Capítulo 5
Descubrimientos
Cuando agotó todos los medios posibles de investigación, recurrió a aquel único recurso que le quedaba por cotejar.
Ron llegó a la casa de su tía, su madre se había sorprendido cuando le dijo que iba a verla.
La anciana abrió la puerta y lo miró sorprendida
- ¿Dónde está tu novia muggle?
-Está en Hogwarts, además nos hemos tomado un tiempo- respondió y luego acotó- Un breve tiempo – La dama lo miró aún más anonadada - ¿Siempre dejas a tus visitas en la puerta?
- Pasa – Contestó corriéndose a un lado. Fueron a la sala y rápidamente una elfina apareció - ¿Té? – Le preguntó la dama.
- Por favor- Contestó. Luego de ser servidos y que la elfina se marchara Ron habló – Necesito saber sobre el poder de la pureza de la sangre. He recurrido a la biblioteca, pero la mayoría de los libros que hablan de la superioridad de los magos puros han sido reservados y sólo pueden acceder algunos miembros del Ministerio a ellos.
- Aquí tienes todos los ejemplares, en nuestra biblioteca particular, puedes acceder a ellos cuando te plazca, pero ¿Qué quieres saber?
- Hasta donde puede afectar a mi magia, todas aquellas experiencias que marcaron mi vida, mi crianza, mis amigos, mi novia impura. – A la dama le temblaron las manos de tal manera que su taza casi se cae.
- Tú nunca has sido demasiado bueno utilizando tu magia.
- Siempre he vivido a la sombra de los demás, pero hace un tiempo que eso ha cambiado. He sentido una poderosa sensación, muchas veces dominándome y en cierto sentido me agrada la seguridad que experimento, pero a su vez las dudas empañan estas experiencias y quiero cambiarlo.
- Lo dices desde tu accidente.
- ¿Te has enterado?
- Por supuesto soy tu familia, estoy enterada de todo.
- Por eso mismo recurrí a ti. Mis padres – agitó la mano al aire – Son un caso perdido, de mis hermanos, Percy, el único con el cual podría dialogar es un pedante insoportable, además dudo mucho que pueda asesorarme. Es por ello que estoy aquí. Para develar los misterios de la sangre.- Refirió misteriosamente. – Sé que soy poderoso, aún más que Harry y Hermione juntos, no sé como, pero así lo siento en este momento, siempre perdí el tiempo en tonterías sin sentido, sumergido en mis miedos e inseguridades. Mi madre no ayudó mucho a ayudar a mi autoestima y mucho menos los amigos con los que me alié.
- Equivocadamente – Agregó la dama.
- Hasta donde sé, no tan equivocado, al menos estaba en el bando ganador.
- ¿Estás seguro?
- Por tu tono veo que esto continuará.
- No lo dudes.
- Algo que no entiendo, Voldemort…
- No puedes basarte en ese loco, además él era mestizo como tu amigo. Lo que sucedió fue que necesitábamos a alguien que no nos doliera perder. Un chivo expiatorio fácil de señalar.
- Pero era poderoso.
- No lo era, era despiadado. Lucius o Bellatrix podrían ser más poderosos que él con suma tranquilidad. Es una pena que ella equivocara su camino. ¿Sabias que estaba enamorada de su primo?
- ¿Sirius? ¿Pero si ella lo mató?
- Es que en el camino sus sentimientos se vieron cegados por Tom, él supo engañarla.
- Pero mi madre le dio muerte. ¿Era tan poderosa?
- no debo decirte que al matar a Sirius perdió nuestra gracia.
- ¿Y por qué ambos servían a Voldemort?
- Porque fue lo que le pedimos.
- ¿Pedimos? ¿Quiénes?
- Ni pienses que voy a develarte un secreto tan bien guardado, no hasta que me demuestres tu lealtad.
- ¿Lealtad? ¿A quién?
- No a quién, a lo que eres, un mago puro, poderoso, invencible.
- Entonces… es verdad, la sangre pesa.
- Y no dudes que así es. Has sido mal asesorado toda tu vida. Nunca imaginé que de todos fueras tú.
- ¿De todos? – La anciana agitó la mano en señal que no prestara atención a lo que había dicho - Quiero saber más, es im… - Ron se levantó del sofá sacó su varita sin dudar lanzó un hechizo, la elfina que estaba tras la pared se elevó sobre ellos, demostrando un fuerte dolor. – Parece que deberás adiestrar mejor a tu personal, enseñarles que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas. – Decía con una voz fría que asustaría al mismo Voldemort.
- Suéltala. – Ordenó la dama y él obedeció. La pequeña criatura cayó fuerte al suelo, respiraba agitadamente y cuando se pudo colocar de pie exclamó
- Pigui quería saber si su ama estaba bien. Ronald Weasley siempre fue malo con ella. Yo temía por el ama, ella me indicó que debía asegurarme que todo estuviese en orden.
- Vete a la cocina – Y la criatura desapareció - ¿Cómo has hecho eso?
- ¿Qué? – Preguntaba Ron.
- Magia a un elfo doméstico, es muy difícil hacer que los hechizos atrapen a un elfo, son generalmente muy escurridizos.
- Pero ella estaba desatenta.
- Mis elfos nunca están desatentos – Respondía la mujer
- O sea que tú la pusiste a escuchar – Declaraba Ron sentándose. – No lo hagas más, los elfos son muy amigos de Harry e irán con el chisme de lo que estamos hablando.
- No mis elfos.
- ¿Estás segura tía?
- Extremadamente segura, porque al igual que tú, mi magia los puede atrapar. – La mujer sonreía maliciosamente.
- Dobby dejó en su lugar a Lucius, si fuera tan poderoso como dices…
- Lucius estaba con la guardia baja apuntando a Potter, de lo contrario no hubiese podido impactarlo. Lucius es realmente poderoso, pero tu… - Meneó la cabeza - ¿Dieciocho? – Preguntó.
- Si, dieciocho jóvenes años tía – Sonreía Ron.
- Puedes ser el mago más poderoso de todos los tiempos.
- ¿De seguro que no buscas un nuevo chivo expiatorio?
- Nunca con uno de nuestra sangre, pero tu amigo, podría ser muy útil.
-¿Harry? No sabes lo que dices. Él es demasiado bueno para intentar apoderarse del mundo.
- ¿Seguro?
- Segurísimo. – Respondió, pero sentía que algo lo embargaba, esa confianza en sí mismo que a la vez le hacía olvidar todo lo que lo rodeaba, todas aquellas enseñanzas de sus padres y sus amigos, defendiendo constantemente la igualdad, la amistad, el amor.
- Sé que él pretende a tu hermana.
- Es verdad.
- ¿Sabes lo que es capaz de hacer un hombre por amor?
- No, creo que nunca estuve enamorado. – Ron ni siquiera titubeó en responder y al terminar la frase se sintió extraño.
- ¿Y la impura?
- No lo sé, si tengo dudas, no deberá ser verdadero amor, además tú dices que un hombre enamorado es capaz de cualquier cosa y yo definitivamente no haría cualquier cosa por ella. Aunque tampoco contra ella. – Otra ves una respuesta que lo anonadaba, esos no eran sus verdaderos sentimientos. ¿O sí? Lejos de sus interrogantes Muriel continuaba hablando.
- Si pudieras hacer que Ginebra piense como tú, ella haría que Harry la siga aún en contra de su bondad.
- Ginny tiene su carácter, no es fácil de manejar, para convencerla habría que engañarla – Ron se detuvo ¿Era él el que hablaba? ¿Engañar a su hermana? ¿No amar a Hermione? ¿Utilizar a Harry como chivo expiatorio? ¿Qué cuernos le pasaba?– No me siento bien – Declaraba aturdido.
- Es la energía de la casa. La energía de todos los magos puros, tus ancestros, que te rodean, te guían, pero en realidad es tu esencia la que los atrae, si no fuera así te rechazarían y ellos definitivamente te están abrazando.
- ¿De que estás hablando? – Ron la miraba incrédulo.
- No me mires como a una loca, ya verás que con el tiempo, tus poderes se expandirán a dimensiones extraordinarias, pero debes ser paciente, debes acatar todas las órdenes, de lo contrario fallarás.
- Por ahora estoy incómodo – Se levantó – Aún tengo sentimientos fuertes que analizar.
- ¿Amor?
- No lo sé, sensaciones que aún están en mí.
- Si te decides, ya nada te hará dudar. – Ron miraba abajo pensando en todo lo que sentía y lo que dejaba de sentir estando allí – Tu esencia es muy fuerte, no dejarás de ser bueno, si eso es lo que temes, es parte de ti, pero definitivamente ya no estarás a la sombra de nadie.
- ¿Y tú?
- Yo seré tu igual, siempre lo seré incluso mientras te enseñe. Aquí no hay diferencias. Sólo somos magos puros, y todos somos iguales. No hay héroes salvadores, ni sabelotodos impertinentes, ni padres intransigentes, ni hermanos superiores. Todos iguales, unidos por un solo objetivo, preservar nuestra magia.
Se despidió, regresaría al día siguiente. Su tía le había abierto un nuevo mundo de posibilidades, poder, superioridad, igualdad, definitivamente era lo que necesitaba.
Los días pasaban, trabajaba con George durante el día, y dos veces por semana iba de su tía a ser instruido en aquellas artes que siempre se le negaron y que cada vez estaba más seguro lo llevaban a la excelencia de la magia.
Su tía le había dicho que debía simular para no ser acosado, por lo tanto los demás días de la semana salía con Harry y estaba con su familia como si nada.
Cierta tarde la anciana le informó que irían a un baile formal, secreto, por supuesto, y que lo esperaba en su casa para luego dirigirse al lugar de reunión.
Se presentó con su traje de gala, viejo y gastado.
- Lo suponía – Declaró la dama de forma despectiva – Sube al primer piso, en el primer cuarto tienes un traje apropiado y además alguien te peinará como se debe.
Ron subió la escalera y pensó que de haber sido su madre le hubiese reprochado, pero a su tía era aún más difícil decirle no, además el pacto era ese, él obedecía, ella enseñaba y debía reconocer que era una excelente tutora.
La dama lo observaba desde el pie de la escalera, él abrió la puerta del primer cuarto y quedó petrificado con la mano en el picaporte.
Ante él, la imagen de una bruja adolescente, tal vez un año menor que él, desnuda, excepto por sus bragas, se encontraba de pie frente a una enorme cama. Al verlo la muchacha gritó y se tapó con lo primero que encontró y ante esa reacción él cerró la puerta.
Miró a su tía y luego de unos instantes que tomó recuperarse le dijo
- Este cuarto está ocupado.
- Te dije la segunda habitación – Y la dama sonrió, él la imitó, ya la conocía bastante.
- Te escuché perfectamente, dijiste la primera.
- Te equivocas – Contestó la dama virando – Vístete – Y al irse aclaró por lo bajo – Dije el primer cuarto.
- Te escuché tía.
- Muy buenos sentidos, sobrino.
Ron ingresó al segundo cuarto y se encontró con un traje de gala nuevo, a su exacta medida sobre la cama, se despojó de sus ropas y luego de vestirse se observó en el espejo, la verdad cambiaba mucho de esa manera su aspecto, de repente golpearon a la puerta y al indicar que ingresaran una dama con una cesta entró.
- Soy su estilista – Le declaró – Por favor tome asiento para que pueda asistirlo. – Ron obedeció sentándose y se dejó acicalar por la dama.
Cuando volvió sus ojos al espejo su propia imagen lo impactó, era una versión, mucho mejor, modestia aparte, de Draco Malfoy, el cabello engominado y tirado hacia atrás, con su rostro libre de la mata de cabellos sus ojos tomaban otra perspectiva.
Se miraba de diferentes ángulos y la dama luego de sonreír le dijo.
- La verdad es que está usted muy guapo.
- Pensaba en eso, pero no quería ser yo el que lo dijera.
- Va a ser toda una revelación, y definitivamente uno de los mejores discípulos desde mucho tiempo. – Y sin más se marchó. Luego su tía lo llamó desde la planta baja y salió de la habitación, al tiempo que la muchacha a la cual había sorprendido vistiéndose también lo hiciera.
Realmente era hermosa, el vestido negro se adhería perfectamente al esbelto cuerpo, los altos tacones marcaban más sus piernas que se veían a través de un pronunciado corte en la parte trasera del vestido.
Peinada con un rodete, y algunos rubios mechones cayendo sobre su rostro; con un collar de perlas negras como única joya, lo miró, sus ojos eras azules como los de él y cuando sonrío la perfecta hilera de blancos dientes relució debajo de los labios carmesí. Pero por su mente pronto apareció la imagen de Hermione, despidiéndose en el tren y desvió la mirada.
- Ayuda a bajar a la muchacha – Gritó su tía y él se acercó ofreciéndole su brazo, la chica se aferró a él y agradeció.
- Lo cierto es que es la primera vez que visto así, y te agradezco, porque una dama no puede tomarse de la baranda de la escalera, y temo carme con estos tacones, gracias por ofrecerte.
- Es un placer – Contestó galantemente – O propósito soy…
- Ronald Weasley. – Lo interrumpió.
- Estoy en desventaja, yo no sé tu nombre
- Astoria Greengrass
- ¿Tienes relación con Daphne?
- Es mi prima. – Apenas llegaron al final de la escalera la anciana lo alejó de la chica
- Debes ir acompañado por mí - le decía tomando el lugar de Astoria - Luego podrás continuar departiendo tan amenamente.
Ron no contestó, observó como la muchacha era acompañada por un señor mayor y los seguían, volteo a ver al frente y preguntó
- ¿Dónde vamos?
- Al salón.
- ¿Aquí?
- No hay lugar más seguro.
- Excepto…
- Excepto nada, no hay lugar más seguro – Lo interrumpió la anciana.
Bajaron por unas escaleras a un sótano, Ron pensó que muy lujoso no sería ya que estaban debajo de la casa pero estaba equivocado, el salón era majestuoso, adornado con finas lámpara de veinticuatro candiles, cortinas de un rojo borgoña, adornada con listones dorados, una banda que acompañaba las conversaciones con una suave música y un piso de mármol blanco extremadamente brilloso; pero lo que más lo sorprendió fueron las personas que estaban en el salón, no podía identificar a muchos de ellos, pero definitivamente quienes más llamaron su atención fueron Lucius y Narcisa Malfoy, quienes lo miraban con odio.
- Si las miradas mataran, estaría muerto hace mucho. – Le infería a su tía señalando con los ojos hacia la dirección de la pareja.
- Tienen un motivo.
- Por Vold…
- ¡No! Acaso no has entendido que él no era nadie.
- Disculpa, ¿entonces?
- Porque has arrebatado el lugar de su hijo.
- ¿Draco?
- Exacto, él debía estar en esta reunión para su presentación en sociedad.
-¿Presentación en sociedad? Y los demás.
- Astoria y tú.
- ¿Por qué sólo dos personas?
- Mira, los adolescentes, suelen ser salvajes, no es fácil manejarlos, adolecen por todo y contra todos, es por ello que sólo iniciamos a una pareja por vez.- El término pareja, lo descolocó – Mira, nadie te está pidiendo que te cases con Astoria, aunque es tu decisión y sería una muy apropiada y por cierto agradable para ti ¿No te parece hermosa?
- Ciertamente lo es, pero yo… - E hizo silencio, no era momento de nombrar a Hermione
- Te repito es tu decisión- Decía la dama interrumpiendo sus pensamientos- lo único que voy a decirte es que pasarás mucho tiempo con ella, hasta ahora hemos estudiado la teoría de todas las artes mágicas que conoces, pero más adelante deberán ponerlas en la práctica además de aprender otras nuevas.
- ¿Deberé luchar contra ella?
- No hijo, deberán luchar juntos contra nuestros mejores magos, y otras bestias, eso definitivamente los afianzará como buenos… amigos.
- ¿Realmente no pretendes que me case con ella?
- Repito será tu decisión, pero debo infórmate lo siguiente, lo que vivirán juntos los unirá, mi esposo si inició junto a mi, igual con Lucius y Narciza y muchas otras de las parejas que aquí vez. Pero como siempre lo digo, es sólo tu decisión - La dama sonrió y se marchó a conversar con otras personas.
Ron se quedó en un costado buscando a otros muchachos de su edad, pero aparentemente el que le seguía en edad debía ser Lucius, con lo cual se sentó con un copa en mano y se dedicó a beber, lentamente, como le había enseñado su tía para no emborracharse además de intercalar cada copa de vino con una de otro líquido no alcohólico.
Recorría el salón con la vista cuando la divisó, al otro lado de la habitación, en una pose de aburrimiento similar a la de él y sus miradas se cruzaron, él la saludó con un movimiento de cabeza y ella asintió, ambos se levantaron y se encontraron casi en el centro del salón.
- Una fiesta un tanto aburrida – decía él.
- Aunque más no sea el vino es exquisito.
- No es lo único exquisito – Contestó galante.
- No tienes que esforzarte por halagarme, no es necesario
- No me estoy esforzando, sale naturalmente – Y rió, observando sin poder evitar el escote de la muchacha.
- ¿No será el hecho de deber estar juntos estudiando lo que te motiva a ser galante?
- Para nada.
- ¿Y tu novia? Hermione…
- En Hogwarts. – No pudo decirle que estaban distanciados, algo le decía que debía alejar la posibilidad de romance entre ellos dos, aunque una recóndita parte de su cerebro, seguramente la animal, le decía que se arrojara con todo y sin dudarlo, sacó esos pensamientos y concluyó - ¿Por qué tú no estás en el colegio?
- Mi padre me eximió de los estudios. Estamos inmersos en algo grande y poderoso, lo que aprenderemos aquí supera en creces a lo que aprenderé en Hogwarts. Es bueno saber que nada distrae tu mente ya que tu novia está allí y tu amigo en la academia- Comentó la chica levantando el rostro masculino apoyando un dedo en su barbilla – Mis ojos están un poco más arriba y definitivamente cuando uno habla con una persona debe mirarla a los ojos – Y sonrió
- Disculpa – Ron se sonrojó y ella rió más, de repente los acordes de una canción más movida retumbó en el salón y algunas parejas comenzaron a bailar – ¿Me permites? – Solicitó con una reverencia y la chica realizando una femenina pose asintió.
Envolvió en su brazo la cintura diminuta de la muchacha y tomó con su mano la mano que gentilmente la chica le ofrecía y de una manera habilidosa comenzó a desplazarse por el salón.
- Bailas maravillosamente – Le decía ella.
- Me han enseñado expertos maestros – Y dirigió su mirada a su tía la cual sonreía complacida. – Además tengo una excelente compañera.
- Gracias – Bailaron varias piezas, hasta que la música cesó.
Ambos fueron llamados al escenario donde estaba la banda por su tía y el hombre mayor que había visto acompañando a Astoria anteriormente.
- Señores – Dijo el caballero – Presento en sociedad a Astoria Greengrass, mi hija, para que ustedes decidan si es apta para pertenecer a nuestra comunidad.
Luego tomó la palabra su tía.
- Señores, presento a Ronald Weasley, mi sobrino, para que ustedes decidan si es apto para pertenecer a nuestra comunidad.
Un ligero murmullo se oyó en el salón, murmullo que incomodó a Ron, ya que suponía lo que significaba, él había luchado contra ellos en el pasado, él había ayudado a destruir a quien ellos habían designado para dominar el mundo, miró a su tía, pero ella le indicó que debía callar.
La fiesta terminó, se dirigió a la habitación para cambiarse.
- Puedes quedarte con el traje es un obsequio– Le decía su tía.
- No quiero regalos ni préstamos, no mientras no pueda avalarlos. Disculpa pero no quiero deberte nada tía.
- Aceptaste usar el traje.
- Lo acepté por ti, era a ti a quien te disgustaba verme mal vestido, a mi me tiene sin cuidado.
- Touche – remató la señora.
- Lo dejaré aquí, además no creo que sea bien visto en mi casa.
- Eres más astuto que yo
- Eso quisiera.- Miró hacia abaja pensativo y luego preguntó - ¿Tía?
- Si
- ¿Ellos me aceptarán?
- Si pruebas que eres merecedor de su confianza te aceptarán- y la dama se marchó para que se cambiara.
Se sacó el traje y quedándose en ropa interior se estiró, estaba muy estresado, fue cuando alguien abrió la puerta, él volteó para ver a Astoria observándolo con una sonrisa, luego de unos instantes de mirarlo de arriba abajo declaró
- Ahora estamos a mano, no era justo que tu pudieras verme desnuda y yo a ti no – Cerró la puerta tras ella y Ron rió, definitivamente Astoria era avasallante.
Resuelta, hermosa, sensual, todo lo contrario a… La imagen de Hermione lo hizo enseriarse, ella no merecía lo que le estaba haciendo, hablaría con ella y finalizaría completamente la relación, de esa forma él también se liberaría y podía dedicarse a estudiar con su tía sin nada que lo distraiga, pero ese pensamiento provocó que lágrimas cayeran de sus ojos.
No, nunca podría dejar a Hermione, y sin embargo era lo único que lo detenía de lograr ser mejor, paradójicamente sentía que al estar junto a ella era un ser superior.
¿Cómo lidiar con esos sentimientos contrapuestos? ¿Cuál de los dos era el correcto?
