Hola a todos. A pesar de algunos contratiempos, he podido publicar el próximo capítulo. Me alegra mucho seguir escribiendo esta historia. A partir del siguiente tendré dificultades por razones que leeréis al final, más por la razón de que intentaré escribir historias de otras series. Espero que perdonéis a este escritor, que desea compartir sus pensamientos a todos, y conocer nuevas historias.

Adelante con el siguiente capítulo.


Cadena de recuerdos.


Cuando pienso en los caminos que escogieron Madara y Hashirama, recordando los resultados de sus legados, y la confrontación final en la guerra para detener el Mugen Tsukuyomi, en el fondo de mi alma, me siento aliviado que en los últimos momentos de Madara, este pudiera hacer las paces con su amigo, que estaba a punto de acompañarlo.

Antes de que los recuerdos vuelvan a inundarme, pienso en Mito Uzumaki. Esposa del Shodaime Hokage, y la primera humana en tener en su interior, a mi hijo Kurama. Recuerdo que su clan eran parientes lejanos del clan Senju, descendientes de Asura. También si la memoria no me falla, eran maestros del Fūinjutsu, poseían una longevidad impresionante y tenían el pelo color rojo brillante.

En cuanto pensé en el pelo, me vino a la mente aquel chico y sus hijos que no tenían esa característica especial, pero con verlos, se notaba el carácter Uzumaki por sus venas, excepto la pequeña, que era una mezcla de su padre y su madre, descendiente de mi hermano. Contemplando durante un instante el mundo de los vivos, noté que el sol aún no estaba en lo más alto. Aún podía liberar todos aquellos recuerdos antes de la noche.

Al llegar a aquella conclusión, un recuerdo se mostró ante mis ojos. Se trataba en un templo del clan Uzumaki. Si no me equivoco, fue poco después de que Mito se convirtiera en la Jinchūriki de Kurama. Estaba cansada, pero con su fuerza de voluntad, permanecía tranquila y serena. Descubrí que le estaba hablando a Kurama.

"Si usas tu poder, solo obtendrás odio. Quédate tranquilo, encerrado profundamente en mi interior"

Pude notar la calidez de sus palabras. Sentí dolor al pensar que la humanidad había borrado rastro de la amabilidad que tuvieron los Biju. Sabía que Kurama estaría cerrado mucho tiempo dentro de ella, y temía que su rabia y su odio incrementaran. Intentando entrar en la conexión de ambos, pude escuchar la conversación.

-¿Crees que me quedaré tranquilo, echándome una siesta? No, humana. Usaré todas mis fuerzas para salir algún día. Y cuando salga, te arrepentirás de haberme tenido encerrado- dijo Kurama con un odio más grande tras lo sucedido con Madara.

-Kyubi. Me entristece que no sea capaz de entablar contigo una conversación. Tú sabiduría del pasado podría ayudarnos. Tú que naciste gracias al sabio…- dijo Mito, intentando calmar a Kurama, hasta que fue interrumpida.

-¡NO METAS AL VIEJO EN ESTO, MOCOSA! ¡ÉL ES ALGUIEN QUE SOLO EXISTE UNA VEZ EN TODA LA ETERNIDAD! ¿LO ENTIENDES? NUNCA HABRÁ NADIE COMO EL ¡JAMÁS!- Gritó furioso Kurama.

Me sentía contento de que aún me recordara, y de que a pesar de todo, seguía queriendo a un padre como yo. Alguien que debió haber evitado el sufrimiento de sus hijos, y que no pudo hacer nada.

-Siento una luz en tus palabras antes el gran Rikudou Sennin. Puede que nunca podamos hablar civilizadamente. Pero espero que mi sucesor o sucesora tenga una oportunidad.- dijo Mito al escuchar las palabras de Kurama.

Entonces el recuerdo desapareció. Las emociones que tuve en aquel momento, eran demasiado complicadas para ponerlo en palabras comprensibles para esta era. Poco después descubrí que el momento más débil para una Jinchūriki mujer, era al dar luz a un bebe. La visión del parto de Mito fue terrible, por la lucha entre ella y Kurama, con la vida del bebé y la madre en peligro.

Al final, consiguieron terminar el parto sin heridas graves. Pero en ese momento temí, que las mujeres que fueran convertidas en Jinchūriki tendrían la prohibición de tener niños. Ante tan horrible pensamiento, solo esperaba, de que si hubiera nuevos casos como el de Mito, hubiera posibilidad de que el Biju no hiciera daño al bebe que no tenía ninguna culpa.

Lo que sentí después de ese recuerdo fue una cantidad de varios recuerdos intentando mostrarse. Pero eran tan complicados tantos de golpe, que no pude estar seguro del orden cronológico de todos. Viendo que aún me quedaba tiempo, elegí uno a mostrarse, y los otros recuerdos se mantuvieron alejados hasta llegaran su turno.

Era en un bosque. Varios árboles estaban dañados por la mano del hombre. Detrás de un árbol estaba un equipo de ninjas de siete personas. Uno de ellos era Tobirama. La memoria estaba en la época de la Primera Guerra Mundial Ninja. Una saga de guerras en la que en vez de clanes comprados al mejor precio atacaban a otros clanes, esta vez era la guerra entre las aldeas ninjas de todos los países.

En aquel momento, Tobirama ya era el Nidaime Hokage. Junto con él estaba dos jóvenes equipo de tres miembros cada uno. Estaban acorralados por los ninjas de Kumogakure, y sus fuerzas estaban lideradas por un ninja que al decir su nombre, hacía aparecer un aura de terror. Llegaron a hablar que para salir de aquella situación, necesitaban un cebo, y el ambiente indicaba que aquel cebo moriría.

Entre los jóvenes noté a uno que estaba teniendo una lucha interna, del que descubrí que se llamaba Danzou. Miraba a un compañero que supe después de que se llamaba Hiruzen, y por lo que noté, parecía que esperaba escuchar una respuesta de su compañero. Fue en ese momento cuando su compañero dio su respuesta.

-Yo lo haré.- dijo Hiruzen decidido a convertirse en el cebo, sacrificándose por el equipo.

Antes las caras sorprendidas de sus compañeros, vi en Danzou que en un instante se sintió aliviado, y al instante le invadió un sentimiento de frustración. Si tuviera que adivinar, él quería ser el cebo, pero tenía miedo de serlo, y al escuchar a su compañero elegir aquella opción, el alivio de salvarse, y la frustración por no sacrificarse invadieron su mente.

Cuando Hiruzen le pidió a Danzou de que cuidara de los demás, Danzou le dijo furioso, de que él estaba a punto de sacrificarse, y le dijo a Hiruzen que no intentara quedar bien. La sorpresa llegó a su compañero y a todo el equipo.

-¡Mi padre y mi abuelo murieron en batalla como buenos ninjas! ¡Autosacrificarse es el deber de un ninja…!-decía Danzou que llevaba el peso del honor de su clan en sus espalada, cuando fue interrumpido.

-Yo seré el cebo… Vosotros sois las llamas jóvenes que protegerán la aldea.- sentención Tobirama para sorpresa de todos.

Danzou replicó diciéndole que él era el Hokage. En cambio, Tobirama les dijo a ambos, de que necesitaban unidad y de que no debían sacar sus peleas personales en el campo de batalla. Les dijo que ante todo miraran en su interior para no ser un peligro para sus compañeros, pidiéndoles que sobrevivieran.

Siempre había visto a Tobirama como alguien muy serio frente a las normas, las circunstancias, y los peligros del clan y la aldea. Aunque yo sabía que él no odiaba a los Uchiha. Solo notó que entre las grandes amenazas de la aldea, una era el clan Uchiha, quizás por la oscuridad que mostraban por la manipulación del Zetsu Negro. En ese momento, estaba siendo un líder que se iba a sacrificar para salvar a los miembros de su equipo. No había palabras para un acto tan noble.

-Saru…Tienes que proteger a tus amigos y a las personas que quiere. Y entrenarlas para que puedan cuidar de la próxima generación. ¡A partir de mañana serás… Hokage!- dijo Tobirama a Hiruzen, cómo una muestra de confianza al convertirlo de forma extra oficial en el Sandaime Hokage.

Pude notar la sorpresa de Hiruzen, al igual que en Danzou. Pero al instante que Hiruzen aceptó las últimas palabras de su líder y maestro, Danzou empezó a tener una oscuridad que no paraba de crecer. Posiblemente de la envidia de que su compañero se hacía mejor ninja que él.

Pero por alguna razón, dentro de mi mente y de mi corazón, me vino la idea de que él no estuviera frustrado por aquella posibilidad. Tal vez… estaba frustrado de que estuviera un paso por detrás de él, y por lo tanto, nunca estuviera a la altura de su amigo.

Con aquella idea formándose en mi mente, el recuerdo terminaba, mostrandose los otros recuerdos, esperando ser elegidos.

Los estuve contemplando durante segundos y decidí por un recuerdo con el aura de uno de mis pequeños. Era en un lugar diseñado para ser una prisión. Las paredes y las columnas tenían el color de la arena. Es verdad. Después de que Mito se convirtió en Jinchūriki, estuve vagando con todas mis fuerzas a los lugares donde se suponían estaban los Biju.

Algunos ya estaban dentro de humanos, mientras que otros, estaban enjaulados de forma que evitaran su escape, mientras encontraban a alguien con la compatibilidad para convertirse Jinchūriki. Noté en cada uno de mis hijos, frustración, rabia, odio por ser controlado de forma egoísta por los humanos. También sentí en cada uno tristeza por sus hermanos y hermanos en la misma situación. Habían crecido y también cambiaron de varias formas. Pero el lazo que les unía seguía vivo.

El lugar que se visualizaba en mi recuerdo era en donde estaba enjaulado el Jinchūriki de Shukaku. Pude descubrir que era un sacerdote, que su nombre era Bunpuku y que ya era muy mayor. Estaba en una gran jaula, alejado de los barrotes, por lo visto obligado por los guardias. En aquel momento, los guardias le dieron la comida, sin ni siquiera dársela en persona.

Lo terrible es que en vez de llamarlo por su nombre, lo llamaban por el de Shukaku, con un odio increíble, haciendo que el nombre que le di a mi dulce hijo, fuera utilizado como el nombre de un monstruo. Estaba muy frustrado y una vez más me culpé por lo que sucedía. No solo condené el futuro de mis hijos. También condené la vida de decenas o incluso cientos de Jinchūriki a la soledad, a ser odiados por el mundo, y a una vida que muchos nunca desearon.

Con el dolor volviendo a cubrir mi alma, me acerqué al monje que juntó las manos en agradecimiento por la comida. Los guardias lo pusieron de espeluznante y se auto elogiaban diciendo de ser reconocidos por vigilarlo. En ese momento, pude entrar a diferencia de Kurama, a la conexión de Jinchūriki y Biju. Posiblemente porque Kurama había obtenido más odio que cualquiera de los Biju.

Shukaku le puso de tonto a Bunpuku y se mostraba interesado a su reacción al decirle que ya no le llamaban por su nombre. Pero el sacerdote era más sabio y amable de lo que imaginé. Dijo que no era de mucha importancia y que mientras Shukaku supiera su nombre, le bastaba.

Pero Shukaku, con aquella personalidad de no dejar que alguien terminara la conversación, le preguntó si se sentía solo por ser despreciado por los humanos y por tener de compañía a una bestia. Siguió recordándole que ha estado muchos años enjaulado, junto con una bestia que solo quiere el mal para los humanos. Me entristeció escuchar esas palabras de Shukaku. Pero me sorprendió una vez más la respuesta de Bunpuku.

-De todos modos, nuestra separación implicaría mi muerte. Porque soy tu Jinchūriki. Además, no tiene sentido distinguir entre humanos y bestias… Mientras tengas un amigo, puedes encontrar paz en tu corazón.

Sus palabras eran dignas de un sacerdote. Más dignas por no distinguir entre humanos y Biju. Sentí en Shukaku en sus palabras un poco ortodoxas sobre si era raro, una pizca de respeto. En cuanto dijo que no habría más humanos como él, Bunpuku lo negó. Mientras movió sus manos para reflejarse en el agua, escuché unas palabras dignas de un seguidor de la paz.

"El corazón de la gente es como la superficie del agua. La boca dice cosas opuestas a las que siente el corazón.

Pero en el fondo, el reverso del corazón desea ser aceptado por los demás.

Es igual con las bestias."

El respeto que nació ante este sacerdote fue digno de convertir en palabras por la sabiduría de su corazón. Las palabras que dijo Shukaku fueron una nueva esperanza para este padre estúpido.

-En el fondo… Tú…Me recuerdas al viejo Rikudou…- dijo Shukaku.

La felicidad que invadió el alma de este padre estúpido no tuvo límites. Kurama, Shukaku, y supe en ese instante que todos mis hijos, incluso después de tantos siglos, seguían recordándome, y por encima de todo, amándome por considerarme su padre. Lágrimas de felicidad salieron de mí al ver a Bunpuku llorar también de felicidad.

-Gracias… Son las palabras más amables que me has dirigido. Me conmueven más de lo que puedas imaginar.- dijo Bunpuku llorando lleno de felicidad por haber obtenido de Shukaku aquellas palabras.

En ese momento conmovedor, los guardias siguieron molestándole, amenazando con llevarse la comida si no la comía más rápido. Tener tan poco respeto por aquel anciano sabio, y menos sin considerarle humano, era algo tan horrible como una tragedia.

Shukaku pensaba lo mismo volviendo a afirmar que nunca habría nadie como Bunpuku. Pero una vez más, Bunpuku sorprendió tanto a Shukaku como a mí por sus palabras.

"Seguro que si lo habrá…Creo firmemente que llegará el día en el que alguien no solo te salvará, sino que te mostrará la luz…sucederá cuando estés dispuesto a aceptar el reverso del corazón de esa persona.

Y cuando llegue ese momento, entenderás el significado de las palabras que mi maestro grabó en mis manos…"

Mientras decía aquellas maravillosas palabras, pude ver en la palma de su mano izquierda grabada el Kanji de "Aceptar" o "Recibir", y en la palma de su mano derecha el kanji de "Corazón". Juntó ambas manos, y por un instante leí el kanji de "Amor".

En ese instante, de alguna forma vi, tres siluetas rápidas. Bunpuku, más joven y fuerte. Pasando ante mis ojos, un hombre con la misma vestimenta de sacerdote. Debía ser el maestro de Bunpuku. Y lo más sorprendente, es que la última silueta, la más poderosa de todas, se giró ante mí como si tuviera vida propia, y con una sonrisa me dijo:

"Por favor. Sigue creyendo. Estoy seguro, que el amor guiará a todos, a la paz. Padre"

Mis ojos no podían creer lo que veía. Pero no había duda. Aquel chakra, aquel rostro, pero ante todo, aquella sonrisa que siempre me dedicaba al regresar cada día a casa. No había duda, porque mis sentimientos fueron liberados en lágrimas. Lágrimas llenas de "Amor".

Con aquellos sentimientos, el yo de aquel recuerdo empezaba a desaparecer, mientras escuché las palabras que murmuré y que nunca pude recordar.

"Gracias. Por seguir apoyándome, mi impulsivo y amado hijo. Gracias."

Con lágrimas de felicidad, al poder por fin, después de tantos años, haber podido recordar aquellas palabras que mi corazón dijo, pero que en aquel momento, mi mente no pudo procesar. Después de aquel momento, guardé cada recuerdo de mis amados hijos en el lugar más preciado de mi corazón.

Durante ese tiempo, no recibí ningún llamado de mi querido hijo Indra. Pero en lo más profundo de mí ser, guardaba las palabras que me dijo una vez.

Era en mis aposentos. Indra era joven, de la edad en la que conocí a los dos actuales Transmigrantes. Yo estaba sentando, mirando a mi hijo que intentaba decirme sus pensamientos.

-Padre. Asura sigue esforzándose mucho, a pesar de que no tiene la habilidad, ni puede hacer nada por sí solo. No importa cuánto se esfuerce.-

En aquel momento de mis recuerdos en vida, presté atención a Indra, que pidió una conversación privada, cuando nunca tenía duda en expresar sus pensamientos ante los demás. Ni siquiera ante su hermano Asura.

-…Pero… Cómo puedo explicarlo. Cuando le veo esforzarse tanto. Cuando le veo nunca rendirse. Cuando veo la emoción que siente al seguir esforzándose. Siento… El deseo de apoyarle. Siento el deseo de querer ayudarlo. De proteger su espalda. Pero ante todo…

Sin decir nada, le dejaba expresar sus verdaderos sentimientos, de los que sentía un gran aprecio. Pero en aquel momento, si antes no fui capaz de predecir sus pensamientos, sus últimas palabras me cautivaron.

-Siento el deseo de decirle: "Me tienes a mí. No estás solo."

La felicidad me invadió por completo en aquel momento. Indra era difícil en cuanto expresar sus emociones. Solo fue capaz, durante su niñez y su juventud, abrirse apenas un poco a mí, su padre. No importara las elecciones que llegó a tomar. O la oscuridad que nació en su corazón. Yo siempre creí que en lo más profundo de su alma, seguía brillando aquellas palabras que me confesó.

Una vez recordado un momento inesperado, y atesorado, volví a mirar al grupo de recuerdos que estaba reduciéndose. Contemplándolos, elegí uno que me recordaba a los sapos. Aunque sería complicado ponerlo en simples fáciles. Suspiro. Se me había pegado demasiado la simplicidad del vocabulario del actual Transmigrante de Asura.

El recuerdo se visualizaba, y estaba en una tierra rica, hermosa con paisajes completamente distintos a los lugares habituales que los humanos llamaban "lugar de interés". Lo reconocí al instante. Era el Monte Myōboku. El lugar al que fui llamado e invocado, para escuchar un sueño premonitorio, es decir, una profecía del joven sapo Gamamaru.

Veía a un joven humano de pelo blanco, con rayas rojas en sus ojos, dirigiéndose a un lugar muy alto para un humano, pero de tamaño normal para un sapo que llegara a la madurez. Dentro había en un gran sillón, un gran y anciano sapo. Tenía la piel arrugada y de color rojo pálido. En cambio, la piel de su vientre era de un color claro, y sus ojos saltones y blancos.

En cuanto vi su collar de perlas con una gran bola morada que tenía escrito el símbolo Abura, que significa Aceite, y aquella sonrisa que lo caracterizaba, supe que era aquel joven sapo que me llamó y me dio aquella profecía que marcaría el futuro de mis hijos.

Estuve contemplándolo durante segundos, como si pudiera verme, aunque eso fuera imposible, que tardé en darme cuenta en sus compañeros a cada lado debajo de Gamamaru. Por un lado, un pequeño sapo pero que desprendía una gran sabiduría, del que averigüé se llamaba Fukasaku. Por el otro lado, una pequeña rana que desprendía también una gran sabiduría, del que averigüé se llamaba Shima.

El joven humano, del que descubrí por la conversación, se llamaba Jiraiya. Resultó ser un alumno del Hokage en aquel momento, que resultó ser el mismo Hiruzen que fue aprendiz de Tobirama. Viendo con tranquilidad, supe que fue llamado por Gamamaru. Lo que podía significar que iba a decir una profecía. Escuché con atención.

-Ho ho ho. Estás aquí. ¿Eh? Hmm… ¿Puedes decirme quien eras?- dijo Gamamaru a Jiraiya sin recordarlo.

Como era de esperar, vivir tantos siglos, vivo, y no muerto en un espacio misterioso, podía afectar a la memoria de su gran sueño, del que siempre recordaba sus sueños mejor que cuando estaba despierto.

-Es Jiraiya, Gran Sabio. ¡Jiraiya!- dijo Fukasaku sin apenas sorprenderse de la situación.

-¡Ah, sí, sí, sí! ¡Vaya, has crecido mucho jovencito!- dijo Gamamaru.

-¡Pero si fuiste tú quien lo llamó, estúpido viejo senil!- dijo Shima con un carácter de reproche.

-¿Viejo Senil? ¡Ma! ¡No se te ocurra llamar al Gran Sabio "viejo senil"!- gritó Fukasaku a Shima.

-Si le llamo viejo senil es porque es un viejo senil ¡Pa!- le contestó Shima subiendo el tono.

-¡¿Qué dijiste?!- preguntó molesto Fukasaku.

-No os peleéis delante de niños. Un marido y una esposa deben llevarse bien.- Contestó Gamamaru que para él, consideraba a Jiraiya un niño.

El joven Jiraiya seguía inclinado ante el gran sabio, mirando con una gota de sudor la escena entre la pareja, indicando que no era la primera vez que pasaba aquello. Entonces Gamamaru volvió a hablar

-Y ahora, Hmm… ¿Quién decías que eras?- dijo Gamamaru sorprendiendo a Jiraiya y a los miembros de la sala.

Al cabo de un rato con la misma escena repitiéndose, por fin el ambiente había regresado a su momento inicial, la razón de que Jiraiya fuera llamada fue mencionada.

-Jiraiya-chan. El Gran Sabio tuvo una visión que te concierne. Como ya sabrás, sus visiones son predicciones sobre el futuro. ¡Escúchalo con atención!- dijo Fukasaku a Jiraiya que asintió, sin sorprenderme que le llamara "–chan".

- Entonces te lo contaré. En mi sueño, te veo convirtiéndote en un pervertido sin igual… Y en un ninja con un talento increíble. Y con el tiempo, tomarás a alguien por alumno…- empezó a narrar Gamamaru.

Era como volver en el tiempo. Viéndome en mis últimos momentos, escuchando la profecía que cambiaría mi futuro y el de todos mis seres queridos. Estaba tan absorto en la historia, que no pensé en la parte de "pervertido sin igual". Cosa que Jiraiya si lo estuvo pensando por su cara que reflejaba el fastidio.

-Ese alumno se convertirá en el precursor de un gran cambio en el mundo ninja. Eso es lo que vi en mi sueño.- dijo Gamamaru.

-¿Un gran cambio?- preguntó sorprendido Jiraiya.

-Uno que traerá el mundo a la paz… o que lo destruirá por completo. Uno que el mundo no ha visto jamás, y que será uno de los dos.- explicó Gamamaru sobre el gran cambio.

-¿Uno de los dos? ¿Qué quiere decir?- preguntó Jiraiya sin comprender aquellas palabras.

-Tú serás el maestro de aquel que revolucionará el mundo, y llegará el día en el que te verás forzado a tomar una difícil elección.- dijo Gamamaru mientras levantaba un poco los parpados, pudiéndose ver mejor sus ojos.

-¿Qué… elección?- preguntó Jiraiya preocupado.

-El camino que llegues a elegir… Determinará el destino del mundo…- dijo Gamamaru con aquella sinceridad suya.

-¿Y-Yo…? ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es la elección correcta?- preguntó asustado Jiraiya por sentir una gran carga en sus manos.

-En mi sueño, veía que viajarías por el mundo, y escribirías un libro.-

-¿Un libro? ¿Por qué haría eso?- preguntó Jiraiya.

-Eso no lo sé. Pero recorrerás la tierra, observando la creación, mirando como la naturaleza sigue su curso.- dijo Gamamaru. Dignas palabras de la misión de un sabio.

-Ehh… Gran Sabio… ¿Tus predicciones han sido alguna vez... erróneas?- preguntó Jiraiya preocupado por si había insultado la credibilidad de Gamamaru.

Pero irónicamente, y avergonzado, yo también quise saber la respuesta. Había visto en que se convirtió el mundo tras mi muerte. Como mi hijo Indra nos odió a mí y a Asura, provocando una lucha eterna entre hermanos, que superaban los siglos, afectando a las almas de sus Transmigrantes, sin nunca tener un final.

Vi como de forma horrible transformaron el Ninshū que enseñé a las personas. El Ninshū que tanto me ayudó a transmitir mi hermano, el Ninshū al que enseñé con todo mi amor a mis dos hijos, y el mismo Ninshū que gracias a los ideales de Asura pude dar vida a mis maravillosos nueve hijos Biju, debilitando así al monstruo que estuvo a punto de acabar con la humanidad.

Vi como los Biju fueron usados por los humanos como armas de destrucción, en vez de haber intentado congeniar con ellos, y que pudieran usar su poder para mantener el equilibrio y la paz en el mundo. El pasado ya no se puede cambiar. Con aquel conocimiento, y sabiendo que la mayor parte de la profecía que recibí se hizo realidad, quise aferrarme a la aparición de aquel chico con los ojos azules que se haría amigo de los Biju. Necesitaba saber la verdad.

-Nunca… Hice la predicción de que un jovencito llegaría al Monte Myōboku, y que le obsequiaría con el poder de los sapos. ¡Eso fue una visión, de mi propio futuro!- contestó Gamamaru a la pregunta de Jiraiya.

En aquel momento sentí tristeza porque la parte trágica de la profecía se había hecho realidad. Pero mi corazón, y mi amor a mis hijos, se aliviaron, aunque fuera un poco, al saber que no había desaparecido la posibilidad de que los Biju fueran salvados.

El recuerdo poco a poco, fue desapareciendo, y volví al lugar en el que estaba. En el presente.

Volví a adivinar el tiempo actual en el mundo de los vivos, y vi que no había pasado apenas tiempo desde que salieron esta gran cantidad de recuerdos aleatorios. Observándolos, uno por si solo se movió, acercándose a mí. En él veía las hojas de la aldea de Konoha, y por extraño que sonara, dos jóvenes colores. Uno era de un amarillo muy brillante, y el otro del rojo más puro que había visto en mi vida.

Ambos colores, juntos, formarían el color naranja. Supe en ese instante qué momento era. A pesar de estar solo, no pude evitar decir en voz alta mis pensamientos.

-Perdóname, Naruto. Este recuerdo debería verlo tú, tu familia, y no este viejo que lo único que ha hecho ha sido mirar sin poder hacer nada. Espero que puedas perdonarme, como me perdonaste por haber puesto en peligro a tu amada hija.- me sinceré de todo corazón.

-…Espero que llegue el día, en que mi hijo Kurama, cuando haya podido superar su odio hacia ellos, pueda hablar de ellos sin odio ni rabia, para dar a ti, a tu esposa, y a tus preciosos hijos, felicidad por hablar de sus vidas que tanto merecías saber, y que te fueron arrancadas de forma injusta.- dije recordando aquellos tristes momentos, y deseando que algún día, Kurama se abriera como nunca antes lo había hecho conmigo, aunque él negara lo contrario.

-Como un padre que contó una vez a sus hijos cuando eran pequeños mis aventuras en forma de cuentos, espero que mi hijo, del que fuiste el primero en considerarlo un amigo, pueda hacer ese papel, y les de nuevos recuerdos de felicidad a ti y a tu amada familia. Así que, por favor. Perdóname.- dije disculpándome, por todo.

Mirando aquel recuerdo, dudando de verdad, en si tenía el derecho de volver a vivirlo, que ya era decir mucho de mí, o guardarlo en el fondo de mi corazón.

Entonces, algo pasó. Aquel recuerdo, con sus hermosos colores, se fueron combinando, formando un remolino, transformando el rojo y el amarillo en un vivo naranja. No podía escuchar nada. No podía ver nada más, pero por alguna razón unas palabras salieron de mi boca, mientras lágrimas de felicidad caían de mis ojos.

-Gracias, Naruto. De verdad, Gracias.-

Al igual que cuando mi hermano me dio el valor para no dudar, estiré mi mano, y entré en aquel recuerdo. El recuerdo del "hilo rojo del destino".


Avance del Próximo Capítulo. OST Douten (Shippuden Preview).

Una niña con un cabello rojo, sufre un destino que le nubla un futuro. Dolida por no ser aceptada, es contemplada por un niño de ojos azules.

Elogiado como un genio, nunca habla de su pasado ¿Por qué es presionado por el consejo y observado por los ninjas adultos con repugnancia?

Próximo capítulo "de Los recuerdos de un sabio. Los deseos de un padre"

"Kushina y Minato"

-¿Tú… odias a la aldea-tebanne?-


¿Qué os ha parecido el avance? Me vino la idea al ver el avance del próximo capítulo de Naruto Shippuden. Espero haberos sorprendido. Tardaré más en publicarlo, porque voy a meter las ideas que llevo años sobre el pasado de los protagonistas del próximo capítulo. Estaría genial que Kishimoto hiciera un Manga del pasado de Minato y Kushina. T_T Solo nos queda soñar.

Sí. A partir de ahora diré los nombres de los personajes de Naruto por parte de Hagoromo-sama. Espero que os guste.

Las palabras que dijo Hagoromo-sama de "por haber puesto en peligro a tu amada hija" están basadas en la historia "¡Vamos a hacer una visita, Kurama-chan!" de Zoey-chan. La recomiendo como el resto de sus grandes historias.

Y con esto, me despido hasta el próximo capítulo de esta historia, o hasta la próxima historia corta. Espero que me venga la inspiración de una de Naruto. Hasta la próxima.