Capitulo 4
Dudas
Hermione salía presurosa del ministerio. No quería perder un instante más en estar con Ron en el hospital, pero alguien la llamó, al voltear pudo reconocer a Harry.
- ¿Cómo estás? - Le preguntó su amigo
- Bien - Contestó retomando su camino.
- ¿Podemos tomar algo antes que regreses a San Mungo? - Ella asintió, debía aclarar las cosas con Harry y juntos fueron a una cafetería muggle a las afueras del ministerio.
- ¿Cómo te fue en la audiencia?
- Todo quedó aclarado, ante el peligro desaparecimos, y ellos me han informado de todo lo sucedido y lo que debemos hacer y harán a partir de ahora.
- Cuando los encontré… - Intentó hablar Harry pero ella lo interrumpió.
- Nada pasó entre Ron y yo, igualmente no sería nada del otro mundo. ¿Somos novios, no?
- No me refería a eso.- El moreno se sonrojó - Es que el estado de él era bastante peculiar y a ti no te vi mejor.
- Mira Harry, estábamos hacia casi un mes allí varados, yo luchando porque él recobre parte de su memoria y él por recordar.
- Me dio la sensación que estaban ocupados en otra cosa - Sonreía el chico.
- ¿Por la desnudez de Ron? Que te puedo decir, estar junto a él en una isla desierta era un sueño hecho realidad - Sonrió Hermione más relajada - Lástima que ni siquiera recordaba mi nombre.
- Pero se veía que hacía un esfuerzo bastante grande - Ya Harry comenzaba a carcajear.
- ¡Basta Harry! ¡Ron está inconsciente en el hospital y tú aquí haciéndome chistes de mal gusto!
- Perdona Hermione no quise importunarte, es que me preocupo por ti, no te veo bien.
- Simplemente estoy cansada.
- Descansa.
- No hasta que Ron se recupere o al menos se despierte.
- Como quieras. Bueno, yo voy a la academia. Nos estamos viendo. Cuídate. - Y le dio un beso en la mejilla.
- Hasta luego Harry. - Y se marchó al hospital.
Dos días más habían pasado, Ron comenzó a abrir los ojos, se incorporó sobre sus codos y observó la blanca habitación, ya no estaba en la tienda, miró al costado de su cama; allí estaba Hermione, apoyando su cabeza sobre sus manos en el lecho, sentada en una posición que le pareció bastante incómoda.
- Hermione – La llamó dulcemente. Ella comenzó a despertar.
- ¿Ron?
- ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
- Nos rescataron, estamos en San Mungo y hace tres días que estás inconsciente. Tú… ¿Recuerdas lo que pasó?
- Lo recuerdo todo. ¿Tú estás bien?
- Si, pero tu memoria…
- Ha vuelto, pero no he olvidado los últimos días, no he olvidado lo que te hice, yo te lancé una maldición.
- Fue una reacción…
- Criminal – Completó él.
- Iba a decir extraña, igualmente yo no voy a presentar cargos contra ti, las circunstancias fueron más que atenuantes.
- Siempre la defensora de pobres y ausentes.
Hermione iba a protestar cuando Molly entró y al verlo despierto llamó a toda la familia que aguardaba fuera de la habitación, pronto la misma se inundó de cabelleras rojas saludando y abrasando a Ron dejando la conversación inconclusa.
Más, luego de la familiar invasión, ninguno de los dos tuvo tiempo de hablar, el Ministerio había reestablecido la situación de sus padres y ella fue con ellos.
Los funcionarios del Consejo le informaron lo que debía informarles a sus progenitores, ahora más que nunca debían guardar las apariencias con el mundo muggle, y si bien ella estuvo desconforme de deber mentirles, no tuvo otra opción que acatar las órdenes impartidas.
Sus padres creyeron en sus mentiras y sin opción ni fuerzas para filosofar sobre esa actitud se dedicó a descansar.
Diariamente escribía a Ron, pero este no respondía sus cartas, no le extrañó ya que sabía perfectamente lo poco que le agradada, además intuyó que él también estaría descansando, pero el cuarto día recibió una nota de Ginny que la sorprendió:
Querida amiga:
Lamento molestarte, pero Ron está extraño. ¿No podrías venir? Te quiere Ginny.
Luego de hablar con sus padres, se apareció en la madriguera.
- Sabía que vendrías.
- Tu nota me preocupó.
- No más lo que te preocupará la actitud de Ron – La contestación de Ginny la asustó y luego de saludar a Molly subió a la habitación del pelirrojo.
- Adelante – ordenó el chico luego de escuchar el llamado a la puerta – Hola – La saludó al verla sin abandonar su postura, se hallaba sentado frente a un escritorio, tomando unas notas. Lo cual extrañó profundamente a Hermione.
- Hola – igualmente contestó - ¿Cómo estas?
- Mejor que nunca – la respuesta no la sorprendió, lo que lo hizo fue la seguridad con la que fue dada.
- ¿Recibiste mis cartas?
- Si, no tuve oportunidad de responderlas. ¿Estaba obligado a hacerlo?
- No, para nada y no debes ponerte a la defensiva conmigo.
- Te conozco, vas a comenzar un discurso sobre la expectativa de la otra persona en espera de una respuesta y bla, bla, bla.
Por primera vez en su vida, Hermione no sabía como reaccionar ante Ron, generalmente se hubiese molestado, pero lamentablemente él tenía razón, era exactamente lo que le iba a decir.
Esta actitud nueva de Ron, le era totalmente desagradable, no era como lo comenzó a percibir luego de la guerra, más madura y seria, sino que era despectivo e incluso soberbio en su respuesta.
- Al parecer si que me conoces demasiado. – declaró acercándose, y Ron cerró el pergamino impidiendo que leyera lo que escribía. - ¿Qué haces?
- Ideas para la tienda.
- Yo también te conozco y mientes. – El sonrió de lado.
- Tienes razón, son cosas personales.
- Pensé que no teníamos secretos.
- No, no teníamos secretos, esto es algo sólo mío.
- Si necesitas mi ayuda…
- Mira Hermione, yo tengo mucho en que pensar, la experiencia que vivimos fue muy reveladora para mí. Además no debo decirte que me siento pésimo cuando te veo, por lo ocurrido, por supuesto – aclaró cuando la castaña abrió los ojos en señal de pánico – Yo te quiero, eso nunca nada ni nadie lo va a cambiar – Hermione soltó su suspiro de relajación, pero intuía un pero que no tardó en llegar – pero, necesito un poco de tiempo para pensar en estas cosas que surgen en mí y que no les encuentro sentido.
- Quisiera ayudarte…
- Creo que lo mejor será separarnos un tiempo, hasta que despeje mis dudas. – Hermione sentía que el piso había desaparecido y caía en un abismo oscuro e interminable, pero su orgullo fue más fuerte.
- ¿Dudas, qué dudas? – preguntó irritándose.
- No quiero discutir.
- Creo que debe ser la primera vez que no lo deseas.
- Puedes calmarte, no tenemos que dramatizar – Hermione respiró varias veces, debía recurrir a toda su lógica para interpretar lo que sucedía, pero para eso necesitaba tiempo, que Ron lo quería negar, entonces su intelecto la salvó nuevamente.
-Disculpa. Mira, en un par de meses me iré a Hogwarts, y tendrás prácticamente todo un año para solucionar tus dudas, al menos comparte conmigo estos meses y luego te tomas tu tiempo. – Ron pareció reflexionar, luego se levantó de su silla y se acercó a ella.
- Realmente eres una bruja inteligente – Le decía abrazándola y adoptando la postura que ella conocía de él, más relajada y distendida– Te voy a premiar por tus conocimientos – Y sin más la besó, fue un beso intenso, profundo que hizo que los cabellos de la nuca de ella se erizaran, como nunca lo había sentido, un calor nació en sus entrañas o más abajo provocando que sus piernas se aflojaran y que sus mejillas ardieran. Ron haciendo uso de su fuerza la alzó, tomando sus piernas y colocándolas sobre sus caderas, friccionando ambos cuerpos y provocando gemidos en Hermione ante el contacto.
Giró y la recostó en la cama colocándose sobre ella, bajando sus labios al cuello, por más que ella sentía pesar por las anteriores declaraciones de él, su intensidad la envolvían de tal forma que no podía evitar sentirse una muñeca entre sus brazos.
- ¡Oh Ron! – No pudo evitar ella jadear.
- Veo aquí un punto débil – fue su cálido aliento sobre el cuello más que su declaración lo que terminó de enloquecerla, lo tomó de sus cabellos y besó con tal intensidad que ni ella conocía.
- Tú eres mi punto débil – Le decía entre besos húmedos, mojando con su lengua el labio inferior de él y mordiéndolo, impulsando sus caderas hacia arriba profundizando la fricción de ambos cuerpos. Él no pudo evitar jadear – Veo que tú también los tienes – Sonrió.
- Tú eres la causa de mi debilidad – llegó a decir él y de pronto sintió que la conexión se perdía, no la corporal, ya que ambos cuerpos continuaban friccionándose pero sí la espiritual, aparentemente él había dicho algo que lo perturbó.
De repente alguien golpeó la puerta y ambos se separaron acomodando las prendas apenas desacomodadas. Y sus cabellos totalmente despeinados.
- ¡Chicos! El almuerzo está listo. ¿Bajan? – Era Molly.
- Ya vamos mamá – Dijo Ron disgustado pero a su vez paradójicamente calmado de poder salir de esa situación. La miró y tendió la mano – Vamos - le dijo una vez que su respiración se calmó al igual que la de ella.
El almuerzo transcurrió en silencio, salvo por las preguntas de Ginny con respecto al naufragio, ya que Ron, aparentemente no había comentado nada, ella intentó contar algunas cosas pero también mantuvo el misterio con respecto a la travesía.
- En cuanto el avión aterrizó luego de varias maniobras en el aeropuerto y notaron su ausencia, pronto se elevó la búsqueda de ustedes, en cuanto vimos sus rostros en cadena nacional fue una alarma general. ¡Lo único que nos faltaba! Que descubrieran cómo habían desaparecido. Por suerte el Primer Ministro declaró que ustedes debieron bajar antes de despegar el avión, las azafatas no notaron su ausencia y por ello la confusión. Y que ustedes al ser menores se hallaban protegidos por las leyes y por ese motivo no daban su paradero ni información.
- ¿Ustedes compartieron la misma habitación? – Preguntó Molly, interrumpiendo la historia de Harry, lo más calmada que pudo pero haciendo que a Hermione se le cayera el tenedor y que Ron la mirara con ganas de matarla. Los demás miembros en la mesa quedaron mudos, incluso Harry, fue Ginny la única que reaccionó.
- ¡Mamá! – Le gritó – Primero que nada, esa es una pregunta que deberías hacerla en privado y segundo estamos hablando de Hermione – La dama la miró interrogante. – Ella es una chica con altos principios morales, nunca haría algo así, no al menos sin estar comprometida. – Molly quedó pensativa, y por un instante una aparente sonrisa asomó en su rostro, Hermione seguía sin poder reaccionar, Ron se levantó de la mesa diciendo.
- Permiso, si pretenden seguir ventilando nuestras intimidades, al menos tengan la decencia de hacerlo cuando no estamos. – Miró a Ginny con furia y luego volteó a ver a su madre – Descuida mamá, Hermione continúa siendo una niña inmaculada, al menos por mi parte, lo que haya hecho antes de estar conmigo es asunto suyo.
- ¡Ron! – Se levantó ella ofendida – Yo no he hecho na… - He hizo silencio, profundamente avergonzada bajando la mirada, sin embargo él sonrió de lado, confirmando lo que ya intuía pero nunca se había atrevido a preguntar, de repente no entendía porque se comportaba de esa manera y hacia sentir a Hermione tan abochornada. Pero a pesar de sentirse así de su boca salió la siguiente frase.
- Allí lo tienes, es una niña virgen y así se quedará, hasta que ella misma lo disponga. – Luego se marchó dejándolos a todos anonadados.
- Siento mucho haberte ofendido mi niña – Le decía Molly ante la mirada dura de todos lo presentes.
- Disculpe señora Weasley, pero… - Iba a agregar que debería meterse en sus asuntos y no en los de los demás pero al notar la cara de la dama impactada por el trato tan frío por parte de ella solo agregó – Permiso – Yendo tras Ron.
Lo encontró apoyado en el tronco de un árbol en el jardín.
- ¡Ronald Billius Weasley! – Le gritó, él ni siquiera volteó, sabía que se le avecinaba una tormenta, pero ahora sabía muy bien como frenarla. - ¡Mírame cuando te hablo!
- Te miraré cuando me hables, no cuando me grites – Contestó serenamente dejando a Hermione estática a su lado.
- Esa postura de superado, no te salvará de lo que te espera – Amenazó. Pero al estar a su alcance él la abrazó y acorraló contra el árbol y su cuerpo, arremetiendo directo a su cuello, el cual lamió, sintiendo que las piernas de ella se aflojaban y su respiración se agitaba.
- Perdóname – Le decía apenas susurrando al oído – Era la única forma de que mi madre no nos moleste más. Además en bueno que piensen que tú y yo no hemos hecho nada.
- No hemos hecho nada – Aclaró ella.
- Eso lo veremos – Entonces sus manos se adentraron en su blusa y comenzaron a jugar con sus pechos, mientras que sus labios se apoderaban de su boca, la lengua la invadía, y esa sensación de dominación volvió a embargarla.
Le era prácticamente imposible resistirse a esas emociones que la nueva seguridad de Ron le provocaba, pero sabía que estaba mal, sabía que a pesar de sentirse ofendida, lo dicho por Ginny era cierto, ella era convencional, siempre pensó que esperaría no a casarse para entregarse a un hombre pero si a tener un compromiso fuerte con esa persona, compromiso que en este momento no sentía por parte de Ron y debía mantener su creencia, al menos esta y haciendo un uso de sus fuerzas empujó a Ron lejos de su cuerpo, el frió que sobrevino a la separación de los cuerpos la ayudó a fortalecer su decisión.
- No hemos hecho y no haremos nada, no al menos hasta que tú aclares tus dudas. Hasta mañana, me voy a mi casa, iré a saludar a tu familia – Dicho o cual se marchó dejando a Ron boquiabierto y sin argumentos para detenerla.
Él sabía que ella tenía razón, no podría estar íntimamente con ella, por más que su cuerpo se lo pidiera a gritos si sus sentimientos estaban en constante cambio.
No dudaba que amaba a Hermione, pero había algo que lo atormentaba.
Pasaron los meses, ella cumplió sus dichos, y cuando estaban a solas, en cuanto la situación amenazaba con salirse de control, aún no entendía como pero ella se las ingeniaba para eludirlo, realmente admiraba su determinación, ya que él quedaba devastado y con su cuerpo doliéndole incluso cuando se autosatisfacía para aplacar el sufrimiento que su alejamiento le provocaba.
Hermione no estaba mejor, realmente cada vez le era más difícil desistir de la sensual influencia de Ron, quien poco a poco había encontrado todos sus puntos sensitivos, pero al pensar que él tenía dudas rápidamente la enfriaba, al menos el tiempo justo para salir prácticamente corriendo y debiendo recurrir a la satisfacción personal en demasiadas ocasiones al recordar las manos de Ron sobre lugares que nunca nadie había tocado, nadie excepto ella.
Llegó el día de partir. Él único en ir a despedirse fue él, ya que los demás tenían demasiado trabajo o responsabilidades.
Ya se había despedido de Ginny que ingresó al tren y ellos quedaron en la plataforma.
- Bueno – le dio ella suspirando – Aquí comienza tu tiempo para aclarar dudas, espero que las puedas solventar y que cuando tomes una determinación, sea la que mejor te convenga.- Le dio un fugaz beso en los labios y se marchó a punto de llorar, no quería demostrar debilidad, no frente a él. Había perdido esos meses en acompañar a sus padres, ayudar a Ginny con sus problemas con Harry, aprender algo más sobre los quehaceres con Molly y huir del acoso sexual de Ron, por lo tanto no pudo sacar ninguna información que le fuera de utilidad con referencia a las dudas de él. No era una tonta, de seguro tenía relación con el altercado, por así llamarlo que tuvieron, esperaba que no fuese más que ello.
Subió al tren y acomodó su equipaje. Él continuaba en la plataforma mirándola, simplemente mirándola y ella no lo dudó, salió corriendo, bajó del tren y se arrojó a los masculinos brazos que abiertos la esperaban, fundiéndose en un apasionado beso, sin importarles nada, ni siquiera las decenas de cabezas que se asomaban por las ventanillas para observar la ardiente escena.
- Te ruego pienses en mí antes de tomar tus decisiones, te ruego pienses en todo lo que te amo, yo nunca te olvidaré, no me olvides tú a mí.
- Yo también te amo Hermione y jamás te olvidaré, pero debo pertenecerte por completo no a medias y así me siento ahora. Te prometo que tome la decisión que tome siempre primero te pondré a ti entre todas mis opciones.
El tren comenzó a arrancar.
- Debo irme – Le decía ella besándolo nuevamente y colocándole algo en el bolsillo de su túnica – Ábrelo cuando me haya ido – Le pidió y salió corriendo, colgándose de una de las manijas y despidiéndolo con la mano antes de entrar en el compartimiento.
Él se quedó allí, observando como se marchaba, y dudando si no estaba equivocándose, si estos sentimientos nuevos, eran producto de algo que escaparía a su entendimiento y pensando que tal vez debería echar todo por la borda, y dejarse llevar por lo que Hermione le hacía sentir.
Pero… ¿Qué le hacía sentir?
Un enjambre de sentimientos lo invadió amor, pasión, amistad, protección, seguridad e inseguridad, pertenencia, definitivamente él le pertenecía pero también sabía muy bien lo que quería dilucidar, no tenía dudas, sólo tenía una y era una muy preocupante y atemorizante que lo ponía en tensión, si bien intentó olvidarse de sus interrogantes pensando que lo mejor era no destapar esa caja de Pandora la curiosidad era cada vez más fuerte.
Sintió el peso en su bolsillo y tomó el pequeño sobre, lo abrió cuidadosamente; una carta, no lo sorprendió pero al abrirla una fina cadena de plata cayó al piso y él se agachó a tomarla.
Colgando de la misma había una medalla con forma de medio corazón con el nombre de Hermione.
Leyó la carta.
Mí amado Ron:
Durante toda mi vida las palabras fueron algo que supe manejar con habilidad, hasta hoy.
Hoy me separo de ti, realmente por primera vez, dejándote con dudas que nublan tu alma. Sean cuales fueran dichas interrogantes, no permitas que dañen tu espíritu.
Debo confesarte que esta seguridad que has plasmado en estos últimos meses, me agradó, pero tú ya sabes; te amo niño, te amo hombre, te amo con tus defectos y te amo por tus virtudes; te amo porque sí. Es la primera sensación que no puedo descifrar y realmente no me interesa hacerlo y a su vez es la más poderosa que alguna vez colmo mi alma, mi cuerpo y mi corazón.
Aquí te dejo parte de él, parte de mi corazón, un símbolo que significa que te pertenezco y que nada ni nadie podrá cambiar eso. Tú lo has dicho infinidad de veces, yo lo escribo para que quede eternamente, como un compromiso.
Dicen que uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla, también hay quienes establecen que las palabras se las lleva el viento, pero lo que escribimos quedará siempre como recordatorio, como una promesa cierta y duradera. Espero que no seas esclavo de tus sentimientos, que no te sientas apesadumbrado por amarme, espero, que al igual que yo, sientas que es un sentimiento liberador, que sólo te lleva más a la perfección.
Soy incompleta por mi misma, pero completa a tu lado. Me encantaría saber que cuando regrese tú piensas lo mismo que yo.
Recuérdame, suéñame, ámame, nunca dejes de hacerlo.
Tú Hermione.
Levantó la vista. Lamentablemente tenía un camino muy difícil por delante, y no sabía a quien recurrir.
Por semanas apeló a sus seres más cercanos, incluso a aquellos a los que nunca hubiese siquiera hablado, Percy entre ellos. Si bien era el hermano con el cual más afinidad tenía en su niñez, su lejanía durante los años más difíciles lo marcó, definitivamente demostró su temple Weasley al final, pero había una brecha abierta que achicar.
Nadie lo pudo ayudar, ni siquiera la información que encontraba, días inmerso en libros que no solventaban su duda, sino que le mostraban un mundo ideal, pero que él por algún motivo rechazaba o descreía.
Durante las noches intentando dormir, la única forma de alcanzar la paz era sosteniendo esa mitad de corazón, que le pertenecía; de alguna manera era lo único que le parecía seguro, el amor de ella, pero era ese mismo amor lo que le generaba tantas interrogantes. Y en la oscuridad, antes de caer en las tierras de Morfeo susurraba.
- Mí Hermione, mi fuerza ¿O mi debilidad?
