Dos semanas en Londres ya en su trabajo y de vuelta a su vida normal, Candy sentía que había perdido algo, alguna parte de si misma, una parte de su corazón se había quedado con el, y esas ultimas palabras que salieron de su boca no la resignaban a dejarlo ir, debía olvidarlo, pero no podía, estaba tan dentro de su alma que dolía recordar lo que vivieron en Escocia, escribió como siempre a su hermano pero omitió muchos detalles y su carta carecía del brillo y la alegría que la caracterizaba y Anthony que conocía mejor que nadie a su hermana lo percibió entre líneas, sus amigos notaron el cambio pero no le reprocharon nada.

Un día normal en Londres, 15 días desde la última vez que se vieron Albert entraba en la Dirección del Hospital St. Thomas solicitando ver a una enfermera en particular, la jefa de enfermeras no le negaba nada y las demás enfermeras revoloteaban alrededor de aquel hombre elegante y apuesto. Lo pasaron a una habitación privada y salieron en busca de Candy, mas tardaron en encontrarla que en correr el rumor del hombre maravilloso que la esperaba

-¡Candy!… donde te habías metido, te buscan en la habitación privada de visitas – le dijo una de sus compañeras con cara de curiosidad atenta por si le revelaba algo del visitante

-¿Pero quien es? Mis amigos están trabajando todos a estas horas ¿habitación privada dices? – preguntaba extrañada de que alguien quisiera verla y que además lo pasaran a una habitación privada

-Ahí parada no vas a saberlo pero es un hombre, alto, rubio ahhh y muy guapo – le dijo esta suspirando

-¿Un hombre?... – Albert pensó, su corazón saltaba a revoluciones impresionantes, el estaba ahí, tan cerca, ¿que debía hacer?... ¿que debía decirle? Un romance no podía ser y no sería nunca, debía rechazar cualquier intento de acercamiento, estaba tan nerviosa que no se movía del sitio solo pensaba tan rápido que su compañera noto su turbación

-¡Estas pálida! si quieres yo voy y le digo que no deseas verle.. – le sugirió la compañera con ganas de hablarle a el hombre misterioso

-¡No! yo… voy enseguida, gracias por avisarme – le respondió Candy mientras caminaba despacio trazando algún plan, llego a la puerta, puso la mano en la manija y respiro profundamente con los ojos cerrados en un falso intento de calmarse

-Al entrar lo primero que percibió fue su aroma tan varonil uno que recordaba tan bien como si hubiese sido ayer abrazada a su cintura con el rostro en su pecho escuchando su corazón, a los pies del Castillo de Aberdeen, esto no ayudaba a su plan de separarse y olvidarlo ….. le comenzaron a temblar las manos, para que el no se diera cuenta las junto en su espalda y le saludo sin acercarse

-Buenos Días Albert, espero que no hayas esperado mucho

El estaba en un sillón de espaldas a la puerta observando a los pacientes en el jardín junto a las enfermeras, perdido en sus pensamientos no había escuchado la puerta abrirse, pero si la escucho a ella saludarle, en seguida giro la silla, se levanto de ella y solo pudo dar dos pasos, al verla con el uniforme y la cofia de la cruz roja, su corazón palpito tan rápido que sentía la sangre correr por cada vena de su cuerpo, se veía hermosa, de repente las palabras huyeron, su discurso bien preparado, las razones por las que ellos deberían estar juntos, solo la miraba profundamente con infinito amor y admiración, hasta que para romper el silencio ella hablo.

-¿Como esta Pauna?... ¿vienes a contarme como le fue con la sorpresa a su madre?... estoy segura de que le encantó, me hace falta reír con ella, es una niña encantadora, en cuanto la veas dale mis saludos y mi cariño, no he podido escribirle como le prometí, pero lo haré eso es seguro

-Candy… Ella esta bien y a Rose le encanto la sorpresa, la hiso muy feliz pero no estoy aquí para eso, vine a verte a ti, a hablar contigo, a decirte que no te he olvidado… - le decía tomando el valor para acercarse a ella, pero ella al ver su intención retrocedió diciendo

-Albert, por favor ya todo había quedado claro, seriamos amigos y continuaríamos como si nada hubiese pasado – le decía reprimiendo las ganas de correr a sus brazos

-¿Como si nada hubiese pasado? No puedo hacer eso, no puedo olvidarlo, ni mucho menos lo que me haces sentir….. ¿tu….. lo hiciste Candy?... ¿Olvidaste todo? – decía esto mientras se acercaba acorralándola entre el y la puerta

-Por lo que mas quieras Albert, no insistas, lo nuestro no puede ser, no debe ser – apartaba el rostro mientras temblaba por se cercanía

-Lo que mas quiero eres tu princesa – tomo su barbilla y la besó

El beso, ese beso, fue mas profundo, estaba lleno de súplica y de necesidad, el tomo su cintura con una de sus manos pegándola a su cuerpo, la otra se enredaba en su cabello sobre su cuello, las manos de ella se posaron sobre su pecho, tratando de detener en vano la invasión, para luego acariciar lentamente todo a su paso hasta su cuello, querían más, deseaban mas, pero para ella no podía haber más, si se dejaba llevar por sus sentimientos ahora, todo sus temores se harían realidad, prefería perderlo y estar sola queriéndolo siempre, que tener su odio por todo lo que representaba Annabelle Campbell, su matrimonio con otro hombre, su posición, eso sería doloroso para ambos les desgarraría el alma, no podían continuar, era mejor romper todo lazo ahora, toda esperanza, pero….. tal vez si se lo contaba, la entendería y la ayudaría a deshacer el matrimonio …. ¡NO! Su padre y Tom jamás permitirán que un Campbell no cumpla con su palabra, y el mismo Richard Campbell la había dado. Ella cobro valor ante todas estas razones y separo el beso bruscamente marcando distancia entre los dos

-¡Basta Albert!, no sigamos jugando esto, sabemos muy bien que no podemos estar juntos, somos muy diferentes, no hay cabida en tu mundo para mí y tú no podrías vivir en el mío eres un magnate, acaso no te diste cuenta de ¿cómo te miraban todas las enfermeras?, Acaso no te das cuenta como tu presencia desentona en este lugar - dijo señalando el espacio pequeño con una mesita de madera en una esquina, el sillón en el centro en que había estado el y los muebles "sencillos" para lo que el estaba acostumbrado - tu clan jamás dejará que tengas algo que ver con una enfermera, pobre y sin familia ¡como yo!, serás la burla de la alta sociedad, es mejor que lo entiendas ahora

-Como puedes pensar que todo eso me importa más, pueden decir y pensar lo que quieran, podría vivir contigo en cualquier lugar...yo... - suspiraba audiblemente de frustración y desesperación - que tengo que hacer para que me creas, para estar a tu lado, ¿dejarlo todo?... Sabes bien que no puedo toda la familia depende de mi y yo dependo de que tu decidas venir conmigo

-¿Y quieres que yo lo dejé todo?...tampoco puedo hacerlo Albert, no insistas mas - decía buscando cualquier excusa creíble, esto desató en ella la rabia que estaba guardada, en contra de la situación, en contra de ella misma pero la descargo sobre el - mi vida estaba hecha antes de que tu aparecieras, tengo planes, amigos, era feliz y luego tú pretendes que te incluya, ¿pero como?.. Qué crees que pensaran de mi estando con un hombre como tú, seré una caza fortunas, una aprovechada disoluta, no podría ver a la cara a tu familia después de eso, podrían despedirme del hospital - no pudo contener algunas lágrimas que se escaparon y las limpio con rabia - vete Albert no quiero saber más de toda esta historia, lo que vivimos en Escocia se quedo allá

-¿Por qué nos haces esto?, acabas de demostrarme con ese beso que no fue algo pasajero yo estoy dispuesto a luchar por ti, por los dos, en contra de quien sea y como sea…. por qué te amo - dijo el dejando totalmente paralizada a Candy, al cabo de unos largos segundos de silencio el cual sus miradas no se apartaron ella sacó el orgullo de los Campbell y la fuerza para contestar, el la vio respirar profundamente y erguirse sin llorar

-Lo siento Albert, si no puedes ser mi amigo…. Adiós - ella abrió la puerta y salió de la habitación, dejando a Albert de pie tratando de asimilar lo que ella había dicho, esas ultimas palabras que partían en pedacitos dos corazones

En cuanto ella salió de la habitación miradas curiosas se posaron sobre su rostro, no lloraría, no armaría un espectáculo frente a todos, reteniendo la respiración camino lo que le pareció una eternidad por el pasillo directo a la sala de enfermeras, miro el reloj, le quedaba 30 minutos para las 12:00 y el cambio de enfermeras era a la 1:00pm, lo soportaría … su turno terminaría y se dirigiría a casa

Temblaba tanto que apenas podía caminar y su visión comenzaba a nublarse, estaba entrando en Shock Emocional, su mente aplicaba sobre su cuerpo el conocimiento aprendido, debería mantenerse tranquila y en pie, miraba fijamente algo que no estaba, daba vueltas por los pasillos, luego se sentó en la sala rellenando el informe para su relevo pero le costo escribir, pensar…..hasta que busco practicarse a si misma el procedimiento psicológico, debía mantener la calma… usaba frases como… Tranquilízate todo esta bien... respira, despacio o te hiperventilaras y terminaras desmayada, piensa en algo, un animal o un paisaje….. continuaría así hasta el cambio de turno.

El había salido tan rápido del hospital que no se percató de nada ni de nadie, tropezó con la misma enfermera que le aviso a Candy que la esperaba, pidió disculpas sin siquiera verla y siguió su camino pero dejó tras de sí un objeto, un broche que había pertenecido a su padre y siempre llevaba en la cara interior de la chaqueta, la enfermera trato de alcanzarlo pero se había ido, en cuanto vio a Candy bastante rato después sentada en la sala de enfermeras como ida hablando en voz baja, tan pálida y blanca como un papel, dedujo que había pasado algo grave entre ellos que la había dejado a ella en ese estado de shock, la calmo un poco le dio un vaso de agua y un brebaje a base de manzanilla y otras hiervas que utilizaban para calmar a pacientes en este estado, pero antes de dejarla para hacer sus rondas abrió sus manos que permanecían en puño y depósito el broche

-Es de él Candy, pero no pude alcanzarlo, debes drenarlo, o caerás al suelo desmayada, ¡lo sabes!, Vete a casa, yo le entrego esto a tu relevo, aun me quedan un par de horas aquí - acaricio sus manos y salió de la sala

Albert llegó hecho una furia a la villa de los Brower, en donde se estaba quedando. Pasó de largo sin saludar a su hermana y sobrina, subió a su habitación y estas se quedaron tan sorprendidas como preocupadas de verlo de esa manera, salieron tras el, pero solo escucharon un portazo que seguro hizo vibrar la villa entera, dejándolas en el sitio muy asustadas

-¡Jamás! nunca una mujer me había rechazado, y de esa manera - decía lanzando maldiciones - son excusas, todas fueron excusas baratas - para calmarse se sirvió un vaso de whisky y lo tomo de un tiro, luego otro y en cuanto se iba a servir otro lanzó la botella entera a la pared estallando como toda su rabia convirtiéndose en dolor

-Pauna, ve a tu cuarto ahora mismo, es una orden - dijo Rose a su hija dirigiéndose a la habitación de su hermano. Ella suponía que era por el compromiso e inmediato matrimonio y que no podía seguir con la chica que conocieron en Escocia, ya Pauna la había puesto al tanto... - ¿Bert que...? - se detuvo al ver a su hermano sentado en la cama con la cabeza enterrada en sus manos, no dijo más palabras y se sentó a su lado para consolarlo, abrazándolo y acunándolo como un niño - ¿La amas?... ¿A la enfermera? - preguntó sintiendo el profundo dolor de su hermano como propio

-Demasiado, y no puedo culparla, tiene razón en todo lo que me dijo, no podemos estar juntos, yo…. estaba dispuesto a todo Rose, a romper ese compromiso y pactar con los Campbell un nuevo acuerdo, si ella me decía que me amaba pero solo me dio razones para separarnos sin inténtalo, ella no me ama, al menos no lo suficiente para luchar conmigo

-Bert, mi pequeño Bert lo lamento tanto, la vida es muy injusta a veces, pero puede que pase algo mañana que permita que tú y ella...

-Interrumpiendo sus palabras, William Albert Andrew se levantó de la cama y suspiro profundamente - lamento esta escena tan patética Rose pero no hay nada que hacer, así pasaron las cosas y debo aceptarlas, voy a... Arreglar otros asuntos tengo mucho trabajo últimamente, también debo hacer algunos viajes para concretar acuerdos, nos veremos en la cena

Ella no recordaba cómo había caminado hasta el apartamento que compartía con Anny, pasó sin saludar al portero ni a sus vecinos que la miraban extrañados, ella siempre irradiaba vida y alegría, fue consciente de sacar sus llaves del bolso girar la perilla, entrar y cerrar la puerta...entonces detonó todo, exploto algo dentro de su pecho… dolor, un inmenso dolor, como mil cuchillos atravesándola, como si de pronto le costará respirar cayó al suelo llorando como una niña, aún apretaba el broche que cabía entero en su mano pequeña, con tanta fuerza que se hacía daño, pero ella no se percataba de esto, el dolor más profundo estaba en su alma.

Anny que estaba en casa casualmente había pedido permiso por qué tenía una cena familiar con Archie y debía prepararse, salió de su habitación rápidamente

-¿qué pasó Candy? no me asustes así… ¿que tienes? porque lloras de esa manera - decía mientras se arrodillaba junto a ella en el suelo a punto de llorar también, pero Candy no podía hablar hipaba y lloraba, sollozaba y apretaba más el broche hasta que la lastimo tanto que comenzó a sangrar - ¡POR DIOS! - dijo Anny mientras le abría la mano a fuerza para sacar el objeto y colocarle algo en la mano herida, por fin ella emitió palabras entrecortadas pero no pudo decir nada más

-Lo perdí Anny, yo... Lo he perdido - y se acurrucó en su regazo llorando más

-Llora todo lo que quieras ahora, saca todo lo que tengas acumulado, yo estaré aquí, te prepararé un baño caliente y un té - decía Anny mientas le acariciaba la cabeza, se había dado cuenta, era por el escocés reconoció la insignia del broche, en la villa de Aberdeen estaba por todos lados

Al fin Candy se había quedado dormida de tanto llorar, él té hizo efecto y el baño que le preparo Anny también, estaba tan preocupada que la vigilaba desde la puerta de su habitación junto a Archie que había llegado a recogerla

-¿no podríamos suspender la cena Archie? ella no está bien, si la hubieses visto en el estado que estaba, se sentía morir, solo me di cuenta que era por el Señor Albert, no sé más detalles

-¡Lo sabía!, que esa cercanía de ambos les traería problemas, son muy diferentes y no iremos a la cena Anny, no podemos dejarla así, y sola - entrecerró la puerta para que descansara y se fue con Anny a la cocina

-Una hora después ella despertó sobresaltada mirando a todos lados con angustia hasta que encontró en su mesita el broche, lo coloco en su pecho y se acostó de lado hablándole como si él pudiera escucharla

-Perdóname Albert por favor, no podemos, no debemos, perdóname por todo lo que te dije fui muy dura contigo y tu me dijiste que me amabas yo…. No puedo corresponderte - lloro un rato y luego cayó en la inconsciencia del sueño

Un mes se había cumplido de los dos meses de plazo y no sabían nada de Annabelle Tom y su padre estaban a punto del desespero total, viajaron a Southampton a hablar con Anthony quien les explicó que los términos están bien plantados y que lo más seguro es que se quedarán con la peor parte de las constructoras, ellos tenían derecho a decidir por la mejor parte por ser propietarios a partir de la disolución del contrato, Tom y Richard Campbell no querían dar su brazo a torcer, así que suplicaron su ayuda, usarían todas sus influencias para encontrarla. El también se vería inmensamente afectado, estaba todo de cabeza, Anna no le escribía en dos semanas y su ultima carta fue tan vacía que sospechó que algo debía ocurrirle

-Debo ver a Anna, hablar con ella, esta situación es grave porque compromete todo nuestro esfuerzo, nuestra familia entera depende de las constructoras, ella mencionaba que era feliz siempre, pero ahora algo cambio ¡SE ACABO! Iré a verla - se decía Anthony a solas en su despacho

Pauna corría de un lado a otro con agua y paños limpios, la preocupación crecía en la Villa de Los Brower, la tía abuela pedía explicaciones, su único sobrino y patriarca de los Andrew estaba terriblemente enfermo por descuido propio, pero él nunca había estado así, que había ocurrido, Rose nerviosa le contó a su tía que no paro de trabajar en 3 semanas, entre viajes George le escribió preocupado que casi no comía ni dormía, solo se dedicó a trabajar, cayó en un avanzado estado de depresión y deshidratación, los médicos creían que podía ser influenza y evacuaron la villa, su hermana fue la primera obligada a salir por su salud siempre delicada pero Pauna no quiso irse negándose a abandonar a su tío, llorando al verlo en cama con una fiebre altísima se abrazo a su tía

-¡No quiero que muera! No es justo Tía, el estaba tan feliz en Escocia con Candy, luego volvimos a Londres y todo cambio

-¿Candy?... ¿quien es Candy Pauna? y no me ocultes nada y tu tío no va a morirse – le decía Elroy con severidad y preocupación

Le conto todo, lo de Escocia, lo del portazo y como su madre calmo la situación, le conto quien era Candy y en donde trabajaba, sugirió ir a buscarla, era enfermera y podía cuidar a su tío mucho mejor que ellas, pero Elroy Andrew no salía de su asombro y rechazo, por culpa de esa muchacha William estaba así, debía hablar con ella y dejarle claro su posición y que no permitiría que se le acercara mas, así que tomo rumbo al hospital en donde le comunicaron que ese día ella estaba libre y que podía encontrarla en su casa, le dieron la dirección y no perdió tiempo….

...


el shock emocional es el resultado de un evento traumático que abruma a la facultad que tiene un individuo para hacer frente a las emociones que siente. El trauma psicológico experimentado puede causar secuelas permanentes o a largo plazo. Se debe saber que el choque emocional es uno de los factores que contribuyen al inicio de la depresión. Puede ser desencadenada tras un duelo, una decepción en el amor, un problema familiar, un accidente. En la mayoría de los casos, el shock es causado por un evento adverso.

El shock emocional es un "choque" y casi siempre lo desencadena un acontecimiento infortunado, a veces inesperado o aunque así sea, desencadena muchas reacciones: Negación (no puedo creerlo), ira (cómo me fué a suceder), culpa (si lo hubiera sabido, si estuviera allí), tristeza (no puedo más), depresión (no quiero vivir, traducido a no quiero estar aquí). Esto es propiciado por la adrenalina que se descarga al sistema nervioso y a la corteza cerebral, desencadenando lo clásico "huír o pelear" pero se revierte hacia sí mismo. La persona no sabe qué hacer, puede desmayarse (mecanismo de fuga), sufrir un ataque de angustia (semejante a un infarto al miocardio) y si el choque es muy fuerte, quedarse "fría" en los primeros momentos para derrumbarse después... esto es lo más peligroso

Día 2, del Dos por uno…. Me dio mucha tristeza que por ser tan tercos sufran de ese modo, pero a veces así es la vida, todo se arreglará y adivinen quien será el héroe o Heroína…. Hasta Mañana. Saludos