Capitulo II

Sherlock encontró a Molly exactamente donde sabía que estaría, en su escritorio terminando sus informes diarios. Sonriendo cálidamente, ella se levantó al verlo que se acercaba.

"¡Esperaba verte pronto!"

"¿Por qué?" La mirada glacial de Sherlock se suavizo mientras ella presionaba de manera juguetona su brazo.

"Porque hay algo de lo que quiero hablarte." Alegre, Molly le dio un colorido folleto.

Él lo observo casualmente. "¿Una exhibición de anatomía humana?"

"En el Museo de Historia Natural. Ves, se inaugura el lunes, pero los miembro estamos invitados a la pre inauguración mañana por la noche."

Sherlock parecía desconcertado. "He estudiado la anatomía humana de manera extensiva y diría que soy un experto. Al igual que tú. ¿Qué podíamos aprender de esto?"

Los ojos marrones de Molly brillaron divertidos. "No iríamos para aprender, Sherlock. Vamos porque es algo que nos interesa a los dos. Después podríamos ir a cenar. Seria… una cita. Nuestra primera cita real."

Si ella no lo conociera tan bien, Molly hubiera jurado que Sherlock parecía afligido. Trato de verlo a los ojos, pero él seguía mirando con intensidad el folleto. Inquieta por su falta de respuesta, ella comenzó a morder su labio inferior. "O podríamos hacer otra cosa. ¿Solo cenar? Mmm... olvídalo. Está bien."

Totalmente ruborizada, volvió a prestarle atención a los papeles que cubrían su escritorio. Quizás Sherlock quería planear su primera cita. Esperaba no haberle robado la oportunidad.

Al contrario, el detective no tenía idea de por qué Molly quería tener una cita o porque era necesario pasar por eso. Él entendía que el propósito de salir era que dos personas se conocieran mejor, pero él ya conocía a Molly. Las citas también ayudaban a dos personas que se agradaban a pasar tiempo juntas. Pero ellos podían pasar tiempo juntos en la morgue o en su apartamento los domingos. Ir a un museo y luego a cenar era innecesario.

Él la miro por el rabillo del ojo. Estaba tan feliz cuando había cruzado las puertas dobles del laboratorio, pero ahora todo lo que percibía era ansiedad. Entonces sintió algo extraño – él deseaba hacerla feliz.

Sherlock asintió con la cabeza. "La exhibición seria agradable. Muy agradable, en realidad."

Molly irradiaba felicidad "¿De verdad quieres ir?"

"Sí." Doblo el panfleto con cuidado y lo guardo en su bolsillo. "Pero ahora necesito ver el cadáver de María Gibson."

Después de que Molly abrió la bolsa, Sherlock rodeo lentamente la mesa.

"Es horrible, ¿No crees?" Molly estaba acostumbrada a ver cuerpos, pero este asesinato era particularmente brutal.

"Nuestro viejo amigo el objeto contundente hizo esto." Sherlock se acercó para ver más de cerca. "¿Cómo pudiste identificarla sin su información dental?"

"Huellas digitales. ¿Ves los raspones en las manos y las rodillas? Creo que fue atacada por detrás y cayo antes de que comenzaran a golpearla."

"Buena observación, Molly," dijo sonriendo. "Gracias. He visto todo lo que necesitaba."

"¿Entonces te vas?" ella camino rápidamente para alcanzarlo.

"Te enviare un mensaje con respecto a mañana. Ahora tengo que decirle a Lestrade que sus gran equipo arresto al hombre equivocado."


"Es un caso cerrado, Sherlock. No sé por qué quieres meter tu nariz en esto." Lestrade se quitó su abrigo mientras Sherlock entraba con él a su oficina.

"Mi cliente cree que arrestaste al hombre equivocado, y ella tiene toda la razón."

El detective inspector rodo los ojos. "Tu cliente es Luciana De Silva, ¿no? Ella parece determinada a lograr que arresten al esposo de su hermana sin tener ninguna evidencia."

"Dice que Gibson tal vez quería a su esposa fuera del camino para continuar con su nueva relación," dijo Sherlock.

Lestrade tomo asiento y encendió su computadora. "Revise esa información. En todos los sitios de chismes dicen que Gibson tenía una amante, pero tiene una coartada para el momento del asesinato. Estaba en una videoconferencia con inversionistas de Shanghái."

La paciencia de Sherlock estaba acabándose. "¿Viste el rostro de la víctima, o mejor dicho lo que quedo de el? Un ladrón común no hubiera matado a una mujer de esa manera solo por un teléfono. Este es un crimen pasional."

"La brutalidad no indica que un drogadicto no pudiera hacerlo. Sam Clark estaba tan arriba como el Big Ben cuando lo arrestamos."

"Es ilógico."

"Tal vez si, Spock, pero he conocido adictos que hacen toda clase de cosas ilógicas cuando están intoxicados. Y tú también."

Ignorando la mirada de Lestrade, Sherlock escribió un mensaje de texto. "Sam Clark no cometió este crimen. Solo alguien emocionalmente involucrado destruiría el rostro de una mujer de esa manera. Y si era parecida a su hermana, la Sra. Gibson era una mujer hermosa."

"¿Ahora te das cuenta de esas cosas?" Lestrade dijo sorprendido, ganándose una mirada asesina. "Si, la Sra. Gibson era hermosa. Ella y tu cliente eran gemelas.

Sherlock considero esa información. No sabía que las dos mujeres eran gemelas. "¿Qué otra evidencia tienes?"

"Ninguna. No hay testigos, no hay evidencia física- "

"Que Anderson encontrara, querrás decir," Sherlock dijo con desdén.

Lestrade apunto hacia la puerta. "Muy bien, Sherlock. Adiós. Que tengas una excelente tarde. ¡Vete!"


La madre de Neil Gibson siempre dijo que su hijo menor era frío, manipulador y altamente inteligente desde el minuto en que nació. Con un vendedor de seguros como padre y una enfermera como madre, Neil estaba determinado a dejar sus raíces Americanas del Medio este atrás con tal de lograr grandes cosas. Pruebas realizadas a una muy corta edad revelaron que tenía un coeficiente intelectual sobresaliente, pero cuando estaba aburrido, ni siquiera se molestaba en ir a la escuela. Al contrario, si una materia le interesaba, era el primero de la clase. Todo dependía de lo que quisiera en el momento.

Completamente arto para el momento en que el chico termino la preparatoria, el padre de Neil alcanzo su punto de quiebre cuando él eligió, de todas las carreras poco prácticas, estudiar geología. Una enorme pelea termino con el Sr. Gibson gritando que Neil nunca lograría nada. Ese era el incentivo que necesitaba para irse de casa y no volver jamás.

Paso sus veintes recorriendo el país, trabajando en diferentes empleos. Cuando cumplió veintinueve, Neil conoció a un ejecutivo de Minería llamado Juan De Silva en un avión rumbo a Bogotá. Dependiendo de quién contara la historia, Juan solo le pidió ayuda a Neil para mejorar las operaciones de su compañía. Esa era la versión de Neil. Pero no quedaba duda de que varios años después de que él llegara, el negocio estaba en su apogeo. Neil se dio a conocer como el "Rey Oro", no porque haya encontrado una rica vena de oro, sino porque ayudo a desarrollar un proceso en el cual el oro era separado de otros minerales.

Las hijas de Juan, María y Luciana, recién habían cumplido dieciséis cuando Neil llego al pueblo. Él había conocido mujeres adorables, pero estas chicas eran algo especial. Aun a su corta edad, sabía que se convertirían en mujeres hermosas. María, la más extrovertida de las dos, siempre le prestaba atención cuando hablaba y mostraba un gran interés en su trabajo. Fue demasiado fácil casarse con ella cuando tuvo la edad adecuada, lo que ayudo a que la compra de las acciones de Juan en la compañía fuera exitosa.

El negocio creció exponencialmente, esto se debía principalmente a la frialdad con la que Neil hacia tratos y pasaba por sobre quien fuera necesario. Se expandió de la minería a otras industrias y reubico su compañía y a su pequeña familia en Londres cuando hizo una hostil transacción en el campo de las telecomunicaciones. El Consorcio Gibson ahora ocupaba los cuatro primeros pisos de la Plaza Gibson en el centro del distrito financiero de Londres. A diferencia de otras compañías que demandaban los pisos más altos de un edificio, Gibson prefería estar cerca del suelo. Quería que los visitantes supieran quien era el dueño del mundo en el que entraban.

Fue justo después del almuerzo del jueves que Sherlock paso por las puertas giratorias de la torre de cristal y acero entrando al elegante vestíbulo negro. John permaneció de pie junto a una moderna escultura de bronce frente a los elevadores.

"Recibí tu mensaje."

"Obviamente."

"¿Cómo conseguiste una cita con tan poca anticipación?"

"Mycroft amenazo con detener alguna fusión si Gibson se rehusaba a verme. Mi hermano puede ser de utilidad en ocasiones," Sherlock admitió con pesar.

El elevador que estaba frente a ellos se abrió con un 'ding'.

"¡Detengan el elevador! ¡Espere!" una pequeña voz dijo, mientras un hombre de aspecto nervioso pasaba entre las puertas que estaban por cerrarse.

"Tu eres Sherlock Holmes," el hombre dijo agitado.

"Lo soy"

"Mi nombre es Martin Bates. Soy contador aquí. Lo reconocí por el blog del Dr. Watson. También escuche a la secretaria del Sr. Gibson decir que estaba muy molesto por tener que verlo de manera forzosa." El hombre presiono el botón de pausa y el elevador se detuvo.

Alarmado, John rápidamente se puso a la defensiva, pero Sherlock permaneció tranquilo. "Necesito estar en su oficina en tres minutos."

"Entonces seré breve. Gibson es malvado."

"Ese es un lenguaje muy fuerte, Sr. Bates."

"No se deje engañar por él. Puede montar un espectáculo y hablarle de caridad, pero la verdad es que utilizaría a cualquiera, haría cualquier cosa, y mentiría para salirse con la suya."

"No soy fácil de engañar," Sherlock dijo abruptamente.

"¿Por qué nos dice todo esto?" John pregunto demandante.

Bates presiono el botón para reanudar y elevador comenzó a moverse. "Vi a su esposa un par de veces. Todos la apreciábamos y odiábamos la forma en que la trataba. No sé si la mato, pero si sé que no hay una sola mujer aquí que él no haya tratado de conquistar."

Mientras las puertas se abrían, el Sr. Bates rápidamente salió el ascensor, pero volteo de nuevo antes de írse. "El hombre tiene hielo en las venas."

"Bueno, su personal no es muy leal," John comento. "Aunque parece que lo merece."

"Esa advertencia quizá sea de utilidad," Sherlock dijo mientras caminaba a la suite ejecutiva.

Neil Gibson los hizo esperar otros quince minutos. Para cuando él y John tuvieron acceso a la minimalista oficina, Sherlock estaba agitado, pero no lo suficiente como para dejar de hacer ciertas deducciones sobre el millonario.

El hombre era de estatura promedio pero tenía el físico esbelto de un nadador. Su cabello obscuro tenía algunas canas, lo que le daba un aire de respeto que se perdía rápidamente con el frio brillo de sus ojos negros. Daba la impresión de ser un hombre duro y trataba de ocultarlo con una buena presentación. Su traje de rayas a la medida no tenía una sola arruga y su cara con evidente Botox indicada que Gibson era un hombre vanidoso. Estaba sentado en una gran silla detrás de su gran escritorio que estaba frente a una credenza a juego mientras la luz se filtraba por las amplias ventanas. Este era su reino, y les deja saber que los miraba como invasores.

"Tienen cinco minutos," Gibson les dijo con un pesado acento americano que denotaba influencias de otros lugares.

"He sido contratado por la hermana de su esposa con respecto a su asesinato," Sherlock dijo.

"Lulu no puede aceptar que la policía ya atrapó al asesino de María. Pero eso ya lo sabe." Gibson los miro de arriba abajo. "Supongo que tomo el caso por dinero."

"El dinero no es relevante para mí," dijo Sherlock.

"Entonces debe de ser por la reputación que ganara al asociar su nombre con el mío."

"Le sorprenderá saber, Sr. Gibson, que es el problema en si el que me intriga, no su notoriedad. Pero estamos desperdiciando mis cinco minutos. ¿Cuándo fue la última vez que vio a su esposa?"

Gibson respondió con toda la emoción con la que hubiera ordenado comida. "Domingo en la mañana. Salía a correr. Me levante temprano porque tenía que atender una llamada de China. No sabía que María no había regresado a casa hasta que la alarma de humo se activó. Mi hija de ocho años trataba de cocinar el desayuno y quemo los huevos."

"¿Dónde estaba su niñera?"

"Era el día libre de Grace."

Sherlock miro las fotos en la credenza. Cada marco de plata tenía la foto de Neil con algún líder mundial o una actriz famosa. No había rastro de su esposa e hijos. "¿Cuál es exactamente la relación que sostiene con Grace?"

El Sr. Gibson se puso de pie. "Salga de mi oficina."

"Aun me quedan dos minutos," Sherlock sonrió.

"No está haciendo las cosas bien, Sr. Holmes. Ningún hombre me ha molesta y ha sacado ventaja de eso."

"Muchos han dicho eso, y aun estoy aquí," dijo Sherlock, sonriendo. "Buen día, Sr. Gibson."

"¿Cómo supiste que Gibson tenía un romance con la niñera?" John pregunto cuando llegaron al departamento del detective.


Sherlock se quitó su bufanda azul y la dejo sobre una silla de la cocina en la que varios vasos de precipitado estaban guardados en una caja abierta. "Fue una buena deducción de mi parte. Si lo que Bates dijo era cierto y Gibson había coqueteado con todas las mujeres de su oficina, entonces lo más probable es que no tuviera más ética en su hogar. Necesitas hablar con la Srta. Dunbar lo más pronto posible."

Al momento de dejar su abrigo sobre la silla, algo cayó al suelo.

"¿Qué es esto?" John recogió el panfleto que Sherlock había dejado caer tan casualmente.

"Iré a esa exhibición. Es una cita."

"¿Una cita?" John se ahogó con sus palabras. "¿Una cita?"

"Con Molly."

"¿Tu? ¿En una cita?" John repitió.

"Es algo que hará feliz a Molly. Si mal no recuerdo, me dijiste que pensara en sus sentimientos con más frecuencia. Estoy dispuesto a hacer esto por ella."

John no estaba seguro por donde comenzar. "El solo hecho de estar ahí no va a hacer feliz a Molly. Ella tendrá ciertas expectativas."

"¿Cómo cuáles?" Sherlock dijo con una expresión sorprendida mientras observaba a su antiguo compañero de casa.

"Esperara que estés comprometido, no distante. Querrá que disfrutes, no que permanezcas frio y rígido. Quizás quiera que tu…" El doctor no podía decir las palabras.

El silencio en el 221 B de la calle Baker era ensordecedor.

"Continua." Un exasperado Sherlock dijo.

"Oh Dios." John se restregó el rostro con sus manos. "No quisiera tener que hacer esto, pero quizás necesitemos tener 'la charla' –"

"¿En serio, John?" Sherlock lo interrumpió. "Dudo mucho que eso sea necesario. Molly y yo iremos al museo y después a cenar en Angelos. Es muy simple. ¿Qué podría salir mal?"