Capitulo 8
Enterándose de la verdad
Segunda parte
- Realmente no sé por donde empezar.
- Desde el principio y sin obviar nada.
- ¿Nada?
- Nada, por más doloroso que sea.
- Luego de irte a Hogwarts, me dediqué a buscar respuestas a mi duda.
- ¿Duda? Pensé que no sabías que sentías.
- Sólo sabía una cosa, dos en realidad, sabía que estando contigo era más fuerte, pero a la vez más débil. Y por mi mente pasó el hecho de que tal vez la pureza de la sangre estaba relacionada con todo eso.
- Y recurriste a Muriel.
- No sin antes investigar por mi cuenta lo más que pude. Ella me abrió los ojos a un nuevo mundo, maravilloso, al menos era lo que yo creía. – Hermione lo miró de tal forma que se sintió asqueado – No me mires así, no puedes juzgarme, no tienes ese derecho, no aún.
- ¿Aún? Significa que al final de tu relato puede que te pueda juzgar.
- No significa nada, sólo quería buscar la excelencia, hacerme un mejor mago.
- ¿Para qué?
- Mala pregunta, deberías preguntar por quién. – Hermione lo miró y sus ojos se abrieron de par en par.
- Por mí. – Ron sólo asintió y ella se levantó - ¡No te atrevas a decirme que esto lo has hecho por mí!
- Pero es la verdad, tú eres… eres… yo creí que tu eras…
- ¡Dílo!
- Mi perdición. – Hermione no pudo evitar que silenciosas lágrimas surcaran por sus mejillas, Ron se levantó, pero ella lo detuvo.
- Ni te atrevas a tocarme. Pensé que eras mi amigo, pensé que estaba enamorada de un hombre digno de ser amado.
- ¿Estabas? – Hermione cerró los ojos.
- Yo no podré dejar de amarte, en eso no te equivocas, pero difícilmente logre perdonarte lo que has hecho aún sin saberlo al igual que tu infidelidad, y menos si intentas echarme la culpa a mí.
- No es así, yo me sentía mal cuando estaba contigo, me sentía inferior, me sentía menos y a la vez me sentía poderoso, y especial, pero no lo entendí hasta ahora el por qué, no hasta que te vi y comprendí que era yo el del problema, era yo el equivocado.
- ¿Tienes sangre en tus manos Ron? –
- No, no soy un asesino. No soy un mortífago, si eso es lo que te preocupa. Pero te puedo asegurar que hay algo peor que eso detrás de tanta mala publicidad, un secreto mejor guardado que la piedra filosofal.
- Fue destruida.
- Esa no es la verdad – Hermione se sorprendió.
- Dumbledore, él nunca…
- Él era sólo un director de escuela, obsesionado en buscar unas reliquias que sin darse cuenta tuvo siempre frente a sus narices. – Hermione blandió su varita apuntándolo amenazante.
- No te atrevas a faltarle el respeto a Dumble… - Y ante el movimiento de una mano de Ron su vara salió volando de sus manos hasta las de él – Pero…
- Te lo dije, soy muy poderoso, más de lo que crees.
- Me voy – Dijo sin más, abrió la puerta e intentó salir pero una barrera invisible se lo prohibió. - ¡Qué diablos!
- No es propio de una dama mal decir.
- No eres el indicado para corregirme. Deseo irme.
- Has hecho una promesa, y la debes cumplir.
- Las promesas verbales no son legítimas y no generan obligación real, solo moral.
- Sí son legítimas en este recinto. – Hermione golpeaba al aire intentando salir, cuando notó que iba a ser imposible retirarse regresó al sofá, se sentó y cruzándose de brazos miró a Ron. – realmente lo siento, lamento haberte engañado.
- Parece que ya es una costumbre – Ron se le arrojó encima, la apresó entre sus brazos y la miró de cerca de los ojos. - ¡Suéltame!
- ¡Debes mirarme directo a los ojos! – Le ordenaba él evitando con su fuerza que ella pudiera escaparse - ¡Mírame! – Ordenó y Hermione obedeció. – Te ruego busques al Ron que conocías en mis ojos, te imploro que me digas que aún tengo esperanza de ser salvado, de redimirme de todo lo que he hecho y a todos los cuales hice daño. Se que no lo merezco, pero en este momento es lo que más deseo en todo el mundo.
- Dijiste que no había sangre en tus manos.
- Hay mil maneras diferentes de dañar a las personas sin matarlos. Más de las que tú misma puedes llegar a imaginar. Por favor, dime que aún puedo regresar a lo que era.
Hermione lo miró directo a los ojos, por un instante sólo pudo compararlos con los helados de Draco, los cuales había visto de cerca, mucho más de cerca de lo que ella misma habría querido y comenzó a negar con la cabeza, pero de pronto divisó una luz, diminuta y casi imperceptible que brillaba en el fondo de esas orbes de un cobalto tan profundo como la pena que de ellas emanaban. Y esa luminosidad le mostró un color azul cielo, esperanzador y sin dudarlo, besó a Ron, aferró las manos en sus mejillas e invadió con su lengua la boca; el beso fue correspondido, con desesperación y vehemencia, Hermione sintió que su rostro se humedecía y creyó que eran sus lágrimas, pero definitivamente ella no estaba llorando; alejó el rostro de Ron del suyo y miró sus ojos empañados, sus mejillas mojadas.
Ron lloraba como un niño, como lo había visto al finalizar el funeral de Fred, escondido en el cobertizo, para que nadie lo viera, pero ella lo hizo, y lo abrazó y consoló, fue su manto de lágrimas y prometió que nunca nada malo les pasaría a ellos. Y repitió en ese mismo insatnte esa promesa.
- No permitiré que nada te suceda, yo te protegeré, pelearé contra un ejército de ser necesario, pero necesito saber toda la verdad, lo necesito desesperadamente.
Ron se quedó abrazado a ella, con su boca apoyada en su hombro, el cual besaba de tanto en tanto, pero no había nada sensual, en esos besos, sólo eran una demostración de necesidad, la misma que un amigo imploraba a otro. Ella acariciaba su cabello y lo consolaba hasta que él se compuso, se levantó y bebió de un sorbo el resto de líquido de su vaso, para luego llenarlo nuevamente.
- Lo que te diga desde ahora, pondrá en peligro tu vida. ¿Aún quieres que continúe?
- Muchas veces mi vida estuvo en peligro.
- No estará Harry para salvarte esta vez.
- ¿Y tú? ¿Tú estarás?
- Yo daría mi vida por ti, si ello fuese necesario.
- Entonces no necesito otro seguro más que ese.
- Hay una logia, una secta de magos puros, que dominan a toda la sociedad mágica sin absolutamente nadie saberlo.
- ¡Los excelsior! – Exclamó Hermione llevándose una mano a la boca. Ron quedó sorprendido. – ¡Por favor Ron, no me digas que te has reunido con los excelsior! – Casi sollozó ella.
- No – respondió él, ella largó un suspiro de alivio pero quedó helada al escuchar lo que siguió – Yo soy un excelsior.- Hermione dejó caer el vaso que portaba en su mano y se levantó del sillón - ¿Cómo conoces sobre ellos, se supone que somos…?
- ¿Secretos? – Completó ella - ¿Hola?– Ironizó - Absolutamente todo. ¡Todo! Está en los libros, incluso los excelsior. –
- Era paret de tu lectura ligera - Ella asintió, mirándolo de forma interrogante.- ¿Qué? – Preguntaba indignado él – ¿No entiendes como pertenezco a una de las sectas más poderosas de magos o no entiendes como es que me metí en este lío?
- Para serte total y absolutamente sincera, ambos. –Resopló ella. – Ya has firmado el contrato sanguíneo.
- No, sólo el verba.
- Aún tienes salvación.
- Un contrato verbal es tan poderoso como uno sanguíneo. Tú acabas de comprobarlo.
- De eso no hay dudas – Declaró Hermione – Pero hay una salida, hay salida a los contratos verbales, se donde buscar, debo ir a Hogwarts, entraré a la sección prohibida, buscaré el libro de donde saqué la información y encontraré la forma de liberarte de tu contrato.
- ¿Crees poder hacerlo? - Una luz de esperanza iluminó el semblante de Ron.
- ¿Acaso no soy la bruja más inteligente de mi generación?
- Y la más soberbia también – Agregaba él.
- ¿Quién más lo sabe? - Preguntó sin hacer caso al comentario.
- Nadie.
- ¿Por qué?
- Porque sólo confío en ti.- Ambos se miraron, él aún sentado, ella de pie a dos pasos de distancia – Será extremadamente peligroso – Declaró.
- Mil ejércitos no me detendrán – Contestó resuelta ella. Ron se puso de pie y avanzó un paso.
- Si me acerco más… – declaró él titubeando – No habrá marcha atrás – pero no hubo respuesta por parte de Hermione, ya que fue ella quien dio el paso que faltaba, arrojándose a sus brazos y besándolo con pasión.
Él la aferró a su cuerpo y la alzó en sus brazos llevándola a su habitación. Pero ella lo detuvo.
- Me juras que aquí tú nunca…
- Este es mi santuario, nadie más que yo ha estado aquí, y ahora tú, sólo tú. Te amo, perdóname por mis estupideces, por no merecerte, por no valorarte, por equivocarme, por perjudicarte, por ponernos en extremo peligro.- Mientras decía todo esto la besaba, en la boca, el rostro, el cuello, los hombros, la despojaba del vestido que cayó al suelo dejando los senos expuestos y a Hermione con sólo una diminuta prenda cubriendo su cuerpo.
Por su parte ella lo desvestía con rapidez, arrancando su camisa, desabrochaba su pantalón y lo bajaba dejándolo sólo con su ropa interior.
Ambos estaban agitados y expectantes. Hermione lo miró a los ojos, ahora los veía más claros que nunca, era su Ron y ahora ella sería de él.
- Es mi primera vez – Declaraba temblorosa.
- También la mía – Contestaba Ron, ella lo miró interrogante – Es la primera vez que haré el amor. – Y recostó a Hermione sobre la cama, poniéndose sobre ella y acariciando su cuerpo con las manos a la vez que la besaba, se apoderaba de sus pechos y los acariciaba, llevándose uno de ellos a la boca y lamiendo su pezón. Hermione emitió un gemido y arqueó su espalda a la vez que empujaba su cadera contra la de él, revolviendo los cabellos con sus manos, para luego bajar las mismas por la espalda, acariciando, rasguñando, llegando a los glúteos y empujándolos haciendo mayor el contacto.
- Adoro cuando haces eso – Le decía él jadeando – Aún lo recuerdo. – Suspiraba, el cálido aliento impactó en el vientre femenino provocando un escalofrío en ella.
- Ron – Gemía ella sabiendo la caricia que se aproximaba, sintiendo como era despojada de la última prenda que la cubría y totalmente expuesta a él.
- Dime que me detenga y lo haré, dime que no estás segura y pondré un freno a esto, dime que no continúe y saldremos de aquí ya mismo.
- No te detengas, no frenes, continúa. Te deseo Ron, te amo y ahora es el momento ideal, ahora es cuando debemos unirnos. – No supo porque esas palabras salieron de su boca, pero cuando los cálidos labios de Ron se depositaron en su sur, todo perdió sentido no pudo evitar arquearse, y menos impedir que gimiera cuando la lengua del pelirrojo exploró cada centímetro de su sexo. Definitivamente era una sensación jamás conocida, sentir el cálido aliento de Ron en su interior, la húmeda lengua apoderándose de lugares inexplorados por otros, sentir que la sangre convergía a su vientre y explotaba, sus manos se aferraron a la cabeza de él y lo elevó hasta juntar ambos rostros, besándose, sintiendo su sabor en los labios y la enervación de Ron aplastándola.
Empujó su ropa interior y él la retiró completamente, Hermione tenía los ojos cerrados y de repente Ron se detuvo, abrió los ojos y lo observó frente a ella, mirándola.
- No quiero que dejes de verme por un instante – declaraba entrando en ella lentamente, y obedeció, miraba a Ron aunque sus ojos querían cerrarse, para evitar que él notara sus emociones, sentía millones de agujas que le otorgaban una dolorosa y a la vez placentera sensación de invasión a su cuerpo. No pudo evitar quejarse cuando él atravesó totalmente la barrera de su virginidad y él se detuvo, mirándola intensamente. Ella cumplió con su pedido, era una Gryffindor, una valiente, no se iba a dejar amedrentar por una infidelidad, por otra mujer, ni siquiera por una logia, la más peligrosa de la cual alguna vez hubiese oído hablar. Porque en ese momento se sentía poderosa, se sentía un ser superior, una elegida, siendo amada por el hombre que le correspondía, que había confiado en ella y le había demostrado que no era perfecto, pero era de ella, sólo de ella.
Y nuevamente su sangre acumulándose en su vientre, y bajando a su sexo.
- Hermione – Su nombre retumbó en la habitación y sintió una explosión, una invasión, la esencia de Ron entrando en su cuerpo y alargando ese sensación de plenitud que la embargaba desde que él le había dicho que la amaba, que era la primera vez que hacía el amor y era con ella, con ninguna otra.
Él se quedó allí, dentro de ella, si alguna vez había pensado siquiera que tener relaciones con Astoria era bueno, definitivamente no conocía lo que eso significaba, ahora más que nunca entendía el sacrificio, la entrega y que nada en la vida le había parecido tan sublime para él que este momento, que nunca se había sentido tan conectado con alguien como con Hermione. Su Hermione.
Y sonrió, estaba feliz, pleno, completo y más aún al ver que ella correspondía esa sonrisa.
Ambos se echaron a reír, realmente era la sensación más gratificante que habían sentido en su vida.
- Te amo, y nada me detendrá de seguir a tu lado, ni un contrato, ni un mago, ni la muerte. Te seguiré hasta el fin del universo de ser necesario para quedarme contigo así, por siempre. – Le decía besándola y siendo correspondido.
- No pensemos en muerte en este momento, pensemos en vida, en triunfo, en alegría. No pensemos en nada más que en eso mi amor.- Y acariciaba su mejilla.
- Mi amor – repetía él – Realmente esas palabras toman otro significado ahora que las pronuncias, nunca fueron tan apropiadas. ¿Significa que me perdonas todo lo que he hecho?
- Eres tú el que te debes perdonar, yo lo hice desde el momento que te ví sentado en la mesa de la fiesta.
- ¿Entonces? ¿Lo sabías todo?
- Lo de Astoria, y que no estabas en nada bueno.
- ¿Cómo?
- Draco – Ron se puso serio y recordó la fiesta.
- ¿Qué te hizo ese cretino?
- Nada. – Contestó Hermione – Simplemente fue el que me comentó tu relación con Astoria e intentó en varias oportunidades que me alíe a su causa, por suerte conozco algunas técnicas para alejarlo y que no me moleste– Ron se incorporó.
- Lo siento, su familia me odia por haber tomado su lugar.
- Él no me había confesado lo de los excelsior, el muy cobarde debería tener miedo que lo castiguen, pero definitivamente quería unirse a mi para derrocarte y vengarse de Astoria, que antes que tu llegaras era su novia.
- Ella nunca dijo nada.
- Tal vez no era algo que debieras saber ¿Cómo sucedió?
- Mejor no – La detuvo él – es parte de mi pasado, un pasado que desearía dejar atrás y que desapareciera.
- pero es parte de ti. Quisiera saber.
- Tú y Malfoy. – Hermione se cubrió con las sábanas, de repente sintió frío al sentirse despojada del calor del cuerpo de Ron, quién dándose cuenta de ello la abrazó y recostándose la atrajo hacia él. – Yo también necesito saber.
- Cuando él me contó lo de Astoria y tú, sentí dolor y despecho. Y me dejé llevar por él, pero nunca nada pasó, nada físico pero de alguna forma logró penetrar en mi mente, el muy maldito. Y a pesar de su insistente acoso, que me obligó más de una vez de hacer uso de mi magia y otros talentos muggles que aprendí para desprenderme de latosos como él, nada sucedió, ya te lo he dicho te he sido fiel, para mí en realidad nunca nos separamos.
-Lo siento no haber respetado eso. – Ron cambió de tema- ¿Latosos cómo él? ¿Qué has hecho este año en Hogwarts?
- ¿Quieres la verdad?
- Por supuesto
- Al principio me sentía fatal, a tal punto de ir con McGonagall y pedirle que informara al ministerio que no quería estar allí, pero luego, no sé como pero me divertí como nunca, ni que decirte que me hice compinche de Lavander y Padma – Ron abrió los ojos - ¿Crees que aprender a maquillarte, peinarte y vestirte se lo hace de la noche a la mañana? No, mi querido y por suerte tuve unas excelentes maestras. Pero no medí el impacto ambiental en el alumnado, incluso Neville se me insinuó. – Ron rió – Aún no entiendo como utilizar ropa más ajustada, desprenderse unos botones y subirse la pollera puede descontrolar a los hombres de esa manera.
-Debo decirte que tienes unos atributos dignos de ser admirados – Le decía Ron levantando la sábana y observándole sus senos – Son perfectos – La elogiaba. Ella se tapó.
- Prefiero que admiren mi inteligencia.
- Eso te hace más perfecta, inteligente y sexy, eres una mujer altamente peligrosa.
- No lo dudes – Rió ella y luego se enserió – Tú turno.- Ron suspiró.
- Estábamos en el bosque prohibido.
- ¿Estuviste en Hogwart y no pasaste a visitarme? – Bromeó ella.
- ¿Alguna otra faceta que deba conocer? No sabía que eras comediante. – bufaba Ron y continuó con su relato– sabes que mi fobia a las arañas se mantiene, si bien sé que puedo enfrentarlas, no dejan de parecerme espeluznantes. Y lamentablemente teníamos la misión de capturar a un espécimen vivo.
- ¿Misión?
- Si, hay unos requisitos que uno debe seguir para convertirse en excelsior.
- ¿Me enseñarías esa magia?
- Lamento mucho pero la magia ancestral sólo la pueden hacer magos de sangre pura. – Ron agachó la mirada
- Está bien Ron, yo estoy orgullosa de ser quien soy. Si no hay otra opción deberé luchar con la magia que puedo hacer. – Ron continuó.
- Todo iba bien, esperamos que algunos bichos salieran de la cueva y atacamos a algunos para luego atrapar a otro en una jaula, pero al hacerlo, no pude evitar ser mordido. – Hermione abrió los ojos de par a par. – Si tú te asustaste imagínate yo – Le decía – pero Astoria mantuvo la calma, arrasó con algunos arácnidos que salían de la cueva y nos trasportó a una casa, más tarde me indicó que era la suya y que me había suministrado un antídoto, el mismo no tuvo un efecto inmediato y estuve varias horas con los síntomas.
- ¿Síntomas?
- Inmovilidad absoluta, sabes que las arañas, prefieren a su presa frescas y el veneno te mantiene vivo mientras ellas te devoran- Ron no pudo evitar sentir un escalofrío de terror.
- Entonces ella salvó tu vida.
- Y yo se la salvé varias veces antes, digamos que no es muy buena en vuelo y más de una vez la rescaté de una muerte segura. Además que los hombres tenemos más fuerza y en algunas luchas debí protegerla de otros magos.
- ¿Luchas?
- Nos enviaban a diferentes lugares, desiertos, montañas, selvas y nos utilizaban como si fuéramos animales de caza, debíamos mantenernos a la intemperie, sin provisiones, sobreviviendo a las inclemencias del clima y animales feroces, todo ello sin contar con los magos que nos instruían, quienes de tanto en tanto nos atacaban, realmente interesante.
- Debió ser una experiencia impresionante.
- No puedo mentirte, Hogwarts puede ser impactante, lo que aprendemos allí es invaluable, pero los excelsior – meneó la cabeza – Diría que son invencibles.
- No pienso luchar contra ellos, si mal no recuerdo, si tú logras rechazar el contrato verbal, ellos tienen por obligación dejarte en paz, con la condición de sacarte todos tus poderes actuales. ¿Podrías vivir sin ellos?
-Claro que sí. ¿Sabes como disolver el contrato?
- No sé– declaró demostrando que estaba haciendo un esfuerzo para intentar rememorar sus conocimientos, pero luego lo miró – No intentes cambiar de tema, las arañas, la inmovilidad, ¿Y?
- Bueno, al estar inmóvil ella debía atender mi herida. – Hermione miró sus brazos y torso pero no notó ninguna marca.
- ¿hay un hechizo para sacar cicatrices?- Ron la miró apenado, entonces ella levantó la sábana y miró las marcas de la mordedura de la araña a la altura de muslo, en la parte interna del mismo.
- ¿Y cómo se supone que la araña te mordió allí? – Le preguntaba ella bajando la tela
- porque yo sostenía la jaula a la altura de mi pierna y cuando avance el animal se aferró a mi muslo – explicaba él - ¿es relevante?
- ¿relevante? por causa de esa mordedura te acostaste con Astoria. ¡y claro! Después de ver tamaño miembro quien no desearía que la poseas, incluyo yo cuando te descubrí en la ducha de la madri…
- ¿Qué tú que? – La interrumpió él. Hermione se sonrojó dándose cuenta de su infidencia.
- Nada.
- ¡Vamos! - resignada Hermione confesó
- Resulta que en cierta ocasión, totalmente fortuita, - aclaró- entré en el baño cuando tú te bañabas.
- ¿Y no notaste la ducha corriendo?
- Pensé que era Ginny, porque era su turno.
- No sería la primera vez que cambio turnos con Ginny para bañarme. ¿Entonces?
- Bueno, ya estaba adentro, había tomado lo que necesitaba del tocador y entonces noté que eras tú.
- Y una dama debió haberse retirado – La amonestó él.
- Tal vez en el fondo no lo sea – rió ella – Me asomé, tú estabas enjuagándote el shampoo del cabello y tenías los ojos cerrados. Y pude observar tu maravillosa anatomía. Desde ese día agregué a mis plegarias que Merlín te mantenga sano, salvo y completo.
- ¿Y esto cuando fue?
- En quinto.
- ¡Quinto! – Se sorprendió Ron.- Bueno, he mejorado desde entonces.
- Ya lo noté – Rió ella. - ¿Somos extraños no? – preguntaba Hermione.
- ¿Extraños?
- Sí, riéndonos de nuestros recuerdos cuando se nos avecinan tiempos difíciles.
- Siempre hubo tiempos difíciles y ello nunca nos impidió bromear, no al menos a mí.
- Tal vez eso sea lo raro, que ahora también bromee yo.
- Todo evoluciona, además hemos pasado por mucho y nos mantuvimos juntos, eso nos hace más fuertes.
- Aún no entiendo como es que te perdoné lo de ella.
- Porque ella no es nadie para mí. Definitivamente hemos madurado, aunque tú siempre fuiste demasiado madura para tu edad.
- Si, aunque debo decirte algo mi vida – le dijo ella acariciándolo – Si me vuelves a ser infiel, te capo. Por más que me pese hacerlo, lo haré – Ron quedó inmóvil mirándola fijamente y sonrió, pero al ver que ella hablaba seriamente contestó.
- Nunca más te seré infiel, pero no debiste amenazarme para que no lo sea.
- No está de más. ¿Y? – Ron bufó nuevamente - ¡Vamos! Arañas, inmovilidad, herida en el muslo…
- Ella debía curarme mientras yo estaba inmóvil, y bueno, curación va, curación viene. Y pasó, una vez que recuperé mi movilidad tardamos dos segundos en hacerlo. Y así fue.- Hermione quedó pensativa y Ron ya se imaginaba la pregunta que seguía, así que se adelantó – Sí, lo hicimos varias veces más. Y no hablaré más del asunto. Sólo te diré que hay una enorme diferencia entre tener sexo y hacer el amor. Lo que acabo de sentir ni se asemeja a lo que sentí ninguna de las veces que estuve con ella, ni siquiera juntándolas todas, y no estoy mintiendo, tal vez tu creas que sí, pero te puedo asegurar que cuando te entregas totalmente, cuando tu cuerpo, tu alma y tu corazón se unen no hay nada que se compare. Se que no es muy caballeroso que hable de mis experiencias con otra chica, pero es lo que yo siento, y no quiero ocultártelo, no quiero ocultarte nada, nunca más. Además yo jamás me desprendí de ti – agregó tomando la cadena y mostrándole el corazón que ella le había dado un año atrás.
- Siempre lo has tenido.
- Si, era lo único que me hacia seguir. Paradójicamente debía ser lo único que me detuviera.
- Yo también siempre te tuve presente – declaraba ella mostrándole una pulsera de igual material donde colgaba otra mitad de corazón con el nombre de él.
- te amo – Le decía abrazándola y besándola, recostándola debajo de él.
- Yo también.
Y durante toda la noche hicieron el amor, hasta quedarse dormidos, uno en brazos del otro.
Al día siguiente ella lo despertó con el desayuno y ambos se sentaron mientras plasmaban la estrategia a seguir.
