Disclaimer: Lo usual, nada me pertenece. Todo al profesor J.R.R. Tolkien.

Este fic ha sido escrito en respuesta al desafío de Beledien en el foro "El poney Pisador".


2

Violeta

— ¿Esto es correcto? —.

—Por supuesto—replicó ella desde arriba, despreocupada—.Confía en mi buen juicio por una vez en tu vida —.

Findaráto resopló, haciendo volar un par de mechones de cabello sobre su frente. — Confiaría en tu buen juicio, si tuvieras uno en lo absoluto —.

—Vaya, ése fue un golpe inesperado —.

Amarië estaba por reír; no obstante, se interrumpió cuando un peligroso tambaleo amenazó con hacerla caer sobre el suelo, o hacia la corriente del río. Ninguna opción mejor que la otra. Findaráto dejó de sujetarse a las enormes raíces del árbol, las cuales se hundían en el agitado río, para buscar la manera de sostenerla.

No hubo forma, con la elfa tan mal parada sobre sus hombros. Afortunadamente, Amarië era ágil y logró sujetarse de una rama para mantener el equilibrio.

— ¡Estoy bien! —exclamó—. Ahora, si pudieras moverte un poco hacia la derecha… Estoy a punto de alcanzarla —.

Findaráto consideró hacerse un poco más hacia la derecha, razonando que las raíces húmedas y resbalosas podrían ser un factor de riesgo, hasta que…

— ¡No! ¡Tú estás decididamente pirada! —.

—Por favor, es sólo un poco. En serio, ya casi la alcanzo —suplicó, bajando la mirada para encontrarse con que Findaráto fruncía el ceño pero buscaba la mejor manera para poder moverse según sus deseos.

— ¿Así? —.

—Ay, no. La otra derecha —.

Se detuvo en el instante, juntó los parpados, apretándolos mientras pedía paciencia a todos los Valar. —No puedes estar hablando en serio, Amarië —.

—Hmm, sí, sí lo estoy. Anda, hacía la otra derecha —.

—Se llama izquierda —.

—La. Otra. Derecha. Por favor, Ingoldo —.

El elfo Noldo comenzó a preguntarse por qué siempre terminaba uniéndose a las insensatas aventuras de Amarië a través del bosque. La respuesta bien podía ser porque estaba tan chalado como la misma vanya.

—Compárteme tu secreto, ¿para qué te servirá esa (ridículamente) enorme flor? —inquirió, ya posicionado en el lugar que Amarië le pedía.

Amarië gruñó bajito mientras se estiraba un poco más para alcanzar aquella flor violeta, aun con el riesgo que esto representaba. Luego de un par de intentos, se dio cuenta de que no lo lograría. Torció los labios y frunció el ceño, meditándolo. Necesitaría un poco de impulso.

—Para nada, pero es bonita —replicó justo en el momento en que dio un pequeño saltito de los hombros de Findaráto. Tuvo éxito, pero el cálculo no incluía el aterrizaje sobre el elfo.

Ingoldo, por su parte, todavía procesaba el indignante "Para nada" que había obtenido como respuesta, cuando el peso de Amarië los hizo rodar por las resbaladizas ramas, hasta zambullirse en el río.

El agua no estaba helada, pero era agitada. La primera reacción de Findaráto fue buscar la mano de Amarië entre el agua. Al encontrarla, aliviado, se dirigió a grandes brazadas hacia la orilla más próxima, no sin antes haber sido arrastrados algunos metros por la corriente. El apurado chapuzón no pasó de ser eso, para suerte de ambos.

—No estarás enfadado, ¿a que no? —.

Amarië estaba parada junto a él, quien todavía yacía sobre el suelo con un brazo apoyado en la frente. Abrió los ojos, y el rostro contrito de Amarië iluminado por la dorada luz de Laurelin, que le arrancaba destellos hermosos a sus cabellos ya de por sí increíblemente áureos, lo hizo volver a la calma. No. La respuesta era no. Nunca podría estar enfadado. No con ella.

Se puso de pie, y al alzar el rostro tenía una sonrisa tranquilizadora para su insensata mejor amiga. Entonces, se dio cuenta. La flor violeta, la ridículamente enorme flor violeta, descansaba de tal forma sobre la mojada cabeza de Amarië que ella no podía notarla enredada en esa cascada de oro que era su cabellera. Realzaba su belleza.

La aventura, como siempre, había valido la pena.


Ok. Recuerdo haber leído en algún lado que los Elfos no son torpes. Tendrán que disculparme por ello ;)