Nota de Autora: Este capítulo ya lo tenía escrito así que pensé, "¿por qué no?". Me alegra saber que haya tenido buena recepción al ser, el DaiHikari, una pareja que tiene menos seguidores o eso me parece al no haber Fanfics de esta pareja en español. Este no tiene relación con el Dounjinshi, pero sí con la historia de este pequeño shortfic.
Este capítulo se desarrolla un día antes que el primero.
Historia vagamente basada en el Doujinshi Rainy Blue por Kyujitsusyukkin Chikaya de la saga Kagerou Project.
Capítulo 2: Lluvioso Azul
Hikari parece ser una luz.
Por más que pase los recesos a su lado, nunca puedo evitar borrar ese pensamiento de mi cabeza. Su cálida sonrisa se posa en el rostro de alguien más, irradiando la inestable atmósfera del salón de clases. Los griteríos entre amigos, las chicas exclamando a voz alta los puntos físicos que les atraía del último modelo de la revista, y yo aquí junto a mis mejor amiga. Volví a posar mi mirada en ella, tal y como una mariposa encima de un delicado lirio caracterizado por el rosa junto el amarillo. Con delicadeza, arregló un mechón rebelde de su cabello castaño, parpadeando a la vez por la brisa que acababa de ingresar por la ventana. Decidió mirar al culpable con recelo, quizá enfadada por arruinar su peinado. Suspirando, cierra aquél canela que últimamente roba mi mirada, cautivándome.
—¡Lamento la espera!
Ingresando por la puerta principal, aquél muchacho que le corta el aliento todos los días, salta con alegría hacia nosotros mientras hacía danzar en su mano una bolsa en donde cargaba el pedido de su doncella. Una vez más sonrió, la comisura de sus labios creciendo cada segundo que sus distancias disminuían. Mi corazón se hundió sin saber la razón. Últimamente aquella escena me afectaba más de lo normal. Lo único que pude hacer fue sacudir la cabeza disimuladamente, dando lo mejor de mí para poner un acto fuerte. Su alegría relucía contra la luz, encegueciéndome. Al estar frente a nosotros, hizo el clásico ademan de victoria.
—Tuve que sobornar a un par de primer año para que me cedieran su lugar en la línea así que no tengo tu vuelto, Takeru—soltó riéndose al ver que extendí mi mano esperando lo que debió haber sobrado de mi efectivo—¡Pero traje lo que pediste! Aquí tienes tu pan de teriyaki.
—¡Daisuke! ¿Cuándo vas a aprender?—su melodiosa voz me hizo olvidar mis angustias.
—Ya, está bien. Lo siento… ¡en fin! Toma tu pudín, Hikari.
—¿Otra vez con lo mismo?—pregunté, cruzando los brazos detrás del cuello luego de recibir mi almuerzo y dejarlo sobre mi carpeta—¿Qué hiciste esta vez, Daisuke?
Era difícil de creer hasta ahora que ambos vivían en el mismo hogar. De muy niño no le daba mucha importancia. Después de todo, a esa edad uno no le presta tanta importancia a detalles que ya de mayor no lucen tan triviales. Por más que deseara ver su relación como solo hermanos adoptivos, si es que se puede llamar de esa manera, siempre aparentaba haber una ligera manta de sentimientos junto a emociones que flotaban a su alrededor, impidiéndome entrar al ser una capa protectora.
—No hice nada—dijo mientras hacía una cruz en su pecho—Lo juro por mi querida hermana, Mimi.
—¡DA-I-SU-KE!—juntando su mano en un fuerte puño, acabó lanzándole un golpe hacia el estómago. Me quedé por un instante asustado, ya que siempre evita sacar ese lado suyo. Tras realizar la acción, vuelve a acomodar su cabello—Sigo esperando mis disculpas. Un pudín no es suficiente como una ofrenda de paz.
Exacto. Cuando él le traía un pudín significaba que las cosas no habían salido bien en casa. Mientras Daisuke se retorcía en dolor por su inevitable castigo, seguía asombrado de ella. Aquél canela que me recordaba a un chocolate caliente en invierno, no pude evitar sudar por el calor del verano al pensar en su humeante sabor mientras estos explotaban en una dulce ira. Una ira que contenía cariño. Sigue costándome entenderlo.
—Hi…ka…ri…—cayendo de rodillas al suelo, sujeta su zona herida—No…me…arrepiento…de…nada…
—Esto no puede ser posible…
La niña que iluminaba con su luz mis oscuros días sale con pasos fuertes de la clase, su falda verde acomodándose perfectamente a su figura, mientras que ese busto todavía en pleno desarrollo se levantaba por su agitada respiración luciendo la blanca blusa, era foco de atención de todos. Hikari Yagami, la estudiante conocida por ocultar su presencia había aparecido ante ellos, causando señales y gestos de sorpresa.
—Me molesta cuando sucede eso…—pensé en voz alta, ignorando los alaridos del hombre que sufría de la consecuencia de sus actos. Sintiendo algo de placer al ver su sufrimiento sin razón aparente, tuve la curiosidad suficiente de preguntar—¿Qué fue el día de hoy?
—Entré al baño mientras se duchaba.
No sé en qué momento sucedió, pero acabé propiciándole una paliza en el mismo lugar al ser el más sensible.
—¡¿Por qué tanta violencia hacia mi persona el día de hoy?!—exclamó, todavía arrodillado en el suelo.
Sin darle una respuesta, decido abrir la bolsa con mi almuerzo, saboreando el dulce pan de teriyaki de la victoria. Ignorando su voz como ruido de fondo, mi mente empezó a divagar en mi inusual comportamiento. Con cada día que pasa, me empieza a incomodar la cercanía de ellos dos. No hay nada que pueda hacer, después de todo, viven en la misma casa y debo lidiar con ese detalle. No obstante, muy pocas veces regresaban juntos. Daisuke normalmente salía por su cuenta, luego Hikari se quedaba un par de horas extra en la escuela y siempre se rehúsa a decirnos el motivo, mientras que Ken espera a Miyako.
Ahora que lo pienso, ¿en dónde están Ken y Miyako?
—Oye, Daisuke…
—¡Ah, Daisuke! ¡Takeru!
La silueta de Ken Ichijouji apareció en el marco de la puerta mientras ingresaba, interrumpiendo la pregunta que iba a formular cuestionando sobre su actual paradero. Su cabello azabache lucía alborotado, probablemente había corrido de un extremo a otro del corredor para llegar a nuestra clase al estar en una distinta a sus dos hermanos. Por más que él también forme parte de esa familia, su presencia al lado de Hikari no me genera incomodidad alguna, a diferencia del chico que sigue siendo patético en el piso.
—Ken, luces agitado. ¿Todo bien?
—Sí es solo que… ¡Daisuke! ¿Qué haces en ese lugar?
—Ichijouji… una mano…—extiende su brazo con lentitud, el nuevo integrante a nuestra situación observándolo confundido con sus ojos índigo. Respondiéndole el gesto, lo ayuda a ponerlo de pie—Mucho mejor.
—No veo a Hikari… ¿qué hiciste ahora?—suspirando como un padre tras ver a su hijo meterse en problemas, Ken coloca una mano sobre su frente. Decidió ver mi rostro en busca de una respuesta—¿La ofrenda de paz no dio resultado?
—En lo absoluto—confirmé sus sospechas.
—Y eso que te repetí un sinfín de veces que estaba bañándose esta mañana...
—Repito que no me arrepiento de nada—agrega con una sonrisa traviesa—¿Qué te trae a nuestra clase? Siempre vas donde Miyako al siguiente piso.
—¡No voy siempre!—sonrojándose levemente, decide toser un poco al final—Si te vas a poner así no tiene sentido. Olvídalo.
—¡Vamos! No me dejes en el aire.
—Ken, entraste apresurado. Debe tratarse de algo importante—traté de darle seriedad al asunto, creyendo que era algo de gravedad.
—En realidad no lo es tanto… solo quería avisarle al tonto de Daisuke que tendré que ir a casa más temprano en estos días—contesta, sin mirarnos a los ojos. En cuestión de segundos, tanto Daisuke como yo detectamos la anomalía—¿Por qué me miran así?
—Es Miyako, ¿no?
—Es Miyako, ¿no?
Daisuke y yo soltamos la pregunta de forma sincronizada. El chico que era conocido por su bondad suspira en signo de rendición. Su hermano que jamás se retiraba aquella absurda sonrisa felina, aguantaba sus ganas de reír por atinar en su sospecha como otro gesto que diera a relucir su victoria. Tuve ganas de volverme instantáneamente en Hikari y así fulminarlo con la mirada.
—Ha pescado un resfrío y bueno… el delegado de la clase no puede ir a dejarle las notas de sus compañeros. Me vio en el pasillo y casi sin preguntarme me lanzó los papeles encargándome la tarea de ir a su casa para entregarlos. Por eso quería que le dijeras a Mimi, Daisuke. Voy a salir temprano de la escuela y no quisiera preocuparla.
—Eres tan amable, Ken. Demasiado, diría yo—se burla él, para luego abrazarlo del cuello—Pero estoy seguro que hubieras sido incapaz de decir "no" si te encontrabas en una posición de dar tu opinión.
—¡Por eso es que dudé en contarte!
—Ya, Daisuke. Déjalo en paz—tuve que entrometerme—Siento que tienes cosas más importantes que hacer, como ir a buscar a Hikari. El receso va a acabar pronto y debe tener hambre. Vamos, llévale su pudín.
Decir aquellas palabras me dolió. Observé cómo se detuvo en seco de fastidiarlo, cerrando sus ojos. Caminando con lentitud, se sitúa a mi lado, sentándose en la carpeta vacía que reinaba en el desorden, indicando que era la suya. La ráfaga de viento volvió a ingresar, silenciando mis alrededores. Tan solo me concentraba en él, pensando qué la cautivaba. Aquellos ojos que me capturaban deben haber sido atrapados por algo que carga a diferencia mía. ¿Será la tez morena? ¿La estúpida sonrisa? ¿Su cabello caoba que jamás se cepilla? A diferencia suya, mi apariencia parece genérica. El típico chico rubio de ojos azules que cuenta con una descendencia extranjera. El chico que por jugar baloncesto se llena de admiradoras a quienes nunca les va a prestar atención. Ya que solo mira a una chica. A la misma chica. Y eso nunca va a cambiar.
—Oye, Takeru. ¿Te importaría ir por mí? Si voy… es probable que no pueda contenerme.
—¿Contenerte?
Tras lanzar mi pregunta, el rostro de Ken se nubló, su rostro siendo cubierto por el flequillo que lo caracteriza. Aquello duró por breves segundos, para luego cerrar sus ojos alegremente, sonriendo. Se colocó entre nosotros, para luego darle un hincón en el brazo, todavía brillando con inocencia. Por algún motivo, un descabellado pensamiento se apoderó de mi mente.
Algo me dice que si este mundo fuera distinto, le tendría mucho miedo a este lado de Ken Ichijouji.
—¡Ichijouji, au! ¡Suéltame!—se quejaba luego de que él pasara a sus mejillas, jalándolas con fuerza mientras que esa frívola, amable sonrisa permanecía pegada en su rostro. Mi cuerpo empezó a sudar, esta vez no por el calor, sino por el frío del terror que me propagaba—¡Me rindo! ¡Suficiente!
—Daisuke, tienes que aprender a corregir tus errores—haciéndole caso, retorna a la normalidad tras dar un corto respiro—En especial con eso último.
—Pero es la verdad… no podría contenerme.
—Lo uses o no como excusa, tienes que recoger el desorden.
—No hay problema, puedo ir.
Las palabras que salieron de mi boca inclusive me sorprendieron a mí. Ambos hombres me miraron asombrados, mientras que el bullicio de los demás alumnos volvía a florecer al igual que la flor que siempre ilumina mis días en la escuela. Rasque la parte trasera de mi rubia cabellera, inseguro de lo que acababa de suceder. Ken intercambió miradas con Daisuke. Por algún motivo, cuando el moreno sonrió, su hermano le lanzó una mirada desaprobatoria. Decidí no ahondar más en el tema que concierne al lenguaje corporal. Empecé a caminar de espaldas hacia la salida, calculando los minutos que me quedaban para buscarla y traerla de vuelta. Sin saber a dónde dirigir mis ojos, opté por finalmente dejarlos de lado, tomando con seriedad mi trayecto. No me importó que estuvieran discutiendo.
Tenía una misión. Y era hallar a Hikari.
Al encontrarme en el pasillo, empiezo a correr por más prohibido que esté. El tiempo jugaba en mi contra y, por algún motivo, deseaba encontrarla pronto. No dejaba de pensar en las palabras de Daisuke en la clase. Por más que decidí ignorarlas, estas rebotaban en mi cabeza, al igual que una voz al hacer ecos en una cueva. Sacudía el rostro, creyendo que la velocidad ayudaría, pero seguía ahí. No estaba corriendo por el poco tiempo que me quedaba para encontrarla. Estaba corriendo por el poco tiempo que me quedaba para estar a su lado. Era tan obvio desde un inicio. Tan obvio que me dan ganas de tirarme por la ventana.
La busqué en todos sus lugares favoritos: la azotea, el espacioso jardín y las escaleras que dan hacia una clase abandonada. Nadie conocía de ese lugar, solo Hikari. Ella me presentó ese sitio años atrás, que lo descubrió por accidente. Me confesó que de vez en cuando, al momento que se le presentaba algún problema, siempre huía ahí.
«Como soy invisible ante los demás, prefiero ir a un lugar en donde también pueda ser invisible ante ustedes. Así que nunca me busques ahí.»
Mi corazón empezó a latir con cada paso que daba al acercarme a aquella clase. Ella me contó ese secreto a mí. No a Daisuke. ¿Será porque soy especial para ella? ¿O porque confía en que si sucede algo jamás le diré a Daisuke sobre ese lugar? Nervioso, empecé a dudar si abrir o no la puerta. Ella pidió que nunca la busque ahí. Si lo hago estaría rompiendo la única promesa que hemos hecho a escondidas. El único recuerdo que he hecho con ella sin estar rodeados de alguien más. Creo que fue en ese instante en el que me dejé cautivar por su mirada.
Al escuchar el sonido de la puerta deslizándose, el polvo ingresando a mi sistema respiratorio, tuve que toser sin contenerme. Sobé mis ojos con la manga de la camisa de mi uniforme, estos lagrimeando por la tierra que nublaba mi visión. Una vez que la imagen se aclareció, me topé con la sorpresa que me encontraba rodeado de mesas y carpetas malgastadas. Ni un solo rastro de Hikari. Me sentí un iluso. Era evidente que no se encontraría ahí. Si tanto desea ocultar su presencia de nosotros no lo haría en un lugar al cual prometí nunca ir. Si yo fuera Hikari iría al lugar más concurrido. Al lugar en el que jamás imaginarían que iría. Al lugar que te vuelve un personaje extra en cualquier historia.
En cuestión de segundos me encontré en dicho lugar. Tuve que saltar escalones, inclusive abusar de mi posición ante los menores al ser su superior y empujarlos de mi camino sin pedir permiso o disculpas. Podía ver millares de rostros, de cabezas, escuchar coloridas voces, sentir olores que hacían mi estómago rugir al no poder acabar mi almuerzo.
Por más que tú estés tan cerca, pero mi vista de ti tan lejos, por más que pareciera que no me concernía en un inicio, siempre me preocupé por ti. Por tu existencia. Siempre invisible ante los demás, menos ante mis ojos. Por eso tuve la valentía de acercarme hacia ti cuando éramos pequeños y los conocí. Tuve la esperanza que dejarías que te viera, dejando de ser invisible ante mis ojos.
La luz del sol entra por las ventanas de la cafetería. Sin pensarlo dos veces, seguí mi intuición, accidentalmente sentándome en tu misma mesa. Mi corazón se congeló, incapaz de intercambiar una palabra. Ese soy yo ante tu presencia. Tu iridiscencia hace que nunca desaparezcas de mi vista.
Definitivamente, desde la primera vez que te vi, me enamoré de ti. Siempre lo he hecho y permanecido callado.
Cada vez que te recuerdo, que busco tu presencia en mis memorias, me paralizas. Me cautivas como nadie nunca lo ha hecho. Aun así, se que no es lo mismo contigo.
El amor es inesperado.
Saliste de tu pequeño mundo cuando escuchaste el sonido que hice al arrastrar la silla. Tus ojos imitando el color de un palillo de canela evocó en mí el aroma de un clavo de olor, pensando de nuevo en la misma taza de chocolate caliente. Ambos sentados, tomando una en una cafetería caracterizada por su bello decorado asemejándose a un cuento de hadas. Aún así, siento que soy incapaz de preguntarte si deseas acompañarme. Después de todo, no aceptarías.
Amas a alguien más.
Y no te das cuenta que lo haces.
—¡Takeru!
El silencio que nos rodeaba fue roto por la chica que la acompañaba. Un cabello largo almendrado, un delicado cuello que por algún motivo siempre imaginaba con una bufanda. La presidenta del club de confección se encontraba sentada al lado de Hikari.
—Hinanawi—dije algo atontado.
—Fūka, gracias por el favor—Hikari agacha el rostro en señal de agradecimiento, mientras que el personaje extra de nuestro pequeño mundo se levanta de su asiento.
—Cuando gustes. Tienes muy buenas manos, deberías pensar en unirte al club.
—No creo…
—Bueno, ya nos volveremos a ver.
Tras despedirse, su intercambio de palabras me había dejado algo confuso. De todas maneras, agradecí estar a solas con ella. El tráfico de personas en la cafetería estaba disminuyendo, lo cual indicaba que el sagrado tiempo se estaba agotando. Si esa era mi manera de desperdiciar el tiempo, ¿cuántas veces lo habré hecho al desconocer este amor?
—Hikari, te estuve buscando. Estábamos preocupados por ti porque no regresabas.
Observé que jugaba con algo en sus manos antes de responder.
—¿Daisuke se encuentra bien?
Sus palabras fueron directo hacia mi corazón, estrujándolo.
—Está algo adolorido. Pero sobrevivirá—la alenté, formando una falsa sonrisa en mis labios. Ella suspiró con alivio, haciendo que mi mentira se vuelva en un antifaz para ocultar mi pesar—Dejaste tu pudín en la clase. Debes estar hambrienta.
—Llegué a comer algo a obligación de esa chica.
—Cierto, ¿qué hacía Hinanawi contigo?
Observé que movía sus manos de manera acelerada, su hundiendo su rostro con retraimiento mientras un intenso sonrojo aparecía en sus finas mejillas. Era ver un campo de nieve siendo cubierto por un hermoso rosa.
—Verás… ¿prometes no burlarte?
—No tendría razón alguna. No soy Daisuke.
—Cierto, tienes razón—agregó una delicada risa.
Exacto. No soy Daisuke.
Abriéndolas, en las palmas de sus manos yacían unos llaveros de peluche. Eran tres de cada modelo. Uno era un silbato, otro un sombrero blanco, finalmente unos googles. Me quedé en un trance, observando su cara. Se encontraba con los ojos cerrados, sus labios temblando por los nervios. Me daban ganas de tenerla entre mis brazos, asegurándole que todo saldrá bien. Pero inclusive haciendo eso, sentiría que estoy siendo un traicionero.
Daisuke dijo que no podría contenerse. Y ahora lo entiendo.
—Están preciosos, ¿tú los hiciste?
Ella tan solo asintió, lo cual significó que debía manejar el resto de la conversación por mi cuenta.
—Por lo visto, hay tres de cada uno. ¿Son para nosotros?
Otra vez hizo el mismo gesto.
—Si contamos faltaría un par. ¿No hiciste para Ken y Miyako?
—La máquina se averió—finalmente decidió hablar, apretando con fuerza los llaveros. Respirando hondo, me extendió uno de cada uno.
—Gracias. ¿Por esto te quedabas hasta tarde en la escuela? No había necesidad de tanta secrecía.
—Si se los decía quizás se reirían de mí. En especial Daisuke. Ten los tuyos. Pensé que sería un bonito detalle si los tres llevábamos llaveros iguales. Quisiera que todos estemos juntos por siempre.
Al tener su mano sobre la mía comprendí en plenitud la expresión del moreno.
Tampoco puedo contenerme más.
—Hikari, ¿quisieras salir conmigo?
—¿Eh?
Su inocente voz de sorpresa. Su inocente rostro. Sus ojos que se abrían por la sorpresa que trajo mi pregunta. Retiró su mano, soltando los llaveros que me entregaba en el proceso. Yo seguía extendido sobre la mesa. La campana sonó, indicando el fin del receso. Pronto vendrían a limpiar la cafetería. Nos botarían. Jamás escucharía su respuesta. No puedo dejarla escapar. No puedo dejar que se vuelva invisible bajo mi mirada.
—Sea a ver una película, a una pastelería o a la esquina. ¿Saldrías conmigo?
—Yo… la verdad yo… no entiendo muy bien a lo que te refieres—murmuró—Soy tu amiga. Saldría contigo porque somos amigos, ¿no? Es perfectamente normal. No hay motivo para preguntármelo.
Tendría que haber sospechado su concepto sobre mí desde un inicio al igual que lo demás. El amor es inesperado. Viene cuando menos lo esperas, duele cuando menos lo esperas, desaparece cuando menos lo esperas. Sin embargo, aquello no se aplicaba en Hikari Yagami. Ella siempre ha estado enamorada, sufre por estar enamorada y desaparece porque está enamorada.
Enamorada de Daisuke Motomiya.
La razón para enamorarme de ella jamás podré explicarla. Quizás, seguro, podré hacerlo luego.
—Cierto, somos amigos. Fue muy tonto de mi parte hacer una pregunta de ese estilo.
—Siempre logras animarme de cierta forma, Takeru—suelta más alegre, riéndose tras aligerarse la situación—Siendo honesta, a veces siento que soy algo dura con Daisuke. Pero es que también él anda metiendo la pata.
—Las cuatro patas.
—¡Takeru! Vas a hacer que pierda la seriedad—dijo, cambiando su tono de voz—Sigo con eso porque estoy enfadada con él. Ese idiota abriendo la puerta del baño por más que pusiera un letrero diciendo que lo andaba usando. No sé si fue por despistado o adrede.
Mordiéndose la uña, empieza a meditar.
—Creo que deberías darle una oportunidad… quiero decir, darle el beneficio de la duda—dije sin pensar, mi corazón achicándose al percatarse de lo que salió de mi boca—Sí, es cierto que puede ser un idiota pero a fin de cuentas es tu hermano, al igual que Ken.
—No somos hermanos de sangre, lo sabes.
—Pero son familia.
—Tienes razón… somos familia—su expresión se hundió en melancolía—En fin, creo que deberíamos irnos de aquí antes de que nos llamen la atención.
Caminé a su lado, observando el exterior de la cafetería. Vi mi reflejo en la ventana junto al suyo. Cercano pero a la vez distante, un espejismo que reflejaba mi inalcanzable realidad. Una ilusión que perseguía, incapaz de llegar a ella. Una ligera lluvia había empezado, reflejando el azul que siempre deseé que mirara, que la cautivara al igual que su canela hace con los míos.
Con esto, finalmente, mi amor fue no correspondido.
Por más que la hora del almuerzo haya acabado, siempre guardaré esta sensación de amarte.
Siento que esto explica algo del capítulo anterior con respecto a que Hikari en cierta parte del final dice que Daisuke la resondró luego que Takeru le dijera para ir a ver una película y ella lo rechazó. Quisiera retomar ese punto en el tercero, ya que si me baso en el segundo capítulo del doujinshi, esta historia quedaría incompleta por bastante tiempo al no haber más capis del doujin. Además, ya le tomé cariño al agregarle este drama por mi cuenta propia.
