El joven desgarbado le aguantó la mirada a Enjolras con una sonrisa casi imborrable, se levantó y caminó hacia él, saludando con un efusivo "¡Apolo!", que, por alguna razón, hizo que Enjolras no supiera si sentirse alegre de volver a verle o enfadado por el apodo tan desastroso que aquel chico había decidido ponerle. El joven se acercó a él, quedando muy cerca, lo que hizo que Enjolras se sonrojara, pensando que pretendía algo, sin embargo, R se limitó a coger la funda de su guitarra, que descansaba en la pared, justo detrás de Enjolras. Courf y Marius se rieron en bajito por la metedura de pata del chico, incluso Combeferre dejó ver una sonrisilla divertida, lo que hizo que el pobre rubio deseara que la tierra le tragara en ese mismo instante. El único al que no pareció importarle fue a R, que en seguida llevó la mirada al dueño del local y le murmuró algo como que le vería esa noche. Enjolras se mantuvo en silencio durante todo el rato, sintiéndose como un completo inútil frente a ese chico, mientras, los demás ya se habían dado un paseo por todo el local y estaban dispuestos a irse a ver los demás.
-Hey, ¿estás bien?- Se escuchó preguntar a Combeferre, que posó una mano en el hombro del rubio, preocupado. Esto sirvió para llamar la atención de todos, incluido R, que se acercó y le dio una palmada en la espalda.
-¡Apolo! ¿Qué te pasa? Yo que creía que te alegrarías de verme –Comenta, en tono burlón, con una sonrisa- Aun tenemos una discusión acabar, ¿recuerdas? –Continuó, siempre en ese tono que le sacaba realmente de quicio, ¿acaso todo eso era una broma para él?
-Sí, estoy bien –Contestó, muy frío, el joven rubio, dedicándole una mirada despectiva a R.-Si va a ser una broma para ti, no pienso seguir. No es ningún juego. –Contestó, obviamente molesto, haciendo que R se sorprendiera y alzara las cejas, poniéndose serio.
-No es ninguna broma, Apolo –Se apresuró a contestar, esbozando una media sonrisa- Así que cuando quieras. Ya sabes dónde encontrarme.-Finalizó, revolviéndole el pelo con una sonrisa socarrona y saliendo fuera del local. De nuevo, R le había retado, y de nuevo, él era incapaz de negarse, pero ese no era el momento, tenían cosas que hacer, y como líder, tenía responsabilidades.
Después de haber mantenido una pequeña conversación con el dueño del local, que era un tipo alto, grande y que parecía que podría aplastarte con una sola mano (y que, sin embargo, era bastante agradable), salieron fuera, descubriendo a R en el parque de en frente, sentado y tocando la guitarra, junto a una larga cabellera roja, con una corona de flores y ropa llamativa con estampados psicodélicos y floreados que iba descalza. Tenía la cara oculta tras un cuaderno en el que parecía estar escribiendo algo. Courfeyrac, que siempre se caracterizó por hacer bromas de todo, le dio un codazo a Marius y señaló con la cabeza a esa persona misteriosa que acompañaba a R.
-Fíjate en esa hippie, Marius, no sabía que sabían leer –Comentó, entre despectivo y bromista, haciendo que Marius sonriera divertido, Combeferre simplemente le dio un codazo, insinuando que debía ser más educado, algo que por supuesto no iba a ocurrir, de hecho, decidió arriesgarse un poco más.-¡Eh, tú! ¡La hippie! ¿De qué comuna te has escapado? –Le gritó, carcajeándose con Marius. Enjolras se limitó a mantener la mirada despectiva ante aquel elemento tan ridículo.
Tanto R como la cabellera roja alzaron la cabeza hacia ellos, R estaba preparado para levantarse y decir algo, pero su acompañante se limitó a negar con la cabeza y llevó la mirada directamente al chico que le había gritado, sonrojándose un poco. Courfeyrac se dio cuenta entonces de que no se trataba de ninguna mujer, y estuvo a punto de mofarse aun más, pero entonces sus miradas se cruzaron, y se mantuvieron así durante unos segundos, hasta que R se levantó y el chico le siguió como si de su hermanito pequeño se tratase. Por un momento, Courf quiso seguirles, pero Combeferre le agarró y tiró de él, echándole la bronca por ser tan poco ético y descarado. Por otra parte, Enjolras se había limitado a observar a R con su guitarra, sin saber cómo actuar o reaccionar, y menos después del comentario de Courf; temía que ya no quisiera volver a hablarle, y ni siquiera estaba seguro de por qué razón le daba miedo, si apenas le conocía, y todo lo que habían hecho era discutir sobre política y ponerse motes, ya que ninguno de los dos sabía su nombre real.
Tras el encontronazo, siguieron caminando, se podía ver a Enjolras y a Courfeyrac bastante apagados, pensativos. En Enjolras era algo normal ver que estaba serio, incluso distraído, pero la eterna sonrisa de Courfeyrac era de esas cosas que si desaparecen, se nota al momento. 'Ferre trató de animarle, incluso Marius, el nuevo, lo intentó, pero el chico estaba dentro de una burbuja, recordando la mirada de aquel hippie; no sabía si sentía remordimientos por haberle ofendido, o si sentía rabia por sentir dichos remordimientos, era un simple hippie, se metía con ellos día sí y día también, aguantando miradas como esa todos los días, y aquella vez, por alguna razón, parecía todo tan diferente, Él parecía tan diferente…
Después de una mañana agotadora observando locales, todos optaron por el primero, más por el precio que por la calidad. Para celebrar el haber encontrado un buen local, decidieron ir a comer a una cafetería-restaurante cerca de la casa de Courf, que dio la casualidad de que era el lugar donde conoció al tal R, por desgracia para Enjolras, su nuevo "amigo" no se encontraba allí, aunque, como descubriría más tarde, no andaba muy lejos de allí. Mientras comían, a Enjolras se le ocurrió mirar por la ventana que tenía al lado, encontrándose de frente con una corona de flores que se dirigía directamente hacia la cafetería. Al rubio le decepcionó ver que iba completamente sólo, sin embargo, al verle sentarse en una mesa sin nadie, pensó que quizá habían quedado allí. Para su sorpresa, sí que había quedado con él allí, solo que él ya estaba allí.
La puerta que daba hacia la cocina se abrió y de ahí salió R, con su aspecto habitual. Para entonces todos habían reparado en la presencia de ambos personajes, que se encontraban a una sola mesa de distancia, y sin embargo ninguno de los dos parecía haber reparado en ellos hasta que el pelirrojo saludó con la mano a Courfeyrac, que llevaba un buen rato mirándola con mal disimulo. R llevó la mirada hacia ellos y saludó, a algunos con desgana, pero a Enjolras le dedicó una sonrisa entre amigable y desafiante, que el rubio no pudo sino contestar con un ruede de ojos, resultaba absurdo, aunque en el fondo le encantaba que le mirara así, de alguna manera se sentía especial, y además, cuando discutía con él, no era como cuando discutía con cualquier otro, era muchísimo más agradable y entretenido.
R se acercó a la mesa para saludar mejor a Enjolras, y quizá fulminar con la mirada a Courf y Marius por reírse de su amigo descaradamente. Courfeyrac se dedicó a bajar la mirada y, tras echarle una mirada a sus amigos, se levantó y le cedió su sitio a R, que se sentó haciendo un gesto con la cabeza, como agradecimiento, mientras, Courf se fue a la barra a pedir una copa. R sonrió a Enjolras, quien le miró alzando una ceja.
-¿Vienes a continuar la pelea? -Preguntó, medio desafiante, mientras apoyaba los brazos en la mesa. R amplió la sonrisa y se paso una mano por los despeinados rizos antes de comenzar a hablar. Los demás se limitaron a observar, Combeferre estaba sentado junto a Enjolras, controlando todo lo que hiciera o dijera, pues sabía lo belicoso que se ponía su amigo con temas como aquel. Marius estaba junto a R, observándole con cierta curiosidad, pensando que, para ser hippie, era bastante diferente a lo que dicha palabra se refiere.
-Tengo un descanso, así que si quieres...-Se limitó a decir, manteniendo la sonrisa socarrona, que parecía imborrable cada vez que el rubio aparecía.-¿Por dónde íbamos...? Ah, sí, creo que te dije que no había ningún futuro con eso que pretendías -Comentó, casi divertido, pero a la vez serio y desafiante. Enjolras frunció el ceño y los labios.
-Desde luego, con gente como tú, jamás va a haber futuro.-Espetó, muy tranquilo, sabía que era una batalla ganada.- Lucho por mis derechos, y por la libertad de éste país, ¿por qué luchas tú? Si se puede saber...-Alzó una ceja, Su rival se mantenía igual de tranquilo que él, y no sabía cómo tomarse eso.
-Lucho por salir adelante.-Contestó sin más, encogiendo un poco los hombros.-Lucho por el arte, la belleza...Lucho por las cosas que amo -Continuó, dejando sin palabras a todos los que estaban en la mesa, casi se pudo oír como los dos oyentes tragaban saliva a la vez, pero Enjolras no, Enjolras rodó los ojos.
-Menuda sarta de tonterías, por favor.-Contestó, dando un ligero golpe a la mesa, 'Ferre posó la mano en su hombro para calmarle.-Pues yo lucho por mi país porque lo amo, ¿te parece suficiente?-Alzó ambas cejas y dio por terminada la discusión, sin embargo, espero la posible respuesta de su rival, que sonrió suavemente.
-Me parece una razón admirable, M'sieur, y me inclino ante usted -Respondió, haciendo un ligero gesto con la mano que aludía a una reverencia medio burlona. Enjolras se dio por satisfecho, aunque no sentía que hubiese ganado, sino que aquel chico le hubiese dejado ganar.
-Gracias. -Dijo, tragando saliva, y le miró fijamente.-¿Me vas a decir ya tu verdadero nombre o vamos a seguir siendo extraños el uno para el otro? -Preguntó, ladeando la cabeza. No es que quisiera cambiar de tema, pero la verdad es que le parecía algo necesario, ese chico ya no era un simple idiota con el que se había cruzado y había discutido, de algún modo se había convertido en su amigo, por muy exasperante que fuera.
-La verdad, Apolo, es que estás en lo cierto.-Comentó, sonriente, el chico desgarbado, que le miraba con sus intensos ojos azules, con una mezcla de diversión y de algo que era incapaz de identificar.-Mi nombre es Grantaire -Confesó al fin, tendiéndole la mano sobre la mesa. Enjolras correspondió, esbozando una ligera sonrisa.
-Yo soy Enjolras, líder del grupo que va a traer a Francia la ideología punk.-Explicó, sonriendo y alzando el mentón con orgullo. Grantaire mantuvo aquella sonrisa casi indescifrable para él y asintió, soltando su mano al poco.-Oye, Grantaire, deberíais venir tú y tu amigo a nuestros ensayos alguna vez.-Propuso Enjolras con una ligera sonrisa. Al mencionar al amigo de Grantaire, todos se giraron hacia la mesa de al lado, descubriendo que ni el pelirrojo, ni Courfeyrac estaban allí, se habían esfumado.
Resultó que, mientras Grantaire y Enjolras discutían, y los demás prestaban atención a la pelea, Courfeyrac había ido a hablar con aquel chico que le había petrificado con una sola mirada. Se acercó con la copa que acababa de pedir y se sentó frente a él, observándole como si fuera una especie de espejismo, el joven, tímido, saludó con la mano.
-Ho...Hola...M-me llamo Courfeyrac -Comenzó diciendo, tragando saliva al verle tan de cerca. El chico tardó un rato, pues era demasiado tímido, pero acabó asintiendo.
-Tú eres el que me gritó el otro día.-Consiguió decir, con timidez, el chico, ocultando la cara en su corona de flores.-Me llamo Jean, pero prefiero Jehan.-Continuó, dejando ver sus ojos entre mechones de pelo y pétalos de rosa. Courfeyrac se sonrojó, avergonzado de que le reconociera por eso, y asintió. El chico en seguida sonrió al notar la vergüenza reflejada en su rostro.-No me importó, descuida.-Dijo, con una voz suave y distraída.
-Ya, bueno...-Se pasó una mano por los rizos, despeinándoselos un poco.-Soy un poco bromista.-Se excusó, encogiendo los hombros. Al escuchar a Enjolras tras él discutir, miró a Jehan con una media sonrisa.-¿Te parece si nos vamos a dar una vuelta?-Propone, alzando una ceja, divertido.
-Una idea encantadora.-Contestó con su voz suave y tranquila, que hacía que Courfeyrac se estremeciera de vez en cuando. Jehan se levantó con cuidado, colocándose la corona de flores con una ligera sonrisa. Courf se levantó a su vez y se plantó a su lado, abriéndole la puerta con educación.
Pasaron un buen rato paseando, bromeando y hablando de unas cosas y otras, nada que tuviese demasiado sentido, quizá alguna conversación sobre poesía o lo mal que estaban los estudios, nada mucho más serio, y todo acababa en risas. Acabaron sentados en un parque, Jehan recogiendo flores que guardaba entre sus piernas, Courfeyrac al lado observando con atención cada movimiento que el chico realizaba, tan concentrado que, cuando Jehan se acerca a él para trenzarle una margarita en el pelo, apenas se da cuenta de lo que ocurre hasta pasados unos segundos. En otra ocasión ni siquiera se habría dejado tocar el pelo, y menos por un sucio hippie, pero aquel chico tenía algo especial, algo que le impedía siquiera odiarle o tenerle algún tipo de asco; todo lo que hacía, decía y respiraba era perfecto a los ojos de Courfeyrac, era encantador y enternecedor, y no le disgustaba en absoluto.
Echaron el resto de la tarde haciéndose trenzas con flores el uno al otro, jugando y gastando bromas, pero la noche estaba cayendo, y Jehan temía no encontrar a Grantaire, tenía que volver a casa con él, y Courfeyrac tenía que volver con sus amigos, de los que ni siquiera se había despedido al irse. Courf se ofreció a acompañar a Jehan hasta el café para ir a buscarlos, pero ellos ya no estaban allí, así que decidió acompañarle hasta casa y después volvió a la suya, donde se encontraban Enjolras y Combeferre cruzados de brazos, claramente enfadados por su desaparición.
-¿Se puede saber dónde demonios estabas, Courf? Te hemos buscado por todas partes, Grantaire casi se vuelve loco, pensaba que habías secuestrado a su amigo el de los pies descalzos.-Le regañó Combeferre, tratando de ser lo más indulgente posible con el asunto.
-Se llama Jehan.-Se apresuró a contestar, casi indignado, y les miró, tragando saliva.- Estaba dando una vuelta con él, sólo quería disculparme por lo de antes...-Comentó, rascándose la cabeza para descubrir las margaritas trenzadas en sus rizos negros. Enjolras también se fijó y frunció el ceño, y desde luego el no sería tan indulgente como lo era 'Ferre.
-¿Qué demonios te ha hecho ese hippie en el pelo? -Preguntó, levantándose para observarlo.-Dios, Courf, debes estar de broma...Son hippies. Enemigos. ¿Es que no eras tú el primero que se burlaba de ellos? ¡Son unos blandos que no hacen nada por la revolución! -Reprendió, obviamente molesto, por suerte Combeferre estaba ahí para pararle los pies antes de que siguiera.
-Tu amigo R también es hippie, y no veo que tengas ningún problema con eso.-Espetó, algo molesto con las palabras de su amigo.-Jehan es muy diferente, ¿vale? Está dispuesto a luchar tanto como cualquiera de nosotros, y además es muy buena persona.-Continuó, algo más tranquilo.
-Grantaire no tiene nada que ver con ésto.-Contestó Enjolras, apretando la mandíbula.-Y teníamos cosas que hacer hoy, ¡nos has dejado plantados por un hippie!-Combeferre agarró a Enjolras por los hombros y le obligó a calmarse mientras miraba a Courf con el ceño fruncido.
-Vamos, chicos, es igual...Nosotros hemos pasado la tarde con Grantaire y tú con ese chico, tampoco es el fin del mundo, no teníamos nada sumamente importante que hacer.-Contesta, tranquilamente, Combeferre. Courfeyrac agradeció que estuviese allí para poner orden, de otra manera habrían acabado a golpes hasta decidir que era el momento de perdonarse.
-Siento haber desaparecido, chicos...-Terminó por disculparse, y Enjolras a regañadientes terminó por aceptar las disculpas dándole una suave paldama en la espalda. Combeferre sonrió a ambos y se fue a hacer la cena en cuanto hubo comprobado que todo estaba en calma y que no habría problemas.
Las cosas fueron distintas para Jehan, que al entrar en casa temía que Grantaire estuviese enfurecido y a punto de explotar, y sin embargo, se encontró con Grantaire totalmente dormido en el sofá, cerveza en mano y la cena casi recién hecha, con una nota en la que se podía leer "Espero que lo hayas pasado tan bien como yo ésta tarde, pero la próxima vez avisa". Ésto hizo sonreír ampliamente al pelirrojo, que se sentó en el sofá junto a su amigo y comenzó a comerse la cena tranquilamente mientras escribía versos de vez en cuando.
Grantaire siempre había sido como un hermano mayor para Jehan, desde que le conoció. Siempre habían compartido un gusto muy fuerte por el arte, y se protegían el uno al otro si había algún problema, aunque normalmente era Grantaire el que no temía dar la cara por él. Cuando Jehan se sentía mal, o estaba enfermo, Grantaire le tocaba la guitarra, o letrenzaba flores en el pelo, alegando que eso le daba un toque más alegre, y al final se convirtió en una costumbre de ambos. Cuando se daba el caso contrario, Jehan le escribía y leía poesías, y se quedaba junto a él inventándose historias fantásticas que siempre lograban animarle. Eran los perfectos hermanos, y se querían como tal, incluso con sus cosas malas. Jehan sabía de sobra lo descuidado y despistado que era Grantaire, así como Grantaire sabía que Jehan iba a su aire, que era un espíritu libre, la única preocupación de ambos era que le pasara algo al otro, pero confiaban el uno en el otro, sabían que eso no sería tan fácil, y menos cuando pasaban los días juntos, genralmente.
Al día siguiente, Grantaire se despertó con su amigo abrazado a él, lápiz en mano y un cuaderno con versos en la mesa. La cerveza que tenía la mano estaba vacía, y supuso que se la habría terminado anoche, pese a que no lo recordara. Le acarició un poco el pelo a Jehan, sin llegar a despertarle, y se levantó para hacer el desayuno de ambos, aquel día tenía planeado ir a clase para hacer "algo productivo". Tras haberse arreglado un poco, salió con una mochila casi vacía en dirección a la facultad. Como de costumbre, había un montón de estudiantes en plena revuelta en algunas de las facultades vecinas. Dichosa casualidad, mientras esquivaba a aquellos estudiantes, se chocó de frente con unos rizos rubios como el oro, unos ojos azules como el cielo, y un rostro tan hermoso como el del mismísimo Apolo. En efecto. Había chocado con Enjolras. Éste le miró, pensando que había venido a rebelarse junto a los demás, y al no ser capaz de negarle nada ante su mirada de emoción, simplemente le dio la razón y, sin saber cómo, acabó entrando en la revuelta junto a él.
