Disclaimer: Los personajes mencionados en este capítulo son propiedad de Naoko Takeuchi. La historia en sí pertenece a quien les escribe en este segundo.
*´¨)
(¸.•´ (¸.•` ¤
痕跡
Vestigios
*´¨)
(¸.•´ (¸.•` ¤
Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos.
En pocas ocasiones el silencio hiere y destruye tu mente como si fuera una colosal explosión de fatales sonidos, llevando la paciencia al límite de lo exasperante, convirtiéndose al final en una pasiva-agresiva batalla que libras a solas con tal de lo perder la cordura, donde sientes que las energías restantes se destilan a medida en que los segundos de tu vida se queman.
O algunos simplemente le llaman insomnio.
Cada uno de ellos en completa inmovilidad simulando por el bien del otro una tranquilidad inexistente, cada cual sin dejarse delatar siquiera en un susurro de agobio, una señal de ayuda, un grito ahogado escurriéndose a través de las blancas sábanas, simplemente nada.
Serena había dejado descansar el rostro sobre su brazo izquierdo flexionado, pensó que así su esposo no notaría que, incluso ya muy avanzada la noche, no había sido capaz de conciliar el sueño, pero la táctica no había funcionado en absoluto, puesto que Darien, quien también se hallaba completamente despierto, sabía que tanta quietud a la hora de dormir no era algo usual en su mujer, por el contrario, si ésta realmente hubiese estado descansando como debía, ya habría buscado de forma inconsciente el cálido refugio que aguardaba en su pecho.
Darien sabía que era mejor dejarlo así, no forzar las cosas e intentar continuar con un tema inevitablemente incómodo para los dos, menos si no existía ninguna forma consistente para combatir aquellos temores. De todas formas, el pelinegro intentó acercarse a su mujer, la rodeó con su brazo simulando somnolencia, pero ante el vivo contacto ella también supo que era una farsa, que él estaba igualmente asfixiado ante las inquietudes que ella compartió, por ende también compartían la imposibilidad de descansar cómodamente en compañía del otro, incapaces de poder dejar atrás por un momento todo lo conversado en la biblioteca hace horas atrás.
—Darien… ¿te ha costado mucho dormir? —dijo ella, susurrantemente firme.
—Un poco —respondió, limitándose para no dar mayores explicaciones.
—Es por…
—Amor, no sacaremos nada dándole vueltas al asunto ahora —determinó Darien tajantemente.
—Pero es por eso —inquirió la rubia.
Ante su natural incapacidad de mentir, él esbozó un murmullo como afirmación, dándole sin saber una suerte de consuelo a Serena, pues al menos así entendía que no se encontraba sola combatiendo con esas sombras de terror.
—¿Pudiste contactarte con todas? —preguntó.
—Tal y como pediste —dijo Darien, con la máxima suavidad posible para no alterar más el ambiente.
Serena volteó para quedar frente a frente con su marido. Buscó entre la oscuridad algo del brillo que su mirada siempre podía ofrecer y hallándola, fue capaz de continuar la conversación:
—¿Qué es específicamente lo que te tiene despierto a esta hora?
Darien intentó calmar la incomodidad que a veces le provocaba la insistencia de su mujer con ciertos temas, como ahora, pero no se trataba por menospreciar sus inquietudes y rehusarse a entregar una explicación, sino que él personalmente hallaba en el silencio muchas respuestas que las palabras en ocasiones no otorgan, como creyó oportuno ahora, pero de sobra había entendido la equivocación al ver los ojos de su mujer, los cuales suplicaban una palabra, la que fuera.
La que le daría a fin de cuentas.
—Me preocupas tú —murmuró como antesala a sus confesiones.
—¿Yo? —cuestionó la rubia, aturdida por la certera respuesta obtenida.
—Quiero que estés bien, eso es todo —dijo entonces Darien, conjunto acariciaba el contorno de su palidecido rostro.
—Lo estaré —resolvió Serena, buscando en sus fuerzas de flaqueza alguna sonrisa que apaciguara a su marido.
—Estarás —recalcó él—, y entre tanto suceda eso, me preocupas.
—Intenta no hacerlo, es decir… no te atormentes por mí —pidió la neo reina.
—Serena… si supieras cómo me ha dolido verte en este último tiempo, tan carente de…
Darien hizo una pausa con tal de elegir bien sus palabras y no errar, no quería dejar nada para un posible error de interpretación, pero sólo bastó su silencio para que ella entendiera a qué se refería, por lo cual se acercó ligeramente hacia él y le regaló uno de sus besos antes de continuar los inconclusos dichos de su esposo.
—Sé que no he sido la misma, imagino que siempre pudiste notarlo pues me conoces como nadie, pero no quiero llevarte al mismo límite en el cual me encuentro yo, no quiero que seas tú el que pierda la calma.
Era verdad, Serena deseaba con todas sus fuerzas el poder desenvolverse finalmente sola, pero su eterno talón de Aquiles sería él, Darien, su esposo y eterno amor; verle extremadamente preocupado no haría más que debilitarla, incluso la conduciría a un estado de culpabilidad que prometió jamás permitirse nuevamente, porque si había alguien en este universo al cual ella quería ver absolutamente a salvo, era a él.
—No me pidas estar bien sabiendo que tú no lo estás —acotó a tono suplicante.
—Créeme que he intentado estarlo a pesar de todo.
Inevitable. Todas las lágrimas que había reservado con tal de mantenerse a flote ahora salían amenazando con ahogarla. Serena realmente se encontraba al límite puesto que la incertidumbre no hizo más que un constante daño en su seguridad.
Darien no vaciló e inmediatamente acudió a su corazón intentando darle algo de consuelo entre sus brazos, pero al menos por unos segundos no fueron más que el lugar idóneo para continuar con aquel furioso llanto que había calado tan fuertemente en su espíritu.
¿Qué podía hacer él para ayudarla? Una palabra de aliento jamás faltaría si se tratase de ella, nunca escatimaría en un abrazo y menos en un beso, menos en hacerle llegar su incipiente amor, pero en este momento nada de eso parecía suficiente, faltaba "ese algo" que Darien realmente pudiera hacer por ella, esa incógnita que lo llevaba al sentimiento de la impotencia, incluso haciéndolo sentir débil y vulnerable ante las atrocidades que atormentaban la consciencia de su guía de luz, Serena.
Por ahora no podía hacer más que seguir conteniéndola entre sus brazos.
¿Qué paso había que dar? ¿Cuánto más tendrían que soportar ambos toda esta presión?
Serena conocía perfectamente su miedo, como nunca antes ella sabía perfectamente de qué se trataba todo esto, el porqué del constante terror.
Las cosas se habían desenvuelto de manera muy diferente en el pasado, puesto que los enemigos a vencer desarrollaban sus estrategias a medida en que ella junto a las demás podían hacerlo también, conjunto a ello, cada ataque recibido podía dejar el rastro que condujese al eje y núcleo de toda fuente maligna, hallando de esa manera las respuestas a base de especulación con sólidos fundamentos puestos a investigación, no como ahora que todo se trataba de hacer conjeturas en un plano virtualmente inexistente, donde Serena técnicamente solo se deja guiar bajo un fuerte presentimiento de futuro desastre absoluto, lo mismo que logró conducirla a su constante estado de estrés, a su exponencial decaimiento y posteriormente a la necesidad de haberse refugiado en la soledad, algo que ella finalmente no pudo detener aunque así lo hubiese querido.
¿Era justo desatar el pánico cuando no se tienen pruebas fidedignas que abalasen sus malos presagios?
Serena entendía sus motivos puesto que su silencio no obedeció a nada más que no fuera el uso del lógico raciocinio, que la manera correcta de enfrentar esto no iba a significar el enviar a sus amigas y aliadas a luchar contra los fantasmas de sus temores, que no podía exponerlas a tal desgaste físico y emocional, porque sí, en algún punto de este largo y silente año frente a frente con su temor, en más de una ocasión Serena imaginó qué resultaría si ordenase una exhaustiva búsqueda de Génesis, haciendo uso incluso de algún apoyo militar de ser necesario, todo oculto bajo el recelo de un secreto monárquico en alianza con el respaldo de la fuerza gubernamental, pero de haberlo concretado como tal, la sola idea de un fracasado despliegue le resultaba personalmente imperdonable.
No fue fácil que el mundo entero aceptara su sagrado y mágico destino, por lo tanto un error de logística no haría más que entorpecer todo lo ganado desde que ella y su esposo habían ascendido al trono Japonés.
La gente no hubiese dudado en señalar la imprudencia cometida en caso de que todo fallase, poniendo en duda su real capacidad para ocupar el puesto social que representaba el ser la reina de uno de los países más importantes a nivel mundial, llevándola incluso al jaque de seguir o no en tal posición. Todo esto supuso un gran obstáculo en Serena, pero mayor a eso, su real aprensión era el costo a pagar en caso de un paso errado, la culpabilidad que representaría el someter al mundo innecesariamente a un estado de emergencia, desatar el caos en la población al decirles cuál vulnerables realmente podían estar ante una destructora embestida por parte del enemigo, porque el caos no solamente provocaría temor, recelos y preguntas, sino que dependiendo de la sensibilidad personal de cada individuo, algunos no soportarían tal presión e incluso podrían sentirse atraídos a la idea de acabar personalmente con sus vidas antes de luchar contra algo tan siniestro, antes de tener que enfrentar la fragilidad de sus existencias y tal vez, sólo tal vez, todo esto podría ocurrir a base de nada.
Eso era lo que en parte Serena quiso creer, porque en algún lugar donde sólo se encontraba ella y su verdad, deseaba que todo no fuera más de un cuadro paranoico frente a la incertidumbre, el cual y con gusto, podría cargar a solas con tal de no herir a nadie más, pero en ese mismo lugar de solitaria introspección, Serena sabía que las sombras acechaban por un real motivo.
¿Podía ella realmente darse el lujo de ignorar sus presentimientos?
Finalmente dio con una única respuesta: No.
Una mujer como ella no podía estar consumiéndose porque sí. Una mujer como ella no podía vivir con un constante temor sólo por irreales fantasías. Una mujer como ella, heredera del milenio de plata y dotada con un sinfín de poderes maravillosos no podía menospreciar su capacidad intuitiva.
Haría algo, lo supo desde el instante en que al fin pudo compartir con Darien todas sus tribulaciones. Haría algo y lo haría bien, necesitaba que fuera así, por ende llegó a una justa sentencia ante todo lo que pasaba en su mente.
No maquinaría un despliegue masivo innecesario hasta no tener pruebas contundentes. No movería una sola pieza de no ser absolutamente necesario ni alarmaría a alguien más que no perteneciera a su núcleo primordial, es decir, acudiría sin más recelo a sus leales guerreras.
Saliendo de sus pensamientos, Serena vislumbró a través de las cortinas que el cielo anochecido se desvanecía ante la presencia de la luz. Al verlo quiso tomar esto como una señal, como si hoy sería el día en que la justicia y la calma reclamarían su lugar frente a la tortura que suponía todos sus miedos. Sí, hoy sería un día en que ganaría algo, fuese lo que fuese.
Una pista real y acertada o la calma que nacería tras descartar la misma.
Saber, eso era todo lo que ella quería, fuera lo que fuera a pasar, quería saber a qué debía enfrentarse en este momento de su vida.
Serena soltó de su fuerte agarre a Darien. Le observó fijamente por algunos segundos y tras encontrar en sus ojos ese amable resplandor, encontró la retroalimentación que la ayudaría a seguir con todo lo que tenía en mente.
—No van a tardar en llegar.
Darien volteó y dio un vistazo al reloj que se encontraba en su diestra. Faltaban cuatro minutos para que fuesen las seis de la mañana y dándose cuenta de ello, supo que de nada valdría intentar conciliar el sueño por esta ocasión, por lo tanto sacudió su cabeza y cerró fuertemente los ojos antes de abrirlos con la misma intensidad, posteriormente se levantó y rodeó la cama hasta llegar al lado de su mujer, extendiéndole la mano a ésta para que lo siguiera.
La condujo hacia el balcón, hizo que se posara frente a él dándole la espalda, permitiendo de esta forma el poder abrazar su cintura y contraerla hacia su cuerpo, aferrándose con todas las energías que tuvo en ese segundo. Posterior a eso buscó un lugar para él entre el cálido cuello de su doncella, lugar donde no dudó depositar uno de sus besos.
Para Serena tal contacto era un bálsamo para el alma, entendía que esa era la forma que tenía Darien para decirle que estaría junto a ella pasara lo que pasara y que estaría pendiente ante cualquier suceso, por lo cual al saberlo, la neo reina deslizó su rostro para crear roce con la piel de su marido, diciéndole así que hacía recíproco toda buena intención que le era ofrendada.
—No saldré del palacio hasta que regreses —musitó Darien, cercano al oído de su esposa.
—Te pido que mantengas todo esto en un bajo perfil. Ni siquiera Blanca debe enterarse del motivo por el cual vendrán las chicas —solicitó ella.
—Nadie lo sabrá —confirmó.
—Y si llega a preguntar, explícale que se trata de una reunión de rutina entre nosotras, nada por lo cual alarmarse.
—No lo hará. Blanca sabe perfectamente hasta qué punto puede estar enterada de ciertas cosas, sabemos que es bastante prudente —indicó el pelinegro.
—Te lo digo en caso de que las chicas vengan lo suficientemente alteradas como para generar algún tipo de sospecha —se explicó Serena.
—Hablé puntualmente con cada una pidiéndoles justamente que no dieran señal de nada, que simplemente se limitaran a informar su llegada antes de hablar con nosotros.
—Siempre leyendo mi mente… ¿No es así? —dijo ella, enternecida en cierto grado al saber la conexión existente entre ella y su marido.
—Hago lo que sé que te gustaría o al menos eso intento —contestó Darien, riendo suavemente ante su respuesta.
—Y lo haces bien —confirmó Serena, volteando ante la necesidad de encontrarse nuevamente cara a cara con la azulina mirada de su eterno amor.
Después de tanto tiempo, ambos pudieron dar por terminada aquella invisible barrera que se había creado en torno a ellos, sintiendo una vez más que la unión le es esencial, vital y absolutamente necesaria.
Hace años juraron en el altar que cada alegría sería compartida, como así también cada resquemor.
Hoy era momento de compartir y combatir esos temores, dejando en alto una vez más el nombre de su sacro lazo de amor.
Serena deshizo la física unión con su marido no sin antes besarle. Era ya momento de iniciar lo que sería una difícil jornada y necesitaba alistarse con impecable puntualidad.
Darien la liberó en el segundo en que su mano terminó de recorrer el brazo de su esposa, la cual marchó hacia el interior de la habitación para alistarse, dejándolo momentáneamente solo en el balcón.
Confiaba en que su esposa estaría a salvo, pero de todas formas no podía despojar de su pecho esa cuota de temor que generalmente lo acompañaba cuando se trata su seguridad, pero aun sintiéndolo no era algo que precisamente compartiría nuevamente en este segundo, menos viendo renovados bríos en su mujer, la cual estaba férreamente decidida a conseguir hoy lo que buscaba.
A los pocos minutos, cuatro golpes se dejaron escuchar en la puerta de la habitación. Darien se acercó a ésta y al abrirla, se encontró con Blanca, la cual se presentaba impecablemente dispuesta a recibir cualquier orden para la presente jornada.
Con semblante serio y correcto, la ama de llaves saludó al Rey y ofreció una reverencia.
—Señor, las guardianas de Tokio de Cristal ya se encuentran en el palacio.
—Ofréceles algo mientras esperan por nosotros —ordenó Darien.
—Declinaron —expresó Blanca—. Dicen estar aquí por un motivo muy puntual y dentro de ello no contemplan la idea de tomar siquiera un café.
Darien resopló con aires de superficialidad y sonrió. Imaginó que fue Mars quien habló por todas y no aceptó el ofrecimiento de Blanca, así que para mantener todo en bajo perfil, tal y como Serena había pedido, el Rey arregló correctamente su bata y salió de la habitación con frescura.
—¿Están en la sala?
—Así es —afirmó Blanca.
—Yo mismo iré a ofrecerles ese café. Por favor, prepara todo y tenlo a mano hasta el momento en que te llame.
—Sí, señor —acató la ama de llaves, haciéndose a un lado para despejarle el paso al pelinegro.
Darien recorrió rápidamente el camino desde su habitación hasta la sala, llegando a ésta sin mayor demora, saludó a todas las chicas ahí presentes.
—Gracias por haber llegado incluso antes de lo que les pedí.
—Buenos días, Rey Endymion —saludó Mercury, manteniendo el protocolo pertinente mientras se estuviese en el palacio, más si esto era el resultado de una inminente misión a cumplir.
Después de recibir el saludo, Darien volteó y pidió a todas que lo siguieran. Las condujo hasta su personal sala de recepción, cerrando a su espalda las puertas para poder hablar más a gusto con todas, teniendo así la oportunidad de dejar las formalidades de lado en ese momento.
El Rey invitó a todas a que tomaran asiento entorno a su escritorio, lo cual fue acatado. Posteriormente él caminó hacia el otro extremo y también se sentó para así poder iniciar una conversación de la forma más pasiva posible.
—Chicas, sé que no fui del todo explícito cuando me contacté con ustedes, así que sería muy normal que tengan muchas preguntas por hacer y de ser así, espero que me comenten sus inquietudes.
Las sailors se miraron unas a las otras un tanto perplejas, pues incluso comunicándose entre ellas después de la petición que Darien hizo vía telefónica, ninguna de las cuatro pudo dar con algo que aminorara la impaciencia que todas compartían.
—¿Serena está bien? —preguntó con inclemencia, Mars.
—Lo está —respondió Darien, sin dar luces de lo contrario.
—¿Qué necesitan que hagamos por ustedes? —continuó Venus.
—Antes de explicarles todo, les pediría que aceptaran ese café que Blanca les ofreció. Me es muy importante mantener la calma dentro del palacio y no despertar ningún tipo de sospecha.
Con dicha resolución, las sailors del sistema solar interior guardaron silencio y observaron cómo Darien levantaba el auricular del teléfono que descansaba cercano a su mano izquierda, el cual era de exclusivo uso para comunicación dentro del palacio. Lo escucharon ordenar café para todos, incluida Serena y una vez terminando, el pelinegro retomó la palabra.
—Quiero pedirles calma y paciencia. Todas sus preguntas serán resueltas una vez que Blanca llegue con lo que le pedí.
—Sí —dijo Jupiter, en nombre de todas las presentes.
A los pocos segundos se escuchó la puerta sonar. Darien acudió al llamado y se hizo a un lado. Serena había llegado a la previa reunión antes de seguir adelante con todo.
—Buenos días, neo reina—saludó Mars, lo cual le sirvió a Serena para saber que a su espalda, alguien estaba tras ella.
Se trataba de Blanca, había llegado con una bandeja lista y dispuesta como le fue ordenado; la dejó sobre el escritorio del Rey y salió de la habitación, no sin antes saludar a las guerreras presentes.
Encontrándose finalmente solos, Serena se acercó a Darien y le pidió el manojo de llaves que siempre conservaba en el primer cajón del escritorio, después de ello fue a cerrar la puerta para iniciar la conversación pendiente.
—Chicas, muchas gracias por estar aquí —dijo la neo reina en forma de saludo hacia todas.
—No hay nada que agradecer —contestó Mercury, con la típica calma que brotaba de su voz.
—Cariño, sé tú quien cuente lo que pasará hoy —pidió Darien, levantándose de su silla para dar paso a su esposa, la cual tomó el lugar mientras que él optó por quedar de pie tras ella.
Serena acercó antes una de las tazas de café y bebió un sorbo sin mucho cuidado. Estaba nerviosa, tenía pocos segundos para encontrar la manera más pasiva para explicar la actual situación que convocaba a sus guerreras de elite, pero bien sabía que entre más se demorara en hablar, más perjudicaría la tranquilidad de las mismas.
—En algunos minutos más bajaremos hasta el sótano del palacio, una vez allí necesitaré que todas nos unamos nuevamente e intentemos hacer la teletransportación. Es de vital urgencia.
La neo reina sabía que con tales dichos, la ola de preguntas no demoraría en llegar y eso era lo que quería. Sería mejor guiar la conversación a través de las interrogantes que plantearían las sailors en vez de divagar por largos minutos entre explicaciones poco concretas.
Pocas veces Mercury, Mars, Jupiter y Venus habían visto a Serena con tal voz de mando, sin duda fue sorpresivo para todas e intuitivamente supieron que debía tratarse de algo sumamente importante, lo cual creó en todas una corriente helada recorriendo sus espaldas.
—¿Cuál es el destino? —preguntó Venus, dispuesta a informarse lo más posible ante la misión encomendada.
—Iremos a la luna, a su lado más oscuro —contestó Serena, observando a la guerrera del amor y la belleza a través de la limitada visión que le proporcionaba la taza de café cercana a su rostro.
—¿Y eso por qué? —preguntó entonces Jupiter, un tanto aturdida ante la orden de la neo reina.
—Serena… —irrumpió Mars, sin ocultar la preocupación existente en su voz—. ¿Se trata de Génesis? —inquirió sin vacilar.
—Lamentablemente sí, pero más lamentable es decirles que no es por una sospecha concreta de que ella se encuentre en ese lugar —respondió la soberana de Tokio de Cristal, sabiendo que se aproximaba el momento en que debería externar toda la preocupación reinante en ella a través de todo el año de su mandato.
—¿Qué quieres decir? —cuestionó la guerrera de Marte, asombrada por la incertidumbre que generaba los dichos de su reina.
Darien supo que después de la pregunta, su apoyo era intrínsecamente necesario para que su mujer pudiera explicar todo, así que en absoluto silencio y bajo un sencillo movimiento, dejó su mano sobre el hombro de Serena y apretó levemente en señal de unión.
—Quiero que antes de escuchar todo lo que tengo para decirles, intenten comprender los motivos que me llevaron a hablar en este segundo y no antes, por ende espero también que no se someta a juicio la manera que elegí actuar, principalmente porque no sacaremos nada de provecho al cuestionar qué tan bien o mal hice al llevar las cosas de esta forma.
Nuevamente el tono de voz inquebrantable en Serena perturbaba un poco a sus oyentes. No se sentían ofendidas por ser tratadas con decisión pues bien sabían que su amiga y princesa a proteger era ahora la máxima autoridad monárquica y por ende merecía absoluto respeto, lo que realmente las perturbaba era saber que si Serena se expresaba de esa forma, era porque algo serio escondía.
—Por supuesto, sólo dinos qué ocurre y acataremos completamente lo que tengas dispuesto para nosotras —dijo Venus sin titubear.
La neo reina sonrió lánguidamente, dejó la vacía taza de café a su diestra, hizo descansar su espalda por completo en el respaldo de la silla y cruzó sus manos sobre el escritorio.
—Quiero que vayamos a la luna en busca de algo preciso, quiero intentar dar con algún tipo de pista que nos guie hacia Génesis, pues desde que asumí el trono junto a Darien no he podido dejar de pensar en ella, aunque no es eso lo realmente preocupante, sino que más allá de recordarla, siento que se encuentra oculta en algún lugar, no sé en cuál puesto que si lo supiera ya habría hecho lo que fuese para enfrentarla, pero algo me dice que se mantiene con vida y quiero agotar todos los recursos que estén a nuestro alcance con tal de dar con ella.
—Siendo sincera… creo que todas creemos lo mismo que tú, Serena, solo que no hemos podido conseguir nada que nos dé la opción de decirte que la encontramos, ni siquiera que sospechamos equis paradero, lo cual nos llevó a omitir el tema incluso queriendo hablarlo abiertamente —explicó sailor Jupiter, provocando en la neo reina una fuente de esencial apoyo, pues ahora sabía que sus sospechas no eran exclusivamente de ella.
—Hemos pasado todo este año haciendo lo imposible con tal de obtener alguna respuesta, pero no hemos dado con algo que sea de utilidad —acotó Mercury, entristecida por saber que todos los esfuerzos de su investigación no habían arrojado favorables resultados.
—Personalmente he estado muy atenta a cualquier señal, he pasado horas frente al fuego sagrado esperando alguna, pero no he recibido afirmación de nada… pero tampoco negación —confesó la guerrera de marte.
—¿Negación? —inquirió la neo reina.
—Así es —afirmó la pelinegra—. A esta altura debería poder conseguir al menos el indicio de que todo está completamente bien, pero bajo ningún medio de adivinación he conseguido tener la afirmación que tanto he esperado, sin embargo tampoco he visto signos de algún peligro inminente, como si fuéramos a ser atacados en el corto o mediano plazo.
Serena volteó para así poder ver la expresión de Darien, la cual era exactamente igual a la que ella tenía. Preocupación.
—Está bien, entiendo que ninguna de nosotras, juntas o separadas, hayamos podido encontrar algo que nos sirviera de verdad, por lo mismo creo que es un buen momento para que nos atrevamos a hacer algo más, algo que nos ayude a no seguir alimentando tanta incertidumbre.
—¿Pero qué pasaría si…? —dijo Jupiter, deteniendo su interrogante tras ver fijamente el rostro de la neo reina.
—Está dentro de las posibilidades el no conseguir mayor información, lo tengo claro, pero ya la situación es insostenible y a esta altura prefiero agotar todas las alternativas en nuestro poder.
Sintiendo que ya estaba todo dicho, al menos lo primordialmente esencial, Serena se puso de pie y pidió a las demás hacer lo mismo. Darien adelantó sus pasos y fue el primero en salir de la habitación ya que sería él quien manejara la situación que se viviría hoy en la residencia real. Fue hasta donde Blanca se encontraba para encargarle que nadie entrara al palacio y que quienes se encontrasen cumpliendo su trabajo, se limitaran a seguir en ello y no pidieran audiencia con ninguno de los reyes, pero dentro de todo, Darien dejó como excepción los puntuales casos de emergencia, permitiéndole a Blanca la oportunidad de localizarlo, solo de ser extremadamente necesario. Entre tanto, Serena ya había dirigido al grupo entero hacia el sótano del palacio, esperó hasta que su esposo llegara y tras su arribo, pidió que fuera él mismo quien cerrase la puerta con tal de aumentar la seguridad y resguardo necesarios.
Serena tomó el cristal de plata entre sus manos y lo elevó hasta que quedase a la altura de su rostro. Desde la coronación, la neo reina había perdido la forma tangible de su broche de transformación, pero ya habiendo aprendido a dominar por completo el funcionamiento de la gema sagrada, no le resultó difícil utilizarla para convertirse nuevamente en eternal sailor moon. Entre tanto esto sucedía, Darien se ubicaba frente a una amplia pantalla que mostraba todo el perímetro circundante del palacio real, con esto, el Rey tenía la opción de monitorear cualquier movimiento extraño y al no observar uno en el presente minuto, giró su rostro antes de asentir y con ello darle una señal a su esposa, permitiendo que ésta continuara con su plan.
La neo reina tenía claros los pros y contras de su proceder, desde lo usual hasta lo inimaginable. Dentro de lo que la teletransportación significaba, sabía que corrían el riesgo de que alguna se separase en determinado momento y con ello, existía la posibilidad de quedar atrapadas en algún plano desconocido. También había algún tipo de chance de que una de las chicas no tuviera la energía necesaria y su desgaste fuera tan considerable que obligaría, eventualmente, a detener toda la operación, como así también estaba el riesgo de que el lado oscuro de la luna mantuviese algo más allá de una simple aura maligna, sino que un poder que las apresase y por ello, obligaría a Serena a usar todas sus energías, fuera al costo que fuera y por lo mismo, optó por emprender esta aventura como sailor, reservando en caso determinado su completa energía como la nueva soberana del milenio reinante en la tierra.
Advirtiendo e informando cada punto pensado a sus aliadas, Serena contuvo el aire hasta agotar la capacidad de sus pulmones convirtiendo los retazos de su ansiedad y temor en nada más que un suspiro libertador, el cual le confirió renovadas esperanzas junto con el poder que siempre causaba efecto en ella, el poder de la determinación de sus amigas.
En el instante en que Darien observó a su esposa tomar las manos de las chicas, mantuvo total fijación a lo que la pantalla mostraba frente a él. No había ningún movimiento inusual y todos los sistemas de alerta se encontraban activados.
—Todo listo —anunció.
Fue así como Serena, Amy, Rei, Lita y Mina combinaron sus poderes una vez más en cumplimiento de una nueva misión. Sus auras mágicamente brillantes se convirtieron en resplandecientes mantos que lograban desintegrar cualquier sombra a su alrededor. Poco después sus energías se convirtieron en una sola y el halo de luz creado por las guerreras abrió la dimensión en la cual se encontraban, creando un canal entre ellas y su destino.
—¡Sailor teletransportación! —gritaron todas al unísono, con una fuerza que sin duda lograría estremecer a cualquier oponente que las escuchase en ese segundo.
En pocos segundos, la fuerte luz que emanaba el poder combinado de todas abandonó el lugar, con ello haciendo desaparecer a las guerreras.
Darien no tuvo mayor tiempo para poder hacer otra cosa que no fuera desear el bienestar de todas junto con el deseo de su próximo arribo a casa, esperando que llegaran sanas y salvas y ojalá, con algún indicio sobre algo que favoreciera sus intereses. Posterior a eso, el rey continuó con su labor, procurando que ningún factor externo alterase la recién iniciada aventura de su esposa y amigas.
(¸.•´ (¸.•` ¤
Era innegable.
Las sailors, una vez llegando a su destino, no pudieron negarse a sí mismas lo que les provocaba el estar frente a los vestigios de lo que fuera alguna vez el Milenio de Plata. En otras ocasiones, como fue el vivir aquel trance al enfrentarse al Negaverso, pudieron palpar la viva melancolía al evocar su hogar ancestral, pero ahora no predominaba aquel sentimiento, incluso parecía lejano, más de lo que hubiesen podido imaginar.
La destrucción del lugar llamaba a la desconsolación, como si en algún grado temiesen que éste sería precisamente el fin del nuevo imperio fortificado en la tierra, como si él también terminaría cayendo ante el abandono en algún punto del camino, ante el desconsuelo de la victoria enemiga.
Todas permanecían en silencio mientras Sailor Mercury usaba su rastreador y computadora. La peliazul se mostraba absorta y despreocupada de su entorno y permanecía sumamente concentrada mientras hacía uso de sus artefactos. Pasaban los segundos y sus dedos danzaban rápidamente al digitalizar cada dato, también observaba a su alrededor por algunos segundos y volvía a lo que la pequeña pantalla entre sus manos podía aportar.
Mars, por otro lado, observaba fijamente a quien se encontraba a su diestra, Serena, la cual mantenía su mirada clavada en las ruinas ubicadas frente a ella. El palacio de la luna.
—¿Sospechas algo? —enunció la pelinegra.
—Nada —respondió con sequedad, Serena.
—Al parecer todo está igual —dijo Jupiter, incorporándose a la conversación.
—Así parece —acotó Venus.
—De todas formas nunca esperé que Génesis, de estar con vida, se ocultara acá. Hubiera sido demasiado obvio y sabía que tarde o temprano la encontraríamos aquí —confesó Serena, impávida dentro de su observación.
Nuevamente la expresión de la nueva monarca sorprendió a sus compañeras. Su determinación era algo que las descolocaba, pero sin duda también admiraban que ella pudiese llegar al punto en que sus palabras no fueran pronunciadas entre titubeos y confusiones. Frente a ellas se encontraba ahora una mujer que no dudaba de sus acciones y así lo expresaba.
—¿Entonces cuál es la verdadera razón para haber venido si sabías que ella no estaría aquí? —inquirió Mars sin poder aplacar su ansiedad por saber.
—Quiero saber si esto nos puede servir desde acá —contestó la neo reina, revelándoles a sus compañeras qué es lo que había traído consigo.
Sacó el cristal obscuro y se los enseñó a todas. Nuevamente nadie dijo nada, pero cada una entendió ahora a la perfección de qué se trataba todo esto. Serena buscaba algún tipo de conexión entre dicho cristal y la luna.
—Aquí no hay ningún tipo de energía pesquisable —dijo Mercury a viva voz—. No rastreo alguna fuente enemiga y menos algo que nos pudiera atacar.
—Eso quiere decir que podemos registrar el lugar sin problemas —habló Jupiter.
—No creo que haga falta. Ya todas nos dimos cuenta que en este punto no hay nada más que los restos del milenio de plata —acotó Serena—. No podemos permitirnos el desgastar nuestras energías buscando algo entre los destrozos del palacio o sus alrededores, si Amy no encuentra algo malo probablemente tampoco daremos con algo de utilidad.
La certeza de la neo reina era irreprochable, por lo mismo todas esperaron nuevas instrucciones.
—¿Qué deseas hacer? —preguntó la guerrera de mercurio.
—Quiero que nos acerquemos al punto oscuro de este lugar, por lo cual necesito que todas me sigan, pero dos estarán atentas a lo que pueda pasar a nuestras espaldas y otras dos lo harán para preocuparse por lo que suceda frente a nosotras. Yo mantendré el cristal obscuro entre mis manos y estaré pendiente de cualquier cambio en él.
Al estar clara la orden, Mars y Jupiter asumieron la misión de procurar proteger la retaguardia del grupo y así Venus junto a Mercury del frente.
Las sailors se alejaron del lado luminoso del astro. Caminaban lentamente hacia los confines del mismo, llegando a la frontera donde la oscuridad dominaba por completo el paisaje.
Serena dio fin a sus pasos provocando que todas lo hicieran. Por instinto quizás, la neo reina se detuvo ante la inminente sombra que cubría todo lo que estaba en su horizonte, más no era miedo, sino más bien se trataba de asumir y entender hoy más que nunca que la luz siempre conlleva opacidad.
La rubia continuó su andar y éste se volvió más pesado entre tanto se adentraba a la espesa oscuridad. De alguna forma podía sentir la agonía del pasado de su ancestral enemiga, como si su llanto e ira hubiese dejado una imborrable huella convertida en susurros de venganza.
Una vez más Serena repasó en su mente la fatídica historia que desembocó a su presente. El hecho de que fuera Serenity quien esposara a las sombras a su propia madre en pos de la estabilidad del milenio de plata, el cómo todo fue considerado una traición por parte de su progenitora y lamentó el proceder de su propia hija. Si bien todo concordaba en la mente de Serena y comprendía qué fue lo que motivó a su madre lunar a hacer lo que hizo, también podía entender el grado de resentimiento de Génesis, puesto que dentro de su perturbada mente ya al final de su reinado, existía un verdadero deseo de glorificar lo que ella había consolidado en aquellos entonces. Si bien no todos los fines justifican los medios, dentro de su presente como neo reina Serena sabía que haría lo que fuera con tal de mantener su imperio fuera de peligro, como bien lo pensó Serenity en un segundo y así también Génesis.
Una vez en lo que se podría llamar el centro del lado oscuro de la luna, Serena abrió sus manos y dejó el cristal obscuro en las palmas de éstas. Esperó algunos segundos a que dicha gema emitiera algún tipo de energía, creyendo por supuesto que no sería ninguna que se pudiera llamar buena, sin embargo no ocurrió algo que le ayudase de verdad. Serena solamente sentía en su corazón la agonía padecida en el lugar donde se encontraba, terminando todo esto de ser básicamente algo que sentía ella y nadie más.
La neo reina cambió su estrategia de un minuto a otro y sin mayor aviso, depositó el cristal obscuro a sus pies. Las sailors observaban todo esto con dificultad debido a la ausencia de luz, pero todo cambió en el segundo en que Serena abrió sus brazos, irguió su cabeza y usó el mismísimo cristal de plata.
¿Qué estaba pasando?
La neo reina no podía seguir soportando todos esos ecos de dolor, no podía continuar con su vida tranquilamente sin antes intentar liberar ese lugar de las sombras. Por esto usó su poder para llenar de luz el lado oscuro de la luna, esperando que así cada vestigio de agonía huyera ante su esplendorosa magia.
Mars, Mercury, Jupiter y Venus se sorprendieron al ver cómo el acto de Serena se materializó en algo visualmente asombroso. Al paso de los segundos, el aura brillante que nacía desde el corazón de la actual reina crecía a su alrededor, haciendo que desde ciertos puntos las sombras finalmente se convirtieran y se esfumaran ante el poder del cristal de plata. Inmediatamente las guerreras tomaron posición de batalla al creer que se trababan de demonios que en cualquier segundo se abalanzarían sobre ellas, sin embargo cada sombra liberada acabó en la extinción de las mismas, como si éstas se quemaran ante la luminosa presencia energía del bien.
Al paso de los segundos, el lado oscuro de la luna desapareció, más no el poder de Serena, el cual brotaba finalmente como la imponente luz que permaneció en su pecho.
La neo reina giró y enfrentó a sus compañeras, las cuales, obviamente, no deseaban más que una explicación.
—¿Qué fue eso, Serena? —preguntó Venus, aún sorprendida.
—Vimos algo así como ¿sombras?, ¿fantasmas? —cuestionaba Jupiter—, pero todo desapareció.
—¿Por qué pusiste el cristal obscuro a tus pies? —dijo Mercury.
—¡Di algo, por favor! —explosionó Mars, al notar como ni un solo músculo se movía en el rostro de Serena.
Serena sonrió débilmente y procedió a responder todo lo preguntado.
—Ya vimos que aquí no está Génesis, es una lástima ¿no creen?
Cada sailor sintió que había escuchado mal o no entendieron la pregunta. ¿Era una lástima que una letal enemiga como Génesis no estuviera ahí?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Mars, procurando utilizar un tono suave para no perturbar a Serena, más allá de lo que su apreciación personal podía decir que ya se encontraba.
—Digo que hubiera sido más fácil enfrentarnos a ella de una vez por todas —contestó la rubia, lo cual ciertamente no sirvió mucho para aplacar la ansiedad y confusión de sus compañeras.
—Amiga… quizás con esto podemos creer certeramente que Génesis, en algún punto del camino, simplemente murió y ya nada ocurrirá —dijo Jupiter con cierto recelo, pues hallaba cierta obstinación por parte de Serena con tal de luchar con la oscura ex reina del milenio de plata.
Serena negó y esta vez rió audiblemente.
—¿No vieron hacia dónde huyeron aquellas sombras? —preguntó.
Las sailors se miraron unas a otras y no dieron con una clara respuesta. Para ellas, aquellos fantasmas sombríos parecieron esfumarse frente a sus ojos, pero al parecer Serena no pensaba lo mismo.
—Serena, no pretendo cuestionar tus observaciones, pero aquellas sombras no emitieron mayor energía, al menos eso vi en el rastreador —aportó Mercury.
—Y eso se debe a que las sombras no fueron más que un poder restante de Génesis, lo que quedó de ella tras su largo exilio de la luz. ¿No pueden sentir que ahora el aura de este lugar es mucho menos espeluznante?
Las palabras de Serena golpearon a cada guerrera como una obvia verdad de la cual no se habían percatado hasta ese segundo. Claramente el lugar tenía una atmósfera considerablemente menos densa y en algún grado, ya no temían el estar ahí.
—Por eso dejé el cristal obscuro a mis pies —continuó la neo reina—. No creo que hubiese podido invocar aquella angustia si no fuera de esa forma. Para mí, en ese cristal queda algo de la maldad de Génesis, pero no podemos olvidar que bajo su crueldad también se ocultaba mucho sufrimiento, así que no hice más que conectar la esencia de ella entre el cristal y el lugar que fue su prisión por tanto tiempo, como resultado pudimos ver que su agonía seguía latente en el lado oscuro de la luna a la cual tanto amó. Pero también pudimos ver cómo todos los ecos de aquel mal se desvanecieron frente a nuestros ojos. Sintamos eso como una pequeña victoria.
¿Había algo de misericordia en la voz de Serena? No sería extraño, probablemente pocas personas eran capaces de ver amor y ternura dentro de un mar de pecados y horribles sentimientos. Eso no era algo nuevo en ella, pero sí resultaba raro que dentro de la suerte de cacería que ella misma quiso, hubiese algún grado de empatía hacia quien tanto daño le había hecho.
No era empatía precisamente lo que Serena sentía por aquella mujer. Con el tiempo, Serena comprendió que entender distintas posiciones a la suya no era concretamente ser empático, al menos no en su actual posición de monarca. Para ella se trataba más bien de entender la raíz de los males con tal de poder combatirlos. Además y como una forma de reafirmar su corazón, Serena dejó el cristal obscuro bajo sus pies como una señal de dominancia, para demostrarle a Génesis, viva o muerta, que su resentimiento no sería superior a la fuerza que se encontraba en ella. La luz, como fuera, se impondría ante las sombras.
—Pero también pudimos ver cómo todos los ecos de aquel mal se desvanecieron frente a nuestros ojos. Sintamos eso como una pequeña victoria —finalizó la rubia.
Las sailors asintieron en silencio y valorizaron mucho la estrategia llevada a cabo. No lo esperaban, nunca creyeron que Serena tuviese una especie de as bajo la manga, algo que hiciera que finalmente la misión no terminara con algo a favor de ellas, por eso y mucho más, nuevamente las guerreras se pusieron a total disposición de la neo reina.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Jupiter.
—¿Dejarás el cristal obscuro aquí? —añadió Mercury.
—Jamás —determinó Serena—. Si bien ya sabemos que Génesis no se encuentra aquí, no he descartado que se mantenga con vida. Si por algún motivo ella resurgiera desde donde sea que estuviese, podría volver a este lugar y adueñarse del cristal obscuro, lo cual sería como un regalo que no pretendo darle.
Las vueltas de la vida. Serena era ahora más perspicaz que sus compañeras.
—Ahora y sólo como una medida cautelar, les pediré que recorran el perímetro cercano. No se alejen mucho. Si encuentran algo sospechoso tómenlo con cuidado y tráiganlo hacia mí, como así también si sienten algo raro, avisen a las demás —ordenó Serena.
Sus aliadas no comprendieron del todo la orden puesto que anteriormente la misma Serena dijo que cada eco de maldad había sido vencido por su poder, pero no había lugar para objeciones, así que se limitaron a seguir las indicaciones sin replicar.
Mars, Mercury, Venus y Jupiter tomaron caminos separados pero siguieron la instrucción de no alejarse demasiado del eje central, donde Serena había permanecido de pie sin dar un solo paso.
Fue ese el momento que la neo reina aprovechó para sí misma.
—Muy bien, Génesis… era evidente que alguien como tú no se prestaría para ser atrapada en un lugar tan obvio como éste, pero no creas que te olvidaré fácilmente, seguiré teniendo un ojo sobre tu recuerdo y esperaré pacientemente hasta el momento en que decidas aparecer, porque a mí no me engañas, sé que estás en algún lugar, es solo que tu oscuridad es tan grande que no soy capaz de verte ahora o bien tu energía es tan insignificante que ni siquiera puedo dar contigo, pero lo haré, dalo por hecho.
Serena silenció sus susurros antes de agacharse para recoger el cristal obscuro. Con éste en sus manos sintió que ya era momento de hacer abandono del lugar, no sin antes deslizar su dedo índice sobre las cenizas bajo sus pies.
Las sailors volvieron a su lado y como era de esperar, ninguna había encontrado algún objeto sospechoso ni hallaron brotes de energía maligna. Fue así como Serena informó que era momento de volver a casa, pero para hacerlo más seguro, pidió que para concretar el regreso sería desde el punto resplandeciente de la luna, por ende las cinco emprendieron rumbo.
Cada paso dado por la neo reina la vigorizaba, sentía como la confianza volvía a su pecho y como nunca, se sentía absolutamente poderosa, eso era algo que ella sabía y si Génesis regresaba a la oscuridad, también entendería.
"Nunca me vencerás"
Ese fue el mensaje que dejó escrito en caso de que su mortal enemiga se atreviese a pisar el terreno que reclamó como suyo tras impregnar su poder ahí, en el lugar que por derecho le correspondía.
Desde ahora, Serena sería capaz de observar la luna sin temer.
Paso firme y sin dar un vistazo atrás. Esa era la forma en que el dominio de la neo reina y sus aliadas se había notar.
Poco después y desde el punto de inicio, las guerreras regresaron a la tierra.
(¸.•´ (¸.•` ¤
El Rey Endymion esperaba con impaciencia el retorno de las chicas, pero su alma se apaciguo en el momento en que se sintió rodeado por la energía de ellas. Habían llegado, por ende el alivio que sintió Darien fue descomunal. Giró por completo y vio como las cinco chicas aparecían frente a sus ojos. Ninguna parecía herida ni perturbada, por lo cual supo que dentro de las posibilidades, todo había salido bien.
—Serena, Amy, Rei, Lita, Mina… que gusto verlas a salvo —dijo Darien en cuanto las chicas soltaron sus manos y retornaron por completo a la dimensión terrestre.
—Todo salió bien —dijo amablemente Mercury.
—Génesis no se encontraba en la luna, ni en las sombras ni en su lado luminoso —anunció Jupiter.
—Y lo poco que quedaba de su energía fue destruida por Serena y el poder del cristal de plata —añadió Venus, con orgullo en su hablar.
—Creo que todo sirvió para que desde ahora estemos más tranquilos —acotó Mars, igualando el tono orgulloso de su predecesora.
—No saben cuánto me alegra escuchar eso —respondió Darien, sin poder ni querer evitar una sonrisa—. ¿Qué hacemos ahora, Serena?
—Pues creo que es momento de pedirle a Blanca que nos dé un par de botellas de champagne. Celebraremos.
Darien nuevamente sonrió y acató por completo la petición hecha por su esposa. Abrió las grandes puertas del sótano y todas salieron del lugar sin que antes Serena volviese a lucir su vestimenta de reina. Ahora estando en casa ya no había razón de temer y celebrarían, como Serena dijo, esta pequeña victoria, lo que significaba que la luz se impusiera sobre los angustiantes rastrojos de Génesis en la luna.
Desde este segundo Serena no se dejaría vencer por esa mujer y si desde algún plano era capaz de observarla, haría lo que fuera para demostrarle que ya había perdido el miedo. No dejaría de vivir otro año a su modo sólo por atormentarse. No dejaría pasar otro año siendo incapaz de sonreír y apreciar cada alegría a su alrededor, porque si bien ella dudaba de la extinción de su enemiga, ya no permitiría que el eco de su recuerdo le continuara haciendo tanto daño, no hasta al punto en que dejase de ser feliz.
Sin duda que había que celebrar y el choque de las copas así lo confirmarían.
—Por todos nosotros, por Tokio de Cristal y el gran imperio que hemos construido —dijo la neo reina, proponiendo que motivo del brindis.
Para Serena nunca antes un sorbo de champagne tuvo tanto sabor a gloria.
*´¨)
(¸.•´ (¸.•` ¤
Hola a todos y bienvenidoa nuevamente a mi rinconcito fanfickero.
Hace mucho tiempo que quería actualizar, sin embargo por ciertos acontecimientos no pude hacerlo y bueno, la gran mayoría de mis lectores saben de qué se trata puesto que fue algo que expuse vía facebook, cosas de índole personal que no expondré acá por la misma razón, pero lo que sí diré es que agradezco a todo quien me brindó una palabra de aliento en tan difícil momento que tuve que pasar. No estoy del todo bien y probablemente siempre habrá un eco en mí que no pueda silenciar, pero al menos cuento con el ánimo para retomar la escritura, lo cual es lo que nos importa aquí.
Sobre el capítulo puedo decir que quise darle un respiro a Serena ya que argumenté que su agonía, con respecto a Génesis, duró un año. Demasiado tiempo y siendo sincera, el verdadero drama viene después, así que ahora espero ir acomodando las piezas para comenzar a ver otras características de este fic, aunque muchas están sujetas a observación y en algún grado creo que modificaré la idea original de desarrollo, saltándome algunos acontecimientos en pos de mi sanidad mental.
Principalmente creo que este capítulo es una metáfora de cómo Serena es capaz de sobreponerse sin necesidad de "hacer escándalo" ni recurrir al excesivo drama, porque al menos para mí, en este punto Serena necesita desenvolverse de otra forma y no podremos seguir viendo de lleno a aquella jovencita que observamos a los inicios del animé o manga. Ahora tendremos que verla como una mujer llena de responsabilidades y que responde a las mismas como una persona íntegra, madura y capaz. Espero que compartan mi opinión pues esa será la forma central en que la protagonista se desarrollará de ahora en adelante. No logro dimensionar a Serena, a estas alturas, de otra manera.
Como sabrán, hay cabos sueltos que irán atándose a lo largo del fic. Por ello intento ser muy cuidadosa en los detalles y si bien deseo que las conjeturas sean resueltas bajo la interpretación personal de cada lector, hay factores que ya deben comenzar a unir poco a poco para ir en dirección al camino más probable dentro del transcurso de la historia.
Como pseudo spoiler, lo más probable es que en el próximo capítulo dedique por completo una idea "Darien/Serena" en el ámbito de pareja. Mostrar cómo se comunican ahora en su faceta amorosa y ver cuánto han madurado los dos. Digo, es lo más probable, aunque ya sé que Srta. Inspiración es caprichosa y me puede lanzar cualquier idea más adelante.
Quiero agradecer, como siempre, a cada persona que se toma el tiempo para leer este fic y los demás. Pronto estaré actualizando otros fics y creando uno que otro one shot mientras me sea posible por cosas de tiempo.
Miles de gracias a mis sailor lectoras:
prascymoon - Anny Mizuno - Karen Van'Der Woodsen - angiepelitos - Alexa Monnie - Etsuko-Ai - paomoonligh - princessqueen - Cotita83 - srnkiki - yesqui2000 - .986 - ChibiChibi-sd - Sol Levine - Mary Yuet -reiko mars 861 - sere.
Cada review es un incentivo súper grande y cada palabra dedicada la guardo en el corazón. No siempre tengo oportunidad de responder cada comentario, pero sepan que cada uno lo leo con muchísima atención y espero, de corazón, poder seguir dándoles un momento de entretención a través de mis historias. Saben que pueden encontrarme en facebook y de paso invito a quienes usan esa red social, a entrar a la comunidad "Sailor Moon Gold Star", espacio donde actualmente participo como administradora. Como ven, lugares donde compartir no nos faltan n_n
Muchas gracias por estar aquí.
Nos vemos próximamente. Un abrazo inmenso.
¡Nunca dejemos de soñar!
¡Nos leemos, sayo!
Usagi Brouillard.-
