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9
Mordiscos de recuerdos
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Bueno, no era que le molestara del todo. Si bien, no estaba siendo la clase de verano que ella acostumbraba, no estaba del todo mal. La noche anterior había salido al cine con Mirta y otras chicas y ese día había amanecido tarde y, después de una cita con Faragonda, había gastado el resto de la mañana jugando voleibol con las demás hadas. En el verano no había tenido un día similar, pero era algo diferente y se sintió feliz de pensar que Vanessa la elogiaría cuando se enterara de que en lugar de leer y ver televisión todos los días, había salido a entrenar puntualmente. Podía omitir que había sido para combatir a un extraño enemigo y que la había entrenado un guapo especialista. Después de todo, Vanessa no necesitaba emocionarse por aventuras y romances imaginarios que causaran en Mike preocupaciones y celos.
Desde su posición en la cama miró el reloj de pared y suspiró con fastidio. Faltaban todavía cuarenta minutos para que el comedor abriera y realmente moría de hambre. No había alcanzado el desayuno por despertar tarde y no había amanecido más temprano, porque no había visto a Riven ese día.
Entonces, por un momento, extrañó los entrenamientos. Aun cuando había pasado toda la tarde anterior con su amigo especialista, extrañaba salir con él al bosque, correr, practicar con los poderes y los cientos de trucos que él se enseñaba para luchar. Aquella mañana había amanecido con la placentera, aunque extraña sensación de saber que no habría entrenamiento, pero un pinchazo de preocupación la había desanimado. Había olvidado desearle suerte en su reunión con Saladino y, aun a sabiendas del resultado y que tanto ella como Riven estaban lejos de todo castigo, no paraba de preguntarse si debía llamar para felicitarlo o dejarlo en paz.
La noche anterior, al regresar del cine, en la puerta de su apartamento había visto una nota. La caligrafía limpia y estilizada de Faragonda la citaba en su oficina para la mañana siguiente. En realidad, había creído que la directora la regañaría y que el destino de Riven sería similar cuando él charlara con Saladino, pero nada de eso ocurrió.
—Creo que los escritos de Cecile han sido la pista que necesitábamos, Bloom.
Al escuchar eso, había suspirado de alivio.
—Entonces, ¿Cuándo podremos partir?
La directora había negado con la cabeza, con una sonrisa maternal.
—Me temo que postergaremos el viaje por unos días. Por el momento, las tres escuelas nos encargaremos de llevar acabo la propuesta de Riven— ante la cara de incógnita de Bloom, la directora había proseguido—.He hablado hace unas horas con el director Saladino. Se siente satisfecho con el desempeño que Riven hizo como tu entrenador y hemos acordado que sería una buena oportunidad que nuestras hadas y brujas también aprendan de los especialistas, sobre todo, en caso de que vuelva a ocurrir lo mismo que en la playa. — cuando la directora continuó, la sonrisa victoriosa de Bloom se apagó lentamente—Quizá tus entrenamientos con Riven se vean suspendidos durante un par de días, pero pronto volverán.
La duda la angustiaba, preguntándose si llamar a Riven o no, porque quizá estaba muy ocupado o se había tomado el día para descansar. Además, no sabía qué tanto tiempo tendría él para escucharla hablar sobre todo lo relacionado con Cecile y sobre que Faragonda hablaría con la Biblioteca de Historia y Magia, para tramitar el permiso de un acceso. No había tenido tiempo de contarle nada de eso y quizá no era ese el momento adecuado.
Aun recostada miró por la ventana el paisaje sin nubes. El sol brillante en su cenit la hizo pensar en su mejor amiga, quien debía estar pasándolo realmente mal para no atender sus llamadas. En días previos había intentado marcar a su número, pero las llamadas no se enlazaban o la princesa de Solaria había optado por apagar el teléfono. Probó una vez más y marcó, ansiando escuchar la voz de Stella, pero el resultado fue el mismo de todas las veces anteriores.
Viendo las figuras imaginarias de su techo, estiró de mala gana un brazo para dejar el celular en la mesita de noche. Sin preverlo, el impacto de su mano buscando a tientas el buró, chocó contra sus libros y la lámpara cayó de un golpe, la pila de libros se desplomó y escuchó su celular rebotar en el suelo.
Bloom e incorporó de inmediato y vio el foco hecho añicos en el suelo. Miró a Kiko, quien asustado sobre su cojín de descanso, parecía haber despertado abruptamente de su siesta.
—Solo tiré un par de cosas por accidente. Vuelve a dormir
Se hincó en el suelo para juntar los libros y los apiló nuevamente; creó un hechizo para recoger los trozos de cristal y buscó con la mirada su celular. Se agachó para echar un vistazo debajo de la cama y estiró un brazo, para buscarlo.
A diferencia de su habitación de Gardenia, debajo de su cama no escondía nada, como cajas repletas de libros, diarios y cuadernos viejos y fue por esa misma razón que al sentir una caja, respingó. Kiko saltó por la habitación para ayudarla y se escabulló en la oscuridad. Salió arrastrando el celular de Bloom, pero ella aún se estiraba para sacar la caja. Era pequeña y auguraba sería de zapatos, pero no recordaba haber echado nada debajo. ¿Sería de Flora?
Como un arqueólogo, expectante y emocionado, tomó finalmente el objeto de su deseo y lo sacó a la luz. Con una mano acarició a Kiko, agradeciéndole el haber rescatado su celular, pero al reconocer la caja, sus hombros se relajaron. Lo que tenía en manos la había desarmado de toda emocionante curiosidad.
En meses no había recordado su existencia pues, para comenzar, era inusualmente bonita, de las primeras (y costosas) zapatillas que había adquirido en Magix, una tarde feliz con Stella. Nunca había querido deshacerse de ella y al comienzo de su relación con Sky, en el segundo año de Alfea, había almacenado fotografías y recuerdos, no sólo de las Winx y los especialistas, sino, en su mayoría de Sky.
Quitó la tapa, temerosa de estar a punto de abrir la cajita de Pandora.
Si bien no hubo males para el mundo, se sorprendió al darse cuenta de la cantidad de objetos que, había olvidado, tenía ahí. Boletos para el concierto al que habían ido una vez, una rosa que previamente había secado entre las páginas de un libro, y fotografías. Montones de fotografías. La mayoría de Sky y ella solos, aunque algunas otras en reuniones con sus amigos en común. También, había cartas. Muchas, pero ni siquiera quiso abrirlas y hojearlas, porque sabía que si bien la caja no había despertado ninguna emoción fuerte en ella, releerlas podía ser su sentencia a llorar o a enojarse el resto del día.
Para comenzar, ninguna de esas cartas databa de cuando eran novios. Las cartas habían venido después, cuando Bloom no fue a despedirse de Sky en Fontana Roja y cuando ella no respondió sus llamadas. No necesitaba releerlas porque sabía de memoria lo que venía escrito, después de todo, decían lo mismo en esencia: Bloom, te necesito. Bloom, te amo. Bloom, esto no es algo que esté en mis manos. Bloom, compréndeme. Sin embargo, para ella el significado de todas aquellas letras eran: Bloom, respóndeme. Bloom, ¿acaso no me amas?, Bloom, soy un cobarde.
En algunas ocasiones se había preguntado si había sido demasiado dura con Sky y aun después de ocho o nueve meses, no encontraba una respuesta a esa interrogante. Examinó las fotos, llenas de sonrisas y felicidad.
Después de derrotar a Lord Darkar, habían comenzado un nuevo ciclo escolar con emoción. Ella y Sky se veían constantemente, no discutían ni había malos entendidos. Bloom creyó venir un reinado de paz y bien merecido descanso. Las Winx y los especialistas se dedicaban a salir los fines de semana y no había problemas más grandes que misiones menores y divertidas.
Pero entonces, apenas con dos meses de armonía, comenzaron los problemas.
Eraklion lanzó una comitiva para recuperar Domino y protegerlo de enemigos que desearan desenterrar sus tesoros y hechizo ocultos. Ella lo entendió con optimismo y alegría. Era un planeta deshabitado que pocos habían tocado en décadas y Eraklion proponía reconstruirlo, modernizarlo y poblarlo. Todo financiado con recursos propios y habitado por ciudadanos propios. Y, aunque al principio parecía algo magnifico, poco tiempo le tomó para caer en cuenta que Domino ya nunca más sería Domino, sino un anexo de otro planeta.
La Nueva Erkalion, la llamaban los medios osados que analizaban la campaña de uno de los planetas más poderoso de la dimensión mágica.
Aun fundido en aquel terrible hechizo invernal, nunca regresarían las ruinas del castillo y todos los secretos que guardara su lugar de nacimiento. El planeta, junto a Daphne y sus padres, junto a sus habitantes, jamás regresarían. Y ella jamás tendría los recursos para traerlo de vuelta. Había caído en cuenta de que era una princesa sin reino y cuando intentó comprobar sus temores con Sky, comprendió que efectivamente su miedo era real, porque él no tuvo argumentos para intentar convencerla de lo contrario. Aún con las mejores intenciones, se habían apropiado del único vestigio de su pasado y origen.
Para romper su relación no habían bastado las incansables discusiones sobre los pros y los contras, sobre lo antiético y lo correcto que era que el padre de Sky colonizara Domino. El punto decisivo había sido cuando Sky tuvo que decidir entre continuar su carrera en Fontana Roja o regresar a Eraklion a ayudar al rey. Pero fue un punto final cuando él se negó a contradecir a su padre y las esperanzas de Bloom y la admiración que sentía por su novio se desmoronaron.
Pasaron horas en el teléfono y en los jardines conversando sobre lo bueno que habría en un futuro, si Eraklion anexaba el territorio de Domino, a su poder; pero Bloom se negó a aceptar sus argumentos. Al final de cada discusión, Sky parecía más confundido y, aunque aseguraba comprender el punto de vista de ambos, una parte de él sufría por las emociones que ella cargaba.
Entonces, llegó el día que Sky partió de Fontana Roja y Bloom no fue a despedirse porque él había dicho que no había poder en sus manos que detuviera a su padre. Bloom, a diferencia de él, creía que sí lo había. Así que la relación terminó.
Bloom no fue a despedir a Sky y no contestó ninguna de sus llamadas. Tampoco respondió sus cartas.
Guardó luto por Domino y por el valiente Sky del que se había enamorado. Continuó su vida en Alfea, sin las esperanzas de volver a ver a Marion y a Oritel, con la esperanza de saber que a veces soñaba con la voz de Daphne. Dejó de investigar sobre Domino y olvidó Fontana Roja.
Se incorporó, dejando la caja abierta y la fotografías esparcidas en el suelo. Se echó sobre la cama, pensando en el tiempo que había pasado desde todo eso. Kiko tomó un lugar a su lado y tanteó su brazo, insistentemente. De manera equivocada, Bloom creyó que era su manera de animarla, así que se dedicó a acariciar la suave cabeza y orejas de su conejo.
Miró el techo, con la incógnita de si había sido demasiado dura con Sky, pero esta desapareció pronto, porque el recuerdo de sus padres y de todos los habitantes de Domino, ocultos bajo el hechizo de las tres viejas hechiceras, siempre era más fuerte que el deseo de ceder. Su pestañear comenzó a hacerse cada vez más pesaroso, y cerró los ojos, jugueteando aun con las caricias a Kiko hasta que olvidó todo. Su mente se quedó en blanco y ya no había más Domino, ni Sky ni Kiko. No cayó en cuenta de cuándo o cómo, pero en ese suave vaivén de descanso mental tampoco había melancolía.
De pronto y sin sentirse extrañada por ello, estaba en el pórtico de la Biblioteca de Magix el primer día que había pasado con Riven aquel verano. Miró la pantalla vacía de su celular y cuando levantó el rostro, miró a Riven, intentando ver la misma pantalla. Creyó que él se alejaría por la cercanía, pero ambos se miraron sin moverse. La pelirroja intentó sonreír y esperó a que él sonriera, pero no sucedía nada. Ver los ojos violetas de Riven era lo único que podía hacer con seguridad, aun cuando se sentía nerviosa y esperaba con insistencia que el bromeara o hiciera un gesto. Respiró profundamente y al hacerlo, el aroma de la loción de Riven combinado con su aroma natural, impregnó el ambiente.
Cerró los ojos un segundo y al abrirlos, la noche salpicada de estrellas los rodeaba.
De un momento al otro, el día se había convertido en noche y el pórtico de la biblioteca, en el del cine, pero Riven seguía ahí, sentado en su motocicleta mirando al frente, ignorándola por completo. Bloom dio un paso hacia él y murmuró "gracias por traerme". Entonces, inclinó su cuerpo y besó la mejilla del especialista. Había esperado sentir el contacto frío, pero su piel era cálida y suave, con la barba recién rasurada y el aroma de su loción haciéndola sonreír contra su mejilla, aun besándolo. Y, aunque no lo veía, supo que él también sonreía y que si se despegaba, el giraría y rozaría sus labios con los suyos, antes de que ella pensara en poner distancia.
Entonces, abriendo los ojos al instante, Bloom despertó de su sueño. Miró la luz del atardecer filtrase por su ventana, apenas iluminando su habitación. Se quedó quieta, a la expectativa, pues aún sentía la mejilla de Riven sobre sus labios y la expectativa de que él la besara. Respiró profundo y exhaló, reafirmando mentalmente que de manera efectiva, sólo había sido un sueño.
No tenía idea de qué la había llevado a soñar eso, pero Tecna decía que los sueños siempre tenían alguna explicación lógica y sencilla. Su mente sí que le había hecho una buena jugada. La noche anterior, al bajar de la motocicleta y agradecerle el favor, el impulso de felicidad le había sugerido inclinarse y besar la mejilla de Riven, pero no había querido incomodarlo ni que él se burlara, malinterpretando las cosas, como solía. Cerró los ojos nuevamente, repitiendo en su cabeza las imágenes y la sensación de acercarse al especialista y besar su piel, porque en el sueño todo parecía natural y real. Recordó el aroma de su loción y sin quererlo, respiró profundo aun cuando, para su decepción, en el ambiente no estaba su aroma. Abriendo los ojos se llevó una mano al rostro.
Distraídamente, las yemas de sus dedos acariciaron sus labios y se quedó mirando el techo, recordando lo común que era olvidar los sueños. Hacía tiempo no tenía un sueño tan real y no quería olvidarlo. Repentinamente alarmada miró su reloj de pared. Tres horas más. Había dormido tres horas y el comedor debía estar cerrado nuevamente. Ahora tendría que escabullirse a escondidas a la cocina o esperar a la cena. Rendida ante esa idea, volvió a relajarse, recordando el sueño una y otra vez, con la esperanza de retenerlo en su mente, como agua entre los dedos.
En la paz de su habitación se escuchaba solo el sonido de Kiko comiendo. Era extraño, puesto que Kiko no guardaba el desayuno para tener porciones al atardecer y fue entonces, que recordó con culpa no haberlo alimentado en la mañana. ¿Alguna de las chicas habría entrado a alimentarlo? Preocupada, se sentó y observó la habitación. El cojín de Kiko estaba vacío, y desde ahí podía ver que la jaula estaba en condiciones similares y también su tazón vacío. Flora se había llevado sus plantas, así que no había forma... Se quedó quieta, buscando identificar de dónde provenía el sonido. Era tan cercano. Extrañada, miró a un lado de su cama. Nada. Entonces, estiró el cuerpo hacia el otro lado y ahí estaba el conejo sobre sus fotografías, royéndolas.
— ¡Kiko! —gritó Bloom, en un arrebato de molestia.
El conejo, sorprendido, soltó la fotografía que sostenía entre sus patas y salió corriendo de la habitación, como todo un maleante fugitivo.
Bloom miró incrédula el montón de fotografías roídas. Había mordido casi todas y, en su mayoría, había decidido quitar a Sky de ellas. Se quedó un momento mirándolas con pesar y dudosa de si tirarlas o volverlas a dejar en la caja.
Observó largamente el desastre, sin inmutarse. En cualquier otro momento podía haberse puesto a llorar o sentir tristeza por todos esos recuerdos deshechos, pero pensó que lo cierto era que en el presente, en su presente, solo eran un recordatorio de un pasado muy lejano.
Se levantó de la cama y recogió las fotografías, apilándolas en tres delgados montones, sin separar siquiera las que todavía eran salvables. Entonces rompió por la mitad un montón y siguió con el siguiente y el último. Las metió dentro del empaque más hermoso de zapatos que nunca había visto y lo tiró al cesto de basura.
Más que triste, se sintió orgullosa por el coraje que requería hacer eso. Con optimismo, pensó que luego podía comprar otros zapatos costosos con Stella y guardar recuerdos felices en la caja.
Con el rabillo del ojo, detectó movimiento en la puerta y al girar el rostro, vio a un muy temeroso Kiko, asomando la cabeza.
—No crea que te salvarás del regaño—murmuró, poniendo los brazos en jarras.
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Desde que escribir el capítulo de "Sky", moría de ganas por subir este, que es donde explico finalmente (y como nunca, diría la canción) qué fue lo ocasionaron todos los problemas entre Bloom y Sky. Ojala sus dudas hayan sido respondidas, aunque no sé si ya se veía venir un poco todo este asunto.
Les envío saludos a los que leen, (porque traffic stories me dice que leen, a-ja-já!) y espero les esté agradando. El próximo capítulo es uno que especialmente muero por subir, así que tengan por seguro que nos leeremos (:
Agredezco muchísismo a Mary, por su review. Como fue anónimo, no tuve la oportunidad de contestarte, así que déjame decirte que te agradezco muchísimo tu comentario. Me dio muchos ánimos de continuar y es agradable y alegre saber que aun cuando mola bastante el Riven x Musa, le has dado una oportunidad al Riven x Bloom, y, mejor aún, que te ha gustado. ¡Gracias! C:
Recuerden: ¡Larga vida al crack pairing!
Cereza Prohibida
