CAPITULO 2
Amnesia
El cuerpo de Ron se hallaba tendido en la orilla de una playa, las olas que llegaban a la misma lo cubrían, de repente agitó la cabeza y se elevó sobre sus brazos para evitar que una nueva ola invadiera su rostro.
Con dificultad se puso de pie y se tomó la cabeza entre las manos, dando muestras que tenía un profundo dolor.
Comenzó a mirar hacia todos lados intentando dilucidar donde estaba.
Se palpó la campera y sacó un pasaporte totalmente empapado y un boleto de avión, abrió lentamente el primero y leyó en voz alta
- Harry James Potter – Luego hizo lo propio con el boleto – Londres Sydney ida y vuelta- Guardó todo en el bolsillo y luego palpó el otro, sacando una vara de madera, la miró sorprendido, y la arrojó hacia la arena.
Comenzó a caminar y al cabo de unos minutos de deambular divisó a los lejos el cuerpo de una muchacha en el mismo estado que se encontraba él al despertar.
Corrió acercándose, la tomó entre sus brazos sacándola completamente del agua y luego verificó que aún estuviera con vida, por suerte así era.
La castaña abrió los ojos y le sonrió.
- Hola – le dijo él – Mi nombre es Harry. – Hermione lanzó una risita y se incorporó lentamente diciéndole.
- ¡Ron! No es momento para tus bromas.
- ¡Ron! ¿Quién es Ron?
- ¡Tú! – Y rió nuevamente.
- Te equivocas, mi pasaporte dice que soy Harry James Potter. Mira – Y sacándolo de su campera lo exhibió. Hermione no entendía aún que pasaba, estaba un poco aturdida, sacó su varita y señalando la foto declaró.
- Finitem encantatem – Y el retrato regresó a su estado original, para su sorpresa Ron se alejó con cara de pánico.
- ¡Eres una bruja!
- Por supuesto, y tú eres un mago.
- ¿Qué?
- ¿Dónde está tu varita?
- Si te refieres a una vara de ese tipo, la tiré.
- ¿Cómo? – Gritó Hermione y sin más exclamó – Accio varita de Ronald Billius Weasley y la misma apareció volando depositándose en su mano.
Ron se alejaba nuevamente mirándola más atemorizado.
- ¿No recuerdas quién eres?
- No recuerdo nada, pensé que mi nombre era Harry por el pasaporte, pero veo que no es así. ¿Tú sabes quién soy?
- Por supuesto, fuimos amigos por siete años.
- ¿Y por qué ya no lo somos?
- Porque… - Hermione dudó pero luego agregó – Porque ahora somos novios.
- ¿Mi novia?
- Desde hace unos días, desde que la guerra terminó.
- ¿Guerra?
- Tú, Harry, yo y muchos magos más derrotamos a un mago tenebroso que quería apoderarse del mundo – Ron cayó sentado en la arena tomándose la cabeza con ambas manos, Hermione se arrepintió de su falta de tacto, intentó acercarse pero él retrocedió ante su contacto, ella no pudo evitar mirarlo con pena.
- Sé que están confundido y es mucha información, intentaré dártela en forma más pausada, pero debes confiar en mí – Le decía casi llorando – Yo no puedo soportar tu rechazo ahora – Y sus lágrimas comenzaron a caer.
- ¿Ahora? No entiendo.
- Cuando éramos amigos nos peleábamos todo el tiempo, tal vez por la imposibilidad de declararnos lo que realmente sentíamos. Pero después de la guerra, nuestros sentimientos se aclararon, nosotros nos amamos, no quiero perderte ahora.- Y Hermione cayó arrodillada tomándose el rostro con las manos, quedando a su lado.
Ron se sintió apenado y venciendo su miedo la abrazó, ella descargó toda su frustración abrazándolo más fuerte.
- ¿Por qué todo debe ser tan difícil? – Parecía hablar para sí misma.
- Lo siento, realmente no te recuerdo. No llores más, confiaré en ti. ¿Tú podrás ayudarme a recordar quién soy?
- Eso creo, nadie te conoce mejor que yo. – Contestó Hermione secándose las lágrimas. Sacó un monedero del bolsillo de su campera y extrajo una pequeña tienda, que a través de un hechizo se agrandó.
Invitó al sorprendido Ron a entrar en ella.
- Es muy pequeña, duerme tú dentro y yo estaré fuera- Hermione rió y corrió la tela de la entrada.
- ¡Guauu! – Exclamó el pelirrojo entrando a la mágica tienda compuesta por una pequeña cocina, un baño, una sala con sillón y una alcoba.
- En realidad es de las más pequeñas ya que tiene una sola habitación. Recuéstate y descansa, yo iré a enviar un patronus para que nos rescaten. – Salió de la carpa y ejecutó el hechizo – Ya está, calculo que podrán ubicar… - Pero él ya no la oía, se había tirado sobre el sofá y aparentemente había quedado dormido. Ella lo observó por un instante, secó las ropas de ambos, agrandó el sillón para que entraran los dos y sin dudarlo se recostó a su lado, colocándole una mano en el pecho y antes de quedar dormida dijo – Yo te haré recordar tu memoria. No te perderé, te amo Ron.
Al rato el pelirrojo abrió lentamente los ojos y la observó durante largo tiempo, sintió la calida mano sobre su pecho y dijo en voz alta.
- Si eres tan importante ¿Por qué no te recuerdo? Soy un mago ¿Qué clase de magia? – Luego negó con la cabeza cerró los ojos, suspiró – Mañana – Declaró y se quedó profundamente dormido.
Al día siguiente un sabroso aroma despertó a Hermione, se preocupó de no ver a Ron a su lado pero un sonido en la cocina llamó su atención. Se levantó y al entrar en la habitación quedó maravillada, Ron, vestido con un delantal, sacaba unos panecillos del horno, había hecho café, jugo y además todo estaba perfectamente ordenado.
- Buen día – La saludó - ¿Seguro que soy un mago? Yo creo que soy un cocinero- Hermione rió.
- Disculpa Ron pero eres un desastre en la cocina, hasta el café se te quema.
- ¿Entonces? ¿Cómo explicas esto? – Le preguntó extendiéndole un buñuelo, que ella tomó y llevó a la boca temerosa, pero al probarlo no pudo evitar exclamar.
- ¡Está delicioso! Tal vez…
- Dime – Le pidió el chico corriéndole la silla de la mesa, invitándola a sentarse.
- Nosotros, luego de la guerra ayudamos mucho en tu casa, y tú colaborabas en la cocina, entre otras cosas, especialmente cuando yo cocinaba.
- ¿Eres buena cocinera?
- No realmente, pero la necesidad te lleva a sacar lo mejor de ti. Mira que debemos cuidar las provisiones ya que la comida es una de las pocas cosas que no se pueden reproducir o aparecer. - Ron simplemente asintió y luego agregó.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Por supuesto.
- ¿Cómo te llamas? – Cuestionó, mientras se sentaba a su lado.
- Hermione.
- ¿Cómo? – Ella se irritó.
- Her – mi - o – ne – casi deletreó.
- Es bastante difícil. ¿Tienes un apodo?
- No, de hecho los odio.
- Pero si soy tu novio podría llamarte mi amor.
- Increíble, ni mi nombre recuerdas. ¿No recuerdas nada?
- Anoche he tenido una pesadilla – Declaró – Yo estaba junto al muchacho de la foto, a ti te tenía apresada una mujer con una cara diabólica, y luego una enorme lámpara de cristal cayó del techo.
- Es una de las peores experiencias que vivimos – Declaró Hermione recordando la mansión Malfoy. – Ron le extendió una tasa de café.
- Toma Harmiani.
- Hermione – repetía ella.
- definitivamente te diré mi amor – Pero a pesar de intentar bromear ella se largó a llorar. - ¿Qué? – Preguntó asombrado Ron.
- Es que desearía que cuando me digas mi amor, sea porque así lo sientes.
- Perdón, no pensé que fuera afectarte de esa manera Hermione – Ambos se miraron sorprendidos - ¿Lo notas? Ya puedo pronunciar correctamente tu nombre – Y la abrazó, ella correspondió el abrazo y Ron sintió un escalofrío y se mareó, Hermione lo sostuvo para que no cayera al tiempo de preguntarle.
- ¿Te encuentras bien? – Cuando él se recuperó le contestó.
- Recordé un baño, tu en bata, yo sentado y…- Se sonrojó - ¿Nosotros…?
- No Ron, eso fue antes de viajar y aún no…- Hermione también se sonrojó sin poder terminar la frase.
- ¿Qué edad tenemos?
- Diecisiete.
- Ya es tiempo entonces – Intentó nuevamente bromear, pero Hermione se alejó disgustada – Perdón, no era mi intención ofenderte.
- No es eso, al menos tu sentido del humor está intacto – Sólo declaró ella y salió de la tienda. Regresó al rato – No entiendo – renegaba – Ya he enviado mi patronus varias veces y aún no nos localizan, espero que esta vez así sea.
- ¿Qué es un patronus?
- Es un hechizo que sirve para protegerse de unas criaturas mágicas que pueden matarte y además sirve para enviar mensajes.
- Tal vez es hora de ver que nos ofrece esta isla, en el caso que nos demoren más en encontrar, buscar una fuente de agua o algo comestible.
- Creo que me enfoqué en ayudarte a ti a recobrar tu memoria y olvidé por completo la posibilidad de que no sea una isla abandonada, incluso podría haber un resort. ¡Eres un genio! Vamos a investigar.
- ¡Aguarda aventurera! Ya es casi medio día y los rayos de sol están muy fuertes, Hagamos esto, puedes contarme algo más acerca de mí, mientras preparo el almuerzo y luego damos una recorrida cuando el sol baje un poco.
- Me parece justo – Hermione sonrió más relajada se sentía mucho más segura ante este Ron tan sensato y comenzó a contarle su historia familiar, y como se conocieron, incluyó la mayor cantidad de detalles posibles de su primer año en Hogwarts.
- Así que básicamente somos los acompañantes de este Harry – Declaró Ron limpiándose los labios con una servilleta. Hermione lo miraba sorprendida, no tanto por el comentario sino porque los modales de Ron durante el almuerzo fueron extremadamente elegantes - ¿Qué? ¿Acaso no es así?
- En cierta forma retorcida, es así, pero nosotros lo acompañamos por amistad, no por servilismo. Además cada uno de nosotros tenía sus habilidades que lo sacaron de apuros más de una vez.
- ¿Así que soy un muy buen jugador de ajedrez?
- El mejor, diría yo. – Atinó a levantarse pero Ron la detuvo - déjame lavar los platos a mí, y mientras caliento el café me cuentas algo más. Hermione volvió a sorprenderse.
- ¿Puedes decirme por qué me miras de ese modo?
- Perdón, es que… - Pero cayó, no creía que en este momento decirle sus defectos sería bueno.
- ¿Qué?
- Tú has sido siempre un poco flojo, no te gustaba estudiar, no aseabas tu cuarto, eras bastante distraído e inseguro.
- Tal vez la palabra clave es era. No me siento con ninguno de esos defectos que acabas de nombrar, mucho menos inseguro. ¡Vamos! Dime algo más de mi pasado. – Pidió sirviéndole una tasa de café.
Hermione relató algunos detalles de su segundo año, la lucha por descubrir al heredero de Slytherin y la lucha de Harry contra el basilisco, su fobia con las arañas y su encuentro con Aragog.
- Pero una fobia te imposibilita bajo cualquier aspecto enfrentarte a aquello que temes – Declaró Ron con una seguridad casi catedrática.
- ¿Cómo sabes lo que es una fobia, si no recuerdas nada?
- No lo sé, es muy extraño lo que siento, tengo conocimientos que aparecen en mi cabeza, pero no tengo recuerdos.
- Creo que hay diferentas clases de pérdida de memoria, algunas personas regresan a su infancia y deben aprender a escribir y leer, otras sólo pierden sus recuerdos y su conocimiento de lo que hicieron en su vida, las hay también selectivas donde la persona pierde parte de sus recuerdos, desconozco otro tipo, calculo que habrá más. Pero como somos seres mágicos, intuyo que influirá de diferente forma en nosotros.
Esperaron unas horas y fueron a recorrer la isla, la búsqueda tuvo sus partes positivas y negativas. Lo bueno fue que encontraron un manantial donde podían proveerse de agua potable y varios árboles frutales. Lo malo, relativamente hablando, era que estaban solos en ese lugar.
Ron se quedó sentado en la playa, mirando como el oleaje avanzaba conforme las horas. Hermione se quedó observándolo, podía intuir lo que él estaba pensando, y sintió deseos de solidarizarse con su situación; sin darse cuenta se colocó de rodillas detrás de él y lo abrazó.
Él la miró por sobre su hombro y le sonrió, posó una mano sobre la de ella y regresó su vista al océano. Hermione apoyó su mentón en el hombro y ambos contemplaron en ocaso, maravillándose de una de las vistas más hermosas que jamás habían visto.
- Esto no se logra con magia - llegó a decir él levantándose y ayudándola a imitarlo.
- Pero podemos disfrutarla gracias a ella, de lo contrario ahora seríamos prisioneros o peor aún estaríamos muertos. - Ron no acotó nada e ingresó en la tienda.- ¿Preparo la cena? - Se ofreció la castaña.
- Mientras no cocines setas - Contestó el pelirrojo y se detuvo por su comentario - ¿Por qué habré dicho eso? - Pero la risa de Hermione lo hizo volver hacia la castaña - ¿Qué sucede?
Mientras cocinaba ella le contaba los detalles de su último año y lo pésima que era en ese entonces cocinando. Le relató varias cosas cómicas más que vivieron durante esos años y ninguno podía parar de reír.
- ¡Si recordaras la cara de Umbridge! Tus hermanos eran terribles juntos - De repente Hermione hizo silencio y Ron la imitó.
- ¿Fred fue quien murió? - Ella sintió - Al menos disfruto de la corta vida que tuvo, lo imagino como un rebelde sin causa.
- Nunca es bueno morir tan joven.
- Peor morir sin haber hecho lo que querías y por lo que me cuentas ellos siempre hicieron lo que quisieron.
- En cierta medida si. Pero igual fue doloroso.
- No lo dudo, al contrario, desearía que nunca hubiese sucedido. - Pero se notaba que él hablaba como si fuera un tercero, evidentemente aún no recordaba a su familia del todo, de lo contrario no hubiese respondido de esa manera.
Ella terminaba de ducharse, y recordó que la poca ropa de la que disponía estaba en la habitación, se envolvió en la toalla y salió fuera del baño, al cruzar la sala una exclamación la detuvo, giró y observó a Ron, que recostado desde el sofá la miraba boquiabierto, mientras se erguía.
Se acomodó como pudo la prenda que la cubría, intentaba decir algo, pero nada salía de su boca, lo cual la mantenía a su vez estática frente a él.
Ron no salía de su grato asombro, la verdad que debía reconocer que la chica estaba como quería, sus piernas eran delineadas, su cuerpo curvilíneo, los pechos, redondos y turgentes.
¿Por qué no se movía? ¿Por que no seguía su camino? ¿Por qué la toalla que apenas la cubría era tan diminuta?
De lo poco que sabía de él, más por los dichos de ella que por propio conocimiento, tenía una educación clásica y moralista y definitivamente la sentía, suponía que su super yo estaba deteniéndolo de saltarle encima y devorar cada parte de piel que sus ojos veían, que era demasiado y a la vez un instinto primitivo lo empujaba a acercáncele.
Cuando estuvo a su lado un olor a frescas flores lo invadió y cerró los ojos apartándolo de la bella vista para disfrutar de ese aroma.
Hermione aprovechó para observarlo, ya que él se hallaba vestido únicamente con un pantalón de pijama y tenía su torso desnudo.
¿Cómo detener ese calor que comenzaba a nacer en su vientre, más aún al notar la notoria excitación de él?
Sin dudarlo Ron estiró una de sus manos y recorrió la línea de uno de los rizos que caía mojado delante del rostro de Hermione, lo continuó hasta la punta que quedaba apenas a escasos centímetros de su pecho, una gota cayó del mismo, impactando en la piel del busto de ella erizándole la piel.
Pero no era el frío del agua que caía de su cabello y mojaba su cálida piel lo que estremecía a Hermione, era la cercanía del cuerpo de Ron, cerró los ojos y pudo aún así sentir el calor que emanaba del pelirrojo que estaba frente a ella.
Ron la tomó por la cintura con una mano atrayéndola hacia él, buscó algún indicio en la actitud de ella para detenerlo, pero la castaña había cerrado los ojos ante el contacto y prosiguió, juntando su cuerpo al de ella y aferrándola con la otra mano por la nuca, besándola desesperadamente.
No sabía como ni porque, pero ella le había gustado desde el primer momento que la vio y su alegría fue mayor cuando la chica le confirmó que era su novia, la sintió distante y nerviosa al principio y cuando tuvo su primer recuerdo intenso no pudo evitar ver como se sonrojaba, aunque él tampoco pudo eludir esa sensación casi vergonzosa.
Pero ahora se sentía más confiado, sentía que ella le pertenecía y efectivamente ella se lo estaba demostrando aferrándose a su cuello y correspondiendo ese beso, pero de pronto se mareó.
Hermione se detuvo cuando sintió que a Ron le fallaban las piernas y caía sentado en el sillón.
- ¿Te encuentras bien? - Preguntó preocupada tomando con sus manos la toalla que amenazaba con caer.
- Si - Respondió Ron intentando levantarse.
- ¡Quédate allí! - Ordenó ella deteniéndolo - Iré a vestirme y te preparo algo para tomar. - La desilusión de él fue grande por un instante creyó que ella se iba a quedar recostada junto a él, aunque de preferencia la prefería sobre él o debajo de él pero Hermione desapareció cerrando la puerta de la habitación y a los pocos minutos regresó vistiendo un short azul oscuro con una remera blanca, se había recogido el cabello en una coleta y se acercaba sonriente pero preocupada.
- ¿Te sientes mejor?
- Si. No entiendo como es que a mi me afecta de este modo y tú no tienes ningún indicio de debilidad después del naufragio.
- Evidentemente te habrás golpeado la cabeza o impactado de tal forma en el agua que eso debió, además de afectar tu memoria, generarte cierta debilidad en los momentos in… - Hizo silencio, sonrojándose.
- Intensos. - Completó el la frase - ¿No veo por qué te avergüenzas? Somos novios, estas cosas son comunes entre dos personas que se quieren.
- ¿Tu me quieres?
- Se supone que si soy tu novio te debo de querer. ¿No? Al menos eso creo. - Se llevaba una mano a la nuca, rascándosela - Lo que puedo asegurarte es que te encuentro sumamente atractiva. - Hermione sonrió pero por dentro estaba triste, de haberle confesado que la amaba ahora Ron lo único que sentía por ella era una atracción física y además toda la situación no ayudaba, estaban solos, en una isla desierta, él sin conocimientos de quien era y debiendo confiar en lo que ella le decía.
Por suerte la educación recibida por Ron durante toda su vida surtía efecto en él, al menos inconscientemente de lo contrario no dudaría que de ser otro ya se le estaría abalanzando encima.
Pero Ron no era de esos. Se dirigió a la cocina, mientras que por la mente del pelirrojo lo único que pasaba era cuanto más iba a poder evitar no exigirle a su novia que correspondiera a su imperiosa necesidad sexual.
Días después, Hermione suponía que la dificultad en encontrarlos era debido a la infinidad de islas que había en ese lugar específico, además de que ella no pudo enviar ninguna descripción detallada o exactitud con respecto al lugar, además no sabía a ciencia cierta si el poder de su patronus era tan grande como para atravesar no uno sino dos continentes, ya que suponía que estaban en una isla de la polinesia y debía de cruzar parte de Asia y todo Europa hasta llegar su anuncio a Inglaterra.
Pero en ese momento estaba totalmente relajada, estaba tendida al sol, disfrutando de los rayos cálidos que imprimían un color más bronceado a su piel.
De repente unas gotas de agua helada impactaron en la calurosa piel, al abrir los ojos observó el fabuloso cuerpo de Ron, sus músculos marcados sutilmente mojados por el agua de mar que lo cubría todo, él estiró los brazos hacia arriba y cerró los ojos como disfrutando del efecto que el cálido viento provocaba al impactar en su piel mojada y Hermione se mordió en labio inferior ante la maravillosa estampa que se presentaba frente a ella.
El chico, ajeno a los pensamientos poco apropiados de la castaña se llevó los brazos a los largos cabellos y sacudió el resto de agua que quedaba en ellos mojando más a la chica que no pudo evitar lanzar un suspiro.
Ron abrió los ojos y le sonrió.
- Te mojé un poco - Le decía casi infantilmente.
- No es nada.
- No entiendo como es que no te gusta el mar. ¡Es fantástico!
- A decir verdad le temo un poco al agua.
- ¿Por el naufragio?
- No, no he tenido una buena experiencia durante una de mis vacaciones con mis padres.
- Pero ahora no estás con tus padres, estás conmigo - Le sonrió el pelirrojo y una pícara mirada la hipnotizó.
Sin saber como, aunque a la vez sin dudar que la fuerza de Ron fuera superior a la de ella, la alzó sobre sus hombros y comenzó a meterse nuevamente en el agua.
- ¡Ron! ¡Suéltame! ¡Ron! ¡Le tengo miedo al mar! - Hermione pataleaba inútilmente y cuando el agua llegó a la altura del muslo del pelirrojo la bajó lentamente, abrazándola por la cintura, mientras que ella se aferró fuertemente a su cuello - ¡No me sueltes!
- Tranquila - La serena voz de él le brindó una sensación de seguridad indescriptible - Yo no te soltaré, no debes temer, es solo agua. Ambos se miraron a los ojos y él comenzó a acercar su rostro, ella cerró los ojos y también acercó su cara a la de él, pero justo antes de poder besarse una ola los impactó, haciendo que él cayera al suelo y ambos fueran arrastrados.
Hermione se agarró de tal manera que casi lo asfixia y él no dejaba de reír ya que la chica parecía un felino, con sus cabellos todos revueltos y esa actitud de miedo en su rostro.
Antes que otra ola los impactara la alzó en el aire y la acercó más a la orilla, donde el agua le llegaba a la rodilla y la colocó en el suelo.
- Me dejaste caer.
- Nos caímos - Corrigió - De lo contrario nunca nos hubiésemos hundido. - Él la mantenía de espaldas al océano y comenzó a hablarle de cosas sin sentido y a pedirle datos sobre su vida, levantándola por la cintura cada vez que una ola venía y adentrándola un poco más cada vez. Sin darse cuenta la chica, el agua ya le llegaba a su vientre.
- Y esa fue toda una aventura, volar en un hipogrifo me ayudó a no temerle tanto a volar en escoba aunque no es una de mis mejores habilidades. - Concluía su relato ella.
- Cuando te diga - Comenzó a decirle él - Aguantas la respiración.
- ¿Qué? - Llegó a decir ella al tiempo de girar y ver como una ola inmensa se les acercaba.
- ¡Ahora! - Le dijo el chico y la tomó de la cintura para arrojarse con ella debajo del gran cúmulo de agua.
Cuando las dos cabezas salieron a la superficie y se incorporaron ambos estaban sonriendo.
- Había olvidado que energizante es el agua de mar - Le decía ella tomándolo de la mano - Gracias pro ayudarme a superar este obstáculo.
- De na…- Pero Hermione lo empujó y cayó de pleno en otra ola que venía siendo arrastrado por la misma, mientras que ella la sorteaba elegantemente.
La onda era tan fuerte que lo llevó hasta la orilla y quedó allí tendido, en cuanto se pudo recuperar comenzó a reírse, pensando que ella era sorprendente.
Hermione se acercaba a él pensando que era maravilloso y que nunca se sintió más segura en toda su vida que junto a ese pelirrojo que la volvía loca.
Al llegar a su lado le extendió la mano para ayudarlo a levantarse pero él la tiró sobre la arena boca arriba y se recostó parcialmente sobre ella.
- Me debes una disculpa.
- Me debes un beso - Llegó a contestarle ella sin entender cómo era que se había atrevido a decirle eso.
Pero Ron no esperó que se arrepintiera y la besó, lenta y suavemente, los cuerpos tendidos en la arena, el agua llegando a ellos en forma tranquila apenas acariciándolos y llevándoles una sensación de paz y a la vez de éxtasis que nunca habían experimentado.
Cuando las manos del pelirrojo comenzaron a recorrer su cuerpo ella se levantó, y sonrojada se retiró a la tienda a cambiarse de ropa.
El mensaje era muy claro, me vuelves loca, pero aún no estoy preparada y sin saber porqué Ron respetaba esa decisión.
Lo que no entendía era porqué ella lo rechazaba de esa manera.
