Capítulo 2: Cuerpo negro

Un cuerpo negro es un objeto que absorbe toda la luz… y toda la energía

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Respiró, pero al hacerlo un dolor se apodero de su vientre.

Poco a poco empezó a moverse, recordó en el intento que durante su ensoñación había tenido horribles pesadillas, se fue incorporando tras sentir un par de movimientos a su alrededor.

-Por fin despierta. –escuchó una cariñosa voz, muy similar a la de su madre, pero no lo era.

Sora abrió los ojos y se topó con una enfermera, algo mayor, pero con una dulce mirada.

-¿Dónde estoy?

-En el hospital.

La pelirroja comenzó a recordar lo que había pasado. No había sido una pesadilla había sido una tortuosa realidad.

Instintivamente se llevó sus manos a su vientre y lo miró.

-¿Cómo está mi bebe? –preguntó con voz temblorosa, pidiendo que su respuesta no fuera la que infería.

La enfermera no comprendió a lo que se refería.

-Lo siento no lo sé. Acabo de ingresar a mi turno, es cambio de horario.

-Por favor dígame como esta mi bebé. Creo que llegué aquí después de una complicación de mi embarazo.

La mujer sintió lástima por Sora.

Checare los registros que me dieron.- intentó tranquilizar.

La enfermera sujetó un bonche de papeles que las enfermeras dejaron como expediente en la noche.

-¿Takenouchi?

-Sí...Sora Takenouchi. - poco a poco recordó que alguien le había preguntado su nombre.

Leyó el informe, humedeció sus labios, y con tristeza miró a la pelirroja.

-¡Ay hija!, Lo siento mucho, pero has perdido al bebé.

Una terrible desolación cayó a la portadora del amor.

-No, no... Otra vez no. -tocó su vientre, esa esperanza que hasta hacía unas horas le había dado tanta fuerza y tanto amor para su futuro ahora ya no estaba.

-Tranquila… eres joven, podrás tener otro bebé.

La pelirroja sonrió con dolor. Pero agradeció los buenos sentimientos de la mujer, era raro tener a una enfermera así de preocupada por una paciente.

-Gracias...

Gracias

-Gracias... -susurro Hikari por la gentileza de la persona que le colocó el abrigo, ya había amanecido y ni cuenta se había dado, aunque la verdad había preferido no haber despertado.

-No hay de qué.

Sin embargo, en el momento en que ambas se miraron a los ojos, se reconocieron al instante.

-Hikari.

-Mimi.

La portadora de la pureza se agacho rápidamente para ayudar a su cuñada. Pero ésta no se lo permitió.

Le arrojó el abrigo que ella le dio y trató de marcharse a la brevedad.

-Aléjate de mí. Tú eres igual que Taichi, igual que Takeru. –tenía un cansancio mental y físico, pero sacaba fuerzas de su voluntad para rechazarla.

-No Kari, te equivocas.

-¡No!... todos son unos traidores. No puedo confiar en nadie... ya no puedo… no puedo confiar en ti.

Mimi trataba de que Hikari entendiera, pero era evidente que tenía una crisis de nervios.

-Ya no tengo luz... ya no les sirvo a ustedes… por favor, déjenme en paz. –se colocó las manos en la cabeza, cerró los ojos pidiendo que la portadora de la pureza desapareciera de su vista.

-No digas eso Kari. Yo ya no estoy con Taichi... descubrí lo que él quiere lograr. Pero no lo van a conseguir, ¿me oyes? Nosotras vamos a buscar la manera de ayudar al Digimundo.

Katri trataba de entender. Pero el shock que había vivido en las últimas horas era demasiado grande.

-Me estoy hospedando en un lugar cerca de aquí mientras consigo algo mejor y más lejano. Ven conmigo, te prometo que vas a estar bien, Kari.

La castaña pensó detenidamente las palabras de ella, miró sus ojos y vio una sinceridad y pureza característica en ella, por lo que asintió y aceptó el abrigo que la ojimiel le daba. Sin embargo, la ex vaquerita quedó seria, pues en el momento en que Hikari se levantó y se apoyó en Mimi, fue cuando Tachikawa notó muchos golpes en sus brazos y también que la ropa de ella estaba rajada, sucia y maltratada.

La embarazada pensó lo peor, pero no le preguntó nada por miedo a que volviera a tener otra crisis de nervios. Ya habría tiempo de hablar.

Entre ambas se apoyaron para caminar y llegar al hotel donde pudieran descansar un poco, ya pensarían lo que debían hacer en otro momento.

Momento

Un momento bastó para que cambiara toda su vida.

No era capaz de afrontar toda cantidad de información que acababa de recibir.

Otro aborto.

Había tenido otro aborto, también provocado por él.

En su corazón ya no había lugar para el amor. Sólo un vacío.

Presentía que pasara lo que le pasara después de eso, ya no habría días brillantes para ella.

Se habían cerrado todas sus puertas, y no se había abierto otra. No tenía sueños, no tenía amor, no tenía un propósito por el cual luchar… ya no.

Ya había llorado todo, incluso le dieron un par de tranquilizantes para que dejara de hacerlo.

Pensó que el dolor más grande que había sentido era la decepción de ella, pero se equivocó… no se creía tan fuerte después de todo.

Ya había amanecido, por lo que el desayuno estaba a su lado, igual que la cena del día anterior, pero no había probado bocado alguno.

-¿Otra vez no has comido nada?

La pelirroja negó con la cabeza. –No tengo apetito.

-Entiendo, pero no te desanimes, te aseguro que pronto, todo se solucionará.

-Hay cosas que no tienen solución. La muerte es una de ellas.

Ver la determinación y sufrimiento de ella afectó a la enfermera.

-Tienes razón. Lo bueno es que tú no estás muerta.

La pelirroja trató de reflexionar sobre esos pensamientos, pero no duraron mucho porque Yamato entró en el pequeño cuarto.

Sora sintió miedo, furia, rencor e incluso hasta odio. No iba a permitir que la lastimara más.

-¿Qué quieres? -espetó con coraje, viéndolo directo a sus ojos.

-Darte esto. –entregó un sobre.

-No quiero nada de ti Ishida. –manifestó, con gran odio.

La enfermera notó mucha tensión, por lo cual decidió marcharse. Compartió una mirada con el rubio, y después salió de la habitación.

Habitación

Ya estaban en la habitación de ese hotel. Mimi había sido muy amable al permitir que Hikari se quedara con ella, al menos ese día.

Mimi estaba acomodando algunas pertenencias, y preparando un par de prendas para prestárselas a Hikari, aunque fuesen de tallas distintas, pero al notar que la castaña salía del sanitario, ella aprovechó para entrar, pues aunque ella ya había tomado un baño con agua caliente, el bebé vivía pateando su vejiga. Tardó muy poco, cuando regresó a la habitación principal, observó que Hikari estaba sentada en la orilla de una de las dos camas.

Tenía una mirada perdida, desolada y triste, aunque en realidad ella también estaba así.

Mimi trató de ser prudente, no había sido un día sencillo y ni se imaginaba la noche que pasó su amiga, al menos ella había tenido la oportunidad de conseguir un lugar cálido y reconfortante en el cual dormir.

-Lamento haberte dicho todo eso, Mimi.

-Descuida, Kari. Entiendo. –se sentó a su lado, acariciando su hombro, sin embargo, al hacerlo, notó que Yagami se sobresaltó un poco. A Mimi le extrañó ese comportamiento, por lo que hizo contacto con ella.

-Anoche me enteré que Takeru les dio a Akari y Kotaro a la oscuridad. Él permitió que los mataran. Fingió todo eso del ataque para que no sospecháramos.

Mimi abrió los ojos sorprendida, incluso se acarició el vientre por tal noticia.

-¿Él te lo dijo?

Negó con un leve movimiento de cabeza. –Leí unos correos que tenía él, estaba realizando una clase para la escuela y sin proponerme leí unas palabras, después de eso no terminé hasta que leí todo. La siguiente soy yo, quiere mi emblema, quiere mi luz para abrir las puertas entre los mundos, hizo ese pacto. –confesó cansada. La garganta empezó a lastimarle, pero tomó fuerza, probablemente las últimas que le quedaban. –Él llegó y vio que tenía en mis manos la verdad. Le pedí explicaciones pero no negó nada… me pidió mi emblema y mi digivice… pero salí corriendo. Corrí, pero él me alcanzó, me alcanzó y me tumbó cerca de un callejón… -la castaña empezó a temblar por recordar esa experiencia.

-No tienes que decirme nada ahora Kari. –trató de consolar, abrazándola, pero ella continuó.

-A como pude me zafé de su agarre. Creí que ya no me alcanzaría. Y corrí a tu casa Mimi.

La portadora de la pureza se sobresaltó.

-Empezaba a oscurecer. Toqué la puerta, pero nadie me abrió. Pedí que mi hermano me ayudara, "¡Hermano, Tai ayúdame!" le grité tanto hasta que casi me quedé sin voz… hasta soplé el maldito silbato que me dio… y después, él estaba allí, me abrió y lo abracé… le dije que Takeru había hecho algo terrible, pero cuando abrí los ojos… Takeru estaba allí. Dentro del departamento. También estaban Ken y Yamato. –esa información fue nueva para Mimi. Con mayor razón debía buscar a Sora. –Todos se burlaron de mí.

Kari empezó a sollozar, apoyándose en el abrazo de Mimi. -Ya no supe bien qué pasó después, sólo sentí que me quitaron mi emblema, y mi digivice, me lo arrebataron o yo misma se los di, ya no sé bien qué sucedió… recuerdo que seguí caminando hasta que me cansé y me tiré en la calle.

-Supongo que después te encontré. –terminó Mimi, con la voz entrecortada.

Hikari negó con dolor. -Después de eso unos hombres me acorralaron en un callejón. Me golpearon, me lastimaron… -fue cuando Mimi enfocó su mirada a las heridas, rasguños y golpes que su amiga tenía. –Recuerdo una luz muy potente poco antes de que uno de ellos me pegara en la cabeza… y ya no recuerdo otra cosa… supongo que es mejor así. Que no recuerde lo que esos tipos me hicieron…

Tachikawa estaba atónita por tal relato. No imaginaba que hubiese sido así. No podía creer que todo eso le pasara a su amiga. Si ponía en una balanza lo que ella había vivido y lo que Kari había pasado, en realidad no era una comparación aceptable.

-Oh, Kari… no sé qué decirte.

-No tienes que decir nada Mimi. Sólo te lo digo para que tú lo sepas. Y entiendas mi desesperación. No puedo confiar en nadie, aún tengo dudas de hacerlo contigo. –sinceró.

-Puedes confiar en mí. Yo estoy igual de impactada con todo lo que ha pasado, pero te prometo que yo no sabía nada.

Mimi ya se había contagiado del dolor de su cuñada.

Ninguna de las dos sabía qué más decir.

Decir.

No podía decir nada después de ver ese sobre.

-¿Es una broma? –preguntó Sora, indignada.

-No, es una pequeñísima porción de lo que gané. –confesó Yamato. –Por evitar que tu hijo pasado naciera, y ya me enteré que tampoco este nacerá.

-Cállate. No tienes nada qué hacer aquí. –manifestó.

-Mira Sora, sólo vengo a proponerte que tú y yo podemos seguir estando juntos. Ya tengo el emblema del amor y el de la amistad, podemos abrir las puertas del digimundo cuando queramos, y de seguro el lado negro de DATS podrá remunerarlo muy bien.

-¡Deja de decir idioteces y sal de mi vista ya! –exigió. -¡No quiero volver a saber nada de ti en toda mi vida!

-Te hará daño enojarte, Cielo.

Un golpe más a su corazón.

-Vete, Yamato. Vete por favor. ¿Qué más puedo darte? –gritó. –Ya no me queda nada. Ya te di todo… te di mis sueños, mis ilusiones, mi futuro, ¡mi amor! Todo era tuyo. ¿Qué más me queda?

El rubio la miró igual que se miran las películas aburridas y sin trama, lo cual enfureció más la pelirroja.

-Sólo tengo mi vida ¿eso quieres? Entonces mátame ahora y termina con mi dolor. Pero ya, no me hagas sufrir más por saber lo estúpida que fui. –sollozó lo último. Empezó a batallar con la respiración. –Ya tienes lo que querías. El emblema, el dinero… si necesitas algo más sólo dímelo, para dártelo y que te vayas para siempre.

El rubio sonrió hipócritamente.

-De hecho, quiero algo más. –dijo, empezando a caminar.

-¿Qué? –preguntó, ya sin fuerzas.

-Una despedida. Si ya no me quieres volver a ver, al menos quiero que me recuerdes. –se fue acercando hasta estar frente a frente con Sora.

La muchacha sólo empezó a respirar con más dificultad, no sólo por el llanto desgarrador que había tenido, sino por el efecto que, muy a su pesar, el rubio seguía provocando en ella.

El rubio susurró las últimas palabras sobre los labios de la pelirroja, para después abrir paso a un beso. Un beso rudo y violento, que obviamente Sora no correspondió, pero lo suficiente para que lastimara más tu maltrecho corazón.

Apartó el rostro tras un par de segundos y sin mirarlo le habló con voz fuerte.

-Llévate esta basura. –entregó el sobre. –Yo no necesito este sucio dinero.

-Como tú quieras cielo. No digas que no intenté ayudarte.

-Retírate. No quiero volver a saber nada de ti.

-Ni creas Sora, aún te necesito. Te necesito para que el emblema brille. Y quieras o no en cuanto salgas de este hospital te irás conmigo y harás todo lo que te diga. Ya he sido muy tolerante, es hora que también colabores conmigo.

Conmigo

-Quédate conmigo todo el tiempo que quieras. –musitó Sumire mientras servía una taza de té a su hija, Hiromi. Ésta sólo sonrió con un semblante serio.

-Gracias mamá, aunque no quiero causarte molestias.

-Hijita, por favor, ni tu ni mi nieta son una molestia para mí. Al contrario, me encanta tener a Amai aquí conmigo.

La practicante de Kendo sonrió al ver que su beba jugaba con un muñequito de felpa que le había sido regalado. La miró con nostalgia, pues el juguete era alusión al digimon que ella tuvo por compañero.

La mujer tomó las manos de su hija entre las suyas. Y las acarició maternalmente. Hiromi sabía lo que su madre pretendía, tanta ternura terminaría por derretir esa coraza de resentimiento en ella.

-¿Has peleado con Iori? –preguntó, siendo lo más prudente posible, desde que su hija se casó, e incluso desde antes cuando era novia de Iori durante prácticamente toda su adolescencia, ella ni siquiera se había metido en su vida ni en sus decisiones.

Hiro desvió la vista, asintió un poco.

-Hija, todo se puede solucionar. Iori es un buen muchacho, te aseguro que él te ama mucho, y que cualquier malentendido puede arreglarse si hablan entre ustedes. Te aseguro que vendrá a buscarte para que solucionen las cosas.

La portadora de la nobleza se acongojó por tales palabras, pero quería confesar la verdad antes de que su madre siguiera en un engaño.

-Mamá… Iori no es el hombre que piensas. No es lo que creíamos de él.

Kawasaki no comprendió muy bien la situación, ni las palabras tan frías de su hija y mucho menos el rencor con el que hablaba acerca del hombre hasta que ella comenzó a relatarle todo lo que había sucedido ese día.

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Iori tenía días con un humor terrible. Se irritaba por todo, se molestaba, incluso ni jugaba con su hija al llegar de trabajar. Hiromi pensó que era debido a su trabajo, por lo que intentaba ser lo más amorosa y paciente con él. Pero todo cambió unas horas antes…

Ese día Iori llegó más antes que lo habitual. En cuanto entró a la casa, la poseedora de la nobleza sonrió.

-Amor, espera, no entres. Sólo mira. –pidió mientras ponía a Amai en el piso. –Mi niña, ve con papi. –ordenó amorosamente a la pequeña.

Las miradas verdes hicieron una conexión a través de la distancia presente en el recibidor y en la puerta del departamento.

EL abogado mostró indiferencia, incluso cuando notó que la pequeña Amai comenzaba a gatear hasta donde estaba él.

Hiro dio un grito de alegría y orgullo. –Sé que es algo pequeña para gatear, pero me sorprendí tanto cuando la vi, que te quería marcar. –informó, caminando un par de pasos hasta llegar a donde estaba la bebé y cargarla para recibir a su esposo.

-No lo hagas, sabes cómo es mi trabajo. No debo recibir llamadas.

-No es para que te enojes. –tranquilizó. –No lo hice, sólo digo que quería hacerlo.

Hida hizo un ademán con una mano para que dejara de hablar.

Hiromi rodó los ojos, cansada por esa actitud. Prudentemente dejó que él se tranquilizara para tener la oportunidad de hablar con él. Esa situación estaba sacando lo peor de ambos.

-Amor, tu madre llamó hoy en la tarde. Nos dice que si es posible que vayamos a comer con ella el próximo sábado. Me comentó que ha tejido un suéter para Amai.

-Ve tú si quieres. –espetó con enfado mientras aventaba al fregadero los platos en los que la cena había sido servida. Acto que perturbó a la pequeña, comenzando a sollozar un poco.

Rápidamente la muchacha empezó a calmar, logrando que la niña se distrajera con un muñeco-digimon, lo que aprovechó para llevarla a su cuarto. La depositó en su cuna, y cuando se aseguró que estaba fuera de peligro, regresó con su esposo.

-¿Me puedes decir qué te sucede? –exigió.

-Nada, tú eres la exagerada.

-Disculpa, pero aventar los muebles de esta casa y asustar a tu hija no es algo que haces diariamente. Para tu información, la niña se quedó impactada por tus acciones. –dijo con firmeza, tratando de hacerlo reaccionar.

Iori la vio con fastidio.

-Ya vas a empezar otra vez.

-¿Qué?

-Sí, Kawasaki, ahí vas con eso de "Debemos tener comunicación" y también "cualquier problema dímelo, sabes que soy tu apoyo". Me irrita que siempre saques a la luz ese trauma de tu padre y su abandono a ti y a tu mamá. Ahora entiendo por qué las dejó… y ya no lo culpo.

Hiromi escuchó las palabras de él. Cada una de ellas le hacía incrementar esa herida en su infancia que seguía abierta, y lo que era peor, que él, con sus palabras hirientes, la había hecho más grande.

-¿Qué es lo que intentas decir, Hida? –preguntó con rabia e incomprensión.

-Que tener una hija que se la pasa llorando por todo, que además es un gasto excesivo e inservible aparte de tener un esposa a tu lado que sea insegura de sí misma, creyendo que en cualquier momento la van a dejar al igual que lo hicieron con su madre, es un martirio.

Hiromi no creía lo que decía.

-¿Qué?

-¿Acaso no escuchaste?

Hiromi se llevó una mano a la boca, indignada. -No Iori… tú no eres así. Tú no eres el chico del que me enamoré cuando era una niña.

-Vamos Hiromi, la verdad es que ambos éramos muy chicos. Fue bonito al principio, y la verdad es que todo iba bien, hasta que…

-¿Hasta que qué?

Iori la miró sin decidir sobre decir la verdad, pero qué más daba, ya había empezado.

-Hasta que te embarazaste.

Golpe duro para Hiromi. Dirigió una mano hasta su corazón, para asegurarse que no se le saliera del pecho ante las palabras del hombre, tratando de hacerse a la idea de que todo eso era un sueño, más bien, una pesadilla.

-¿Cómo te atreves a decir eso?

-Pues qué quieres. Es la verdad. Si no te había dicho nada antes es porque ya sabía que te ibas a poner así, pero ya te dije, todo puede seguir como hasta ahora, sólo damos a Amai a alguna pareja que sí la quiera.

-¿Acaso crees que yo no la quiero? –preguntó, alterada.

-Dudo mucho que quieras un estorbo para tu vida. ¿Acaso te han contratado como instructora durante tu embarazo? ¿O has conseguido empleo después de que menciones que tienes una bebé?

Hiromi calló, en parte por prudencia y en parte porque Hida tenía razón… pero eso no era lo importante.

-Cuando te dije que estaba embarazada tú lo tomaste bien, hasta te alegraste y realizaste una cena con nuestros amigos cuando decidimos regresar de América.

-No saques a relucir temas del pasado. Además, hay más cosas que necesitaba decirte. Una de ellas es que si me das tu emblema, podremos abrir las puertas de los mundos otra vez, y ganaremos dinero extra… quizá con eso recuperaré un poco de lo que tenía pensado ganar.

La mujer se perdió en la información.

-¿Qué tiene que ver el Digimundo con nuestra familia?

El nombre se exasperó. -Que ahora están solicitando cualquier información sobre el Digimundo. Sabemos que los emblemas y los digivices pueden abrir las puertas de una forma u otra. Yo ya entregué lo mío y lo gratificaron muy bien.

-No puedo creer que traiciones algo por lo que tus amigos y nosotros luchamos tanto.

-Ay por favor, Kawasaki, ¡despierta!, ellos mismos fueron quienes me dieron la idea de hacerlo. A Takeru ni le importó entregar a sus hijos a la oscuridad para intentar abrir las puertas, y casi funcionaba, pero en el intentó se murieron. Da igual, era el mismo caso que yo, tampoco los quería en ese momento.

-¿Qué dices?

-¿Estás sorda, o qué? –preguntó irónicamente. –Si hubiese sabido todo esto jamás te habría pedido que te casaras conmigo. Un día de estos te diré por qué te pedí que nos casáramos…

Hiromi le dio una fuerte bofetada a Iori.

-Me prometiste que nunca me ibas a lastimar… no puedo creer que digas estas cosas a sabiendas de lo que me duele.

El hombre se tocó la mejilla y después sujetó a Hiromi fuertemente de la muñeca.

-¿En serio te creíste mis palabras?... ¿en serio quieres saber la verdad?, está bien, te la diré. Cuando te pedí que nos casáramos era porque quería el trabajo en la embajada de América y uno de los requisitos era tener una familia... no porque quisiera atarme de por vida a ti. Ahora que tengo el puesto que necesito y quería, además de ser transferido a Japón… pues… no encuentro alguna razón para seguir estando contigo.

La frialdad y dureza con la que Hida hablaba, eran como cuchillas filosas que apuñalaban el corazón de Kawasaki. Ingenuamente creyó que lo que sufrió cuando era niña tras el abandono y muerte de su padre, habría sido el máximo dolor que viviría… pero se equivocó, con creses.

-¿Y Amai?, ¿qué hay de nuestra hija? –preguntó con esperanza. No podía creer lo que estaba viviendo. Se negaba a creer que el chico con el que inició su relación a la tierna edad de once años cambiara de la noche a la mañana.

-Pues haz lo que quieras… puedo arreglar los trámites de adopción si quieres, para alguien como yo no sería difícil. -¿cómo se atrevía a hablar de su hija como si fuera un estorbo? –Para serte franco, no me importa lo que decidas hacer con ella. Nunca me ha importado.

Hiromi respiró fuertemente, tomó fuerzas e intentó darle otra bofetada, pero en este caso, Hida alcanzó a detenerla.

-No preciosa, no de nuevo. –apretó fuertemente su mano, lastimándola, pero ella ni lo sintió.

-Eres un cínico. –espetó con desprecio. –No mereces el amor de nadie, y no te preocupes, mi hija jamás sabrá la porquería de padre que tiene. Yo me encargaré de eso. –comentó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-¿No me digas que vas a empezar a llorar?

Hiromi se zafó de su agarre. Cerró con ojos con fuerza, respiró hondo y dirigió su mirada de nuevo a él.

-Por supuesto que no. No pienso derramar ni una sola lágrima por ti. Cuando era niña lloré mucho por mi padre, vi cómo sufrió mi mamá. Y no pienso hacer lo mismo por ti.

Al ver la decisión y la frialdad que había aparecido en su mujer, Iori sintió algo diferente, no supo descifrarlo, intentó acercarse a ella, pero era claro que la chica se lo impidió haciéndose hacia un lado. El abogado estaba a punto de decir algo, pero en ese momento sonó su celular.

Iori cerró los ojos y se dedicó a contestar, hasta parecía que todo estaba planeado.

-Hola Ken… -dijo con voz apagada. Le dedicó una última mirada a la mujer, para después darse una media vuelta. –Sí, ya recibí el pago de parte de DATS por el emblema de la justicia…. Veo que tú también, ¿y qué me dices de Miyako, las has convencido de que también entregue el suyo?

Hiromi no necesitó de nada más para confirmar la decisión que había tomado.

Si Hida no las quería en su vida, ellas tampoco.

Sigilosamente fue a la habitación de su bebé, y la encontró dormida, lo cual agradeció porque facilitaría un poco la situación. Tomó algunas pertenencias súper indispensables, principalmente su emblema, su digivice y su cartera, así como la pañalera de Amai. No tardó ni tres minutos en hacer eso. Deseaba con todas sus fuerzas no volver a ver a Iori nunca más. Por lo que salió de ese departamento lo más rápido posible, sin dejar una nota de despedida y sin decir adiós… después de todo, él no se lo merecía.

-No princesa… no permitiré que tu padre te haga lo mismo que me hizo el mío. Nadie va a rechazar tu amor, hijita.

Con cautela observó cómo Iori seguía de espaldas, hablando por teléfono, para después marcharse, dejando absolutamente todo lo que alguna vez soñó.

Sumire Kawasaki estaba boquiabierta con el relato que su hija acababa de contar.

-La verdad es que no te creo nada, Hiromi. –susurró.

-Imagínate cómo estoy yo. –dijo la mencionada, mostrando una fortaleza digna de una mujer.

-Sé cómo te sientes hija. –alentó con ternura. –Si quieres y necesitas llorar puedes hacerlo.

Hiromi tragó duro y mostró entereza. –No mamá. Te diré lo que le dije a Iori. Cuando era niña lloré mucho por el hombre que nos abandonó a ti y a mí. No volveré a hacerlo. Ni una lágrima por él, porque a final de cuentas, yo creí en él, yo fui la tonta.

Tonta

-¡Pero que tonta! –exclamó mientras sacaba el arroz del sartén. –Se ha quemado.

Resopló enojada, si no se hubiera quedado jugando con su hija, seguramente habría puesto más atención.

La bebé de seis meses era la adoración de la mujer, principalmente porque se parecía al gran amor de su vida: Ken.

Miyako era feliz, dentro de poco continuaría su trunca carrera en sistemas y por fin se graduaría de la universidad, claro que no se arrepentía haberla detenido, pues la dejó al enterarse que estaba embarazada, sin embargo, le hacía ilusión tener una carrera y ayudar a Ken con los gastos del departamento.

Fue a buscarlo para decirle que la cena tardaría un poco más, o bien, si mejor pedían algo para comer, pues no tenía muchas ganas de cocinar nuevamente.

-Sí, todo está listo. Te veré en unos momentos… también irá Yamato, hay que dejar preparado todo. –escuchó a su esposo hablar por teléfono. Después el colgó y resopló satisfecho.

-¿Con quién hablabas mi amor? –preguntó con cariño.

-Con Tai. –respondió con fastidio.

Miyako se armó de paciencia, algo curioso y que había desarrollado en los últimos meses con su hija y su esposo, porque tenía tiempo comportándose extraño, al cual no le había tomado importancia, pues lo relacionaban los tristes sucesos que habían ocurrido.

-Por cierto… me llamó Mayumi. –cambiando el tema para aligerar la tensión.

Eso captó la atención de Ichijouji.

-¿Te dijo algo de Izzy? –preguntó interesado.

-Sí, ¿Cómo lo sabes? Me dijo que los muy desgraciados se quedarán por tiempo indefinido en Sesoko. Según esto que le dieron más días de vacaciones a Koushiro, pues qué afortunados, ¿no crees?

-¿Koushiro está en Okinawa? –preguntó asombrado. –Me había dicho que hoy regresaba. –murmuró lo último, siendo casi inaudible para Miyako.

-¿Hay algún problema por eso? –preguntó curiosa.

Ken meditó bien las palabras que estaba por decir.

-Sí… él y yo tenemos asuntos pendientes. –habló con cierta oscuridad dentro de sí, asustando a su esposa.

-¿Qué ocurre? –trató de apoyar, pero causó el efecto contrario.

-No seas entrometida y deja de fastidiar. –espetó en voz alta y de mala manera, haciendo que Miyu, aunque estuviera en otra habitación, se perturbara. –Ve a callar a la mocosa, por favor.

Miyako se retiró de la habitación, afectada por sus palabras.

Regresó con la beba en brazos, aunque seguía sollozando ligeramente.

-Ken… si tienes un problema, o caso tuviste un mal día, no es para que te desquites conmigo ni con tu hija. –intentó hacerlo razonar. –Si hay algo que pueda hacer para ayudarte, o tratar que tu situación se vuelva menos pesada puedes decírmelo y haré lo que sea Ken. Sabes que te amo con…

-¿Lo que sea? –interrumpió, interesado por las palabras de su mujer.

-Sí, claro, siempre y cuando no afecte la integridad de alguien ni sea ilegal, pero vamos, a quién engaño, jamás harías algo así, es decir, eres policía, te dedicas a eso.

Ken sacó un cheque de su cartera y lo mostró a Miyako.

¿Y esto? –preguntó ella, asombrada por la cantidad del papel.

-¿Qué te parece?

-Que es más de lo que puedes ganar en un año. –contestó divertida. -¿Y por qué es? ¿Te ascendieron? ¿Te dieron un incentivo o premio por tu trabajo?

-Algo así. –comentó. –Quiero que me escuches. Este dinero lo gané porque vendí mi emblema mi digivice. Tú también puedes ganar esto, incluso más porque posees un emblema puro.

Miyako no creyó lo que decía. –Jaja, ¡qué gracioso!

-No es una broma mujer. Es la verdad. Los demás chicos ya lo hicieron, y la verdad es que el lado oscuro de DATS está pagando muy bien, mejor de lo que hubiera imaginado. Si entregas los emblemas y cualquier artefacto sagrado, sin duda podrán reabrir las puertas, y si no pueden pues al menos le sacaremos provecho a esto de ser elegidos.

-¿Qué estás diciendo Ichijouji? ¿cómo puedes volver a ser tan idiota? –gritó, afortunadamente no perturbó a la pequeña Miyu.

-No me levantes la voz. –se dirigió a ella, asustándola. –Sólo saco provecho a una situación para conseguir dinero. ¿No ves todos los problemas que hay detrás de la invasión de la oscuridad? Hay muertos por todas partes, los trabajos escasean y los primeros en caer serán los elegidos. Ya sabes, si no puedes contra el enemigo únetele. Ya la mayoría empezó.

-No Ken. No sé qué está pasando contigo. Pero por favor recuerda lo que dijo Gennai antes de que las puertas del mundo se cerraran, debíamos cuidar los emblemas porque si éstos se corrompían podíamos perder nuestra cualidad. –intentó hacer recapacitar.

-Tonterías.

-¡Por favor reacciona! –Miyako le brindó una bofetada, tratando de reutilizar una estrategia que le había dado resultados en diversas situaciones, sin embargo, a diferencia de las anteriores, Ken la interceptó. Jugándole de manera contraria. En ese momento, Miyako terminó en el suelo, con un golpe en su mejilla, Miyu, quien permanecía en brazos de su madre comenzó a llorar porque ella también recibió el impacto en el suelo.

-Para qué perdí tiempo contigo. Mejor ni te hubiera dicho nada y simplemente tomado tus cosas. –comentó, trasladándose a la habitación, concretamente al lugar en el que conocía que su esposa dejaba su emblema y su digivice.

Anonadada por los acontecimientos repentinos que habían ocurrido, Miyako dejó a su hija en el sofá y corrió al cuarto matrimonial.

Agarró un florero que había y golpeó duro a Ken en la cabeza, dejándolo adolorido.

Le arrebató bruscamente las pertenencias que ya había tomado y dirigió una mirada de odio hacia él.

-No sé en qué te convertiste, o qué te pasó. Pero te aseguro que no me vuelves a ver a mí ni a tu hija.

-Eso está por verse Miyako. –amenazó, aun moviendo su mano sobre su cabeza, porque comenzaba a sangrar.

-Creo que las semillas de la oscuridad nunca dejarán de crecer en tu corazón, si es que tienes uno.

-Miyako… te equivocas fui feliz mientras tenía la semilla de la oscuridad dentro de mí, yo sigo siendo un cuerpo negro.

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En el capítulo 3: Destellos borrosos.

-Será mejor irnos cuanto antes de este lugar.

-Creí que mi pesadilla había terminado… pero aún no empezaba.

-Debemos proteger los emblemas.

-Mi hija no está aquí, y nunca sabrás a donde se ha ido. No volverás a hacerle daño.

-Nunca podré pagarle por lo que hizo por mí.

-Estoy embarazada.

-Este bebé no tiene la culpa de nada.

-Parece que es el inicio de una nueva esperanza.

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Notas de la autora:

Hello!, mucho tiempo después traigo la actualización.

Vimos más de lo que le ha ocurrido a las chicas, se sumaron Hiromi y Miyako, el próximo veremos cómo le va a May, porque de momento ella es ignorante ante lo que le ocurre a sus amigas, aunque Koushiro es quien está detrás de tooooodo esto. Como mi amiga Marin diría chananananaaa…

Sigue siendo de introducción a la historia, espero pronto ir hilando las ocho historias diferentes en una sola.

Espero que la historia ni sea muy liosa ni muy oscura. Todo tiene un porqué y para qué.

De momento no hay mucho que decir, sólo que como es receso vacacional he tenido tiempo para terminar este capi que llevaba cinco meses inconcluso.

También aprovecho para informar que si tienes dudas sobre esta historia, se dará a conocer el trasfondo de esta en el siguiente capi de Digimon: El Poder de los Sueños, el cual saldrá en un par de días.

Gracias por leer

Gracias a las personitas tan amables que me dejan sus reviews y me hacen muy feliz!

Dios los bendiga

**Amai do**

16 de abril de 2014