Notas iniciales: Aquí se nota que soy mucho más indulgente conmigo misma que en el primer capítulo, -jah, soy un asco xD De cualquier manera, gracias a las personas que leyeron, a ver cómo sigue.

Advertencias: Ooc, no beta, que esté intentando explorar temas que no creí que haría antes o que intente hacer un long-shot otra vez, entre otras

Disclaimer: IE no es mio, todo de level-5


It's not right, but it's ok


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Not yet


La habitación estaba casi completamente a oscuras, la poca visibilidad otorgada por las luces del sol poniente que se metían por la ventana descubierta. Shindou sentía que le quitaban el aliento. En una situación normal habría pensado que era hasta un poco tonto, siendo que en su tiempo él había sido un deportista, que de pronto perdiera el aliento tan pronto.

Pero es que cuando se trataba de él e Ibuki besándose en la privacidad de la habitación, las cosas cambiaban un poco. Era como si de pronto todas sus energías fueran drenadas, y lo único que quedara de Shindou fuera un amasijo demasiado sensible.

Ouch—Se las arregló para decir, cuando en un movimiento particularmente fuerte, Ibuki terminó mandándolos a ambos sobre la cama, con el cuerpo del basquetbolista sobre el de Shindou.

Ibuki se apartó un poco, y Shindou fue capaz de contemplar cómo sobre su bronceada piel se pintaba un sonrojo profuso.

—Lo lamento—Profirió. Shindou solo negó un poco con la cabeza mientras elevaba sus manos para tomar el rostro de Munemasa y acunarlo cerca al suyo, dejando un íntimo beso en su mejilla.

El suspiro de Ibuki que siguió a esa acción hizo que una parte extraña de Shindou saltara, como un tipo extraño de expectación que a veces ya estaba acostumbrándose a sentir. Las manos de Munemasa bajaron entonces hasta su cuello, delineando los bordes de su cuerpo hasta detenerse en su cintura. Se sentía extrañamente abrasador, él aun manteniendo el rostro de Ibuki muy cerca y con la sensación de las manos más grandes descansando en ese punto sensible. Shindou tragó grueso cuando sintió una de las manos moverse, pasando el borde de su sweater e intentando colarse hasta llegar a su ardiente piel.

—Ibuki—murmuró con la voz cortada, mitad por el calor del momento y mitad por el repentino sentimiento de inseguridad que se había plantado en su estómago—Ibuki, espera—logró terminar mientras con sus manos alejaba el rostro de su novio, mirándole directamente a los ojos.

Hmm...—Y esta vez el sonrojo en el rostro de Ibuki parecía un poco diferente. Se avergonzó.

—Espera un poco—continuó Takuto, mientras se acomodaba en la cama, la fuerza que antes hubiera estado ejerciendo el ex portero sobre él había desaparecido, Ibuki le dejaba actuar a sus anchas. Se sentó como pudo mientras le miraba con una expresión extraña en el rostro—Creo que paramos por hoy.

El rostro de Ibuki pareció torcerse en una expresión consternada por unos momentos, aunque Shindou prefirió hacer como si no lo hubiera visto. Para luego, y después de un incómodo aclaramiento de garganta, asintieran sin decir nada más.

Se alejó un poco del cuerpo semi tenso de Shindou, sentándose esta vez propiamente en el borde de la cama, fingiendo que enfocaba la vista en la ventana, donde el paisaje estaba cada vez aún más oscurecido.

—Oscureció muy rápido—soltó, demasiado fuera de personaje, si le hubieran preguntado a Shindou. Como si estuviera buscando desesperadamente una excusa para salir de la situación en la que habían terminado.

—Y tú tienes práctica temprano—completó Shindou, mientras se acercaba con movimientos suaves por atrás de Ibuki, terminando al dejar sus manos sobre los hombros algo tensos del jugador. Le miró largamente, y sin querer soltó un pequeño suspiro sentido. Como si estuviera frustrado con algo. Quizá consigo mismo, un poco. Estiró el cuello un poco, depositando un beso en la base de la nuca del peliblanco—Debes descansar Ibuki, puede que sólo sea basketball, pero no te perdonaré que seas una carga para tus compañeros.

Ante eso, Ibuki no pudo evitar girar el rostro con el ceño fruncido.

— ¿Cómo que sólo basketball?

Shindou dibujó una sonrisa sabida en sus labios.

—Pareciera que sólo reaccionas ante provocaciones, creí que habíamos pasado lo de los viejos tiempos, Munemasa.

Ante la mención de su primer nombre, el mentado no pudo hacer otra cosa más que sonrojarse. Tres veces en un solo día, que alguien le diera un golpe a Shindou por hacerle esa clase de atrocidades, porfavor.

—Pero era en serio lo del descanso—continuó Shindou, esta vez con una mirada más seria, de esa que solía usar cuando aún era el capitán del Raimon—Descansar es importante, más si además de las prácticas comenzarás con el trabajo ese…

Ibuki no perdió el ligero tono agrio en las palabras de Takuto.

—Te dije que necesito el dinero—No era como si debiera explicarse hacia Shindou, eso lo hacía sentir mal. Pero él quería hacerlo. Aunque nunca pidiera permiso o algo así, era su manera de incluir a Shindou en las decisiones de su vida, como si de esa manera le sintiera aún más cercano—Y preferiría no pedírtelo prestado a ti.

Otro de los temas difíciles entre ellos. Shindou muchas veces le había insinuado, de manera muy poco sutil a veces, que si necesitaba algo podría pedírselo. Pero para Ibuki, algo así sería impensable. ¿Orgullo quizá? Simplemente no quería sentir que dependía de esa manera de Takuto, o peor aún, que Takuto en cuestión comenzara a pensar que era sólo eso lo que él quería.

Y…en realidad… ¿Qué era lo que él quería de Takuto, de cualquier manera?

Shindou bufó, un poco contrastante con la imagen de chico rico pulcro que siempre daba en la calle, mirándole con los ojos en blanco.

—Eres un orgulloso del demonio.

—Tú no eres quien para hablar—respondió el elevando la ceja derecha, con una sonrisa de lado mitad incrédula y mitad divertida.

Shindou revoleó los ojos, y le dio un par de palmaditas en la espalda.

—Sí, sí, vamos te acompaño a la puerta.

Y aunque Ibuki normalmente hubiera respondido con algo como sé dónde está, gracias. Porque parte de su relación eran esas pequeñas peleas, esta vez simplemente se dejó acompañar por Shindou. Shindou y sus largas manos de pianista rozando ligeramente contra sus dedos a cada paso.


Es decir que… aún no ha pasado nada—La voz de Kirino al otro lado de la línea salía por demás divertida. Shindou no sabía si querer golpear a su compañero o soltar un gruñido frustrado mientras enterraba su rostro contra la almohada—Y pensar que hoy tenías tal cara de anticipación al entrar al café, creí qué hasta le buscarías bajo los cojines.

Shindou tomó aire.

—Primero—puntualizó, acomodando su figura en la cama, estirándose lo largo que era para que el estrés al que por sí él mismo se exponía, descendiera un poco—No tenía ninguna cara, y sólo tenía curiosidad por ver qué tan famoso trabajo lo iba a tener ocupado de ahora en adelante.

Aha…

Shindou no se molestó en ocultar el gruñido de molestia esta vez.

—Segundo—dijo haciendo particular énfasis— ¿Por qué rayos te cuento esto? Tú- yo, ni siquiera sé si has hecho algo con Kariya.

Kirino rió un poco, Shindou pudo oírlo claramente aunque el ex defensa intentara ocultarlo cubriendo el auricular del celular.

Me lo cuentas porque eres mi mejor amigo—Cierto, concedió Shindou en su mente—Y Shindou, vamos, un caballero no tiene memoria.

Esta vez Shindou sí se vio obligado a dejar el celular a un lado, girar sobre si y hundir el rostro en la amlohada, para soltar un ahogado minialarido. Esperó unos segundos y volvió a tomar el aparato.

—No me estás haciendo sentir mejor conmigo mismo ahora, Ranmaru.

Lo siento, lo siento—Pero por el tono que usaba, Shindou sabía que sólo era mitad cierto. Ranmaru parecía demasiado divertido con la situación. Sin embargo, después su tono cambió—Tranquilo, si algo tiene que pasar, pasará. No apresures las cosas Shindou, tú siempre has sabido cómo actuar, ¿verdad? Siempre moverte en el momento preciso.

Y era el tono que usaba cuando él tenía dudas durante su época de capitán, recordándole siempre que el dios de la batuta no era por nada. Shindou siempre seguía su propio ritmo, lo cual siempre parecía dar resultado. Esperaba que esta vez, también fuera así.

Aunque… esta vez no soy yo quien debe dirigir la situación. Pues las relaciones, no por nada, son de dos. Y esto tampoco es soccer.

Además, no sabía si Ibuki era de los que esperarían por seguir el ritmo como el que tenía Shindou


Kariya acomodó su cuerpo al lado del de Hikaru, mirándole con ojos aburridos mientras comía algo de la merienda que había traído el de cabello morado.

—Así que…—empezó Hikaru—Era ese el porqué de tu molestia.

Para Hikaru era un poco difícil de entender, Kariya había comenzado a salir con su senpai casi tan pronto como había cumplido los dieciséis años, un año y tanto más si se quería poner específico. Y, aunque él mismo quizá hubiera pensado que la relación de esos dos hubiera podido ser un poco caótica al inicio, había terminado siendo una de las más graciosas dinámicas que había podido presenciar.

Era como si Kirino-senpai supiera exactamente qué botones de Masaki golpear para hacerlo comportarse como realmente era. Aunque también podría ser que, Kariya y Kirino hubieran comenzado a crecer juntos.

A Hikaru le gustaba pensar mucho en esa última, su amigo se veía mucho más contento, y él lo era también.

— ¡Claro que sí!—dijo Kariya, mientras le miraba con el ceño fruncido y la boca en una mueca de molestia—Es que, no lo sabes, cómo le brillan los ojos, cuando habla de Shindou.

Pero allí residía el problema. Shindou-senpai siempre había sido una constante en la vida de Kirino-senpai, incluso muchos años antes de que Kariya apareciera como una sombra lista para molestar al pelirosado. Sin embargo, mientras Kageyama sólo podía verlos como amigos muy cercanos que sabían demasiadas cosas el uno del otro como para no tener una relación cercana, y se preocupaban en igual manera lo suficiente como para no perder el contacto. Para Kariya, esa relación era sólo como una pequeña bomba de tiempo lista para estallar en cualquier momento, destruyendo lo que habían construido el y Ranmaru en ese tiempo.

—Eso es porque son mejores amigos, Kariya—como tú y yo quiso agregar, pero se mordió la lengua en el último segundo, aún no muy seguro si Masaki estaría cómodo con la etiqueta que Hikaru ya de por si le daba a su amistad—Si vieras cómo son los ojos de Kirino-senpai cuando te ve a ti, podrías darte cuenta.

Y es que, aunque Kageyama nunca hubiera estado enamorado, la extraña aura que Kirino-senpai despedía al estar cerca de Kariya, era tan única, que Kageyama no podría haberla descrito de otra manera.

Masaki sin embargo, sólo hundió el rostro entre sus brazos cruzados sobre la mesa donde ambos habían estado comiendo, como si pensara en lo que le acababan de decir.

—Sí tú lo dices…—Medio suspiró Kariya. No es que dudara del cariño de Ranmaru, pero… es que ¿Acaso seré yo a quien él más quiere?

Kageyama sólo se permitió sonreír un poco, como si fuera lo único que pudiera hacer ahora. Pues si ponía un rostro de tragedia como el que traía su amigo, sabía que sólo le daría ideas erróneas a Masaki. Pero por dentro, deseó que el antiguo defensa, pudiera creer un poco más en sí mismo, y también un poco más en su senpai.


El balón salió disparado, cortando el aire con un silbido, e impactando contra la pared de un edificio cercano. Normalmente alguien ya habría salido a reclamar por el ruido que hacían ya tan entrada la noche, pero Hakuryuu sabía que por esa zona ya algo destartalada de la ciudad, nadie vivía. Era más como si se usara para almacenar cosas viejas, o para que vagos pasara el tiempo sin hacer nada en realidad.

No es que él fuera uno de esos últimos, sólo que también, era un buen lugar para tener conversaciones privadas.

—Así que resumiendo—dijo, mientras el esférico regresaba hacia sus pies rodando lentamente—Sólo le miras de lejos, como un acosador y nada más. ¿Es que acaso crees que el acoso que le hiciste al rulitos en tu época de Seed servirá para que conquistes a tu capitán?—y una risa sarcástica, aunque no como la de los viejos tiempos cuando se hubieran conocido en el God eden, sino una más como la que le reconocería a Fudo Akio. Divertida ante las tonterías de otros—Tienes suerte de que tu nuevo capitán no sea tan dramático como el otro… o de que al menos pareciera que le gustases lo suficiente como para no mandarte al diablo por actuar como un acosador.

—Podrías—empezó Tsurugi, acercándose hasta el muchacho albino, frunciendo los puños—dejar de usar ese término, por favor.

Lo siento—Dijo, aunque claramente no era verdad—Es el tono que uso cuando hablo con tontos, ¿Es que no has aprendido nada, Kyosuke?

El mentado parpadeó un par de veces.

—Actuar como alma en pena siguiendo a Tenma no te servirá—y rodó los ojos, como si estuviera diciendo algo muy obvio—Se nota que él te quiere, uh, ahora sólo un poco de tira y jala.

Ante la mirada extrañada del delantero, Hakuryuu se sintió obligado a explicarse.

—Quiero decir, antes de que él comience a pensar en dejarte una orden de alejamiento—bromeó—aléjate un poco, hazte de desear. A él le interesas, Kyosuke, sólo falta que él se dé cuenta de ello.

Tsurugi tomó aire, sintiendo que una vena le comenzaba a saltar en la frente.

—Eso no tiene sentido—Hakuryuu podría ser un genio en el fútbol, pero al parecer en el resto de cosas, su razonamiento era un poco… extraño.

Sin embargo, el mentado sólo sonrió mientras tomaba el balón que hacía un rato ya descansaba cerca de su pie, para luego lanzar un tiro en su dirección. Kyosuke apenas pudo pararlo con el pecho, mientras le miraba con los ojos sorprendidos.

—No seas tonto, tú mismo me lo dijiste, cómo se puso cuando dejaste el Earth eleven—dijo, con una sonrisa alargada en el rostro—Ya le mostraste que siempre estás detrás de él, ahora sólo déjale saber cómo se siente que en algún momento no lo estés.

Y esta vez, Kyosuke sólo pudo mantenerse en silencio, observando el balón en el suelo, mientras las luces de los faroles de la calle comenzaban a encenderse.

Quizá.

Pensó mientras presionaba sus manos contra sus muslos.

Quizá.

Aunque en realidad, Kyosuke no estuviera muy seguro de que Tenma realmente estuviera tan al tanto de su sentir.


La puerta de la residencia de los Tsurugi se abrió de pronto, Yuuichi quien leía un libro de la universidad se sobresaltó, sus padres estaban de viaje así que sólo podía ser su hermano, pero ya era muy tarde y Kyosule no había estado respondiendo a sus llamadas al celular.

—Kyosuke—dijo con una sonrisa, mientras se acercaba a la puerta, caminando un poco más lento, pues el frío de la noche a veces hacía que la vieja herida de su pierna doliera un tanto, y al final se había convertido en una costumbre eso de ser por demás cuidadoso—Me tenías preocupado, ¿Por qué no contestabas?

—No es tan tarde, hermano—respondió el menor, con un intento de sonrisa conciliadora pintada en los labios, como esas que le dibujaba en el hospital cuando Yuuichi preguntaba por las prácticas de soccer—No escuché el celular, lo lamento.

Yuuichi sólo pudo plantar una expresión de consternación ante tal respuesta. Últimamente, había algo extraño en el actuar de su pequeño hermano. No estaba muy seguro de cómo describirlo, pero era ese instinto de hermano que él poseía lo que lo gritaba a viva voz. Sin embargo, no se sentía con el derecho de presionarlo a decirle. Yuuichi, luego del fiasco de level fith, creía que su hermano le buscaría si estaba en algún problema de nuevo. Así que si no lo estaba haciendo, debía ser porque era algo en lo que quizá él no podía ayudar.

Eso no me hace sentir para nada más tranquilo.

—Bueno—sin embargo, él tampoco quería traerle más preocupaciones al muchacho—Recuerda que debes configurar de nuevo el teléfono, si hubiera sido un poco más paranoico quizá hubiera salido a buscarte por toda la ciudad.

— ¡Hermano!—soltó Kyosuke ante lo dicho, con una expresión algo asustada no por él, sino por Yuuichi— Sabes que no debes salir cuando el clima está así, el doctor cree que incrementaría los dolores de tu rodilla.

Y es que sí, aunque Yuuichi ya pudiera caminar como lo hubiera hecho en un pasado. Un par de secuelas habían quedado. Menores, pero molestas. Aunque para Kyosuke, a veces parecían ser demasiado serias.

—Bromeaba, Kyosuke—dijo Yuuichi con una sonrisa tranquilizadora, mientras le ponía una mano cariñosa en el hombro a su hermano—sabes que me cuido, además sabía que volverías a casa, no es como si desconfiara de ti.

Ante esto, el menor sólo pudo mirar levemente hacia abajo y hacia otro lado, como si se sintiera culpable.

Yuuichi trató de no pensar mucho en ello.

—Bueno, es hora de cenar, no te he visto en todo el día y sabes que adoro conversar contigo. ¿Cómo va el equipo de soccer?


Ibuki revisó su celular, no hacía más de medio minuto que había sonado, pero no había tenido ganas de revisar qué había podido ser sino hasta ahora.

Un mensaje de uno de sus senpai del Gassan Kunimitsu. Minamisawa Atsushi, para más inri.

No era como si necesitara hablar con él en este momento. Dioses.

Sin embargo, contra todo pronóstico hecho por él mismo, abrió el aparato.

"¿Emocionado por mañana? Deberías dejar que tu senpai te diera un par de consejos de cómo aplicar el arte de atención al cliente, trae excelentes propinas, ibuki."

El ex portero sólo pudo bufar, de alguna manera había terminado coincidiendo con el ex compañero de Shindou en su escuela, aunque en un inicio estuvieran en equipos completamente diferentes, para la elección del Inazuma Japan se había visto obligado a interactuar con el pelimorado al menos un par de veces. Y al volver del Earth Eleven, la extraña relación había continuado. Se podría decir que somos como amigos, supongo.

Aunque Minamisawa fuera agradable para pasar el rato, por algún motivo no entraba en el canon que él tenía pensado como "amigos". No al estilo de Shinsuke y Tenma, y mucho menos al estilo de Kirino y Shindou. Bueno, en esos últimos no quería pensar mucho, la idea de que fueran tan cercanos aún ahora le ponía un poco incómodo, aunque él realmente no conocía al ex defensa directamente.

"Es sólo servir café, Minamisawa. Y atender una caja registradora, no puede ser tan difícil"

La respuesta no se hizo esperar.

"Tan inocente, pequeño saltamontes. No te preocupes, Minamisawa se encargará de enseñarte todo"

Por alguna razón, eso sólo hacía que de pronto el entusiasmo por empezar con su trabajo a medio tiempo, decayera un treinta por ciento.


Notas finales: Un poquito más largo que el otro. yey. Veo tiempos oscuros para mucha gente acá, mal mal mal.