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¡Disfruten!
Rosemary and Honey
Capítulo Quinto
El silencio que sobrevino fue tenso, cargado de incredulidad, casi completamente causado por el enano de barba larga que venía a ser unos de los pocos privilegiados que contaban con la mayor confianza del rey— Una ruta comercial…—él murmuró, sumido en sus propios pensamientos, habiendo oído todo el mensaje desde la princesa Durin.
Dís se refregó la frente— ¿Crees… que lograremos esto?
Sus palabras parecieron sacarlo de su ensoñación— Por supuesto que sí. Las ventas han sido bajas y la mayor parte de la mercancía se encuentra guardada en casa de los artesanos. Vamos a necesitar más, de todas formas—su ceño se frunció.
— Son un montón de hobbits—ella gimió— muchos más de lo que podría llegar a creer. Al menos es bueno para el negocio.
— Y sobre el negocio… aún no me has dicho acerca de cuanto está dispuesto a permitirse el Thain—señaló, queriendo saber el límite.
La dama-enano sonrió un poco— La mayor parte del pago será con comestibles. Hobbits viven de la tierra y el canje es un negocio más común que el uso de monedas—le tendió la hoja de los detalles que había mantenido con ella todo el tiempo— mira esto.
Balin agrandó los ojos con sorpresa compresible, aclarándose ligeramente la garganta— Oh, ya veo. Si esto es cierto habrá poco que temer con la falta de comida. Y el dinero sigue siendo una suma considerable.
Dís asintió, finalizando— Así que es hora de seguir trabajando.
No obtuvo ninguna queja.
Fili miró a su hermano menor con una seriedad poco habitual— Al parecer el tío ha tenido mucha suerte—murmuró, rodeándole con un brazo.
Kili asintió, en reflejo su expresión, por muy extraño que pareciese— Mamá está… feliz. E histérica—hizo una mueca, acurrucándose en el calor corporal— ella y el señor Balin han estado discutiendo sobre esa carta desde ayer—sus ojos se entrecerraron en dirección a la puerta.
Ambos se hallaban en un balcón donde acostumbraban hacer sus planes y tener sus conversaciones con la tranquilidad de saber que nadie estaría escuchándolos. Oh, tantas nobles travesuras habían tenido su previo pensamiento allí.
— ¿Crees que nos dejará ir, Fili? —inquirió, preocupado, él realmente quería ver a su tío. Y conocer al "señor Bolsón", mucho más que por sus pasteles.
El brillo regresó a los ojos azules del mayor— ¿No te lo dije? Mamá preguntó al señor Dwalin hoy por la mañana si podía acompañarnos. Él dijo que sí—sonrió, pícaramente, mientras sostenía los brazos del enano más pequeño.
Kili lo mordió, sonriendo ante su grito— Eso es, mi querido hermano, por no haberlo dicho antes y-¡ouch! ¡Hey!—se quejó por el golpe antes de tirarse encima de su hermano, ambos comenzando una de sus peleas habituales.
Tal como Fili había escuchado, Dís acabó pidiendo al recién llegado Dwalin que acompañase a sus hijos. El enorme enano había parecido bastante molesto y culpable consigo mismo por no haber encontrado a Thorin según sus planes, aunque luego de enterarse que mientras él criaba la preocupación su rey había estado llenándose la panza con pasteles y acostándose entre mantas de lana, pues, digamos que incluso el mejor tabernero se habría sonrojado con las maldiciones y los usos imaginativos de las palabras.
Ella no envidiaba a su hermano la dulce visita que tendría pronto. De hecho, estaba esperando su regreso para darle un pedazo de su mente. ¡Ese idiota desconsiderado! Podía ser rey y todo lo que quisiese, pero Dís conocía cada uno de sus puntos débiles y no escatimaría en enseñarle una lección sobre darle canas de más. Como si no tuviese suficiente con sus revoltosos hijos.
Era una lástima que estaría demasiada ocupada para ir por sí misma.
Su ceño se frunció un poco. Ya había mandado su respuesta a su hermano y esperaba que él también contestase, sobre todo acerca de cómo había llegado a la casa de un hobbit, y el sobrino del Thain para eso. Mahal parece al fin apiadarse de nosotros, pensó, asomándose por una de las ventanas para ver a sus dos revoltosos hijos pelear.
Suspiró.
Por un techo sobre la sus cabezas y un plato de lo que sea en la mesa frente a sus hijos Dís había vendido a una centésima parte de su valor todas su joyas e incluso varias reliquias familiares. Había que sobrevivir, ¿no? Y como madre, habría hecho todo lo posible para asegurar un mínimo de confortabilidad a sus pequeños y pobres hijos.
Por esa misma razón ella dejaría ir a sus polluelos a la casa de ese "señor Bolsón". Si tendrían comida y cobijo, ¿cómo podría negarse? Además, Dwalin estaría con ellos, y Thorin. Asintió para sí. Eso sería lo mejor. Allá estarían cuidados. Y volvería a verlos, claro, después de un mes y pico.
Bien, sigamos con esto.
— ¿Estás seguro que no te importa? —preguntó, probablemente por quinta vez o sexta, sentado en el sillón más grande de la sala, una taza de agradable café entre sus manos.
Bilbo suspiró— No, Thorin, no me molesta que tus sobrinos vengan—sonrió, hoyuelos destacándose en rostro suave. Él también estaba sentado frente a la chimenea, cosiendo un abrigo con puntadas cuidadosas— Bolsón Cerrado es un smial grande y estoy seguro que cabremos cómodamente, así que deja de preocuparte por eso, ¿quieres?
— Hm—soltando algo similar a un gruñido se envolvió más profundamente en la manta que su anfitrión casualmente había dejado caer sobre él unas horas antes, cuando recién se había instalado. Detalles como eso lo hacían sentirse cálido y esponjoso en su interior, no es como si realmente iba a reconocerlo incluso a sí mismo.
Con una risita divertida, ya acostumbrado a la manera gruñona del enano, Bilbo tarareó suavemente mientras zurcía los agujeros de la tela. Una vez había sido una espléndida pieza de Bungo Bolsón pero él pensaba recomponerlo. Haría un estupendo forro para un abrigo, después de todo.
Arriesgando una mirada al enano silencioso notó los ojos azules cerrados y una expresión de paz reflejado en las líneas de su rostro. Eran pocas veces las que él podía llegar a ver al rey tan relajado y nunca le dejaba de resultar extraño. Sólo reforzaba la idea de que debajo de todos sus refunfuños y modales bordes existía un interior blando. Es una lástima que sea escaso de ver, pensó, mordiéndose la mejilla para no sonreír.
Un golpe en la ventana atrajo su atención, y al girarse descubrió con facilidad el cuervo posado en las rejas que Thorin insistió en colocar. Él estaba a punto de levantarse pero su compañero se adelantó, y haciendo un lado el vidrio, tomó la carta que el pájaro llevaba, dándole un pedazo de bollo que había estado mordisqueando anteriormente.
El ave desapareció, y Bilbo se quedó reflexionando acerca de la extraña relación entre los cuervos y los enanos, recordando que sólo había bastado al hombre silbar para que uno apareciese de la nada y tomara su sobre como todo un buen cartero a domicilio. Al parecer, ambas razas compartían un nexo similar a los elfos y sus árboles, como una especie un poco inquietante de vínculo que permitía saber al otro cuando se necesitaban.
— Fili y Kili están viniendo—contó, sentándose nuevamente en su lugar. Su ceño se arrugó al añadir— y Dwalin también. Él es mi familiar y un jefe de guardias…—suspiró, presintiendo la escena y el dolor de cabeza que el enano calvo le daría. Tendría que haberles escrito, me hubiera ahorrado todo lo que vendrá. Como si con ellos no fuera suficiente, conocía lo suficiente a su hermana para saber que estaba esperando su oportunidad para deja caer su cucharón sobre su cabeza muchas, muchas veces. Al menos me ama lo justo para no usar su hacha…
— ¿Estás bien?—sin detener sus movimientos, el hobbit lo observó con una ceja alzada ante su mueca de dolor.
— Hm—murmuró, un gruñido seco rumbando en su pecho, dejando la carta a un lado y acurrucándose contra la calidez. Un instante después se arrepintió de ser tan borde. Él había intentado decaer en su comportamiento huraño pero algunos hábitos eran difíciles de deshacerse. Realmente no deseaba tratar más que con respecto a la criaturita gentil que le había brindado tanto ayuda, ¡incluso un acuerdo para su gente! Más había veces que…
— ¿Podrías dejar de verte como un perro apelado? Ya estoy acostumbrado a tu hosco carácter así que no hace falta que me mires como si esperases que te golpee—sacudió su cabeza, apretando sus labios en una fina línea a sabiendas que una sonrisa esperaba por explotar.
— No sé de qué estás hablando, hobbit—replicó, ojos entrecerrados en la figura más pequeña.
Bilbo le miró durante lo que parecía un largo minuto antes de negar, murmurando algo similar a "enanos orgullosos" sin prestar especial cuidado a sus palabras. Me pregunto si él se da cuenta que su expresión de enfado es similar a la de los niños cuando saben que los adultos tienen razón y aun así lo niegan. Lo dudaba.
Meditó sobre expresar el pensamiento en voz alta. No. Morir una segunda vez no es una experiencia que espero… además, se ve bastante adorable de esa forma. Riéndose en su interior, agradeció nuevamente tener el buen control de sus emociones.
Kili estaba sencillamente entusiasmado, demostrándolo en sus rebotes ocasionales. ¡Ellos iban a volver a ver su tío! ¡Y conseguir un buen trabajo y una comida caliente y una cama cómoda! No podía esperar para llegar. De hecho…— Señor Dwalin, ¿cuánto nos falta?
El nombrado, que viajaba a poco distancia de ellos cumplió con sus ojos antes de mirar hacia el frente, calculando— Un par de días, muchacho—acabó por decir. El maestro de las palabras era su hermano, después de todo.
El menor de los tres se quejó, apoyándose en su hermano mayor. Fili sonrió, acariciando su cabello oscuro— Anímate, Kili, no será mucho. ¿No recuerdas que tardamos seis días en llegar hasta Bree? Hobbiton queda más cerca.
— Sigue siendo mucho—protestó, aunque carecía de molestia real.
Dwalin gruñó ligeramente en ellos. Se convertiría en un verdadero largo viaje si los príncipes no cesaban de fastidiar. Ya verás, su Majestad, pensó oscuramente, ya verás. Él tenía mucho que decir a su desconsiderado primo tonto. Sobre todo por dejarlo solo en un recorrido de varios días con un par de molestos adolescentes atolondrados.
El clima de la Comarca era bastante suave incluso en invierno o al menos en comparación con las tormentas de nieve y frío extremo de Ered Luin. El cielo era hermoso en su amplia extensión blanca y el aire no arañaba sus mejillas. Sin olvidar que sus habitantes parecían más amables que la media de gente, tal vez solo un poco por el lado tímido.
— Ah, el señor Bolsón. Hobbit muy respetable, se dirá siempre—les comentó el anciano a quien habían preguntado por la dirección, ya que ninguno había logrado descifrar el mapa del rey— ese sí que es un médico. Cargó con su paciente todo el camino hasta aquí, por horas. Y un enano en eso, el señor Escudo de Roble… un finísimo herrero, claro que sí, él me hizo esa reja—se recostó contra la obra, orgulloso.
— ¡Él es nuestro tío!—Kili no tardó en saltar, Fili asintiendo a su lado.
— ¡Y no hay mejor herrero que él!
— Oh, ya veo—una sonrisa adornó las características del hobbit— Muy bien, señores, es por allí—señaló una colina— en la parte superior. Es fácil de ver incluso de lejos, con la enorme cantidad de plantas que hay en su entrada. Mucha suerte, y espero verlos otro día—se despidió.
— Gracias—Fili le sonrió junto a su hermano, mientras su tercer compañero procedió a gruñir algo similar a eso y seguir con su camino.
Los tres subieron hasta donde se les había indicado. Y vaya que el mediano había tenido razón. El agujero-casa frente a ellos mantenía una entrada realmente verde. Incluso en invierno, varios de los arbustos gozaban de hermosas flores. Dwalin se adelantó, notando en el enrejado varios detalles obviamente enanos. Frunció el ceño un poco y golpeó la puerta redonda.
Instantes después ésta se abrió, revelando un personaje más bajo que los tres, de rostro suave y grandes ojos verdes que le sonrieron— Bienvenido, Enano Maestro. Soy Bilbo Bolsón, a su servicio—y se inclinó, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.
— Dwalin, hijo de Fundin—copió el gesto, entrando.
— Fili—se presentó rápidamente.
— Y Kili—sonó su hermano a su lado.
— ¡A su servicio!—corearon, acabando en una grácil reverencia.
Bilbo les sonrió, inclinándose de nuevo— Bilbo Bolsón al suyo. Por favor, pasen—todos ya adentro, él se volvió hacia ellos— Pueden darme sus abrigos, y sus armas colóquenlas aquí—señaló unos cofres a un lado del recibidor— Thorin está en la sala, por ese pasillo. ¿Les gustaría un poco de té, café, chocolate o cerveza?—inquirió, colgando los abrigos en el perchero.
— Cerveza—fue una de las respuestas, aunque le sonó más a un retumbo.
— ¡Cerveza! —repitieron los hermanos con amplias sonrisas pícaras, pero otra voz contradijo.
— Ni lo sueñen. El chocolate estará bien para ellos—se dirigió a su hobbit, sonriendo un poco a sus sobrinos desde su lugar en el pasillo, por donde había aparecido. Aunque palideció un poco al ver al otro enano, sobre todo ante su expresión.
— ¡Tío! —con un chillido de placer, el enano se vio envuelto por dos cuerpos. Dwalin conformándose con seguir observándolo acaloradamente.
Bilbo sonrió un poco antes de esfumarse a la cocina, a sabiendas que Thorin sería suficiente para guiarlos al salón. Él tenía varios pasteles y café para todos que preparar. Y los baños, añadió, arrugando la nariz.
Volvió para sugerírselo.
Mientras el señor Bilbo Bolsón preparaba su pastel de manzana como les había prometido, ambos enanos traviesos se hallaban en una bañera de tamaño humano, con el agua hasta el cuello y un agradable aroma envolviéndolos. Fili suspiró felizmente, cogiendo una de las esponjas y ayudando a su hermano con la espalda, sabiendo que recibiría el mismo tratamiento luego.
— Pasteles de manzana, bollos de miel—Kili tarareó con alegría, su estómago en ritmo con él— ¡y mucho, mucho chocolate caliente…!
— No te olvides de la tarta de fresa… o la de queso dulce.
Ambos se derritieron ante el pensamiento.
Dwalin comenzaba a entender porque Thorin parecía tan a gusto con permanecer allí. Era malditamente confortable. Él había gozado de un buen baño como hace mucho tiempo no tenía (con agua caliente. Pese a todo lo que se dijese sí se bañaba cuando podía) y acabado con increíblemente mullidas toallas para secarse. Más aún. En algún momento su ropa sucia y maloliente había sido cambiada por un juego nuevo de algodón que no tenía de donde había salido pero era extrañamente de su talla.
Y como era eso o andar desnudo, salió para encontrarse con los sobrinos del rey con la misma expresión sorprendida que él y un nuevo traje. El hobbit les sonrió al verlos— Ah, muy bien. Me alegra saber que sí era de su talla.
— ¿Y nuestra ropa? —… no, él no había querido que saliese como si acaba de culparlo por el robo de sus prendas pero… Mahal.
Bilbo pareció ajeno a su tono, arrugando su nariz mientras lo observaba— En el lavadero, claro. No iba a dejarlos andar así después de un viaje. Se las devolveré después. Mientras tanto pueden usar esas y las que he dejado en su habitación—parpadeó— oh, cierto, luego de las mostraré—se encogió de hombros— ahora vamos, es hora de la merienda—y sonriendo se movió ágilmente por el pasillo.
— Bueno, ya que lo pone así. ¡Hora de la merienda!—Kili siguió segundos después, compitiendo con su hermano quién podía ir más rápido.
Él tenía hambre también y no es como si quedarse mirando la pared solucionaría algo. Gruñendo acerca de hobbits se encaminó hacia donde los tres se habían ido.
Thorin contempló a sus sobrinos sonrientes mientras devoraban su tercer -¿o era quinto?- porción de pastel y bebían su chocolate caliente, acurrucados en un sillón doble con una gruesa manta roja sobre sus rodillas. Era una imagen que con mucho gusto guardaría para alguna ocasión de tristeza. Satisfecho se giró levemente hacia la derecha en dirección a su viejo amigo, intentando no sonreír ante el recuerdo de la expresión de desconcierto del enano cuando Bilbo lo había prácticamente envuelto en una colcha verde.
Dwalin estaba demasiado acostumbrado al miedo y a la desconfianza por su aspecto, por lo que notoriamente no había sabido bien cómo reaccionar ante el gesto. Se preguntó si él se había visto así también, abrumado por la gentileza y buenos modos de una criaturita a la que podía fácilmente romper como quien quiebra un palillo.
Volvió su atención hacia él, sonriendo muy poco y no con la boca sino con los ojos al apenas distinguir su forma entre toda la tela marrón con la que se había enrollado para guardar calor. Lo único que podía verse bien eran las manos pequeños que mantenían una taza de café entre ellas, y sus dos cándidos orbes verdes.
— Díganos, señor Bilbo, ¿cómo te encontraste con nuestro tío? —uno de sus sobrinos pidió, confianzudamente. Él resopló en su interior, nivelando a su hobbit y luego a los revoltosos enanos con una de sus miradas.
Dwalin se movió un poco en la esquina de su ojo, al parecer con la misma pregunta.
El dueño de Bolsón Cerrado sonrió ligeramente— Bueno, primero es solamente "Bilbo", ¿bien? y si a su tío no le molesta ayudarme… mmm, comenzó con una tarde de lluvia…
Enano y hobbit contaron la historia con gracia amena, Bilbo al final de encontrándose con dos enanos envueltos a su alrededor— Está bien, enserio, no fue ningún problema—les aseguró, intentando sutilmente aligerar su agarre. Él necesitaba respirar, y pronto.
— ¡Ya basta! —Thorin se incorporó, acarreando a distancia a sus dos sobrinos, ignorando totalmente sus quejas— Bilbo ha hecho mucho por mí y tiene mi más sincera gratitud pero no me ven ahogándolo—les gruñó, dejándolos en su sillón.
— ¡Pero tío, nosotros solo estábamos demostrándoles lo mucho que le debemos por salvar a nuestro tío favorito!—Fili se quejó, compartiendo una sonrisa escondida con su hermano.
— No es nuestra culpa que no puedas agradecerle correctamente, ¡con abrazos y…!—añadió más pícaramente, Kili, encogiéndose y dejando la oración a medias al recibir una clara advertencia.
Bilbo se rió, observándoles con una especie de cariño acostumbrado. Él no notó la evaluación de su otro invitado, o habría tomado el ejemplo de Kili y deseado ser más pequeño para esconderse en un bolsillo.
Dwalin anotó una charla con el señor Bolsón en su lista de actividades próximas. En ese momento él estaba disfrutando demasiado de los pasteles… y la vista. Uno no llegaba a ver a Thorin actuar sospechosamente celoso respecto a alguien muchas veces en la vida.
Con una sonrisa resguardada en un pastelito particularmente esponjoso pensó que por como iban las cosas, tendría mucho que contar a la Dama Dís.
Al fin. Creo que quedó bien :)
Un millón de gracias a:
guest: jajaja suele pasar xD cuando leo alguna carta en los fics también oigo la voz de los personajes en mi cabeza... y la de Thorin es tan sexy *-* (se derrite en un charco de baba)
Guest: hola :) gracias por tus amables palabras y te aseguro que doy mi mejor esfuerzo para intentar llevar la relación entre ambos con tranquilidad. Nadie despierta amando a una persona de un día para otro, ¿no? ;)
luigi: ¡gracias! Intento ser ligera, como dices, pero hay veces en las que me cuesta expresar todo lo que tengo en mi cabeza. Me alegra que pienses que voy bien en ello. Con respecto a su caracter y relación... bueno, a mi también me gusta imaginarse que detrás de todo esa capa gruñona y tosca hay un centro blandito en Thorin, no yendo a lo "fuffly" pero bueno, suave. Trato de no forzar los personajes, claro, no voy a ponerle un delantal de volantes y hacerle correr por un campo de margaritas con una enorme sonrisa estilo Barney xD Tolkien reviviría para matarme y luego morir de vuelta de un paro xDD En fin, es un placer tenerte de lectora. Yo como que soy de amor a los comentarios largos :'D
Por cierto, intentaré no dejar pasar mucho tiempo entre cada actualización ;) aunque sea una la semana.
Un enorme saludo a todos lo que se toman el tiempo de leer. Espero poder saber de ustedes alguna vez ;)
EDIT: ¡muchas gracias a luigi por decirme sobre los errores! He corregido un par y les ruego que si ven alguno no duden en avisarme de cual se trata, les aseguro que no tomaré mal sino todo lo contrario. Soy bastante distraída, me temo, y aunque generalmente Word es una estupenda ayuda con mis dedazos no significa que es mágico xDD
