Barnaby despertó con un sobresalto, con conflictivos sentimientos de tristeza, miedo, ansiedad, y enojo entremezclados mientras la última de sus pesadillas se disolvía entre brumosos recuerdos, unos que conocía demasiado bien para olvidar. El sudor se adhería a su pegajosa piel, sollozando por las lágrimas que se abrían paso a través de sus ojos. Inspirando profundamente, con regulares inhalaciones, se sentó, mirando inconscientemente al espacio vacío a su lado. Un súbito dolor en su pecho lo obligó a fruncir el ceño. No estaba seguro si era por consecuencia de su sueño o…

Desechando el problema, su vista se posó en el reloj digital. La una en punto de la mañana. Había dormido dos horas pero no sentía cansancio, sólo la característica necesidad de abandonar la habitación ya mismo. Lo cual hizo, ignorando el libro que había leído algunas veces, con la cabeza de Kotetsu en su regazo-

Odiaba cuando Kotetsu estaba sumamente aburrido. El viejo preguntaría "¿Qué lees, Bunny?", espiaría por sobre su hombro para leer unas líneas cuando Barnaby no le contestara, resoplaría sobre su cuello para entonces derrumbarse sobre la cama otra vez, cerrando sus ojos, rodaría y finalmente apoyaría la cabeza sobre su regazo. Levantaría la vista para mirarlo, su sonrisa firme, Barnaby le daría una mirada rabiosa para transmitir la molestia que sentía. Y sin decir una palabra, volvería a su lectura, con Kotetsu durmiéndose con rapidez luego que comenzara a pasar sus dedos por entre el aún ligeramente húmedo, desgreñado cabello castaño.

-o la camiseta blanca que colgaba de la silla en el rincón-

Durante las primeras noches en su apartamento, Barnaby le había cedido una camiseta y unos pantalones deportivos para que durmiera. El hábito había arraigado, y esas ropas pronto se convirtieron en sus pijamas designados, sin tener que jamás traer unos. El rubio se había acostumbrado a colocarlos en la pila de la ropa de su compañero durante los días de lavado. Nunca hablaron sobre el tema. Esa camiseta blanca y esos pantalones grises habían sido de Kotetsu desde la primera vez que los usara.

Antes que lo supiera, Barnaby estaba fuera de su habitación, recordando claramente cosas inútiles.

Pero no podía evitarlo. Nunca habría pensado que el compartir una cama le haría sentir algo semejante a la pérdida. Había estado solo la mayor parte de su vida. Hacía tiempo que había olvidado lo que era la presencia de otra persona. Hasta que llegó Kotetsu, claro, y le recordó un distante tiempo donde su felicidad dependía de otros. El niño que alguna vez fue clamaba por el calor y la seguridad que esos oscuros y vacíos cuartos nunca le darían, que sólo lo protegerían de ser lastimado.

Y tenía que admitirlo, estaba herido. Su vida enfocada hacia la venganza lo había privado de establecer cualquier vínculo humano, aterrado de que su corazón fuese destruido. La única vez que le había sucedido lo había dejado completamente destrozado, y débil porque era demasiado joven. Todas las precauciones que había tomado ya no importaban: su corazón fue deshecho en pedazos.

Y no sabía por qué.

Sus ojos se abrieron por completo, observando la ciudad desde la ventana de su living. Comprender por qué dolía lo golpeó como un bólido. Ahora podía ver todas las piezas cayendo en su lugar, incapaz de negar la realidad, incapaz de volver a encerrar todos esos emergentes sentimientos como siempre lo había hecho-

Kotetsu era la primera persona en mucho, mucho tiempo a la que le había permitido entrar. Había comenzado a apreciar al viejo, tolerando con naturalidad la torpe pero llena de buena voluntad forma de actuar que tenía tanto con los otros como con él mismo. Su compañero deseaba ayudar a todos y Barnaby no era la excepción. Se había creado un vínculo entre ambos, su ya de por si muy buen trabajo en equipo había mejorado inmensamente (y hasta Wild Tiger había ganado unos cuantos puntos, lo cual Apollon Media seguía teniendo problemas en admitir). Sin embargo, aquel vínculo, el lazo que lentamente había crecido con fuerza entre ambos, estaba en ese momento siendo puesto a prueba.

Lo que lo asustaba más era la posibilidad de que este se rompiera.

La repentina comprensión de su situación -el hecho de que en verdad le gustaba su compañero y que no sólo lo toleraba como él creía- no le permitió darse cuenta de los golpes en la puerta. Levantando la cabeza de golpe, volteando en todas direcciones para buscar la fuente del sonido, frunció el ceño. ¿Quién sería a las -dio una mirada a su reloj- una y media de la maldita madrugada?

Caminando hacia la puerta, nunca pensó en chequear a través de la mirilla para saber quién podría ser. Con el pomo en la mano, la puerta completamente abierta y con Kotetsu en el pasillo, deseó haberlo hecho.

El viejo levantó la vista, sonriendo débilmente al sorprendido rubio. Una risita se escapó de sus labios, sus manos metidas en los bolsillos mientras murmuraba un rápido "¿Sorprendido?"

Barnaby se repuso, enmascarando su rostro con una indiferente expresión que sin saberlo clavó un cuchillo en el corazón de Kotetsu, siendo visible su agudo dolor gracias a la tensión de sus hombros.

"¿Qué haces aquí?"

Kotetsu cerró los puños, sus cejas frunciéndose, sin que la cáustica respuesta calmara su dolorido pecho en lo más mínimo.

"No puedo dormir."

"¿Y por eso viniste hasta aquí y me despertaste? ¿Para asegurarte que pudiera dormir tan poco como tú? Qué considerado" No era necesario dejarle saber que no había podido dormir y que lo poco que lo había hecho había sido horrible. Pero aún así, Bunny estaba sorprendido de no haber sido el único.

Kotetsu sintió una cansada sonrisa estirar sus labios. "¿Bunny está así de impaciente por-"

"No quiero oírlo." Barnaby intentó cerrar la puerta.

"¡No! Bunny, tenemos que hablar-"

Detuvo su acción, sus ojos fijos en el piso mientras contestaba con lentitud. "No. Vete a tu casa. Ya no me importa."

Volteó mientras azotaba la puerta al cerrarla, sintiendo a la misma resistirse a pocos centímetros.

"¡Pero a mi si!", aulló Kotetsu, súbitamente furioso. Barnaby notó el aura azul rodeándolo y el mismo azul acero brillando en sus ojos, intensificando su colérica mirada en la oscuridad. Paralizado al principio, su rostro se transformó en una ciega ira mientras abría la puerta de un tirón y gritaba, "¿Qué es lo que quieres?"

Kotetsu, sin estar preparado para que la puerta se abriera tan repentinamente cedió con ella, dando un par de tumbos antes de quedar a centímetros de la nariz del chico. Podía sentir el aliento cálido en su rostro, manando de la boca del rubio en fuertes jadeos, obviamente auto controlándose para no estallar. Con sus ojos aún brillando, estos cambiaron de una profunda ira a una tumultuosa y bravucona mirada cubierta de mal disimulada angustia. Kotetsu bajó los ojos, preguntándose a sí mismo, "¿Qué es lo que quiero…?"

Permaneció en silencio algún tiempo antes de levantar la vista otra vez, su expresión suavizándose mientras las palabras pasaban por su apretada garganta.

"Quiero que duermas…"

Se formó una pequeña sonrisa en sus labios, la preocupación grabada en sus facciones, las comisuras de sus ojos estrechándose.

"…sin tener pesadillas."

[Fecha de inicio de traducción: 16 de Julio de 2015. Hora: 20:04. Fecha de término de traducción 19 de Julio de 2015. Hora: 14:11]