Sin palabras
Poco le importo a Jane las consecuencias de dormir aquella noche enredada entre los brazos de Maura, lentamente se esfumaron las horas con besos que se colaban entre las sábanas, delicados, sabrosos e incluso algo tímidos. Las cosquillas en su estómago no se parecían en nada a las que había sentido en otras ocasiones, y al ver a la pelirroja descansar tan serenamente a su lado no pudo evitar sonreír, y preguntarse si este era el comienzo de algo más que una amistad que las ataría una a la otra el resto de sus vidas.
La forense se movió despacio acurrucándose en el hueco vacío que quedaba entre el hombro y la cara de la morena, percatándose del nuevo día que asomaba radiante por la ventana. Rodeo un poco mas la cintura de Jane con su brazo creyendo que esta aún dormía y se sorprendió al sentir una mano acariciando su cabello con delicadeza, avergonzada por su muestra de afecto trató de incorporarse, sin embargo los brazos fuertes de la detective evitaron que se alejara.
J- Ven, quédate un poco más, aún es temprano- dijo sonriendo levemente aún sintiéndose adormilada, pero sin poder disimular que llevaba al menos una hora observándola en silencio.
M- Creí que aún dormías, ¿desde cuando despiertas antes que yo?- exclamo al tiempo que volvía a recostarse junto a Jane para tomar la posición que tenía antes de despertar.
J- No lo sé, la noche fue algo extraña y no se puede decir que haya dormido exactamente.
M- ¿Te sentiste incómoda?- pregunto con temor ya que ella había dormido más calmada que nunca en los últimos años.
J- No Maura, pero no puedes negarme que no fue extraño.
M- ¿Quieres hablar de eso?
J- Luego quizás, ahora solo quiero abrazarte un poco más sin pensar en nada más.
Maura sonrió y se acurrucó un poco más sintiendo el palpitar del corazón de la morena. Dos horas después ingresaron a la central como si nada hubiese sucedido entre el día anterior y ese, se despidieron como siempre en el ascensor y nadie hubiese podido decir que entre esas dos mujeres fluía algo más que una fuerte amistad.
La mañana se fue consumiendo con la lentitud de una vela en una habitación sin brisa alguna, Jane estaba jugando con un trozo pastel de manzana que Ángela le había acercado a la oficina, frente a ella, su joven compañero bostezaba más aburrido de lo que había estado en semanas. Para cortar con el ambiente, las carcajadas de Korsak resonaban en todo el recinto mientras observaba entretenido unos videos de gatitos.
F- Me sorprende la facilidad con que se entretiene- dijo Frost suspirando lanzándole una mirada de frustración.
J- A mi me sorprende que Cavanaugh nos tenga aún aquí, estoy echando raíces en esta silla.
C- Te escuche Rizzoli
J- Señor- dijo Jane percatándose de la presencia de su teniente junto a la puerta y bajando con prisa los pies de arriba del escritorio- lo lamento señor.
C- Esta bien Rizzoli, no los culpo, ha sido una semana difícil con todo este tema de la armada, así que pueden tomarse el resto del día libre.
Jane se paró de un salto encantada de poder irse a casa, tomo sus cosas y bajó con prisa al departamento forense, pero cuando llegó ahí encontró a Maura conversando muy entretenida con un joven desconocido para ella. En medio de un ataque de euforia y celos irrumpió en la oficina haciendo el mayor ruido posible para que ambos notaran su presencia.
M- Oh Jane, no te oí llegar, te presento a Alex Wiltmore mi nuevo interno, hará las pasantías para graduarse en UBC- dijo Maura con cordialidad mientras esbozaba su clásica sonrisa- Alex, la detective Jane Rizzoli.
Al oír esas palabras el joven se puso de pié con la velocidad de un rayo, su cara destellaba alegría y se apresuro para atrechar la mano de la morena.
AW- Señora es un placer conocerla, he oído mucho sobre usted es una leyenda en las calles, debo decirle que admiro el trabajo que hizo con el cirujano, me inspiro para estudiar psiquiatría forense.
J- El placer es mío Alex- dijo la Jane tratando de disimular su enfado con una sonrisa falsa.
AW- No las molestaré más, con su permiso detective, doctora Isles, volveré al trabajo.- El muchacho se marcho enseguida dejando a la morena parada junto al sofá con una expresión huraña. Cerró la puerta tras ella y se acercó a la estantería de libros sin dirigirle la mirada a la forense.
J- ¿Me ha llamado señora?
M- Es un gesto de respeto Jane- la pelirroja se paro despacio y camino hasta ella estudiando cuidadosamente todos los gestos de la mujer que evitaba mirarla a toda costa- no estas molesta porque te haya llamado señora, estas celosa- afirmo con una sonrisa.
J- Dios Maura no digas locuras, yo no me pongo celosa.
M- No lo digo yo, lo dice tu expresión corporal y las líneas en tu frente que no indican tu clásica cara de enojo, sino más bien de frustración contenida, estas celosa.
J- Y que si lo estuviera, entro aquí y te encuentro sola y coqueteando con ese sujeto.
M- Primero que no estaba coqueteando, solo lo orientaba en sus labores, y segundo es mi empleado, donde voy a hablar con el si no es en mi oficina.
J- Siempre te sales con la tuya.
M- Es que no he hecho nada malo Jane- exclamo un poco molesta, pero suspiro al ver la tensión absurda que se estaba creando entre ambas y cedió ante ella una vez más- dime a que venías.
J- A decirte que me han dado el día libre
M- ¿Solo a eso?
J- Y a invitarte a almorzar, pero ahora no se si quiero comer contigo.
M- Vamos Jane, compórtate como un adulto.
J- Tal vez no quiera comportarme como adulto Maura, tal vez solo quiero que mi… lo que sea que seas mío se comporte como tal.
M- ¿Y cómo se supone que debo comportarme?, ¿cómo tu amiga, cómo tu amante, cómo tu novia?- esa palabra causaba en Maura una sensación muy extraña pero se sentía tan bien al decirla, no podía imaginar lo bien que se sentiría si se volviera realidad, si en algún momento pudiese llegar a llamar a la morena "su novia" sin reparar en nada más.
J- Pues no lo se- dijo Jane abriendo sus ojos y arqueando su ceja izquierda en señal de confusión.
M- Pues hasta que lo sepas es mejor que todo siga como siempre ¿no crees?
J- No estoy segura de querer que siga todo como siempre cerebrito- exclamo en forma irónica mientras la retaba con la mirada.
Maura caminó hasta su ventana, cerro la persiana americana y a continuación arrinconó a la morena contra la biblioteca sujetándola por el cuello de la camisa, sus ojos pardos se metieron profundamente en los marrón oscuro de Jane y la beso con furia sin dejarla mover siquiera.
M- Vamos a comer- dijo como si nada hubiese pasado alejándose despacio dejando a la morena con cara de susto, que salió tras ella sin decir una palabra dispuesta a seguirla donde fuera que vaya.
