre camino en círculos alrededor del joven, se amarro los guantes de cuero y lo observo por última vez antes de colocarse la máscara.
—Mantuve a mi hija alejada de los hombres de la isla vecina— dijo—y trate de eliminar a cuanto alumno mandaban por esta armadura—ladeo su cabeza hasta hacer crujir sus huesos— pero llegaste tú… y rompiste con todas mis expectativas, en otras palabras sobreviviste a todas mis torturas, fuiste digno de mi respeto, tenías todo lo que siempre había buscado en un alumno—paro de caminar y encendió su cosmos, igualmente el menor comenzó a llamar a su energía oculta—hasta que hoy … hace poco me lleve la peor noticia que pude haber recibido en mi vida, escuchame bien Ikki… esta pelea es algo más que una lucha por una armadura… manchaste la dignidad de mi hija y si antes pensaba no ser cruel contigo ahora MORIRAS.
¡AVEEE FENIXXXXX!
Grito lanzando el puño de energía contra el joven.
Ikki logró esquivar el ataque con un mínimo de distancia— maestro no entiendo… jamás haría nada que dañara la dignidad de su hija… —exclamo lanzando un puño igual que su mayor, pero el hombre giro con agilidad colocándose de espaldas y lanzando una patada para volarlo contra la pared— no entiendo nada…— exclamo limpiando un hilo de sangre cerca de su boca—pero si me está diciendo que esta pelea es personal de igual forma tenemos muchos cuentas que saldar… maestro—dijo mientras se levantaba. Cerró sus ojos y reunió todo su cosmos
¡! ALAS ARDIENTES DEL FENIX!
Gritaron al mismo tiempo haciendo explotar una enorme ola de energía.
… … … …
Esmeralda observó con horror la luz que emanaba a la distancia, caminó un poco, pero la voz de Hellen que se acercaba remando con rapidez la hizo detenerse, la pequeña castaña se lanzó hacia las chicas que estaban en la playa y comenzó a correr.
—¡Esmeralda!…—exclamo la niña— espera tengo que contarte algo.
Angie estaba un poco inquieta, veía de la niña que corría hacia ella, a la rubia una y otra vez, no entendia lo que pasaba pero algo en el tono de voz de la pequeña la hizo erizar su piel.
La niña corrió lo más rápido que pudo y cayó presa del cansancio en el suelo —Esmeralda—musitó—tu padre llego a…a buscar… a mi … abuelo.
— ¿Mi padre?... claro a traer el resultado ¿Qué pasó?—preguntó la rubia situándose a su lado.
—Queria… sa…ber que tenías…—dijo la pequeña con el aliento entrecortado—estas embarazada… y… y… él… se dio… cuenta— la niña se sostuvo con sus brazos sobre la arena, Esmeralda tenía sus ojos desorbitados, sujeto de los hombros a la chiquilla y la observo mientras limpiaba sus lágrimas—yo le dije Esmeralda… lo siento… tanto—susurro.
—Hellen…— musito la rubia—él lo va a matar…—se levantó del suelo y corrió en dirección a Ikki.
Pandora aún como Angie observo con temor a la chica mientras corría a toda velocidad, comenzó a llamarla y a perseguirla — ¡Esmeralda espera, no puedes ir ahí!—trató de sujetarla pero todo parecía en vano.
… … … … …
La batalla se intensificaba cada vez más y las posibilidades del joven fénix se reducían, su maestro estaba peleando con algo más que furia, y el no se quedaba atrás.
—GOLPE DE LA ILUSION DIABO…—pero un golpe que no esperaba en su diafragma lo hizo callar y retroceder sujetando su costado—maldición —dijo limpiando con torpeza sus ojos que ardían a causa del sudor y el polvo.
—Vamos mocoso… ¿Qué pasa? Tienes valor para tirarte a mi hija pero ¿no puedes acertarme un solo golpe?— espeto su maestro visiblemente agotado.
Ikki tomo aire y se incorporó de nuevo, cerró sus ojos y sintió el cosmos de su maestro elevarse, ¿tirarse a su hija? Así que era eso lo que le reclamaba, definitivamente se había dado cuenta que dormían juntos, abrió de nuevo sus parpados y sacudió su cabeza, avanzó un par de pasos, corrió hasta su maestro acertando una patada en su pecho que lo hizo retroceder y caer al piso.
— ¿Así maestro?—preguntó con una sonrisa mientras se levantaba.
—Ikki, sabes que debes matarme para poder reclamar la armadura del fénix, así que deja de jugar, demuéstrame el hombre de dices ser— exclamo el viejo levantándose con una rapidez extraordinaria y colocándose tras el joven para golpearlo con su codo en la espalda, haciéndolo tropezar hasta chocar con la pared de una montaña.
Ikki se encontraba de espaldas a su maestro, cayó al suelo tremendamente adolorido y asombrado, se trató de levantar pero sus brazos y piernas no le respondían como quería, sintió entonces las patadas de su maestro golpear sus costillas varias veces, por un momento pensó que perdería el sentido.
—Levantate imbécil, demuéstrame que puedes reclamar a mi hija y a la armadura— dijo el maestro alejándose para concentrar su cosmos en la palma de su mano— mi golpe de gracia Ikki ¿algo que quieras agregar?—preguntó con cinismo.
—Claro—exclamó el joven levantándose torpemente —me llevare a tu hija de la isla y seremos felices lejos de ti Guilty—igualmente abrió la mano y soltó un golpe cargado de energía hacia su maestro, justo en medio de su pecho.
… … … …
—Esmeralda por Zeus detente—suplicaba Pandora—logró sujetar la mano de la joven a escasos metros de la pelea—detente, debes esperar, no puedes interferir en esa pelea.
—Tú no entiendes Angie, él lo va a matar, tengo que advertirle — dijo la rubia visiblemente agitada.
Ambas giraron el rostro al escuchar el grito del peli azul—Ikki—musitaron.
La joven rubia se desprendió de las manos de la castaña perdiendo el balance y cayendo justo en el momento en su padre atacaba a joven fénix por segunda vez.
—¡No espera…Esmeralda!— Angie callo presa de una raíz que se levantaba en el piso observando con horror como esmeralda recibía de lleno el ataque de su padre.
… … … …
En el suelo, sintió como la tibia sangre recorría sus brazos mientras se cubría del ataque de su maestro, pero no sentía dolor, aparto lentamente su escudo de carne y hueso y revisó sus brazos, volteó hacia el suelo para toparse con terror la imagen de Esmeralda sosteniendo su pecho con una considerable herida que sangraba.
Se arrastró hasta tocarla y con delicadeza volteo su rostro, aun consiente y con sangre en su boca ella sonrió a su amado.
—Esmeralda ¿por qué? —preguntó mientras salían lágrimas de sus ojos y limpiaba con suavidad la frente sucia y sudada de la joven.
—Mi padre quería…— las pocas palabras salían ya con dificultad—tienes que vencerlo.
De reojo observo la imagen de Angie, luego sintió la cercanía de su maestro y con rapidez salto con Esmeralda antes que el mayor atinara otro golpe—llévatela donde el curandero —musito—él la puede salvar, corre Angie por favor.
—Ikki hay algo que…—dijo la rubia para sentir el índice del joven fénix en sus labios
—Calla— dijo mientras besaba sus labios— tendremos tiempo para hablar—volvió su rostro hacia Angie y asintió mientras se perdían entre el las rocas.
… … … …
—¿Debo pensar que te rindes bastardo?—sonó la voz de su maestro.
El joven apretó sus puños con fiereza y corrió al encuentro de su maestro tomándolo por sorpresa y propinándole un golpe que lo hizo tambalearse— ¿Cómo pudiste golpear a tu hija?—exclamó mientras extendía sus brazos para propinar otro golpe de inmediato, sus heridas no importaban en ese momento, solo el recuerdo del rostro de su amada ensangrentado lo hacía llenarse de ira—¡la pudiste matar y solo te importa que yo te pueda ganar!—dijo subiendo más su cosmos.
—Ella sabía que pasaba si intervenía, y pensándolo bien… la prefiero muerta que al lado de un cobarde como tú – rio el viejo.
El joven no lo podía creer, su propio padre prefería verla muerta, tanto era su odio a la vida que le valía nada la de sus seres queridos.
— ¿Sabes que imbécil?... aquí el único culpable de la muerte de Esmeralda eres tú, y tu falta de seguridad—dijo el hombre sacando de sus pensamientos al más joven—si te dedicaras a combatir y no a jugar, hace rato hubieras acabado conmigo y nada de esto hubiera pasado— Dijo el viejo alzando su energía al máximo—ahora pagaras tu error con creces pues mi hija espera o esperaba… tu bastardo—observo con detenimiento la reacción del menor y sonrió, lo había logrado, al fin el Fénix había despertado.
—¿Cómo dices?— preguntó derramando un par de lágrimas— mi hijo…— musito, sus ojos se tornaron de un color ámbar justo como la primera vez que estuvo cerca de la armadura y la sensatez poco a poco abandono la cabeza del peli azul, se levantó con torpeza una vez más y se dejó envolver de su cosmos, sin pensarlo más se abalanzo sobre su maestro.
¡ALAS ARDIENTES DEL FENIX!
Justo en medio del pecho del mayor, su pequeño puño ahora convertido en casi un meteoro de fuego había perforado hasta tocar su corazón, mientras sentía como los latidos de Guilty disminuían, él también desfallecía, deseaba correr al lado del amor de su vida, abrasarla decirle que todo estaría bien, la energía bajó su magnitud y atino a sacar su mano antes de ser llevado junto al peso de su maestro al suelo.
Un suave brillo que se convirtió luego en un cegador resplandor lo obligo a entrecerrar sus ojos, de rodillas con sus manos sobre la arena, aun cansado y adolorido el joven fue revestido al fin con la hermosa armadura del Fénix, podía sentir un calor abrazador sobre sus extremidades, sus rasgos todavía juveniles se ocultaban tras el casco y su piel ensangrentada recibía con suavidad la vestidura bronceada.
… … … …
Pandora remaba con fuerza, no sabía cómo ni por qué lo hacía, de hecho ya no tenía razones de estar ahí, pero algo dentro de ella le llenaba de nostalgia al ver la joven rubia en el bote quejándose y tratando de no cerrar sus ojos.
—Tranquila linda —dijo mientras agitaba los remos con fuerza—pronto llegaremos donde el anciano— lo que ella no sabía era que en medio de tanta emoción y tensión había dejado de mantener la apariencia de Angie, ahora sus hermosos cabellos morados bailaban sobre sus hombros en cada movimiento.
— ¿Angie?— preguntó un poco alterada la rubia—un momento tú…tú no eres Angie… ¿Quién eres o qué eres?—cuestiono tratando de levantarse.
Pandora detuvo el bote y observo sus manos, su vestido, toco su cabello y lo deslizó entre sus dedos, volteo lentamente hacia la joven que la observaba asustada, sonrió y retomo los remos esta vez con parsimonia.
—Me llamo Pandora— dijo mientras continuaba su camino—soy una mensajera del infierno—replicó— y he venido por ti.
—No, eso es imposible…— musito la rubia para caer desmayada.
Llegaron a tierra firme y la cargo con la facilidad de un hombre musculoso, llamo a un par de hombres que estaban recogiendo sus redes y ante la mirada asombrada de los pescadores, se las entregó, antes de girar en sus pasos y perderse en un portal hacia el inframundo pidió a los tipos que llevasen a la chica donde el curandero, después de eso simplemente se esfumó.
… … … …
No sabía cuánto tiempo había pasado, aun así no era el suficiente como para digerir la noticia que su maestro le había dado antes de morir, se levantó sujetando su costado y camino para luego correr hasta donde sus piernas le permitían y utilizando el ultimo ardor de su cosmos llego hasta la otra isla, cayó torpemente en la arena y se arrastró un poco para ser recogido por un par de muchachos y llevado hasta la casa del viejo curandero.
El hombre lo recibió y recostó en la camilla, liberó su cabeza del casco para limpiar con una gasa la herida que tenía cerca de su ceja, luego la que sobresalía de sus labios; el joven poco a poco recobraba la conciencia.
—Esmeralda—susurro—necesito verla.
—Tranquilo joven Ikki, todo estará bien…—decía el anciano—debe descansar.
Pero el peli azul se levantó de la cama y avanzó un par de pasos hasta sostenerse en la pared—dígame donde está—pidió con la voz cansada—por favor—suplico mientras se sostenía en el muro.
El anciano lo tomo del brazo y lo guio hasta la moribunda joven, el ahora fénix se acercó hasta la rubia y beso su frente.
—Aquí estoy amor mío— susurró en su oído.
La joven abrió sus esmeraldas y lo observo, sonrió y con torpeza acaricio su rostro, luego llevó su mano hasta su vientre y dos lágrimas resbalaron por sus mejillas.
—Ikki…—dijo casi en su susurro— perdóname.
—No digas eso, soy yo el que debe pedirte perdón… si tan solo hubiera reaccionado a tiempo—se reprochó—nada de esto hubiese pasado yo…—pero el delgado dedo de Esmeralda se colocó en su boca mientras ella negaba con suavidad.
—Hay algo que debes saber… —dijo con dificultad— Angie… ella—pero el dolor de su pecho la estrujaba cada vez más.
—No hables… por favor—decía el joven acariciando sus mechones rubios manchados de sangre—tienes que descansar, por ti, por nuestro bebé.
Pero la joven suspiro y cerro sus ojos para no volver a abrirlos nunca más, el peli azul observo como se detenía el vaivén de su pecho, se levantó y la sujeto en sus brazos, la apretó con todo el amor que podía profesarle mientras derramaba unas incansables lágrimas, el destino le había arrebatado de una sola vez la mujer que amaba y el fruto de su amor hasta ahora prohibido, finalmente el cansancio y las heridas hicieron mella en el y cayó rendido junto con ella en el suelo.
… … … …
Entro a Giudecca como un huracán, voló las puertas y suspiro para normalizar sus emociones, los tres jueces colocaron la rodilla al suelo mientras ella se sentaba en su trono.
—Señorita Pandora – exclamo Garuda— le esperábamos.
—De pie Jueces—mandó la joven— no perderemos más el tiempo—dijo clavando sus ojos en el rubio que se imponía frente a los otros dos jueces— quiero al chico vivo…—ordenó—si hay que matar a alguien que sea a cualquier caballero o aprendiz de esa isla, necesito al caballero de Andrómeda con sus cinco sentidos—los tres hombres asintieron— ¿alguna pregunta? –objetó, pero el silencio demostró negación—entonces en marcha.
Los tres jueces sonrieron, esperaron que la Heraldo se colocara de pie otra vez y siguieron sus pasos, con su tridente abrió un portal hasta la isla Andrómeda y los cuatro se perdieron.
… … … …
Algo en el aire lo tenía incomodo, de repente el grito de sus aprendices lo hizo respingar, Albiore se levantó de su silla y corrió hasta la playa, la imagen lo sorprendió, en el suelo dos de los aprendices se revolcaban del dolor, de repente, giro y vio a un joven cabellos plateados sonreírle, a su lado June de camaleón y Shun de Andrómeda tomaban lugar.
—Maestro – exclamo Shun— ¿Quiénes son ellos?
—No lo sé Shun…—contesto – pero por la hostilidad que irradia de su cosmos son enemigos—dijo tomando posición de batalla—Shun, June vamos a rodearlos y…—la majestuosa figura del Wyvern se apareció frente a ellos tres, coloco las palmas abiertas y expandió su cosmos como una ola de energía.
¡GREATES CAUTION!
Tanto el maestro como los otros alumnos y caballeros salieron despedidos por el aire.
—Radamanthys…— exclamó el de cabellos plateados – lo queremos vivo ¿recuerdas?—espeto, el juez de Caina levanto una ceja y tomo el cuerpo inconsciente del caballero de Andrómeda.
—Listo señorita Pandora, el cuerpo del señor Hades está en nuestras manos—comunicó Minos.
—Alto…—dijo June arrastrándose en el suelo—no pueden hacer eso.
Aiakos regreso y tomó del cabello a la rubia, la levanto con fuerza e hizo hacia atrás su cabeza, pasó su lengua en el cuello de la menor haciéndola derramar un par de lágrimas.
—No entiendo el empeño de las máscaras, le quitan la parte divertida al asunto— dijo mientras colocaba la mano sobre el rostro plateado de la joven, la chica se movía y trataba con torpeza de liberarse, atinó un golpe al rostro del juez logrando que la soltara.
—Aiakos… deja de jugar—exclamo Minos— no perdamos tiempo, dejale un mensaje a la diosa de la sabiduría—sonrió.
El nepalés observo con furia la chica mientras se arrastraba hacia el lado de su maestro.
—Agradece que eres un ser insignificante —dijo golpeando la rubia—y antes que lo olvide, dile a tu diosa que el rey del inframundo ha vuelto y que esta vez vamos a ganar—soltó una sonora carcajada, la empujo con fuerza y la tiro dejándola inconsciente.
Luego desaparecieron tras su Heraldo cargando el joven Andrómeda.
… … … … …
Camus regresaría ese dia junto a Hyoga, igualmente Dohko junto a Shiryu, ya Seiya se encontraba cerca pues vivía en el recinto de las amazonas junto a Marin, su maestra, Geki y los otros bronceado que habían regresado a Japón con sus armaduras, habían sido enviados por los empleados de la fundación hasta su nuevo hogar frente a la diosa en el santuario.
Aoiros se había tomado la tarea de enseñar a su diosa, junto con Shura el arte de los arcos y las espadas, entrenaban casi desde el amanecer a petición de la adolecente.
En ese momento los tres se encontraban en un rudo entrenamiento, de lejos se escuchaban las afiladas espadas y los gritos de la joven diosa practicando, a un paso apresurado el joven león dorado hizo presencia a su lado.
—Princesa—interrumpió el joven castaño.
—Aioria —dijo la joven cansada de su entrenamiento aun así con una hermosa sonrisa.
—Ha llegado una carta de la isla de Andrómeda— dijo mostrando el papel con el cello de Cefeo.
— ¿Shun?—preguntó —pero si estamos esperando que regrese, de hecho debe venir en camino— abrió la carta y su semblante se oscureció.
Los tres caballeros se tiraban miradas curiosas, el caballero de Sagitario se acercó a la joven y coloco una mano sobre su hombro.
— ¿Sucede algo Princesa?—preguntó.
—Hades…—exclamo arrugando el papel—tiene a Shun…
— ¿Para qué?—preguntó el español secando el sudor de su frente—¿rehenes? Sería ridículo viniendo de un dios.
—Dile a Shion que por favor convoque a una reunión general, todos incluyendo a las amazonas deben estar presentes—tomo una toalla y seco su frente—espérenme junto al patriarca—dijo, y se perdió hacia su habitación.
Los muchachos rápidamente se dieron a la tarea de hablar con el mayor de los ochenta y ocho caballeros.
… … … … …
Despertó con un leve dolor de cabeza, un crudo recuerdo de lo que había pasado unos momentos atrás, le lleno sus ojos de agua una vez más, se reclino en la cama y se vio aun ensangrentado, trató de levantarse pero un temblor en sus piernas detuvo su intento, se sentó en la cama y sujeto sus sienes con fuerza levanto su mirada un poco para toparse con la imponente armadura del fénix, parecía que lo custodiaba.
—Ikki…—exclamó la pequeña castaña entrando en la habitación —no deberías levantarte, todavía no estás bien—la niña se sentó al lado del pelo azul y colocó una mano sobre su pierna.
—Debo irme Hellen…—dijo mientras apartaba la mano de la joven—necesito buscar a mi hermano, es lo único que me queda.
—Lo sé, pero todavía no está recuperado mi abue…—la niña se calló al ver al joven caminar hacia la armadura.
Una sonrisa retorcida adornó el rostro del joven, se permitió delinear con la punta de sus dedos las orillas de la armadura, con desespero el ropaje bronceado se acoplo al cuerpo del joven al sentir el tacto, Ikki cerró sus ojos y se dirigió hacia la puerta.
Se veía imponente, fuerte, furioso, pero más aún dolido, herido, frustrado, no entendía por qué la armadura acudía a él con tanta precisión, ni tampoco la razón de portarla, muy pronto se daría cuenta el vínculo irrompible que había trazado con el ropaje.
—Dile al anciano que gracias por todo…— dijo sin mirar atrás.
Al salir, la luz del sol lo cegó por unos minutos, cuando su vista se hubo acostumbrado al brillo pudo contemplar la playa, camino hasta sentir el agua del mar besar sus botas de bronce, las coletas de la armadura se mecían con la brisa marina, zafó su casco y permitió que los aires salinos acariciaran su rostro por última vez.
Espero con paciencia que algún barco lo llevara lejos de esas costas, iría directo a Japón a la mansión Kido, en busca de su hermano menor, ya nada quedaba para el en esa isla, solo la rabia de haber perdido el ser que llego a amar más que a sí mismo, recordó por un momento a la extraña Angie pero, no podía permitirse perder más tiempo en ir en busca de Shun, además ese anciano millonario y su nieta pagarían el haberlos separado, su corazón se fue llenando de odio, de rabia, se vengaría de todo ese sufrimiento que le había ocasionado esa armadura y claro el sirviente que casi lo había matado.
… … … …
No estaba seguro si había sido un sueño, lo último que recordaba era las caras de su maestro Albiore y sus amigos, luego las figuras extrañas de aquellos hombres poderosos, observó con detenimiento el lugar donde se encontraba, una habitación hermosa pero oscura, trato de levantarse pero le dolía su espalda, luego noto que tenía sus brazos atados a cada lado de la cama, hizo el intento de zafarse pero fue en vano, la puerta se abrió lentamente para dejar pasar una hermosa mujer de cabellos morados, la joven se acercó a un lado del caballero de Andrómeda y acarició su rostro con el revés de su mano, Shun lo apartó con.
—No, no, no debes temer Shun…— dijo la mujer sonriendo.
— ¿Quién eres?—preguntó con rabia— ¿Qué deseas de mí?
—A ti…—contestó con ironía—tu cuerpo, tu alma, hermano…— termino mientras sacaba un hermoso puñal, el puño dibujaba un par de ángeles abrazados.
—Mi único hermano se llama Ikki y estoy seguro que en estos momentos es el caballero del Fénix.
—Oh cariño, siento mucho ser yo la que te diga esto pero, tu hermano debe estar combatiendo con lombrices bajo siete metros de tierra estos momento—mintió la joven.
—Imposible… ¿muerto?—susurró el joven de cabellos verdes—el jamás se daría por vencido.
—Ahora se buen niño y cierra los ojos, esto dolerá solo un momento—dijo la joven mientras acariciaba el cuello del muchacho con el filo del cuchillo haciéndole una herida lo suficientemente grande como para que sangrara considerablemente.
El joven negó con su cabeza, emitió un leve gemido por la herida que le causó la chica, unas lágrimas adornaron sus mejillas y cerró sus ojos.
— ¿Tan fácil me la vas a poner precioso?—preguntó la mujer soltando una sonora carcajada.
El joven solo esperaba con paciencia el golpe de muerte que le atinaría esa malvada mujer, pensó por un momento en su hermano, Ikki jamás se habría dado por vencido, abrió sus esmeraldas y fijó su vista en los purpura de la mujer.
— ¿Qué esperas qua haga?—preguntó casi en un susurro—lo que sea que quieras hacerme, me tienes a tu merced.
Pandora se levantó de su lado y camino hasta colocarse justo en frente de él, lo observó y sonrió, se veía tan frágil, y era tan hermoso, emanaba inocencia, paz, pureza, su corazón palpitaba tan fuerte que era el único ruido que los acompañaba en la habitación, entonces dudó.
—Shun… ¿no me recuerdas?—preguntó levantando una ceja— hace muchos años atrás, en el jardín con un balón…
—Tú… ¡eras tú!—exclamó recordando aquel extraño episodio—¿Qué es lo que quieres de mi?
—Necesito que duermas pequeño—dijo la joven acercándose del otro extremo.
Shun fijo sus esmeraldas en ella mientras se sentaban a su lado, sintió sus finos dedos en el rostro, luego un breve punzón en su pecho que poco a poco se convirtió en un ardor insoportable, gimió con fuerza y perdió el conocimiento.
Satisfecha la joven se apartó de su lado y con el cuchillo cortó una de sus manos, había fallado en quitarle la vida y simplemente había dormido su alma para que su señor Hades ocupara su cuerpo.
Salió de la habitación donde la esperaban Hypnos y Thanatos con el alma de Hades en forma de una esfera de energía, les mostro el cuchillo y se inclinó para que los dioses gemelos pasaran a su lado.
… … …
Con delicadeza Hypnos soltó las ataduras de las manos del joven, aparto los botones de su camisa y abrió ligeramente mostrando su pálido pecho, observó la herida del joven en el cuello y sonrió, por otro lado el dios de la muerte colocaba la esfera de energía frente a la mirada atenta de Pandora y los tres Jueces que ya habían ingresado a la habitacion.
—Ahora solo debemos esperar—dijo Hypnos saliendo junto a su hermano—no será mucho, un par de horas o minutos.
El resto de los presentes tomó asiento esperando el despertar de su dios, antes de partir por completo Thanatos volteo y llamó a Pandora, la joven acudió al llamado del gemelo.
—Mi hermosa Pandora, antes que todo esto comience, recuerda que aun eres mortal—dijo el gemelo de cabellos oscuros acariciando los largos mechones de la mujer— quiero proponerte un trato— exclamo mientras tomaba ahora la delgada mano de la joven—puedes venir conmigo a los campos elíseos, y ser inmortal a mi lado o… quedarte y esperar que Hades gane la batalla para poder recibir tu don de sus manos.
Pandora lo observó detenidamente, soltó con gentileza sus manos y negó suavemente con la cabeza.
—Mi señor Hades necesita que este a su lado… no puedo…—pero la conversación fue interrumpida por la grave voz del juez de Caina, que de no ser por la situación el dios hubiese pensado que la intromisión del rubio había sido planeada.
—Señorita Pandora… el señor Hades… ha despertado—exclamo con una felicidad marcada en su rostro.
La joven corrió y entró en la habitación dejando solo a Thanatos, para ver el joven ahora de cabellos negros platicar con Minos y Aiakos.
—Mi señor Hades— exclamo la joven arrodillándose a su lado.
—Hermana…—susurró el dios acariciando su rostro.
… … … …
Después de un extenuante viaje a Japón de donde lo habían devuelto hasta Grecia, con su armadura ahora en una caja reposando en su espalda, caminaba en busca del santuario de la diosa Atena.
Llegó a orillas de unas ruinas, y pasó un frondoso bosque, se detuvo un momento cerca de un río para refrescarse, fue entonces cuando escuchó los murmullos de las personas, se adentró un poco más hasta ver las murallas de un pueblo, ingresó con cuidado y caminó por las calles del lugar, parecía que las personas acostumbraban ver extraños, pues nadie reparaba en él, ni le veían de reojo.
Apuro su paso al ver que llegaba a la salida del pueblo y decidió seguir adelante, se topó de nuevo con el bosque y continuó sobre lo que parecía un trillo, pasaron tal vez unos minutos cuando escucho gritos, parecía una pelea.
Se escondió tras unos arbustos y observó un par de mujeres con sus rostros cubiertos, una de ellas era pelirroja y la otra tenía el mismo color de cabello que su hermano, trató de ver con más claridad pero sus reflejos aun entorpecidos lo expusieron y cayó justo en frente de las guerreras.
— ¿Quién eres?—pregunto la joven cabellos verdes.
—Soy Ikki, portador de la armadura del Fénix…— dijo sin temor el de cabellos azules.
—Ikki… ¿el hermano de Shun?—preguntó la pelirroja.
—Así es ¿Cómo sabes?—cuestionó con asombro el Fénix.
—Mi nombre es Marin y soy la maestra de Seiya… él hablaba mucho de ustedes—dijo la joven extendiendo su mano—supongo que vienes a buscar a Atena, ella mando por el resto de sus caballeros a Japón—terminó mientras estrechaba la mano del joven.
—De hecho busco a Saori Kido, necesito entregarle esta armadura—explicó Ikki.
—Atena… Saori Kido es Atena—dijo la joven cabellos verdes.
—Vamos —dijo la pelirroja—mejor que ella te lo explique—caminaron junto al joven hasta dejarlo frente a la casa de Aries.
—Hasta aquí llegamos nosotras, estamos en guardia mientras la princesa se reúne con el resto de ustedes—dijo la pelo verde—mi nombre es Shaina de Ofiuco caballero del Fénix—exclamó la joven—nos vemos luego—termino mientras desaparecía junto a Marin brincando en las salientes de las montañas.
… … … … …
La reunión en el templo de Atena se había vuelto un debate para los jóvenes dorados, y el resto de los caballeros de la orden, deberíamos, tendríamos, podríamos, eran unas de los muchas palabras que sobresalían en entre los jóvenes y su diosa.
—Princesa… — habló el caballero de Acuario—considero innecesario que usted arriesgue su seguridad solo para ir por uno de los caballeros de bronce—espetó.
—Ese caballero de bronce del que usted hablar es nuestro hermano señor Camus—replico Seiya—Saori, si lo deseas podemos ir Hyoga y yo.
—Atena, más respeto Pegaso—pidió el caballero de la onceaba casa.
—Camus, Seiya… basta—exclamó la joven diosa—esto no es un dime que te diré.
—Caballeros por favor tengamos calma—pidió el inmutable Shion.
La reunión de detuvo cuando las puertas del salón se abrieron para dar paso al joven cabellos azules, de inmediato las miradas viajaban de la diosa al nuevo caballero.
—Saori…—susurró— aquí traigo tu ¡estúpida armadura!—exclamó lanzando la caja en dirección a la diosa.
CRISTAL WALL
Grito Mu poniendo a todos en defensa de la joven deidad, los jóvenes bronceados se colocaron delante de los caballeros de oro, Ikki había vuelto pero la mirada de dolor que había en sus ojos, no tenía nada que ver con la de esperanza y empeño que alguna vez adorno sus zafiros de pequeño.
Ante la mirada asombrada de los presentes, la caja se abrió vistiendo una vez más al muchacho.
— ¿Dónde está mi hermano?—preguntó encendiendo su cosmos.
—Ikki detente…—exclamo Hyoga—debes tranquilizarte, hay algo que debes saber—dijo el joven ruso.
— ¿De qué demonios hablas Hyoga?—preguntó con sus ojos centelleantes.
—Ikki… detente—suplicó la diosa—yo te explicare lo que pasa.
El joven fénix volteo hacia Saori y sonrió, unió sus puños y los separo con rapidez
ALAS ARDIENTES DEL FENIX
Exclamo lanzando con todo su poder su más poderoso ataque, pero su asombro llego cuando la joven cabellos lilas detuvo con su mano extendida le embestida de sus puños, lo que sintió luego fue un calor sofocante que lo hizo perder la conciencia.
—Aldebarán y Shaka, Llévenlo a la fuente por favor—dijo con lágrimas en sus ojos la diosa—el resto, esta reunión no ha terminado, yo hablare con el fénix cuando despierte.
… … … … …
Aldebarán y Shaka tomaron al joven y lo recostaron quitando poco a poco su armadura, con terror observaron las heridas en el cuerpo del joven que ya hacía en la cama inconsciente.
—Es un niño Aldebarán —dijo Shaka apartando un par de mechas azules de su frente—pero puedo sentir en su cosmos aun inconsciente, el dolor que sufre desde su corazón.
—Al igual que nosotros mi amigo—replico Aldebarán—hemos sufrido la marca de las estrellas y hemos salido victoriosos—sonrió y palmoteo el hombro del caballero de virgo.
—Aun así Aldebarán, hay algo mucho más profundo que eso—dijo el hindú — miralo, si acaso pasa por un par de años a nuestra princesa y ya carga con un sufrimiento mayor.
—Vamos Shaka—dijo el toro dorado—dejémosle dormir.
Abandonaron la habitación dejando pasar varias doncellas con implemento de curación y algo de suero para el joven.
… … … … …
Después del breve atentado contra su persona Saori se disponía a recomenzar la junta con sus caballeros, suspiro cansada y un poco desmotivada, camino hasta colocarse de nuevo en su trono bajo la fija mirada de todos sus guerreros.
Estaba asombrada, la fiereza con la que Ikki clavo su mirada en ella, se sintió atemorizada, casi culpable también, el dolor que vio en sus ojos, no era un simple disgusto, era algo más, ¿cuánto habría sufrido ese joven por su culpa?, y ahora ¿cómo haría para decirle que su hermano había sido secuestrado por el dios del inframundo? y para variar ellos aún no habían hecho nada por rescatarlo. Sacudió su cabeza y suspiro una vez más para tomar la palabra.
—Aremos lo siguiente— dijo al fin la joven deidad—Seiya, tú y Hyoga acampanarán a Milo a una breve inspección— el Pegaso sonrió haciendo bufar al de Acuario—tengo entendido que la entrada al inframundo fue abierta en Alemania en el castillo Heinstein —replico caminando alrededor de los jóvenes—deberán ser cautelosos mis caballeros, no quiero heridos en una simple expedición, el resto nos preparemos para la inevitable guerra que se avecina— giro hacia Shion esperando algunas palabras de refuerzo.
—Princesa—replico el caballero de Géminis—los jóvenes de bronce y plata deben despertar el octavo sentido antes de ingresar al inframundo.
La joven abrió sus orbes grises y tiró una mirada hacia el patriarca, un pequeño detalle que atrasaría más el rescate del joven Andrómeda, pensó.
—Caballeros—dijo Shion —formaremos entonces grupos de entrenamiento para mejorar esas técnicas, los caballeros de oro escogerán personalmente amazonas, caballeros de plata y de bronce—todos los dorados asintieron.
—Creo que es todo por ahora—dijo la diosa—cualquier cosa estaré en la fuente junto al fénix—todos flexionaron sus rodillas al ver partir a la diosa.
… … … …
Espero con paciencia que todos abandonaran el lugar y se encamino hasta la fuente junto a su diosa, se acercó con sigilo y tomó el delgado brazo de Saori.
— ¡Mu…!—exclamó — que susto me has dado—dijo abrazando al santo dorado.
—Princesa… no me gustaría dejarla sola con el joven—dijo mientras acariciaba los cabellos lilas de su diosa.
La joven sonrió y acaricio el rostro del lemuriano.
— ¿Celos Aries?—preguntó divertida haciéndolo sonrojarse.
—No princesa… no bromee con eso, solo quiero asegurarme de su seguridad—contesto el joven cabellos lilas.
Saori sonrió alejándose del santo dorado y sentándose el lado del joven Fénix, acarició con ternura las mejillas de Ikki, limpio con un poco de agua su frente y lo observó fruncir el ceño, un leve gemido se escapó de sus resecos labios.
—No sé qué hacer cuando despierte Mu…—habló la joven— ¿Cómo le diré? ¿Con que cara le explicare que su hermano está en el infierno?—se cuestionó sujetando la mano del inconsciente muchacho—por mi han sufrido tanto—dejo escapar un par de lágrimas que el caballero de Aries limpio con ternura.
— ¿Recuerda lo que le dije una vez?—preguntó el santo de la primera casa—yo siempre estaré a su lado—dijo mientras acariciaba las ahora sonrojadas mejillas de Saori.
… … … … …
El inframundo gozaba por el retorno de su rey, entre la oscuridad una figura se deslizaba con sigilo, a escondidas se aproximó al dios de la muerte y se permitió tocarle el antebrazo.
— ¿Qué deseas espectro?—preguntó el dios con arrogancia.
—Creo que hay algo que le interesará saber sobre la Heraldo y el juez de Caina—dijo casi en un susurro.
El dios levanto una ceja y giro disimuladamente para toparse con un par de ojos dorados que brillaban entre la oscuridad de su escondite.
continuaraaa
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