Los soldados se desparraman por la tienda de campaña, algunos duermen, otros fuman para aliviar tensiones y por último, algunos otros conversan animadamente intentando olvidar por unos segundos el conflicto en el que se encuentran involucrados. Uno del último grupo, un chico pecoso, crespo y alto ante la insistencia de sus compañeros algo ruborizado saca del interior de su bolsillo una fotografía llamando la atención de muchos, entre ellos Alfred que curioso observa sentado desde una caja a lo lejos.

-Bueno…y esta es mi novia

-¡Hahaha! hombre, está buenísima, ¡como te deje ya sabrás con quien estará!

-¡He-heeey!

Las risas inundan la tienda de campaña y Alfred no puede evitar sonreír también ante la escena mientras limpia su fusil, se siente culpable, pues a pesar de la sonrisa en su rostro…detrás de ella una duda sombría se esconde, Estados Unidos se pregunta…si ese hombre sobrevivirá para verla de nuevo; se detiene en seco ante su pensamiento, no debería sentirse culpable, probablemente todos allí, incluyendo al aludido deben estarse preguntando lo mismo.

Los minutos pasan entre muestras de fotografías de amantes y parientes entre los distintos soldados de la improvisada junta, ríen, añoran y callan, pues más que extrañar nada pueden hacer. El más bajo de todos e improvisado líder de la junta, tras la última muestra de la foto de uno de los soldados participantes, se levanta y grita de un lado de la tienda al otro llamando a su nación, la cual tras estar riendo por las ocurrencias de la gente presente allí esto le pilla un tanto por sorpresa.

-¡Señor Estados Unidos Señor!

-Whats the matter soldier?! ¡No son necesarias las formalidades!

-¡S-Si Señor!

Una risa espontanea escapa de todos al notar la formalidad otra vez, incluso del soldado que la había dicho; este ruborizado se ríe mientras se lleva la mano derecha detrás de la nuca. Cuando todo parece calmarse otra vez, ante la mirada de todos interrogantes hacia su persona el hombre se atreve a continuar con lo que tenía que decir a su superior, quién por cierto, a pesar de los ruegos de los altos mandos por que se quedara con ellos, había decidido quedarse junto a sus soldados todo el tiempo.

-¡Se-señor Estados Unidos! ¿Usted no tiene alguna fotografía que compartir con los presentes aquí? Ya sabe, ¿pues no tiene usted dos niños en casa señor?

A Alfred esto le toma por sorpresa, sus ojos se obscurecen ante la culpa y se ve tan fuera de sí que por un momento todos los presentes, asustados, creen que el arma que lleva en las manos caería al suelo; Estados Unidos despierta del trance entonces y la toma con fuerza de inmediato evitando la caída. Aún así la luz a sus ojos no vuelve y mantiene la mirada baja; los hombres allí presentes se preocupan y en cuanto algunos de ellos empiezan a dirigirse tímidamente hacía él preguntando si se encuentra bien, Estados Unidos levanta el rostro rápidamente asustando a algunos pero deteniendo el avance de todos.

-Lo siento, no tengo nada de ellos aquí conmigo soldado

La mirada fría en sus ojos inconscientemente termina por atemorizar aún más a los uniformados allí presentes, Estados Unidos lo nota, se maldice a sí mismo en su cabeza y seguido a eso desvía su mirada a una esquina donde esta no toque a ninguno de los presentes; el ambiente se calma, más sin embargo el jovencito que hacía de líder hace unos momentos atrás sabe que la ha cagado y desviando la mirada también, se dirige a la nación nuevamente.

-¡L-Lo siento señor! ¡Perdóneme! ¡No debí de meter mis narices donde no se me llamaba señor!

Ante esto Estados Unidos levanta la mirada, esta ya no está obscurecida ni causa temor, más sin embargo se puede notar la tristeza en ella, los soldados lo notan, algunos desvían la mirada quizás con solidaridad hacia él, mientras que otros siguen observando expectantes a lo que la nación tiene que decir.

-No tienes la culpa de nada, no hay problema dude, en realidad la culpa es mía, lamento haberlos preocupado, es solo que…hoy es él cumpleaños de ellos y eso me tiene algo distraído…

-Lo…lo lamento señor…

-Jeje…thanks

La luna brilla en el cielo y el viento corre tranquilo surcando entre las telas que componen el campamento, la tranquilidad abunda…ocultando a unos cuantos soldados bastante sospechosos a los cuales la oscuridad de la noche les ayuda a enmascarar el color de su uniforme.

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Al otro lado del mundo todos los presentes tranquilamente ayudan a limpiar lo que había sido la fiesta de cumpleaños de los pequeños grandes lagos, los niños conversan mientras se muestran los obsequios recibidos hace unas horas atrás de parte de algunos amigos, sus abuelos y su madre, quien por culpa de su abdomen abultado y el cansancio que le provoca estar de pie por mucho tiempo lucha por terminar de limpiar la mesa donde aún quedan algunas sobras desperdigadas, sin embargo a pesar de todo esto una sonrisa se aloja en su rostro al voltear a ver a sus niños, todo había salido bien…aún con el mal presentimiento que tenía desde la mañana, pues el día ya se acababa y nada malo había ocurrido ni iba a ocurrir…eso es lo que creía…así que sin más cogió algunos platos y partió en dirección hacia la cocina ignorando el cansancio y el dolor en su espalda, pues lejos lo que más le dolía era la ausencia del padre de la criatura que llevaba en el vientre.

When you're gone

The pieces of my heart are missing you

When you're gone

The face I came to know is missing too

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La hora de dormir llega y la tienda de campaña que alberga a los soldados americanos como a la propia nación queda en silencio, el ambiente se encuentra tan tranquilo que incluso la respiración de cada uno de los hombres allí dormitando puede ser escuchada sin el menor esfuerzo, Estados Unidos desde la esquina les observa y tras unos minutos concluye que es hora de dormir también, así que se acomoda allí mismo, cierra los ojos e intenta dejarse llevar por el sueño.

Los lúgubres colores de la tela que compone la tienda de campaña se ven sustituidos por unas paredes que le resultan demasiado familiares, de ellas cuelgan coloridas serpentinas y globos y de un momento a otro, sin darse cuenta de en qué momento lo ha hecho ahora está sentado a la mesa, en ella se encuentran diversos utensilios de cotillón y algunos alimentos para picar, pero lo que más llama su atención es el infantil plato de cartón con la inscripción ´´Happy Birthday`` que se encuentra en frente de él, lo toma y sonríe, estaba tan feliz de estar allí. Levanta la vista, ¿en qué momento habían llegado?, allí está el oso entrometido sentado a la mesa al lado de su querida Amy, quien con un bello vestido blanco con volados que se confunde con su piel a la que le faltan días de sol por pasar la mayor parte de su vida dentro de casa, le mira sonriendo.

-Estoy tan feliz de que estés aquí daddy!

-Yo también honey…¡Feliz cumpleaños!

La niña sonríe y él lo hace también, se siente tan feliz que cree que nada podría mejorar este momento, sin embargo para cuando abre sus ojos otra vez la niña se encuentra mirando a su mellizo quien de brazos cruzados mantiene la mirada baja; él niño no dice nada y a él esa actitud fría le quita por unos instantes el valor y la sonrisa de la cara, más sin embargo tras unos segundos se convence de que este es el momento menos adecuado para callar y sonriendo otra vez se dispone a hablar

-¡Feliz cumplea-!

-Gracias por volver…

Estados Unidos queda en silencio incrédulo, ¡esto tenía que ser un sueño! Y es que ya no recuerda cuando fue la última vez que el muchacho le había dirigido la palabra para decirle algo amable, así que sin quitarle los ojos de encima, su mirada se suaviza e inconscientemente le llama por su nombre para comprobar que se trata de él, no quiere que esto sea un sueño, es demasiado bueno para que lo sea.

-¿Li-Liam?

El muchacho atiende al llamado mirándole a la cara, pero tras encontrarse con los ojos azules y brillantes de su padre mirándole sin pestañar este avergonzado desvía la mirada hacia otro lado.

-¡N-no es como si quisiera que estuvieras aquí!...¡e-es por Amy…!

-Hahahaha~ claro campeón

Las risas de la pequeña Amy y de Estados Unidos inundan la habitación mientras el lago Ontario se cruza de brazos en su silla refunfuñando insultos que por lo bajo nadie puede llegar a escuchar; ahhh esto se había convertido en un día de ensueño para el americano, estaba de regreso en casa justo para celebrar el cumpleaños de sus niños, el lago Erie, su pequeña princesita, vestía ese hermoso vestido que guardaba celosamente para el día en que pudiera salir de casa a jugar en el parque, se veía preciosa y tal parecía entonces que su sueño se había hecho realidad; en cuanto a Ontario…que podía decir ¡le había dado las gracias por volver! Y a juzgar por su actitud probablemente lo había extrañado. Este día era alucinante…pero faltaba algo…y él sabía muy bien lo que era; se tensa, realmente tiene miedo de preguntar dónde está, pero ese vacío en su corazón le obliga a seguir adelante con la pregunta, pasea la vista de derecha a izquierda por sobre sus hijos esperando mientras tanto hallar el valor para hacerlo, suspira, lo hará ¿qué cosa tan mala podría suceder?, está a punto de abrir la boca para expresar su duda cuando una figura cruza la puerta con un pastel en las manos…luce espectacular, esa camisa que le queda tan ceñida a la cintura destacando las curvas de su cuerpo le está volviendo loco y si no fuera por la presencia de los niños allí, se sentiría libre y sin remordimientos como para desnudarlo con la vista.

-Welcome Al…

Canadá deja la tarta de cumpleaños sobre la mesa y le mira dulcemente, sus labios le atraen…haciendo que se pregunte si estarán más suaves y dulces que el glaseado de aquel pastel, quiere posar los suyos sobre ellos para comprobarlo y sin meditarlo ni un segundo más se dispone a levantarse… pero…¿Qué era esto? algo se lo impide y un poco fastidiado, quita la mirada de su amado para descubrir que es lo que sucede… se horroriza al notar que sus pies se encuentran encadenados contra el suelo. ¡Qué demonios! Asustado vuelve su mirada esperando encontrar a su gemelo o a sus niños pero el paisaje ha cambiado por completo, todo a desaparecido y ahora se encuentra rodeado tan solo por una enorme y terriblemente profunda capa de oscuridad por todas partes. Entra en pánico, grita los nombres de los integrantes de su familia una y otra vez pero nadie responde a sus llamados, su garganta duele de tanto gritar, ya no puede más, pues duele como si alguien se la hubiese desgarrado por dentro; desesperado intenta mover sus pies para liberarse del agarre de las cadenas pero es imposible, estas escalan por su cuerpo hasta llegar a su cuello donde sin piedad comienzan a apretar cada vez más para impedir el paso del oxigeno; se lanza al suelo, su vista se nubla…pronto caerá inconsciente y él lo sabe…se maldice en su cabeza una y otra vez sintiéndose débil…sus ojos se cierran lentamente para dar paso a un sueño incluso más profundo, más sin embargo y para mayor desgracia de él lo último que distingue es a unos centímetros de separación entre ambos…el cuerpo de Canadá tirado en el suelo bañado en sangre rogándole con una voz dolida y entrecortada que por favor despierte y vuelva a casa cuanto antes.

La pesadilla le despierta sobresaltado entre sudor, balazos y gritos de hombres afuera,¿ ¡qué demonios había pasado!?, los gritos de los soldados que hace unos momentos dormían plácidamente a su alrededor y ahora cargan sus armas mientras se dirigen hacia afuera le advierten que se trata de una emboscada. Se levanta de inmediato e inconscientemente coge su fusil, se dispone a salir corriendo afuera, pero la imagen de Matthew y las palabras que le había dirigido siguen rondando en su cabeza una y otra vez sin dejarlo en paz; se detiene de súbito.

-¿Y si fuera…una advertencia?

Algunos soldados le miran extrañado mientras corren hacia afuera sin tiempo para entender las acciones de su nación allí adentro, esta última pertenece en su sitio sosteniendo su arma mientras mira al frente. No, era imposible, no hay modo de que esa maldita pesadilla pudiera estarle advirtiendo de algo…tan solo había sido un mal sueño provocado por sus ansias de volverle a ver; él no volvería a casa, no sin la gloria que un héroe se merece y para ello debía ganar esta guerra…así tal vez Canadá lo entendería, quizás así los niños volverían a admirarle y le perdonarían la ausencia en el hogar.

Decidido coge fuertemente su arma y de inmediato emprende carrera junto a sus soldados hacía afuera…el olor a humo y sangre le golpean en la cara y reconociéndose como en su ambiente de toda la vida comienza a disparar al enemigo sin piedad quienes uno a uno caen al suelo manchándolo de carmesí e impregnándolo con el olor de la muerte, quien más que nunca hoy está presente allí. Estados unidos dispara una vez más, recarga, y tras echar un vistazo rápido hacia atrás hace señas a sus soldados para que le sigan; corren, él dispara, a sus pies cae un soldado enemigo, mientras que a sus espaldas y aún sin darse cuenta los suyos cada vez son menos, continúa corriendo por en medio del fruto de la muerte y el olor a cenizas y sangre, dispara otra vez entre la neblina sin mucho miramiento a la dirección de la bala, más este se entera de que ha dado en el blanco cuando un grito suena a los lejos, se alegra, tal parece ser que los enemigos cada vez son menos y ellos están más cerca de la victoria, así que sin mirar atrás continua la carrera veloz hacia el enemigo, de modo que cuando es capaz de detenerse para que él y sus soldados recarguen sus armas tras las paredes de una construcción abandonada su respiración es entrecortada, su corazón late alocadamente y unas nauseas extrañas le invaden desde el estomago hasta la lengua; a él esto le llama la atención puesto que nunca se había encontrado tan agotado tras unas cuantas carreras…¿¡que le estaba pasando!?, en medio del cansancio cierra los ojos mientras apoya el fusil contra su pecho y su espalda contra la pared…quizás sea su imaginación, tal vez todos sus hombres presentes allí a su lado se encuentran igual, sí, seguramente ha de ser eso, tan solo la imaginación…solo unos segundos más y tanto ellos como él serán capaces de avanzar hasta la victoria, sonríe…tan solo un poco más y podrá volver a verles…un poco más y sus soldados podrán volver a casa como él, el americano entonces abre sus ojos para mirarles y brindarles unas cuantas palabras de aliento, más se horroriza cuando nota…que está rodeado.

-What the hell!?

Se levanta buscando escapar, sin embargo uno de los soldados enemigos, apuntándole con su arma, histérico y que por producto tal vez del nerviosismo se le traba la lengua en su propio idioma le grita lo que parecen ser ordenes y que por su estado de sorpresa y cansancio Estados Unidos no es capaz de procesar bien. El americano entonces sin prestar atención al enemigo delante de él, busca a su alrededor con la vista una cara conocida del grupo que le estaba siguiendo, pero no hay rastro de ellos, tan solo se encuentra él, rodeado por este grupo de 3 soldados enemigos, de los cuales él que le apunta mientras le tiemblan las manos mugrientas por la tierra que se le ha pegado por la sangre, parece ser el líder.

-¡N-No te muevas o disparo!

-…

-S-se quien e-eres… ve-vendrás con nosotros ahora, si te capturamos la vi-victoria está asegurada para los nuestros.

El viento sopla llevándoles el olor de la guerra y arrastrando el silencio por el campo de batalla, silencio que Estados Unidos decide conservar mientras frunce el ceño y lentamente se asegura de tener su fusil al alcance…quizás si fuera lo suficientemente cuidadoso podría aprovecharse de algún momento de flaqueza y eliminarles o en el peor de los casos huir para luego cobrar venganza más tarde…solo tenía que levantar su arma lentamente y…

-¡Alto ahí! ¡N-Ni se te ocurra! ¡N-No me hagas dispararte!

Estados Unidos continúa sin embargo desafiante, aún si este hombre disparase él seguiría vivo, los países no mueren tan fácil…

-¡De-detente!

El americano no escucha la advertencia y siguiendo a su espíritu de héroe le mira a los ojos amenazante continuando con su plan…amenaza que es suficiente para colmar la paciencia del soldado enemigo, quien más asustado que arto y ante la sorpresa de sus compañeros allí presentes, le dispara a la nación 3 balas en el estomago.

-¡AAAggh!...

El grito de dolor rompe el silencio, el espacio y el tiempo, la sangre empieza a derramarse rápidamente desde su interior hasta el suelo y tras ella, el americano cae arrodillado mientras lleva su mano derecha a la herida que le han provocado y que le está volviendo loco, pues duele, duele demasiado, tanto que incluso le hace imposible el levantarse y es esto último lo que más le inquieta pues había recibido daños como este anteriormente…incluso peores, pero jamás le habían dejado en esta situación. Entonces temblando y furioso lleva su mirada hasta el soldado que le ha propinado la herida y se sorprende cuando nota que él muchacho le apunta directo a la cabeza

-S-sé que es probable que no te mu-mueras bastardo, pero de esta fo-forma al menos no nos causarás más problemas.

Estados Unidos se horroriza, no podía correr, no podía defenderse, no podía hacer nada…él no esperaba que las cosas terminaran así… ¿en que se había equivocado?, ¿qué había provocado esto?...él debía ganar…conseguiría la gloria y cuando llegase a casa todos le estarían esperando con los brazos abiertos…incluso Liam…incluso Matthie, era tan injusto que su cuerpo le traicionara justamente ahora. Su mente se rehúsa a aceptar lo que está pasando, pero por más que se empeña en levantarse o intentar defenderse su cuerpo no se lo permite; cansado por el desangramiento se maldice dentro de su cabeza por haber iniciado esta guerra, participar en ella y por el hecho de que ya no será capaz de ver a Canadá ni a las criaturas que ambos trajeron al mundo...

Mientras el viento sopla, frágil se deja caer al suelo mientras cierra sus ojos esperando por el inevitable disparo y el calor de la sangre corriendo por su rostro; mientras que muy dentro de su corazón…aún cuando siente su vida extinguirse, el deseo de volver a ver a su familia aunque sea tan solo una vez más sigue creciendo…

-¿Pe-pero eso es imposible verdad?…Ma-Matthie…perdóname…pero ya no podré volver a casa

*BANG*

El viento vuelve a soplar echando a correr el tiempo una vez más junto al olor de la carne quemada y la pólvora, sin embargo los gritos y disparos se han retirado por completo del campo de batalla junto con este último disparo…quizás la emboscada había terminado y el silencio mortal que eso conlleva era una de las mejores pruebas de esto…

Entre el silencio mortuorio, tras la desmoronada pared, con la debilidad y el dolor a flor de piel con esfuerzo abre sus ojos lentamente mientras escucha voces a su alrededor; confundido se da cuenta de que rodeándole por todos lados se encuentran soldados americanos…ese último disparo…había sido de ellos…le habían salvado, habían venido a rescatarle...estaba vivo.

Uno de los soldados, el chico rubio, alto y pecoso de la divertida reunión que habían tenido hace unos momentos es el primero en acercarse a su nación para levantarle del suelo, lo que provoca que está última haga una mueca de dolor mordiéndose los labios mientras lo alza para ayudarle a ponerse de pie; el soldado se asusta, tanto él como los otros no se habían dado cuenta de lo maltratado que estaba su superior.

-¡Señor Estados Unidos! ¡¿Se encuentra bien?!

-¿Termino…?

El silencio se apodera de todos, algunos se miran entre ellos confundidos, esperando que alguno de sus compañeros pueda explicar lo que acababa de decir Estados Unidos, sin embargo nadie dice nada y ante esto un soldado que se encontraba al fondo y que curiosamente resulta ser aquel que le había preguntado por su familia, se abre paso entre todos para acercarse hasta su nación y responder su duda como la de todos.

-S-si señor, los rebeldes se retiraron, la próxima vez no los dejaremos ir

-No habrá próxima vez…

-¿Se-señor?

-Volveremos a casa, nos retiramos

-Pe-pero…¡les dimos una paliza!...¡no podemos retirarnos aho-!

-¿Acaso no quieren volver a ver a los suyos…? Yo si…y hoy me di cuenta de que no vale la pena estar aquí mientras mi familia está allá…lejos de mi; hoy casi pierdo la oportunidad de volverles a ver una vez más…no quiero pasar por eso otra vez…

Los soldados quedan en profundo silencio, quizás porque no encontraban las palabras ideales a la situación, o quizás…porque esto a todos les había tomado por sorpresa…así que de esta forma los segundos comienzan a pasar mientras algunos vuelven a mirarse confundidos, sin saber que hacer o decir…sin embargo la alegría no tarda más y se presenta espontanea en el momento en que el pecoso sonríe radiante y alguno de los hombres empiezan a abrazarse con felicidad mientras otros comienzan a gritar felices ´´Volveremos a casa``. Y así es como esta alegría se contagia rápido entre saltos, risas y gritos, opacando todo, desde el paisaje hasta la lesión y la sangre emergente que cae del cuerpo de Estados Unidos al suelo manchándolo gota a gota de carmesí, de modo que en el momento en que todos los ojos vuelven a posarse sobre la nación esta tan solo sonríe con una expresión cansada en su rostro mientras que de sus labios secos unas palabras casi imperceptibles escapan una a una entrecortadas y suaves

-Ca-casa…iré a casa Matthie…

Y esas son las últimas palabras que los soldados escuchan de su nación ese día, quien tras cerrar sus ojos otra vez, cae desmayada por culpa de la falta de sangre. La guerra había terminado y ahora emprendían camino de regreso al campamento en medio del silencio de la derrota, derrota que a nadie le interesaría más que a los medios de comunicación, que estarían hablando de esto por semanas…pues a ninguno de los presentes le importaba el haber perdido…todos volverían a casa.

Al día siguiente, aún con sus heridas sin sanar totalmente y contra las peticiones del médico del ejército de que no debería irse aún, Estados Unidos regreso a su hogar…pues aquel mal presentimiento que había tenido estaba más presente que nunca en su cabeza.

Y entonces los miles de kilómetros que los separaban se fueron transformando poco a poco en metros mientras el vehículo en el que Alfred viajaba de regreso a casa avanzaba veloz por las largas carreteras de concreto bañadas por la luz del sol de aquel día, él las contempla expectante y es que tras haber estado tantos meses fuera de casa el paisaje ha cambiado por completo…¿Matthie y los niños también habrán cambiado?, oh dios, quizás los pequeños grandes lagos habrán crecido y ni siquiera podrá reconocerlos cuando los vea a la cara.

-Cuando los vea a la cara…

¿Y qué pasará cuando los vea a la cara?... ¿y si lo odian?, serio frunce el ceño pensativo mientras se lleva una de sus manos hasta la herida que le han provocado en batalla y que se niega a desaparecer; esto no era lo que tenía planeado…el debía llegar a casa con la victoria en sus manos, pero a cambio de eso se había retirado…¡pero! lo había hecho por ellos…porque ahora sí comprendía que era lo más importante, pues no importaba cuantas batallas ganara si cada vez que se encontraba lejos de ellos sufría por el temor de no volverles a ver, él ya no quería pasar por eso otra vez. Así que…tan solo tenía que explicarles eso y después, cuando lo hayan entendido, todo volvería a la normalidad, él abrazaría a sus niños y pasaría todo el día junto a ellos para compensar su ausencia, se divertirían tanto que… cuando llegase la noche y estuvieran profundamente dormidos por el cansancio… él se acercaría a Canadá para abrazarle, le sonreiría y él se sonrojaría por completo escondiendo su cara de él…pero entonces le obligaría a levantar su rostro y le besaría apasionadamente…porque tan solo él sabe cuánto desea presionar esos labios suaves que saben a miel de maple contra los suyos, tocarle hasta que ambos perdiesen la cordura y hacerle el amor toda la noche sin darle descanso.

Estados Unidos entonces vuelve a mirar el paisaje y sonríe cuando divisa desde el vehículo el jardín de entrada de su casa al que Canadá dedicaba tantas horas de trabajo y su corazón empieza a palpitar a miles cuando el motor se detiene y él se ve obligado a descender para enfrentarse a su familia…pero, hay algo extraño en el ambiente; no sabe si es porque ha estado fuera de casa por tanto tiempo que todo le parece tan diferente pero…el jardín se encuentra tan descuidado en comparación a como él lo recuerda que la misma preocupación que sintió tras aquella horrible pesadilla en el campamento vuelve a él más latente y agresiva que nunca y es que…¿Había sucedido algo? ´´no`` se responde así mismo en su cabeza mientras valiente y a paso firme se acerca a la puerta evitando cualquier pensamiento negativo, de modo que una vez allí, frente a ella, traga saliva mientras cierra sus ojos y a ciegas golpea a la puerta decidido a seguir adelante. Sin embargo los minutos pasan frente a la tabla de madera que lo separa de su familia y nadie responde a su llamada, lo que tan solo logra ponerlo más nervioso y pesimista, ¿No querían abrirle?...no, de seguro tan solo habían salido…pero…y si era así…¿Por qué el auto de Matthew seguía estacionado frente a la casa? Comienza a golpear sin detenerse mientras su corazón late a cien y cuando nota que ya nadie va abrirle se decide a aventurarse dentro de la casa por sí mismo, así que sin poder quitar de su cabeza aquel mal presentimiento, camina, se agacha y busca entre las plantas del jardín la llave extra de la que tan solo Canadá y él tenían conocimiento; afortunadamente la encuentra donde mismo la recordaba, aunque esta está un tanto más oxidada y maltratada por la humedad de la tierra en la que estaba envuelta que como la recordaba. Regresa a paso firme a la entrada de la casa y una vez allí, sintiendo su mano temblorosa, inserta la llave y la gira lenta y torpemente a la vez que traga saliva una vez más; la puerta se abre…y del interior un silencio mortífero escapa irradiando e impregnando aún más un extraño temor en el corazón de Estados Unidos quien tras unos cuantos llamados a su familia desde el exterior, ingresa dentro de la casa junto al sonido del suelo rechinante. Avanza con la preocupación en el pecho unos cuantos pasos a través del pasillo de entrada, esperando encontrarse con una escena en la que definitivamente no quiere pensar, pero que sin embargo no puede evitar contemplar dentro de su cerebro que no deja de funcionar ni una sola vez si se trata de imaginar situaciones trágicas. Cauteloso, se para en silencio dándose cuenta de que ha llegado a la sala de estar y se alegra cuando nota que hasta hace poco la casa seguía habitada por su familia, vestigio de ello son las serpentinas, juguetes en el piso y algunos globos en las paredes ya algo desinflados con la leyenda escrita en ellos de ´´Feliz Cumpleaños`` haciendo notar que al menos hasta aquella fecha seguían aquí, pero…¿A dónde habían ido?, angustiado se deja caer sobre el sofá haciendo que sus cicatrices duelan un poco, pero no le importa, tiene mayores problemas ahora mismo; apoya sus codos en las piernas y sus manos son llevadas a su rostro intentando taparlo por completo…está preocupado…¿se habrían ido a Canadá a una de las casas de su hermano?...pero el vehículo de Matthie seguía estacionado afuera…y el suyo simplemente no podía arrancar, pues junto con su enojo y la última mirada que le había dedicado Canadá impregnada en su memoria, él se había llevado las llaves del vehículo consigo a la guerra. Se levanta, ´´debe haber otra razón``, se dice a sí mismo en voz alta mientras camina inspeccionando la casa pensando en el porqué de la ausencia de su familia, inspección que lo lleva a través del pasillo que se dirige a los dormitorios de los niños y se siente extrañado al notar ropa tirada en él, recoge un poco y se da cuenta de que es de los miembros de su familia; ¿qué había pasado aquí?, extrañado, el sentimiento de temor se aferra a su corazón fuertemente, pues la idea de que semejante desorden estuviera a la vista bajo el consentimiento de su hermano le parece impensable y ridícula ya que la representación de Canadá jamás lo permitiría; Cierra los ojos y gira la cabeza de lado a lado tratando de apartar cualquier idea trágica, pues tan solo está siendo un tonto, por supuesto que nada había pasado y riéndose de él mismo empieza a recoger cada prenda yacente allí en el suelo de madera tal como Matthew lo hubiese hecho.

I haven't felt this way before

Everything that I do reminds me of you

And the clothes you left are lying on the floor

And they smell just like you

I love the things that you do

Una vez la ha recogido toda, la deja sobre una de las camas echas aún, para luego devolverse a la sala de estar aún más extrañado, quizás eso era lo que debería hacer por ahora, ordenar, quizás así podría despejar su mente un poco y con un poco de suerte también, cuando Matthie y los niños llegasen de adonde fuese que hayan ido se encontrarían con la grata sorpresa de que todo está en orden y que…bueno…que él había vuelto también. Y con una sonrisa en el rostro, decidido emprende entonces la tarea, encaramándose en los sofás de la sala va quitando la decoración de cumpleaños que ya se encuentra fuera de fecha, recoge algunas muñecas del suelo, que por lo visto fueron regalos a Amy y las acomoda sobre la cama de la niña, en cuanto a los montones de libros amontonados por el suelo en pilas, los cuales ya se imagina de quien son, los coge todos y acomoda en la estantería del lago Ontario, que por lo visto ya no da a bastos de tanto libro y se ríe pensando en que así como va será necesario comprarle una biblioteca entera. Se arremanga las mangas de su camisa, coge la escoba y se dispone a barrer el suelo, partiendo por los dormitorios, luego la sala de estar, el comedor y por último la cocina, lugar en el que usualmente botaban toda la basura recogida alrededor de la casa, para que luego fuera a parar al tacho de la basura de afuera. Los dormitorios habían sido fáciles, se encontraban igual de limpios que lo usual, pero en cambio las otras habitaciones…mentalmente se contenía para no maldecir a los niñitos con su confeti corriendo por toda la casa, pero bueno, si sus niños lo habían pasado bien…estaba bien por él; sonríe, ya habiendo olvidado todo mal presentimiento se dirige a meter toda la suciedad recogida al basurero de la cocina, lugar que hasta ahora no había visitado desde que había llegado, pues la preocupación le había quitado el hambre por completo…quizás si hubiese ido hasta allí en primer lugar, no se hubiese tomado las cosas tan tranquilamente hasta ahora, pues en cuanto pone un pie dentro de la habitación, el mal presentimiento se vuelve una realidad y la desesperación se apodera de él junto con la angustia al notar la vajilla rota acompañada por un charco de sangre en el suelo que es demasiado grande como para un simple corte accidental.

-¡¿Qu-Que demonios?!...