Hola a todos. Me alegra poder publicar el segundo capítulo de esta historia. Me está encantado mucho escribirla, y espero que os guste a vosotros. Aquí viene el segundo capítulo.
El dolor de un padre. Hashirama y Madara.
Ante la mente de cualquier persona que haya vivido su vida entera, y llegara al mundo espiritual, o como también es llamado por algunas personas, "la siguiente aventura", se sorprenderían del lugar a donde llegué a parar.
Ciertamente estaba muerto. No sentía mi cuerpo, ni tampoco dolor. Pero tampoco sentía que estuviera muerto de la forma normal. Es curioso, que el conocimiento que adquirir en la vida, me hizo pensar incluso en decir que había más de una forma de estar muerto.
No sé cuánto tiempo estuve en aquel lugar sin saber en la situación en la que estaba. Al final, comprendí que aquel, es decir, este lugar, no era el mundo puro donde van todas las almas de aquellos que han fallecido. Era un plano donde yo formaba la forma, o de otra forma dicha, la imagen de mi ser antes de morir usando mi Chakra y mi espíritu.
Al poco tiempo, pude comprender de las posibilidades y los límites de este plano. Por ejemplo: podía contemplar lo que pasaba en el mundo en ese mismo momento. Permitiéndome ir a cualquier lugar para ver distintas tierras, y distintas personas, si concentraba bien mi energía. Pero no podía manifestarme en el mundo impuro. Es decir, no podía entablar contacto con las personas vivas.
Tampoco podía ir directamente a lugares que no supiera, como un lugar que nunca había llegado a visitar. También que me costaba mucha energía ir a un sitio desconocido si en vez de ir lentamente por mi cuenta, si pensaba en la persona en concreta que quisiera ver.
Al poco tiempo, encontré a las personas que estaba buscando. Asura e Indra. Pero lo que vi fue peor que mil agujas atravesando mi cuerpo. Peor que si la luz de mis ojos se apagara por completo. Lo que vi fue a Indra, lleno de odio, atacando a Asura y al clan. Asura se defendía de cada ataque, pero como líder, y como hermano, él sabía que debía detener a Indra. Durante mucho tiempo no pude parar de ver sus batallas.
Era una verdadera locura. Entendía la rabia de Indra, pero ¿Atacar a su propia familia? ¿Atacar a su propio clan? Ya no era el dulce niño que tanto cuidé, y que tanto amaba a su familia, aunque nunca lo confesara abiertamente. Fue igual de doloroso ver como Asura no podía rescatar a su hermano. No importara lo que dijera. No importara lo que hiciera. Indra nunca le perdonó. Ni a él ni a mí.
Con el tiempo, vi como llegaron a morir, teniendo hijos, nietos, pero sin llegar a ver su reconciliación. Mi corazón se partió por completo. El dolor por ver a mis hijos morir era enorme. Los padres no deberían ver morir a sus hijos. Esa tenía que ser una ley natural. A pesar de ser grande mi Chakra y mi espíritu, no era capaz de soportar aquella visión. No solo habían muerto. Si no que no llegaron a reconciliarse.
El dolor de aquel momento era mil veces peor que el dolor del cuerpo vivo. Tardé un tiempo, pero descubrí otra verdad gracias a este lugar. Aunque sus cuerpos fueron destruidos, sus Chakras no desaparecieron, sino que se reencarnaron continuamente en el tiempo. Es decir, ellos seguían existiendo, dentro de otros individuos, conocidos como "Transmigrantes".
Seguí contemplando los cambios de las culturas, la manera de ver las cosas, y de la ética en la personas, y descubrí que habían transgiversando por completo el Ninshū que tanto me esforcé en enseñar. Ya no lo usaban para conectarse entre todos, sino que lo usaban para incrementar el poder individual, y transformándolo en un poder para la guerra. Eso fue y es conocido como Ninjutsu.
Dolido también porque mis enseñanzas estaban desapareciendo de la historia, seguí observando los próximos años, hasta que llegué a descubrir, el estado actual de mis otros pero igual de amados hijos. Había visto como habían crecido de una forma increíble, y que por fuera parecían buenos en salud. Pero descubrí la otra tragedia que pasó tras mi muerte. La que temí y que se dijo en aquella profecía.
Los Biju no fueron considerados seres vivos. Fueron considerados como armas. Armas de Chakra capaces de destruir aldeas enteras, montañas y grandes ejércitos de forma rápida. Fue horrible como mis adorables hijos eran perseguidos y llamados de una forma vulgar en vez de sus grandes nombres, o de otros pero amables nombres. Simplemente llamados con odio, bestias por el número de colas.
Más horrible fue como se incrementó el odio hacia la humanidad, dentro de sus corazones. En especial en mi hijo pequeño Kurama. Sentir todas esas emociones negativas, más el descontrol de ese poder que intenté que controlara, causó que se hundiera por completo en la oscuridad. Se apartó por completo de toda vida y se convirtió en una masa llena de odio hacia la humanidad.
Una vez más, mi corazón fue roto ante tal visión. A pesar de que sabía que las cosas no serían tan fáciles en el futuro, fueron más trágicas de las que pude imaginar. Aún más el poder verlo todo y no poder hacer nada. Con el tiempo, decidí seguir observando, hasta encontrar la forma de poder ayudar a mis hijos, y de encontrar la paz.
A pesar de toda la maldad en el mundo, pude contemplar a muchas personas de buen corazón. Muchas murieron sin cumplir sus sueños, ya sea por la vejez, accidentes o asesinados. Pero sus sueños pasaron sin saberlo a familiares, amigos y a otras personas de sus encuentros. Seguí observando esas pequeñas luces, en medio de esa masa de oscuridad.
Recuerdo que cuando pensé en poder entablar una conversación con una de aquellas luces que había fallecido, el poder que tenía en aquel lugar misterioso, provocó la convocación del alma de la persona que había pensando en conocer. Descubrí que podía comunicarme con las almas de las personas con una voluntad fuerte, un poderoso espíritu, o un gran Chakra. Pero a pesar de eso, no pude jamás comunicarme con Indra o con Asura. Solo con las almas de sus Transmigrantes que fueron al mundo puro.
Un día, conseguí entablar contacto con uno de los Transmigrantes de Asura que vivía en una época dura. Se sorprendió por completo al saber de mi existencia. Gracias a esa persona, pude entablar la primera conversación con alguien aún vivo en años. Le di consejos y mis deseos de que hiciera sus sueños realidad. Antes de pensar en guiar el mundo a la paz, debía hacer que ambos hermanos se reconciliaran. Ese era el primer paso a la redención por mis errores.
Pero al final, acabó igual que en sus vidas pasadas. O ambos morían sin encontrar respuesta a su batalla, o uno era asesinado por el otro. Con el dolor al ver que ese ciclo se repetía, sin importar el nuevo Trasnmigrante, seguí aferrándome al deseo de hacer que hicieran las paces. El deseo de ayudar a todos mis hijos. Ese deseo me permitió seguir adelante.
Siguieron pasando los años, y seguí aprendiendo de las nuevas tradiciones de cada generación. También fui capaz de conocer a nuevos Trasnmigrantes de Asura y de Indra. Cada vez que conocía a uno de ellos, tenían distintas formas de reacción al saber quién era yo. Con el paso de los años, viendo las culturas, junto con las vidas de las Trasnmigrantes de mis hijos, pude deducir la forma de comunicarme en cada nuevo encuentro. O en todo caso, adaptarme rápidamente.
Lo que pude deducir, es que no importara cuanto lo intentara. No podía comunicarme con ambos Transmigrantes de la misma generación, y mucho menos al mismo tiempo. Por lo que decidí acumular una porción de Chakra por si llegara el día en que tuviera que hablar con ambos. Aunque aumentaría las posibilidades si estuvieran en la misma zona. Aún más si estuvieran mis hijos los Biju por el alrededor.
Después de pensarlo y llegar a esa conclusión, volví a observar el mundo durante años. Cuanto más observaba a los clanes descendientes de mis hijos, más notaba algo extraño en el clan de Indra. Era como una gran sombra que los rodeaba. Ahora mismo los remordimientos vuelven a mostrarse en su mente. Pensar que la voluntad de mi madre era tan poderosa.
El siguiente recuerdo que mi mente despierta, fue en la época en que aparecieron los últimos Transmigrantes antes de los que hay actualmente. Es decir, el comienzo de la época que iniciaría el proceso del retorno de mi madre. Había visto muchos escenarios terribles. Pero una vez más, la realidad superó mis expectativas.
Los humanos habían hecho desaparecer casi por completo el Ninshū de la historia, y lo transformó en el Ninjutsu a un nivel tal aterrador, que la mayoría que pudiera usar el Chakra se convertía por obligación en Ninja. Pero también había personas que luchaban sin tener o despertar ese poder. Y eso fue lo que más me asustó.
No eran adultos sin ninguna base de entrenamiento los que iban al campo de batalla. Tampoco expertos únicamente del Taijutsu porque desgraciadamente eran discriminados. Eran niños los que luchaban y morían asesinados. La cantidad de sus bajas eran aterradoras. Lo mucho que podía hacer para mi desgracia, era ver los últimos alientos de esos pobres niños obligados a luchar, deseando la salvación de sus almas.
Pero lo peor era los ideales de esos ninjas que decían luchar por la paz. No dudaban en enviar a sus hijos a luchar. Se sentían orgullosos si morían en el campo de batalla. Como padre, fue una blasfemia ante nuestro deber. Pero las palabras que más repetían esos adultos ignorantes eran:
"La guerra durará hasta que uno de los dos bandos sea erradicado. La muerte y la guerra allanarán el camino hacia la paz."
Eso era completamente falso. No importa la forma que se justifique una matanza tan horrible. La muerte trae dolor a las personas que siguen viviendo. Ese método lo único que producirá será muertes sin sentido, un odio eterno y un dolor que nunca sanará. Y si hubiera estado vivo en ese momento, habría desafiado sin dudar a los que dijeron esas inhumanas palabras:
"Convertir a tus hijos en buenos ninjas… es la mejor prueba de amor de un padre"
Esas palabras no las entendían para nada aquellos ignorantes. Su verdadero significado es enseñar a los hijos cómo es el mundo, cómo defenderse, y en comprender la razón por la que una lucha. Los ninjas son aquellos que perduran. Esas palabras que deberían guiar a la siguiente generación, no deberían ser la excusa para mandar a la muerte a los niños sin ninguna oportunidad de sobrevivir.
Con la convicción de la verdad que obtuve gracias a mi hermano, mis hijos, y todos los que confiaron en nosotros, acepté la realidad de esta era, renegando de sus estúpidos ideales. Yo seguía confiando, de un día en que todos fuéramos sinceros los unos con los otros. Un día en que las armas no se usaran nunca para destruir, sino para proteger. Proteger sin arrancar nada a cambio. Yo sigo creyendo en eso.
Siguiendo el contemplar esa devastadora era, pude visualizar el momento que estaba buscando. Encontré al descendiente y Transmigrante de Indra. Era un niño joven, pero sano y fuerte. Veía en él una madurez distinta a los otros niños de aquella generación. Lo que me sorprendió es que estaba charlando precisamente, que descubrí al instante, con el descendiente y Transmigrante de Asura. Un niño de la misma edad que Madara, y con la misma madurez, pero con un aura que me recordó a Asura. Se llamaba Hashirama.
Ambos tenían un potencial increíble para ser niños. Pero Hashirama parecía ser más fuerte que Madara. Esa era la diferencia con Asura de niño. También noté que tenía un aura de liderazgo impresionante dormido. Supe al instante que eran ninjas con solo observar sus movimientos. Pero cuando estaban solos, se comportaban como verdaderos niños. Me recordaba aquellos hermosos momentos en que mis dos hijos platicaban y entrenaban juntos.
Irónicamente, estaban destinados a luchar entre sí por sus clanes. Una terrible verdad que estaba seguro ya sabían. Pero se aferraron en no saber el apellido del otro, para permanecer en aquel lugar especial que habían conseguido. Entrenaban juntos, discutían de métodos para cambiar el mundo retorcido que era actualmente, y cómo niños se divertían haciéndose alguna que otra broma. A pesar de ser tan jóvenes, hubo cosas que dijeron que me cautivaron. Cómo Madara:
"Somos Ninjas. Podemos morir en cualquier momento. Creo que la única manera de evitarlo… Es ser sinceros con el otro… y quizás, no sé, incluso formar una alianza con ellos..."
Esas palabras eran completamente opuestas a los ideales de Indra. Sentí como si Asura hubiera estado convenciendo a su hermano mayor, a través de los siglos. Aunque luego Madara rectificó pensando que eso era imposible. Estaba inculcado con la realidad de los adultos, y sentía que Madara se estaba rindiendo. Pero él seguía creyendo que alguien encontraría la manera de hacerlo realidad.
Fue entonces, cierto día, cuando estaban contemplando el bosque desde una montaña, que Hashirama que estaba decidido a no permitir la muerte de más hermanos, le dijo a Madara todas las ideas que se le ocurrían de formar una aldea de ninjas. Una en que los niños no se mataran entre sí. En que los niños iban a la escuela para ser educados y entrenados para ser ninjas, controlando las misiones por dificultad, evitando enviar a ninjas débiles a misiones suicidas.
Mi corazón se alegraba de escuchar a un niño habrá de un lugar especial para acabar con las guerras. Un lugar donde unir todos los clanes que estaban cegados por el odio y poder recuperar los lazos que se perdieron en el pasado. Pero una vez más, la humanidad había demostrado que los momentos de felicidad son destruidos con facilidad.
Una vez más, el recuerdo se hace tan claro como si lo estuviera viviendo en ese instante. En el mismo sitio donde ellos se conocieron, estaban enfrentándose el padre y hermano menor de cada uno de ellos. Lo siguiente que vi fue un ataque de ambos padres para matar al hijo menor del enemigo. Un acto demasiado vil y cobarde para mis ojos.
Pero en ese instante, Hashirama y Madara evitaron esa tragedia deteniendo las armas lanzadas para matar a sus hermanos. Pero el precio fue la revelación de sus identidades. Además de que vi a Madara rendirse de hacer realidad los sueños que tanto deseaban hacer realidad. Sin embargo, Hashirama seguía creyendo que sus sueños no eran castillos en el aire e intentó de convencerlo.
Madara en cambio, dijo que no podría trabajar con un miembro del clan que mató a sus hermanos. Le advirtió que la próxima vez que se encontraran serían enemigos. Fue en ese momento que vi que despertó el "Ojo Copiador Giratorio", conocido como Sharingan. Averigüé que para despertar el Sharingan, el usuario del linaje de Indra, debía de sufrir la pérdida del amor o sufrir desesperación. Para mí, sentí que Madara perdió el lazo que tuvo con Hashirama, y eso junto con las pérdidas que ya tuvo en el pasado, fue más que suficiente para despertar ese poder.
Seguí observando los años, y contemplé como Hashirama y Madara lucharon entre sí en muchas batallas. Nunca había un claro vencedor. Todos perdían a alguien en cada batalla. Siguieron pasando los años, y ambos se convirtieron en los líderes de sus clanes. El mundo no había cambiado, y los Bijus seguían sufriendo por culpa de los deseos viles de las personas.
Esperando un milagro, lo que vi fue una vez más una tragedia. En una lucha del clan Senju y el clan Uchiha, el hermano menor de Hashirama, Tobirama, provocó una herida mortal al hermano menor de Madara, Izuna. Madara estaba a punto de llevárselo para curarlo, cuando Hashirama le habló. Le pidió que terminaran esta guerra. Que si ambos clanes se unían, los demás países verían que no podrían con ellos, y las batallas cesarían.
Después de contemplar a las personas durante siglos, sabía que esa era una sabia elección. No estaba cerca de mi sueño, pero era un comienzo. Sobre todo para evitar la matanza de más niños. Madara parecía intentar creer en esas palabras. Pero al ver a su hermano intentando advertirle, para que no cayera en una trampa, decidió retirarse. Lo que dijo Izuna era triste pero obvio. ¿Cuántas veces las personas han usado palabras hermosas, para luego apuñalar por la espalda?
Sintiendo la tristeza al ver como dos personas que fueron amigos, luchaban para matarse el uno al otro, no me di cuenta de que ahora era un nuevo recuerdo. Parecía que el clan Senju, o mejor dicho Hashirama, envió un tratado de paz a Madara. En la zona estaban los más importantes del clan Senju. Y delante estaba Madara junto con algunos miembros del clan. Pero sentí que algo terrible pasó. Y lo supe al instante.
Su hermano murió, y en medio del dolor y la culpa, se implantó sus ojos en él, obteniendo un Sharingan más poderoso. La evolución del Mangekyou Sharingan. El Mangekyou Sharingan Eterno. Permitiéndole usar las más poderosas técnicas de su Sharingan sin el coste de perder la luz de sus ojos. Estaba seguro que vino con un único objetivo. Vengar a su hermano.
La batalla inevitable ocurrió, y fue la más grande que había visto desde la batalla entre Indra y Ashura. Entre el Susanoo de Madara y el Mokuton de Hashirama, estaba más allá de una batalla entre humanos. Duró todo un día. Pero al final, hubo uno que fue derrotado. Y ese fue Madara. Pero Hashirama no lo mató. No permitió a nadie de su clan, y menos a su hermano que lo mataran. El Chakra que desprendió era hasta ese momento el más poderoso de los Transmigrantes de Ashura que había visto.
Madara parecía aceptar la muerte, si al menos era su antiguo amigo el que le mataba. Pero Hashirama seguía intentando convencer a Madara para que se unieran para acabar con las batallas. En ese instante, cegado por la pérdida de su hermano, y ante la insistencia de su antiguo amigo, le dio a elegir.
"O matas a tu hermano con tus propias manos…o te matas a ti mismo… Así estaríamos empatados... y yo podría confiar en tu clan"
Tengo entendido que ante este tipo de situación, existe el término "quedarse de piedra". Lo que Madara quería era estar en igual de condiciones sobre pérdidas. Seguro hubiera pedido simplemente la primera opción. Pero pude ver una pequeña luz en su corazón, intentando buscar otro camino. Fue entonces cuando Hashirama sorprendió a todos los presentes:
"Gracias, Madara. Sabía que se podía razonar contigo"
No había duda de la elección que iba a escoger. Y aun así él estaba feliz por haber conseguido una respuesta de su amigo. La emoción que me invadió fue una que creía haber perdido. Vi como Hashirama con un kunai, hacía prometer a su clan y a su hermano en no matar a Madara, y que no iniciaría más batallas entre los clanes.
Con una sonrisa y una lágrima saliendo de su ojo derecho, decidió arrancarse la vida. Pero en el último instante alguien lo evitó. No fue ni Tobirama ni ningún miembro del clan. Fue Madara. Su amigo había vuelto. Con toda sinceridad aceptó el camino de Hashirama. Y al poco tiempo, los dos clanes que fueron una vez enemigos, se volvieron aliados.
Más rápido de lo que parecía, la aldea que sería conocida como Konoha nació. Se alió con el país del fuego y la organización fue reconocida como una en busca de la paz. Poco a poco, los clanes más importantes del país, que fueron enemigos, pedían unirse y vivir en la aldea. El sueño que hablaron esos dos niños hace tantos años, se estaba haciendo realidad.
La última vez que los vi juntos y llenos de felicidad fue en la cima de la montaña donde soñaron de pequeños en construir una aldea ninja. Escuché que fue Hashirama quien definió el puesto de Hokage como "el líder del grupo de ninjas que protege de las sombras al país del fuego". Al pensar en ese título ahora me viene a la mente la cara sonriente de aquel chico.
Hashirama le indicó a Madara que él sería el Hokage y que deseaba que pensara en todos los miembros de la aldea como sus hermanos, para no quedar atrapado en el pasado. Después fue Madara quien le dio el nombre a la aldea de Konoha, que significa "la aldea oculta tras las hojas" mientras miraba la aldea por el agujero de una hoja.
La reacción deprimente de Hashirama fue tal que el propio adulto y serio de Madara, mostrara la energía de un niño que se divertía regañando a su amigo. Todo parecía perfecto. La reconciliación de mis hijos indirectamente estaba a punto de suceder. Me sentía lleno de felicidad.
Por desgracia, una vez más, solo fue un momento que terminó. Resultó que tanto como Tobirama y la mayoría de la aldea apoyaban solamente a Hashirama. Pensaban que Madara era un segundón, y le temían por el poder de sus ojos. Incluso para horror de Hashirama, su propio hermano investigaba al clan Uchiha y pensaba que su poder venía del odio que ellos mismos deseaban.
Al poco tiempo, de forma "democrática" el prime Hokage no fue Madara, sino Hashirama. Y ese fue el inicio del fin de su amistad. Descubrí más tarde que ambos amigos estaban en el santuario donde se guardaba la tabla que le di a Indra y a sus descendientes. Pero en ese momento, la imagen de mi cuerpo era incapaz de ir a escuchar su conversación.
Las razones que se me ocurre, fue que mi cuerpo se petrificó como si recordara algo que paso hace mucho tiempo. Estaba seguro de que se trataba del comienzo de la pelea entre mis dos hijos. Y también que me sentía lleno. Lleno de algo que si veía más escenas trágicas iba a explotar, aunque en ese momento no sabía que era.
Pero viendo los próximos días pude entender que Madara ya no confiaba en la aldea, y que lo que leyó en la tabla fue la causa de que se fuera de la aldea. Fui un tonto al no pensar en que alguien hubiera podido manipular su contenido. Pero pude ver que el sueño del descendiente de Asura estaba influyendo en todos los países que copiaban su sistema, permitiendo al menos, que los niños pudieran crecer sin mancharse las manos.
De repente me vino a la mente dos escenas que no conseguía distinguir cual fue antes y cual fue después. Es una de las consecuencias de tener en mi mente los recuerdos de muchos siglos. La primera escena ocurría en una reunión muy formal. Se trataba de la primera reunión de los Kages de las Cinco Grandes Naciones.
En ella los Kages dudaban de la credibilidad de Hashirama por estar contento de que aquella reunión se hubiera producido. Para mí, Hashirama parecía alguien que decía las cosas sin pensar en la delicadeza. Lo cual por eso algunos lo llamaban tonto, o payaso. Pero sabía que cuando se ponía serio, era porque la situación lo requería.
Mi corazón volvió a ser dañado al escuchar que la razón de la reunión era para crear un pacto de paz, a cambio del reparto equitativo de los Biju capturados por Hashirama, y que debían de pagar una cantidad para obtenerlos. Mis pobres hijos que fueron capaces de sobrevivir por su cuenta, pero sufriendo las maldades de las personas, siendo repartidos como meras armas.
Para Hashirama más que armas, eran criaturas demasiado peligrosas, que podrían hacer mucho daño a los civiles. Pude comprender el dolor de las familias que habrían perdido a un ser querido a causa de mis hijos. Pero ellos fueron la causa de que mis hijos hicieran esas cosas. Si llevaban siglos sin ser ni siquiera llamado seres vivos, tenía sentido de que hubieran perdido el camino.
A pesar de desear la paz en el mundo, para mí, un mundo en que mis dos hijos no se reconciliasen, y en el que mis hijos los Biju no fueran libres y considerados seres vivos, no era y sería jamás un mundo en paz. Seguí escuchando la conversación, que llegó a un punto en que se advirtió al Kazekage del país del viento por los otros tres Kages que si firmaban el pacto los cuatro, su país sería destruido.
Justo cuando una declaración de guerra iba a empezar, Hashirama inclinó la cabeza en la mesa. Les dijo a todos que entendía que las acciones del pasado habían sido demasiado altas. Que por proteger los intereses de sus pueblos, era inevitable la lucha. Y que aunque firmaran en ese momento el tratado, nadie sabía cuánto iba a durar. Pero sentí esperanza en sus siguientes palabras:
"Pero estoy seguro… de que un día… en un futuro no muy lejano…llegará el momento en el que todos los ninjas trabajen juntos, codo con codo…con sus corazones unidos, independientemente de su país.
Este es mi…sueño para el futuro."
Suplicando sin cesar que permitieran que ese día fuera el primer paso para la realización de ese sueño, los demás Kages, que sintieron la voluntad y la esperanza del Hokage, aceptaron el tratado. A pesar de que usaron a mis queridos hijos, mi yo de aquel momento sintió en las palabras de Hashirama de que ese futuro estaba cerca. Y quizá, también, el día en que ese chico de los ojos azules, se hiciera amigo de los Biju.
Al poco de que ese recuerdo se desvaneciera, el otro recuerdo se mostraba, una vez más con un destino trágico. En medio del bosque, contemplaba a Hashirama que estaba observando algo muy alto. Cuando fui a mirar, tuve la sensación psicológica de que el aire se escapaba de mis pulmones, a pesar de estar muerto.
Delante estaba mi hijo, Kurama. Había crecido mucho, y parecía más o menos sano. Pero cuando vi sus ojos, vi el reflejo del Sharingan. Y encima de él estaba Madara. Lo estaba controlando. Y no solo eso. Estaba decidido a destruir Konoha, aniquilando a todos sus habitantes, incluidos los miembros de su clan. Lo que vio en la tabla que legué a Indra, y que fue modificado sin saberlo, lo cambió por completo.
Hashirama intentó entender por qué estaba haciendo esto. Y sobre todo por qué estaba usando al Kyubi, como es ahora conocido Kurama, para dirigirse hacia Konoha. Una vez más, fui perforado por las palabras vil y cruel que salieron de Madara:
"Estoy usando al Kyubi para atacar Konoha. Ya que el Kyubi solo es una forma de vida temporal, la existencia momentánea de una energía materializada… energía que una vez ¡fue una forma única y suprema!
"Una fuerza inestable, carente de inteligencia o sabiduría. Él necesita un guía que le muestre su propósito. ¡Ese guía somos los Uchiha! Los Biju no son más que esclavos para aquellos con ojos benditos. ¿Lo entiendes, Hashirama?"
No escuché la respuesta de Hashirama. Porque en aquel momento, solo podía liberar la tristeza que acumulé durante siglos, al ver a Kurama, que fue el ser más puro que vi en mi vida, lleno de un odio ilimitado que yo nunca podría hacer desaparecer. Pueden llamarme sabio, invencible o dios. Pero ante todo soy un padre. Y en ese momento el dolor que superaba todo lo que había sentido en vida, se mostraban en lágrimas, incapaces de llegar a mi hijo, ni a las personas que estaban en aquel bosque.
No fui capaz de escuchar las palabras que se gritaban Hashirama y Madara mientras luchaban con todo su poder, destruyendo todo lo que le se cruzaba. Solo… Solo era capaz de ver a Kurama, cubierto por el Susanoo de Madara, y siendo usado para destruirlo todo. Al cabo de un rato, me percaté del jutsu de Hashirama con forma de Buda, recogiendo a Kurama.
Sorprendido de mis actos, entre lágrimas grité y le supliqué que no hiciera más daño a Kurama. Por un momento pensé que iba a golpearlo, pero vi que parte de Asura seguía en él. Lo que hizo fue usar un jutsu para poner en un sueño a Kurama. A pesar de que la batalla entre antiguos amigos seguía, le di las gracias de todo corazón a Hashirama por no hacer daño a mi hijo.
Aún abrumado por todas las emociones que liberé en ese momento, seguí observando la batalla en medio del valle que fue creado por aquella terrorífica batalla. En un último ataque de ambos, usando sus armas, el resultado mostraba que Madara iba a ser el vencedor. Pero en el instante en que me di cuenta de lo que verdaderamente iba a pasar, y gritar en vano para detener la nueva tragedia, ocurrió.
Hashirama apuñaló por la espalda a Madara, para sorpresa de este, al ver que el que derrotó, solo era un clon de madera. Vi en el rostro de Madara miedo, y terror. Pensé que no era por morir, sino por ver que su antiguo amigo había hecho algo que nunca pensó que haría. Hashirama declaró que seguía pensando que proteger la aldea era la mejor manera de proteger a la gente, los ninjas y a los niños. Pero sus últimas palabras fueron la decisión de un camino que Asura nunca habría escogido.
"Si alguien se atreve a hacerles daño, a atacar a la aldea, aunque sea un amigo, alguien que considere un hermano, o alguien de mi sangre, no dudaré en matarlo".
Contemplé el final no solo de una batalla, sino de la amistad de dos amigos, que a la vez eran los Transmigrantes de mis hijos. No quise ni imaginar que en ese escenario, eran mis hijos los que habían luchado. Seguí observando para no deshonrar sus memorias, y escuché las últimas palabras de Madara, que sonaban como una profecía oscura.
"Recuerda…Confundes la causa con las consecuencias…eso provocará una oscuridad que algún día… consumirá tu amada aldea…"
Y cayó, muerto. O eso pensamos todos. Pero en ese momento creí que fue así. Al mismo tiempo que Hashirama, sentí la presencia de alguien no invitado. Era el aura de un ser maligno, pero impregnado de una voluntad que me resultó familiar. Mucho tiempo pasó para comprender que fue aquel conocido como Zetsu Negro, la voluntad de mi madre. Un error más del que me arrepiento.
Hashirama no pudo prestar más atención porque cayó cansado, y vi la tristeza en sus ojos. Tomó una decisión, pero eso no significaba que no sintiera culpa por haber matado a su amigo. Poco después me enteré que la esposa de Hashirama, Mito Uzumaki, del clan Uzumaki, se convirtió en la Jinchuriki de Kurama. Estaba triste por mi hijo, que estaría apresado mucho tiempo. Pero quería creer, que no había perdido la vista a la luz de las personas.
Por otro lado, Madara engañó a todos. Usó el Izanagi, que estaba basado en la técnica que usé para crear a los Biju, para resucitar, a cambio de la luz de uno de sus ojos. Usando un Kage Bushin como intercambio, escapó, y desapareció tan rápido que le perdí de vista. Por otro lado, Hashirama siguió su vida como Hokage, y creó una familia con su esposa.
Las decisiones que ambos tomaron, afectarían de un modo inimaginable, el destino del mundo. Ese fue mi pensamiento.
Y terminó el capítulo. El tiempo que tardé en escribirlo ha sido largo. Pero ha valido la espera. Mi plan era de hacerlo en tres capítulos. Pero al final voy a alargarlo algo más. Aunque no puedo prometer narrar todo el manga de Naruto. Pero mi plan al menos es llegar hasta el ataque a Konoha por Tobi y luego, decidir mi siguiente paso.
Espero que os guste la historia y la comentéis. Hasta la próxima.
