Desde la revuelta en la universidad, Grantaire y Enjolras parecían inseparables, y de hecho lo eran, Grantaire siempre estaba dispuesto a acompañar al rubio a cualquier manifestación o a cualquier lugar al que el chico quisiera ir, y Enjolras siempre necesitaba de su apoyo para sentirse mejor, porque si alguien que no creía en la causa estaba tan dispuesto a estar a su lado, tan mal no lo estaría haciendo, y eso era lo que realmente levantaba el ánimo del joven cada día, estaba seguro de que podría hacerle cambiar de opinión al final. No obstante, las discusiones estaban a la orden del día entre ambos amigos, Enjolras jamás había sido una persona capaz de demostrar ningún tipo de sentimiento hacia otra persona, mientras que Grantaire era todo ternura con todo aquel al que consideraba amigo.
El problema vino cuando, una mañana, Enjolras fue a buscar a Grantaire y se lo encontró totalmente resacoso, tumbado alrededor de una gran variedad de botellas vacías. Nunca había soportado a los borrachos. Y si sumaba ese rencor a las continuas peleas y piques, el resultado era que, por muy inseparables que fueran, Enjolras parecía despreciar a Grantaire, tratándole siempre como a un crío insoportable, y aunque Grantaire se dejaba pisotear, de vez en cuando no podía evitar mostrarse dolido por el trato de Enjolras, y durante ese tipo de peleas, los dos lo pasaban mal, siempre se solucionaba horas después con un Grantaire que se disculpaba por cosas que ni siquiera había hecho, a sabiendas de que su querido amigo jamás iba a dignarse a tal cosa, y lo último que quería era perder a alguien a quien le tenía tanto aprecio y, sobre todo, admiración.
Los demás aguantaban aquella relación como podían, ya que a veces, por parte de Enjolras, no quedaba sólo entre Grantaire y él, debía pedirle consejo a sus dos mejores amigos, Courfeyrac y Combeferre, que ya estaban hartos de la misma historia día sí día también, Courf solía bromear con que parecían más una pareja que unos simples amigos, y a veces no parecía estar desencaminado: todos veían algo más que una amistad, al menos por el lado de Enjolras, y la actitud de Grantaire les hacía sospechar que por su parte también. Desde luego nadie se atrevía a insinuarlo de otra forma que no fuera la burla, y eso era suficiente para hacer enrojecer a Enjolras y sacar su lado de niño enfadado y avergonzado, así que era mejor no comentarlo.
Un día, Enjolras entró en casa de Courfeyrac tras una pelea con Grantaire, sin llamar, por supuesto, estaba acostumbrado a que la puerta estuviese abierta y a encontrarse a sus dos amigos, cada uno a su actividad favorita, pero aquel día no había nadie en el salón, se oían unos murmullos en la habitación, así que era posible que estuvieran ahí estudiando, por muy raro que resultara. Se dirigió hacia el cuarto y abrió la puerta rápidamente, descubriendo a sus dos amigos sin camiseta, besándose, aunque en seguida se separaron al ver que él estaba allí. Enjolras no entendía demasiado bien lo que acababa de ver, se había quedado petrificado, ¿a eso era a lo que se dedicaban sus dos mejores amigos cuando él no estaba? Ya estaba demasiado enfadado, así que se dio la vuelta y los dejó ahí, aunque Combeferre le persiguió para poder explicárselo todo, y el chico, que siempre había confiado en la sensatez de Combeferre, termino por ceder y escuchar.
Hacía varios meses, casi un año, que Combeferre le había echado agallas y le había dicho a Courfeyrac que aquello no era una simple amistad, no estaba seguro de qué sentía, pero sabía que le deseaba con todas sus fuerzas cada día, era algo de lo que llevaba tiempo avergonzándose, pero aquella noche parecía la indicada. Enjolras le pidió que le contara la historia, creía que merecía saberlo, después de todo, son sus mejores amigos.
Según empezó a contar, se trataba de una noche de lluvia, las preferidas de Combeferre; él estaba encerrado en casa, y Enjolras ni siquiera había salido de la suya, así que estaba solo, admirando la lluvia desde la ventana mientras dibujaba. Courfeyrac no tardó en llegar, con el pelo y la ropa mojados, Combeferre trató de hacer el menor caso posible, ya que lo que venía a continuación era, nada más y nada menos que un striptease gratuito por su parte, y no estaba dispuesto a dejarse avergonzar de esa manera. No obstante, se vio obligado a mirar cuando unos pantalones mojados le cayeron directamente en la cabeza. Combeferre se los quitó de inmediato, fulminándole con la mirada, aunque verle en ropa interior hizo que toda su cara se quedase blanca como la leche, totalmente, lo que preocupó a Courf, que fue hacia él y le miró, sabiendo que no era una reacción normal en él. Combeferre nunca había sido muy bueno con las confesiones, y aunque era un chico que presumía de ser razonable y para nada impulsivo, en aquel momento su única respuesta ante la preocupación de Courf fue darle un beso y separarse rápidamente, dispuesto a huir de casa, pero la mano del chico le agarró rápidamente y tiró de él para devolverle aquel beso, ésta vez más largo, y deseado por ambos.
Nunca habían hablado antes sobre sentimientos, pero entre las bromas de Courfeyrac y la elasticidad de Combeferre se podía apreciar algo más, algo en lo que nadie había reparado hasta que, sin previo aviso, ocurrió. Aquella noche fue inolvidable para ambos, ni siquiera fueron capaces de dormir tras haberse demostrado todo lo que sentían el uno por el otro, simplemente se limitaron a abrazarse totalmente desnudos, con una manta como única censura, hasta que amaneció. Prefirieron no contarle nada a Enjolras, era demasiado pronto, demasiado difícil de asumir, y al final se convirtió en un secreto que solo ellos dos sabían.
No formalizaron ninguna relación jamás, de hecho, a Combeferre no le importaba que Courfeyrac se acostara con más gente, sabía perfectamente cómo era él y no pensaba restringirle, quizá porque estaba seguro de que él era el único, el más especial, y eso le hacía sentir mucho mejor sobre ese tema. Tenían siempre un plan para darle esquinazo a Enjolras si querían tener un momento a solas, y la milagrosa aparición de R fue casi un regalo para ambos, pues siempre se lo llevaba y les dejaba más tiempo para ellos.
Enjolras atendió a la historia, sintiéndose algo incómodo algunas veces, pero no le dijo nada, en realidad se alegraba por ellos, no tenía inconveniente mientras siguieran estando a su lado, jamás había tenido problemas con la homosexualidad, en realidad, era un tema que estaba fuera de sus preocupaciones, tenía cosas mejores en las que pensar. No mucho después de la conversación, alguien llamó a la puerta, y Courfeyrac, que volvía a tener camiseta, fue a abrir, Combeferre fue a imitarle y se metió en la habitación para ponerse las gafas y la camiseta.
Courf abrió la puerta, descubriendo a R junto a una cabellera roja que parecía haber salido de una lluvia de flores. No pudo evitar sonreír al verle allí, y por un momento se queda embobado, pero R empezó a hablar, preguntando por Enjolras, que al momento de verle fue hacia la puerta y le miró con resignación.
-No me mires así, Apolo, que te he traído un regalo…-Comentó R, sonriendo de lado, socarrón. Si no tenía la total atención del rubio antes, en ese momento la captó del todo.-Pero te vas a tener que venir conmigo…A solas.-Alzó una ceja, mirándole, esperando su aprobación.
-¿Un regalo? –Preguntó Enjolras, cruzando los brazos, y terminando por suspirar.-Sigo enfadado contigo, R, no pienso moverme hasta que escuche una disculpa.-Alzó el mentón, muy firme y serio, y el moreno mantuvo la sonrisa socarrona.
-No vas a oír ninguna disculpa hasta que no salgas.-Le contestó, cruzando los brazos e imitando su pose de una forma burlona, haciendo que Jehan riera suavemente, y que Courf le siguiera. Enjolras gruñó por lo bajo, yendo hacia él.
-Muy bien, vamos…-Lleva la mirada hacia Jehan- Y él, ¿qué? –Pregunta, no con desprecio, sino más bien curioso por saber si iría con ellos, la verdad es que ni siquiera sabía cómo se llamaba, así que resultaba incómodo.
-Jehan ha venido a visitar a su nuevo amigo. –Comentó R, sonriendo de lado y llevando la mirada a Courf, y aunque no dejaba de sonreír, su mirada era amenazante, Courf supo en seguida que si pasaba algo lo pagaría bien caro.
-Muy bien, pues…Nos vamos –Le dijo a Courfeyrac, que al momento asintió y dejó pasar a Jehan. Enjolras se despidió alzando un poco la voz para que Combeferre, que justo salía de la habitación, se enterara de que se iba, éste se despidió de él y observó a Jehan mientras Enjolras y R desaparecían pos la puerta.
Courf se pasó un buen rato embobado con Jehan, perdiéndose en cada reflejo de su pelo, pero al salir Combeferre de la habitación se vio en un total aprieto. Sabía que le gustaba 'Ferre, desde ni siquiera recordaba cuándo, pero aquel chico hippie, desde que le miró, le había puesto el mundo patas arriba. Desde que le conoció había dejado de acostarse con gente, excepto con su amigo, al que se arraigaba y con el que se convencía de que no sentía nada por un sucio hippie, pero al terminar sabía que se estaba engañando, y lo vio todo más claro al tenerlos a ambos allí.
-Oh, tú debes de ser el amigo de R, encantado, soy Combeferre.-Dijo, colocándose las gafas y acercándose a Jehan para estrecharle la mano con una cálida y amigable sonrisa. Jehan se quedó mirando embobado sus gafas, pestañeando un par de veces, no dijo nada al principio, simplemente observó las gafas.
-Me gustan tus gafas, brillan mucho.-Comenta, sonriendo leve, y entonces es cuando estrecha su mano.-Soy Jehan.
-¿M-mis gafas? Gracias…Supongo.-Contestó Combeferre, sonriendo algo contrariado, y al soltarle la mano, se las quita para dárselas, ya que veía en la expresión del joven que lo estaba deseando. Jehan cogió las gafas con la ilusión de un niño en navidad y se las puso, intentando ver algo.
-Combeferre, estás completamente ciego.-Contestó Jehan, abriendo mucho los ojos, devolviéndole las gafas y pestañeando un poco para recuperar su visión, Combeferre se limitó a reír y se puso de nuevo las gafas.
Courfeyrac sintió un pinchazo de celos ante las buenas migas de esos dos, y no paró con el numerito de las gafas, resultaba que Combeferre y Jehan compartían un gusto por la lectura que Courfeyrac no, y durante la mayor parte de la tarde, mientras ambos comentaban obras y Combeferre le explicaba cosas a Jehan, Courfeyrac estuvo viendo la tele, enfurruñado, pues se suponía que Jehan venía por él, no por Combeferre, y se suponía que Combeferre le quería a él, no a un hippie que acababa de conocer. No pudo darle muchas más vueltas porque, de repente, algo cayó encima de él, haciendo que se sobresaltara, y al mirar qué había caído sobre él, le sorprendió ver a Jehan justo encima suya, cuando sus miradas se cruzaron, un sentimiento conocido volvió a estremecerlos a ambos, Jehan se apartó al instante, rojo como un tomate y avergonzado. Combeferre, desde su sitio, observaba sin preocupación alguna, divertido incluso por lo que había hecho el pelirrojo, y se levantó.
-Chicos, debo irme a comprar, intentad no destruir la casa en mi ausencia.-Comentó, poniéndose una chaqueta y dirigiéndose a la puerta. Courfeyrac sabía que eso no era del todo cierto, sí que tenía que hacer la compra, pero no se iba por eso. A los ojos de Courf, 'Ferre era todo un santo, el mejor chico con el que podría estar; no le importaba si traía ligues a casa, incluso estaba dispuesto a desaparecer hasta que hubiesen terminado, era algo que Courf agradecía con toda su alma, y sin embargo, estaba dispuesto a dejarle escapar sólo por volver a mirar los ojos de aquel hippie de nuevo. Se sentía todo un monstruo.
El resto de tarde que pasaron a solas se basó en ver programas malos en la pequeña televisión del salón hasta que se cansaron, después Jehan cogió un libro de poesía y se sentó delante de Coufr, usándole como respaldo, y comenzó a leerle algunos de los poemas que más le gustaban, mientras él se entretenía trenzándole el pelo con bastante habilidad. Por mucho que Courf lo deseaba, no ocurrió nada entre ellos, todo quedaban en bromas que hacían enrojecer al pobre Jehan hasta parecer un tomate. En una ocasión, Courf se levantó a coger algo y tropezó, cayendo encima de Jehan, por suerte consiguió apoyar los brazos en el sofá antes de aplastarle, pero ambos rostros quedaron muy juntos, y Jehan se puso tan rojo que estuvo durante unos minutos hecho una bola en el sofá hasta que Courf consiguió animarle para que alzara de nuevo la cabeza.
A las horas, Combeferre volvió con un montón de bolsas y les miró, sonriendo divertido al ver que estaban jugando, como dos niños pequeños, al tú la llevas. Dejó las bolsas en la cocina y se acercó al recordar un mensaje que tenía para Jehan.
-Hey, Jehan, antes me encontré con R, dice que no te olvides de que es vuestra noche o algo así –Comenta, colocándolse las gafas, mirándole, Jehan se paró en seco, seguido de Courf, y dio una palmada, recordando al instante lo que esas palabras significaban.
-¡Lo había olvidado! Seré estúpido…-Refunfuña y los mira a ambos, apenado- Debo irme cuanto antes a hacer unas cosas, ¡pero nos volveremos a ver! –Sonrió amplio a ambos y les puso una de las flores que llevaba en el pelo a cada uno en la oreja a modo de despedida, después, salió de allí corriendo, dejando a Courfeyrac y Combeferre uno frente al otro, mirándose fijamente.
Combeferre se acercó a él, mirándole con duda en el rostro, y Courfeyrac, por el contrario, se quedó quieto, mirándole con una mezcla de tristeza y seriedad que no eran para nada propias de él. Estaba preparado para decirle que no podían seguir con lo que fuera que tuvieran, estaba preparándose para decirle adiós a su mejor amigo. Se miraron a escasos centímetros, y Combeferre, al ver que quería hablar, simplemente esperó a que dijera lo que tuviera que decir.
-No podemos seguir.-Dijo Courf, muy serio, sin quitarle la vista de encima y dando un paso hacia atrás para mirarle bien.-Creo…Creo que me he enamorado de otra persona…Y no puedo, no, no quiero hacerte daño.-Continúa, ni siquiera se atrevía a mirarle a los ojos, a mitad de frase había bajado la mirada, y al terminar, le vuelve a mirar, viendo que se mordía el labio.
-Es él, ¿verdad? –Pregunta, lo más tranquilo posible, mientras se coloca las gafas- Debí darme cuenta cuando desapareciste con él, pero preferí pensar que sólo querías ligar con él por diversión.-Contestó, sin apartar la mirada, y asintió, suspirando.-Muy bien. Agradezco que te hayas molestado en decírmelo, sé que podrías haber seguido utilizándome.-Contestó, y al ver que Courf no decía nada más, pasó por delante de él para volver a irse. Nadie se lo impidió, Courf entendía perfectamente que necesitara huir de allí, él mismo quería salir corriendo.
Unos minutos después de aquello, Enjolras llegó a casa acompañado de R, y se encontró a su amigo sentado en el sofá, abrazado a sus rodillas y ocultando la cara entre éstas. Preocupado, le preguntó qué había ocurrido, y nada más terminar de explicárselo, R le puso una mano en el hombro para animarle y miró a Enjolras, levantándose, éste se limitó a asentir, como si se comunicaran con la mirada, y salió de allí al momento. Courf supuso que tendría cosas que hacer con Jehan, por lo que había dicho Combeferre antes.
Nada más salir del apartamento, dejó que sus pies le guiaran hacia cualquier parte, sólo quería esconderse en algún lugar donde nadie le molestara. Tras cuarenta minutos de dar vueltas, terminó en un bar no muy apartado y casi vacío en el que el único ruido era el de una vieja radio y el de unos hombres que tomaban copas sin parar, mientras él seguía con su primera copa ellos ya habían bebido cinco al menos. La puerta se abrió, despacio y alguien entró y se quedó de pie frente a Combeferre, que aun tenía señas de haber estado llorando. Éste último le miró de reojo, descubriendo unos rizos desgarbados y morenos que pertenecían nada más y nada menos que a R.
-Hey, R…¿No tenías cosas que hacer con Jehan?- Preguntó Combeferre, con la voz aun quebrada, girándose un poco hacia él. El chico le dedicó una cálida sonrisa y se sentó junto a él.
-Sí, le he avisado de que podría tardar un rato.-Contesta, apoyando un brazo en la barra y pidiendo lo mismo que Combeferre. -¿Cómo te encuentras? –Preguntó, preocuado.
-No creo que exista una definición para describirlo, aunque podría consultar el diccionario.-Esa fue la respuesta de Combeferre, que dedicó después una amarga sonrisa al chico. R se limitó a posar una mano en su rodilla.
-El amor es algo irracional para alguien tan listo como tú, ¿eh?- Le dijo, alzando una ceja, sonriente. Había dado en el clavo. Combeferre dejó que otra lágrima recorriera su mejilla, asintiendo, y R le puso una mano en el hombro.
-Ahora puede resultar doloroso, y con razón.-Comentó, asintiendo, Grantaire.-Pero pronto descubrirás que si de verdad amas a alguien, lo mejor que puedes hacer es dejarle ir.-Continuó, aquello se ganó la completa atención de Combeferre.-Y te darás cuenta de que si él puede ser feliz con otra persona, significa que tú también puedes, sólo tienes que darle tiempo.-La mirada sincera de Grantaire y sus palabras hicieron que Combeferre se relajara, aunque no se sintiera mejor.
-Eso resulta muy lógico.-Comentó, sonriendo amargo de nuevo.-Supongo que tienes razón…
-Verás, Combeferre…Ahora parece el fin del mundo…De tu mundo, más bien, pero si de verdad quieres a alguien, siempre mirarás por su felicidad antes que la tuya.-Grantaire se pausó unos segundos, y Combeferre le miró atentamente, curioso por saber cómo acababa aquella frase.-Y si él es feliz con otra persona, aunque duela, eso te hace sentir bien, significa que todo va bien.-Finaliza, sonriendo un poco, mientras le mira. Combeferre sonrió menos amargamente esta vez, y bajó la mirada, asintiendo.-Lo que quiero decir es que no debes enfadarte y darle la espalda, sois amigos, debes apoyarle, y verás como la vida te acaba sonriendo a ti también.-Añadió, al ver que Combeferre no estaba dispuesto a hablar.
Combeferre apenas conocía al chico que tenía delante, era prácticamente un extraño que quedaba con su mejor amigo, sin embargo, todo aquello que le había dicho le había llegado al corazón. Tenía toda la razón del mundo. Aquel chico le había hecho ver la situación de una forma lógica y razonable, lo cual agradecía, porque en aquel momento era incapaz de razonar por sí mismo. Aquel extraño se había convertido en su amigo desde aquel momento.
-Gracias, R…-Dijo, alzando la mirada, con los ojos rojos y húmedos, pero sonriente.
-Anda, ven aquí.-Contestó, sonriendo divertido, y se abalanzó sobre él para darle un amistoso abrazo, reconfortándole, incluso haciendo que riera un poco. Al separarse, R le quitó las gafas y le dio un pañuelo.-Sécate esas lágrimas, no querrás que Enjolras y Courf se preocupen más, ¿no? Tu desaparición les ha dado un disgusto tremendo.-Comentó, sonriendo de lado, mientras observaba cómo se secaba los ojos.
-No, no quiero –Negó con la cabeza, mirándole.- ¿Estaban muy preocupados? –Preguntó, curioso, haciendo una bola con el pañuelo.- Normalmente suele ser al revés…
-Sí, y por eso vas a volver y les vas a dar un buen abrazo, después de disculparte por un comportamiento tan poco ético, egoísta y para nada razonable.-Contestó, divertido, Grantaire. Combeferre pensó que aquel desconocido parecía saber más de él que el propio Enjolras, pero no dijo nada y se limitó a asentir levantándose tras pagar la copa, volvió a agradecer a R lo que había hecho por él y se dirigió a la puerta, despidiéndose y saliendo después de allí, directo al apartamento para seguir el consejo de su nuevo amigo.
