Disclaimer:
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Hetalia, al igual que los personajes Canada, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia del Norte no me pertenecen, son propiedad de Hidekaz Himaruya.
*Los personajes Lago Ontario (Liam), Lago Erie (Amy) y Lago Hurón (Andrew) me pertenecen.


La representación de los Estados Unidos de América llega una vez más temprano por la mañana con la esperanza de escuchar alguna noticia del canadiense, como ya es rutina, camina por los blancos corredores lentamente con una mirada cabizbaja hasta llegar a las afueras de las salas de cuidados intensivos. Aún cuando Inglaterra y Francia le habían insistido en dormir un poco más para poder reponer fuerzas lo cierto es que aún intentándolo con todas sus ganas le era imposible conciliar el sueño…después de todo ¿quién podría dormir cuando su imaginación se mantenía despierta con las imágenes de lo que anteriormente le había relatado el británico? Simplemente le era imposible conseguir una hora de sueño, el remordimiento le atormentaba las 24 horas y cuando ya el reloj marcada las 8 de la mañana y los rayos del sol se colaban sobre las blancas sabanas de aquella enorme cama, no podía hacer nada más que levantarse y emprender camino al hospital.
Sin embargo nunca habían noticias, lo único de calidad que había logrado sacar de la boca de una de las enfermeras era que lentamente el canadiense parecía más despierto, más no por eso algo más estable…y en cuanto al bebe…

-¡Señor Estados Unidos!

Una voz le distrae de súbito de sus pensamientos más oscuros, una cara conocida se acerca a toda velocidad haciendo sonar sus tacones a un ritmo descontrolado a través de las baldosas blancas del enorme e insípido pasillo. El voltea lentamente esperándola en su sitio, se trata de una de las enfermeras designadas a cuidados intensivos con la que el americano ya ha tenido más de una conversación en busca de noticias, más no es precisamente una de la que haya obtenido más información.

-Ah, buenos días –Contesta el rubio saludando con la mano desde su lugar acompañado de una calma artificial producto de la somnolencia-

-Bu-Buenos días, señor… es sobre Canadá…

Sus orbes azuladas se abren de una vez al notar que la muchacha que anteriormente se había mostrado reticente a compartir dialogo con él, de pronto se acercaba de esta forma y nada menos que con noticias del canadiense. Sin embargo, ¿a qué se debía tanta prisa?, un mal presentimiento se alojó detrás de su cerebro casi haciéndole tomar a la muchacha de los hombros y agitarla para que hablara de una vez.

-¿¡Q-Qué sucedió!?

-Oh no no…calma, es solo que, el médico que realizó la cirugía hoy ha dado su autorización para trasladar a Canadá fuera de cuidados intensivos.

-¿Lo han trasladado…? ¿Se…se encuentra bien? –Un nudo se formó en su garganta producto de la curiosidad y la mismísima preocupación-

-Bueno, aún no se encuentra totalmente bien, el doctor afirma que aún necesita descansar bastante…pero al menos ya está fuera de riesgo y... ¡ah! lo siento, casi lo olvidaba, las visitas se abren a las 10:30 así que-

-¿Po-Podré verlo?

Los ojos azules del americano parecían dos brillantes fuegos artificiales a punto de explotar.

-Pues sí –sonrío ella- se encuentra en el pabellón 5, sala B…le aviso que aún no está muy despierto y que-

Pero nadie se quedo a escucharla, la figura del americano atravesó el corredor con la velocidad de una estrella fugaz y antes de desaparecer por completo pasando por la puerta o de que la muchacha pudiera terminar su oración, fue testigo de la hermosa sonrisa brillante de su nación, tan radiante como las lagrimas que escapaban de sus ojos.

-…el doctor llegará más o menos a la…misma hora…para hablar con usted… -Completó una vez que la patria había cruzado la puerta-

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Todo había ocurrido tan rápido, tanto que ya no recuerda que día es, ni hace cuanto tiempo que había logrado caer dormido, porque el dormir se había vuelto una tarea ridículamente difícil ahora que ya nada parecía poder sacar de su cabeza la angustia ni los recuerdos dolorosos y estremecedores que frecuentemente le asaltan cada vez que cierra los ojos. Suspirando mira a la ventana por una última vez, antes de descansar la vista de los esplendorosos rayos solares que se cuelan por la ventana de la nueva habitación, agradeciendo que la mañana ya se haya hecho presente para despojarle de los terrores nocturnos y las voces en su cabeza que desde ese día le agobian frecuentemente cada vez que cierra los parpados…no se trata de que tenga miedo a la oscuridad, tan solo le aterra la idea de que las luces de él y su familia se apaguen de forma repentina, como ese día.

.-*+_+*- .-*+_+*-. -*+_+*-.-*+_+*- Flashback-*+_+*- .-*+_+*-. -*+_+*-.-*+_+*- .

Negro, negro y más negro es lo que logra ver mientras siente su cuerpo estremecerse y escucha como el sonido de las ruedas de la ambulancia se mueven y avanzan a una velocidad que al menos a él le parece demasiada, ¿tan grave era la situación?, ¿cómo había ocurrido esto?, deja de importarle cuando de pronto al sonido ambiental que logra percibir se le unen las voces de algunos hombres y mujeres alarmados que asume de inmediato son los paramédicos a su alrededor.

-¡No lo entiendo! ¡No hay ningún índice de trauma y sin embargo la sangre le brota por montones!

-Es demasiado como para una perdida…

Y sus temores se hacen realidad…una perdida, no era justo, a estas alturas le es imposible de creer que esto esté ocurriendo… él había hecho su trabajo, se había cuidado enormemente… pero…allí estaba, en una ambulancia, camino al hospital y rodeado de personal por todos lados.

Con lentitud abre sus ojos esperando poder tener un entendimiento más profundo de lo que está ocurriendo a su alrededor, sin embargo todo parece sumergido en una terrible y desconcertante cámara lenta que en menos de un segundo le hace perder todos sus demás sentidos, cegándole de luz artificial y sumergiéndole a él mismo en lagrimas y en un nuevo desmayo del que no despertaría hasta minutos después. Después de esto, desgraciado se siente al recordar todo con calidad de detalle, el sonido de las ruedas de la camilla corriendo a máxima velocidad por un pálido pasillo, las luces pasando rápidas sobre él y por último la voz grave del cirujano, informando lo que menos desearía oír y en el preciso momento en que es capaz de recuperar la conciencia suficiente como para permitirle comprender lo que sucede a su alrededor.

-Creo que no hay mucho más que hacer que practicar la cesárea y rezar porque el niño sea capaz de sobrevivir por su cuenta…pero dada su condición…

No, no podía haber escuchado bien…ellos tenían el poder para detener esto; la situación del bebe no podía ser tan mala… ¡en las revisiones todo parecía perfecto!, no había forma de que esto se pudiera haber desencadenado, ¡él había hecho su trabajo!...él no tenía la culpa de esto, simplemente no era posible. Es así como con el cerebro ya más despierto, se aventura a pronunciar palabra desde sus ahora pálidos labios.

-No…n-no…

Pero así como su estado en general, su voz es demasiado débil para ser escuchada; intenta mover sus manos para atraer la atención de las enfermeras que corren de un lado a otro a su alrededor en busca de lo que aquel hombre, el cirujano, necesita para arrancarle de sus entrañas a la criatura que desgraciadamente asume ya no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. Nadie lo escuchó, nadie pudo ver siquiera un pequeño vestigio de conciencia en su rostro y nadie lo vio llorar mientras a sus oídos llegaba la noticia de que la criatura no estaba respirando.

.-*+_+*- .-*+_+*-. -*+_+*-.-*+_+*- Fin de Flashback-*+_+*- .-*+_+*-. -*+_+*-.-*+_+*- .

Pánico por todas partes, eso es lo que recuerda mientras con los ojos cerrados las últimas lágrimas que le quedan se deslizan por su demacrado rostro que desde el incidente ya no expresa ninguna emoción en particular, ese día le parecía haberlo perdido todo, puesto que lo único que le queda y como recuerdo, es una enorme pena con la forma de una cicatriz en su vientre.

¿Por qué había sido trasladado? ¿acaso ya se encontraba mejor? los puntos de su herida ya habían sido removidos al notar que ésta casi había cerrado por completo; o eso le parecía a los doctores, sin embargo para él… su corazón le parecía que seguía derramando enormes cantidades de pena y el vacio en su interior un enorme sentimiento de angustia que le llenaba de dolor hasta las lagrimas.

Intentando calmar su angustia intenta alimentar sus oídos con el sonido de la pareja de aves que según contaba la enfermera que le había trasladado, volvían cada año para hacer su nido y tener sus polluelos en el mismo sitio, sobre la ventana de la habitación; encantado por el alegre gorjeo de los pájaros, sus lagrimas siguen cayéndole por las mejillas… a él le hubiese gustado que Alfred fuera menos como una nación y más como un pajarillo… ojalá hubiesen permanecido así de juntos para siempre, sin embargo… Llevándose las manos vendadas hasta el rostro calla entonces sus sollozos tal como ha hecho desde que salió de la operación, no desea que nadie lo oiga porque básicamente ni si quiera él quiere oírse llorar, así que secándose las mejillas sin un muy buen resultado se estira por completo una vez más y dirige su rostro hacia la ventana por que al menos de esta forma solo las nubes podrán contemplar su desgracia; cierra los ojos…con un poco de suerte quizás pueda dormir ahora y hasta mañana.

Pero el destino tiene otros planes, el trino de los pajarillos es de pronto opacado por el abrir de la puerta de su habitación, ¿es que las enfermeras no comprenden que lo único que necesita ahora mismo es paz…? pero bueno, solo es una examinación más de rutina supone él, después de todo es su trabajo y mientras menos se oponga a ésta más rápido la muchacha se irá; en esto piensa cuando de pronto una de sus manos es tomada y una voz que le parece demasiado conocida le llama por su nombre rozando la ternura y al mismo tiempo la compasión.

-Ma-Matthie…

No podía ser cierto, tenía que haber caído al reino de los sueños…es la única explicación posible, pero de estar dormido… ¿no era acaso cruel que su cerebro jugara con él de ésta forma? y además…una cosa era oír voces y otra por completo distinta era sentir el tacto y aroma de éste hombre que para él se había vuelto innombrable con el paso del tiempo y el aumento de la angustia en su corazón. A pesar de esto último y cegado por la oscuridad de sus parpados cerrados aún creyéndose dormido siente de pronto como su mano es acariciada tan suave y delicadamente que de pronto él mismo siente que se ha vuelto de cristal, sin embargo no es esto último lo que termina por llamar su atención y le invita a abrir sus ojos finalmente, son las pequeñas gotitas de agua salada que humedecen sus vendajes acompañadas de una triste voz entrecortada que le llama por su nombre una vez más.

-I'm…so…so so-rry Matthie

La poca luz que se cuela por la ventana cree que le ha cegado y hecho ver visiones, pues lo que se presenta ante él parece surrealista ¿o era acaso éste otro nivel más profundo del sueño? No, no cree haber tenido alguno tan real, pero si entonces esto no era un sueño…

La sonrisa de Estados Unidos al ver aquellos ojos lilaceos llenos de vida y abiertos de par en par es tan grande como la sorpresa del canadiense que sobresaltado por la presencia del americano se incorpora sobre la cama veloz y por lo tanto sin mucho cuidado, provocándole un agudo dolor en su estomago que le hace soltar un alarido de dolor que alarma de inmediato al de los ojos azules.

-¡Dé-déjame ayudarte! –Dice el americano de inmediato posando una de sus manos suavemente en la espalda de su hermano menor dispuesto a ayudarle a recostarse, su cara ha pasado de felicidad a una repleta de preocupación-

Pero la buena intención y el cariño alojados en los ojos azules y aún húmedos del norteamericano mayor no son suficientes para derrumbar la resistencia que entonces muestra Canadá con una lagrima alojada en la comisura de sus ojos repletos de dolor e ira, rehusándose a cooperar y ser auxiliado al intentar alejar desesperadamente los brazos de su hermano con los suyos propios. Contrario a lo que podría pensarse, no es ésta última acción de rechazo lo que termina por congelar el intento de ayudar de Estados Unidos, es la fría mirada que Canadá le dedica en conjunto a las interrogantes que escapan de sus labios como frío del Ártico que se cuela hasta su pecho y oídos prohibiéndole realizar movimiento alguno; parecido a aquellos asustados soldados en la guerra, escondidos tras una muralla y rogando a Dios que la pesadilla termine, sin embargo él no está paralizado por el miedo, no es temor lo que siente, es una mezcla insoportable de tristeza y arrepentimiento en su corazón.

-¿¡Ahora te preocupas por mi!? ¿¡por nosotros!?

Las lagrimas que se alojaban hasta ahora tambaleantes en los ojos de Canadá lentamente y contra su voluntad se transforman en diminutos ríos salados que se desplazan por sus mejillas, sin embargo esto no hace desaparecer para nada la furia en su rostro, sus labios por el contrario tiemblan de vez en cuando dándole una apariencia frágil típica del llanto. Sus orbes lilas permanecen clavados sobre los azules del americano y en vista de que éste último no es capaz de producir respuesta a sus preguntas se aventura a agregar algo más que termina por hacer despertar a Estados Unidos de su depresivo trance.

-¿¡Acaso no tienes algo mejor que hacer!? – Dijo para un segundo después dejarse llevar por el llanto completamente-

-No…no hay nada mejor, nada más importante. Yo…estoy donde debí haber estado desde el principio… - Contestó USA, con la mirada ahora clavada en el suelo-

Los ojos azulados de Estados Unidos, se pierden bajo sus cabellos dorados que por la gravedad se inclinan hacia abajo. De alguna forma, a pesar de que la mirada desafiante de Canadá había desaparecido tras las lágrimas y sus pálidas manos vendadas, las palabras que había dicho hace unos instantes atrás aún rebotaban contra las paredes del cerebro de USA, haciéndole apretar los puños de impotencia aún cuando consideraba que su respuesta había sido oportuna y ya que extraída desde el fondo de su corazón, sobre todo sincera. Cómo deseaba que las cosas volvieran a ser como cuando los gemelos acababan de nacer…eran tan felices, estaban ambos tan llenos de júbilo ¿dónde había sido que las cosas comenzaron a salir mal? ¿dónde estaba el tiempo que había perdido en ocio e ignorar a su familia? No lo sabía…pero cómo deseaba que el mismo Padre Tiempo se lo devolviese y regresase además todo hasta unos años atrás para terminar con su estupidez y de esta forma hacer las cosas bien. Con sus propios ojos humedecidos aún reflexiona sobre esto último hasta que Matthew mirándole fijamente con los suyos ya descubiertos y enrojecidos le devuelve a la realidad con su voz desgarrada por el alto tono de voz que ha usado.

-¡Pues llegas tarde! 7 meses tarde Alfred…ya no vale la pena que estés aquí, no ahora…

La habitación por alguna razón le parece más fría que al momento de entrar, probablemente porque las gélidas palabras de Canadá le han helado por completo haciéndole temer y sentirse avergonzado, lo suficiente como para no ser capaz de guiar sus ojos azulados y cristalizados de regreso al rostro del canadiense que ahora temblando por la ira y la tristeza le ha quitado su propia mirada de encima. En su lugar, las pálidas manos de Canadá se aferran fuertemente a las blancas sabanas del lecho en el que se encuentra tendido, llamando la atención del estadounidense al que, tal como su cuerpo entero, le parecen demasiado maltratadas y frágiles en comparación a como las recordaba. Con una mueca de preocupación en su rostro y mientras piensa con temor que incluso una ráfaga de viento sería capaz de hacerle pedazos, lentamente e inseguro comienza a subir su mirada una vez más para posarla en el rostro de su hermano menor, que con sus ojos llenos de lagrimas ahora se encuentra mirando a la nada con una expresión repleta de tristeza, pues si alguna vez había existido ira en él, ésta ya había desaparecido dejando tan solo como vestigio de su presencia unas cuantas manchas de sangre que han traspasado las vendas de sus manos y teñido la cama de carmesí. Estados Unidos se encuentra bajando su mirada una vez más cuando de pronto se percata de esto último, asustándole de tal forma que de la nada siente su voz regresar solo para expresarle sus disculpas por haberle hecho reaccionar de semejante forma y a la vez para suplicarle que por favor se calme, sin embargo Canadá, como si hubiese sentido esto venir le interrumpe una vez más con una voz quebrada por el temblor del llanto acumulado en su garganta.

-Tú…tú no tienes idea. Tú no tienes idea de todo lo que he sufrido mientras no estabas

Los ojos del canadiense permanecen fijos en la nada y si bien el brillo de las lagrimas los iluminan parecen tan grises como los de un muerto, quizás no es solo la pena lo que le atormenta, quizás es la muerte en sí misma. Y aunque ésta mirada tan vacía de todo sentimiento podría ser capaz de callar a cualquiera incluyendo a la estruendosa voz de su hermano mayor, lo contrario es lo que ocurre pues llevándose aire a los pulmones a la vez que su mano derecha al vientre donde sus vendajes se encuentran, finalmente le responde, aunque con una voz tan carente de entusiasmo que haría a cualquiera pensar que quien se encuentra allí es imposible que sea Estados Unidos.

-Pero yo…si lo sé, Arthur me lo dijo todo…

La mirada del canadiense entonces regresa como un relámpago hacia la de Alfred, repleta de una sorpresa que de inmediato se transforma en más dolor, pero no es el dolor que le aqueja en sus manos o en su vientre, es la profunda e incurable cicatriz que la perdida de este ultimo niño ha dejado en su corazón y que con las palabras de Alfred ha comenzado a sangrar una vez más pero incontrolablemente. No es capaz de decir nada, su mirada baja una vez más y es cubierta por sus cabellos dorados y revueltos que cómplices le ayudan a esconderla mientras comienza a sollozar en voz baja tal como cuando era un niño, sin embargo, su enorme problema no es comparable a los traumas de su niñez, pues a diferencia de aquellos, éste en particular no tiene solución. América por su parte se ve envuelto en lágrimas también, pero a diferencia de Canadá no intenta esconderse, ni es la tristeza en sí lo que lo lleva hasta las lagrimas, es la furia que siente hacia su enorme estupidez que le hace imposible el siquiera mover un dedo sin lastimar al frágil canadiense que se encuentra en la cama y al que ama desde que tiene memoria.

''Desde el momento en que se fue y hasta que volvió no ha hecho más que causar problemas'' se dice a sí mismo en su cabeza pensando que probablemente era esto último lo que el del cabello ondulado se repite en la suya propia ¿y es que como culparle? definitivamente tenía razón, pues todos estos años no había hecho más que lastimarle de todas las formas posibles, ignorándole, forzándole, e incluso…siéndole sincero. Aún tocando su propio vientre, esto último regresa a su cabeza, era cierto, más temprano que tarde tendría que decirle que estuvo involucrado en la pérdida del niño…pero ¿cómo decirle algo así sin hacerle daño? ¿cómo hacerlo sin que le odiara para siempre? era imposible, pero por otro lado, tampoco podía dejar las cosas de ésta forma. Dándole un último vistazo a Canadá que a diferencia de él esconde su llanto tras la palma de sus manos, entonces toma la decisión, pues no quiere verle así ya más, no soporta verle llorar, nunca lo ha hecho y de ésta forma decide que prefiere mil veces que la dulce nación del norte que significa todo para él utilice el resto de la eternidad odiándole, que llorando de la misma forma que hoy.

-Necesito…decirte algo realmente importante…

Pero si Canadá escuchó lo que acababa de decir simplemente le ignoró mientras se perdía incluso más profundo entre sus oscuros pensamientos. Esto último logra formar una mueca de tristeza e incomodidad en el rostro de Estados Unidos por unos segundos, que sin embargo y contrario a lo que podría pensarse no le ínsita a cambiar de opinión acerca de revelar lo que su corazón necesita decir, pues armándose de valor y con su pecho lleno de angustia con su mano presiona suavemente su estomago para hacer lentamente más énfasis a lo que debe decir a continuación.

-Déjame decirte una cosa más Matthie…y cuando termine te juro que…si no quieres verme nunca más así será, pero…en verdad necesito decirte esto ahora.

Una parte de USA hubiese deseado que el rubio de los ojos lilaceos le hubiese ignorado una vez más esta vez, pues en cuanto las palabras comienzan a salir lentas y algo temblorosas desde sus labios hasta los oídos del menor y poco a poco unidas empiezan a dar sentido a la historia, el rostro de su tan amado Matthie no vuelve a ser el mismo.

La habitación, tanto como Canadá con sus ojos ya rojos y ardientes por el llanto caen en el más profundo silencio cuando Estados Unidos con la parte baja de su camisa desabotonada, termina su discurso dejando ver las pruebas de su culpabilidad, tres cicatrices de unos recientes disparos de bala que a cualquier persona normal hubiesen enviado a la tumba en cosa de segundos. El rostro de Canadá es indescifrable, pues aún cuando todo pronóstico apuntaría a que el menor de los americanos se abalanzaría sobre Estados Unidos con toda su furia retenida desde años, esto no pasa, su rostro e incluso su cuerpo parecen envueltos en una manta de inexpresividad que le ha vuelto incluso más pálido y aún cuando sus ojos no reflejan nada estos suben lentamente desde el vientre de América hasta sus brillantes orbes azules de una manera tan inquietante que hace al estadounidense temblar y soltar angustiado unas cuantas palabras más.

-…y porque somos gemelos, lo que le pase a uno de nosotros…le pasará también al otro. Todo esto…es mi culpa.

-…

-No espero que me perdones, sé que es imp-

-Por tu culpa… -Interrumpió suavemente Canadá con su mirada aún algo perdida en el limbo de sus pensamientos-

-Sí, si yo no hubiese ido-

¿Qué si él no hubiese ido?...por supuesto que si no hubiese ido nada de esto habría pasado; tal vez el temblor en la voz de América, o las lagrimas que caen desde sus ojos que de alguna forma a su propio juicio le parecen extremadamente falsas y actuadas fueron lo que finalmente terminaron por despertarle de su letárgica actitud, pues el no está acostumbrado a oír a Estados Unidos llorar y mucho menos a escucharle admitir que se ha equivocado. Sí, quizás sea esto último lo que le despertó y finalmente llenó su pecho y pulmones de odio, pues antes de que Estados Unidos pueda terminar lo que sea que haya querido decir la voz del siempre pacífico Canadá como nunca, repleta de ira y hastío, suena estruendosa como un relámpago, rasgando sus cuerdas vocales. Si su cuerpo no estuviese tan frágil y hubiese sido capaz de levantarse probablemente las sabanas de su cama no serían las víctimas de sus pálidas manos que fuertemente se aferran a ellas hasta estar a punto de rasgarlas.

-¡PERO CLARO QUE SI NO HUBIESES IDO NADA DE ESTO HUBIESE PASADO!

-L-Lo sé…

-¿¡Y ENCIMA AHORA VIENES AQUÍ DESCARADAMENTE A DECIRME TODO ESTO!?

-Ma-Matthie calma, t-te te haras daño –Dice Estados Unidos intentando tranquilizar su voz y a la vez la furia del canadiense-

-¡POR TU CULPA ESTÁ MUERTO ALFRED!

¿Muerto? ¿Había escuchado bien?... ¿acaso Canadá creía que…? Sus ojos se iluminan por un instante, por supuesto que Canadá tenía todo el derecho de estar molesto con él… ¡pero tiene una idea por completo equivocada de la situación! Así que aspirando una bocanada grande de aire camina de inmediato hacia él estrechando peligrosamente la corta distancia que los separa, pues no importa realmente si le golpea, se lo tiene bien merecido y él lo sabe…pero más allá de eso es mucho más importante aclarar éste asunto de inmediato para liberar el corazón del canadiense del agobiante peso de la angustia que esta idea tan macabra y equivoca ha puesto en su pecho.

A América le toma algo de tiempo inmovilizar a Canadá, pues el menor se resiste bastante y no parece tener ninguna intención de calmarse, su pecho baja y sube rápidamente y un sonrojo en su rostro parece dar a entender que su temperatura ha subido demasiado producto de la ira y del propio estado delicado de salud en el que se encuentra, haciéndole al mayor pensar que si continúa agitándose de esta forma probablemente las nuevas lagrimas que escapan de sus ojos se vaporicen al contacto con sus mejillas.

-¡¿Po-Porqué?!… ¿Por qué insistes en acercarte?...dijiste que si no quería verte nunca más-

-Insisto porque te equivocas Matthie… ¡Debes escucharme!... él no-

Pero en el momento preciso en que la noticia comenzaba a salir de los labios de Estados Unidos, el reloj marcaba las 11:00 y la puerta de la habitación se abría suavemente a sus espaldas.

-¡He-Hey! ¿Qué está pasando aquí?

El silencio se apodera de la habitación, los labios de ambas naciones se cierran herméticamente y sus ojos dejan de buscar intensamente a los del otro para posarlos en conjunto sobre el hombre de delantal blanco que derecho como un pilar se encuentra parado frente a la puerta de la habitación paralizado por semejante escándalo que al parecer había explotado en un segundo dentro del cuarto. No es hasta que el hombre comienza a inspeccionar la habitación de derecha a izquierda con la mirada que el americano se da cuenta de la mala situación en la que se encuentra y es que cualquiera que lo viera ahora mismo, tomando fuertemente al debilitado canadiense desde los hombros pensaría que desde hace mucho la visita había dejado de ser serena y que con seguridad, el rubio de los ojos azules que se encontraba en pie era el culpable de esto.

-Estaba intentando explicarle-

Los ojos del médico se clavaron como estacas sobre el rostro Estados Unidos.

-Al ser solo un ciudadano y usted mi patria…tengo que pedirle amablemente que le quite las manos de encima a mi paciente, pero como medico tenga por seguro que llamaría a seguridad ahora mismo.

-¿Q-Que? –Dijo Estados Unidos confundido para unos segundos más tarde quitar en un parpadeo el agarre que sostenía sobre Canadá- Oohh…no no…usted no entiende, estaba intentando explicarle a Matthie que el bebe-

-¿Qué ya se ha estabilizado?...eso es lo que venía a informar yo ¿pero al parecer usted sabe más del tema que el propio medico, no?

Pero a pesar de la expresión molesta del médico, el ánimo del estadounidense no se dejó caer, sus ojos brillantes se posaron incrédulos y emocionados sobre los oscuros y amargados de éste hombre, preguntándose inmediatamente lo esencial ¿acaso había escuchado bien?...no, más importante aún ¿Matthie lo había escuchado también? Volteándose lentamente se dispone a averiguarlo pero antes de hacerlo la temblorosa voz de su hermano menor se lo confirma desde atrás.

-¿Se ha…estabilizado?

Estados Unidos entonces, temiendo encontrarse una vez más con los ojos repletos de ira que hace unos segundos atrás Canadá le había dedicado, termina de girarse para encontrarse con una imagen totalmente distinta, los hermosos ojos lilaceos de su hermano de los que tanto gusta están posados firmemente sobre el médico, aún se encuentran enrojecidos por el previo llanto, pero en ellos la irá ya no se encuentra, por el contrario, el cansancio y la tristeza pueden ser fácilmente ubicados en ellos dándole una imagen de debilidad absoluta que tanto al médico como a él parece invitarles a acercarse para asegurarse de que se encuentre bien.

-A-Así es –respondió algo inseguro el hombre del cabello oscuro temiendo por la salud del canadiense que tras haber escuchado esto le parecía más frágil que cuando entró- es un muchachito bastante fuerte, un bebé normal no habría sobrevivido a semejantes heridas…

-Pe-pero…

Su mirada vacilante se divide entre Estados Unidos y el médico, sus labios tiemblan sutilmente y aunque el peso en su corazón de pronto ha desaparecido éste no ha hecho más que cambiar de forma, pues el dolor que ha dejado de punzar en su pecho de pronto se ha transformado en lagrimas que escapan por sus ojos, mojan sus mejillas y casi le impiden seguir hablando.

-Pero yo les…e-escuche decir que él ya no….res-respiraba

-¿E-Eh? De hecho, no lo estaba haciendo…no fue hasta unos minutos más tarde que-

Sin embargo, aún cuando el profesional en la habitación estaba intentando explicar el suceso lo más tranquilamente posible con tal de evitar exaltar aún más a la nación norteña, en cosa de segundos fue interrumpido por una pregunta de ésta misma, quien aún con su voz temblorosa y a punto de extinguirse lograría desconcertarle y a la vez encender la llama de la curiosidad y enojo de Estados Unidos.

-¿Porqué?...¿po-porque nadie me dijo nada sobre esto? –Dijo Canadá bajando la vista con los ojos repletos de lágrimas-

-La salud del niño iba y venía…no quisimos darle esperanzas hasta que estuviéramos realmente seguros de que lo lograría.

-¿Q-Que?... –Los ojos de Estados Unidos se posaron de inmediato sobre el médico y Canadá-

Y todo entonces cobró sentido en la cabeza de Estados Unidos, las enfermeras pasando sin si quiera mirarle, las miradas nerviosas entre los médicos y el completo silencio en el que por días habían permanecido sumidos; todas estas actitudes incompresibles en aquel momento ahora tenían su explicación, pues si el personal del hospital no quiso decir nada a Canadá sobre el estado de la criatura por miedo a que ésta ultima jamás volviese a abrir los ojos, lo mismo ocurría con la propia nación norteña. No habían querido decir palabra alguna a nadie hasta cerciorarse de que los dos, tanto Canadá como el bebé, estaban fuera de riesgo.

-Lo siento…creemos que podrá verlo dentro de poco igualmente.

Su cabeza trabaja a mil por hora procesando toda la información que en tan solo un minuto ha recibido, el no esperaba que este día comenzase de esta forma y sin embargo, una enorme cantidad de dudas y temores se habían desvanecido en su pecho y gracias a esto, permitido respirar más cómodamente sabiendo que sus dos amores, el niño al que no conoce como al hombre con el que ha compartido toda su vida se encuentran fuera de peligro…o eso es lo que cree antes de volver su mirada hasta Canadá y encontrarlo llorando desconsoladamente. Las suturas y vendajes habían curado su exterior, pero algo dentro de sí aún seguía roto.

-Matth- -Salió como un susurro desde los labios del americano a la vez que éste avanzaba una vez más acortando la distancia entre ambos-

Sin embargo el destino ya no parece quererlos juntos.

-Bueno…las visitas se han acabado, ¿usted concuerda conmigo cuando digo que Canadá necesita descanso verdad?, así que tendré que pedirle que me acompañe señor Estados Unidos.

-Pe-Pero…

-Como dije antes, agradezca que no le he pedido que se vaya antes de tiempo, así que ahora por favor…-Dijo el médico atravesando la puerta y esperándole desde el otro lado- necesito que se retire.

Y se siente derrotado al reconocer que aquel hombre presente en la habitación, serio y molesto y que resulta ser el médico tiene la razón; es obvio que Canadá necesita descansar y está realmente claro para él que su presencia no ha hecho más que alterarlo desde que llegó, él no se merece todo esto y si su ausencia lo haría sentir más cómodo es correcto que se vaya, quizás…para siempre. Es así como, tras posar su mirada por una última vez sobre la pálida piel del canadiense, Estados Unidos se encamina hacia la puerta agobiado por el pensamiento de que esta triste escena será el último recuerdo que tenga de Canadá, pues si bien es probable que sus caminos se crucen en el futuro como naciones hermanas que son, seguramente esta habrá sido la última vez que la herida y helada nación norteña le dirija la mirada…o la palabra. Sin embargo, una silenciosa eternidad entre ambos parece una probabilidad demasiado extrema para el Padre Tiempo o quizás para Dios, pues en cuanto el americano da el último paso que lo posiciona bajo el umbral de la puerta, es la voz que temía no volver a escuchar la que le llama por su nombre una vez más, pausando en seco su triste caminata hacía el exterior de la habitación.

-America…

Estados Unidos se vuelve para mirarle entonces, esperando atemorizado unas cuantas palabras hirientes más y un encuentro fugaz entre los rojos y enfurecidos ojos del canadiense y los suyos propios…pero esto no ocurre, por el contrario, la escena que se aparece frente a sus gemas azules está completamente alejada a la ira que hasta hace unos momentos creía iba a presenciar, los ojos lilaceos y cansados del menor se encuentran fijos sobre las sabanas, apenas visibles bajo sus delicados y enredados cabellos de ángel, y sus labios rosados y sellados que le parecen por completo incapaces de decir si quiera una palabra que sea capaz de herirle; la escena es, para nada lo que esperaba encontrar y en vista de esto y sintiendo su corazón ser apuñalado por el dolor que le produce ver a Canadá en este estado, vuelve su mirada una vez más pero esta vez hacia el médico quien sintiendo los ojos suplicantes del americano sobre él y más importante aún, la paz regresando una vez más al pequeño espacio de cuatro paredes, hace una pequeña mueca de fastidio que acompaña por un simple ''Solo un minuto'' proveniente de sus labios los cuales cierra de inmediato al igual que la puerta de la habitación que una vez encajada entre las paredes deja a ambas naciones a solas una vez más.

Una muralla de hielo, es lo más parecido a la incomodidad y el silencio fusionados juntos que en ese mismo momento aparece entre los dos. Ambos permanecen en su sitio sin mover si quiera un musculo, el canadiense por su estado y el americano probablemente debido al pensamiento que ronda en su cabeza, que en voz baja le dice que la mejor forma de no lastimarle una vez más es no moverse para nada. Así se quedan entonces por unos cuantos segundos más hasta que finalmente una pequeña brisa se cuela por la ventana haciendo danzar las transparentes cortinas y los delicados cabellos del canadiense, despertándole del trance y llevándole por fin a dirigirle la palabra una vez más al rubio que se encuentra de pie y que en ningún momento le ha quitado su triste mirada de encima.

-…Tú…

-… ¿Qué pasa Matt?... –Respondió el americano con una voz que vagaba entre la tristeza y la preocupación una vez que se sintió invitado a hablar-

- Si yo te hubiese llamado… ¿habrías regresado?

El americano es sorprendido entonces por los ojos cansados de Canadá, quien una vez ha terminado de hablar levanta la mirada hasta él esperando una respuesta en silencio, sus ojos aún se encuentran brillantes y enrojecidos por el llanto, estaba tan cansado de llorar… pero sus lagrimas ya no obedecen a sus órdenes y se desplazan por sus mejillas a cada llamado de lo terrible sin que la pobre figura de los ojos lila pueda hacer nada para reprimirlas más.

La respuesta no se deja caer tarde pues en el momento en que Estados Unidos la escucha sus labios se abren y sentencian de inmediato; a pesar de la notoria tristeza en el tono de su voz no hay duda de la veracidad de sus palabras.

-Definitivamente

Y parece haber una pequeña chispa por un segundo en los ojos de Canadá cuando éste escucha la respuesta, sus labios tiemblan y bajando lentamente la mirada desde Estados Unidos hasta las blancas baldosas del piso quizás buscando esconder parte de su fragilidad del americano, con una voz quebrada le responde entonces demostrando un dolor y remordimiento que al rubio de los ojos azules le resulta indescriptible.

-Entonces…e-es mi culpa también

-¿Q-Que? No, no Matthie… ¡no es tu culpa!

¡Qué insoportable era verlo en este estado! Sus puños se cierran cuando siente su propio cuerpo sufrir al verse invadido por unas enormes ganas de correr hasta él, despejar su rostro de aquellas molestas lagrimas y abrazarle hasta hacerle sentir seguro…pero no podía, no era lo correcto, él había sido quien había provocado todo esto y ahora…debía acostumbrarse a vivir en esta situación donde lo mejor para ambos parecía ser estar lejos el uno del otro. Sus propios ojos azules que se ocultan tras sus dorados cabellos al sentir el agobio de la impotencia que le produce todo esto se dirigen una vez más hasta el canadiense cuando este contraataca una vez más con una voz decepcionada y temblorosa que como delicada porcelana entre las manos al dejarse caer se rompe en mil pedazos.

-Pero…si te hubiese llamado habrías regresado y nada… ¡na-nada de esto hubiese pasado!

-Matthie no es tu culpa, no llamaste porque estabas furioso y…fui yo quien te hizo enojar

Y eso fue todo, la voz del americano saliendo desde sus labios suavemente hasta el fin de la oración y luego el silencio entre ambos que frustrado le hizo apartar la mirada de Canadá una vez más para sentir vergüenza de él mismo. Fue claro para él entonces que el canadiense nunca debió de haber estado a su lado…eran tan distintos, el de los ojos lilas siempre había sido tan amable y considerado, un pacifista a sus ojos, mientras que él…era Estados Unidos. Mientras pensaba en aquello el tiempo terminó por devorar el minuto, un pequeño golpe se escuchó desde el otro lado de la puerta y para el americano este pareció el llamado perfecto para desaparecer de la vida del menor para siempre, así que girándose lentamente con una mirada devastada por la tristeza y el dolor que esta idea de la separación le produce, posa su mano sobre el picaporte y se dispone a salir sin si quiera dar un último vistazo atrás…cuando una voz más calmada de cierto canadiense le detiene.

-¿Vo-Volverás?...

Para en seco, sus ojos se abren como dos fuegos artificiales en el cielo y su respiración se para tan solo por escuchar aquella dulce voz a la vez que en su rostro una expresión de alivio se forma. Y a pesar de que por un momento sintió unas enormes ganas de girarse hacía él a la velocidad de la luz y afirmarle que lo haría con una enorme sonrisa en el rostro, recordó que aquella elección no era del todo suya, así que sin voltearse tan solo agregó con una pequeña y débil sonrisa:

-Eso depende de…si tú quieres que lo haga…

-…Bueno…aún tenemos cosas de que hablar

Las palabras se transforman en la llave que libera a su corazón del miedo de no volver a verle nunca, de la tristeza que le produce la idea de no volver a oír su voz y del miedo que hasta ahora le prohibía girarse para verle una vez más. Es así como finalmente se decide a hacerlo una última vez antes de desaparecer hoy por esa puerta y como sus ojos le dan una grata despedida una vez que estos se posan de inmediato sobre una escena que parece ser sacada de algún lugar del cielo pues aunque en la mirada de Canadá aún se puede percibir algo de resentimiento, la ligera sonrisa que se encuentra posada en su rostro parece propia de un ángel.

Una vez que el americano sale de la habitación no sin antes haber regalado una sonrisa propia a la otra nación que ama más que a ninguna otra en el mundo, Estados Unidos camina solitario por los pálidos pasillos del hospital de regreso a su automóvil y posteriormente a su hogar para entregar a todos la esperada noticia de la recuperación de Matthew y el bebe. Con una sonrisa esperanzada en el rostro piensa para sí mismo en lo obvio, que no sería sencillo que las cosas vuelvan a ser como antes, pero que al menos ahora tenía en sus manos una segunda oportunidad que bajo ningún motivo desperdiciaría, pues a prometido ya no alejarse más de su familia, nunca más, y nunca…es un extenso periodo de tiempo para arreglar las cosas; él tiene esperanza de que con ayuda del tiempo todo cambie para bien y que gracias a esto pueda ganarse el amor de su familia devuelta.

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No fue hasta 2 semanas después que el hospital permitió a la pequeña criatura y a su madre, el ya arto canadiense, volver a su hogar para descansar de las desagradables paredes blancas que ya le estaban volviendo loco. Afortunadamente estas dos semanas también habían servido para que las dos naciones norteamericanas entablaran conversaciones más calmadas que poco a poco los llevaron a crear los nuevos principios de la relación y las modificaciones que harían como familia, pues aunque ambos se amaban y de eso no había existido duda alguna desde el nacimiento de ambos, obvio era también que ya ninguno de los dos podía seguir viviendo de la misma forma de antes.

La casa se encuentra finalmente en silencio tras un día increíblemente agitado producto casi en su totalidad de los incontrolables llantos de la joven criatura que resulta ser el lago Hurón, el cual rompe en lagrimas básicamente cada vez que se le deja solo; rasgo que a ambos adultos produce ternura hasta que entonces comienza a llorar de nuevo; desesperados, ninguno de los adultos recuerda que Amy o Liam llorasen de aquella forma solo por atención…pero bueno cada niño es un mundo.

Es en medio de esta pequeña pausa calmada y libre de ruido que de entre el esperado silencio y desde el pasillo de la entrada del hogar se escucha de pronto la suave, pero por alguna razón angustiada voz de Amy con su vestido verde agua y zapatos a juego. Había estado esperando allí por al menos 7 minutos y definitivamente ya estaba cansada de ello.

- Aún no llega a casa...me pregunto si habrá olvidado que pasaríamos el día juntos…

-Ríndete…hay cosas que no cambiarán ni en un millón de años –la voz algo desinteresada de su hermano no tardo en responderle desde la sala de estar-

Quizás hubiese sido una mejor idea quedarse callado, pues en cuanto intenta regresar a su lectura la voz del rubio más alto que resulta ser uno de sus progenitores le llama la atención desde atrás con un tono que a todas luces significa problemas.

-Liam ¿Qué te parece si dejas de ser tan ''positivo'' y vas a cambiarte de ropa para salir? en serio, es la 2 vez que te lo digo

Afortunadamente, esta vez las palabras habían sido suficientes para levantar al lago Ontario del sillón y hacerlo caminar hasta su cuarto para cambiarse, quien a paso lento y con una expresión de berrinche suelta un simple ''Okay…'' por lo bajo que resulta casi inaudible. Esperando y meciendo al menor de los lagos en brazos, no es hasta que ve al menor desaparecer al fondo del pasillo y entrar a su habitación que la propia nación norteña se dispone a caminar hasta donde se encuentra el lago Erie quien desde lo dicho por su hermano parece algo más deprimida que antes.

-No te preocupes –Le dijo sonriente y con una voz repleta de dulzura que logra llamar la atención y mirada afligida de la menor-

-¿Va…a llegar cierto?

-¡Claro! Solo ten paciencia

- Pero…

No logra acabar la frase cuando el sonido distintivo del coche de la familia siendo aparcado en el garaje llama su atención hacia la puerta una vez más, sus ojos expectantes brillan como dos enormes esmeraldas y su vestido sube y baja ligeramente producto de los pequeños brincos que de forma enérgica repite mientras espera atenta a que la puerta sea abierta de una vez. El momento no tarda, avisando su llegada con una suave voz finalmente abre la puerta y aunque hubiese gustado de que alguien le avisase del pequeño huracán que rápidamente se formaba detrás del trozo de madera, lleno de felicidad se encuentra en cuanto al ingresar al hogar la muchachita se abalanza sobre él en un abrazo a su cintura que le toma desprevenido y le hace tirar todos los papeles de la junta mundial por los aires. Era increíble verla finalmente sana…todo indicaba que estos cambios en el modo de vida entre los dos no solo les habían afectado de forma positiva a ambos, de alguna forma también habían ayudado a la recuperación de la salud del lago Erie y de la niñez del lago Ontario.

-Papa!

-Jejeje, ¿cómo has estado cariño?

-¡Bien! – Dice la muchacha con una enorme sonrisa mientras ayuda a Canadá a recoger el papeleo del suelo-

Al ver el desastre ante sus ojos la carcajada característica de Estados Unidos suena alegre por el pasillo mientras se acerca lentamente con el niño en brazos hacia donde se encuentran los miembros de su familia. Una vez frente a ellos y sin desaprovechar si quiera un segundo un beso es fugazmente robado de los labios de Canadá en cuanto se levanta tras haber recogido la última pieza de papel del suelo, lo que provoca en el menor de los americanos un sonrojo tan rápido como el beso que su hermano le ha propinado y que por un segundo casi le provoca dejar caer todo el papeleo de nuevo.

-A-Alfred! ¿N-no te das cuenta de que Andrew y Amy están-

-¡Oh, si! ¡ Amy estuvo frente a la puerta todo el tiempo esperándote!

Dijo Estados Unidos con una enorme sonrisa en el rostro, interrumpiéndole y evitando así el inmenso testamento de ''buenas costumbres frente a los niños'' que su hermano iba a dejar caer y es que aún sabiendo que el canadiense odiaba ser interrumpido al hablar, Estados Unidos no había podido evitarlo, había estado sediento de uno de sus besos durante todo el día y al ver su rostro tan sonriente y plagado de alegría no había podido contenerse, pues si bien adoraba a Canadá de pies a cabeza, verlo alegre y sonrojado le resultaba incluso aún más atractivo. Jamás podría evitar ser espontaneo cuando se trataba de besar a Matthie, después de todo, algunas cosas nunca cambiarían.

-¿Aún tienes un problemón con la puntualidad no? –Dijo Estados Unidos con tono burlón aún algo distraído por las rosadas mejillas de su hermano-

-No es un problema tan grande, no llego siempre tarde…creo -Agregó Canadá a la vez que le quitaba el niño de las manos y facilitaba el papeleo sobre la junta- Tu jefe dijo que debes leer todo esto y firmar los papeles correspondientes… también que no olvides la presentación para mañana o Alemania estará realmente enojado contigo.

-¡Hahaha claro, claro! Todo listo ya, ¿qué te parece si vas a cambiarte por algo más cómodo mientras yo relleno estos papeles? Amy ya está lista pero seguro quiere acompañarte también, ¿cierto princesa?

Y la sonrisa en los labios de Canadá mientras asiente no es nada en comparación a la que se encuentra en los de la muchacha quien tras escuchar esto último y asentir también, llena de energía se apresura rauda y alegre hasta el fondo del pasillo en espera de su papa. La tarde en el parque junto a su familia, el olor de las flores y el delicioso sabor del helado era algo que, a pesar de ser experimentado con mucha más frecuencia estos últimos meses no dejaba de hacerle sentir llena de felicidad, finalmente le parecía que había comenzado a vivir.

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Mientras el sol se oculta en el horizonte y los niños juegan en las pequeñas atracciones del parque local, Estados Unidos se aleja por unos segundos de ellos para acercarse entonces a Canadá y al pequeño Andrew que desde el regazo de su madre y con sus ojos llenos de curiosidad sonríe estirando sus pequeños brazos hacia donde él se encuentra. En cuanto llega hasta él y lo toma entre sus brazos, se sienta en la pequeña banca de madera junto a Canadá que tal como él sonríe dulcemente por lo adorable que resulta la escena, esto, hasta que sus ojos se encuentran y brillan para los del otro bajo el tono anaranjado que el sol escondiéndose en la lejanía provoca, las estrellas azules de Alfred se posan entonces sobre los suaves y provocadores pétalos que resultan ser los labios de Matthew y sintiéndose más enamorado y desesperado que nunca es así como lento y guiado por esta fuerza magnética e indescriptible que resulta ser el amor, se acerca hasta él que tímido cierra sus ojos y se deja llevar de la misma forma hasta que ambos se encuentran en uno de los besos más dulces y necesitados que puedan recordar. Y aunque el beso pudo ser perfecto cierta anomalía llama la atención del americano una vez que el acto es roto en busca de oxigeno, pues a pesar de que sus manos se encuentran enlazadas tiernamente con las del otro sobre la rustica madera de la banca, no puede ver esta ternura en los ojos de Canadá, pues estos tras el beso no se posan sobre los suyos como de costumbre, por el contrario, miran hacia adelante, allí donde el sol se oculta anunciando la pronta llegada de la noche.

-¿Pasa algo?

Se aventuró a decir el americano aún algo confuso por la actitud de su hermano menor, rompiendo el incomodo silencio entre ambos y distrayendo al canadiense quien girando lentamente sus hermosos y extraños ojos lilas de regreso al mayor finalmente le mira y se dispone a responder con sus mejillas aún ruborizadas y una expresión tímida en el rostro que a Estados Unidos le parece uno de los más bellos espectáculos.

-Dime América… ¿extrañabas esto?

-… ¿El atardecer? No en realidad, lo veo todos los días bro… ¿Acaso tu no?… ¿hace cuanto que no miras a través de las ventanas…?

-¡No, no me refería a eso! sino a…

Las palabras se le atoran en la garganta, sus mejillas se vuelven incluso más rojas y su mirada es rápidamente bajada en cuanto la vergüenza y la tristeza se apoderan de él al intentar terminar aquella frase cargada de sentimientos. Y aunque hubiese deseado quedarse callado y dar por olvidada la situación, aún puede sentir los brillantes ojos azules de Alfred sobre él que acompañados por la suave caricia del americano a su mano finalmente le entregan la confianza necesaria para continuar.

-… estar juntos de ésta forma… Yo… de verdad extrañaba poder sentarme junto a ti sin pensar '' ¿Cuándo será la próxima vez que podamos repetir esto?... ¿Años?'' y…simplemente disfrutar el momento. Tú… ¿lo extrañabas?

-Eh…en realidad no

La respuesta cortante y desinteresada de Alfred produce en Canadá una reacción tan rápida que en menos de un segundo éste ha regresado su mirada hasta él con una expresión que gira entre la decepción y la ira que haría a cualquiera retroceder en su presencia. Sin embargo esto es completamente opuesto a lo que entonces hace Estado Unidos, quien con sus ojos brillantes y una dulce sonrisa en el rostro, toma al canadiense desde el rostro para así arrastrarlo hasta él y sus labios en un nuevo beso que al momento en que termina tan solo logra dejar a la representación de Canadá incluso más confundido y enfadado.

-¡¿S-Se puede saber que significa todo esto?! Respondiéndome como si no te importara y luego besándome de esa forma…

-Yo te extrañaba a ti –Agregó tranquilamente Estados Unidos-

-¿Q-Que?

-¡No extraño nada del pasado porque siempre puedo hacer recuerdos nuevos junto a ti Matthie! Y… supongo que no vale la pena seguir pensando en lo que ya ocurrió cuando ahora mismo las cosas son tan distintas y perfectas…

-Alfred…

-Además, tengo todo lo que necesito en casa, junto a ti y los niños. Es por eso que no volveré a irme y dejarlos solos, porque sé que me necesitan… ¡y cuanto los necesito yo a ustedes! No volverás a pensar en algo…como lo que me dijiste nunca más Matthie, lo prometo.

La anaranjada tarde se llena de dulzura cuando el rostro de Canadá lo hace también, mostrando una bella sonrisa que cautiva a Estados Unidos y le hace necesitar estar más cerca de él; sin embargo no hay necesidad de mover siquiera un musculo, pues el mismo deseo parece tener el canadiense, quien tras acercarse lentamente a él cuidando de no despertar al niño que en medio de la discusión a caído dormido en los brazos de USA, apoya su cabeza en el hombro de su hermano mayor al que nunca se le había visto rodeado de tanta paz como hoy.

Y aunque nada podría ser completamente perfecto como Estados Unidos había mencionado y es muy probable que distintas circunstancias les separen en el futuro y reaviven el dolor que el extrañarse el uno al otro produce, en el corazón de ambos el temor no existe, porque desde el día en que nacieron han pertenecido y estado junto al otro y lo que siempre ha estado unido, así seguirá por el resto de la eternidad.

FIN


Y así concluye la historia.
¡Estaba apurada por respaldarla y por ello he subido todos los capítulos de una sola vez a la página :D!
Así que sin mucho más que agregar me despido, tengan un maravilloso día (^w^)