En un rincón lejano

Le tomo al menos media hora salir de la congestión del tránsito de Boston, Maura la miraba de reojo sin poderse cree aún que Jane no le dijese a donde iban. Pronto los edificios y la casas desaparecieron en el espejo retrovisor, por delante, estaba la carretera dejando ver a ambos lados una interminable columna de árboles frondosos que se perdían en el fondo con el cielo cada vez más azul. Finalmente, tras casi una hora de viaje, Jane giro a la derecha por una camino de tierra y se adentro en el bosque hasta dar con una pequeña cabaña.

J- Bien, hemos llegado- exclamo mientras bajaba del auto y sacaba los bolsos del asiento trasero, se acercó a la construcción sacando una llave del bolsillo de su pantalón y abrió la puerta. Maura entró tras ella si hacer comentarios y quedó maravillada frente al mobiliario del lugar. Aunque la pequeña casa era claramente rústica, tenía un brillo que atrapó a la forense de inmediato, los ventanales pintados en verde pino resaltaban sobre el marrón natural de la madera. Todos los muebles, desde el sillón hasta la mesa respetaban la trama silvestre, cuando Jane la llamo desde la habitación Maura solo pudo suspirar al ver la cama de dos plazas cubierta con pequeñas flores blancas.

J- ¿Te gustan las margaritas?- pregunto un poco nerviosa

M- Debo decir que encuentro a las Chrysanthemun leaucanthemum verdaderamente hermosas.- dijo la pelirroja mientras tomaba una de la cama para capturar su aroma, al tiempo que veía la cara de incredulidad que había puesto su compañera- margaritas Jane, me gustan las margaritas.

J- ¿Y no era más fácil decirme eso desde un principio en lugar de toda la chorrada de cosas que has dicho?

M- Si lo hubiese hecho no podría disfrutar de esa expresión que siempre pones y que tanto me gusta- Maura se acerco y aún sin soltar la flor puso los brazos alrededor de su cuello para besarla dulcemente. Jane se aparto al cabo de pocos minutos para evitar que la situación llegase más allá de donde pretendía, y abrió su bolso buscando ropa cómoda para cambiarse.

J- Yo que tu me cambiaría, te he traído unos jeans y zapatillas.

M- ¿Y porque necesito ponerme eso?, pensé que el objetivo del viaje era quitarnos ropa, no ponernos otra- dijo con picardía mientras se sentaba junto a Jane para apartar un mechón de su cabello y besar su largo cuello.

J- Compórtese Doctora Isles, no quiero que arruines la sorpresa, cámbiate, te espero fuera.- Jane salió de la cabaña y se sentó en una hamaca para esperar a que Maura estuviese lista, mientras tanto, dentro de la habitación, la pelirroja se ponía ropa cómoda mientras trataba de adivinar cual era la sorpresa que la morena le había preparado.

M- Bueno, estoy lista, ¿me dirás ahora que tramas?- exclamó mientras ponía sus manos en la cintura en un gento de ansiedad.

J- Claro que no, tienes que verlo por ti misma, date prisa o se nos irá el mejor sol.

Caminaron por un sendero alrededor de media hora, Jane iba por delante abriéndose paso entre los arboles que cubrían el camino de a ratos. A pocos centímetros de ella, Maura trataba de sonsacarle su ubicación exacta, ya que la morena la había traído por una carretera sin señalización alguna que pudiese darle pista de en donde estaba situada.

J- Ya para, no voy a decirte donde estamos, tienes que verlo con tus ojos y te darás cuenta en un segundo- no pasó mucho tiempo más hasta que Jane subió una pequeña colina y le sonrió a la pelirroja desde arriba, al tiempo que tomaba su mano para ayudarla con la empinada ladera.- hemos llegado, espero te guste.

Cuando Maura al fin llegó arriba, quedó paralizada ante la majestuosidad del lago que se imponía frente a ella, una pequeña fila de nubes tapaban ligeramente el sol lo que hacía que el cielo se reflejase a la perfección en la claridad del agua. Todo alrededor los arboles se agolpaba cubriendo por completo la llegada al lago, no había forma de entrar en auto, solo pequeños caminos de tierra dibujados en el césped permitían el acceso a semejante esplendor. Las flores de una primavera rejuvenecedora, decoraban las orillas y los gajos más altos de las plantas cuyo colorido casi se podía tocar en el reflejo fiel que brindaba el lago.

M- El lago Walden- dijo finalmente mientras sus ojos brillaban como los de un niño entusiasmado- es lo más hermoso que he visto en mi vida.

J- Estaba segura que te gustaría, vine aquí de niña una vez a vacacionar con mi familia, siempre quise volver y nunca lo hice.

M- Henry David Thoreau escribió uno de mis libros favoritos, la vida en el bosque, es un clásico de la literatura estadounidense, cuenta la historia de cómo vivió dos años solo en este lugar, en una cabaña construida por sus propias manos, describe a la perfección el paisaje y las sensaciones que le producían estar aquí. He visto cientos de fotos y he estudiado mucho el lugar, pero jamás imagine que fuese tan mágico en la realidad.

J- Si, lo sabía, me pase toda la mañana investigando- Jane sonrió al tiempo que rodeaba la cintura de la forense con su brazo atrayéndola más contra su cuerpo.

M- ¿Podemos quedarnos un poco más?

J- Lo que quieras

Se sentaron junto al lago sobre la verde pradera repleta de flores, durante un largo rato no se dijeron nada, solo contemplaron el placer del silencio, no había coches, ni gente, el tumultuoso rugir incesante de la ciudad estaba muy lejos, solo se sentía el vibrar del agua con la cálida brisa y las aves cantar en las copas de los árboles. Jane se movió del lugar para situarse justo detrás de la pelirroja, la abrazó por los hombros y coloco la cabeza en su hombro al tiempo que se rozaban ligeramente sus mejillas. Se quedaron así hasta que el sol se perdió tras los árboles haciendo que la temperatura bajase considerablemente.

J- Debemos volver Maura- dijo mientras se paraba y tomaba la mano de la pelirroja para ayudarla a incorporarse.

M- Ojala pudiésemos quedarnos aquí más tiempo

J- Siempre podemos volver mañana, el lago seguirá aquí, te lo prometo- Jane sonrió mientras disfrutaba de la mirada acusadora que la otra mujer le daba, mientras comenzaban a caminar de regreso a la cabaña tomadas de la mano.

No supieron en que momento se formó la tormenta, pero cuando quisieron acordar, se encontraban corriendo por el fango bajo una lluvia que caía estrepitosa sobre el lugar, y casi al llegar a la cabaña, Maura resbaló sobre y tiró de la morena hasta que ambas estaban tendidas en el suelo con el agua golpeándoles el rostro y el cuerpo cubierto de lodo. Pocos minutos después ya se encontraban en el calor de su refugio, la pelirroja se daba una ducha mientras Jane ponía toda la ropa en remojo, cuando Maura al fin salió del baño fue su turno de quitarse el fango que cubría gran parte de su cuerpo, así que se metió a la ducha con prisa mientras que su compañera preparaba la cena.

M- ¿Sabes que me sorprende de ti?- concluyo mientras servía la comida sobre la pequeña mesa de madera a la que Jane ya se encontraba sentada sobre unos grandes almohadones.

J- ¿Lo inteligente que soy?- bromeó mientras recibía el plato esperando que Maura se acomodase frente a ella para empezar a comer.

M- Muy graciosa, no es eso, me sorprende que hayas alquilado un lugar sin televisión, en el medio de la nada, y que no hayas traído ni una cerveza- tomo un sorbo de agua y continuó- me sorprende que tengas la capacidad de seguir sorprendiéndome con cosas como esa a pesar de los años que llevo conociéndote.

J- Vaya, lamento tener que decepcionarte, pero tengo como tres cajas escondidas bajo la cama, me las beberé todas cuando te duermas- Jane rió a carcajadas mientras la pelirroja la acompañaba con una sonrisa dulce de complicidad disfrutando del humor de la mujer frente a ella.

Cuando al fin terminaron la cena, lavaron los platos y se encargaron de dejar todo en orden, Jane se recostó sobre el sofá poniendo sus pies sobre la mesa ratona. La pelirroja acabo de guardar los platos y se acercó a ella con un caminar sensual, tratando de atraer la atención de la morena quien simplemente no podía quitarle los ojos de encima.

M- ¿De verdad no has traído ni una cerveza?- dijo mientras se sentaba a su lado cruzando las piernas y rozando la pantorrilla de la morena con su pie.

J- No he traído cerveza, pero…- se paró y camino hasta la habitación, se escuchaba que revolvía dentro del placar y volvió unos segundos después con una botella en su mano- te he traído esto.- Maura extendió su mano para tomar la botella y se mordió el labio inferior mientras leía la etiqueta.

M- Es un Chateau Latour, oh Jane, es mi vino favorito, pero como es que lo has pagado, cuesta una fortuna.- exclamo apenada sabiendo que si bien la detective no tenía problemas económicos, no podía costearse algo tan caro.

J- Se lo que estas pensando- tomo la botella de su mano, la destapó y sirvió dos copas- no te preocupes, no lo he pagado, alguien me debía un costoso favor.

Maura la miró a los ojos, sabiendo que Jane había usado a sus contactos para conseguir todo eso, y de seguro cuando necesitara un favor para algo serio de verdad, ya no podría contar con ellos.

M- Quiero que sepas una cosa, no tienes que hacer todo esto por mi, no me importa lo material, soy feliz con las simples cosas, me basta con tenerte conmigo Jane.

J- Lo se, no lo hago porque deba, lo hago porque quiero hacerlo- retomo su lugar junto a la pelirroja y la miró a los ojos mientras alzaba su copa- es una noche especial, y quiero que sea casi tan perfecta como tu.

Maura sonrió correspondió al gesto chocando su copa con la de la detective, para luego saborear el vino que tanto le gustaba, aunque esta vez, la compañía era infinitamente mejor que su vino. Definitivamente no veía la hora de que sus cuerpos se encontrasen al fin desnudos sobre la cama.