Notas iniciales: Más indulgencia, no tengo excusa. Y esta vez bueno, es fácil saber por dónde van los tiros con este experimento.

Advertencias: Ooc, no beta, que esté intentando explorar temas que no creí que haría antes o que intente hacer un long-shot otra vez, entre otras

Disclaimer: IE no es mio, todo de level-5


It's not right, but it's ok


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New things are coming


Hayato había pasado mucho de su vida pensando que la amistad no era algo importante. Y aún, después del tiempo que hubiera pasado en el Earth eleven, no es que esta hubiera tomado un rol mucho más importante en su vida. Ahora tenía amigos reales, lo sabía y agradecía, aunque a veces fueran un poco molestos.

— ¿Estás escuchando?—Hablando de molestias, se dijo mientras sonreía sin culpa ante una molesta Nozaki Sakura, quien llamaba su atención.

—Desde hace un rato no…

—Nunca cambias eh, Matatagi—comentó con gracia Tetsukado tratando de calmar los ánimos de la muchacha, mientras peleaba por balancear el peso de las bolsas de compra de Sakura entre sus manos.

—Y pensar que hace tanto no nos vemos—acotó Nozaki, mientras le miraba con el ceño ligeramente fruncido.

Habían coincidido en medio de un centro comercial, Matatagi salía de su trabajo a tiempo parcial en uno de los establecimientos y había visto a sus dos viejos compañeros por allí. Y nuevamente, él era feliz de que ahora tuviera gente a quien llamar amigos –aunque no fuera muy fanático de pasar tiempo con ellos sólo porque sí, era alguien muy ocupado. Pero ahora, especialmente ahora tenía otras cosas en la cabeza.

Como ese viejo capitán de equipo que de pronto parecía tener un poquito más de relevancia en su vida.

—Aunque hace poco me encontré con Tenma—admitió el muchacho, no que fuera un secreto, parecía que la ciudad Inazuma era muy pequeña. Incluso personajes como Nozaki habían terminado cambiando de escuela a una más cercana al Raimon. Matatagi se preguntaba si era cosa del destino que todos los once miembros tuvieran que compartir espacio geográfico, o era sólo una curiosidad muy extraña.

— ¡El capitán!—dijo ella más animada, incluso Tetsukado tenía una sonrisa pintada en los labios. Matatagi dibujó una sonrisa sabida, era una manía que se le había quedado a muchos después del torneo. Esa de llamar a Tenma capitán.

— ¿Y cómo está? ¿Igual de entusiasta que siempre?—No es que normalmente no se juntaran para practicar soccer de vez en cuando, sin embargo con el entrenamiento que parecía haber aumentado en Raimon, Tenma parecía tener un poco menos de tiempo para sus antiguos compañeros.

—Al menos declarando su amor eterno por el fútbol, creo que eso puede contar como un sí—comentó con el clásico tono que usara tan pronto mostrara su verdadero ser tiempo atrás.

—Quiero ver al capitán de nuevo—comentó Sakura, y Matatagi tuvo ganas de decir que tenía ganas de lo mismo, aunque le hubiera visto hace poco, pero eso no iba mucho con él—Quizá podríamos jugar un poco, ¿no crees, Tetsukadao-kun?

Y aunque el ex boxeador asintió con emoción, Matatagi tenía cualquier cosa en mente para hacer con Tenma, menos jugar al fútbol.


Shindou repiqueteó con la pluma que tenía en las manos sobre el papel en blanco que tenía adelante, como si de pronto las ideas fueran a brotar de algún lugar y esta pudiera llenarse mágicamente.

Sin embargo, como era de esperarse, los minutos pasaron y Shindou quedó sólo con sus pensamientos y folios vacíos.

—Es inútil—se dijo mientras llevaba sus manos hasta la cabeza, intentando masajear sus sienes, para que el dolor que comenzaba a llegarle desaparecer—No puedo dejar de pensar en esa tontería.

Y no es que no confiara en Ibuki, ni mucho menos. Después de todo, él y el ex portero habían tenido mucho tiempo durante la época del earth eleven para desarrollar dicho lazo, y obviamente tiempo después, para hacerlo más fuerte.

Sin embargo…

Sin embargo, tenía ese extraño sentir asentado en el pecho. Como si algo no terminara de cuadrarle, un mal presentimiento que no le dejaba en paz.

Alto. Estás actuando como un lunático.

Se regañó mentalmente Takuto. Tenía cosas más importantes en las cuales pensar ahora. Como el trabajo que aún no empezaba, las prácticas para el concierto que se ofertaría a fin de mes, o preparar sus papeles para la universidad que debía entregar ese fin de año.

Y fue entonces cuando la realización le golpeó como un balón de fútbol, justo en medio de la cara. Cierto, recordó, ya pronto terminaría su periodo de estudiante de preparatoria y desde hacía un buen tiempo que ya tenía en mente la universidad a la cual quería asistir. Una que por cierto, quedaba bastante lejos de la ciudad Inazuma.

No pudo hacer más que dejar su cuerpo reposar sobre la silla de su escritorio, como si de pronto sus músculos se hubieran negado a mantener su postura recta. La mirada perdida en el grupo de hojas blancas. La idea de irse a estudiar a un lugar más grande había rondado su mente desde hacía mucho tiempo, incluso antes de que entrara a la secundaria, aunque nunca lo había dicho en voz alta pues esa realidad se veía muy lejana en esos momentos. Y sin embargo ahora, era una verdad tan cierta que casi podía tocarla con los dedos… No es que su convicción de estudiar hubiera cambiado, incluso era la misma escuela que él en sus ridículos pensamientos de niño había escogido… ¿qué era lo que había cambiado entonces?

Quizá porque ahora tenía muchas más cosas que dejar atrás si tomaba ese camino.


Kirino y Kariya caminaban cerca de la ribera del río, el sol se había comenzado a poner desde hacía unos momentos, normalmente emprendían el regreso a casa mucho antes, pero habían pasado por el club de fútbol –por petición de Kirino- para ver a sus amigos, siendo recibidos por un por demás entusiasmado Tenma y un algo sorprendido Hikaru, el resto de compañeros, tanto antiguos como nuevos, no tardaron en sumárseles y mostrarles un poco de lo que podían hacer.

Kirino había terminado satisfecho con lo que veía, el club parecía estar en completa forma. Así no tendría ningún remordimiento por haber dejado su primera pasión por las nuevas responsabilidades que la vida le traía una vez Shindou llegara de visita, no era algo que quisiera admitir pero no sabía cómo tomaría Tenma el liderazgo del nuevo equipo. Ciertamente podía dirigir bien a quienes fueran el viejo Raimon Eleven, pero uno nunca sabe cuándo se enfrenta a nuevas personas. Pero al parecer, Tenma podía apañárselas completamente bien.

—Pareces feliz—comentó Kariya, mientras se pegaba un poco más al cuerpo de su novio, el lugar estaba casi completamente vacío, si no contaba con un par de niños que corrían por allí completamente inmersos en su propio mundo, situaciones así le facilitaban a Kariya abrirse con el muchacho de pelo rosa, se sentían mucho más íntimas.

— ¿Eso crees, Masaki?—preguntó el mentado dibujando una sonrisa tranquila, estirando un poco su mano para tomar la del más pequeño, quien no tardó en encenderse un poco, con un sonrojo gracioso decorando su piel—Simplemente fue un gran día, de verdad tenía ganas de ver a los muchachos del club.

Kariya sólo hizo un pequeño mohín, estaba feliz por el contacto que tan poco frecuente era en espacios públicos-a veces porque él mismo no lo fomentaba- pero el tema del soccer inmediatamente traía la imagen del rostro de Shindou a su mente, y eso era algo que quería evitar a toda costa.

—Te dije que lo estaban haciendo bien, Hikaru no dejaba de hablar de ello el otro día—mentira. Se la había pasado intentando consolarle con galletas y algo de té caliente mientras él apoyaba su rostro sobre la mesa de la sala de la casa de Kageyama y se quejaba, pero Kirino no tenía por qué saber eso.

—Es diferente escucharlo y verlo, Masaki—respondió él, usando ese tono en su nombre que sabía le dejaba un tanto fuera de combate para salir con una buena respuesta. Estúpido Kirino—Además quería ver qué tal lo hacía Tenma, ha mejorado mucho desde la última vez que le vi jugar, incluso creí que a Shindou le gustaría intentar jugar un partido contra él el día de su visita—y una risita—Yo también tenía ganas, aunque ahora me pregunto si podríamos pararle con su nivel actual.

Y si Kirino notó que de pronto la presión de la mano de su novio se hizo más fuerte alrededor de la suya, no lo mencionó. ¿Por qué siempre tenía que terminar de esa manera? Shindou esto, Shindou aquello. Creía que esos días de molestia habían muerto cuando el mentado se había cambiado de escuela, pero al parecer había sido muy iluso al pensar así. Kirino parecía conocer muy pocas palabras, ya que siempre terminaban repitiendo las mismas.

—Dudo que puedas si quiera evitar un gol, Kirino-senpai—respondió entonces Masaki, usando el tono que hacía tanto ya había dejado, ese que tenía cuando aún fingía ser un seed sólo para hacerle la vida un poco más gris al defensa de pelo rosa. Pero no se le podría culpar, en momentos así sólo sabía responder de esa manera, no se sentía listo para afrontar el tema de manera directa. Quizá porque al pedirle a su novio que dejara de hablar del músico por una vez en su vida, rápidamente le seguiría el hecho de que Shindou era importante para él, y que no podía hacer aquello. Y Kariya sólo conocía un posible final para esa hipotética discusión. ¿Pero quién es más importante, entonces? Y aún en las ilusorias discusiones de su mente, él nunca podía ganar.

Kirino le dedicó una mirada en blanco mientras dibujaba una expresión medio molesta en la cara.

— ¿Eso qué se supone que significa?

Kariya sonrió de lado, mostrando los dientes.

—Que tanto tiempo ha debido pasar desde que pateaste un balón, que apuesto uno de primero podría fácilmente pasar tu defensa, senpai—comentó para soltar rápidamente la mano de Kirino y comenzar a alejarse corriendo.

Kirino sólo le vio con los ojos abiertos a más no poder, antes de lanzarse a perseguirle.

— ¡Vuelve aquí y dímelo en la cara!

— ¡Pero si ya lo hice!

Y el coro de risas que le siguió a aquello fue casi suficiente como para hacer que Kariya olvidara la puya que significaba Shindou para él. Casi.


Yuuichi rió como si le hubieran contado la broma más graciosa en toda la historia. Y así era, en su mente. Sin embargo, para Taiyou, quien le miraba parado a un lado de la puerta de su habitación con el ceño ligeramente fruncido, la situación no tenía nada de graciosa.

— ¿Y ahora porqué te ríes?—preguntó avanzando hasta la cama del mayor, mientras enfocaba la mirada en el techo, como si allí fuera a encontrar la respuesta a todos sus cuestionamientos. Para luego dejarse caer como un costal sobre la cama, con el rostro hundido entre las mantas.

—Es que es muy gracioso—admitió el Tsurugi mayor desde su asiento en el escritorio, incluso atreviéndose a limpiar un par de lágrimas que se habían formado en la comisura de sus ojos—Sé que mi hermano puede ser un poco difícil de tratar, pero él no te odia, Taiyou.

Amemiya sólo giró su rostro en dirección a su novio, dirigiéndole una mirada incrédula. Pero al ser una mata de cabello desordenado por la posición junto con la mirada que a los ojos de Yuuichi sólo le hacía verse más adorable de lo que normalmente era, la reacción normal del otro fue volver a reír.

—Tienes que estar bromeando.

—Eso te lo digo yo a ti—respondió dejando lo que hacía a un lado, poniéndose de pie y encaminándose hasta donde Taiyou aún le miraba incrédulo—Sé que Kyosuke es difícil, y que ha estado extraño—se sentó a su lado, estirando una mano y dejándola sobre la cabeza del más joven—especialmente en este último tiempo—y admitir eso último le dejaba un sabor agridulce en la boca. Pues Yuuichi hubiera creído, que si algo molestaba a su hermano, él sería lógicamente la primera persona a quien acudiría—Pero no tiene nada en tu contra, sólo es algo huraño.

— ¿Huraño?—Amemiya se preguntó si estaban hablando del mismo delantero que él tan bien conocía de los partidos, o de un gato—Creo que tienes que hacerte revisar los ojos, cariño—respondió al tiempo que volvía a hundir su rostro en la cama con desolación muy exagerada. Había intentado muchas maneras de acercarse al hermano de Yuuichi, no sólo porque fuera el hermano de su novio. Si no también, porque parecía ser el mejor amigo de alguien muy preciado para él. Incluso le había pedido consejo a Tenma sobre cómo tratar al goleador, a lo que el castaño había respondido dirigiéndole una mirada que por un segundo había parecido conflictuada. Pero nada. Zero. No avance.

¿Qué había hecho él para que Kyosuke estuviera tan reacio con él? No tenía idea, e intentar preguntarle a su novio era una causa perdida, pues Yuuichi parecía enceguecido por la imagen de hermano menor que tenía de Kyosuke. Aunque también….

También estaba que en ese último mes Yuuichi había parecido un poco más con la cabeza en las nubes, y viniendo de alguien como Taiyou, eso era decir mucho. Y para que algo afectara de esa manera al Tsurugi mayor, sin lugar a duda tenía que ver con su pequeño hermano. Taiyou giró el rostro de nuevo, esta vez mucho más lento para que la mano de su novio no dejara su cabeza, y miró el semblante de Yuuichi. Miraba el infinito, como si fuera a encontrar algo interesante en la pared desnuda que se alzaba delante de él.

Sin duda tenía algo en la cabeza. Pero era difícil traer el tema a colación cuando la persona en cuestión era alguien a quien tú mismo no entendías, y quien para colmo de males, parecía odiarte. A la suerte le gusta reírse de mi a veces, ¿verdad?

—Oye— dijo estirando la mano hacia Yuuichi, tocando uno de sus muslos.

Así que Taiyou, siendo como era, y al no poder ayudar de la manera más convencional. Decidió hacerlo como sólo él podía. El mayor le miró interrogante por unos segundos, Amemiya sólo le sonrió más.

—Juguemos un poco de fútbol—Y la sonrisa en el rostro de Yuuichi no se dejó esperar.


Tenma estiró sus cansados músculos mientras dibujaba una sonrisa satisfecha en el rostro, recibiendo un par de palmaditas en la espalda de otros miembros del club.

— ¡Excelente trabajo hoy, capitán!

—Sin duda estaremos más que en forma cuando un torneo se aproxime.

El ambiente de animosidad dentro de los vestuarios era algo que agradecía, habían pasado por momentos muy difíciles antes, pero ahora parecía que todo iba sobre ruedas. Y si bien ahora Matsukaze tenía la seguridad para guiar que en años anteriores un poco le hubiera faltado, lo que le aquejaba ahora era una completa falta de seguridad diferente.

—Tenma—llamó Shinsuke mientras se acercaba a su amigo, aún con el uniforme de portero completamente enfundado— ¿Es verdad eso de que Kirino-senpai dijo que posiblemente venga a visitarnos junto a Shindou-senpai pronto?—cuestiono con sus ojos brillando en expectación.

Tenma asintió igual de emocionado.

—Me lo dijo justo antes de que se fuera junto a Kariya, ¡¿A que es emocionante, Shinsuke?!

El portero movió la cabeza afirmativamente, mucho más de lo que alguien normalmente estaría. Pero no se le podía culpar, hacía tanto que no jugaba con sus superiores, ¡De verdad que les extrañaba!

— ¡Mucho!—dijo dando un salto—Entrenaré como un loco hasta ese día, ¡Quiero que vean mis nuevas habilidades!—exclamó, para luego correr a su taquilla y comenzar a cambiarse. Tenma rió con gracia, las energías de Shinsuke siempre se le terminaban pegando también, verle así de emocionado sólo hacía que su corazón latiera aún más rápido de lo que había hecho cuando su senpai le había dado la noticia.

Sin embargo, en el momento en el cual se giraba para ir a su taquilla y prepararse regresar a casa, sus ojos captaron algo alejado del resto a la otra razón por la cual su corazón latía más rápido últimamente.

Y es que… ¿qué le pasaba a Tsurugi últimamente?

Desde hacía un tiempo que el delantero tenía una actitud extraña, Tenma no quería sonar como un paranoico, pero era casi como si el extraño alien Tsurugi que en su momento le hubiera suplantado hubiera regresado. Tembló, ugh, él no quería pensar en eso.

Había comenzado con alejarse un tanto del equipo. O debería decir que de mí. Para luego no dejar de seguirle con la mirada, como si esperara que realizara alguna clase de mal movimiento.

Y ahora nuevamente, era ignorado. Claro que no durante los entrenamientos, la coordinación que ambos mantenían estaba tan perfecta como siempre. Sin embargo, fuera de este, pareciera que ambos eran completos desconocidos.

No pudo evitar soltar un suspiro antes de abrir su taquilla. No le gustaba ese escenario. Tsurugi era alguien demasiado importante en su vida, no podría simplemente… desaparecerle así.

En realidad sí puede.

Pero él no quería que eso ocurriera.

Tragó duro tan pronto este pensamiento se hizo presente en su mente, y al mismo tiempo una mano palmeó su hombro.

—Capitán—la sonrisa alegre de Kageyama le saludó— ¿Todo bien?—preguntó el muchacho, quien a pesar de lucir realmente preocupado parecía no querer colocar una expresión que le diera aires de tragedia, Tenma agradeció eso mentalmente.

—Claro que sí, sólo pensaba un poco.

Y el silencio sepulcral que le siguió a esa afirmación le hizo sentirse tantito ofendido.

— ¡¿El capitán pensando?!—fue el grito nada discreto de uno de los nuevos miembros del club, que rápidamente fue seguido por risas de los demás, y un rostro sonrojado por parte de Tenma.

Aunque mucho tiempo para dejar la vergüenza sentarse no tuvo, pues de la taquilla abierta pudo escuchar la conocida melodía que le indicaba que tenía un mensaje nuevo. Tomó el aparato entre sus manos y leyó en la pequeña pantalla el nombre de Matatagi, no pudo evitar sonreír.

Kyosuke, por otro lado, quien no había cambiado su expresión de aburrición desde que hubieran terminado la práctica, no pudo evitar chasquear la lengua, comenzando a preguntarse por qué demonios si quiera intentaba seguir los consejos de alguien como Hakuryuu.


Ibuki ató el mandil que le había dado el gerente con cuidado, intentando que su uniforme luciera lo más pulcro que pudiera. A su lado, Minamisawa le miró desaprobatoriamente y soltó un sentido –y ensayado- suspiro.

—De verdad se nota que eres un novato—dijo, como si fuera algo malo. Ibuki por algún motivo se sintió un poco insultado.

— ¿Eh? Si lo estoy usando tal como se debe—se defendió mientras se cruzaba de brazos, mirándolo algo irritado.

Atsushi sólo revoleó los ojos, para luego acercarse al basquetbolista y apartar sus brazos del camino con un movimiento de sus manos. Rápidamente procedió a abrir los botones superiores de su camisa y arreglar el cuello.

— ¡Oye!—se quejó Ibuki, sintiéndose de pronto algo cohibido por el repentino acercamiento.

—No seas tonto, mostrar algo de piel—aunque fuera de un lugar como el cuello, y aún con ese uniforme que según Minamisawa podía ser un gran matapasiones si no lo usaban las personas indicadas—puede ayudarte a tener un poco más de propinas, y vamos, el estilo salvaje te queda bien, Dunk boy.

Ibuki simplemente no sabía cómo responder a tremenda tontería.

—Hay al menos diez cosas mal en toda la tontería que acabas de soltar, Minamisawa.

El mentado sólo rio, ignorando la queja de su compañero.

—Luego, cuando veas la jarra de propinas, me lo agradecerás Ibuki—dijo dándose vuelta y dirigiéndose hacia el exterior del cuarto de empleados, no faltaba mucho para que su turno comenzara. Sin embargo, antes de cruzar el umbral se detuvo, y con una mirada pícara y sonrisa a juego se giró hacia el más joven, para con gracia soltarle—y recuerda, si alguien pide tu número, nunca está de más dárselo.

Ibuki parpadeó, confundido.

—Incluso puedes usar la frase de "Oh, qué bello nombre, tienes un número que lo acompañe" cuando toque escribir el nombre de los clientes—y una risa estridente—esa tontería nunca falla.

Y mientras el muchacho dejaba el cuarto al fin, Ibuki pensó que también quería reir, pero por lo surrealista de la situación.


Notas finales: Un poquito más largo de nuevo, lamento la ausencia en general, pero mi salud me ha jugado reveces pesados este último tiempo, y me veo imposibilitada para un par de cosas. orz.