Disclaimer: Lo usual, nada me pertenece. Todo al profesor J.R.R. Tolkien.

Este fic ha sido escrito en respuesta al desafío de Beledien en el foro "El poney Pisador".


4

(Siempre)

Pálido, inservible.

Ladeó la cabeza un poco y se alzó de hombros lenta y apenas perceptiblemente. Desesperada, quiso sonreír una última vez, porque obligarlo a partir con esa imagen de ella estaba fuera de discusión, y necia como era, lidió con la parálisis en sus delgados y secos labios. El resultado fue una mueca dolorida que le afeaba el rostro y le concedía un aspecto inquietante y miserable.

Apunto de recibir la herida, Amarië quiso encogerse en un gesto de dolor anticipado.

Miedo.

Miedo por todos lados. Sin Findaráto, la felicidad del mundo trocó en angustia y el vacío que no pudo localizar; aquí, allá, en todas partes. Aman se convertía para ella en una tierra pálida, porque Ingoldo se llevaba consigo lo mejor, lo más preciado, lo más hermoso, lo más importante. Un porcentaje alarmante de los mejores sueños de Amarië. Más que la pérdida de la luz de los Árboles, la elfa vanya lamentaba la oscuridad insondable en que había mutado su antes brillante futuro.

Inservible.

La vida, el mundo, ella. Todo estaba perdiendo propósito a una velocidad absurda, y Amarië contempló la idea de comenzar a tirar manotazos al aire para intentar atraparlo, para no dejar que anduviera por ahí, tan lejos de ella y su felicidad. No lo soportaba. No quería aceptarlo. No podía ser, qué indignante, qué asco.

—Vas a regresar —afirmó, apretando los puños a sus costados. De repente, hervía de rabia, porque el destino le repugnaba y ansiaba con todas sus fuerzas poder rechazarlo. Decirle que se jodiera, que no iba a mangonearla a ella. Oh no, a ella no.

Tomó un segundo para respirar profundo y asegurarse de que la voz no se le quebraría de un momento a otro, porque el llanto asechaba malicioso a cada respiro, a cada palabra, a cada pestañeo, esperando ansioso y avieso el momento perfecto para atacar y hacerlo peor, más doloroso, más insoportable.

Findaráto no se marcharía con esa imagen de ella si podía evitarlo.

Lo miró directamente a los ojos. —Regresarás. Un día —aseguró, forzando de nuevo sus labios en una sonrisa.

No todo era simple terquedad. Esto era en serio. Amarië cayó en cuenta de que sus palabras no se trataban solo de un obstinado reto al destino, sino que podía sentir su verdad en los huesos, enredada en ellos como una verdad tan tangible que era impensable dudar siquiera un poco de ella. Volvería a verlo. Un día. Por Ilúvatar que sí.

Titubeante, estiró la mano derecha hasta la mejilla de Findaráto. Rozó apenas su piel, conteniendo el aliento mientras acariciaba al elfo con adoración, como si al tocarlo con firmeza pudiera desaparecer, arrastrado por el viento.

Sintió que el corazón le saltaba en pedazos y ahogó un sollozo.

— ¿Me lo contarás todo? —inquirió suavemente, bajando lo mirada a sus zapatos aun empapados. Fue consciente por fin del frío que tenía, tiritaba con cierta violencia y los dedos de sus pies estaban entumidos. Había obligado a su caballo a atravesar un río profundo de aguas heladas luego de huir de su padre y hermanos. Estaba mojada de los pies a la cintura. Al menos el río no lo había arrastrado y ella había logrado alcanzar a las huestes de los Noldor en su camino a Alqualondë, pensó con una amarga sonrisa. Buscar a Ingoldo había sido la parte difícil, pero logró encontrarlo con la ayuda de Turukáno. Amarië le había agradecido con una sonrisa, antes de que Findaráto la llevara a un sitio más privado.

En el presente, sintió unos dedos fríos sujetarla por el mentón y levantar su rostro. Las lágrimas hicieron su camino de manera instantánea nada más verle.

Findaráto brillaba en su armadura. Todo plata y verde. Un príncipe como ninguno, hermoso y glorioso. Y tan suyo en el pasado, ahora lo perdía indefinidamente. Amarië sintió los pulmones llenos de cristal mientras rehuía los profundos ojos verdes que la observaban desde arriba, enturbiados con un dolor que ella comprendía, y de algún modo la movía a la compasión. Se vio tan tentada a desobedecer la orden de su padre, dejarlos a todos atrás por marcharse con Findaráto. ¡Qué importaba el honor! ¡Qué importaban las costumbres! Huir con Ingoldo a las tierras lejanas con las que tanto soñaran en días felices, estar juntos para siempre, a través de la pena y la dicha de un futuro que de otra forma era solitario y aterrador.

—Un día —escuchó la voz firme de Findaráto, interrumpiendo sus turbulentos pensamientos, instándola con su mano a que mantuviera su atención en él. Amarië comenzó a respirar con doble dificultad; sus ojos trémulos viajaban a velocidad vertiginosa por todos lados; los labios entreabiertos temblaban también, por todas esas cosas que quiso decir y no dijo; y la garganta la sentía apretada, por todas las cosas que quiso gritar, y no gritó—, un día te lo contaré todo. Tendré entonces, si la fortuna me sonríe, más que ofrecerte que una vida de exilio —.

Amarië se quedó quieta mientras él se inclinaba muy despacio sobre ella. Segundos de nerviosismo y anhelo, segundos de nada más en su mente salvo la cercanía firme y actual del Noldo, antes de que él plantara un delicado beso en sus labios. Dulce y breve. Amarië juntó los parpados al sentir que él se acercaba. Los apretó con fuerza deseando que todo fuera un mal sueño a pesar de que una pequeña alegría revoloteaba felizmente en su estómago. Su primer beso había resultado ser agridulce, casi habría preferido no tenerlo.

—Siempre te he amado, Amarië —la voz de él sonaba aun cerca. Las palabras le causaron un fuerte nudo en la boca del estómago—. Siempre lo haré —.

Amarië se quedó plantada donde estaba, aguantando las lágrimas, porque esa no iba a ser la última imagen que Findaráto tuviera de ella.

La elfa apretó aun más los parpados y lo escuchó montar el caballo, aturdida por la última muestra de afecto de Ingoldo y mareada por los sentimientos que giraban dentro de ella como una tormenta.

Amarië intuyó el último vistazo que había dado él hacia atrás, pero no abrió los ojos. Amarië no se iba a quedar con esa última imagen de él. No hubiera podido soportarlo.


Gracias por leer.