Nada que sea de Tolkien me pertenece, y todo lo que sea mío obviamente no es de él. Si así fuera, él no sería él, sería yo, y yo sería un hombre épico que actualmente mira crecer las flores desde abajo. Y… bueno. Esto es suficiente, ¿no? :/


Rosemary and Honey

Capítulo Dos

Suspiró, sintiéndose mucho mejor después de un descanso tras pasar dos días agotadores yendo de aquí para allá en el cuidado de los Hobbits que habían caído bajo algo similar a la gripe, que ocasionaba dolores de cabeza agudos y una cantidad variable de fluidos, sin olvidar el mal humor que traía a todos sus pacientes.

Había acabado vendiendo casi la totalidad de sus medicinas se habían vendido y era ahora el dueño de una bonita bolsa llena de monedas tintineantes, suficientes para rellenar su primera y segunda despensa, y tal vez comprarse algo de tela para otra colcha.

Sus pensamientos felices fueron interrumpidos al notar algunas nubes dispersas en los confines del cielo. Adivinando que se trataba de una tormenta de los últimos días de verano calculó que tardaría al menos un par de días más en azotar la Comarca. Tendría que darse prisa si no quería encontrarse bajo las tempestuosas gotas.

Haz planes, que los dioses se reirán de ellos, masculló para sí, cuando ya le faltaba poco para llegar a su hogar, agazapado entre las raíces de un gran árbol mientras las nubes se descargaban contra los pobres mortales que no habían podido llegar a su cómodo y caliente agujero. Como él… pero sin un árbol para ocultarse.

Acurrucándose en su mochila, agradeció que al menos tenía algo similar a un techo, y un par de provisiones para picar. Estridentes sonidos pronto llenaron el cielo, y en medio de ellos, su oído captó un ruido similar a un gemido ahogado. Concentrándose, percibió que se trataba de origen vivo y que debía de estar a un par de metros de allí.

Poniéndose de pie, dejó su cargamento en la zona segura y empezó a avanzar hacia donde creía nacía el rumor. Fue a menos de cinco metros que lo descubrió en forma de una figura semi-recostada contra una piedra, temblando y aferrándose a una la cosa peluda que llevaba sobre sus hombros.

Con cuidado se aproximó al desconocido, creciendo más preocupado a menudo que notaba los signos de la inconsciencia y la fiebre. Posando una de sus manos comprobó la temperatura mayor y que no respondía. No puedo dejarlo aquí, determinó, inclinándose para acarrearlo a un lugar más seco.

A pesar de que el sujeto no era alto todavía medía al menos una cabeza más que él, y además era grueso, prácticamente hecho de roca a su parecer. Sin embargo, a pasos de bebés logró acarrearlo bajo el amplio follaje de un árbol.

Luego, en una corta carrera trajo sus suministros, sacando una bufanda de lana para evitar que cuello tomase más frío del que podía evitar. Mientras secaba el rostro con uno de sus pañuelos no pudo evitar analizar sus rasgos, considerándolo atractivo a pesar de nariz grande y la barba. No es como si eso importa ahora, se regañó. Él siempre había sido el de apreciar la belleza, de todas formas, incluso en los momentos menos esperados.

Es relativamente cerca de aquí a Hobbiton, masticó un pedazo de pan, pero tendré que aguantar hasta que la lluvia amaine un poco. Por más fuerte que se hubiese puesto no podría llevar a alguien el doble de su peso, a cuestas, hasta su casa bajo la lluvia. Echando un vistazo al enano (porque lo era, ¿quién más trenzaría su cabello de esa forma?) soltó un pequeño suspiro. Voy a hacer mi mejor esfuerzo, prometió.

Utilizando algunos de los medicamentos que le habían quedado logró estabilizar a su paciente dormido, lo suficiente al menos para que pudiese brindarle un mejor cuidado en terreno cálido. Vamos, pidió, mirando al cielo blanco, para ya.

Su deseo se cumplió hora y media después, por lo que él no desaprovechó y tomando su mochila, se la acomodó antes de pasar a recoger al enano. Esperaba que años más tarde recordarse esa odisea con más cariño de lo que sentía ahora, caminando a penas.

Podría haber soltado un par de lágrimas cuando la Colina apareció a su vista, y lo hizo al llegar a su smials, pasando por el pasillo hasta llegar a una de las habitaciones de huéspedes y dejando caer su carga sobre uno de los sillones.

Se estiró, quejándose por el dolor de su espalda resentida. Esto seguirá por los próximos días, gimoteó, suspirando al ver su invitado. Y todavía tengo trabajo que hacer. Bueno, al mal paso darle prisa…

Con cuidado le quitó la ropa mojada y lo acarreó, prácticamente desnudo, a la cama. Tenía varias cicatrices que ya estaban curadas, exceptuando una línea roja en el brazo derecho. Colocó un poco de ungüento sobre ella y la vendó, arropándolo con gran cantidad de mantas. Secó el sudor de su rostro y cuello, colocando un paño frío sobre su frente.

Eso será todo por ahora, hizo una mueca, lo mejor será pegarme un baño… y luego a la cama.

Su esquema no salió exactamente bien.

Estaba totalmente oscuro cuando un grito resonó en los pasillos y habitaciones, asustándolo. Más rápido de lo que podría haber pensado se encontró en la habitación de su invitado, intentando calmar su evidente mal sueño.

— Shhh—susurró, renovando el trapo en agua fresca y volviéndolo en su lugar. Él recordaba, en su anterior vida, tener pesadillas cuando era niño, y como su abuelo se había sentado a su lado durante horas, tomando su mano mientras tejía historias con su profunda voz.

El enano se removió, gruñendo en voz baja palabras inentendibles. Suspirando con descontento al ver el sillón enlodado, arrimó otra silla y se sentó, aclarando su voz— Bueno, no soy el mejor en esto, pero veamos… hace mucho, mucho tiempo…—comenzó, contando cuentos y fábulas que su mente suministraba amablemente, hasta que notó la respiración modularse y el ceño alisarse, reemplazándose por una expresión tranquila.

Con un último bostezo se incorporó y se dirigió hacia su cama, su cuerpo sintiéndose cada vez más pesado. Enterrado bajo las mantas, destacó que no se había sentido tan mal desde el día en que se había muerto y luego despertado en ese cuerpo.

Nada que dormir no pueda reparar, se confortó, cerrando los ojos y entregándose a los brazos del señor del descanso.


Él se despertó envuelto en calidez, con un colchón cómodo bajo su espalda, y un paño frío y agradable sobre su frente. Por un momento creyó que era un producto de su somnolencia más al despabilarse todo seguía ahí. Seguía allí. Pero lo último que recordaba era haber estado camino a Ered Luin, en un estado no precisamente bueno, antes de ser sorprendido por una lluvia. Y nada a partir de allá.

Mirando su alrededor, notó una bandeja sobre la mesita de luz a su derecha. En frente, más adelante, una puerta abierta dejaba entrever lo que parecía un pasillo. El ambiente era acogedor, y el tamaño pequeño de la cama le dijo que no se encontraba en una casa humana. No es como si lo esperaba.

Todavía sentía el resentimiento y el picor de su dignidad de su último trabajo, donde el hombre decidió que la labor no se había realizado en el plazo correcto, reduciendo su paga a la mitad. Decir que se había enojado era un eufemismo, más porque no podía hacer nada, ya que si actuaba vería las puertas de las demás fraguas cerrarse. Y acabé herido además, refunfuñó, intentado mirar su brazo.

— Disculpe—una voz irrumpió sus pensamientos y lo sorprendió por su sigilo. Un hobbit, notó, sintiendo sus cejas arrimarse. El extraño tenía la clásica vellosidad en sus pies, más de la mitad de su propia estatura y una mata rizada prolijamente recortada alrededor de un rostro suave, con unos ojos verde valle— Me alegra saber que ya está despierto.

— ¿Quién eres tú?—inquirió, sonando ronco y gastado. Intentó incorporarse pero le fue imposible, y pronto dos pequeñas manos en sus costados estaban tirándole hacia arriba. Estaba tan asquerosamente débil y eso le molestó mucho más.

— Oh, excusa mis modales. Soy Bilbo Bolsón, hijo de Bungo, y está en mi casa, Bolsón Cerrado—contestó, con buen tono— Dígame, señor, ¿le gustaría comer un poco o tomar un baño?

Fue el momento preciso para darse cuenta que estaba prácticamente desnudo— ¿Y mis cosas, mediano?

El hobbit suspiró ligeramente— Es Bilbo. Tu ropa estaba mojada y sucia, estará bien dentro de poco. Mientras puedo darle algo más o menos de su tamaño. El resto de lo que tenía está sobre papel para escurrirse y que nada se deteriore—le informó, cogiendo un vaso de la bandeja y tendiéndoselo— Tome, es jugo de naranja con miel, se deslizará con facilidad por su garganta y le caerá bien a su estómago.

Sosteniendo la bebida en sus manos escudriñó a su anfitrión en busca de segundas intenciones, sin embargo, nada malicioso apareció así que bebió con lentitud el líquido. Tal como el mediano dijo no forzó a su garganta, y además sabía bastante dulce.

— Dime, hobbit, ¿cuánto he estado durmiendo?

— Un día y medio desde que te traje aquí—respondió, la molestia brillando en sus ojos.

Asintió secamente, apoyando una mano sobre la cama y obligando a sus piernas a moverse hacia el costado. Sin embargo, fue empujado hacia abajo por el otro— ¿Qué crees que estás haciendo, mediano?—gruñó ligeramente, él realmente no estaba para otra falta de respeto. ¡Era un rey, maldita sea!

La expresión furiosa del hobbit lo detuvo y aún más sus palabras— ¿Qué creo yo? ¡Qué podrías quedarte quieto, señor, e intentar tener algo más de modales! ¡No te cargué sobre mis hombros durante tres horas y colina arriba para que te despiertes y te comportes como un niño malcriado! —cruzó sus brazos sobre su pecho— Tampoco sé que hice para merecer un trato tan desdeñoso. ¿Es qué tratas de esa forma a todos los que cuidan de tus heridas y tu fiebre?

El silenció cayó después de su argumento, el rey encontrándose sin nada que decir. Finalmente, encontró su voz— Tú… ¿me cargaste?— ¿cómo podría haberlo hecho? Él era al menos dos veces más grueso, y lo superaba por una cabeza y media, sin olvidar que al estar en la inconsciencia habría pesado más.

— Por supuesto que sí—olió, aflojando su tensa postura— No iba a dejarte ahí, bajo la lluvia, dormido y con fiebre. Soy un hobbit responsable, después de todo, y un Bolsón en eso, ninguno dejaría a alguien a su suerte y menos en esas condiciones.

Reflexionando sus palabras, se deslizó voluntariamente bajo las colchas. Desde allí dejó escapar un largo suspiro. Soy tan tonto— Lamento esto, señor Bolsón—murmuró, triste— no era mi intención tratar tan mal a alguien que como dijo solo ha cuidado de mí. Agradezco su ayuda y le aseguro que entenderé si desea que deje el lugar.

Recibió como respuesta un leve bufido de incredulidad— ¿Qué se vaya? ¿Es broma? No dejarás esa cama hasta dentro de dos semanas, mínimamente. Ahora, toma estos remedios y duerme un poco más—ordenó, mirándole como si estuviese dispuesto a obligarlo si se negaba— traeré algo liviano para que comas más tarde.

Moviéndose tan silenciosa y rápidamente como solo un hobbit podía, Bilbo le hizo tragar la medicina casera sin importarle sus muecas, y luego lo arropó, cambiando el paño ya tibio en su cabeza por uno fresco— Bien, todo listo—musitó, para sí, satisfecho.

Sin embargo, antes de poder irse, un brazo salió disparado de entre las mantas y se aferró a su muñeca— Espera—pidió, manteniendo su agarre. El anfitrión ladeó su cabeza y le dio su atención— Gracias.

El hobbit lo miró por lo que pareció una eternidad. Finalmente, una sonrisa de sol brilló en su rostro, sus ojos cálidos que no parecían guardar ningún reproche a pesar de su mala conducta— Eres bienvenido…mmm…

— Thorin—se presentó, aclarándose la garganta— Thorin Escudo de Roble, a su servicio.

Bilbo inclinó su cabeza— Un placer entonces, señor Escudo de Roble—correspondió, suavemente— Ahora, a descansar—y soltándose, abandonó el cuarto sin cerrar completamente la puerta.

Con la vista clavada por el lugar donde su cuidador se fue, eligió hacer lo ordenado y se acurrucó, abrigado por el calor que hacía mucho tiempo no gozaba. Se durmió pensando en sus sobrinos, su hermana, su gente… y en el pequeño hobbit cuya gentileza y mirada limpia lo había sorprendido.


Después de dejar a su invitado descansando, él se movió hasta el salón, dejando caer sin mucha gracia sobre uno de los sillones. Bueno, eso no fue tan malo ni tan bueno, meditó en la quietud, por lo menos dejó de verme como si estuviese a punto de morderme la cabeza.

Suspiró. Sigo sin caer en mi suerte, que realmente el enano que encontré es El Enano. Cada vez parece más una especie loco de plan. Meditó por un momento, acabando por encogerse de hombros. Bueno, lo echo hecho está. Su mirada recorrió el lugar, disgustándose al descubrir las manchas de barro. Tengo que encargarme de eso…

Tardó más de media hora en borrar toda el desastre, recordando luego que el rastro terminaba recién el sillón de la habitación donde su invitado sorpresa dormía. Él había cogido la ropa y las cosas pero tendría que sacar al sol si quería que quedase como nuevo después de su lavado. Pero no puedo hacerlo ahora, advirtió, a sabiendas del enano que dormía profundamente.

Me encargaré luego de eso. Mejor será ponerme a cocinar algo… en silencio se movió por la cocina, pensando. Creo que hice bastante bien el papel de Bilbo Bolsón. Cogió los ingredientes para un pastel, acercándose la hora de la merienda. Aunque perdí un poco los estribos al final… meh, nadie puede ser perfecto, ¿no? Además, él realmente merecía esas palabras. Una parte entendía su desconfianza y mal humor, pero la otra no podía evitar su irritación ya que no había hecho nada más que ayudarlo.

No sirve de nada molestarme con eso ahora, siguió con su cometido, cortando los trozos de fruta en finas rodajas. Sólo voy a hacer mi mejor esfuerzo, como siempre, y dejaré que todo caiga en su lugar. Con mucha suerte, cuando él se vaya pensará más de mí que como alguien que se ve como un vendedor de verduras.


La próxima vez que se despertó, el cielo estaba oscuro detrás de la ventana redonda, y nuevamente las pequeñas manos del hobbit se hallaban sobre él, cambiando las vendas que recién advertía tenía en la herida de su brazo y quitándole el paño ya tibio.

— Señor Bolsón—reconoció, entreabriendo los ojos. La somnolencia aún no había cedido.

— Mmm—su voz suave tarareó— La cena ya está hecha, pero si desea seguir durmiendo, por favor, sólo tome su medicina.

Su estómago respondió antes que las palabras pudiesen llegar a su boca. Con el capricho de una sonrisa en sus labios, el hobbit lo ayudó nuevamente a incorporarse— Bueno, sólo espere un momento—pocos minutos después regresó con un tazón humeante, y poniendo una bandeja en su regazo, apoyó el plato hondo allí.

— Gracias—murmuró, observándolo detrás del lío de cabello negro.

Él le sonrió, con esa expresión agradable que parecía guardar ninguna clase mal y que hacía del mundo un lugar mejor— Ahh, no es nada, ya se lo dije, ningún Hobbit responsable y menos ningún Bolsón trataría menos a sus invitados.

Thorin lo dudaba.

Probó cuidadosamente el caldo, olvidándose luego de cualquier modal, devorando con ansias el plato. Hacía demasiado tiempo que no degustada algo tan delicioso. La sopa llenó su estómago con facilidad, calentando toda su columna placenteramente.

Al terminar, miró al hobbit sentado frente a él, zurciendo lo que sabía era su ropa, y se preguntó cuanto lo odiaría Bilbo si se lo llevaba a las Montañas Azules. Tendría un motín entre manos ni bien los demás enanos probasen su comida, lo sabía.

— ¿Le gustó?—preguntó, levantando la vista de su labor.

Asintió— Mucho.

Él se iluminó— Bueno— y continuó, cosiendo hábilmente los trozos de tela— ¿te gustaría un poco más?

Negó— Estoy lleno…—y aprovechando que no lo estaba viendo directamente con sus inquietantes ojos, dijo— Thorin. Puedes llamarme Thorin—después de salvar su vida, él decidió que merecía permiso.

El Hobbit pestañeó, sorprendido, antes de sonreírle entusiasta— Entonces Bilbo estará bien… Thorin.

Sintió una inesperada chispa de calor. Era refrescante ver a alguien alegrarse por cosas tan pequeñas, que no tuviesen que ver con joyas o monedas de oro.


Los días pasaron agradablemente, entre comidas suaves y exquisitas y conversaciones entre ambos. Bilbo era una criatura muy curiosa y él descubrió que le agradaba ser escuchado tan atentamente, sin ninguna interrupción. También aprendió bastante de su anfitrión, para su propia sorpresa. El hobbit era un diccionario andante de las plantas y no sólo le había contado acerca de los usos medicinales. ¿Quién se habría imaginado que la ortiga podría comerse, solo necesitando un hervor para perder su poder urticante?

Bajo la asistencia del dueño de Bolsón Cerrado no tardó más que una semana en reponerse completamente, siendo permitido a vagar a su antojo por todo el hogareño agujero. Se encontró queriendo el lugar, incluso la amplia biblioteca repleta de ejemplares escritos por los elfos. Bilbo era un traductor, además de un médico, por lo que era obvio que habría estanterías repletas de ellos.

Y más aún, se encontró encariñándose con el hobbit.

Era demasiado fácil, razonó. El hobbit era culto, amable y un cocinero maravilloso con una racha de protección y cuidado que podría darle a uno de sus conocidos un plazo para su dinero. Tenía la costumbre de asegurarse que siempre tuviese bocadillos disponibles y de encargarse de arroparlo como si no fuese más que un niño.

Él debería de sentirse ofendido, enfadado también. Pero no encontraba el fuego en sus emociones, sino el tenor cálido del agradecimiento profundo por la gentileza mostrada. Thorin empezó a desear poder hacer algo para demostrárselo, ya que las palabras no eran precisamente lo suyo ni tampoco el control de su carácter gruñón.

Para su suerte, no tardó en hallar la respuesta a su deseo.

Una tarde, mientras observaba a su anfitrión cocinar una de sus tartas se encontró en un rincón un enorme horno de hierro tapado por algunas cacerolas. Según su anfitrión, aunque hobbits eran buenos en asuntos de reparación sus talentos estaban más inclinados a la tierra y sus frutos, siendo las cosas de metal a veces demasiado para ellos.

No era el caso de un enano, por supuesto. Y menos el de él.

Empezó con el horno, siguió con la reja y otras cosas más, y de un momento a otro, pedidos de vecinos de Bilbo llegaron. Lo que fue para mostrar que agradecía la ayuda acabó con él ganando unas buenas monedas y varios bolsones de verduras, frutas y especies.

Hobbits amaban dar regalos, según su médico, y más si era para alguien que había resultado serles útiles. Incluso llegó a recibir un abrigo nuevo de lana de una señora ya anciana que vivía en el smial -no agujero- al pie de la colina, que tan solo había llegado una tarde después de días de haberles completado un trabajo con una tela bajo el brazo y unas agujas en su mano. No se había permitido negar que le tomase las medidas, y en poco tiempo él acabó siendo el orgulloso dueño de la creación roja con bonitos botones.

Después de un mes, los habitantes de Hobbiton dejaron de darles miradas recelosas y comenzaron a calentarse a él, saludándolo por las calles. Thorin reflexionó que se trataba principalmente porque era Bilbo quien lo había acogido y no lo dejaba andar muy lejos de su vista. Él era, después de todo, un hobbit muy respetable y un médico.

Sentando perezosamente en el frente, contempló al hobbit cuidar su jardín con esmero, sintiendo un brote de calidez y protección cada vez que lo notaba sonreír. Debe ser por su parecido con un enano niño, reflexionó. Era bajito y sin barba, con ojos amplios y enorme curiosidad. Igual que su sobrino menor, salvo por la parte que Bilbo al menos era maduro.

Su mente viajó a kilómetros de allí, a las Montañas Azules. Como otra veces se preguntó que estaría haciendo su familia y si se hallaban bien. No podía evitar sentirse mal por ellos, ya que mientras él disfrutaba de la hospitalidad su hermana y sus hijos sufrían el duro clima y la falta de comida allá arriba.

Sólo tengo que juntar un poco más de dinero, pensó, y luego volveré. He logrado juntar bastantes comestibles, los suficientes para que ellos no pasen hambre este invierno.

— Thorin—su tren de ideas se perdió ante la llamada, regresando su atención al hobbit frente a él, quien tenía entre sus manos un sobre abierto y una amplia sonrisa que se debatía entre la felicidad y el nerviosismo— dijiste que eres un herrero, ¿verdad?—preguntó, mirándolo debajo de sus rizos.

Alzó una ceja, a sabiendas que Bilbo conocía perfectamente a que se dedicaba. Mmm. No sabe cómo decirme lo que sea que se trae entre manos, notó, sintiendo cierta diversión. Esperó pacientemente a que continuase.

Moviendo sus pies, murmuró— Um, bueno, el otro día recibí una carta de mi tío Isembard que vive más al sur, en las Colinas Verdes. Él me pidió si conocía a algún herrero lo suficientemente bueno reparar su galería. Es muy importante para él y su esposa ya que fue su regalo de bodas. Los daños fueron causados por la última tormenta…—carraspeó ligeramente— yo, bueno, me tome la libertad de sugerirte y él dice que nos espera en su smial…

Thorin consideró sus palabras, elevando las cejas— Ya veo.

Bilbo añadió rápidamente— El tío te pagará muy bien, te lo aseguro, y además, tendrás mucho más trabajo ya que los Tuk son ampliamente conocidos en la Comarca. Sé que deseas volver a tu familia y alimentarlos y como eso es muy importante para un hobbit quise ayudarte y…

Lo interrumpió con un sorpresivo abrazo— Muchas gracias—susurró, pateando cualquier sensación lacrimógena a distancia, ya que él no era un niño y era absolutamente seguro de que no debía sentir tanto por uno de los gestos más nobles y sinceros que habían hecho por él, por Thorin.

Dedos cortos se aferraron a su camisa, y creyó escuchar un "de nada" ahogado por la tela. Cuando lo soltó, él le sonreía de la misma forma suave que era injusto que poseyera. (Pero lo hacía, y todo era más bonito simplemente porque existía… como la risa de un bebe).


Mientras preparan las cosas para un viaje a Alforzada, una interrogante surgió en la mente del enano, provocado por las comparaciones con un enano niño. Por mucho que habían compartido, él no tenía idea de que edad poseía exactamente el hobbit. Así que preguntó.

— Treinta y nueve—contestó, con facilidad, parpadeando sus grandes ojos verdosos— ¿Por qué?

— Mmm—Thorin miró hacia abajo, no acordándose exactamente a qué edad los Hobbits alcanzaban la adultez— ¿Y cuántos años necesitas para ser considerado adulto en su sociedad?

Una emoción extraña cruzó su rostro antes de desaparecer como si nunca hubiese estado allí— Bueno…—comenzó con cuidado, guardando un par de bolsas pequeñas en su mochila— hobbits son considerados mayores a los treinta y tres años. En mi caso, demostré que podía cuidarme solo desde los treinta así que dejé de ser considerado un niño desde esa fecha—una sonrisa triste adornó su rostro— no es como si tenía otra opción. Mis padres ya se habían ido para esa fecha.

Oh, un nudo se formó de repente. Él realmente no había deseado traer la memoria su mente— Lo siento—se disculpó, maldiciendo su lengua.

Bilbo sacudió su cabeza, ocasionando sus rizos rebotar— No, está bien. No lo sabías. Además, no hay nada de qué preocuparse, ya han pasado varios años—sonrió suavemente, pidiendo— Dime, ¿qué hay de tu familia en las Montañas Azules?

— Mmm. Tengo una hermana, Dís, y sus dos hijos, Fili y Kili. Ella se queda a cargo de la colonia cuando no estoy. Mis sobrinos…—suspiró un poco, una sonrisa pequeña floreciendo en sus labios— Fili es el mayor y le encanta la espada, mientras que Kili prefiere el arco. Ambos aman causar problemas. Una vez se les ocurrió robar la interior de varios enanos y decorar un espantapájaros con ellas—su expresión era de alguien dividido entre el disgusto, la diversión y el escepticismo ante la idea.

El Hobbit se rió, asintiendo en comprensión— Cuando era joven, uno de mis primos me convenció que los pasteles de mi madre necesitaban hongos. Encontramos unos rojos muy bonitos a un lado del camino y no pudimos evitar comernos unos pocos—hizo una mueca— uno de los adultos nos encontró por la noche entre los árboles, yo estaba amasando un bollo de lodo y hojas mientras que mi primo intentaba cazar hormigas porque se estaban burlando de él…

Thorin le dedicó una mirada de incredulidad, antes de soltar una bastante ridícula risa que hacía bastante daño a su reputación huraña— Sospecho que has tendido evitar los hongos de aspecto similar. Mmm. En Ered Luin no hay plantas de ese tipo… aunque Mahal sabe que mis sobrinos no las necesitan.

La conversación fue un surtido de anécdotas, marcando un compás ameno al viaje.


Bien, hasta aquí llegamos por hoy :)

The ghost reader: ¡Hola! Primero que nada, te agradesco por tomarte el tiempo de leer y escribirme. Te aseguro que no es mi intención atascarme con el primer capítulo ni nada, sino que todo los cambios que hice fue porque pensé que así estaría mejor. La presentación de los personajes, sus dialogos y la trama. ;)

De hecho, estaba acabando el capítulo cinco cuando me dí cuenta de que podía mejorar los primeros porque tenía como un pensamiento acerca de algunos puntos que no me dejaban en paz .-. Como, si te despiertas en un cuerpo que no es tuyo después de morir y notas que de hecho es uno que técnicamente nisiquiera existe, ¿no tendrías un reacción más fuerte?

Y el título, bueno, me quedó zumbando el romero y el romero y me dije, ¿qué será? Busqué la simbología de él y fue como "oh, vaya". ¿Sabías que es siempre señal de buenas noticias y representa el renacimiento? ¡Quedaba como clavo! Y la miel no solo simboliza la dulzura sino que leí en un artículo lo que habría representado para los humanos primitivos encontrarse con un alimento tan sustancioso y delicioso. :D ( Perdona si lo alargué demasiado xDD)

Y ahora que lo recuerdo... esta es la segunda vez que lo publico. O sea, la primera vez que borré y lo volví a subir aquí. :)

Espero que te haya gustado ese capítulo. Como dije antes, muchas gracias por todo lo que has dicho pero en mi defensa repetiré que todas las ediciones han sido para mejorar la historia y nada más. ¡Muchos saludos! :D

Siendo eso todo me despido hasta el jueves, cuando el tercer capítulo será subido :D ¡Gracias por leer!