TRATOS Y DUDAS EL COMIENZO DE LA GUERRA
Una semana en reposo, era lo que llevaba el joven caballero en el templo de Atena, una semana recuperándose de las heridas bajo el cuidado de las jóvenes doncellas y uno que otro caballero y amazona, de vez en cuando hasta la misma diosa se tomaba la molestia de secar el rocío que inundaba su frente, tomaba su mano y la presionaba contra su pecho, se sentía mal por el dolor que inundaba al Fénix, algunas veces dejaba escapar una traviesa lágrima al escucharle nombrar a su amada y su hermano, no sabía nada de su vida durante esos años de entrenamientos, pero si de algo estaba segura era que habían sido una época traumática y eso la hacía sentir más culpable.
Un leve dolor de cabeza lo hizo abrir sus ojos, parpadeó un par de veces aun así no reconoció el lugar donde estaba, aturdido trató de incorporarse pero unas finas manos lo detuvieron.
—Tranquilo muchacho si te levantas así te vas a caer de inmediato—dijo la joven peliverde que velaba su sueño— ¿te acuerdas de mí?—con el ceño fruncido el joven asintió.
— ¿Dónde estoy?—casi susurró, mientras volvía de nuevo a su cama apretando sus sienes.
—Estas en el santuario caballero—contestó la chica.
—Quiero ver a Saori…—dijo sosteniendo la mano que le limpiaba el sudor de su frente.
—Ella vendrá pronto, no te preocupes— le contestó la joven mientras se soltaba del fuerte agarre del peliazul—por ahora debes descansar.
La peliverde se levantó, abrió la puerta e hizo señas a unas personas que estaban fuera de la habitación, casi al instante el caballero de libra y la joven diosa se aparecieron frente a él, sin temor a ocultar su alegría Saori le brindo una hermosa sonrisa, no esperaba que le respondiera igual, pero por lo menos le daría a conocer lo importante que era para ella que al fin despertara.
Con suavidad se fue acercando al joven que le seguía con su mirada afilada desde la camilla, se sentó en una silla justo al frente y sonrió una vez más, trato de tomar su mano, pero él la retiró de inmediato.
—Me alegra que hayas despertado, Ikki—soltó la joven tragando grueso.
— ¿Dónde está mi hermano?—preguntó sin siquiera saludar.
—Shun… hemos recibido una carta de la isla de Andrómeda—contestó con un poco de duda.
—Se clara Saori…—espetó con furia— ¿Dónde rayos esta mi hermano? Quiero saberlo ya…—dijo poniéndose torpemente de pie.
Dhoko se acercó alzando un poco su cosmos pero la mano de la diosa le pedía que no hiciera nada, estaba dispuesta a enfrentarse a su caballero si eso era necesario para hacerlo entrar en razón.
—Tu hermano está en manos de Hades—contestó la diosa.
Ikki levantó una ceja y rio, negó con su cabeza y se lanzó contra Saori, la acorraló contra la pared y suavemente acarició su cuello, la diosa se mantenía inmutada, solo rodó un par de lágrimas sobre sus rosadas mejillas.
—Perdoname—susurró mientras sentía las manos del fénix rodear su cuello y luego liberarla.
El peliazul cayó de rodillas frente a ella y golpeó con furia el suelo, no lloró, sus lágrimas estaban muertas, simplemente observó de uno a otro de los que estaban dentro de la habitación.
—Te odio…—exclamó—a ti y a tu estúpido abuelo—dijo mientras se sentaba en sus propias piernas— ¿Cómo puedo encontrar a Hades?—preguntó—me largaré de aquí, quedate con esa armadura y dejame en paz…—espeto tratando de ponerse en pie y cayendo de nuevo.
La diosa lo tomó de su brazo, pero él se negaba a recibir ayuda de esa chiquilla, con rudeza lo tomó contra su voluntad—te necesito…—susurró a su oído—eres parte de mis caballeros, una guerra contra el inframundo se acerca y tu hermano se encuentra en manos del enemigo, si tú me ayudas, yo te ayudaré—dijo al fin sentándolo en la cama sin perderle de vista a sus ojos.
No esperaba que el japonés entendiera una mínima parte de lo que significaba esa batalla, pero si tenía que negociar con el mismo demonio para tener su orden completa antes de tal acontecimiento lo haría, así fuese llegar al punto más bajo de volverse indiferente ante ellos, lo observó morderse su labio, sus zafiros ahora tan cortantes como una espada le acribillaban cada rincón de su alma, la intimidaban y al mismo tiempo producían esa sensación de culpa, Shion había dicho que para asegurar la victoria había que tener desde los caballeros de bronce hasta los de plata oro y amazonas juntos, como equipo, una baja era un punto importante en ese juego de poder y con Shun ya era mas que suficiente, esperó paciente la respuesta del joven manteniéndose de pie.
— ¿Esperas que confié en ti?—preguntó con sarcasmo— ¿en ti que llevas la sangre de ese anciano mentiroso?
—Yo no soy su nieta Ikki, yo fui adoptada como tú, como Shun y como los demás—contestó la joven—por lo tanto soy igual que ustedes, no tengo por qué mentirte, además soy la reencarnación de la diosa Ate…
—Ni aunque fueras el mismo Zeus, me pondría de rodillas ante ti…—exclamo el peliazul—hagamos un trato, Kido, me uniré a tu ejército—dijo mientras hacía unas comillas invisibles con sus dedos—pero apenas todo esto termine me dejaras marcharme lejos junto a mi hermano.
—Que hacia sea fénix—dijo la diosa saliendo junto a Dohko.
Espero que se perdiera tras la puerta para romper su falso temple de tranquilidad y se sentó en su cama, primero pierde el amor de su vida y ahora le falla a su hermano, la vida no podía ser más injusta, la única forma de recuperar a su querido hermanito era peleando al lado de esa niña mimada, y ahora… de repente sintió una suave caricia en su cuello, volteo y se topó con el rostro metálico de la amazona de ofiuco que se sentó a su lado, sin previo aviso esta lo abrazó, la había olvidado por completo, con la mente en blanco el joven solo optó por responder el gesto.
—Tranquilo fénix, no somos enemigos—dijo la joven golpeando levemente su hombro—ni tampoco soy tan cariñosa, así que no te ilusiones—soltó mientras se iba, sacando al fin una casi invisible sonrisa del peliazul.
… … … …
El inframundo vestía de gala, su ahora joven dios recorría las prisiones y con paciencia se dedicaba a atender cada contratiempo, con una sonrisa que igualaba al sol, Shun ahora hades caminaba al lado de su hermana y sus tres jueces.
Con una reverencia, los espectros se colocaban en fila para hacer pasar a su dios, alguno que otro se extrañaba de la apariencia pacifica del señor de los infiernos, pero si la señorita Pandora había escogido ese cuerpo para él, debía estar bien.
En Giudecca y aprovechando que el lugar se encontraba vacío, la ahora espectro de harpía caminaba de un lado a otro, impaciente, nerviosa, esperaba a cierto gemelo con noticias no tan buenas, le había costado, pero el tiempo invertido en Aiakos para hacerle decir todo lo que sabía con respecto a la relación de su señor y Pandora había valido la pena.
La espera terminó cuando con violencia las puertas del templo se abrieron de par en par dejando ver la figura de un hombre cabellos oscuros.
—Espectro—exclamó el dios de la muerte sacudiendo su túnica y lanzando una mirada amenazante a la chica—espero que lo que tengas que decir valga la pena, no puedo perder el tiempo con chismes sin fundamentos mientras el señor Hades recorre el inframundo.
—Mi señor Thanatos—dijo la joven chipriota doblando una rodilla.
—Basta arpía, habla, te repito no puedo perder el tiem…
—Pandora se entregó a Radamanthys… mi señor—soltó con un poco de temor.
— ¿Perdón?— pregunto el dios tomando con furia el rostro de la joven—repite lo que dijiste más despacio—espetó presionando con mas fuerza, obligando a la chica a derramar un par de lágrimas.
—Aiakos me… dijo que usted le… habí…a dado un co…llar a la niña Pandora… pa…ra ser imor… tal hasta que la guerra comience —dijo sosteniendo las manos que la presionaban.
—Así es, pero eso no fue lo que me dijiste, ¿Cómo puedes estar segura que Pandora y el Wyvern han estado juntos?
—Yo los he visto…—susurro al ser liberada por el dios—el viene a Guidecca y se revuelca con ella—espetó con rabia y celos.
El dios camino alrededor de la joven mientras estaba en el suelo masajeando su mandíbula, paró de repente y agachó tomando de nuevo su barbilla—tu información en muy valiosa arpía, no te preocupes ambos nos vengaremos de esos dos—relamió sus labios— cuando llegue el momento—dijo mientras acercaba más su rostro—mientras, que esto no salga de nosotros dos—dijo finalmente besando sus labios.
La joven chipriota abrió sus ojos dorados al sentir el tibio contacto del dios, y cayó sentada de espaldas, cuando este con furia desapareció provocando una fuerte correntada de aire.
Algo dentro de ella le hizo por un momento arrepentirse, solo por un momento, mientras revolvía con odio sus recuerdos y activaba una vez más su ira.
… … … …
La encontró en su querido balcón haciendo nudos con sus manos, en la mesa un té que ya pasaba de frio y su mirada perdida en el horizonte, camino despacio como no queriendo asustarla, con delicadeza pasó sus manos alrededor de su delgado cuerpo y beso su largas mechas lilas, la sintió estremecer pero no asustarse, la joven giró lentamente hasta colocar su frente junto a la del lemuriano.
—¿Cómo le fue con el fénix, Princesa?—preguntó alejándola para encontrar su mirada—mi princesa—pensó, su respuesta fue un sonoro suspiro.
—No como esperaba, pero cuento con su apoyo, por lo menos para esta guerra—contestó la joven con una suave sonrisa, su semblante cambio repentinamente y suspiró casi con pesar— cada vez está más cerca Mu, puedo sentir el cosmos de Hades creciendo, debemos estar listos y ¿Cómo van los entrenamientos?—preguntó la diosa sentándose en una banca de mármol.
—Todo marcha a la perfección—soltó el caballero de la primera casa—ahora esperemos que el joven fénix se decida a participar en ellos y estaremos listos dentro de dos semanas.
Ambos compartieron una sonrisa, una caricia y un fugaz beso.
… … … …
Entró como una furia topándose a su gemelo en la entrada del templo de los elíseos, tiro con rudeza una copa de vino que había servida en la mesa y se sentó en una de las cómodas sillas que habían en el balcón del templo en medio del sagrado jardín.
— ¿Pensé que irías con Hades a recorrer el inframundo como un pequeñín el primer día de escuela?— preguntó con una sonrisa el dios del sueño.
—No estoy para tus comentaros cínicos Hermano—espeto el de cabellos negros cruzando sus brazos.
— ¿Me contaras que te pasó?—preguntó el de cabellos dorados— o tendré que verme obligado a buscar chismes de mi hermano en boca de los espec…
—Tenías razón…—interrumpió.
— ¿Cómo dices?—cuestionó el dios del sueño sentándose a su lado—en que si se puede saber—dijo mientras servía otra copa de vino.
—Pandora y el Wyvern… la muy miserable se le entregó a un inútil espectro, ¡prefirió a ese estúpido juez que a mí!—dijo con furia haciendo volar un pedazo de pared.
—Oye tranquilo… si sigues así botaras en templo antes que venga Hades…—dijo el peliblanco mientras soltaba una sonora carcajada —Eso mi adorado hermano, se llama amor y es algo que no puedes comprar ni con todo el oro del mundo, mira que ni siquiera con el poder ni la inmortalidad la pudiste conseguir.
—Te dije que no quería escuchar tus absurdos comentarios—espeto el dios de la muerte—esto no se quedará así Hypnos—dijo con falsa calma—antes que Hades lo recuerde yo ya habré arrebatado su vida, si no es mía… no será de nadie más, además quien soy si no el dios de la muerte, dueño y señor del último suspiro de un alma.
El dios del sueño negaba con tranquilidad, mientras escuchaba los perversos planes de su hermano.
… … … …
El dios del infierno estaba complacido, orden, disciplina, todos sus espectros reunidos más sus tres jueces y dioses gemelos, y lo más importante, su heraldo, su hermana.
Terminaron de ver el lugar mientras se dirigían a Giudecca, los últimos arreglos y el señor del inframundo estaría listo para enfrentarse a la joven deidad.
—Espectros—exclamó el joven dios—hoy comenzará la batalla por este mundo que nos pertenece.
Levantó su mano derecha y de sus dedos una esfera oscura de energía salió atravesando el techo del templo, Pandora sonrió a su lado de igual forma los ojos de los tres jueces brillaron, al fin el día por el que tanto habían esperado estaba a punto de llegar, esta vez serían unas semanas más mientras la oscuridad cubría el mundo y la fuerza de su dios se incrementaba.
—Mi señor Hades—dijo la joven heraldo—debe descansar aún no está acostumbrado a este cuerpo—continuó al ver el tenue desgaste en el rostro del menor.
—Esta bien Pandora…—replicó el ex caballero de Atena mientras tomaba la mano de su hermana.
—Jueces…—dijo Pandora—que un grupo de espectro vaya al santuario, debemos ver cómo están preparándose, no quiero bajas… aun—sonrió.
Juntos desaparecieron tras las cortinas hacia sus habitaciones.
—Pueden retirarse —exclamo el nepalés a los espectros menores —no podemos darnos el lujo de perder tiempo, de vuelta a sus labores.
Todos los soldados caminaron, volaron y desaparecieron hasta sus templos y prisiones, mientras los tres jueces quedaban solos en el lugar viéndose la cara de uno a otro, de repente las miradas cayeron sobre el rubio.
—Shylphid y dos de mis espectro menores harán el recorrido, cuando regresen les pasare el informe—dijo el rubio mientras se retiraba.
Tras el los dos jueces siguieron su paso a cada uno de sus templos, con una enorme sonrisa Minos abrió su mano, en ella una cadena de plata con un grifo de cristal relucía impaciente por ser lucida por su nuevo dueño.
oOo
Aun con un poco de dolor el joven fénix se levantó decidido a entrenar, si quería rescatar a su hermano debía ser fuerte, estar listo, no conocía a sus enemigos pero por lo poco que había escuchado a los demás hablar podía deducir que eran peligrosos y fuertes, así que mejor no perdería más tiempo.
Bajó por las largas gradas hacia el coliseo en compañía de Hyoga, aun vendado, cada paso era un pinchazo doloroso, de reojo los caballeros dorados que aún se encontraban en sus templos lo veían, comentaban cuando se perdía junto a su compañero.
Una vez en el lugar se tiró en la gradería y ató sus guantes de cuero, amarró sus pecheras y se puso de pie, frente a la mirada asombrada de varios espectadores, camino un par de pasos hasta sentir un leve golpe en su hombro luego una conocida voz.
—Oye… Ikki—gritó Nachi—por los viejos tiempos—dijo pasando a su lado.
El peliazul levantó una ceja y sonrió, negó lentamente mientras seguía el paso de su compañero.
— ¿Estás seguro Nachi?—preguntó el fénix mientras caía a la arena—ven… dame tu mejor golpe.
Desde largo, el asiático de las balanzas observaba con detenimiento el desempeño del joven fénix, había pedido ayuda al caballero del lobo para provocar el ataque del japonés.
Ambos jóvenes estaban ahora frente a frente en las arenas del coliseo, Nachi corrió hacia Ikki con el puño elevando su cosmos, pero ante el asombro del chino el fénix casi no se movió, simplemente hizo un giro a su izquierda.
—No me digas que eso es todo lo que aprendiste en estos seis años de arduo entrenamiento—rio el peliazul—supongo que es mi turno—dijo con sorna.
Levanto su vista y sus zafiros tomaron de nuevo un color ambarino, levanto su cuerpo envuelto en su aura amarilla y lanzo un golpe justo en el pecho de su compañero, pero para su asombro un par de manos lo detuvieron y lo lanzaron hacia el otro lado.
—Por Atena… es tu compañero de armas muchacho, no tu enemigo—exclamo el chino—tienes mucho que aprender jovencito—dijo alzando al menor que hacía en el suelo.
Ikki simplemente subió sus hombros, se devolvió hasta su asiento y se acomodó para observar—el enemigo no tendrá piedad con el…—espeto mientras retiraba sus guantes—deberían entrenar mejor—añadió para cruzarse de brazos.
—Ese tipo me simpatiza—dijo la peliverde a la amazona de águila, quien solo negó con su cabeza.
Saori se encontraba observando a lo lejos las peleas de sus caballeros, de vez en cuando presionaba la punta del recuesta brazos, en otras fruncía el ceño, Shion simplemente sonreía de verle cada gesto, pero muy por dentro sabia que en verdad estaba preocupada.
… … … … …
Caminó lo más rápido que podía, llegó hasta su imponente templo Ptolomea, bajó la velocidad de sus pasos para no producir ruido alguno con sus rechinantes botas, sonrió al ver la hermosa imagen que se le abria frente a sus ojos, ahí tras el enorme libro, su fiel ayudante, Lune de Balrog, sumergido con su imponente latigo a su lado y su serio y palido semblante, anotaba sin parar en las largas hojas, no sintió la presencia de su juez sino hasta tenerlo a su lado mientras colgaba la cadenita frente a sus ojos.
—Mi señor Minos…—susurró mientras tomaba el colgante.
—Para ti… —dijo mientras retiraba un largo mechón de su cabello y besaba su cuello con delicadeza.
—No…—dijo en un hilo de voz sumamente sonrojado—alguien puede vernos.
El Juez de Grifo sonrió, Lune era un joven estricto, amaba el silencio, no solía juntarse con otros espectros y era hermoso, sin duda alguna su imagen le cautivaba, acaricio el rostro de su ayudante recorriendo con sus dedos hasta el centro del pecho, retiró la cadena de sus manos y la colocó besando con lentitud cada parte recorrida por el colgante, sonreía mientras lo escuchaba gemir entre dientes, de repente las delgadas manos de su ayudante lo separaron, observó su rostro sonrojado por el reciente roce.
— ¿Qué sucede?-preguntó besando sus dedos que recorrían su boca.
—Ya es hora ¿verdad? —Cuestionó el más joven—ya no hay marcha atrás.
—Así es… —contestó sentándose en el gran escritorio—y por primera vez, en mi torpe existencia, temo perder algo más que la vida.
— ¿Qué podría ser más preciado para usted mi Señor?-pregunto poniéndose de pie y colocando su mano en el amplio pecho del mayor.
—Tú…—contestó sin rodeos aprisionando su cuerpo para hundirse en un beso interminable.
… … … …
Un eclipse comenzó a oscurecer el cielo, los habitantes del santuario no podían esperar más, la guerra había sido declarada por hades y ya el tiempo expuesto se reducía a horas para el fatídico encuentro, el salón del templo principal estaba atestado de guerreros, oro, plata bronce, todo brillaba o mejor dicho relucía, con una rodilla en el suelo fue el recibimiento de todos los ahí reunidos al ver ingresar a la joven deidad vistiendo su armadura, sus largas mechas lilas se movían al compás de sus pasos, en sus manos el báculo y su inigualable escudo, tomó asiento frente de los ahora ochenta y siete caballeros.
De largo, recostado a un pilar del lugar el fénix saboreaba junto a Seiya y el dragon de Rozan una copa de vino que habían servido con anticipación a todos los presentes, eso sí, sin siquiera inclinar la cabeza, y apartar su mirada afilada de la pelilila.
—Mis caballeros, necesito que Bronce y Plata se queden para resguardar el santuario con excepción de Ikki, Hyoga, Shyriu y Seiya —dijo el tono firme la diosa-hay un asunto especial con ellos—exclamó clavando los ojos en los zafiros que no la dejaban de ver—Mi elite dorada—Sonrió— hoy partiremos hacia el castillo Heinstein, junto con los recién nombrados, ahí se encuentra la entrada al inframundo, ¿estamos listos?-preguntó con seriedad.
—POR EL MUNDO Y POR ATENA—gritaron al unisono
—Que asi sea—susurró— Mu, Shion—llamó Saori—estamos listos.
El caballero de Aries y el rejuvenecido patriarca levantaron palmas hacia el cielo, elevando su cosmos rápidamente emprendieron la partida dentro de una luz dorada.
—Manténganse juntos—grito el mayor de los ochenta y ocho.
Poco a poco fueron desapareciendo las figuras ante los ojos asombrados del joven discípulo de Aries quien se quedó junto a las doncellas y las amazonas, y el resto de guerreros, quienes rápidamente formaron grupos de vigilia en espera de algún atentado al tempo de su diosa.
Más largo y en silencio, ocultos tras los pilares del templo, peligrosa e increíblemente cerca Sylphid de Basilisco, Gordon de Minotauro y Queen de Alraune escuchaban con atención cada palabra dicha por le deidad, como sombras escurridizas regresaron junto a su juez, las noticias consiguieron robale una fresca risa al inglés.
—A Giudecca—grito con furia.
Batió sus alas con fuerza y alzo vuelo frente a su numerosa tropa, la guerra al fin daba inicio.
continuaraaa
gracias por leer...
reviews a ver quien se atreve :-D
