Capítulo 3: Destellos borrosos

"No soltaré una lágrima mientras siga aferrado a una esperanza".

-Paulo Cainelli

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El doctor ni se había aparecido ese día, seguramente porque había muchos heridos a causa de los enfrentamientos de la resistencia, quienes no permitían que las puertas del Digimundo se cerraran ni se siguieran explotando sus capacidades, pero lo que no ninguno de ellos se imaginaba era que ya no se volverían a abrir jamás. Las fuerzas que mantenían abierta la esperanza a un nuevo mundo habían desaparecido… o quizá nunca habían sido reales.

-Pregunté a los doctores, y podrás irte mañana en la mañana. Tú esposo vendrá por ti. –escuchó la voz de la enfermera con quien había entablado una pequeña amistad.

Sora asintió.

-Gracias.

Pero no tardó mucho en recapacitar la información que acababa de recibir.

-¿Mi esposo?

-Sí, querida. –reafirmó mientras se llevaba la cena, la cual también había estado intacta. –Él dijo claramente que mañana en la mañana vendrá por ti, justo después de que pague los costos del servicio médico.

El corazón de Sora comenzó a latir demasiado fuerte. Una y otra vez amenazó con salir de su pecho.

Ya no tenía un bebé por el cual luchar, ya no tenía un porqué para seguir adelante, pero no significaba que iba a rendirse a los pies de Yamato Ishida para favorecer a las personas que tanto daño hacían a ella y a sus amigos digitales.

-No, por favor, no… no quiero… no me voy a ir con él.

La enfermera ni siquiera se inmutó, probablemente porque estaba acostumbrada a muchas de esas situaciones en ese hospital.

-¿Qué dices?

-Por culpa de ese hombre es que estoy aquí. –exclamó, alterándose.

La enfermera calmó a la paciente, incluso le pidió que le contara cuál fue la mala experiencia que había tenido durante los últimos días.

-Espera… ¿Sora?, ¿tú eres Sora Takenouchi?, ¿hija de Toshiko y Haruhiko? –preguntó asombrada.

-Sí, ¿conocía a mi padre? –preguntó.

-Claro que sí, él fue maestro de mi hijo en la universidad. También conozco a tu madre, cuando era más joven fui a muchos de sus cursos de Ikebana, incluso te veía a ti, pero con un uniforme de Fútbol. Con razón te me hacías conocida. –comentó con alegría.

-Ya veo, entonces… le pido su ayuda. No puedo regresar con mi esposo. Él me hará daño, no sólo a mí, sino que a todos los demás, por favor, tiene que ayudarme. –suplicó.

Uno de los reglamentos que la enfermera tenía claro, es que no podía adentrarse en la vida personal de los pacientes, pero ver la necesidad de aquella muchacha y la manera en la que pedía las cosas, le hizo romper esa regla.

-Entonces tenemos que actuar ya, debes irte antes de que Ishida venga por ti. –accedió, brindándole una sonrisa cómplice.

Sora sonrió agradecida.

Cerró los ojos para disfrutar de una efímera tranquilidad, por la confianza y la satisfacción de saber que aunque fueran pocas, aún quedaban personas amables en el mundo.

Mundo

Su mundo se había derribado en un abrir y cerrar de ojos.

Aventarle un florero a Ken fue un acto que ni siquiera pensó, salió disparada del departamento y corrió.

¿A dónde?

Ni si quiera ella sabía.

Llevaba horas deambulando, ya era tarde, incluso sentía una tormenta avecinarse, por lo que caminó hacia su casa, en donde vivía cuando era soltera con sus padres.

Si no supiera que su hermana no estaba en el país, de seguro iría con ella, para contarle todo. Y lo peor es que no sabía para cuando regresaba, pues tanto ella como Joe habían marchado para hacer un doctorado en Alemania.

Era claro que tenía muchas y muchos amigos, pero no sabía si acudir a ellos, pues después de lo que Ken le acababa de comentar, ya no confiaba en prácticamente en nadie.

Respiró profundamente cuando se situó frente al edificio. Observó que la tienda de abarrotes que sus padres tenían ya estaba cerrando, así que subió directo a su casa.

No era un lugar seguro, pues podía llegar a coincidir con la madre de Iori, ella le podría decir a él y él a Ken y Ken sabría que ella estaba allí, y después….

Detuvo su paranoia. Ya no podía seguir siendo así. Debía actuar y pensar.

Al subir el elevador, un mundo de recuerdos le atacaron, taladrando su corazón y su mente. Burlándose de ella por haber creído en un chico que no era digno de llevar un digivice, de tener un compañero, de portar un emblema y mucho menos de tenerla a ella en su vida.

Recordó todo lo que había vivido y la adolescencia que tanto había disfrutado. Pero eso ya estaba en el pasado. Tomó fuerzas, abrazó a su hija y se decidió a tocar. Espero cinco segundos y la puerta se abrió.

Se cuestionó que su madre no preguntara nada sobre el paradero del visitante, así que entró, aunque le pareció curioso que todo estaba oscuro.

-¿Mamá?, ¿Papá?... soy Miyako. Tuve un problema y…

Percibió un escalofrío recorrer su cuerpo en cuanto una mano la detuvo para prender el interruptor de la luz. Trató de zafarse, aunque abrazó con más fuera a Miyu por miedo a que algo le pasará.

De inmediato sintió una mano que le tapaba la boca y que le arrebataban a la bebé. Sin pensar una sola vez, Inoue mordió la mano de ese hombre. La soltó tras dar un quejido y después prendió la luz del recibidor.

Cuando todo estuvo claro, visualizó una imagen que quedaría gradaba en su mente por el resto de su vida.

-¡Papás! –gritó, llevándose sus manos a su boca.

Sus padres se encontraban en el suelo, inconscientes, o quizá muertos.

Volteó al resto de lugar tratando de encontrar al causante de todo eso. Y nuevamente, aprendió que quien te causa dolor una vez, seguramente volverá a hacerlo.

-Lo siento Miyako, están muertos. –confesó cínicamente.

-No, no puede ser. –negó en un susurró.

-Vine a buscarte y me encontré con esto. –explicó Ken, cargando a Miyu. -En realidad, vine a buscar a mi hija, para llevármela.

-¿Los mataste? –preguntó con dolor, deseado en su corazón que la respuesta fuera negativa.

-No, no fui yo. Fueron las personas que desean encontrar a la futura portadora del emblema de la alegría. Vinieron a buscarte a ti y a Miyu, pero como siempre de tercos e inoportunos, tus padres interfirieron.

Miyako estaba sufriendo muchísimo. No sólo por la muerte de sus padres, sino que también por la inmensa sensación de abandono y decepción que Ken, sus acciones y decisiones le habían dado.

Y aún así, pese a la gran cantidad de razones y pruebas que Ken le daba, ella creía que, en el fondo, seguía el chico amable del que se había enamorado tiempo atrás. Pero no tenía tiempo para perderse en los recuerdos. Lo único que podía quitarle la oportunidad de respirar estaba en los brazos de un hombre que comenzaba a odiar.

-Yo no sé lo que está pasando Ken, pero te exijo que sueltes a mi hija. –habló con dolor, pero también con una fuerza inquebrantable, digna de toda mujer, y más de una elegida. –Miyu no tiene nada que ver en esto.

-Te equivocas, nuestra hija tiene mucha más participación en esto de lo que tú crees.

Miyako siempre descifraba la mirada de Ken. Ella sabía si estaba preocupado, nostálgico, alegre, pero en esa ocasión, era como si un escudo impenetrable de frialdad y cinismo le impidiera ver más allá de sus sentimientos. Por eso mismo, al verlo, la muchacha caminó y le arrebató a su niña, quien empezó a llorar.

-No vuelvas a meterte con nosotras, porque soy capaz de…

-¿De qué, Miyako? -interrumpió Ken. -¿De matarme?... tú no tienes las agallas.

El policía comenzó a acercarse lentamente, pero una alarma se escuchó por toda la ciudad.

Ambos sabían lo que significaba, un ataque de la resistencia, o un ataque de quienes buscaban información sobre el Digimundo. Ahora ya no había ninguna organización que velara por los amigos digitales, ni mucho menos alguna protección para los elegidos.

-Será mejor que cooperes, mi amor. Sólo quieren tu emblema.

-¡Jamás!

El sonido que venía de fuera era ensordecedor. Se escuchaban algunos disparos, bombas y derrumbes. Ken estaba a punto de decir algo, pero un fuerte dolor se apoderó de su cabeza, haciendo que inconscientemente soltara a Miyu, momento que la mujer de lentes aprovechó para rescatarla, afortunadamente la pequeña seguía medio dormida.

El hombre empezó a emitir algunos gemidos de agudo dolor, haciendo que Miyako se preocupara por él, aunque no debía hacerlo.

-Maldita oscuridad… jamás me dejara en paz. –musitó de manera casi inaudible, al menos no para su acompañante.

-¿Qué sucede?

Con algo de esfuerzo, aun en el piso, Ken levantó su mirada. Reflejaba un dolor agónico y un alma sombría.

-Vete Miyako. Si no quieres que tu hija o tú terminen como tus padres será mejor que te largues. Aprovecha que no me puedo mover… y no vuelvas a aparecer por mi vida, porque no responderé igual que ahora.

Era obvio que Inoue no quería dejarlo así, tan a la deriva del dolor que él sentía, ni tampoco dejar los cuerpos de sus padres sin darles la sepultura que se merecían, pero su hija importaba más, y si debía hacer eso para mantenerla a salvo de su propio esposo y del Digimundo, claro que lo haría, eso y más.

Ambos se miraron por última vez, ni siquiera dijo adiós, tomó algo de dinero que sabía a la perfección donde lo guardaba su mamá y se marchó, dejando atrás toda la vida que alguna vez vivió en sus sueños.

Sueños

Ni en sus más locos sueños se imaginó ser tan feliz.

Ese lugar era mágico, lleno de paz, tal cual su emblema representaba.

-Veo que te gusta mi sorpresa de luna de miel. –comentó el pelirrojo, abrazándola por la espalda, rodeándola con sus brazos.

Mayumi suspiró relajada.

-Sí, mi amor. Muchas gracias. Sesoko no es un lugar para nada económico. –agregó, sonriendo y acariciando su rostro, el cual estaba al lado del suyo.

-Tú vales mucho más. –lee besó la mejilla después de decirle esas dulces palabras.

Ambos se quedaron viendo hacia el horizonte, contemplando la belleza de la playa y de ese atardecer que hacía más perfecto el día.

-Le hablé a Miyako para saludarla, y le comenté que has decidido que nos quedemos por tiempo indefinido aquí, al menos hasta que te vuelvan a hablar para el trabajo.

Esa información hizo que Koushiro se separara y la mirara con escepticismo.

-¿Por qué le dijiste? –reprochó. –No quería que nadie se enterara, ahora ella le dirá a Ken y…

-¿Y qué tiene de malo? –preguntó con inocencia. –Ellos de nuestros mejores amigos, no creo que les moleste.

El pelirrojo se calló, estuvo a punto de hablar de más.

-No hay problema… es sólo que… quería mantenerlo en secreto, por favor no comentes con nadie más en dónde estamos. Aunque me dieron más días en el trabajo, se supone que estoy trabajando a distancia.

Mayumi sonrió y le besó la mejilla

-Sí, claro, en un lugar en el que apenas y hay línea de teléfono. Descuida pelirrojo, no creo que sea un problema, mientras… -May se volvió a acercar a su esposo. –Sigamos con nuestros planes de la luna de miel.

Después un romántico beso se hizo presente en ellos.

Koushiro estaba raro, como si ocultara algo, y en verdad lo hacía. Pero a tan sólo un par de días él había hecho una promesa, una promesa de cuidar a Mayumi por el resto de su vida, y eso no iba a cambiar, y si debía ser un traidor para conseguirlo, al menos disfrutaría de estar con su esposa el tiempo que pudiera, porque a fin de cuentas, él conocía muchos más misterios e información del Digimundo; su mente era única, al igual que su emblema y esperaría por una oferta que valiera una traición.

Se dejaron de besar para abrazarse, Izumi abrazó fuertemente a May, ocultó su rostro en su cuello y miró hacia el mar.

Él sabía sobre la guerra que se expandía por su ciudad, de momento no habían llegado noticias, pero pronto lo harían, era seguro que May querría regresar, por sus amigos y por su madre, pero sobre todo para defender al mundo que ahora estaba desprotegido.

Pero Koushiro no deseaba eso, lo que él quería era alejarse de todo eso, aunque pensó en una posibilidad, en esa misma que sus amigos habían aceptado, y quizá, meditándolo bien, ellos no estaban tan locos, después de todo, sólo estaría a juego un emblema.

Emblema

Extrañaba su emblema. Extrañaba lo que representaba.

Pero extrañaba más la razón por la que su cresta brillaba… por la esperanza. Rio con ironía. La esperanza ya no tenía lugar en su vida, ya no había luz, ya no había amor, ni sueños.

Tocaron a la puerta, haciendo que Hikari se sobresaltara un poco, ahora siempre estaría a la defensiva.

-Tranquila. –calmó Mimi. –Es lo que mandamos pedir para comer.

Yagami asintió y vio cómo su cuñada se colocaba una pañoleta en su cabello y se ponía unos lentes de sol para evitar que la reconocieran, pues ella era una figura pública que en ocasiones salía como ayudante en programas de televisión, y podía ser que de voz en voz llegara a oídos de Taichi que ella estaba allí.

Era un hotel bastante modesto, pero al menos tenía el servicio a habitación.

Pagó al botones la suma que se requería y entró al cuarto nuevamente, no sin antes ver que en la habitación de enfrente a una mujer que ingresaba con un bebé.

Moría por tener a su bebé en brazos, pero más que eso, deseaba darle una familia como la que ella tuvo, pero no podía, ya no. Debía protegerlo a como fuera.

Por ese día ella y Kari se quedarían en ese lugar, pero en cuanto se calmaran y pensaran bien la situación, deberían marcharse de allí.

-Aquí tiene algo para cenar. –ofreció Mimi.

-No tengo hambre. –expresó Kari, sin ningún sentimiento. –Además siento muy revuelto el estómago.

La chef tampoco tenía apetito, pero sabía que no se alimentaba por ella, también era por su bebé. Lamentablemente, Hikari no tenía un porqué para luchar, a la castaña casi ni le importaba lo que pasara. Le habían arrebatado algo peor que la vida, las ganas de amar, de sonreír… de vivir.

Vivir

Vivir escapando definitivamente no estaba en sus planes, pero si debía hacerlo para proteger a su hija era claro que lo haría.

Amai era lo más importante para ella, haría lo mismo que su madre hizo cuando era niña, reprimir su dolor y hacer frente a cualquier adversidad.

Hiromi pensaba eso mientras veía a Amai dormir plácidamente en la cama que alguna vez fue suya mientras vivía en ese departamento.

-Iori vendrá a buscarte. –irrumpió su madre, tomando asiento al lado de su hija.

La joven resopló. –Lo sé, y no sé qué haré cuando eso pase. No deseo verlo, ni mucho menos que intente algo que afecte a mi niña.

Sumire la miró con ternura, su hija se había convertido en una mujer.

-Ha habido otro ataque por parte de DATS. –informó después de un tiempo pertinente.

-Sí, lo vi en las noticias.

-Hiro, no quiero que algo les pase. Deben irse.

-Debemos irnos las tres, mamá. –corrigió. –No será sencillo, porque me estarán buscando. A mí, a mi emblema… y a Amai. Los niños tienen un grado de pureza que permite abrir las puertas y potenciar el poder de los emblemas. No quiero que mi hija se vea involucrada en esto.

Sumire tomó aire y aclaró su garganta, debía decirle algo importante.

-Hiromi… escucha. Yo seré un estorbo para ti. Estoy muy enferma, hija, y debes de saber que…

-¿Qué dices?

La mujer meditó bien las palabras que iba a decir.

-Desde hace muchos años tengo un problema en el corazón. Sin que tú lo supieras me he atendido un poco pero el medicamento ya no está dando resultados.

-Intentaremos con otro tratamiento de ser necesario, mamá. –se adelantó, se negaba a ver a su madre sufrir.

-Hija, cuesta mucho y ahorita lo que menos necesitas es otra carga. Así que yo te pido que tú te vayas con Amai, a algún lugar, buscaremos la manera de tener contacto pero yo no quiero irme y causarte molestias.

-Mamá, por favor. Desde que mi padre nos abandonó y después, cuando murió, lo único que has hecho ha sido cuidarme. Dame la oportunidad de hacerlo también yo. No quiero que pienses que eres un estorbo porque no es así. Yo te amo y quiero que mi hija crezca con su abuela y vea el ejemplo de lo que es ser una mujer fuerte.

-Amai te tendrá a ti, con eso será suficiente.

-No, así que no hay excusas. Nos iremos. Esta misma noche de ser necesario. –determinó, sin importarle los deseos de su madre.

Kawasaki sonrió ante la entereza de su hija.

Pero ese momento no duró mucho porque alguien azotó la puerta, entrando con decisión. Las mujeres se vieron con horror, sabían que sólo una persona más tenía la llave de entrada a ese hogar.

-Quédate aquí, intentaré convencerlo de que no estás.

Hiromi sólo asintió, cargando a su hija, tratando de esconderse en la habitación.

-¿Dónde está Hiromi? –se escuchó la imponente voz del abogado.

La mujer salió del cuarto, furiosa. Defendería con uñas y dientes a su hija y nieta.

-¿Qué manera es esa de entrar a mi casa Hida? –preguntó con enojo.

-Quiero saber en dónde está mi mujer y mi hija. Tienen algo que me pertenece.

-Pues aquí no están. Se han marchado Iori. Mi hija no está aquí, y nunca sabrás a dónde se ha ido. No volverás a hacerle daño. –con mucho esfuerzo, Sumire terminó de hablar, debido a que un dolor agonizante en su pecho empezaba a aparecer.

-¿Dónde están? Es importante. –exigió, alterado, nervioso y ansioso.

-No lo sé Hida, puedes buscarlas en la casa y te aseguro que no las encontrarás.

No hizo falta que le diera permiso, porque el abogado ya buscaba como loco algún indicio de ellas. Afortunadamente, lo poco que Hiromi había conseguido llevarse de su antigua casa, ya lo había guardado en el cuarto donde ahora se encontraba.

Iori movió muchos de los muebles que había, entró como ladrón a cada uno de los cuartos, y claro está que cuando entró a la pequeña habitación en donde estaba Hiromi, la señora se sintió morir ante el miedo de que fuera encontrada.

Hida entró, encendió la luz y notó que no había nada ni nadie.

-Te dije que no están aquí. Sólo vino a decirme lo que habías hecho y se fue. –expresó pausadamente. –Le pedí que no me dijera a donde iba, así no sabré nada y no podría decirte a ti o a alguien de DATS.

El hombre resopló con frustración, murmuró entre dientes un par de palabras, pero no fueron escuchadas por la mujer.

-¿Hace cuánto estuvieron aquí?

Kawasaki se encogió de hombros. –Un par de horas.

-No deben estar lejos, y menos con este clima. Debo encontrarlas y quitarle el emblema.

No dijo nada más, salió de la habitación y después del departamento.

Sumire no perdió tiempo y fue a poner seguro a la puerta, no sin antes ver por la ventana y (aunque estuviera en el segundo piso) a Iori subirse al automóvil y emprender marcha lejos de ese lugar.

Suspiró con algo de tranquilidad y se dirigió al cuarto donde había visto a su hija.

-Hiro, Iori ya se fue.

No escuchó nada, y eso la alertó, pero de inmediato notó que encima del ropero se movía algo.

-¿Cómo te subiste allí? –preguntó extrañada, pues era un espacio verdaderamente reducido.

Hiromi sonrió, se bajó con mucho cuidado, más con el que debió subirse.

-Vaya que si tienes agilidad. –comentó divertida al ver cómo se bajaba después de darle a Amai para sostenerla.

-Por algo soy deportista profesional. Ni sé cómo me subí, pero estuvo bien, así no me encontró. –comentó, sacudiéndose el polvo que le había quedado en la ropa.

Madre e hija compartieron una mirada. Una mirada de amor, de comprensión, de miedo… pero también de decisión. Debían irse lo más lejos que pudieran y empezar una nueva vida.

Vida

Entre las muchas coincidencias que da la vida, Hikari y Mimi se toparon con Miyako, quien había resultado estar en la habitación de enfrente. Al principio era claro que entre las tres desconfiaban de las demás, pero poco a poco se fueron dando cuenta que todas estaban en situaciones parecidas.

-No puedo creer lo que me cuentan. –mencionó Inoue, dando una pequeña cuchara de papilla a la pequeña.

-Todas estamos igual. A las tres nos ha cambiado la vida. –apoyó Mimi, acariciándose el vientre.

-Sí…

Un silencio incómodo y nostálgico se apoderó de ellas. No tenían ganas de hablar, pero sí de gritar y sacar esos sentimientos tan negativos que a cada segundo incrementaban en sus corazones.

-Debemos proteger los emblemas. –se aventuró a decir la embarazada.

Miyako y Hikari la voltearon a ver.

-Miyako y yo tenemos el emblema que nos corresponde. Debemos buscar la manera de obtener el emblema de la Luz, así ellos…

-Buscan el emblema del Amor, la Luz y la Pureza. Recuerda que estos tres pueden abrir las puertas al Digimundo. Fue lo que nos dijo Genai la última vez que lo vimos, antes de que…antes de que mis hijos murieran.

Pese al dolor, debían hablar sobre el tema.

-Entonces hay que buscar a Sora. –propuso Miyako, no se imaginaba a su amiga en los mismos problemas que ellas.

-Ya lo intenté, pero ella ni siquiera me respondió. Creo que está de acuerdo con los chicos. –comentó Mimi, con amargura, fijando su vista a otro punto.

-No, ella no sería capaz. –defendió Kari, sin creer que su amiga también la traicionara.

-Tampoco creímos que nuestros esposos y amigos fueran capaces de hacer lo que hicieron, y mira. –refutó con dolor. Las otras elegidas se callaron y aceptaron la posibilidad.

-Y, ¿Qué hay de Hiromi, May, Noriko y Momoe? –preguntó Kari, esperanzada a seguir teniendo una amistad lo suficientemente leal.

-No sé. Cuando fui a la casa de Tai, él estaba allí con Takeru, Ken y Yamato. No vi a Iori, tampoco a Izzy.

-May me habló el día de hoy para decirme que ella y Kou se quedarán por tiempo indefinido en Sesoko. –agregó Miya.

-¿No creen que es muy sospechoso? Uno de los lugares más costosos de luna de miel y ahora resulta que se quedan. Estoy segura que ya recibió el dinero del emblema y lo andan gastando. –expresó Mimi, rencorosa.

-Aún no sabemos. Ni de las demás. –defendió Kari.

Mimi meditó un poco, tenía razón, pero tampoco podía exponerse.

-¿Y qué proponen? –preguntó Miyako. –Ken está decidido a buscarme a mí y a mi hija. No me puedo quedar aquí esperando algún ataque o señal de que las cosas cambiaran. La organización de DATS está empeñada en abrir las puertas entre los mundos, sabe que necesitan los emblemas, y que nosotros los tenemos… o nuestros hijos.

El miedo y la incertidumbre estaban presente, pero a fin de cuentas eran elegidas, y sabían que debían actuar valientemente.

-Buscaremos un lugar para escondernos. –comentó Mimi.

-¿Debajo de un puente? –ironizó Hikari. –No tenemos dinero, ingresos ni trabajo de momento.

-Encontraremos algo. –defendió la castaña. –Hay lugares pacíficos, no muy poblados y no es probable que nos encuentren, ¿Qué dicen? Podemos empezar de nuevo. Si estamos juntas podemos protegernos y ayudarnos. Si cada quien sigue un camino distinto, en definitiva estaremos expuestas.

Las digidestinadas se miraron y pensaron seriamente.

-Yo realmente creo que puedo sola con mi hija, pero acepto que sería mucho más sencillo si tengo la ayuda de alguien más. Como siempre lo hemos tenido.

-No tengo dinero, ni equipaje, ni nada, ni siquiera mi emblema. Takeru me lo quitó.

-Lo que al parecer los chicos no recuerdan es que el emblema sólo es una representación, el verdadero emblema está en nuestros corazones. –trató de alentar la castaña, quien al parecer acababa de tomar el liderazgo. –Si nos mantenemos alejadas, no podrán cumplir con sus planes.

Hikari tenía la mirada perdida. Probablemente era quien peor lo pasaba, pero Mimi no se iba a rendir, jugaría hasta la última de sus cartas.

-Kari, escucha. –la ojimiel encaró a su amiga, sosteniendo sus manos. –Sé que las personas que más amas te han hecho daño. Traicionaron cada una de las creencias y esperanzas que tenías, y por si fuera poco…. hombres que ni te conocían se aprovecharon de ti. –los ojos de Yagami comenzaron a cristalizarse, y también los de Miyako que era testigo de toda esa amistad, también porque desconocía lo que le habían hecho a su amiga la noche anterior.

La mencionada ahogó un sollozo. –Ay Mimi, es que ya no tengo ninguna esperanza para seguir adelante.

-Claro que la tienes Hikari. No digas eso.

-Ya lo perdí todo.

-No, no es verdad. Aún estás viva, y lo estás por algo, así que aunque a nuestro alrededor tienes una oscuridad, tú aun eres…

-¡No lo digas! –interrumpió, separando sus manos de ella. –Ya no soy una luz. Una luz representa esperanza, y yo, yo ya no tengo ni esperanza, ni amor, ni nada. –se levantó y salió de esa habitación. Miyako trató de detenerla, pero era claro que la castaña iba decidida. – Me han quitado todo. Y si aún no me han quitado la vida no esperaré a que lo hagan Yo misma les ahorraré el trabajo.

Trabajo

Había puesto en peligro su trabajo por ayudar a una muchacha. Pero la verdad es que la historia de ella le conmovió grandemente, y no pudo resistirse a hacer algo por ella.

Sora ya estaba lista. La enfermera amablemente le había dado una muda de ropa, e incluso le había dado otra más para que la tuviera de repuesto, y por si fuera poco, le había conseguido un impermeable y un paraguas debido a la lluvia torrencial que había caído en la ciudad.

-De verdad que no tengo cómo agradecerle. Ha sido mi salvación. –dijo Sora, a punto de despedirse por la puerta en la que sacaban los desechos del hospital.

-No tienes nada que agradecer, sólo cuídate mucho, que tu esposo puede volver. –advirtió, como si supiera algo más.

-Lo haré, y le prometo que algún día regresaré y le pagaré.

-No, hija. No lo hagas. Está bien así. –tranquilizó.

-Pues la vida le pagará esto, se lo prometo. –dijo Sora, amablemente.

-Anda. –interrumpió la mujer, antes de que se entretuviera de más y el plan no funcionara. –Es tiempo que te vayas. Aquí tienes algo de dinero, una muda de ropa, algunas cosas que te servirán un par de días. Y también… -sacó de una de las bolsas del uniforme blanco un colige que a Sora le regresó la esperanza. –Creo que esto te pertenece.

-¿De dónde lo sacó? –preguntó con asombre e incredulidad.

-Cuando Ishida vino a pagar, noté que lo tenía en el bolsillo y lo agarré. No sé qué es, pero si fue el causante de tus desgracias, creo que al menos lo debes de tener tú.

Sora se sintió entre la espada y la pared. Por una parte deseaba tener el emblema y tratar de ayudar al Digimundo, pero por otra, deseaba alejarse de ese problema. Pero creía fielmente en las coincidencias, o mejor dicho, en el destino. Si el emblema había regresado a ella, era por algo, y no lo dejaría irse.

-Muchas gracias. Esto que ha hecho jamás lo olvidaré. –Sora repitió, casi con lágrimas en los ojos ante la nobleza de la señora.

Se dieron un abrazo corto, la enfermera le deseó lo mejor y la animó a retirarse. Cuando la sombra de la muchacha se perdió en la oscuridad de la noche, la mujer oscureció su mirada y sacó un teléfono celular. Marcó rápidamente un número y espero dos tonos antes de que una ya conocida voz le contestara.

-La muchacha ya se ha ido.

-Excelente.

Dialogaron un par de cosas más, hasta que la enfermera colgó el teléfono.

-Suerte, Sora. La necesitarás. -dio una curiosa sonrisa a la oscuridad y regresó a su labor.

Mientras tanto, la pelirroja caminaba por las oscuras calles. La ciudad se había vuelto peligrosa en sólo unos días, al grado que se daba un toque de queda.

Si eran después de las 10:00 pm, levantaban a cualquiera que anduviere en la calle sin razón alguna, como ella.

Estaba tan triste por todo lo que le había ocurrido. Tan desilusionada y se sentía perdida. Sabía que debía marcharse, empezar de nuevo con su vida, o mejor dicho, con lo que quedaba de ella. Rápidamente fue a la estación de trenes. Con el dinero que la enfermera le había dado, compraría un boleto en dirección a dónde estaba su madre, esperando que estuviera allí un par de días más.

Abrió su cartera y se llevó una sorpresa, allí ya estaba un boleto para dentro de quince minutos, y directamente a Osaka, el destino que tenía en mente, el lugar donde su madre se encontraba en la convención nacional de Ikebana. Sí que esa mujer le había ayudado más de lo imaginado.

Faltaban un par de minutos para que el tren llegara, por lo que decidió hacer una llamada desde un teléfono público. Llamó al hotel donde su madre siempre se quedaba, lo único que esperó fue el número de cuarto, mismo que la recepcionista otorgó.

-Mamá…

-Hija, Sora, qué bueno que me hablas. Vi en las noticias todo lo que está pasando en Odaiba, estoy a punto de irme para allá. Llamé a tu departamento, pero nadie me contesta, así que…

-No mamá, estoy… estoy bien. Voy rumbo a Osaka. Ya no puedo seguir aquí. –expresó con dolor y tristeza.

-¿Qué sucedió?

Sora no tuvo fuerzas para explicar algo, ni tiempo, porque el tren estaba a punto de irse.

Sin pensarlo más, abordó el tren, esperando una nueva oportunidad para olvidar todo lo que había vivido en esos días.

Días

Habían pasado días, que a su vez, se convirtieron en semanas.

Aquella noche de lluvia en la que llegó con su madre empezaba a ser un recuerdo borroso pero doloroso.

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La puerta de la habitación del hotel se tocó con debilidad. Toshiko esperaba esa llegada y abrió casi al instante.

En cuanto vio a la mujer frente a ella, se sintió aliviada, la abrazó amorosamente y la invitó a pasar.

-Mi niña, ¿qué fue lo que pasó? –preguntó alterada, acuñando su rostro entre sus manos.

La pelirroja estaba serena, se sentó en una de las dos sillas y respiró profundo, pensando las palabras adecuadas para decir. Takenouchi percibió sus ojos rojos e hinchados.

-Yamato y yo ya no estamos juntos. –comenzó con dificultad. Había sido un viaje largo y no sabía cómo actuar adecuadamente. –Él me traicionó, a mí, al Digimundo… a todos.

-Hijita, yo creo que estás exagerando, Yamato te ama, desde que eran unos críos tienen una relación tan hermosa que…

-¡No mamá!, siempre fue falso, lo único que quería era mi emblema. –gritó, ahora sí, rompiendo en llanto, recostándose en las piernas de su madre, mientras ella le acariciaba la cabeza. –Por... por su culpa perdí a mi bebé hace meses… él provocó el accidente, me lo dijo.

Toshiko abrió los ojos con horror, había visto lo que su hija sufrió ese tiempo.

-Me acababa de enterar que estaba embarazada, hace dos días perdí a mi bebé por su culpa, ya no seré mamá…

Había aguantado mucho durante esas horas. Ella ya no se consideraba fuerte, incluso llegó a pensar si en realidad lo había sido algún momento.

La florista no entendía muchas cosas de las que su hija decía. No entendía, pero lo que le partía el corazón eran las lágrimas de ella.

-La única esperanza que me quedaba era mi bebé, y lo perdí…

Sora no recordó lo que ocurrió el resto de la noche. Sólo que al día siguiente despertó acostada en la cama de la habitación, con un desayuno esperándola.

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-Hija, te estoy hablando. –llamó Toshiko por tercera vez.

Sora despertó de su ensoñación.

-Lo siento mamá, estaba distraída.

Ninguna de las dos se atrevió a volver a Odaiba, ni a quedarse en Osaka. Yamato sabía de la estancia de las Takenouchi, así que no podían arriesgarse.

Cuando Sora explicó con más detalle lo que ocurría, se marcharon y se fueron a Uji. No era el mejor lugar del mundo, era poblado y con bastante comunicación, pero es donde Haruhiko tenía una casa, misma que había sido de sus padres, de la cual Yamato, e incluso Sora, desconocían de su existencia.

Al menos era un lugar para esconderse del pasado, y más aún de DATS.

En días posteriores, se vieron muchos ataques, no sólo en Japón, sino que en todo el mundo. Muchas resistencias y rebeldes empezaron a aparecer inconformes ante las nuevas leyes, incluso se decía claramente que cualquier persona que tuviera información del Digimundo y no la compartiese sería castigado.

Afortunadamente, sus rostros todavía seguían ocultos, por alguna extraña razón, porque ella imaginaba que sus cara aparecería en cada esquina con la señal de "se busca", para intentar tener algo de información sobre ella o los emblemas.

Una vez que se instalaron en la nueva ciudad, Sora colocó un aviso afuera de la casa en la que dijera "modista", y consiguó trabajos menores arreglado ropa o confeccionando algunas, no era un ingreso seguro, pero al menos era una fuente económica para ayudar a su madre.

De sus amigas no supo nada más, intentó comunicarse con Mimi, pero nunca contestaron en su casa, y mucho menos quería arriesgarse a que la rastrearan.

En cuanto a su emblema, estaba muy bien guardado.

-¿Qué ocupas mamá?

-Pásame unas pinzas de corte, por favor. –pidió la florista, terminando uno de los arreglos que le pidieron para una reunión.

La pelirroja obedeció, e incluso ayudó a terminar el arreglo y lo llevó al lugar donde lo habían solicitado.

En el camino no tardó mucho, con las semanas que habían pasado se encontraba más consiente de la situación, pero no dejaba de preguntarse qué le había ocurrido a las chicas que le hacían sonreír y desear ser una mejor persona, es decir, sus amigas.

Amigas

Se dice que los amigos y amigas están juntos hasta el final, y si ellas seguían juntas, es porque aún no era el final, aunque pareciese.

Los días habían pasado tan lentos y agonizantes de muchas formas, habían intentado localizar al resto de sus amigas, pero era imposible. Tal vez se habían pasado al lado oscuro de DATS, o habían logrado escapar.

Sea como hubiese sido, ellas tenían más cosas de las cuales preocuparse.

Momentos después de que Hikari salió corriendo del hotel, la castaña se detuvo en la puerta, escuchó que Miyako la fue tras ella, pues Mimi, debido al estado de embarazo no podía correr.

-Kari, Kari por favor no comentas ninguna locura. –dijo la muchacha, tratando de detenerla, por miedo a que fuera a suicidarse o algo así, pero no hacía falta, no hacía falta porque la menor estaba congelada en la banqueta del hotel.

Se sentía incapaz de continuar con su pasó, debido a la escena tan espeluznante que veía a lo lejos. Fuego, humo, y gritos de desesperación.

Una guerra de humanos contra humanos, poder contra poder, se llevaba a cabo.

En medio de esa batalla, se vio claramente a un muchacho correr y tropezarse frente a ella. Y Hikari, en su increíble y asombroso misticismo, acudió a ayudar. Miyako se quedó pétrea, mirando a la distancia, tratando de reconocer su ciudad.

-¿Estás bien? –preguntó la de la Luz, ayudando a levantarse.

-Sí, no se preocupe. Estoy buscando a mis hermanos, son dos niños, de tres años… -el joven no dijo nada más, porque se quedó mirado a la muchacha. Ambas miradas se cruzaron, ese muchachito de a lo mucho unos dieciséis años despertaba en ella un sentimiento extraño y único.

Hikari no quiso preocuparse demás, no debía confiar en nadie, pero ese muchacho castaño, por alguna razón que no descifraba, fue la excepción, tal vez porque de alguna forma extraña le hacía recordar a su padre. Trató de negar esa posibilidad, cambiando de tema.

-¿Qué sucede? –preguntó, señalando la ciudad que se veía a lo lejos.

-Dicen que es un ataque, están buscando por toda la ciudad a algunos digidestinados… no sé qué emblemas buscan. –comentó agitado, pero firme. –Si yo fuera uno de esos elegidos…

-Les darías el emblema, ¿no? –ironizó, imaginando la respuesta.

El muchacho retorció su rostro ante la aberración que acababa de escuchar.

-¡Por supuesto que no! –explanó, ofendido. –Trataría de proteger el emblema, tal vez sería la única esperanza para acabar con la maldad de este mundo. Los digimons son criaturas asombrosas que unen a las personas, no tenemos porqué usarlos para el mal.

El chico irradiaba una luz, una luz cegadora para el alma, pero invisible a los ojos, una luz como la que hasta hacía unas horas ella tenía en su corazón.

-Son palabras hermosas, pero lamentablemente no son ciertas, chico.

-Claro que sí. Sólo porque una persona haya hecho las cosas mal, no significa que todos lo haremos. Sean quienes sean los elegidos, deben luchar. –la determinación del muchacho le hizo estremecer. De una forma vaga e hacía recordar a su padre, también al leal Taichi que en algún momento de su vida fue su hermano, claro que le evocaba la esperanza de Takeru, y por si fuera poco… le recordó a sí misma.

-¿Cómo te llamas? –se atrevió a preguntar, conmovida, pues le estaría agradecida para siempre por devolverle cierta luz.

El chico mostró cierta desconfianza.

-Saki.

Saki, era uno de los nombres que le gustaban, así tenía pensado ponerle a Kotaro en un principio, por lo que tener el recuerdo de sus hijitos le hizo sentirse vulnerable nuevamente. Miyako también escuchó las palabras, y empañó sus lentes ante la aglomeración de sentimientos.

Una fuerte explosión se escuchó, haciendo que, por un instinto inexplicable, Hikari tratara de proteger a ese muchacho.

-La oscuridad viene hacia acá. –susurró el castaño. –Debo buscar a mis hermanos.

Dicho esto, el adolescente se fugó con una rapidez asombrosa, llevándose consigo mismo la poca esperanza que despertó en Hikari.

Mimi apareció detrás de ellas, tenía cargando a Miyu, además de eso, tenía en la otra mano dos crestas, la de ella y la de Miyako, sin embargo, la cresta de la Pureza brillaba con fuerza.

-Los emblemas. –comentó Miyako al observar a su amiga.

-El poder de los emblemas está activado frente a la oscuridad. –comentó Mimi, en un susurró.

Las chicas vieron la escena.

Gente corriendo, gritando, explosiones y fuego por todas partes.

No sabían qué hacer, hasta que en el cielo se vio una abertura entre varias dimensiones.

-Es el Digimundo. –expresó Miyako, cargando ahora si a su bebé, tratando de mantenerla a salvo entre sus brazos.

-Y el Mar de la Oscuridad. –determinó Hikari, al ver esas manchas oscuras.

Nuevamente las chicas se miraron. Quisieran o no, eran parte de eso.

-Pues sí ya llegamos hasta aquí… no nos cuesta nada seguir defendiendo lo que creemos. –la voz de Hikari se escuchó resonando en el corazón de las muchachas.

Yagami era valiente, valerosa, pero sobretodo, era una luz que brillaba en medio de la oscuridad.

Mimi sonrió por ver a Hikari así, brillando en su interior. Volvía a ser la niña de la luz… no, nunca había dejado de serlo, mejor dicho, había reencontrado su luz.

-¿Qué hacemos? –preguntó la de los lentes.

Mimi observó su emblema, lo tomó entre sus manos y lo alzó al cielo junto a su dispositivo.

Las demás chicas vieron ese gesto y la imitaron.

-Palmon.

-Hawkmon.

-Gatomon.

Mencionaron los nombres de sus fieles amigos, depositaron esperanza, sueños y un amor incondicional hacia ellos… la clave para abrir las puertas.

Se vieron caer varias luces desde el cielo, parecían estrellas fugaces, Mimi lo identificó como aquella vez en que las luces cayeron de una aurora boreal para situarse frente a ella y convertirse en un dispositivo, pero en esta ocasión fue diferente, no era una simple luz ni era un dispositivo, era algo mucho mejor…

-¡Mimi! –el grito de alegría proveniente de esa luz devolvió la paz a la mencionada, Palmon estaba con ella. Ya no estaría sola.

Los otros dos digimons se reunieron con sus compañeras.

-Hikari, sentí una poderosa luz y supe que se refería a ustedes, supe que era tú quien me llamaba. –dijo la gatita, siendo a brazada por su amiga.

-No tienes idea de lo mucho que me has hecho falta. –musitó la joven, al borde las lágrimas.

No hubo tiempo de intercambiar más palabras, porque se observó a lo lejos, un bulto de negrura espeluznante, dirigiéndose a la conexión de ambos mundos.

-Debemos pelear. –lideró Gatomon.

Los otros digimons le siguieron, digievolucionando a sus máximos niveles.

-Es increíble. –mencionó Hikari, en un suspiro.

Si ella no tenía la cresta, físicamente, no la necesitaba, porque su luz interior era más radiante que nada, sabía que estuviera donde estuviera, el emblema brillaba.

A una distancia lejana se apreciaban otras luces, pero no se distinguían en medio del humo y el polvo que había en todas partes, pero no les dieron importancia.

Los tres digitales volaban alto, peleando contra ese ser de oscuridad que les era desconocido, ni sabían su nombre, ni podían hacer nada más que esperar algún milagro.

Entre la oscuridad, y los destellos de luz que albergaban esperanzas el tiempo transcurría a velocidad, hasta que una luz completamente blanca llegó desde un punto detrás del edificio de donde estaban las elegidas, dejando una estela de luz que toda aquella persona que la vio se llenó de esperanza. Tal vez el mundo sí tenía otra oportunidad para reunirse con sus amigos.

Dicho espectro de luz fue directo al misterioso Digimon, y acabó con él.

En ese segundo, se sintió una paz, un aura de luz alrededor del lugar.

La puerta al Mar Oscuro se cerró, ojala que para siempre.

-Fue muy poquito tiempo el que estuvimos juntas otra vez. –musitó Salamon, que se encontraba atrás de las muchachas que seguía atónitas por todo el acontecimiento.

Hikari y las demás se voltearon de inmediato, reuniéndose con sus camaradas.

La de la luz colocó sus brazos, para que Salamon se subiera en ellos.

-¿Qué quieren decir?

-Acabamos de destruir a Dark.

-¿Dark?

-Él fue quien mató a tus hijos Hikari. –se adelantó Palmon.

Yagami vio a lo lejos la cruenta batalla que se había llevado a cabo. De cierta forma, agradeció a esos seres digitales que "vengaran" la muerte de los seres que más había amado en su vida.

Un par de luces aparecieron en cielo de nueva cuenta.

-Cuiden sus emblemas. Son la llave para que las puertas se vuelvan a abrir. –dijo Salamon, empezando a levitar y a dirigirse hacia la luz.

-No tengo mi emblema, me lo quitaron. –expresó Hikari.

-Sabes que no nos referimos a la cresta, sino al corazón. –corrigió Tanemon. –Ahorita la oscuridad está neutralizada, pero volverá, con más fuerza, y deben estar preparadas para eso.

-Nos volveremos a ver algún día. –prometió Salamon, desapareciendo en medio de la luz junto a dos de sus colegas.

Las sirenas de ambulancias y policías se empezaron a escuchar, algunas pasaron frente a ellas.

-Regresemos al cuarto. –propuso Hikari algo aturdida.

Fue la última en dejar la calle, regresó su vista, esperando encontrar al chico de la esperanza, ese tal Saki, pero no vio nada, sólo le deseó suerte, esperando que él hubiera encontrado a sus hermanos.

Hermanos

Le hubiese gustado tener hermanos, bueno, toda la vida un moreno con cabello peculiar le dijo que era su hermano. Sin embargo, esa amistad ya estaba finita, según las últimas palabras que escuchó de Mimi, Taichi había actuado mal, infería que se había hecho lo mismo que Yamato.

Pensar en él le causó un mal sabor de boca nuevamente… literal… sintió muchísimo asco, y no sólo eso, sino que también un mareo que la estaba tumbando. No faltaba mucho para llegar a su casa y entregarle a su madre el dinero que había conseguido por el arreglo floral, por lo que hizo un esfuerzo y siguió caminando, pero cada paso, se hacía más agónico. Si pensaba detenidamente, desde que regresó del hospital, ella había tenido esos síntomas, supuso que eran por la falta de alimentación que había sufrido, y claro, por la depresión en la que, por más que dijera que no, estaba.

Cuando no pudo más con ese mareo, se recargó en una pared, pero poco a poco fue perdiendo el conocimiento.

.

Despertó en una habitación. Supuso que era un consultorio o una enfermería, no reconoció el lugar porque probablemente no había estado allí, así que se enderezó un poco y trató de levantar.

-Me alegra que ya despertaras. –dijo una enfermera. ¿Qué tenía que las enfermeras la seguían?

-¿Dónde estoy?

-Es un centro comunitario. Unas personas te encontraron desmayada cerca de aquí y te trajeron. –informó mientras le quitaba una cinta que tenía en la articulación, demostrando que le habían sacado sangre..

Sora asintió, tratando de recordar.

-¿Cómo te sientes?

-Bien, no sé por qué me desmayé. –dijo la pelirroja, poniéndose en pie.

La enfermera rio un poco, lo cual le pareció grosero a la paciente.

-El doctor Tanaka te dirá pronto. –comentó con una sonrisa. –Ahora le hablo para que venga a verte.

Dicho lo anterior, la enfermera joven salió de la recamara. No pasaron más que dos minutos cuando el médico entró con unos papeles.

-Buenos días, espero que estés mejor por el desmayo. –comentó. –Te di un tranquilizante, pero descuida, no les afectara.

El médico le pidió que respondiera algunas preguntas para abrir un expediente, desde su nombre, edad, etc…

-No sé por qué me pasó eso. No me desmayo con frecuencia… ¿tengo algo? –cuestionó preocupada, no quería darle otra carga a su madre.

El doctor sonrió con amabilidad.

-¿Acaso no lo sabe, Takenouchi?, consideré que lo sabía debido al tiempo. –comentó, inocente, recargándose en el escritorio.

Sora se mostró escéptica a lo que le decía. -¿Saber qué?

El doctor volvió a sonreír. –Está embarazada.

Esa palabra retumbó en su mente.

No podía ser cierto.

-No… eso no puede ser… -expresó con desconcierto.

Tanaka se incomodó al ver la cara de la pelirroja.

-Bueno, si no quiere el producto, hay maneras de interrumpir el embarazo, o de darlo en adopción una vez que nazca.

Sora empezaba a respirar con dificultad, pero trató de aclarar esa situación.

-No es eso… es… es que hace poco más de un mes tuve un aborto involuntario… estuve internada una noche en Odaiba. Me dijeron que había perdido a mi bebé.

-Pues debe haber un error. –comentó, extrañado. –Después de los exámenes de sangre que le hice, me tomé la libertad de hacerle una ecografía. –mostró los papeles los análisis de sangre y el eco.

Sora los tomó dudosa. Pensaba que era una broma de mal gusto.

-Pero tuve un sangrado muy fuerte, yo… yo vi la sangre, estuve en el hospital… ¿cómo es eso posible? –preguntó, sin poder creerlo, empezando a empañar sus ojos.

-Si quiere, averiguaré sobre su caso en el hospital, sólo dígame el día y la hora en que ingresó y pediré su historial médico.

Sora explicó a grandes rasgos su situación personal entre sollozos, ya no por aquel portador de la amistad, sino por la noticia tan maravillosa de saber que no había perdido a su bebé.

El médico le explicó que probablemente era por un desprendimiento de placenta, pero como quiera le aconsejó guardar reposo y no hacer mucho ejercicio para evitar cualquier otro acontecimiento de tal naturaleza.

Sora tenía los ojos cristalizados por toda la mezcla de emociones.

Tras escuchar las indicaciones del médico, regresó a su casa, ahora sí, mucho más tranquila, relajada, feliz, pero sobretodo, esperanzada.

-¡Sora! –la recibió su madre, aliviada. -¿Por qué tardaste tanto? Fui a buscarte pero no te vi en el camino ni nada.

La pelirroja no se contuvo más y comenzó a llorar. No era como el llanto con el que recibió a su progenitora el día que llegó de Odaiba, este llanto era liberador, se liberaba de la culpa, de un resentimiento hacia ella misma, era una esperanza centellante que la recibía feliz.

Ambas se sentaron y Sora aprovechó para explicarle.

-Mamá… ¿recuerdas que te dije que había tenido un aborto?

La florista asintió con miedo.

-Claro, no es que me alegre de que perdieras a un bebé, pero sabemos que incluso en este siglo las madres solteras son mal vistas, sobretodo en este lugar de Uji, son muy tradicionales respecto a las costumbres. Y en definitiva no me hubiera gustado que anduvieras de boca en boca por todo el pueblo.

Esa información hizo reflexionar a Sora. Estaba tan feliz por saber que tenía a su bebé, que no se detuvo a pensar en las consecuencias de dicho embarazo.

-Y ni hablar del bebé, en este pueblo sería considerado como un…

-Mamá… los médicos se equivocaron… no perdí al bebé. –interrumpió.

-¿Qué dices?

Sora humedeció sus labios, tocó su vientre, buscando fuerzas desde su interior y habló. –Estoy embarazada.

Embarazada

Estar embarazada era un estado complicado. Estaba feliz y al instante podía estar en una depresión por no encontrar alguno de sus zapatos, por lo que Mimi trataba de calmarse el mayor tiempo posible, pero era una tarea muy complicada, aunque esos días no se había centrado en eso, pues había estado ocupada observando a su amiga Hikari.

Ella era todo un caso. Era especial, y por lo mismo, no sabía cómo tratarla siempre.

Pero algo había llamado su atención. Durante ese mes en el que se quedaban juntas en un pequeño departamento en las afueras de la ciudad, escondidas de los chicos, que aunque no debían hacerlo ya, puesto que la guerra había terminado, no querían volver a verles las caras ni saber nada de ellos, porque a fin de cuentas, habían traicionado todas y cada una de las creencias que tenían, y quién sabe, incluso se podía volver a la guerra si encontraban los emblemas. En fin, en ese mes Hikari casi no comía y se la pasaba vomitando, se mareaba fácilmente y lloraba a menudo; supuso que era por el shock que había tenido frente a la batalla que a penas y duró unos minutos, pero que esas situaciones físicas empezaron a preocuparle después de que de manera despreocupada, Hikari le dijera a Miyako que no había tenido la regla en ese mes.

Fue cuando la intuición femenina se puso alerta y comenzó a observarla con mayor detenimiento, y ese día, todas las piezas del rompecabezas encajaron.

-Kari, debes comer algo, podrías enfermarte. –comentó Miyako, tras recoger la mesa y ver el plato de Hikari, a medio revolver.

-No te preocupes, sólo es por hoy.

-No Hika, llevas así un mes, recuerda que de niña tuviste problemas de anemia. No me gustaría que algo así te pasara de nuevo.

-No te mortifiques, ya se me pasará.

Si las náuseas, vómitos matutinos, mareos, dolores de cabeza y el sentimentalismo no eran suficientes, algo que delató a Hikari era su mirada.

Pese a su semblante triste y decepcionado, tenía una mirada de amor, de tranquilidad… de luz.

Por lo que Mimí sabía que Hikari estaba embarazada.

Esa misma tarde, sonsacó a la castaña para que la acompañara a su cita con el doctor y tuviera su revisión médica.

-Todo está en orden, Mimi. –dijo, mientras limpiaba el vientre de la sustancia gelatinosa que le pusieron para la ecografía. –En unos meses tu hijo nacerá, grande y fuerte

Esas palabras fueron un alivio para la mujer. Pronto terminaría la espera. Sonrió feliz.

-Ahora traigo los ecos para darte uno y programar tu próxima cita. –informó la doctora mientras salía.

Mimi se visitó y se sentó al lado de Hikari.

-Me da mucho gusto que todo vaya bien con tu bebé. –comentó Hikari, sincera.

La de la pureza observó bien a su amiga, tomó aire y se destinó a hablar.

-Kari… ¿cómo te has sentido?

La castaña desvió la mirada. –Bien, supongo.

En definitiva, la actitud no reflejaba "bien" para nada.

-¿No quieres aprovechar para que el médico te revise? –preguntó, como no queriendo la cosa.

Hikari hizo gesto de confusión. -¿Por qué?

Mimi se humedeció los labios y resopló, haciendo tiempo para pensar en las palabras adecuadas y menos alarmantes.

-Kari… -Mimi le tomó las manos. –Desde que pasó lo de Taichi y Takeru, pues… he observado ciertos síntomas en ti.

-¿De qué hablas?

-Pues que frecuentemente tienes mareos y nauseas, yo creo que… estás embarazada.

Yagami abrió los ojos con sorpresa, negando de inmediato.

-No… no… no es posible. Esos hombres no me harán más daño, Mimi. Todas las noches tengo pesadillas, reviviendo esos momentos en los que me acorralaron y se aprovecharon de mí. –comentó con dolor en sus ojos. Se puso de pie y comenzó a dar vueltas por la sala de consulta.

-¿Y no has pensado que puede ser de TK? –preguntó, ella creía que era del rubio, es más, nunca pasó por su mente que fuera de otro.

Ante eso, la llamada luz se descompuso totalmente. En esas semanas, ella había intentado ser fuerte, trataba de no llorar, pero siempre que el rubio volvía a parecer en sus pensamientos y en el recuerdo de su corazón, lloraba sin remedio.

-No… no Mimi.

-¿Hay alguna posibilidad?

Kari se mordió el labio y asintió un poco vergonzosa.

-Pero no quiere decir que esté embarazada. Estos síntomas pueden deberse a otra situación. –comentó, tratando de negar lo inevitable, pero al instante se preocupó. -¿Y si los que abusaron de mí… me contagiaron alguna enfermedad?

Tachikawa se llevó una mano a la boca, ni siquiera se había planteado esa posibilidad. Se levantó a darle un abrazo a su amiga, quien lucía mal por esa incertidumbre.

-Tranquila, Kari… no creo que…

-¡Ya basta! –pidió, alejándose de ella. –Ya no quiero que me traten como una niña indefensa y vulnerable, sí, tal vez lo sea, y sí tal vez me sienta como lo peor, pero sí soy una mujer fuerte, y no quiero compasión de nadie, Mimi. Si estoy enferma, bien, me trataré, y si tengo un bebé, pues…

La del cabello largo sonrió, esa era la Hikari que no había visto, pero que sabía que siempre había estado allí.

Estaba a punto de decir algo, pero el médico entró con unos papeles en la mano.

Sin embargo, Yagami lo interrumpió y le comentó sobre su situación, el doctor la escuchó y le dispuso a hacerle las pruebas necesarias para saber si tenía alguna enfermedad, o estaba esperando un bebé.

Las pruebas tardaron un poco, por lo que ella y Mimi salieron a comer algo, pues el departamento estaba bastante retirado, aunque eso sí, cuidando de no exponerse demasiado por miedo a que se toparan con alguno de los chicos. La de la pureza aprovechó para ver algo de ropa para bebé y distraerse un poco. También le habló a Miyako para que no preocupara por la ausencia de ellas, pues debían esperar un poco más.

Cuando el tiempo establecido para los análisis se cumplió, Hikari esperaba pacientemente en la información. El doctor hizo pasar a la muchacha. Tanto ella como Mimi se sentaron frente al escritorio. El médico abrió los papeles, humedeció sus labios, tomó aire y con semblante serio comenzó a hablar.

-Tranquila, Yagami. No estás enferma de ninguna infección de transmisión sexual.

La de la luz, suspiró con algo de paz, a final de cuentas era una buena noticia.

-Pero… -un "pero" casi siempre traía algo malo, haciendo que las dos chicas pusiera atención. –Tus sospechas eran ciertas, estás embarazada.

Hikari sintió como un balde de agua fría en su cuerpo. Mucho miedo se apoderó de ella. En esos momentos no tenía posibilidades de salir adelante, ¿cómo le haría con un bebé?

Durante ese mes habían salido adelante gracias a los ahorros que Miyako y Mimi tenían, ella trató de buscar un trabajo como maestra, pero todos sus papeles se habían quedado en el departamento que compartía con Takeru, además que no podía exponerse a ser encontrada, por lo que sólo consiguió un par de trabajos para cuidar niños.

-Me has contado tu situación y pues, es probable que ese bebé sea el fruto de una violación. Puede interponer una demanda por esos hombres, pero en visto que no recuerdas lo que ocurrió esa noche, puedo recomendarte un…

Yagami sabía que el hombre iba a decir un aborto, ella también lo había pensado, para qué mentir, sin embargo… tenía una esperanza diferente ahora. Algo que le envidiaba a Mimi y a Miyako, ellas tenían un por que para luchar, ella estaba sola, y no quería estarlo. Si la vida le ponía en su vida un regalo para cuidarlo, lo haría. Estaba hablando de una vida, no sabía quién el padre de esa criatura que crecía en su vientre, pero si sabía que él o ella necesitaría de amor, a él o ella también lo habían lastimado, era una víctima más, y Kari, no le haría más daño, después de todo… amaba a los niños y la inocencia que le emanaban.

En el fondo deseaba saber quién era el padre de ese bebé, pero tampoco estaba segura de querer hacerlo. Podía ser un hombre que en definitiva no conocía, que se había aprovechado de ella, a quién probablemente no volvería a ver y que tampoco deseaba verlo; y por otro lado, podía ser de Takeru. Un escalofrío recorrió su cuerpo sólo de pensarlo. Ya no quería nada que la atara a él. Él le había hecho mucho daño, incluso quería borrar su recuerdo de su mente, pero en definitiva no podía. Un bebé de él no reemplazaría a Akari y a Kotaro, a sus ángeles de luz que le habían dado tanta alegría y tanto dolor.

No sabía qué era mejor para ella, no sabía con cuál de las opciones debía quedarse.

Pero lo que sí sabía, es que esa vida que crecía dentro de ella, era la oportunidad de empezar de nuevo.

-No. –habló, interrumpiendo al doctor. –Este bebé no tiene la culpa de nada.

Mimi sonrió, esa era la luz que ella conocía, era la luz que no podía ser extinguida ni con la cruenta oscuridad, porque ahora sí, todas un destello de esperanza que no volvería a ser borroso.

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En el capítulo 4: Refracción temporal

-Koushiro se pondrá feliz cuando le diga que estoy embarazada.

-La esperanza y el amor son más fuertes que el dolor que puedas sentir.

-Escucha, yo sabía lo que iba a ocurrir con los digimons, si no dije nada, fue porque me ofrecieron mucho dinero.

-¿Todo es tu culpa?

-El único emblema que falta es el tuyo, el de la Paz es reciente, aunque no puede abrir las puertas entre los mundos, sí lo puede remunerar bien.

-¿Mientras tanto qué haremos?

-Aquí tienes a tu bebé.

-Aiko… se llamará Aiko.

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Notas de la autora:

¡Ah!, lo siento tanto, estos meses fueron muy pesados para mí. Tantas ideas, tan poco tiempo: mi examen profesional, mi tesis, (cabe mencionar que ya soy Licenciada en Educación Primaria), miles de exámenes y papelería que tenía que terminar, una nueva obsesión (HTTYD2 jejeje) .

Por lo que traté que este capi quedara un poco más largo de lo acostumbrado, para que la espera valiera la pena

También quiero mencionar, que estoy un poquito triste, recibí dos mensajes de personas y un review diciendo que traicioné a mis fics porque escribí de otro fandom.

POR SUPUESTO QUE NO!

Mis fics los voy a terminar y seguiré escribiendo en Digimon, pero también me gustan muchas otras cosas, les quise dar una oportunidad, porque también forman parte de mi vida y me han hecho ser lo que soy, como si fuera la única que lo hace chicos, por favor, es más, lo invito a explorar más mundos.

En fin, en este capi vimos que Sora no perdió al bebé, y por el spoiler que les di ya saben cómo se llamará. También Kari está embarazada, no es que se hayan puesto de acuerdo, si leen mis otros fics, era la época en la que todos estaban esperando bebés jiji, aunque la pregunta es… ¿es de Takeru?

Por cierto, se acerca del 1° de agosto, ¿ya tienen su fic conmemorativo?, Nada más les digo que se cumple quince años!

Muchas gracias a quienes han estado al pendiente de mí, vía Facebook y Tumblr, les prometo tardar menos (espero)

Muchas gracias por leer y a quienes comentan también, me animan muuucho

Dios los bendiga

**Amai do**

Publicado: 20 de julio de 2014