Nota de Autora: "Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella." Ortega y Gasset.
Capítulo transcurre el mismo día que el segundo.
Historia vagamente basada en el Doujinshi Rainy Blue por Kyujitsusyukkin Chikaya de la saga Kagerou Project.
Extra: Definitivamente no tengo creatividad para títulos así que tomé prestado el de una canción. (After Rain por AKB48 – la letra se relaciona mucho por cierto por más que el ritmo sea súper happy-). Y un capítulo corto para variar un poco.
Capítulo 3: After Rain
Takeru parece ser la misma esperanza.
Era incapaz de observar su perfil al estar sentado delante de él pero, el aura que transmitía no dejaba de incomodarme. Mientras jugaba con el portaminas de plástico, no pude evitar admirarlo con detenimiento, recordando cómo llego a mis manos. Con tan solo imaginar esas sonrisas que pocas veces me dirige, una calidez invadió mis alrededores, extinguiendo el tul esperanzador que transmitía el rubio. Coloqué el objeto sobre mi nariz, perdiendo el tiempo jugando a mantener el equilibro. A veces se iba a la derecha, otras a la izquierda, incapaz de encontrar un punto medio. Sentía que mi vida se reflejaba en este absurdo juego de perder el tiempo mientras el maestro explica sobre la segunda guerra mundial.
En este momento me siento como este mismo portaminas. Tú eres el punto medio al cual soy incapaz de llegar. Si te hago molestar, inclino la balanza hacia una dirección. Si te hago pasar vergüenza o jugar alguna broma, se pasa al opuesto. Me cuesta encontrarlo. Cada día que pasa siento que voy a cometer algo, provocando que esta inestabilidad jamás tenga posibilidades de volverse estable. Es por eso que me incomoda el destellar de la esperanza de aquél hombre que busca tu mirada, al igual que yo.
Suspiré cuando el portaminas cedió hacia la carpeta, la punta rompiéndose al dar con mis notas. El rosa pastel que lo caracteriza me hizo reír, pensando que debo ser el único chico que se atreve a usar algo tan femenino. Simplemente no puedo evitarlo. Tú lo escogiste. Y soy incapaz de decirte "no" cuando actúas de esa manera adorable, arrugando tu nariz cuando te encuentras en alguna situación incómoda. También estaba lloviendo, al igual que el día de hoy. Siento como si el mundo jugara con nosotros, reflejando nuestros pesares, llorando en nuestro lugar. Me pregunto, ¿cuántos corazones estarán lastimados, rotos, en este preciso momento?
—¡Motomiya!
Las cabezas de todos mis compañeros de aula se dirigieron ante mí. Siempre aprovecho mis distracciones, las ocasiones en las que los profesores me llaman la atención, para mirar directo a tus ojos y hundirme en su dulzura. Tu cabeza gira con gracia, imitando el aleteo de un hermoso cisne. Aquellos mechones rebeldes que planchas cada mañana con delicadeza habían vuelto a amotinarse en contra tuya. Me miraste de reojo, probablemente todavía enojada por el suceso de esta mañana. Te negaste a comer el pudín cuando regresaste a clase junto a Takeru. El tan solo imaginar el rugir de tu estómago y aquellas mejillas sonrojándose de la incomodidad, me hace esbozar una sonrisa mucho más grande de lo normal, tramando un plan con el cual fastidiarte cuando regresemos a casa. Siempre te fastidio porque quiero que me mires solo a mí. Que ese lado que tanto guardas ante los demás sea solo para mí. Ese lado en el que pierdes el temperamento, o inclusive actúas como la chica que eres.
—¡Profesor! ¡La respuesta es si no pueden comer pan, que coman pastel!
—¡Al pasillo, Motomiya!
Clásico final de día. Siempre dispuesto a hacerlo para verte cuando camino al frente.
Ese es mi placer prohibido. Mi guilty pleasure como algunos dirían. Me levanto como es de costumbre, ignorando los murmullos sobre mi comportamiento bromista. Sus voces no hacen cosquillas en mi cuerpo, menos heridas en mi corazón. Tus ojos café siguen plantados en mí, percatándote que cuando te devuelvo la mirada, no evito sonreírte al igual que un niño planeando su siguiente travesura. Intentas ocultarte entre el libro de la clase de historia, pretendiendo que jamás pasó lo que acaba de suceder. Nunca me arrepiento de ser así en cada clase si se me otorga la oportunidad de ver este lado tuyo que ocultas hacia los demás a excepción de mí y Ken cuando andamos en casa con nuestra hermana mayor, Mimi.
Cierro la puerta corrediza del aula, situándome en la pared. Doy un bostezo, permitiendo a mi imaginación hundirse en recuerdos.
Nunca olvidaré cuando te vi practicar frente al espejo con un vestido y listones en el cabello. Ese día sentí como si hubiera ganado el premio mayor. Ichijouji y yo observándote a lo lejos, escondidos tras el marco de la puerta que habías dejado un poco abierto. Colocaste aquellos lazos rosa en cada extremo de tu pelo, estos moviéndose al ritmo de tu cuerpo cada vez que ladeabas el rostro, preguntándote constantemente si se veían bien. Luego probaste una falda, cosa que normalmente no usas a excepción de la escolar. Recuerdo que Ken quería alejarse, por algún motivo repitiendo el nombre de Miyako y sintiéndose culpable. Como siempre, lo empujé más cerca para hacerlo ver.
Ese error me costó dos cajas completas de ibuprofenos por los golpes que propiciaste a mis costillas.
Luego está el incidente de hoy, que no deja en paz mi cabeza. Cada vez más, me cuesta contenerme. Temo cometer una locura. Mi corazón no deja de latir con rapidez, muchas veces preguntándome si es correcto el sentimiento que me corroe por dentro.
Empecé a recordar.
Mimi tuvo la idea de hacer un rústico letrero rosa para colgar en la puerta del baño. Este tenía tu nombre en brillos, junto a corazones de tela y estrellas con brillantina. Pudo haber tenido las mejores de las intenciones pero, definitivamente, ese no es tu estilo. Sin embargo, siento que te cae muy bien. Es contradictorio, mas presiento que ambos lados viven en ti. Ese día que te vimos modelar frente al espejo lo confirma. Es por ese motivo que me detuve frente a la puerta. Me causó gracia verlo colgado. No tenía idea si estabas dentro o no, gran ingenuidad de mi parte, pero quería acercarme y tocarlo, viendo si así podía comprender un poco ese lado tuyo que pocas veces dejas relucir.
—¿Daisuke?
La voz de Ken me hizo retroceder.
—Oh, Ichijouji. Buenos días.
—¿Qué andas haciendo frente a la puerta? Ten cuidado, que Hikari está tomando una ducha.
En ese mismo instante no pude evitar fantasear con ella bajo el agua, pasando una esponja alrededor de todo su cuerpo. Aún así, algo me decía que era mentira. Era imposible que colgaras ese letrero tan femenino indicando que usabas el baño.
—Nah, no va a pasar nada. No hay forma que Hikari lo esté usando—dije con ingenuidad, señalando la puerta mientras sonreía con picardía—Ella no pondría algo así. Estamos hablando de Hikari.
—Daisuke, tan solo escúchame—suspiró desganado—¿Quieres volver a estar en cama medicándote por algo que se puede evitar?
—Si mal no recuerdo esa vez fue tu culpa.
—¡Tú fuiste quien me empujó y acabé abriendo la puerta!
—Y no me arrepiento de verla usar una falda casual.
—¡Tan solo aléjate de ahí! No vayas a hacer algo de lo que te arrepientas luego. Iré a tomar el desayuno. Debo salir temprano.
Un foco se encendió en mi cabeza, olvidando momentáneamente la posibilidad de ver a Hikari desnuda en la ducha.
—¿Miyako?
—Podría decirse que sí…—desvió la mirada, avanzando cada vez más rápido hacia las escaleras—Ha estado con un resfrío y quería pasar a ver si se sentía mejor e ir juntos a la escuela.
—Avanzas rápido, Ichijouji.
—¡Por eso es que no te cuento mis cosas! ¡Y te repito que te alejes de ahí! Guerra avisada no mata gente.
Tras desaparecer, mi mente no dejaba de plantear millares de escenarios. Uno era abrir la puerta y encontrarla vacía. La segunda era encontrar a Hikari cambiándose en su uniforme, su ropa interior moldeada a su perfecta, delgada figura, mientras cerraba el cierre de la falda, su blusa todavía colgando en la pared. La tercera era algo similar, salvo que encontrarla desvistiéndose. La cuarta era la que más anhelaba: verla bajo el agua, el vapor censurando lo que todo hombre desea.
—Si ese letrero termina engañándome probaré esconderme en su armario un día de estos.
Cómo me encanta hacerla molestar.
Tragué saliva, preparado para enfrentar las consecuencias de esta insaciable curiosidad. Tras tocar la perilla un escalofrío recorrió mi espalda. Una señal que indicaba que debía considerarlo una vez más. Deseché aquellos temores tan rápido como aparecieron, cortándolos como la mala hierba que fueron. Empecé a girarla, para luego escuchar el sonido de la puerta separándose del marco. Un delicioso, suave aroma ingresó hacia mí. El olor a flores de cerezo invadió mi mente, evocando la primavera. El vapor aplastó mi rostro como una suave caricia, invitándome a adentrarme mucho más. Di un paso en silencio, procurando no llamar la atención.
Había dado con la lotería.
Ken no había mentido. Habías usado el letrero. Más material con el cuál fastidiarte luego. Cumpliría mi capricho de ver tu lado femenino una vez más.
No obstante, nada salió como lo deseé.
Fue cuestión de distraerme viendo tu uniforme perfectamente doblado encima de una repisa, para dirigirme hacia aquellas prendas que hicieron mis ojos brillar con intensidad. Amarillas y rosadas, por algún motivo perfectas para ti. En ese instante, mi pie dio contra un patito de hule. Un patito con el que Mimi nos hacía jugar cuando todos tomábamos baños juntos. Esos momentos llenos de inocencia que no le das importancia a las diferencias que rodean a un hombre de una mujer. Una edad en la que el pudor es casi inexistente.
Soltaste un gesto de sorpresa.
Tras el reflejo del vidrio de la ducha observe tu sombra girando hacia mi dirección, el agua todavía cayendo sobre ti. Deslizaste aquello que nos separaba, tu cabello húmedo, casi cubriendo tu visión, no dejaba mi mirar ante mi dirección. Retrocedí temeroso, las palabras de advertencia de Ken resonando en mi cabeza. El café que guía tus días se abrieron, tu rostro que se hallaba rojizo por el vapor perdió todo color. La censura que te rodeaba no fue distracción suficiente del terror que se había apoderado de mi cuerpo. Estaba preparado para mi castigo, oscurecí mi visión para soportar el golpe. Cosa que nunca llegó. Seguías congelada en tu lugar, la ducha aún encendida. Aquél tul que te cubría se disipó, permitiéndome observar los atributos que escondías bajo pedazos de tela.
Me cautivaste en un instante. Si ya estoy enamorado de ti, eso me hizo notar que no me importaba tu cuerpo.
No me importa el busto pequeño, casi inexistente que tienes.
No me importan las quemaduras que carga tu cuerpo sobre aquél pasado que te rehúsas a recordar.
No me importan tus piernas algo rellenitas.
No puedo contenerme más tiempo.
El grito que pegaste fue la alarma que activó al lado de ella que solemos denominar, "Mimostro". Ella apareció con gracia, elegancia y agilidad, sacudiendo su cabellera miel, para al final pegarme un jalón de orejas junto a un grito.
—¡DAISUKE!
Todavía puedo escuchar la voz de Mimi retumbar en mis oídos.
Ahora que estoy en el pasillo de la escuela, no puedo evitar temblar al tan solo recordar el castigo que Mimi me propició por quebrar la ley de esperar mi turno para tomar una ducha.
Suspiré, colocando cada mano en el bolsillo del pantalón del uniforme escolar. Me sonrosé con recordar tu cuerpo, este rápidamente apaciguándose al pensar cuando te vi regresar a clases con Takeru. Le pedí que fuera por ti, temeroso a que yo tramara hacerte algo, rompiendo este lazo que nos une. Ken tuvo que emplear aquella faceta que tememos para convencerme de ir por ti, pero tuve que hacerle caso omiso.
Sigo creyendo firmemente que si este fuera otro mundo, le tendríamos mucho temor a Ichijouji.
—La lluvia no parece tener fin.
Ensimismado con el llorar del cielo, traté de ignorar esa sensación de incomodidad. Si tuviera las esperanzas que él carga, quizás consideraría la más mínima ventana de oportunidad de que exista el chance de un amor correspondido. Cada día que pasa me cuesta estar a tu alrededor. Es igual que esta lluvia. Esta constante lluvia que no nos deja por más que sea verano.
¿Por cuántos más días seguirá lloviendo?
Sigo sin encontrarle un significado a mi vida. Agradezco el hecho que los Tachikawa me acogieran. De esa manera nunca te hubiera conocido. Sin embargo, me dan ganas de regresar a mi condición anterior. Por más cruel y doloroso que haya sido, lo extraño. Estar contigo genera esa inestabilidad en mí. Al igual que yo busco establecer un balance a tu lado. Si no puedo estabilizarme, ¿cómo me creo capaz de crear uno igual cuando me encuentro junto a ti?
Los árboles empiezan a rugir contra la ventana.
—Si estuviera bajo la lluvia, empapado en estas inseguridades, ¿qué pensarían de mí el cielo, las nubes y las ráfagas que me rodean? ¿Que cumplieron su misión en traerme infelicidad con miseria? ¿Qué lograron que medite en profundidad?
Cada día me cuesta contenerme. Vivir bajo el mismo techo es un martirio. Una dulce locura que no cambiaría por nada en el mundo. Evito llorar por frustración. Después de todo, debo verme fuerte frente a ti. Soy un bromista. Soy un burlón. Vivo para burlarme de ti. Es así como te puedo hacer sonreír. Me permite ver esa faceta tuya que ocultas. Me hace sentir único y especial cuando lo haces. Por eso siento que cuando llueve puedo derramar lágrimas ilusorias, permitiéndome sonreír más de lo que hice ayer.
Tú eres mi lluvia.
Sin importar qué oscuro esté, una luz llena de esperanza atravesará aquellas grises nubes.
Tú eres esa luz. Takeru es esa esperanza. Yo soy esa nube gris.
Ambos me atraviesan, haciéndome consiente de sensaciones que desconocía. Si jamás tomaba noción de que él guarda sentimientos de amor hacia ti, jamás consideraría tomar acción, sabiendo que tengo una ventaja dadas nuestras condiciones como hermanos adoptivos. Siendo honesto, en ningún momento de nuestra convivencia he sentido tal cosa. Siempre te he visto como una chica con la que he vivido, lo mismo va con Ken. La única que rompe esa regla es Mimi. Siempre la voy a ver como nuestra hermana mayor. Y me gusta de esa forma. Es por ello que no me siento culpable de estar enamorado de ti.
La campana sonó, indicando el final de las clases. Finalmente llegó la hora de irnos a casa.
Cuando decidí pasar me topé con el maestro, quien no pudo evitar soltar una mueca de desagrado con tan solo estar cerca a mi presencia. Luego esas dos miradas, esa azulina y la otra café, me hicieron sonreír como es de costumbre, mintiendo hacia mí mismo para así mentirles. Si sonrío, van a pensar que siempre soy carismático. Que no oculto nada. Que no abarco inseguridades.
Soy un mentiroso.
—¡Daisuke! —se quejó en voz alta Hikari, arrugando su diminuta nariz—¡Es increíble que no puedas estar tranquilo! ¿Cuánto más desorden piensas causar?
—¿Sigues molesta, Hikari? —pregunté con inocencia, sabiendo la respuesta.
No obstante, antes de que pudiera contestarme, su estómago soltó un ligero rugido. Con las palabras colgando de su boca, un intenso brillar se manifestó en ella, su cabello inclusive levantándose al agarrarla por sorpresa. Buscando alguna señal en mis ojos junto a los de Takeru, levanta sus cosas para salir apresuradamente por la puerta. Su presencia pasó desapercibida por los demás alumnos.
Siempre invisible ante los demás.
—Es por eso que debió haber aceptado mi pudín—resoplé, colocándome al lado del rubio.
—Me sorprende porque me comentó que sí llegó a comer algo cuando la encontré en la cafetería…—el flequillo cubriendo su rostro, tomé noción de su inusual comportamiento.
—¿Estás seguro? Normalmente no traemos efectivo ya que Mimi prepara nuestros almuerzos. Hoy no tuvo tiempo y nos prestó algo de dinero. Dinero que gasté en el pudín, un pan de melón para Ken y un paquete de galletas para mí.
—Entonces es probable que Hinanawi le haya regalado su porción.
—¿Hinanawi? ¿Hablas de Fūka Hinanawi de la clase de al lado? ¿En la que se encuentra Ken?
—Ella misma. Aunque Hikari seguro no aceptó… ¿cuándo va a aprender? ¿Se comporta así en casa?
—Hmm…—crucé mis brazos para meditar—No le gusta que los demás sientan lástima por ella. Estoy convencido que tienes razón.
Tras ver que la conversación acabaría dando vueltas en el mismo tema, decidí abandonar al rubio. Observé la ventana una vez más. La lluvia no parecía cesar. Acudí a mi carpeta, recogiendo todos mis objetos personales. El portaminas rosa seguía ahí. Una dulce historia que me gustaría haber recordado en vez del vergonzoso incidente de la ducha. Quizás en cama, esta noche, piense en esa memoria que formamos juntos. Al escuchar ruido proveniente de mi espalda, intuí que Takeru había optado por mi mismo plan de acción. Tras finalizar, di media vuelta para despedirme de él, hasta que vi que colocaba unos llaveros en su morral.
—No creí que te gustaban ese tipo de cosas—formé una de mis millares de sonrisas para hacerlo sentir vergüenza, cosa que funcionó.
—Ya te quiero ver a ti cuando los tengas…—murmuró bajo su aliento, capturando mi atención.
—¿A qué te refieres con eso?
—Tan solo olvídalo… hoy no ha sido un buen día. Quiero largarme de aquí.
Algo pasó cuando fue por ella. Puedo sentirlo.
—¿Te declaraste? —solté la bala sin indecisión alguna, creyendo que sería interceptada por las voces de nuestros compañeros.
—Ya veo a dónde quieres llegar con esto—con una sonrisa llena de ironía, coloca el morral en su hombro—Solo puedo decirte que tienes la vía libre.
—Nunca pensé que había un obstáculo en el camino—tuve la osadía que decir, bajando mis cejas con algo de malicia.
—Tampoco yo hasta hace unas horas.
—¿No piensas seguir luchando?
—Si lo hago sería por caprichoso en querer conseguir algo que está fuera de mi alcance—cerrando sus ojos sin borrar esa sonrisa, empieza a caminar.
—Solo yo tengo permitido usar esa sonrisa—lo empecé a seguir.
—No sabía que estaba patentada bajo Daisuke Motomiya.
—Estaba pensando en hacerlo así que no robes mis brillantes ideas—colocándome a su lado, ambos empezamos a descender hacia el primer piso. Normalmente esperaría a Ken pero con eso de Miyako no me quedaba otra que andar con un rival—No deberías cederme el plato principal tan pronto.
—Si no pueden comer pan, que coman pastel, ¿no?
—Qué gracioso te crees—dije con sarcasmo—Solo quiero que esto sea justo.
—¿Justo?
—Si no tomas un plan de acción, yo lo haré. Con cada día que pasa menos me puedo contener. Cuando eso suceda, estate preparado porque te avisaré. Te avisaré porque será tu última oportunidad.
—¿Por qué harías algo así, Daisuke? ¿Te doy lástima? —me observa lleno de furia.
—En lo absoluto, Takeru—le conteste agregando aquél diminutivo que todos sus amigos del equipo de baloncesto utilizan—Simplemente quería que lo vieras como una especie de advertencia. No es como si Hikari fuera un trofeo pero… admito que si no me llego a contener terminaré viéndolo como una competencia.
—Daisuke… te agradecería si, por el momento, tuvieras la delicadeza de desaparecer de mi vista.
Así que la esperanza puede perder los papeles.
Sin decirle palabra alguna hice caso a su pedido. Seguí mi camino, haciéndome paso hacia la entrada principal rodeada de casilleros. El bullicio no abandonaba los alrededores mientras iba hacia el mío y así buscar mis zapatos. Empecé a silbar, llenando mi mente de despreocupaciones. Si Takeru se había declarado no era problema mío. Por su actitud pude deducir que Hikari lo había rechazado. Alegría se apoderó de mi alma, causando una risa escapar de mi boca.
Al encontrarme listo, recordé que no había traído un paraguas. Solo me quedaba esperar a que la lluvia decidiera detenerse. Pensé por un instante en ir a buscar a Hikari, pero aquello sería en vano. No tenía ni la más mínima idea de en dónde se quedaba hasta tarde en la escuela al nunca darnos explicación alguna. Miré a las nubes, deseando fulminarlas con mis ojos. Si mi mundo fuera una mentira, podría desenredarlas para así disipar estos pensamientos.
Cuando la vi recostada en unos lejanos casilleros, ocultando su presencia, mis mentiras parecían volverse reales. Ellas es la única que logra ver tras ellas. Ver la falsedad tras mis sonrisas. Las quemaduras que vi esta mañana en la ducha retornaron.
Yo sé su pasado. Ella sabe el mío. Los tres de nosotros sabemos nuestros pasados. Yagami. Motomiya. Ichijouji. Todos nos entendemos. Pero aún así quiero comprenderte, conocerte más que a nadie. Tal y como tú me conoces y comprendes, logrando romper mis mentiras al igual que un cristal con un balón de fútbol.
—Daisuke…—mi repentina aparición la tomó por sorpresa—¿Qué es lo que quieres ahora…?
—Hikari… yo… yo siento mucho lo de esta mañana. Sé que un pudín no arregla las cosas pero quiero que sepas que realmente me avergüenzo de mi comportamiento. Jamás creí que usarías ese letrero y bueno… yo… cómo decirlo…
—…
Al no escuchar respuesta de su parte empecé a imaginar el peor de los escenarios. Creí que se rehusaría a hablarme por siempre. Que saldría corriendo. Que sería capaz de ocultarse por completo de mí.
—Eres un idiota, Daisuke.
Echó a correr bajo la lluvia, dejándome por un segundo atónito. Al retomar la compostura, analicé la situación. No iba a poder llegar lejos. Después de todo, tampoco tiene un paraguas. La lluvia está intensa. Tengo altas probabilidades de llegar a ella, esta vez sin pedir favores, a diferencia de la hora de almuerzo.
Pensé que mi travesía sería larga. Jamás se me cruzó por la mente que perdería el equilibrio ante una diminuta piedra, haciendo que cayera en un charco de lodo cerca a las rejas de la escuela. Su cabello mojado, las gotas rodando por sus mejillas. La desdicha se apoderaba de ella, risas y susurros proviniendo de estudiantes. Su uniforme traslucía su prenda, haciendo paso a un temible temor. Ella regresa sola a casa todos los días. Si olvida el paraguas como hoy todo el mundo la vería así.
Verían su cuerpo tras la blusa. Hombres desconocidos. Extraños. Le harían algo. No quiero eso. No me gustaría que un desconocido le hiciera algo así. Para eso estoy yo. Yo estoy para hacerlo. Definitivamente me cuesta contenerme cada día.
—¿Por qué todo esto tiene que pasarme a mí…?—si no la tuviera tan cerca jamás habría escuchado su voz.
—Todos tienen sus días—traté de animarla, sonriendo con falsedad.
—Primero tú con tu supuesto "accidente" en el baño. Luego Takeru que va a buscarme preguntándome algo extraño, mi respuesta dejándolo triste… sigo sin saber qué hice mal. Y ahora… ¡esto!
Sus hombros empiezan a flaquear. Me agaché para estar a su altura, percatándome que unos objetos habían escapado de su bolso. Eran los mismos llaveros que Takeru llevaba en su morral.
«Ya te quiero ver a ti cuando los tengas…»
—¿Tú los hiciste?
Viendo cómo traté de cambiar el tema, la lluvia envolviéndonos sin darnos escapatoria al no tener forma de cubrirnos, lentamente empieza a recogerlos.
—Sí…
—¿Por esto te quedabas hasta tarde?
Asintió débilmente para luego estrecharme sus manos, entregándomelos.
—¿Son para mí?
—Hice para los tres. Para ti, para Takeru, y para mi… si los llevamos… me hace pensar que podremos ser amigos por siempre.
El silbato, el sombrero y los googles formaron un nudo en mi garganta.
—Gracias…
Al parecer ya he llegado al límite. Inútil e incapaz de brillar tal y como ella lo hace. Se supone que tus sueños se volverán realidad si das lo mejor de ti, ¿no? Entonces, ¿por qué no se le ha otorgado esa recompensa aún? Ella siempre da lo mejor de sí y, ¿qué obtiene? Rechazo, la ignoran.
La abracé con fuerza, propiciándole mi calor. Ella me devolvió el gesto, entrelazando sus manos en mi espalda. Nuestros corazones empezaron a latir a un mismo ritmo.
—Hikari, puedes derramar las lágrimas que quieras. Sabes que puedes hacerlo. Si logras derrotar esta lluvia, puedes volverte más fuerte de lo que ya eres. Incluso en este momento que parece que todo se viene cuesta abajo, el viento y la lluvia esperarán. Esperarán a que te recompongas para así ser derrotadas por ti. No sé que haya sucedido en la cafetería pero tienes todo mi apoyo. Sé que la confesión de Takeru te debe haber tomado desprevenida…
Esto es lo que puedo hacer, en este instante, sin darme por vencido. Si el viento cambia de dirección, favoreciéndome, esta lluvia parará, el cielo se esclarecerá, y un nuevo mañana vendrá. Un nuevo mañana rogando a que pierda el control.
—¿Confesión…?—se alejó de mí, empujándome mientras arrastraba sus rodillas, cubriendo sus blancas medias en el lodo—Takeru… Takeru solo me dijo si quería salir con él a ver una película o algo así. Le dije que no había necesidad de preguntar porque somos amigos, ¿de qué me estás hablando?
Aquello me cayó como un balde de agua helada, por más que la lluvia me congelara. No pude evitar levantar mi mano y propiciarle un ligero golpe en la cabeza.
—¡Au, Daisuke! ¿Por qué haces eso? —me dijo, volviendo a su actitud de siempre.
—Porque eres una tonta.
Ahora entiendo todo.
Hikari se encontraba a punto de decirme algo, hasta que la lluvia se detuvo. Levantamos nuestros rostros, observando el sol que empezaba a iluminarnos. Su estómago rugió, recordando la falta de comida. Acabamos riendo sin motivo aparente. Una ráfaga de viento nos acarició, indicándome que había cambiado de dirección. El camino seguía abierto, y esta vez no dudaré en caminarlo.
Las cosas que suceden al acabar la lluvia llegan a sorprenderme.
—Vamos a casa, que no quiero que enfermes como siempre.
—Nunca me enfermo.
—Entonces eso confirma mi teoría de que eres una idiota.
—¡¿Por qué dices eso?!
—Porque solo los idiotas no pescan resfriados. Es un hecho por el día de hoy.
—No te entiendo.
— Pobre Takeru. Tenía todo derecho a tener el genio que cargaba.
Verla inflar sus mejillas en fastidio fue señal suficiente para que la tomara de las manos.
Para mi sorpresa, no hubo un golpe de por medio.
Se dice que se ha venido al mundo para amar a una sola mujer y que es muy poco probable toparse con ella. En mi caso, he tenido la bendición de hacerlo.
No creí actualizar tan rápido lo tenía escrito por ahí a papel, ¡pero bueno! Creo que con eso ya puedo cerrar el día anterior a los sucesos del primer capítulo.
