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7
Silencio

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Parada junto a la puerta de Alfea, Bloom comenzó a trenzar su cabello. Había aprendido en más de una ocasión que entrenar con Riven y llevar el cabello suelto era un terrible error. La herida que comenzaba a cicatrizar en su pierna era testigo de ello, al igual que todas las ramas en las que se había enredado, durante los entrenamientos.

La primera ocasión que llevó el cabello recogido había sido casualmente cuando Riven había decido que sería bueno enseñarle un poco de defensa personal.

—Vaya—comentó el especialista con un gesto burlón—creí que tendría que insinuártelo, antes de que comprendieras que debes peinarlo.

Bloom fingió ignorarlo. Estaban en el campo de entrenamiento y suponía que él había esperado todo el trayecto hasta llegar ahí, para decírselo.

—Helio siempre lo lleva suelto.

— ¿Y alguna vez has visto a Helio pelear cuerpo a cuerpo?

Pensativa, la pelirroja bajó la mirada y, antes de responder, Riven se paró frente a ella y la desequilibró, tirando de su trenza. Bloom lanzó un reproche, pero antes de que lograra estabilizarse, él enredó una pierna entre las suyas y la chica cayó al pasto.

— ¿Era necesario? —protestó molesta, desde el suelo.

No era la primera vez que la tomaba desprevenida para darle una lección. No se había lastimado y el jalón no le había dolido, pero comenzaba a admitir ante sí misma que esos métodos de enseñanza rara vez eran cómodos.

— Helio no combate cuerpo a cuerpo. Tiene bastante práctica, fuerza y armas de alcance para mantenerlos alejados; pero tú no, Bloom. Lo ideal es que nunca tengas que combatir cuerpo a cuerpo, porque me temo que tendrás una obvia desventaja. Te recomiendo que veas todos tus lados débiles y los ocultes, comenzando por el cabello. Lo que te hice fue una caricia comparado con lo que un enemigo te haría.

Ella asintió enfadada y se levantó.

— ¿Qué propones que haga?

—Puedes guardar la trenza por la espalda, dentro de tu blusa, por ejemplo. —al ver la cara de poco convencimiento de Bloom, añadió desenvainando su espada— O cortarlo.

— ¡No!—Bloom se apresuró a aceptar su primera sugerencia. No era cómodo, pero no había dudado en que Riven fuera capaz de cortarle el cabello, pues, cuando se trataba de ser un especialista, a veces podía comportarse como el más estricto que jamás hubiera conocido. En los entrenamientos ella no era un hada, era su aprendiz. Si se caía, él no la levantaba; si sangraba, no la curaba; si se sentía fatigada, no adelantaba la hora de descanso. Su método de enseñanza a veces resultaba ortodoxo, pero parecía ser muy útil, si tenía en cuenta lo mucho que había avanzado en menos de un mes.

Una ocasión, durante la sesión de defensa personal, Riven se colocó frente a ella a una distancia tan corta que hizo a Bloom sentir nervios. Con firmeza él colocó las manos enguantadas sobre sus hombros.

—Ponte derecha, no debes erguirte. Pies separados a la altura de los hombros.

Bloom bajó la mirada. Nunca lo había tenido tan cerca, invadiendo su espacio personal; o quizá sí, pero no recordaba sentirse tan intimidada.

—Si quisiera besarte, ya lo habría hecho. —murmuró él, con desgana.

Sorprendida, levantó el rostro. No veía venir ese comentario. Riven contuvo una sonrisa de maldad y la miró fijamente a los ojos. Pronto, recompuso el gesto en total seriedad y la cuestionó.

— ¿Qué te dije que nunca hicieras?

Dubitativa, miró hacia un lado y, antes de que algo se le ocurriera, Riven la desequilibró empujándola por los hombros y haciendo un gancho con su pierna entre las de ella. Bloom cayó sobre el pasto, nuevamente.

— Te dije que jamás bajaras la guardia—la reprendió con sequedad— Debes prestar atención a tu entorno, pero anticipar sus movimientos y jamás te distraigas viéndolo a los ojos. Lo sucedido en la playa, ¿recuerdas? Te distrajo de una manera muy fácil.

Se arrepintió de haberle contado los detalles de su pelea con el enemigo y, más aún, de la especie de coqueteo que él le había hecho en el muelle, antes de atacarla; aunque debía admitir que tenía razón. Aún sobre el pasto, Bloom suspiró aquella vez y, sincronizando el presente a sus recuerdos, suspiró mientas en la puerta de Alfea terminaba de trenzar su cabello.

Ojeó el camino que comenzaba en Fontana Roja, pasaba por la escuela de hadas y se dirigía a Magix. No había señales de su compañero. Verificó la hora en su reloj y de pronto recordó que él le había enviado un mensaje la noche anterior, donde le avisaba que llegaría media hora más tarde de la planeada. Se llevó una mano a la frente.

En ese instante, Lucy y dos brujas más estacionaron sus motonetas frente al instituto para hadas. Mirta salió corriendo, mientras las saludaba, pero pronto se percató de la presencia de Bloom y se detuvo.

— ¡Hola! ¿Esperas a alguien?

—Sí, iré a entrenar con Riven ¿ustedes que harán?

—Iremos a Torre Nubosa. Habrá un concierto que organizaron algunas chicas. Nos veremos en la cena. —respondió felizmente. Subió a la parte trasera de la moto y todas partieron por el sendero que atravesaba el bosque.

Pasados un par de minutos, escuchó una explosión en el bosque, que hizo levantar el vuelo de toda una bandada. Su primer impulso fue querer correr para ayudar, pero detuvo el cuerpo apenas había dado medio paso. Miró por encima de su hombro, en busca de la prefecta Griselda, pero afortunadamente esta ya corría hacia su dirección.

— ¿Sabes qué fue, Bloom?

—Creo que fueron Mirta y unas brujas. Se fueron por el camino hacia Torre Nubosa.

— ¡Sígueme!—ordenó la mujer.

A toda prisa, ambas siguieron el sendero, escuchando gritos e impactos de hechizos cada vez con mayor volumen. Al llegar, se detuvieron en seco. Las tres motocicletas estaban varadas, en medio del camino y dos brujas yacían inconscientes en el suelo. Un joven de cabello negro, de espaldas a la recién llegadas, sostenía en la mano derecha una esfera luminosa.

La prefecta arrojó un hechizo que dio contra el hombro del chico y este giró a verla molesto, mientras la esfera se soltaba de su mano, golpeando a Lucy. La joven bruja cayó de espalda y Mirta, que se había escondido tras una motocicleta, corrió a socorrerla. Por suerte, Lucy no había tenido el mismo destino que las otras brujas, pero parecía agobiada y su mejor amiga tuvo que ayudarla a levantarse.

—Creo que te equivocaste, al atacar a mis chicas —anunció Griselda en tono grave —. Mirta, Lucy: vayan por la directora Faragonda. Necesito que todas se alejen de la batalla— advirtió en general, aunque Bloom sospechó que se refería exclusivamente a ella.

La mujer se posicionó soberbiamente y comenzó a conjurar ataques dirigidos al hombre. Estos volaban en líneas curvas e impredecibles, pero si él no los esquivaba, los absorbía tal como Bloom había visto hacía unas semanas. El hombre, que portaba una capa, peleaba con una sola mano y fue hasta que Bloom observó con más detalle sus movimientos, que se percató del cabestrillo en su brazo izquierdo. El mismo que Riven había ayudado a lesionar.

Esperó a una distancia prudente, preparándose para un ataque y convertida en hada, a pesar de que creía que Griselda podría derrotarlo sola. Sin embargo, la sorpresa la paralizó y ahogó un grito, cuando él lanzó un hechizo tan potente que proyectó a la prefecta contra un árbol. Contuvo el arrebato de auxiliarla, pero Griselda se incorporó rápidamente y, aunque cansada, volvió a la pelea.

Lejos de lo que cualquiera de ellas pudiera esperar, el joven arrojó una enorme concentración de magia hacia la motocicleta de Lucy y esta salió despedida en dirección de Griselda, quien se tiró al suelo para esquivarla sin éxito. El vehículo derrapó y rodó, para caer violentamente sobre las piernas de la prefecta. Reprimiendo un quejido, intentó soltarse, pero bastó un conjuro enemigo para que tuviera el mismo resultado que las brujas en el suelo.

Justo antes de que Bloom interviniera, él enemigo giró hacia ella y le lanzó un hechizo paralizante que fue dar a su brazo izquierdo. Apretando los dientes se llevó una mano al lugar herido. Respiró profundamente y reunió coraje para ignorar el dolor electrizante que recorría sus músculos, centrándose en mirarlo y reconocer las profundas ojeras del atacante en la playa de Magix. Pronto ignoró el pensamiento y su mente comenzó a rodar entre demasiada información. Cosas más importantes cómo no lo mires a los ojos y observa tu entorno. Separa las piernas. No tenses los brazos al lanzar un hechizo….

—Terminemos lo que dejamos inconcluso, Bloom. Será una pelea justa.

Por toda respuesta, de la mano derecha del hada brotó una llamarada de dragón, pero todo su poder y majestuosidad se esfumaron repentinamente, cando se acercó al joven. Decidida a detenerlo, comenzaron una pelea de hechizos que no daban en el blanco.

Aun cuando su brazo izquierdo se negaba a responder, Bloom intentaba algunos de sus mejores ataques con una sola mano, sin embargo él la veía, sonriente, deshaciéndolos sin apenas moverse. Cuando ella alzó el vuelo, el joven redirigió sus hechizos y Bloom cayó, cuando uno de esos golpeó su pierna. Una corriente cálida y poderosa acalambró su pierna y reconoció la magia, porque sin lugar a dudas era suya: la llama del dragón. Fue entonces que comprendió que él no estaba repeliendo o aminorando sus ataques, sino absorbiéndolos para usarlos a su favor.

Mientras Bloom luchaba por levantarse, el enemigo se inclinó hacia una de las brujas inconscientes y, colocando una mano en sus clavículas, realizó el mismo conjuro que había aplicado sobre Bloom en la playa, absorbiendo sus fuerzas y poder. La desesperación en el hada trasformó su rostro en enojo y, pasando por encima de sus principios, lo atacó por la espalda, aun sobre el suelo. El problema fue que nada lograba detenerlo.

Sus intentos por ponerse de pies resultaban inútiles. La llama del dragón, aunque no dolorosa, había logrado debilitar sus músculos. Cuando el enemigo terminó, fue hasta la segunda bruja. Bloom volvió a hacer un esfuerzo por levantarse y, al sentirse imposibilitada, volvió a emprender vuelo con dificultad, escondiéndose entre las copas de los árboles.

—Bloom, en serio. No puedes hacerme daño, así que espero que estés huyendo.

Habiendo finalizado el segundo conjuro, se levantó y caminó hasta Griselda. Dispuesto a repetir por tercera vez el mismo procedimiento, se detuvo al escuchar un sonido proveniente de su izquierda; pero de su derecha, Bloom saltó de los arbustos arrojándose contra él. El impacto lo hizo soltar el agarre y ambos rodaron por el suelo.

Justo en el momento en que se detuvieron y Bloom intentó reincorporarse, él la tomó del brazo izquierdo, dañándola con magia y el hada soltó un puñetazo hacia la nariz de su enemigo. Ambos contrajeron la cara de dolor; sin embargo, antes de que ella se recuperase, el contratacó, con un puño hacia la mandíbula. Desequilibrada, cayó en el suelo, justo en el momento que Faragonda, Mirta, Lucy y tres hadas más llegaron volando.

Ambos miraron a la directora y, cuando esta hizo contacto visual con el joven, se reconocieron. Bloom aprovechó la distracción para abalanzarse sobre él, pero fue repelida con magia. El enemigo tomó el medallón bajo su camisa y desapareció antes de que una serie de ataques lo alcanzaran.

Las tres alumnas de Alfea corrieron hacia Bloom.

— ¿Te encuentras bien?

—Sí, pero la demás están inconscientes.

Faragonda palideció al ver a Griselda en el suelo.

—Sasha, ve por ayuda. Trae a los especialistas que se encuentren por Alfea.

La aludida asintió y, convertía en hada, se alejó de ahí volando. Mientras, Mirta y Lucy intentaban mover la motocicleta, para liberar las piernas de Griselda. Habiéndolo logrado, la directora les ordenó que fueran a Torre Nubosa por Griffin. Sin tiempo que perder, las chicas subieron a una motoneta y arrancaron rumbo al colegio para brujas.

El resto de las hadas presentes asistieron a Griselda y a las dos brujas, intentado reanimarlas.

— ¿Sabes qué hechizo utilizó, Bloom?—preguntó la mujer, comprobando el pulso de las estudiantes.

—Él absorbe los hechizos para contratacar después. Me atacó con mi propia llama del dragón y me imagino que hizo lo mismo con ellas.

— ¿Cómo lo detuviste?

—Tuve que atacarlo físicamente—confesó insegura y desviando la mirada.

Faragonda por primera vez y durante una fracción de segundo, mostró claramente su preocupación. Recompuso el gesto y miró hacia el camino, donde las motocicletas de Fontana Roja se escuchaban.

Eran dos especialistas. Riven y Miles, quien asistía al grupo de Sasha y sus amigas.

—No sé por qué no me sorprende verte aquí. —murmuró el estudiante de cabellos magentas, mientras descendía de su vehículo.

Un grupo más grande de especialistas y brujas llegaron después, junto con Griffin. Algunos ayudaron a proteger las escuelas, mientras las directoras se encontraban fuera, y otros ayudaron a trasladar a las personas heridas.

Las labores se realizaron en un silencio sepulcral. Pese a que era un hecho que las afectadas se recuperarían a más tardar al día siguiente, el ambiente en que todos colaboraban no daba para decir absolutamente nada. Era el primer ataque grave, desde el incidente en la playa y, el ver a Griselda derrotada, no hacía más que teñir los ojos de las directoras de una preocupación difícil de disimular.

Cuando Riven se alejó en su motocicleta, escoltando a un grupo de hechiceras hacia su colegio, Bloom se alejó a una distancia prudente de la civilizada, pero cortante discusión que Faragonda y Griffin habían comenzado. Podía escuchar sus palabras y no sabía a donde ir. Debía esperar a su compañero y lucir lo más indiferente posible, mientras ellas discutían el peligro que tenían las estudiantes al salir, pero también el nivel de bajo perfil que debía mantener todo ese asunto, ante los ciudadanos de Magix y lo polémico que sería enviar a las chicas a sus hogares.

Cuando Riven regresó, Bloom se sintió aliviada de poder distraerse con alguien y se acercó hasta su motocicleta. Ambos se vieron, frente a frente y en un gesto desprevenido, él estiró su mano hasta la barbilla del hada. Tomándola, levantó su rostro un poco para poder apreciar el golpe en su quijada que comenzaba a adquirir una tonalidad violácea. No había sido un golpe serio, pero en definitiva no había sido accidental.

— ¿Quién golpeó primero?

—Yo.

Riven observó con reproche el área afectada, decepcionado de que un hombre fuera capaz de dañar a un hada de manera similar. Entre hechiceros no había distinción de género para atacar; pero él, dedicado a entrenar cuerpo a cuerpo y con armas, sabía que ni en sueños podría combatir de esa manera con un hada o una bruja. Era desleal. Principal razón del por qué nunca había podido pelear contra las Trix.

—Te dije que nunca te metieras en peleas— la reprendió el especialista.

—No tuve otro remedio, estaba absorbiendo la magia de las demás y era inmune a la llama del dragón.

El especialista soltó su rostro. Se sentía decepcionado, porque una parte de él había creído que una de las fortalezas de Bloom sería que nadie se atrevería a regresar un ataque físico. No un hombre.

— ¿Cómo lo golpeaste? —cuestionó, apretando con su dedo índice y pulgar el puente de su nariz. La última ocasión que Bloom se había visto metida en una pelea, había significado problemas para él.

—Con el puño, en el rostro, pero creo que me dolió más a mí.

Riven se estiró para alcanzar la mano derecha del hada y analizar el daño. Por suerte no se había abierto los nudillos. De hecho, se veía en perfecto estado.

— ¿Te duele el pulgar?

—Sí, exactamente. ¿Cómo supiste?

Bloom observó su propia mano entre las de su compañero. Después de usar sus poderes las manos solían sentirse tibias durante un par de horas y el contraste de su temperatura con los dedos fríos de Riven era difícil de ignorar. El especialista negó con la cabeza, mirando la palma y el dorso, palpando el dedo pulgar para averiguar si se lo había fracturado, pero ella nunca se quejó.

—Es un error muy común. Tendré que enseñarte a golpear.

Apenas dijo eso, la discusión que se llevaba a cabo a unos metros de ellos, se detuvo y Faragonda se acercó a ellos.

— ¿Estás herida, Bloom?

— Nada roto.

La mujer los observó, analizándolos seriamente y, tras un par de segundos, dirigió la palabra hacia Riven

— ¿La has estado entrenando?

—Sí, directora.

La mujer asintió pensativa y sin permitirles explicaciones, añadió.

— ¿Podrías escoltar a la directora Griffin hasta Torre Nubosa?

— Por supuesto.

Los dos estudiantes vieron alejarse a Faragonda, que caminó hasta su vieja amiga y rival, quizá para despedirse.

— ¿Estamos en problemas?—preguntó Bloom en un susurro.

Él suspiró, pasando una mano por su cabello magenta. Sospechaba que sí, pero era algo que había previsto desde el momento en que había llegado al bosque y sus ojos se habían topado con la presencia de Bloom.

—Descansa por hoy. Mañana paso por ti a las diez: te daré una clase teórica.

Ambos se miraron a los ojos, como acordando un pacto. Después, Riven se acercó a la directora Griffin, mientras Bloom caminaba junto a Faragonda, de regreso a Alfea.

Al igual que todos ellos, el bosque estaba en silencio; pues de alguna u otra manera, todos se sentían derrotados aquella mañana.

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Bloom se miró al espejo. El ungüento que la enfermera Ofelia le había ofrecido había desinflamado su golpe considerablemente y ella le había prometido que nadie lo notaría para el día siguiente. Lo esperaba con impaciencia. No había sido divertido evitar las preguntas de las demás hadas, a la hora de comer. Les parecía curioso que ella y el enemigo hubieran compartido un par de golpes y ella comenzaba a sospechar que hacer de dominio público que Riven y ella entrenaban, podía meterlos en problemas —si es que no lo estaban ya—.

Observó su solitaria habitación. Ni siquiera estaban las plantas parlantes de Flora y Alfea estaba aún más silenciosa que de costumbre, pese a que las clases de verano se habían cancelado por ese día. Griselda continuaba en la enfermería y suponía que quizá hasta mañana en la tarde se recuperaría.

El sonido de su celular, la sacó de sus cavilaciones. Sorprendida de recibir una llamada, se lanzó a la cama para tomarlo. Antes de responder, echó un vistazo a la pantalla y sus ánimos se elevaron cuando leyó el nombre de Layla en la pantalla.

— ¿Hola?

— ¡Bloom! ¿Cómo te va?

— ¡Lalyla! Me da tanto gusto escucharte.

— Lamento no haber podido llamar antes. ¿Estás ocupada? Puedo llamar después— agregó tímidamente la princesa de Andros.

— Nada de eso. ¿Sucede algo?

— ¡No, no! Solamente quería saber cómo estabas. Me enteré que las cosas no han andado muy bien en Magix, pero no he querido decirle a Stella para no agobiarla. Sus padres han discutido sobre con quién pasaría el resto de las vacaciones y no se siente con muchos ánimos.

Bloom suspiró, ignorando el cuestionamiento sobre cómo se encontraba, pero anotó mentalmente que debía llamar pronto a Stella: no había hablado con ella desde el inicio de las vacaciones.

— Lamento que eso le haya sucedido. —comentó, desviando la atención de la pregunta de Layla. — Pero, entonces eso significa que pronto terminará la reunión.

— Realmente terminó hace una semana, pero se abrió un foro de debate y discusión en la sede. Además de las princesas, han asistido algunos príncipes, hijos de primeros ministros y otros jóvenes interesados en la política. No ha habido nada controversial, pero hablamos de temas importantes como de seguridad y educación de la magia.

— Suena interesante— comentó Bloom que, procurando sonar tranquila y casual, tanteó — ¿Han….hablado de Domino?

Layla respiró profundamente mientras Bloom esperaba la respuesta.

— Me temo que no y es muy extraño: nadie en la asamblea ha mencionado absolutamente nada sobre lo que está haciendo Eraklion.

— Comprendo— respondió Bloom, triste. Recompuso el semblante y el tono de voz al instante— pero bueno, ¿qué tal te ha ido? ¿Has hecho algo interesante?

Layla soltó una risa nerviosa.

— Nada en especial. Bueno, yo…conocí a un chico.

Ambas sonrieron.

— ¿Un chico? ¿Has estado saliendo con alguien?

Al sonrojarse, Layla agradeció no haber hecho una videollamada.

— Sí. Bueno, hemos conversando en las horas de descanso. Él es de Andros, su familia pertenece a una de las familias nobles y ha venido a los debates y conferencias. Se llama Nabu.

Bloom amplió su sonrisa. Le agradaba oír esa noticia. Layla no era el tipo de chica que se sentía triste por no tener a alguien a su lado y suponía que el tal Nabu debía ser un buen chico, para que ella se fijara en él. En definitiva Layla lo merecía, sobre todo, por ser quien amablemente las había acompañado constantemente, a Musa y a ella, cuando cada una terminó su respectiva relación.

Emocionada, continuó escuchándola. Era agradable poder conversar con una de sus amigas, después de tanto tiempo y, cuando colgó, se sintió satisfecha de que Layla hubiera olvidado de preguntar nuevamente sobre lo acontecido en Magix. En realidad, ese no era un buen día para hablar de enemigos.

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Al anochecer, el cielo se apagó, sin estrellas y de manera tenebrosa. Como bien predijeron algunas de las chicas, por experiencia propia de ese verano, para después de la cena estaba granizando y la temperatura había descendido.

Nadie lo mencionó, pero era evidente que algo andaba lo suficientemente mal cómo para afectar a la madre naturaleza. Ahora, más que una advertencia de peligro, parecía ira y frustración cayendo a raudales desde el cielo.

Antes de ir a su departamento a dormir, Bloom desvió su camino y tocó al despacho de Faragonda. Cuando recibió la indicación de pasar, abrió la puerta y asomó la mitad de su cuerpo.

—Hola, yo… quería preguntar su podíamos conversar sobre lo sucedido hoy

La mujer mayor asintió, sonriendo maternalmente hacia ella. Se veía cansada, pero alegre y nada sorprendida de recibirla en su oficina. Cuando Bloom tomó asiento, no supo si debía comenzar o esperar a su directora, pero la mujer mayor habló primero.

—Creo saber quién es el joven que ha estado haciendo todo esto.

Expectante, la alumna esperó a que continuara.

— La policía de Magix tiene muy pocos datos de él, pero sabemos con certeza que su nombre es Devon y que es originario de Linphea.

— ¿Y usted lo conoce?

—No personalmente, pero el año pasado ocasionó algunos problemas menores para los guardias de la prisión de Roca Luz y nos advirtieron a los tres directores sobre él. Intentó en varias ocasiones liberar a las Trix, sin éxito alguno. Ni siquiera ellas supieron de él, pero no me sorprende vincularlo con la reliquia y el medallón de teletrasportación que usa. El informe de la policía no dice nada, pero sospecho que él no es un hechicero de nacimiento.

Bloom asimiló la información y ambas se quedaron en silencio.

— ¿Está segura que las Trix nunca tuvieron contacto con él?

—Sí. Cuando Lord Darkar las liberó, lo arrestaron, pero lo dejaron libre cuando comprobaron que él no tenía nada que ver. De ahí, no tenemos más información. ¿Venías para hablar sobre ello?

El hada negó con la cabeza.

—Necesitaba halar de algunas cosas con usted, respecto a la cueva.

—Por puesto, te escucho.

Bloom hizo una pausa para acomodar sus ideas. Después de la misión a la cueva cristalina, le había comentado a Faragonda la decepción que había sentido al no poder entrar, aunque no había mencionado nada sobre los extraños recuerdos que había experimentado. La noche anterior, Lenith le había dado muchas pistas para esa cuestión y pensaba que lo adecuado sería mencionarlas.

—Lenith me habló de la leyenda del bloqueador y de lo mucho que podía vincularse a los escritos de una historiadora llamada Cecile— al ver sorpresa en los ojos de Faragonda, tanteó—. ¿Usted sabe de ella?

—Por supuesto, pero no sabía que hubiera hecho algún estudio sobre la cueva cristalina y, mucho menos, que lo hubiera relacionado con un cuento. Jamás habría imaginado que pudieran tener algún vínculo.

—Lenith me dijo que quizá había cierta relación. Hoy por la tarde busqué algunos escritos de Cecile, pero no encontré nada relevante.

—Bueno, cuando murió dejó toda su investigación en manos del gobierno de Magix y realmente son pocos los textos que se han hecho públicos. Te prometo que investigaré al respecto, Bloom. Su carrera constó de encontrar y proteger hechizos, pergaminos y artefactos mágicos muy poderosos y deberíamos prepararnos, si este chico tuvo acceso a algunos de ellos.

Ambas se quedaron en silencio y la cabeza de Faragonda comenzó a dar vueltas a lo poco o mucho que sabía sobre esas tres pistas: la reliquia, le cueva cristalina y la leyenda del bloqueador. Aun cuando no encontraba precisamente qué relación tenía esa última con las demás.

—Señorita Faragonda. ¿Puedo hablar de otra cosa con usted?

Con un gesto de cabeza, la instó a continuar.

—Cuando fuimos a la cueva, el agua no nos permitía entrar. Pero algo sucedió y aun no sé si esto tiene que ver con todo lo que Lenith me contó. Yo tuve una...no una visión, pero fue como si, sumado al dolor que el agua producía, todos mis recuerdos se concentraran en personas que me han hecho entristecer. En todo caso, si lo que dice a leyenda es cierto, son personas a las que no he podido perdonar.

El hada desvió la mirada, avergonzada. Decirlo había sido más difícil a como lo imaginaba, pero se sentía liberada. La directora meditó sus palabras en silencio. Había demasiado en qué trabajar.


Les envío saludos a todos y agradezco sus comentarios a:
Briar Charming y a Chin-Li Blaze
Ustedes son geniales, más que el Riven x Bloom y eso es mucho :B

La verdad es que me costó tanto planear la pelea de Bloom. Fue lo que más me detuvo y por más que me sentaba a hacerla, nada me salía.

Actualizaré pronto. Amo Verano Fugaz: creo que de todos mis fics, es mi favorito.
Por lo mismo, si estas por ahí leyendo y tienes una crítica, házmela saber. Creo que las críticas siempre nos favorecen a los escritores, porque eso (y el tiempo) son los que nos hacen crecer.
O si por el contrario, te agrada, me hará feliz oírlo (o leerte, en este caso) xD

Oh, sí, y pues Nabu. Creía que no me sería útil, así que no pensaba añadirlo a la historia, pero podría eventualmente serme de utilidad y, puesto que el fic se desarrolla pasando de largo la temporada 3 en adelante, quise añadirlo de esta manera. Lo mismo va para la trenza de Bloom. Amo la trenza de Bloom de la sexta temporada (lo único q me gusta, de hecho)… y bueno.

Cereza Prohibida ;)