Capítulo 6

Equivocándose

Ron corría desesperadamente, atravesando una frondosa jungla, sosteniendo de la mano aunque prácticamente arrastrando a Astoria detrás, aún más asustada que él.

Maldecía por enésima vez la prueba e imaginaba que ese bestial animal debía ser un boggart ya que la siniestra criatura duplicaba el tamaño de Aragog, lo cual ya era mucho decir.

¿Por qué arañas? ¿Por qué macrotarántulas? Incluso él se reprochó la ingenua pregunta.

Debían enfrentar sus miedos, y ese definitivamente era el de él.

De repente una pared invisible impactó en su cuerpo, el cual fue aplastado consecuentemente, por el de Astoria.

- ¡Maldita sea! ¿No quieren agregar un letrero gigante que diga la cena está lista? – Gritaba, sabiendo que los magos que los adiestraban estaban observando de alguna manera toda la escena.

Pronto, cualquier idea contra alguna persona desapareció, frente a ellos la enorme araña los observaba y se acercaba lentamente como decidiendo a quien atacar primero.

- Ridikulus – Declaró Ron apuntando a la criatura pero la misma ni se inmutó, Astoria lo miró interrogante – Boggart – Declaró él levantándose de hombros.

- Mi mayor temor no son las arañas y eso es lo que estoy viendo frente a mi, puedo asegurarte que no es un boggart.

- tal vez con un avadra – Ron daba ideas

- Es muy grande, se protegería con su cuerpo impenetrable, e imposible darle a su punto débil, los ojos.

- Un conjuro combinado

- Tal vez – Mientras razonaban iban corriéndose de lugar y el arácnido los seguía aún sin tomar acción, como también planeando una estrategia – ¿crucio?

- No eso la enfurecería – Ron pensaba en como distraer a la bestia para que pudieran darle muerte, entonces recordó su segundo año en Hogwarts – Las arañas le temen al basilisco.

- ¿pretendes invocar un basilisco?

- ¡No! Trasforma ese árbol en uno para distraerla y poder impactarla y luego lo deshaces.

- Bien – Astoria fue veloz en medio segundo cumplió con la orden de Ron y al ver a la enorme serpiente la araña retrocedió dándole al pelirrojo el tiempo justo para que, con una habilidad y sencillez desconcertantes, le impusiera la maldición imperdonable.

El arácnido cayó muerto y el árbol regresó a su estado original.

- Estuvo cerca – Bufó Ron.

- Así que le temes a las arañas.

- Si, al menos por ahora, pero eso no evita que las enfrente. ¿Y tú, a qué le temes? – Astoria dudó y luego respondió.

- A la vejez – Ron la miró interrogante – Verme arrugada como tu tía – Aclaró la chica.

- Pero es algo inevitable, todos envejeceremos.

- Yo no lo haré o lo haré con gracia y no terminando como McGonagall, seca y arrugada, antes me mato.

A Ron le pareció bastante banal la fobia de la rubia, pero él no era la persona indicada para criticarla con lo cual se limitó a asentir.

Se había apoyado en la pared y al esta desaparecer perdió el equilibrio, pero Astoria lo sujetó del brazo para que no cayera en un rápido movimiento que los llevó a estar pegados frente a frente, él estuvo tentado a besarla, era una sensación con la que luchaba desde que la conoció, pero Hermione apareció en sus pensamientos, se separó y le sonrió.

- Somos un excelente dúo – Sólo aclaró, al tiempo de comenzar a caminar en dirección a un claro donde ya los aguardaban seis magos, entre ellos su tía y el padre de Astoria que lo miraba seriamente.

- Felicidades, efectivamente solucionado el problema. – Declaraba la anciana.

- Gracias – respondieron ambos jóvenes al unísono.

- Ahora vamos, en las próximas semanas tendrán otra prueba, en esta ocasión no sólo no podrán desaparecer sino que además no tendrán sus varitas.

- ¿Qué? – Exclamó Ron - ¿Pretenden matarnos?

- Si no aprendes correctamente morirás – Contestó ásperamente el padre de Astoria antes de desaparecer con la chica, para luego hacerlo los otros magos, su tía se le acercó.

- No le agrado un ápice a ese hombre.

- Él es así, por algún motivo es sobre protector con su hija. Igualmente tiene razón. – Ron la miró atemorizado.

- No tengas temor, ya es hora de aprender uno de los mayores privilegios de ser un mago de sangre pura.

- ¿Qué?

- Que no hay límites para tu magia – y también desaparecieron.

Los días pasaban y Ron se maravillaba cada vez más de todos los conocimientos que le impartían, enseñanzas sobre estrategias y técnicas de combate cuerpo a cuerpo, pero especialmente de la magia.

Estando en Hogwarts aprendió mucho, pero esos conocimientos se limitaban a un solo tipo de magia, aquella que el Ministerio aprobaba para ser enseñada.

Y si bien él, al ayudar a Harry sabía de la existencia de otra clase de magia, como la oscura, nunca imaginó que hubiese muchísimas más.

Estaba la magia que surgía de los elementos naturales, la cósmica, la espiritual e infinidad de clases más.

Extraordinariamente todas estas variantes, por así llamarlas, no se invocaban con una varita, cada una requería diferentes pautas para ser ejecutadas, pero en su mayoría mentales.

Él conocía los hechizos verbales pero esto iba más allá.

Ahora entendía porque sus padres nunca se enfrentaban a los constantes desprecios de Muriel, la bruja era sumamente poderosa, peligrosamente poderosa a decir verdad y si bien sabía que nunca dañaría a un pariente, menos uno de sangre pura, de seguro en algún momento les habría mostrado su poder. O al menos eso creía.

- Nunca lastimaría a ningún mago de sangre pura – Interrumpía sus pensamientos la anciana, dándole a entender que sabía lo que especulaba.

- Aunque fueran traidores, como somos llamados.

- Llamarlos así no implica que nosotros creyéramos que eran traidores a nosotros, sino a ustedes mismos.

- Nunca lo interpretamos de esa manera – respondió Ron pensativo - ¿eso significa que en realidad no estamos en peligro real durante la guerra? ¿Qué hay de Fred? – Sus ojos se nublaron.

- Los accidentes suceden, las causas de su muerte fueron ajenas a nuestras intenciones.

- ¿Y cuando me envenenaron?

- Esa poción no iba dirigida a ti, y lo sabes.

- Dumbledore – La dama asintió.

- Además el responsable del equívoco fue aleccionado apropiadamente.

- No quisiera saber esa parte.

- deberás, no todo es color de rosa, hay reglas, bastante simples pero total y absolutamente inalterables que se castigan por su quebrantamiento severamente.

- Entonces durante las pruebas no estamos realmente en peligro – Reflexionaba el pelirrojo.

- No seríamos directamente nosotros quienes los atacamos, además si no superan la prueba sólo significa que no eran dignos de la sangre que corre por sus venas. Así que ahora basta de charla y a practicar.

Una semana después Ron desplegaba toda su frustración de la mejor manera que sabía hacerlo.

-¡Maldita sea! - mal decía por vigésima vez. Astoria se reía por lo bajo.

- Creo que de todas las misiones esta es la menos peligrosa - Decía.

- Tú porque no le tienes fobia a las arañas.

- ¡Y tú tampoco! - Él la miró interrogante - Si tuvieses fobia, te paralizarías frente al animal y tú no lo haces.

- Porque yo le huyo al peligro. - Declaró solemnemente y la chica rió más fuerte.

- Eres todo un caso Ron - Decía meneando la cabeza. El pelirrojo siguió caminando y ella lo observó detenidamente, era alto y bien formado. Por suerte en su estancia en la selva tropical tuvo la oportunidad de observarlo casi desnudo y fue toda una revelación.

¡Era majestuoso! Y más aún desplegando su poder, era un Dios.

Además era amable, y humilde, nunca se vanagloriaba de sus dones aunque él se supiese superior. Sin lugar a dudas era mejor que Malfoy en millones de sentidos y sonrió.

Lo único malo era que al parecer él no daba señales de sentir ninguna atracción hacia ella.

Lo había intentado todo, coquetear cuando la salvaba, cuando debían practicar juntos y provocar en todo momento tener contacto con él pero siempre la separaba suavemente, disculpándose. ¿De qué? Si nunca hacia nada. Pero aún tenía tiempo suficiente para seducirlo y estaba empeñada en lograrlo. Ron le gustaba, más que eso, la atraía, y hacia mucho que ningún hombre provocaba en ella ese efecto. La combinación de su salvaje erotismo y su ingenua actitud la enervaban de tal manera como hacia mucho no sentía.

-¡Maldita sea! - Una nueva maldición la sacó de sus pensamientos, creía que ese era el único defecto de su compañero, una habilidad impresionante para maldecir.

Llegaron a la cueva donde observaron a algunos arácnidos deambulando, lo más probable en búsqueda de alguna presa, llamaron su atención y las bestias rápidamente los siguieron.

Pronto atraparon a uno y eliminaron a los demás.

Iban caminando de regreso a su punto de encuentro, riendo de lo fácil que había sido, cuando de los árboles saltaron algunas arañas más, pero fue lo último que Ron pudo ver o sentir.

Poco a poco fue saliendo de su ensueño, pudo escuchar la voz de Astoria que hablaba con él, o más bien le susurraba palabras de aliento para que despierte. Al enfocar la vista la vio, parecía asustada y nerviosa.

- ¿Estás mejor? - Su voz temblaba al preguntarle pero la de él ni siquiera salía, comenzó a mover la cabeza y las extremidades y al intentar elevar una pierna la misma le dolió muchísimo - ¡Espera! ¡Tómalo con calma! ¡Te ha mordido una araña! - Sus ojos se abrieron de par a par - ¡relájate! ¡Te di un antídoto y en algunas horas podrás recobrarte por completo! Pero por ahora debes estar recostado.

Obedeció y observaba como la chica llevaba un paño aparentemente a su entrepierna con un líquido que al principio le hacia sentir una puntada pero luego alivió el dolor. Giró la cabeza y pudo ver su pantalón y camisa en el respaldo de una silla y luego sobre ella su ropa interior, se sonrojó sabiéndose desnudo frente a su compañera.

- No tienes nada de que avergonzarte - Le decía la rubia sonriéndole. Él respondió con una leve sonrisa el cumplido. Se dejó cuidar por ella, quien le sirvió y dio de beber agua y atendió más de lo que correspondía.

Cuando lo elevó para ver si comenzaban a responder sus músculos él llegó a decir.

- Gracias. Tenías razón, me siento como nuevo.

- No hay porque, somos compañeros, tú me has salvado muchas veces y nunca te lo agradecí.

- Eso no es así, siempre has sido muy amable conmigo. - Y ambos se miraron. Ella acercó su rostro al de él pero antes de besarlo la detuvo - Yo estoy aún en cierta forma comprometido.

- A mi nada de eso me interesa - respondió la muchacha y lo besó.

Ron correspondió el beso, hacía mucho que esperaba ansioso ese momento, Astoria sin darse o cuenta o con intención, eso él no lo sabía, lo incitaba cada vez que estaban juntos y él por caballerosidad y por respeto no sólo a ella sino más a Hermione la rechazaba amablemente.

En ese momento la imagen de Hermione despidiéndose desde el tren lo embargó y se separó lentamente, no podía olvidar esa despedida, que recurría a su mente cuando sabía que estaba actuando mal, y ese era uno de esos momentos.

- Lo siento.

- ¡No me rechaces Ron! Me gustas mucho, demasiado - Le imploraba la chica subiéndose sobre él.

- Astoria… Yo…

- Lo sé y te repito, no me interesa, déjame amarte, déjame sentirte, yo lo necesito, yo te necesito y tú me necesitas a mí. - Y volvió a besarlo, aferrándose a su cuello y apretando el agarre.

Ron no podía batallar con las sensaciones que surgían, notaba el cuerpo de Astoria vibrar sobre el de él que correspondía al estímulo, casi salvajemente.

Pero no podía apartar su mente de Hermione, sin embargo tampoco podía apartarse de Astoria.

Las sensaciones eran apabullantes, por un lado las emociones que le provocaba el fuerte sentimiento que embargaba su alma por Hermione y por otro la sensual atracción física por aquella mujer que comenzaba a desnudarse sobre él.

Y se dejó llevar, por la segunda de las sensaciones, hacia tiempo que deseaba a Astoria y el jueguito de compañeros de aventuras que compartían los peligros le era demasiado enervante para evitar sentirse así.

Además la chica era preciosa, voluptuosa y siempre fue amena con él. ¿Estaba buscando excusas? ¡No las necesitaba! Él era un hombre nuevo, un mago poderoso y mejorado, no necesitaba pedir permiso a nadie para tener sexo con Astoria.

Sexo. ¿Por qué sexo y no amor?

Porque al pensar en amor aparecía la figura de su castaña, que lo aguardaba para que él decidiera sobre su futuro, futuro que cada vez veía más lejano, máxime cuando sintió que la rubia tomaba su erección y se dejaba penetrar.

Ella llevaba el control, se movía rítmicamente, besaba su cuello, y mordía sus hombros.

Y no pudo controlarse más, la volteó dejándola debajo de él y la embistió suave pero poderosamente.

- ¡Si Ron, hazme tuya! ¡Más, más! - Pedía la chica descontrolada. De pronto él se detuvo y ella lo miró sorprendida - ¿Qué? - preguntó angustiosamente temiendo que él se hubiese arrepentido.

- No conozco ningún hechizo de protección, yo nunca - Y bajó la mirada, ella levantó el rostro del chico y sonrió.

- Continúa querido, yo tengo todo controlado. No te detengas más por favor. - Y se besaron apasionadamente, él penetrándola casi con desesperación.

Llegó al orgasmo junto con ella y se echó de lado respirando agitadamente.

- Yo lamento si no he colmado tus expectativas - Se disculpaba.

- Han sido más que colmadas - reía la chica colocándose de lado y observándolo.

Pero él miraba el techo, no podía olvidarse de lo que sintió al llegar al clímax, fue intenso, pero a la vez la imagen de Hermione se le presentaba, se sentía culpable y no era para menos, le había sido infiel, de la peor manera y además le había gustado, debía reconocer que Astoria era fascinante.

- Ella no tiene porque enterarse. - El comentario de la chica la hizo mirarla. - Yo no diré nada.

- No es eso, es una sensación que me supera.

- La culpa no es buena después de tener sexo. ¿Sabes como se sobrelleva? - Él movió la cabeza negativamente - Teniendo más. - Y Astoria bajó a sus partes privadas tomando posesión de su virilidad. Pero esta vez la apartó firmemente.

- No puedo, yo debo…

- Está bien, te comprendo. - Lo interrumpió - Esperaré que tomes una determinación, mientras tanto no debemos privarnos de nada. - Y le guiñaba un ojo, levantándose y comenzando a vestirse.

Cuando salió de la habitación Ron se desplomó en la cama, era definitivo, no podía regresar con Hermione, no por lo que acaba de pasar sino porque ella nunca se lo perdonaría y lo peor de todo es que aunque ella llegara a hacerlo él jamás podría.

Semanas después, era Astoria la que corría desesperada arrastrando a Ron.

Estaban en un pueblo abandonado en el medio de un bosque, entraron en una casa y la chica se escondió, temblaba como una hoja a tal punto que Ron la abrazó reconfortándola hasta que dejó de hacerlo.

Se levantó, colocó delante de la puerta principal e invocó un hechizo con sus manos, regresó donde estaba la chica y le habló

- Cálmate Astoria, cálmate – Le decía al tiempo de agacharse y acariciar su cabeza.

La chica lo abrazó fuertemente y sollozó incrustando el rostro en el pecho de él.

- Son mortífagos mestizos Ron, tú no los conoces.

- Me he enfrentado a varios.

- No entiendes – lo interrumpía ella mirándolo y hablando en un susurro, él podía ver el terror en su mirada – Mi padre es mortífago, me crié en ese ambiente, dónde ellos se movían libremente, más aún cuando Voldemort tomó el poder. Tú sabes que un meztizo puede ser un mortífago, pero los magos puros suelen ser despectivos con ellos. ¡No tengo que explicártelo! – Levantó sin darse cuenta la voz y miró aterrada a la puerta de entrada.

- tranquila, tardarán bastante en encontrarnos.

- ¿Seguro?

- Si cubrí toda la fachada con parte del bosque y algunas hiedras venenosas, les costará llegar.

- Realmente eres poderoso.

- Tú también, de lo contrario no estarías aquí.

- Gracias a ti, me has salvado el pellejo más de una vez.

- Tú también.

- Sólo una vez – Le decía ella sonriendo. Ron apartó la mirada.

- Debemos planear una estrategia, porque si bien tardarán en llegar, lo harán, tenemos que idear como vencer a los cuatro – Sintió que la chica volvía a estremecerse – ¿Por qué tienes tanto miedo?

- Los mortífagos mestizos son altamente despiadados – Declaraba la chica poniendo la mirada al frente y observando al vacío, sus ojos se nublaron como si recordara algo extremadamente doloroso – debido a ser despreciado por los magos puros y a su exclusión de aprender todo lo que sabemos, descargan su frustración de la manera más espantosa.

Lamentablemente lo averigüé en carne propia – Y comenzó a relatar su experiencia – Cuando Voldemort ascendió al poder, todos estaban exaltados, ellos aún más; mi padre realizó una reunión, yo estaba en la casa por las festividades y observaba la fiesta desde la escalera desde un primer piso, donde estaba mi habitación.

Yo en ese entonces salía con Fineas, un chico de Slytheryn de un año superior al mío, y ya habíamos tenido relaciones, con lo cual no me llamó la atención notar como poco a poco la fiesta se trasformaba en una orgía.

Es repugnante, ellos no hacen diferencia de sexo, son bisexuales, zoofílicos, pedófilos, nada los detiene.

Cuando los ánimos se caldearon, mis padres y otros magos se retiraron. Los que se quedaron esperaron un tiempo he hicieron aparecer una pareja de chicos, identifique que eran de ravenclaw, por sus uniformes un poco desarreglados, pero no los conocía por sus nombres.

Pronto comenzaron a rodearlos, la chica, que evidentemente era más chica que yo, tendría unos catorce años, o menos, se aferraba al muchacho que estaba más asustado que ella.

"Así que desobedeciendo reglas" llegó a decir uno "¿Acaso no saben que tener relaciones en Hogwarts está prohibido?" Y todos reían.

"No estábamos haciendo eso, regrésenos" Llegó a ordenar el chico, la verdad que su valentía me sorprendió, pero uno de los malditos le impartió un crucio, haciéndolo caer al piso revolcándose de dolor, la muchacha se arrodilló al suelo intentando infructuosamente de ayudarlo.

"Que romántico" Ironizaba otro que se acercó por detrás a la chica, jalándola de los cabellos y arrojándola sobre la mesa. – Astoria lanzó un profundo suspiro, cerró los ojos y sacudió la cabeza como intentando olvidar ese funesto recuerdo. Ron acarició su mejilla, ella lo miró y lágrimas comenzaron a correr por sus ojos.

- Le hicieron de todo – Ella negaba con la cabeza – Por los gritos desgarradores supuse que era virgen, aún así no tuvieron piedad o consideración. La penetraron todos, eran como quince. ¡Todos! De a uno, de a dos e incluso de a tres, jugaban con ella como con una muñeca, la mordían, la golpeaban– La rubia aferraba los puños a la camisa de Ron - Nunca olvidaré los lamentos y ruegos para que la dejaran. El chico no corrió mejor suerte, lo obligaron a violarla amenazándolo que si no seguía sus instrucciones y tenía consideración con ella él pagaría las consecuencia; pero no pudo obedecerlos, no sé si por miedo o porque amaba a la chica, no la lastimó y entonces lo violaron a él – Ron se estremeció – Deberías asustarte, si ella gritaba, no sabes como lo hacía él, sin misericordia lo embistieron y cuando se cansaron de jugar con ellos, los mataron impunemente.

Estaba asqueada y al querer irme choqué con una mesa y en un segundo tres de ellos me rodearon – La respiración de Astoria se agitó y comenzó nuevamente a temblar – "Soy la hija del dueño de la casa" Llegué a decir lo más segura que pude "Déjenme ir" ordené pero a ellos parecía gustarles más el hecho de saber quien era yo.

"Miren el postrecito que encontramos" Declaró uno de los que me aferraba y mi sangre se heló de solo pensar lo que me harían. Pude ver los cuerpos inertes en el suelo, de cerca era aún más aterrador notar las heridas que tenían, los muslos bañados en sangre debido a las brutales penetraciones y los cuerpos lacerados por las mordidas, golpes y maldiciones, grité llamando a mis padres pero me silenciaron con un hechizo.

"papito no te salvará" Me dijo uno lamiendo mi rostro, y sabía que era verdad, sería imposible que mi padre me escuchara, me arrancaron el camisón y arrojaron a la mesa donde minutos antes habían violado a los dos chicos, estaba llena de sangre, y comenzaron – Astoria cerró los ojos, Ron la abrazó, sin atinar a hacer o decir nada más y ella continuó con su desgarrador relato.

"Pero mira tú, la muy putita ni siquiera es virgen" Dijo el que me embestía y los otros victoreaban, pasó un segundo y un tercero, me penetraban sin compasión; yo no era virgen pero Fineas había sido suave conmigo y además no lo hicimos muchas veces, además ellos eran hombres, mi novio era un muchacho, sus miembros eran enormes o al menos era lo que me parecía en ese momento. Me arañaban, mordían y el dolor era más intenso debido a la bestialidad con la que actuaban, querían lastimarme y lo estaban logrando, yo lloraba sin parar, gritaba aún sabiendo que de mi boca no saldría ningún sonido, había llegado al límite de mis fuerzas y los que sostenían mis brazos al notarlo me soltaron, cuando el cuarto subió sobre mí y al notar mis manos libres, uní mis palmas y desee con todas mis fuerzas que ese hombre desapareciera; él se detuvo y me miró, nunca olvidaré su mirada, parecía desorbitado y comenzó a retroceder, para luego estallar en mil pedazos.

"Es uno de ellos" Llegaron a susurrar algunos, yo no entendía lo que significaba eso, pero en segundos mi padre y otros aparecieron y juntando sus palmas hicieron que los catorce restantes corrieran la misma suerte.

Así descubrí mi poder mágico, pero hubiese preferido que sea de otra manera y desde ese día les temo como a nada.

- Sin embargo no es tu mayor miedo.

- Si lo es, pero no estaba preparada para confesártelo en ese momento. Ahora es diferente. – Ron comprendía perfectamente lo que Astoria quería darle a entender y la miró a los ojos acariciando su cabello hasta que ella se calmó y continuó con su historia – Luego de eso Fineas me dejó.

- ¡Cretino!

- ¡No! Él nunca lo supo, nadie lo supo, pero al querer estar íntimamente conmigo yo me largaba a llorar y huía. Nunca más pudo estar con alguien. – Ron besó su mejilla.

- Me alegra que lo confesaras, verás que al hacerlo eso aliviará tu temor. – Astoria sonrío.

- O sea que además de un poderoso mago eres psicólogo, aunque creo que dicho trauma está superado – Llegó a bromear pero su gesto cambió al escuchar un sonoro golpe en la puerta principal, lo cual puso en alerta a ambos chicos.

Ron se incorporó y le hizo un silencioso gesto, ella asintió dando a entender que comprendía y subieron al primer piso por la escalera, una vez arriba él le preguntó.

- ¿Crees poder repetir el hechizo que te salvó en aquella oportunidad? – Ella volvió a asentir – Bien. ¿Podrás encargarte de uno, mientras yo me ocupo del resto? – Ella asintió nuevamente pero se notaba el pánico en sus ojos, Ron la tomó de los hombros y le dijo – Somos extremadamente más poderosos que ellos. Todo saldrá bien – Y atrayéndola hacia él la besó, Astoria respondió el beso, luego de unos instantes se separaron, él le hizo un guiño de ojos y se asomaron para ver a los cuatro hombres que ya habían ingresado al recinto de la planta baja, quienes al verlos comenzaron a avanzar hacia ellos.

- Nos daremos una linda fiesta con ustedes dos. – Reía uno de ellos. Ron miró a Astorga y le indicó que iniciara su ataque.

La muchacha, venciendo su miedo, junto las palmas y se concentró en destruir a la persona que estaba frente a ella.

El hombre no parecía inmutarse y Ron comenzó a ver con que armas podía luchar contra los otros tres, quienes, varita en mano lo apuntaban amenazadoramente.

Súbitamente el mortífago ya subido a los primeros peldaños de la escalera, comenzó a empalidecer y a retroceder sobre sus pasos, los otros tres preocupados observaron a su compañero, quien giró a verlos al momento de estallar en mil pedazos.

Todos se agacharon para evitar que los despedazados miembros del hombre los impactaran y Ron aprovechó la ocasión para, con un movimiento de sus manos levantar por el aire un sillón detrás de dos de los individuos que cayó pesadamente sobre ellos dejándolos inconscientes.

Pero, a pesar de su rápido movimiento, el tercer maleante que ya se había recuperado del impactante suceso anterior, lo apuntaba con su varita diciéndole.

- Pagarás caro la muerte de mi hermano. – Cuando se disponía a lanzarle un hechizo Astoria apareció por detrás y le clavó una de las patas del sillón que había convertido en una especie de estaca, directo en el pecho.

- Tú no dañarás a nadie más – Decía al tiempo que el cuerpo del mortífago caía arrodillado, para luego desplomarse en el piso, sin vida.

Ron miró a la chica, que demostraba en sus ojos que todo el miedo que tenía se había convertido en odio y lo cierto es que por su mente pasó la idea de cual sentimiento sería mejor.

- Gracias – Llegó a decirle acercándosele.

- De nada, de no haber estado tú aquí, yo no hubiera sobrevivido.

- Aún no hemos terminado, debemos salir del pueblo, atravesar el bosque y llegar al claro indicado y ellos dos están con vida.

La chica volteó y tomó la varita del mortífago muerto en el suelo.

- Avada kedavra – La maldición impactó sobre uno de los inconscientes hombres. Cuando iba a lanzársela al otro Ron la detuvo

- ¿Qué haces? No puedes hacer eso – Ella lo miró interrogante – Nosotros no somos asesinos, lo que hacemos es para salvar nuestras vidas.

- Te equivocas, no sé que te enseñan a ti, pero a mi me enseñaron a no tener piedad con ninguno, fuera de mi clase.

- Entonces no eres tan diferente a ellos – Declaró Ron y Astorga lo apuntó con la vara.

- ¡Retráctate! Yo no soy una bestia como estos monstruos.

- ¿Segura? – Ron no retrocedió, al contrario, avanzó y colocó la varita en su pecho - ¿Me matarías? ¿Lo harías? – Le gritó, ella bajó el instrumento y se lo entregó, pero él no la tomó.

- Sabes que no lo haría.

- ¿Y si fuera un mestizo o sangre impura?

- No lo eres.

- ¿Si lo fuera?

- Nunca nos hubiésemos conocido. Y definitivamente tu suerte no me importaría.

Ron acababa de comprender que, como su tía le había dicho, no todo era color de rosa, que a pesar de las maravillosas enseñanzas y la igualdad de la que gozaba estando con esos magos, si su condición fuera diferente sería tratado discriminatoriamente.

Recordó las veces que Malfoy, los trataba despectivamente a Harry y a él y peor a Hermione y confirmó para sus adentros que no quería terminar de esa manera.

Definitivamente él no estaba a favor de ello, pero se encontraba en una encrucijada, romper el pacto que había jurado iba a ser difícil, casi imposible.

Giró y salió de la casa seguido de Astoria, que antes de unírsele asesinó al cuarto mortífago sin darle importancia la vida del mismo.