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Otro tipo de magia

Aquel verano, los más importantes noticieros de Magix pronosticaban temperaturas de hasta treinta y seis grados centígrados, y mientras la gente usaba más bloqueador solar, disminuía su ropa para caminar por las calles. Esta actitud había orillado a la prefecta Griselda a tomar normas que involucraran el cómo salían vestidas las hadas de Alfea. Eso mismo era el tema a tratar en el almuerzo de una mañana, y era patrocinado por una muy enojada hada de tercero por haberse visto obligada a cambiar dos veces de atuendo debido a las textuales palabras de Griselda:"La indecencia que usted irradia, señorita."

–Por supuesto que ama hacerlo. Si pudiera, lo controlaría todo el año ¡Pero somos demasiadas para su grandeza!

Inmediato al comentario, la susodicha prefecta pasó a un lado de la mesa, creando el silencio entre las alumnas que intentaban no reírse. Zanjado el tema, la plática se volvió amena y dividida en sectores, según el asiento. Bloom había encontrado lugar con unas chicas que acababan de pasar a quinto año. Conversaban sobre los guapos especialistas de FontanaRroja, los atletas más conocidos de Magix y también sobre los actores del momento; las veía hablar con tanto afán y una serie de excesivos ademanes que rápidamente la hicieron sentir como si Stella estuviera a su lado. Sonriendo, las escuchaba.

Eran tan pocas las chicas que se habían quedado en Alfea ––después de la semana de clases extras, para las reprobadas–– que comenzaban a reunirse a las horas de comer en una misma mesa. Para Bloom, no había sido necesario un gran esfuerzo para encontrar amistad en ellas, y le agradaba estar a su lado; aunque la mayoría debía dejarla unas horas dado que el castigo impuesto por sus padres por haber tenido tan baja calificaciones era quedarse a estudiar en la escuela. Ahora comprendía por qué parecía un crimen quedarse ahí.

Ese mismo día, al entrar a la biblioteca, donde todas estudiaban y se refugiaban del calor, se escabulló por los pasillos, hacia al fondo, donde los ventanales daban vista al bosque trasero de Alfea. Lo que le llevaba a esa zona era la literatura avanzada científica, histórica, filosófica y la prohibida para los dos primeros grados. Aunque le pesara, debía adelantar sus tareas de verano.

Se maravilló al ver nuevos títulos y curioseó por los estantes, buscando el tema que la profesora Du Four les había indicado. Bloom, susurrando los títulos a cada paso que daba, encontró los adecuados para la tarea. "Costumbres y tradiciones de las señoritas, a través de los siglos". Conforme avanzaba y leía los lomos cada vez más remilgados, no contenía el imaginarse la cara de aburrimiento que Musa pondría. Bloom rió mentalmente, con la nostalgia despertando aquella mañana. Tomó los libros previamente escogidos y fue al lugar que dedujo más solo estaría. Había sillones, espacios y cubículos individuales para lectura y, muy a su pesar, supuso que ahí nunca la distraerían las demás. Lo confirmó, cuando una risa estridente y lejana rasgó el silencio.

Buscando un cubículo, escuchó una vuelta de página a su espalda. Se detuvo, pensando haber escuchado mal. Prosiguió un murmulló inentendible. Más intrigada que sorprendida giró sobre sus talones. Entre los sillones había una persona que parecía no haberse dado cuenta de su presencia. Caminó sigilosamente, adivinando quien podía ser, pero ni estando a un metro del sillón supo de quien se trataba. Parecía una niña de no más de catorce años, con un libro demasiado grueso. Se preguntó si sería de Alfea.

Una timidez forjada en el terminado ciclo escolar escoció en su mente, llevándole a la noche donde decidió ya no caer en ello. Por otra par te, le maravillaba la seriedad y concentración de la niña en su libro. Dio un paso más.

–Hola. Soy Bloom ¿Y tú?

La completa desconocida la miró, asustada y se quedó callada un instante. Exhaló lentamente.

– Lenith.

La pelirroja bajó la mirada hasta el libro que tenía en manos Lenith y leyó claramente "Guerra del Arrecife Sanguinario". El libro por razones que la portada de una sirena destrozada y envuelta en lo que parecían algas con sangre, dejaba claro por qué su ubicación. Bloom sacó un suspiro impresionado; aquel año había tenido pesadillas leyendo un sólo capítulo de ese libro de historia.

– No te molestes en acusarme, Barbatea ya lo sabe.- soltó la niña.

Bloom no supo cómo traducir eso. Intrigada le preguntó:

-¿Cuántos años tienes?

Lenith puso los ojos en blanco.

-Barbatea ya sabe que estoy aquí.

-Nunca te había visto en Alfea. ¿Estudias aquí?

– ¿Puedo ayudarte en algo?

La pelirroja arqueó una ceja. Si era sincera consigo misma, no tenía la menor idea de quién era y qué le sucedía a la niña. Esperó fielmente a que su rostro exudando duda provocara una reacción menos defensiva en Lenith, pero sólo logró que ella entrecerrara los ojos y se negara a hablar.

–No. Yo sólo quería conversar. Estoy haciendo mi tarea y me alegró ver a alguien…

-Ya entiendo- interrumpió Lenith, con acritud - Las de quinto te dijeron lo de los libros. Un trato: busco el libro que quieras para tu tarea o…yo qué sé; pero no trates de acusarme, que Barbatea ya lo sabe.

-¡Yo no…!- se defendió Bloom que calló al observar como Lenith volvía la vista al libro - No quiero la tarea…sólo quería conversar.- Lenith parecía ignorarla. Sintió sonrojarse y no supo si de vergüenza, de disgusto o de nervios. Cuando la niña volvió su mirada a ella, percatándose del estado de Bloom; ya era demasiado tarde y el hada de cuarto curso se había alejado.

El marcharse de la estancia le había dejado un sabor desagradable, y el llegar con sus demás compañeras que estudiaban no ayudó. Solicitó sacar el libro de la biblioteca y al salir, sólo se necesitó una fuerza exterior para hacerla olvidar su anterior conversación. Al ver la sorpresa de su día, se quedó sin habla.

Nubes.

Esponjadas y del color de la plata brillante. Era, evidentemente, su aborrecimiento por el calor lo que le hacía pensar que las nubes parecían viejas amigas que hacía siglos no veía. ¿Hacía cuánto tiempo no había nubes en el cielo? Por primera vez en verano el clima era maravilloso, vibrante, cálido, pero sin el sol cegador que los meteorólogos de Magix no podían explicar.

Era tan perfecto.

Sonrió, prácticamente esperanzada y, olvidando la tarea de Du Four, surgió en ella la preciosa idea de ir hasta Roca Luz sin sufrir insolación. Olvidó a Kiko junto con sus libros de la biblioteca, en el departamento. Eran solo ella y el bosque desprendiendo aire fresco.

Sólo cuando su felicidad se extendió hasta límites insospechados, recordó sin amargura a sus amigas. Seguro la estarían pasando bien, pero no se hundió emocionalmente, porque ahí estaba ella, rebosante de emoción. Flora le había comentado que su madre le permitiría invitar a Helio, durante las vacaciones, si ella prometía colaborar en el negocio familiar que tenían en Linphea. Por otra parte, según un mensaje de Stella, su padre también la había mandado al planeta donde Layla asistía al simposio de verano.

Lo más seguro, pensó Bloom, es que se han encontrado en la sede.

Tecna tomaría unas lindas vacaciones al lado de Timmy. Por último, estaba Musa que el haberse alejado un poco de los estudios ese año, comenzaba a valer la pena; después de todo, el tiempo perdido en Alfea era dedicado a posibilitar su carrera musical en Melody.

Su caminata cesó con la visión del panorama. El viento silbó y el oleaje mojó la orilla del lago. Un dejá vú iluminó su cabeza y recordó haber soñado, entre las tantas noches de verano, algo similar. Tomó asiento bajo un árbol y las aguas arrastraron hasta ella el recuerdo de Daphne. Esa noche también había soñado con su voz, pero nuevamente no lograba recordar qué decía.

–Nada malo, creo…

Jugando con una hoja seca del piso, miró las olas embraveciendo un poco más. El bosque se sumió en un silencio que susurraba en su oído el eco del viento. Era tan atrayente. Deseó meterse a las aguas y, se descalzó, para nadar hasta que el Sol estuviera en su cenit; pero no hubo rastros de él, pues las nubes fueron acumulándose hasta dejar escapar ligeros rayos de luz.

No tenía idea de qué hora sería; quizá ya habían servido la comida en Alfea. A prisa, volvió a tomar sus pertenencias y se adentró al bosque silencioso. Y sólo se detuvo, cuando un as luminoso brilló a sus espaldas y, al girar, este rozó su oreja.

Miró a su alrededor. No había nadie, tampoco sonido alguno. Mientras suponía que de un hechizo perdido se trataba, ahogó un gemido cuando una esfera violeta desde la derecha corrió hacia ella. Esquivándola, contraatacó hacia el bosque tres veces disparando rayos dorados.

-¿Quién anda ahí?

Pero nadie respondió.

-Soy Bloom-prosiguió-¿eres una de las hadas?

Vacío. En el bosque, no sentía presencias, no escuchaba ruidos ni pasos; tampoco risas. Escrudiñó la mirada, murmurando para consigo mismas "Hechiceras".

-Deben ser ellas.

No se convertiría en hada; según sus maestros, en un ataque, eso significaba comenzar una pelea, y no era eso, si no, el no querer jugar al gato y al ratón con las brujas de Torrenubosa; no obstante sus planes cambiaren cuando una decena de esferas volaron como misiles hasta su posición, provenientes de distintos lugares.

No, gimió en sus adentros. Eso significaba que debían ser, cuando menos, dos personas. Sin premeditarlo se convirtió en hada y voló hasta el litoral del lago, para sentirse protegida. Hubo una siguiente ronda de esferas. Una, tras otra, tras otra, que esquivaba con facilidad, pero haciéndola retrocediendo hasta quedar en pleno lago. Cuando dos esferas la golpearon por el costado, automáticamente cayó por unos metros. El agua entró a su nariz y al salir luchó por abrir los ojos y deshacerse de esta; con desagrado escupió un puño de arena húmeda y pastosa. Miró hacia el bosque, donde las supuestas responsables aún se ocultaban entre los árboles y al erguirse, sobre un montículo terregoso, sintió débil cada parte de su cuerpo.

Debía de haber sido un hechizo muy fuerte, empero, no logró recordar de qué clase o tipo podía ser. No se había percatado, ni siquiera, de las energías de cada esfera. Respiró profundamente y fracaso en su intento de mover las alas: parecían agarrotadas de cansancio inexplicable. Con anterioridad había volado distancias más largas y todo marchaba bien. Miró impaciente al bosque, en espera del próximo ataque, pero este no llegó.

Se preparó al caminar hasta la orilla y de ahí por el bosque hasta Alfea. Lanzó dos esferas doradas y corrió todo cuanto pudo. Fue entonces cuando las esferas violetas no pararon y el viento silbó con fuerza sobre el enramado. Bloom, por su parte, lanzaba a diestra y siniestra esferas doradas, naranjas, rojas; y comenzó a sentir picazón en las partes del cuerpo expuestas a los ataques de quien fuera el enemigo.

Lo que más le atemorizaba era que el mismo tipo de magia procedía de diferentes lugares, casi rodeándola. Sólo había visto a una persona haciendo algo similar y esa era Darcy. En sus manos, y aún corriendo, creó una esfera brillante y enorme que arrojó a sus espaldas comenzando a trotar con dolores punzantes, para terminar desplomándose en la entrada de Alfea.

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-¿No viste quién era, Bloom?-cuestionó Faragonda, cuando su alumna le explicó lo sucedido.

-No-negó la cabeza resignadamente y prosiguió- . Pero era magia tan…Si no conociera la de las Trix juraría que era una de ellas.

La directora frunció el entecejo.

-¿Qué clase de hechizos eran?

-No lo sé.- se encogió en su silla - Pero me fatigaba cada vez que uno me rozaba…no era un conjuro repelente de magia.- hizo una pausa y agregó- ¿No es posible cambiar tu esencia?

A Bloom le parecía importante aquel factor. Si todos nacían con una esencia en la magia que cualquier conocido identificara, así como el olor propio, tal vez pudieran cambiarlo. Muy dentro de sí, aunque no lo aceptara, deseaba que fueran las Trix.

-No. Por suerte no ha existido poder humano capaz de eso.

-Entonces, eso descarta a las Trix.- murmuró decepcionada.

Faragonda sopesó un momento la declaración de Bloom. Sus pensamientos la hicieron arquear las cejas con preocupación.

-¿Qué te hizo pensar que eran ellas?

-El tipo de magia no era como la que se practica en Alfea.

-¿Era magia oscura?

-No. Ese es el problema, nunca hubo energía positiva ni negativa que me alertara...Por el hecho de atacarme puedo asegurar que no había buenas intenciones, incluso pensé que sería algo de Torrenubosa.

-No me parece correcto sospechar de las chicas de la directora Griffin, sin tener prueba alguna- sentenció automáticamente-. Ninguna escuela tiene permiso para capacitar a sus alumnos con magia tan…

Faragonda volvió a sumirse en pensamientos. Existían innumerables hechizos para ocultar la esencia ante un novato, el tipo de magia, incluso el rayo mismo para atacar y nada la llevaba a una conclusión donde Torrenubosa fuera inocente, de estar incluida en el problema, porque era magia prohibida de enseñar en todo Magix. Si los especialistas practicaban con armas, y las hadas y hechiceras únicamente magia común, la incertidumbre de sospechar de su reciente aliada, la directora Griffin, era tan mala y peligrosa como el hecho de que un nuevo enemigo atacara a sus alumnas.

La directora dio por terminada la charla.

-Hablaré con los directores Griffin y Saladino, quizá puedan darme respuestas. Por el momento, te salgas de los límites del colegio.

Bloom, dudosa de si debía, agregó.

-Si descubre algo, me dirá ¿cierto?

Faragonda asintió.

Le sucedieron días enteros encerrada en Alfea, pero también tres ataques más a distintas hadas. Fue entonces cuando toda clase de rumores comenzaron a nacer y el miedo se expandió. Durante una cena, por aquellos días, Faragonda reunió a sus alumnas en el comedor y les ordenó no salir a solas, sobre todo al anochecer y, con ayuda de Griselda, creó una jerarquización de cómo y en grupos de cuántas podían salir las alumnas. Una prevención inteligente, más no complaciente. Por citar un ejemplo, un grupo de cinco hadas con promedio bajo no podía salir al menos que llevara consigo cuando menos una de mayor preparación. El punto no eran números en boleta, si no, el nivel de magia que serviría para protegerse en caso de emergencia.

Eso desembocó a una atracción y popularidad a ocho hadas resignadas en Alfea por razones ajenas a exámenes extras. Se convirtieron en las buscadas para salir fácilmente del colegio; Bloom calificada entre ellas, recibía a diario un par de ofertas de ayudar a sacar del plantel a un grupo de chicas para luego, si deseaba, separarse y tomar otro rumbo. Pero, por más que intentara, no lograba que Faragonda le permitiera salir.

-Amanecí con la noticia de que una alumna de segundo fue atacada -le dijo una tarde en su oficina.

-¿Ella vio quienes eran?

Faragonda negó lentamente, compartiendo la decepción con Bloom.

-Tampoco un par de hechiceras. Algunos especialistas han visto hechos raros en el bosque y sus alrededores, pero no tenemos información, ni siquiera para asumir qué quieren.

El entusiasmo con el que Bloom había llegado a la oficina decayó considerablemente. La directora retomó la conversación.

-¿No ha sido fácil salir sin tus amigas, cierto, Bloom?

La estudiante no evitó sonreír ante el recuerdo y comentó su problema con suma inocencia. La falta de ellas, la ausencia de su pixie unida, el no poder salir a Magix. Faragonda atenta, asentía silenciosamente y al ver que su alumna finalizó la narración, dijo.

-Espero esto termine pronto. Las autoridades están enteradas, y cuando descubramos quienes o quién está detrás de esto, te prometo hablar con Ninfea para que Lockette pueda regresar.

-No sabe cuánto se lo agradezco.

El rostro iluminado de Bloom, satisfizo a la directora.

-No hay de qué…sólo debemos esperar.

Por otro lado, y es el punto por el que te llamé, Bloom-hizo un gesto reflexivo- . He hablado con el director Saladino y ambos hemos calibrado la posibilidad de que me preste algunos especialistas para resguardar Alfea. También quiero que acompañen a las estudiantes que salen.

-Buena idea-interrumpió Bloom, sin saber a dónde se dirigía la profesora. Faragonda le sonrió maternalmente y prosiguió sin haberse molestado.

-Sin embargo, no me quedo satisfecha con tu tema…ambas sabemos que eres punto clave para los ataques.

El hada arrugó el entrecejo sin saber qué significado aquello.

–El director Saladino ha notado lo mismo que yo, más aún, ahora que piensas podrían ser las Trix. Ha sido muy amable por sugerir entregarte un escolta especialmente a ti.

Bloom comprendió entonces todo y la miró con sorpresa insatisfecha.

-¡Profesora! Sólo era una idea, podría ser cualquiera.- la directora la miró - Sabe que puedo cuidarme sola. No deberían preocuparse. Hace mucho que no sabemos nada de ellas y…

-Bloom. No está en discusión, porque realmente me preocupas. Y, cierto, me equivoqué; es independiente si las Trix están involucradas en esto. Podría ser peor si alguien ajeno a nosotros nos ataca una y otra vez –se hizo un silencio y añadió con tal naturalidad que pareció sorna- Al menos, que encuentres un hada de quinto que deseé ser tu acompañante y que tenga excelentes calificaciones.

El hada abrió la boca para protestar, pero al quedarse sin ideas, resignada, apoyó el cuerpo contra el respaldo. Fue entonces que Bloom supo que debería cargar con un especialista hasta encontrar al responsable de todo aquello.


¡Por fin! Lo se, tardé mucho, pero ya para el próximo capítulo saldrá el amor de mis amores y eso me anima mucho. Ojala ya termine de revisarlo, para subirlo, porque muero de ganas. :D

Gracias a eterea-chan, SWEEtHaZeLnUT, .mUziEK., PelusitaBlack93 y a todos los que leen.

El próximo capítulo: Duelo en la playa

Besos (: , atentamente
Cereza Prohibida