Bien. Ya está listo…
Rosemary and Honey
Capítulo Cuatro
Thorin escudriñó la galería con cierta satisfacción. Estaba en perfecto estado nuevamente, con la capa blanca de pintura secándose al sol. Significaba que ya podrían irse a casa –la de Bilbo, se corrigió- y luego él volvería a Eren Luin.
Fingió ignorar la incómoda sensación de tristeza que empezaba a arañar su interior a favor de mirar hacia el otro lado, donde su hobbit se hallaba jugando con algunos de sus primos más pequeños. Sintió las comisuras de sus labios estirarse hacia arriba. Sí es que logra que lo suelten alguna vez.
Como lo prometió, Isembard pagó lo ofrecido después de recibir la noticia de que había terminado. El trabajo fue comprobado, claro, y aunque el mediano mayor había sonreído, su esposa había sido mucho más vocal. Él había acabado con una invitación a pasar por allí cuando quisiese.
Un día y medio después ambos dejaron Alforzada, y aunque él intentó todo el camino, no pudo revelar nada acerca de lo que su hobbit estaba planeando. Lo había visto conversar muchas veces con su tío, y en algunas sus voces se habían alzado considerablemente, más poco tiempo después todo se había tranquilizado.
La curiosidad lo picaba desde lo profundo, porque no podía dejar de pensar que se trataba de un asunto que le confería también. Sin embargo, Bilbo solo le daría una mirada en calma y un firme "ya lo verás", todas las veces que le preguntaría, directa o indirectamente.
Finalmente, medio día antes de llegar a Hobbiton, se le regaló un pequeño detalle— ¿Sabías que hobbits no reciben regalos en su cumpleaños o en las fiestas? Se acostumbra que sea al revés—y con una sonrisa enigmática lo había dejado allí. Su conclusión fue que el mediano lo estaba haciendo a propósito, no era secreto que disfrutaba fastidiarlo.
Le envió otra mirada fastidiada al "pajarito", como tal elocuentemente lo había llamado la tía.
Ignorando a su compañero, Bilbo pasó el resto del tiempo tarareando en voz baja, observando el camino con ojos escrutadores en busca de alguna que otra hierba o flor, sus pensamientos a la deriva como un velero en medio del mar.
Él realmente no pensaba en decirle nada a Thorin, no aún al menos. Había esperado que pudiese resolverlo por sí solo pero luego se dio cuenta de que era una pista muy vaga. Bueno, sonrió en su interior, esto servirá para que cultive su paciencia. Quien quiera que esté allá arriba sabe bien que la va a necesitar.
Aún faltaban varios años para que Gandalf se encontrase con el rey en Bree y le dijese acerca de las señales de que ya era tiempo de reclamar Erebor. Había sido una buena maniobra, ya que se eliminaban dos problemas: el de los enanos sin hogar permanente y el dragón que representaba un verdadero peligro para todos, sobre todo si se aliaba con Sauron.
Un pequeño escalofrío lo recorrió. Y si formo parte de aventura, que debía hacerlo, encontraré el anillo Único. Esa cosa… ¿qué era exactamente lo que haría? ¿Guardarlo y criar setas para que todo saliese igual? No, se enfrentó a la idea, ya estoy cambiando bastante. Si todo sale bien, el pueblo de Durin no tendrá que pasar más hambre y la Comarca ganará muchos beneficios. Siguiendo con eso, ¿por qué habría de dejar fluir lo demás?
Se acordó de la trilogía, de la amistad legendaria formada por un enano y un elfo, de la valentía encontrada de un rey. Nada eso pasaría si de alguna forma se las arreglaba para destruir el anillo maldito. Pero también recordó la muerte, la destrucción. Incluso la Comarca se vería asediada y saqueada.
Eso no pasará, se rehusaba a ponerse una manta y juntar polvo en una esquina. De alguna forma ellos terminaran sus diferencias, algún día. Y el rey tendrá sus propias pruebas, de todas formas. Intentó consolarse y tirar su culpabilidad al fondo, muy al fondo de su mente.
Realmente… realmente esperaba no estar dando su grano de arena tan solo para sepultar el final "feliz". El camino al infierno estaba empedrado de buenas intenciones, después de todo.
Cuando llegaron, la noche ya había caído sobre ellos, y las luces de todos los smials se hallaban apagadas. En silencio condujeron a la parte superior de la colina, acomodando los ponys en el patio y llevándose los paquetes al interior. Pronto Bilbo prendió las velas y señaló el final del pasillo al enano, una sonrisa levemente burlona en su rostro.
Thorin le dio una de sus "miradas" antes de aceptar la sugerencia y desaparecer rumbo al baño. El hobbit, en cambio, se dedicó a cocinar lo más sencillo y rápido que sabía. Él acabó cuando el rey volvió a aparecer, el pelo húmedo y oscuro sobre sus hombros, vestido ya con su traje de dormir.
En silencio, el más alto se trasladó a ayudarlo, sacando dos platos y los cubiertos de los armarios, disponiéndolos de usual forma en la mesa. Sin sorpresas todo estuvo delicioso, y pronto ambos tenían sus estómagos llenos y cálidos. Bilbo bostezó, cogiendo la vajilla para dejarla en la encimera, no con ganas de lavarlas ahora.
Con una despedida murmurada los dos hombres se dirigieron a su cuarto, o al menos lo hizo el enano. Bilbo decidió tomar el baño y luego recién irse a dormir, apagando las velas a su paso. Casi ni notaron la llegaba de la mañana, y solamente cuando el cartero gritó en el exterior se despertaron.
Poniéndose a toda prisa una bata, el dueño de la casa se arrastró hasta la puerta principal, saludando al hobbit que llevaba varios sobres entre sus manos. Dio sus gracias, recibiéndolos y entrando, apenas notando al herrero amodorrado que gruñía acerca de "carteros malditos" y lo que parecía un "buenos días" en su idioma cavernoso.
Bilbo no tardó en enviarlo a la cama. Thorin no tenía un buen humor por las mañanas, y él no estaba precisamente con ansias de aguantarlo. En cambio, se encerró en su oficina y leyó con avidez las únicas cartas que le importaban por el momento, sonriendo ampliamente al final de esto. Se dejó caer sobre su sillón, susurrando— Muy bien, esto es simplemente genial.
Con su tío de su parte (al fin. Ese hobbit era un gran cabezón) y el otro no dando su negativa le quedaba hablar con el orgulloso rey. Voy a preparar mi mejor pastel para el desayuno, resolvió. No sabía si él tomaría bien que prácticamente había organizado todo sin pedirle ninguna opinión a pesar que era una de las figuras centrales. Espero que el amor a su pueblo lo impida mandarme a besar orcos…
Saliendo de la habitación, notó que el enano no había tomado su consejo y en cambio estaba bañándose, si el sonido del agua corriendo era preciso. Genial, suspiró, corriendo a cambiarse y tomando un veloz cuidado de su higiene. Mientras hacía el pastel se preguntó si lo mejor no sería esperar un poco más. No, reflexionó, cortando la manzana en rodajas, esto no avanzará sin su consentimiento.
Entregándose al dios de turno, orquestó un delicioso desayuno, escogiendo preparar las preferencias del rey. Al mismo que el agua se calentaba, frunció un poco el ceño al ver sus reservas. Tendré que ir al mercado, notó, dejándolo para después en favor de la conversación que se avecinaba.
— ¿Y esto? —Thorin inquirió, una ceja alzada al ver todos los alimentos sobre la mesa. Él no era estúpido, sabía que eso significaba una noticia grande que su anfitrión no sabía cómo le caería. Tal vez… ¿quiere pedirme que me vaya? Meditó, sintiendo una punzada de dolor ante el pensamiento. Había estado demasiado tiempo ya, después de todo, y quizás Bilbo no deseaba sufrir la baja de su despensa y el gasto de más agua.
— Oh, digamos que es una pequeña… celebración—sonrió con timidez, sus ojos revoloteando con nerviosismo y ansiedad.
Ambas cejas se elevaron esta vez, y él repitió las palabras en su mente. Al parecer no era precisamente sobre lo que había pensado (ignoró el alivio), lo que le hizo incrementar su curiosidad— ¿Sobre qué? —si el mediano seguía sin dignarse en darle una respuesta él no se haría cargo de sus acciones (no es como si verdaderamente lastimaría a su hobbit, no).
Aclarándose la garganta, Bilbo le sirvió una generosa porción de tarta de durazno y manzana, esperando a que comiese antes de hablar— Bueno, ¿recuerdas lo que te dije sobre las fiestas?—preguntó, viendo su perceptible asentimiento— Bueno, los hobbits tenemos muchas de ellas y en cada una el anfitrión tiene que dar un regalo a todos sus invitados. Usualmente es algo de su propio campo ya que pocos son los que van a Bree en busca de algo distinto…—aquí vamos— Estuve hablando con el tío Isembard sobre la posibilidad de una ruta comercial—soltó, de plano— con los enanos de Ered Luin. Sé que los hobbits amarían todo lo que los artesanos hiciesen y traería muchos beneficios para ambos lados…—el sonido de los cubiertos caído calló su voz.
El rey no dijo nada por un largo momento de tenso silencio, sólo lo miró con ojos indescifrables, su boca apretada en una fina línea. Finalmente preguntó, una calma fría en su tono— ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué provecho es lo que sacas de todo esto?
Bilbo exhaló lentamente antes de responder— ¿Yo? Nada. No soy de fiestas…—tragó— pero… pero sé que ustedes sí lo harán. No soy tonto. Sé lo mucho que se sufre allá arriba, sé que ustedes realmente no tienen un hogar, que tú eres su rey—le dio una sonrisa triste— ¿no lo recuerdas? Hobbits valoramos el hogar. Es lo más importante. Y si puedo hacer algo, lo que sea, para que tú y tu pueblo se sienta tan sólo un poco mejor lo haré—asintió, fervorosamente— siento no haberte consultado antes pero mi tío quedó con una buena impresión y entonces pensé "¿por qué no?" y entonces le dije y discutimos…—balbuceó— pero él ya me dijo que acerca de un mejor plan de acción y yo…
— Cállate—ordenó, trabando sus palabras. Tenía los ojos cerrados y las manos convertidas en puños. Aspiró el aire como si fuera a serenarlo, y suavemente lo soltó, incorporándose tan rápidamente que apenas percibió el movimiento. La silla cayó, pero él no prestó mucha atención, mirando en cambio a la intimidante figura que se le acercaba— ¿Tienes alguna idea… de lo que acabas que hacer? —preguntó, su tono poderoso resonando en las paredes.
Bilbo se mordió el labio pero no retrocedió— Yo sólo quería ayudar—dijo, pesada y claramente, a pesar de los nervios que lo estaban consumiendo. Él realmente no quería morir allí, no sin una buena y larga vida donde encontrase el anillo y el dragón fuese vencido.
— Tú…—murmuró, oscuramente, deteniéndose sólo a pocos centímetros. Espero que no lleve ningún arma encima, pensó tontamente, a sabiendas que con sus manos sería suficiente para vender a cualquier hobbit. Sin embargo, para su total sorpresa y contra a todo pronóstico, cayó frente a él, su cabeza sobre su regazo— Eres un tonto, Bilbo Bolsón—susurró, ni un céntimo de enojo en su voz— un verdadero tonto—y se echó a reír, algo histéricamente.
Thorin conocía perfectamente cómo actuar frente a la desconfianza, el rencor y la compasión, sin embargo, sus reacciones frente a Bilbo… no sabía cómo controlarlas. Él era demasiado bueno, demasiado amable, como un alma de otro mundo. Tonto hobbit. ¿Qué iba a hacer con él?
Un poco nervioso, Bilbo miró hacia el enano tendido en su regazo. Bueno, podría ser peor, se reconfortó, apoyando su mano sobre el cabello carbón. Casi prefería un ataque, así al menos podría proceder mejor. —Entonces, ¿esto significa que no estás enojado?—preguntó, esperanzadoramente.
Cesando su risa, se movió un poco y alzó su vista hacia él, ojos azules amplios llenos de horror— ¡Por Mahal! Claro que no—luego parpadeó, reflexionando— es un poco molesto que hayas decidido y hecho sin consultarme primero pero…—le sonrió— no podría enojarme contigo ni aunque quisiera. No después de darme una oportunidad como esta.
Bilbo suspiró con alivio— Oh, bien. Es bastante atemorizante cuando te pones todo malo-maloso—murmuró, sabiendo que lo que decía era una tontería. Sin embargo, Thorin no sonrió, frunciendo el ceño en su lugar.
— Yo jamás te haría daño—aseguró, enojado con la posibilidad de que el pequeño le tuviese miedo.
Le palmeó la cabeza, intentando que se viese como un gesto confortable y no como si acabase de darle una palmada a un perrito— Lo sé, lo sé. Pero eso no te quita lo intimidante y eso, ya sabes—sonrió— Ahora, ¿por qué no te levantas y terminamos el desayuno? Sería un pecado desperdiciar la torta.
Como si recién se diese cuenta de su posición, el enano se levantó rápidamente y se acomodó en su lugar, tomando un gran trozo de la masa dulce. De un momento a otro, interrogó— ¿Cómo puedes ser capaz de algo así? ¿No necesitan el permiso de un rey o algo así?
Viéndose divertido, contestó— Aquí se llama "Thain". Y resulta que el que ahora está a cargo de la Comarca es Isemgrim Tuk, el hermano mayor de mi madre—ante su expresión sorpresiva, añadió inocentemente— Ah, ¿no te lo había contado? Mi abuelo, Gerontius Tuk fue el Thain anterior, y cuando murió, eligieron a su hijo mayor. Tengo su carta aquí, por si deseas echarle un vistazo—acabó, volviendo su atención a la comida.
El de cabello negro asintió, declarando luego— Así que, en pocas palabras, eres de la familia real.
Bilbo negó— No, no. No hay nada de eso aquí. El cargo de Thain ni siquiera es heredable. Sólo soy otro hobbit más, mi único punto especial es que tengo los contactos adecuados, por así decirlo—se encogió de hombros, restándose importancia.
Thorin resopló— Título o no, es claro que no eres un hobbit común—su ceño se arrugó ante un pensamiento, y tomando un trozo de pan señaló hacia él— escucha, hobbit, no quiero verte por las carreteras salvando duendes y orcos porque tu corazón no pueda hacerse la idea de dejar a nadie. Vas a conseguir muerto uno de estos días—masculló, ganándose una mirada fulminante.
Girando en varios tonos de rojo, replicó— ¡¿Por quién me tomas, enano?! Que sepas que he estado en esto desde hace años y eres el primero que tuve que traer a mi casa. No soy estúpido, y para tu información no estoy indefenso.
Él alzó una ceja, no impresionando en absoluto— ¿Enserio? ¿Y qué utilizas? ¿Dagas, espadas o al menos un arco? —realmente esperaba un balbuceo, pero el más bajo alzó la barbilla y le contestó con orgullo.
— No, nada de eso. Prefiero algo mucho más pequeño y mortal…—sonrió ampliamente— si eres un buen chico tal vez te deje verlos alguna vez.
Molesto por cómo se encaminaba la conversación, le gruñó— No me trates como un niño, Bilbo Bolsón, tengo ciento cincuenta años más que tú, y sé valerme mucho más.
Agitando su pañuelo, sorbió un poco de té— Claro, claro. Y por eso mismo acabaste bajo la lluvia inconsciente—rodó los ojos— Por Yevanna, no eres nadie para hablar—murmuró, degustando uno de los bollos de anís.
Exhalando lentamente, Thorin pensó acerca de lo fácil que era estar agradecido y luego enojado en menos de diez minutos con ese hobbit molesto. Lograba crisparlo incluso más que sus sobrinos, y por Mahal, que era mucho para decir.
— Por cierto, el tío Isembard dice que quiere hablar contigo acerca de los mejores puntos donde poder comerciar y las mejores épocas. Él me comentó acerca de que lo más recomendable probablemente sea hacer una prueba utilizando el Festival de Invierno, que es en los últimos días de la temporada. Está tradicionalmente a cargo del Thain y todos los habitantes de la Comarca están invitados.
— Veo... así que propones que envíe un grupo de los artesanos en esta fecha. Es precipitado y hay muchas cosas que ver. El alojamiento, la comida...—suspiró, hundiéndose. Era una propuesta genial pero había múltiples inconvenientes.
— En realidad—Bilbo llamó su atención— pensé en ello también y acordamos con el tío que podrían quedarse en uno de los Grandes Smials. Tienen entre cincuenta y setenta habitaciones, aproximadamente, y algunas son dobles. No sé si será suficiente…—murmuró, jugueteando con sus manos— la comida tampoco será un problema—añadió, mirándolo desde bajo sus pestañas.
Thorin parpadeó, su sorpresa alcanzando niveles superiores— Parece que has estado trabajando duro por esto…
Bilbo sacudió su cabeza— No, claro que no. Yo sólo aporté una idea, el tío es quién está dirigiéndolo todo—le entregó una carta cerrada— mira, esto es para ti de él—sonrió, ampliamente, mientras él la tomaba— ¿entonces…?—lo observó atentamente.
El enano rey soltó un tenue suspiro, antes de sonreír con los ojos suaves— Entonces seguimos discutiendo sobre esto.
Él se iluminó notablemente, como si le hubiese hecho un favor y no al revés— Bueno, estaba pensando…
Más de un mes a la izquierda después que su hermano se hubiese ido, la preocupación escaló nuevos niveles en Dís. No había recibido ninguna carta o rumor de incluso alguno de sus amigos, como Dwalin. Si el cabeza de roca no regresaba con una buena excusa… bueno, ella no escatimaría en palabras. También conseguiría su cucharón de madera, a ver si podía meter a la fuerza algo de sentido común en su cráneo duro.
— ¡Ma! —estallido de uno de sus hijos interrumpió su preocupación. Jadeando ligeramente pero con una enorme sonrisa en su rostro, el más pequeño de ambos se acercó, a poca distancia de su hermano mayor, una carta en sus manos— ¡Es del tío! ¡Y… y no vas a creerlo!
— La hemos leído muchas veces ya, mientras veníamos para acá y aún no dejamos de sorprendernos—añadió, Fili, acarreando a Kili como alguna especie de cachorro para que le entregase el escrito— hay algo para ti también, mamá—sacó de su bolsillo otro paquete.
— Tío parece bastante feliz, ma. Hizo un nuevo amigo en la Comarca y se queda en su casa. ¡Dice que hace pasteles deliciosos! —gorjeó, entusiasta, Kili, antes de compartir una mirada con su hermano— Él dice que podemos ir, si nos das permiso. ¿Podemos, podemos? Por favor—rogó, estirando las últimas dos letras en mendicidad.
Suspirando, la enana tomó el papel y echó una veloz lectura sobre él, alzando las cejas ante las palabras. Al parecer sí está de buen humor, notó, me pregunto si este "señor Bolsón" tiene alguna idea de lo que le espera. Miró a sus hijos, evitando las ganas de rodar los ojos al ver sus expresiones de perritos apaleados— Voy a pensarlo. Mientras tanto quiero que ambos se disculpen con Ori por esconder sus plumas en la habitación de Dwalin. Y sin excusas—agregó, frunciéndoles el ceño reprobatoriamente.
Con un dúo obediente de "sí, mamá", escaparon velozmente, probablemente esperando encontrar al enano más joven sin la compañía de alguno de sus hermanos mayores. Negando con ligero cansancio, se sentó a un lado de la ventana y se acomodó, abriendo el paquete que su hermano le había enviado— ¡Por Mahal! —suspiró, tomando la considerable bolsa de monedas. La preocupación volvió. ¿Qué demonios había hecho Thorin para conseguirlo?
Se volvió hacia el sobre y lo leyó.
Querida Dís:
No. No he robado nada ni vendido mi cuerpo. (Me ofende que incluso estés considerándolo) Todo ha sido ganado legalmente gracias a mi amable anfitrión, el señor Bolsón, quién me recomendó a su tío que se hallaba en necesidad de un herrero.
Como ya habrás leído en la carta de Fili y Kili me encuentro en buen estado. Y con una muy buena noticia, en realidad. El hobbit con el que me encuentro no es más ni menos que el sobrino del Thain, el "rey" de la Comarca, y me han propuesto abrir una ruta comercial…
Ella jadeó, sorprendida.
Eso será después. Por el momento necesito que alistes a los artesanos que puedas para enviarlos a Alforzada. (El mapa está al revés de la carta) en un plaza de tres semanas máximo, ya que la fecha especial se encuentra a mes y medio de distancia. Se llama "Festival de Invierno" y es precedida por el mismo Thain quien necesitará un cargamento de regalos para todos los invitados. (Hobbits no reciben regalos ni siquiera en su cumpleaños, ellos son los que deben de dar)
Tengo confianza en que podrás encargarte de esto.
Con amor, su hermano
Pdta.: Deja a mis sobrinos venir. Te aseguro que el señor Bolsón conoce bien como son… él está confiado en mantenerlos en línea, y sí, hay una gran probabilidad que lo hago. (También te dejo el mapa de como llegar a su casa, Bolsón Cerrado, en Hobbiton)
Pdta.2: No es ninguna clase de broma o producto de una borrachera (de nuevo, me ofendes, hermana).
Dís contempló un punto en el aire, parpadeando una y varias veces más hasta que la realidad cayó como un balde de agua caliente sobre ella— Por Mahal—murmuró, débilmente, apoyando el brazo sobre el sillón para incorporarse. Lo más rápidamente que se permitía echó en busca de un determinado enano— ¡Balin!
Y ahí lo tenemos. :)
Espero les guste.
Muchas gracias por el fav ;) y a todos que se toman el tiempo de leer mi humilde historia. Sería un gusto saber lo que piensan ;)
¡Saludos!
