Capítulo 12
El fin.
Cuando regresaron a la madriguera todos los aguardaban para saber como estaban.
Molly y Arthur observaban a Hermione detenidamente, se la veía pálida y ojerosa.
Aprovechando que Ginny se apropió de su amiga, Ron se les acercó.
- Está así desde hace unos días – Declaró serio – Pero dice sentirse bien y no quiere ir a un médico.
- Tenemos algo muy importante que decirte. – Los tres salieron al pórtico. Ron los miraba ansioso.
- Hay una profecía.
- ¿Otra vez? – Bufaba Ron interrumpiéndolo.
- Es sobre el descendiente de Mortunicort. Tu nos has dicho que él intentó invadirte, tu lo resististe y luego haciendo uso del Purus benedicere cor lo destruiste.
- Sucedió tal cual lo relatas. – La pareja se miró seriamente y luego voltearon a ver a Ron.
- Hermione está embarazada – No era una pregunta, era una afirmación la que su padre le daba y los ojos de Ron se iluminaron, mientras que una sonrisa invadía su rostro.
- Pero ese niño no puede nacer – El pelirrojo miró a su madre sorprendido.
- ¿Qué dices?
- El niño que lleva Hermione en su vientre es el nuevo elegido, será el sucesor de Mortunicort, no puede vivir.
- ¿Ustedes perdieron la cabeza?
- ¡Ron! El destino del mundo mágico está en peligro.
- ¡Al cuerno con todos mamá!
- ¡Déjame terminar! – Le gritaba su madre y el muchacho hizo silencio.
- No es el mundo mágico que nos preocupa, derrotamos a Voldemort y a Mortunicort una vez y lo haremos las veces que sea necesario – Declaraba la dama – La vida de Hermione está en peligro. – Ron la miró con ojos desorbitados - ¿No lo notas? El niño consumirá su poder mágico y su vida, ya lo está haciendo y apenas tiene unas semanas de gestación como máximo.
- Pero ella es impura. ¿Cómo es que la poseyó el espíritu del lider Excelsior?
- Porque en ese niño corre tu sangre también, el espíritu entrará en ella al notar que espera un hijo tuyo y es eso lo que la va a matar.
- ¿Significa que jamás podré tener hijos con Hermione? - Los padres de Ron bajaron la mirada.
Ron comenzó a deambular desesperado y luego cayó arrodillado llorando, sus padres fueron a consolarlo.
-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Hasta cuando? ¿Cuándo terminaré de pagar por mis errores? – Se dejaba abrigar por los brazos protectores de sus padres, como nunca lo había hecho. Luego de unos minutos se calmó y poniéndose de pie preguntó - ¿Qué debo hacer? – Se lo notaba abatido y derrotado.
- hay que hospitalizarla, es un simple hechizo, pero nunca se ha utilizado.
-¡Por supuesto que no! – Se encolerizaba el pelirrojo - ¡Jamás escuché de aborto en el mundo mágico, jamás! – Los padres asentían.
- Hay más.
- ¿Más? – A Ron parecía que la voz se le iba a escapar.
- Hermione ahora posee los poderes de los excelsior, para proteger al bebé.
- ¡Me lleva un demonio! – Declaraba Ron – Será imposible engañarla, y mucho menos apresarla – Bajó la mirada – Hablo de ella como si fuera una bestia que hay que atrapar.
- Es que es eso lo que está engendrando.
- No lo entiendo, nosotros nos amamos, como puede ser que del fruto del amor nazca algo tan… tan…
- Abominable – Completaba Arthur.
- El espíritu debilitado de Mortunicort ingresó en ella.
- Entonces el bebé era normal hasta que lo poseyó el líder Excelsior. – Sus padres asintieron - ¿No hay una forma de extraerlo de mi hijo sin deber matarlo?
La pareja se miró y luego de unos segundos de reflexión que a Ron le parecieron milenios Arthur habló.
- Hay una solución – El rostro de Ron reflejó esperanza – Pero no hay tiempo para buscarla.
- ¡Díganme! – ordenaba el pelirrojo.
- Debes darle de beber de las aguas de la purificación de esa forma se destruirá por siempre al espíritu. Se encuentran…
- Sé donde se encuentran, he estado allí, fue una de mis últimas misiones y la más peligrosa – Los interrumpió Ron y su semblante reflejaba la preocupación, ya que recordaba perfectamente los retos que debió sortear para llegar allí. ¡Si tan solo hubiese tomado un poco de ese líquido y guardarlo! - Entonces sus ojos se iluminaron – Ella la tiene. – declaraba.
- ¿Ella? ¿Quién?
- Astoria, ella guardó en un cuenco parte del agua. – Los Weasley se miraron esperanzados.
- ¿Podrías convencerla…
- ¡De ninguna manera! – Lo cortaba su hijo – Pero ya tengo un plan ideado. Y abrasando a sus padres ingresaron a la madriguera.
Luego de la bienvenida Ron y Hermione ingresaban en el departamento del pelirrojo.
- Bueno, debemos de ver de comprar una casa más grande – Declaraba el muchacho intentando sonar distendido, pero entonces la castaña viró y lo miró seriamente.
- No te acercarás a mi bebé.
- ¿Qué dices? – declaraba Ron con falsa sorpresa – ¿Estás embarazada? Pero es mi bebé también - y se acercaba a ella, pero la misma retrocedía.
- No te acercarás a él – El semblante de Hermione cambió, Ron intentó alejar todos los pensamientos que lo embargaban y la observó dirigiéndose a la habitación y cerrar mágicamente la misma.
Se desplomó en el sillón, en ese momento se sentía extremadamente agotado, y si bien sabía que le iba a ser imposible dormir debía hacerlo, ahora más que nunca necesitaba de toda su concentración.
Días después Arthur salía nervioso del Ministerio, era la primera vez en toda su vida que hacía algo así, pero la vida de su nieto y nuera estaba en peligro y no había tiempo para reproches morales.
Portaba los frascos con las pociones como si fueran su más preciado tesoro.
Al llegar a la madriguera Ron lo aguardaba y sin más se las entregó como si las mismas le quemaran en las manos.
- Gracias papá, sé lo que esto significa para ti.
- Nada en más importante que mis hijos Ron, nada – Decía siendo abrazado por su esposa.
Una semana después, Astoria se estaba preparando para su boda.
Se miraba en el espejo que reflejaba a una radiante y hermosa novia, pero había un dejo de tristeza en su mirada.
De repente la puerta se abrió, era Draco, vestido con un inmaculado esmoquin.
- Creo que es de mala suerte ver a la novia – Declaró mirándolo a través de su reflejo.
- Nosotros no creemos en eso, además somos demasiado poderosos para dudar de nuestra suerte – Declaraba altivo el muchacho.
- ¿Qué te sucede? – Astoria lo miró sorprendida – Estamos solos, puedes despojarte de tu máscara de hielo, aquí nadie te juzgará.
El rubio pareció titubear y luego sonriendo dijo
- Tienes razón. Pero hay algo que me preocupa. – Y sin más agregó – Tú has estado con Weasley…
- ¡Por favor Draco! Te he dicho mil veces que eso es cosa del pasado.
- ¡Aún lo amas! – La chica bajó la mirada – No podría casarme con alguien que nunca me amará – Declaró tristemente el rubio.
- Ya hemos hablado de eso, es cierto, ya aún no te amo, pero creo que eres una persona maravillosa y llegaré a amarte más de lo que amé a cualquier otro hombre.
- tengo una solución – Declaraba el platinado pero parecía sorprendido por la confesión – El agua de la purificación. – Astoria lo miró interrogante. – Cuando nos casemos, ambos la beberemos y nuestros sentimientos se purificarán.
- ¿No confías en mí?
- ¡Por supuesto! Te amo, pero no quiero esperar a ser correspondido. ¿Puedes entenderme? – Entonces la chica se acercó a su ropero y sacó un cuenco.
- Aquí la tienes, has lo que quieras, pero yo no necesito de ninguna agua milagrosa para saber que te amaré. – Y acercándose acarició su rostro, y entonces respiró hondo - ¡Ron! – exhaló en un suspiro.
- Gracias Astoria, necesito esto para salvar a mi esposa. – Y sin más desapareció.
La muchacha se quedó con la mano en el aire, sin poder reaccionar ya que en ese mismo instante su padre apareció preguntándole
- ¿Lista? – Con una amplia sonrisa en el rostro.
- Si padre – Se le acercó la chica – Ya te alcanzo – El hombre salió del cuarto y ella viró – Que seas feliz Ron, sé que yo lo seré. – Sonrió honestamente y se unió a su padre, juntos bajaron la escalera de la mansión, fuera de la misma una hermosa y fina pérgola protegía de los intensos rayos solares al hombre de su vida, que junto a la madre de este la aguardaba.
Bastó apenas que sus ojos se miraran fracción de segundos para que ambos supieran que ya no había nada que les impediría ser felices para siempre.
El falso Draco se apareció en el departamento de Ron, sacó un frasco de la poción multijugos de su bolsillo y la bebió.
Entonces golpeó la puerta de la habitación.
- ¡Granger! Soy Malfoy, necesito hablarte, es importante. – Inmediatamente la puerta se abrió dejando ver a una Hermione consumida y débil ya que en esas semanas no había permitido el ingreso de nadie allí ni había salido, no al menos cuando Ron estaba allí.
- pasa – Declaró y se marchó al lecho. Ron debió hacer un esfuerzo muy grande para no arrojarse en sus brazos pero en lugar de eso declaró
- No debo decirte que disfruto de verte así – Y una sonrisa malvada cruzó su rostro. La chica no contestó al insulto. – Y a pesar que me encanta sentir tu sufrimiento, debo proteger al niño que tienes en el vientre – Le tendió el cuenco - ¡Bebe!
- No puedes darme órdenes – declaró fríamente la chica y el rubio rió.
- A ti puedo matarte si lo deseo, te repito, no me preocupas en lo más mínimo, pero debo proteger al elegido. ¡Bebe! – Gritó sin que ningún sentimiento más que desprecio saliera de su boca. Pero la chica lo miraba dubitativa - ¡Vamos sangre sucia inmunda! ¡Estoy a punto de casarme! ¿Crees que es para mí placentero saber que tú portas a nuestro líder? ¿Crees que disfruto de tu nauseabunda presencia? – Hermione no lo miró más, abrió el cuenco y bebió el líquido. - ¡Todo! – ordenó el rubio y la muchacha obedeció, cuando bajó su mirada fijó la misma en el cabello del muchacho.
Inmediatamente arrojó el cuenco.
- ¡Maldito! – Y se levantó intentando provocarse el vómito para deshacerse del agua que había bebido, pero Ron fue más rápido y se abalanzó sobre ella impidiéndoselo. - ¡Suéltame! ¡Suéltame! – Bramaba la muchacha luchando fieramente.
-¡No! ¡No te permitiré sobrevivir! ¡Déjanos en paz! – Ron estaba imprimiendo toda su fuerza en evitar que su mujer se deshiciera de su apretado agarre, pero los efectos de la poción estaban transformando su cuerpo a su contextura original y lo debilitaba. Y luego de un forcejeo Hermione logró soltarse.
- Nunca destruirás al elegido – decía la chica y al voltear para marcharse un puño impactó en su rostro haciéndola caer desmayada en el piso.
- ¡Aquí el único elegido soy yo! – Declaraba Harry agitando su mano en señal de dolor.
- ¡Harry! ¿Qué has hecho? – Ron se arrodillaba en el suelo junto al cuerpo de Hermione.
- Estoy ayudándote, tus padres nos contaron todo. Vamos a San Mungo para que la revisen.
Ron no tardó más que un segundo en tomar entre sus brazos a Hermione y los tres se aparecieron en las afueras del hospital.
Pronto los sanadores ingresaron a la castaña a una sala de guardia dejándolos a los dos en el recinto de espera, por supuesto que el resto de los Weasley estuvieron allí rápidamente.
Ron les relató lo que había sucedido y aguardaron por las noticias.
- Gracias– Dijo el pelirrojo acercándose a Harry.
- De nada, soy tu amigo. ¿Cuántas veces tú me has ayudado a mí? – Y ambos se abrazaron.
- Tengo mucho miedo – Le decía el pelirrojo.
- Verás que todo estará bien. Hemos salido de peores.
Las horas pasaban y Ron cada vez se desesperaba más. Molly se le acercó.
- ¿Por qué tardan tanto mamá?
- Porque deben verificar que el bebé este bien y… sano – respondió.
- Entiendo. – Y ambos se tomaron las manos. A los pocos minutos un sanador salió de la sala y se acercó al pelirrojo.
- Ambos están en perfectas condiciones – Sonrió y dejó que por unos instantes que toda la familia festejara las buenas noticias. – Silencio por favor – Intentó ordenar pero los Weasley lo abrasaron y unieron a su algarabía.
- ¿Puedo verla? – Preguntó Ron
- Por supuesto, está sedada ya que tiene una gran molestia por el golpe recibido – Todos voltearon a ver a Harry que avergonzado bajaba la mirada – Pero gracias a su estado de inconciencia nos fue mucho más fácil revisarla ya que todos temíamos de su poder de resistencia ante las facultades mágicas que presentaba.
- ¿Presentaba? – Arthur preguntó
- Cuando el espíritu del líder excelsior se eliminó, también los poderes de la casta quedando sólo los habituales en ella – Aclaró el mago e invitó a Ron a seguirlo.
El pelirrojo ingresó en el cuarto, para ver a Hermione tendida en una camilla.
- Pronto la trasladaremos a una habitación – Le decía una enfermera al doctor.
- ¿Deberá estar aquí mucho tiempo?
- No señor Weasley, apenas un par de días hasta que completemos los análisis de rutina, pero quédese tranquilo que todo está perfecto. – Sonreía y se marchaba junto a la enfermera dejándolo solo.
Ron se acercó a su mujer que parecía dormir plácidamente, notó la amoratada quijada y meneó la cabeza penando que Harry iba a tener serios problemas cuando ella se recuperara y sonrió, dejando a la vez escapar unas lágrimas desahogándose de todos los momentos de tensión vividos.
Así lo observó Hermione al abrir los ojos.
- ¿Ron? – Le preguntó y luego llevó la mano a la barbilla junto a una exclamación de dolor - ¿Qué sucedió?
- ¿No recuerdas? – Preguntaba é y ella negaba con la cabeza.
- Recuerdo que estábamos de luna de miel y después… – Parecía hacer un esfuerzo por recordar, pero seguía negando con la cabeza.
Ron le contó lentamente todo lo que había sucedido. Hermione se llevó instintivamente la mano a su vientre.
- Ambos están bien – Le aclaraba él apoyando la suya sobre la de la chica y sonriéndole.
- ¿hasta cuando seguirás rescatándome? – Le sonreía ella.
- hasta siempre, tal cual lo haces todos los día tú por mí. – Y se besaron, suavemente, sin prisas - ¡No sabes como te extrañaba! – Le decía el pelirrojo con los ojos llenos de lágrimas.
- prometo nunca más alejarme de ti.
- prometo que jamás lo permitiré. – Y nuevamente se besaron.
Los dos días pasaron rápidamente, en ningún instante ella estuvo sola, los Weasley eran muy organizados a la hora de acompañar a los suyos y estaba permanentemente en compañía de alguien.
Se burló de Harry haciéndole pasar por escasos minutos un mal momento acusándolo de golpeador de mujeres por el golpe recibido, pero luego de dichos instantes ambos se encontraban riendo de la situación.
- Juro que me dolió más a mí que a ti – Le decía el moreno.
- No te creo
- Moralmente hablando – Le acotaba su amigo.
- ya lo sé Harry, basta de lamentarte, gracias a tu intervención y por supuesto a Ron estoy aquí, estamos – agregó tocando su vientre – aquí.
- Voy a ser tío.
- ¿Tío? – Preguntó Hermione.
- Tú siempre has sido como una hermana para mí, pero hay algo más – Y le mostró a Hermione un anillo precioso – Es para Ginny, le propondré matrimonio, apropiadamente.
- ¿Apropiadamente? – Y Harry le relató los hechos que lo llevaron a declararse a Ginny la primera vez.
- Eres incorregible, tú y tu amigo son los peores románticos de la historia – Se reía ella contándole las circunstancias que llevaron a Ron a declarársele a ella.
Pronto apareció Ron con un enorme ramo de rosas rojas.
- parece que los dos intentamos corregir los errores – Le comentaba Harry.
- Y te puedo decir que lo hacen maravillosamente – Agregaba ella tomando una flor y aspirando su aroma, Ron los miraba extrañado y le explicaron el porque de sus comentarios, cuando el doctor llegó para darle el alta, los tres estaban llorando de la risa por todas las cosas que habían hecho.
Fueron a la madriguera y ya todos la aguardaban con una pequeña fiesta de bienvenida, el ambiente era agradable y placentero. Luego de unas horas Ron se le acercó.
- Ven – La invitó a salir – Demos in paseo. - Deambularon por el lugar, la campiña era hermosa a Hermione siempre le había gustado, y comenzaron a recorrer el lugar, caminaron, disfrutando su compañía, abrazados y charlando, cuando Hermione se detuvo frente a una casa con un letrero de vendida.
- ¡Mira que hermosa! – Le decía - ¡Y tan cerca de la madriguera!
- Es muy linda. ¿Pero no prefieres vivir en la ciudad?
- Odio la ciudad - decía ella, luego lo abrazó – Disculpa amor, nuestro departamento es perfecto, pero va a ser pequeño dentro de un tiempo - declaraba pensativa.
- es verdad – suspiraba Ron sacando un manojo de llaves de su bolsillo – Vamos – tiraba de su mano.
- ¿Dónde?
- A ver nuestra nueva casa – Declaraba él sonriente pero a la vez dudoso. Ella lo miró sorprendida y lo abrazó.
- ¡Ron! ¿Es nuestra?
- ¿Te gusta? Temí que te enojaras por haberla elegido solo.
- ¡Es maravillosa! Debo decirte que tienes muy buen gusto. – decía coqueta.
- Algunas veces fallo, especialmente en las mujeres, me gustan sabelotodos y con los cabellos revueltos – Bromeaba y ella comenzó a golpearlo suavemente
- ¡Serás! – Continuaba la burla – Yo aún adolezco de un gusto peor – declaraba - Pecosos, desgarbados y altaneros.
- Confiesa que estás loca de amor por este pecoso pelirrojo – decía Ron abrasándola posesivamente.
- Y tú que está rendido a los pies de esta sabelotodo despeinada. – Se besaron, sin importarle los secretos espectadores que los habían seguido para saber de la reacción de la castaña, quienes al ver que todo estaba perfecto comenzaban a marcharse.
- vamos adentro – le decía él – Y te haré por primera vez el amor en nuestra casa.
- No puedo esperar – declaraba ella subiéndose con las piernas abiertas sobre las caderas masculinas.
- ¿realmente soy desgarbado? – Preguntaba él preocupado, ella reía.
- Eres el hombre más perfecto del mundo Ron, que nadie te diga lo contrario.
- Igual tú mi amor, eres la mujer ideal.
- Sólo para ti, sólo para ti – repetía ella respondiendo a las caricias de él.
Ya más tarde verían la casa en su totalidad, ahora ambos se arrojaron al sofá de la sala y comenzaron a desvestirse lentamente, hacía mucho que no se disfrutaban y no se apuraron en la entrega.
Ron comenzó a recorrer con sus labios su cuerpo llevando a Hermione a niveles impensados de lujuria, ella no se quedaba atrás acariciando cada parte de piel expuesta de su amado.
- Te amo – Le decía él al momento de invadirla
- Te amo – respondía ella recibiéndolo.
Se amaron dulce pero vehementemente, como ellos eran, sin dejar de acariciarse y besarse, fundiendo sus cuerpos en esa intensa marejada de sensaciones que los envolvían.
Ya no había más espíritus, ni excelsiors, ni profecías, sólo dos cuerpos que confirmaban con su unión que el poder del amor era el más fuerte de todos los sentimientos.
EPILOGO
Años después Ron salía de la casa con un precioso pelirrojo de su mano de cuatro años ambos vestidos de etiqueta.
- ¡Vamos Thomas!
- Yo quiero ir con mamá.
- Podemos esperarla, esta terminando de arreglar a Rupert y Emma.
- Esos gemelos - renegaba el niño y Ron lo alzaba en sus brazos
- Te he dicho que eres un pequeño muy inteligente y que te amo.
- Como a mamá.
- Exacto - Le decía dándole un beso en la mejilla y sentándolo entre sus hombros.
- ¡Ron! - Lo amonestaba Hermione que salía con los dos gemelos de apenas año y medio dentro de su carriola y vestidos de forma impecable como todos. - Te desacomodas el traje.
- estoy bien - Decía él - y ustedes, están hermosos.
- ¡Si claro! Con seis meses de embarazo parezco una carpa de circo en este vestido.- Decía ella tomándose la panza.
- Eres la mujer más hermosa del mundo. - Le decía él acariciando la barriga.
- Gracias - Contestaba ella acariciando su rostro. - Ahora vamos que llegaremos tarde.
- ¿Quién lo diría? - Reflexionaba Ron - Charly se casa, es algo increíble.
- Se lo ve muy enamorado, ambos lo están.
- Nadie va a estar tan enamorado como nosotros - Le decía él tomándole la mano.
- Tienes toda la razón - La familia ingresó en el coche, cuando todos se abrocharon los cinturones, el mismo arrancó y a los pocos instantes remontó vuelo desapareciendo en el cielo.
FIN
