El resto del día continuó su rutina sin una mayor interacción entre ambos. Siempre que se encontraran en la misma habitación, la atmósfera se tensaba, afectando a quien fuera que estuviera allí también. Ya en sus escritorios, se ignoraron el uno al otro, sin siquiera dirigirse una mirada. A la hora del almuerzo, Kotetsu había escapado del edificio para "comer con su hija" como fantástica excusa. En la tarde, Barnaby había tenido una sesión de fotos para un nuevo producto patrocinado por Apollon Media concerniente a sábanas.
Ninguno de los dos había estado de suficiente buen humor como para soltar risitas por la ironía.
No habían intercambiado ni una palabra en todo el día. Incluso esa mañana, luego de caer en la horrible comprensión que lo que estaban haciendo en los últimos meses era raro y estaba mal, Barnaby no le había hablado al desconcertado Kotetsu. Había pasado por su lado sin una mirada ni un roce, su vista enfocada en la salida.
Mientras la tarde pasaba, Barnaby analizaba la situación mientras llevaba a su compañero a su hogar. Al salir del sidecar, Kotetsu se notó decepcionado cuando apretó el acelerador y se alejó, huyendo de la incómoda situación.
Deja que el viejo se preocupe por sí solo, pensó. Mantuvo sus ojos en la ruta, obligándose a no mirar atrás y encontrarse con la abatida expresión que seguramente encontraría en el rostro del hombre.
Apagando el motor, el rubio entró a su apartamento, con el corazón inusualmente apesadumbrado. El cual latió dolorosamente al comprender que su piso estaría vacío esa noche, tanto como a la mañana siguiente, y hasta la noche inclusive.
Decidido a dejar de prestarle atención a tales estúpidos pensamientos, se desvistió lentamente. Con el pecho algo tenso, Barnaby tomó una larga ducha, pasando minutos completos nada más que parado bajo la regadera, con el agua caliente golpeando sus tensos músculos. Tampoco tenía apetito, así que se saltó la cena y se fue a la cama.
El sueño nunca llegó. Las sábanas estaban frías y la cama se sentía demasiado grande con sólo él en ella. Incontables veces había rodado para un costado, sobre su espalda, su otro costado, su estómago, y comenzado una y otra vez. Para luchar contra el frío, había encendido la calefacción. Sólo sirvió para que sudara copiosamente y lo hiciera sentir aún más helado. Ovillándose enrolló la cobija, ya fuertemente apretada a su alrededor, cerca de su rostro mientras recordaba una de las noches más heladas en la casa de Kotetsu.
Su calefacción había estado bajo la amenaza de ser cortada desde hacía una semana. Kotetsu no había pagado las facturas durante meses y por supuesto, la compañía había decidido cortar el gas esa noche, en la cual Barnaby iba a quedarse a dormir. Imagínalo.
Ligeros temblores recorrían su espalda, con lo incómodo de la situación manteniéndolo despierto. Con su espalda enfrentando a Kotetsu, sintió en su dormitar que unos cálidos brazos lo rodeaban y lo arrastraban contra un firme y aún más cálido pecho. Los temblores se detuvieron casi instantáneamente, dejando sitio a una relajante calidez. El frotar de su barba contra su hombro mientras el viejo enterraba su nariz en el ángulo de su cuello sólo sirvió para lograr que se relajara más, disfrutando grandemente del calor que emanaba la morena piel y las profundas exhalaciones acariciando su clavícula.
Su camiseta se había empapado por completo rápidamente, forzando al rubio a arrojar la cobija y apagar la calefacción. Se cambió la parte superior del pijama, volviendo a la cama con algunas almohadas y cobertores extras con la esperanza de llenar el espacio vacío. Ya había aceptado hacía tiempo que no podría hacer nada contra el frío. No obstante, estaba seguro que el espacio que quedaba en su cama podía ser ocupado físicamente por algo más que el cuerpo de su compañero. Pero sus expectativas rápidamente se disiparon sin embargo cuando comprendió que las esponjosas almohadas y los suaves cobertores no podían reemplazar el firme latido del corazón de Kotetsu batiendo contra su espalda durante las frías noches.
Del otro lado de Sternbild, aproximadamente diez minutos luego de haber sido dejado, Kotetsu continuaba observando la calle. Había visto a Barnaby correr en su motocicleta a toda velocidad por la calle hasta que había doblado la esquina y ya no pudo divisarlo, sólo oír el decreciente sonido del motor mientras crecía más y más la distancia entre ellos. Sin prestarle atención a las ráfagas del viento helando su piel, su mente comenzó a divagar.
¿Cómo habían pasado por alto la posible implicación de su situación?
¿Cómo era que habían creado esta, esta, esta rutina, por falta de una palabra mejor?
Tomar en consideración lo que los otros podrían decir nunca había cruzado por su mente.
¿Y por qué debería?, pensó Kotetsu, algo irritado. Siempre había ignorado la opinión que el público tenía de sobre él "como un inútil, héroe bueno para nada, el cual confiaba en una experiencia de veterano anticuada y sin fundamentos", la declaración de los niños al decirle "¡Eres un tonto, viejo!", e incluso el descorazonador "No eres tan bueno, papá" de su hija cuando estaba molesta con él. Todo el mundo lo señalaba como una falla, un torpe anciano que debía retirarse. Y no le importaba lo que pensaran de él, y probablemente nunca lo haría.
Por otro lado, Bunny se desvivía por la atención del público. Así que, por supuesto que se preocuparía si las erróneas suposiciones sobre su persona involucrándose con un hombre -su compañero además- alimentaban los chismorreos diarios de la gente común. Probablemente perdería una buena porción de sus fans, su popularidad se acrecentaría por todas las razones equivocadas y, y-
Ya no sería considerado héroe. Ellos ya no serían considerados héroes. ¿Cómo podría la gente confiar en una pareja para que los protegiera? Si alguno de los dos salía herido, ¿qué sería lo primero? ¿Salvar a su compañero o a la ciudad? Su deber como héroes debería asegurar a los habitantes de Sternbild que indudablemente tenían prioridad pero…
Kotetsu detuvo esa línea de pensamientos. No estaban envueltos en una relación. Sólo dormían en la misma cama, compartían comidas caseras y mañanas donde despertaban el uno en brazos del otro por una extraña sucesión de eventos. Todo se desarrolló naturalmente y ni por una vez había dado un paso atrás para cuestionar la nueva situación en su amistad.
Kotetsu aferró la visera de su sombrero, bajándola sobre sus ojos mientras finalmente giraba sobre si mismo para abrir la puerta. Estuvo algo tentado a llamar a Antonio para salir y ahogar su pena en alcohol pero la resaca que con seguridad tendría al día siguiente no lo valía. Al entrar, removió sus zapatos, lanzando su sombrero sobre el sillón cuando pasaba y encendiendo la televisión. Estaba acostumbrado al silencio -dado que había vivido por cinco años ya- pero ese día, necesitaba algo de ruido para llenar el pesado silencio saturando el lugar.
Normalmente, tan pronto como Barnaby pusiera sus pies en el parqué del living, se quejaría sobre el desorden cubriendo el suelo y los muebles. Kotetsu simplemente se frotaría la nuca, claramente avergonzado por su desaliñado estilo de vida. Entonces iría a la cocina a preparar la cena mientras Bunny limpiaba la casa, incapaz de soportar la vista de tal evidente pereza. Esa noche, sin embargo, nadie se quejaría, no habría susurro de ropas, como el de una chaqueta dejada caer sobre el respaldo de una silla, ni ningún silencioso arrastrar de pies sobre los pisos de madera, nada de pisadas detrás suyo en busca del lavamanos, nada de agua fluyendo del grifo para lavar sus delicadas y blancas manos, ningún crujir del sofá de cuero con él sentándose en el mismo, ningún Bunny.
Le hacía sentir como si se hubiera abierto un vacío en su pecho, brotando en su caja toráxica. Un suspiro se escapó de sus labios, su cabeza inclinándose para observar el techo, sus cejas unidas en un gesto de confusión mientras la tristeza se grababa en su rostro. Su mirada bajó para mirar su reflejo en la ventana, su expresión devuelta en la pulida superficie. Era una con la que estaba familiarizado. Una expresión que se había generado tras la muerte de su esposa, la que se presentaba cuando Kaede no quería verlo, una que surgía cuando fuera que Wild Tiger era despreciado por inútil. Y la que llevaba ahora, viendo su fantasmal reflejo en el vidrio, extrañando la presencia de su estúpido compañero, era exactamente la misma.
Kotetsu estaba acostumbrado al rechazo pero había olvidado cuán solitario se sentía.
[Fecha de inicio de traducción: 12 de Julio de 2015. Hora: 13:54. Fecha de término de traducción: 15 de Julio de 2015. Hora: 21:22]
