CAPITULO IV
John estaba de pie sobre la pequeña colina que le permitía echar un vistazo a la parte principal del parque. A través de la neblina alcanzaba a ver la silueta del Puente de Thor. Avanzando en su estilo militar, rápidamente siguió el camino de concreto que iba cuesta abajo entre estériles porciones de pasto. Su olfato le dejo saber que se acercaba al Estanque de Thor.
Los diseñadores del parque esperaban que el superficial estanque fuera un lugar tranquilo para poder reflexionar en silencio. Cuidadosamente los paisajistas lo decoraron con grava de color y pasto decorativo en la orilla para crear una mejor atmósfera, sin tomar en cuenta que la vegetación acapararía el estanque y lo haría un lugar poco atractivo y con mal olor. Ni siquiera las limpiezas anuales podían librar el agua de las gruesas plantas. Como cáncer peleaba por regresar a la vida y en cuestión de semanas de nuevo llenaba el lugar. En esta particular mañana de primavera, la limpieza aún no se había llevado a cabo y los carrizos permanecían gruesos, muertos y amontonados.
Con respecto al Puente de Thor, no había nada extraordinario, una simple estructura de piedra que se arqueaba en el centro y atravesaba el estanque de orilla a orilla. John lo cruzo en cuestión de segundos deteniéndose en el lugar donde sabía que habían encontrado el cuerpo de María Gibson. Pensando en esta joven madre, observo los alrededores y sintió una profunda desesperación por la mujer asesinada.
"Esto no fue lo último que ella vio."
La voz de Sherlock se escuchó. Con su abrigo obscuro rodeándolo, el detective parecía un ángel vengador que había venido a impartir justicia mientras salía de entre la niebla frente a su mejor amigo.
John rodó los ojos. "¿Cómo sabes lo que estoy pensando?"
Sherlock puso sus manos en sus delgadas caderas. "Por tu expresión facial triste y extremadamente sentimental. Y porque estas mirando la escena del crimen, puedo deducir que imaginabas los últimos momentos de María Gibson. Pero la mañana de su asesinato era clara. Todo se veía diferente."
John miro a través de la bruma. "Entonces viniendo de esa colina, ella pudo ver a su atacante, a menos que estuviera oculto en los arboles de allá. Pero eso no tiene sentido, porque el cuerpo fue encontrado aquí."
"O," Sherlock propuso mientras medio caminaba, medio se deslizaba a la banca en la orilla del agua, "pudo haber estado esperando aquí abajo. Hay un espacio abierto en el puente."
John se acercó y los dos caminaron junto a las aguas sucias hasta un poco agradable espacio de tierra que se extendía desde el estanque hasta los cimientos del puente. Encontrando varias colillas de cigarro y latas de cerveza bajo la estructura, John concluyó que si personas se reunían en ese lugar para festejar, los transeúntes nunca lo notarían.
"Si, el asesino podía ocultarse aquí, pero ¿cómo salió sin ser visto? Debería de haber quedado una gran mancha de sangre," el doctor comento.
"Ya pensé en eso," Sherlock dijo. "Este crimen no parece un ataque espontaneo. Fue bien pensado por alguien que conocía la rutina de María. No hay ramas grandes o metales alrededor para usarse en un arranque de furia. El asesino trajo con el su arma, entonces también pudo traer un cambio de ropa. Porque fue temprano en una brutalmente fría mañana, tal vez no había mucha gente en el parque."
John estuvo de acuerdo. "Y lo más seguro es que no haya tomado la salida principal, tampoco."
Un gato que estaba muy cerca, dejo escapar un gruñido preventivo. Sherlock movió una caja de cartón, para revelar una gata salvaje con una camada de cachorros.
"Probablemente ella fue testigo de todo," Sherlock murmuro y regreso la caja a su lugar. Saco su teléfono de su abrigo y rápidamente envió un mensaje. Un momento después sonó el timbre con la respuesta.
"Nuestro cliente nos vera en la casa Gibson para facilitar nuestra charla con Grace Dunbar."
Mientras caminaban cuesta arriba, Sherlock se agacho y tomo un poco de tierra entre sus dedos, después la observo e incluso la olio. "Ciénega. Carrizos. Toma nota de eso, John."
"¿Por qué estoy anotándolo?"
Sherlock se concentró en un objeto a la distancia. "Ella dijo algo ayer en la cena."
"¿Qué dijo Molly?"
"Molly no. Nuestra clienta."
John levanto su mano como un maestro ordenándole a su alumno que se detuviera. "¿Cenaste con la Srta. De Silva anoche? Pero estabas con Molly."
Sherlock se puso completamente de pie. "Estuve con las dos."
"¿Invitaste a otra mujer a tu cena con Molly?" aun cuando las palabras salían de la boca de John, no podía creer que fueran ciertas.
"No era otra mujer. Era nuestra clienta, quien debía de haberte contactado a ti en primer lugar." Sherlock arranco una raíz larga y el corto por la mitad para después arrojarla al suelo antes de voltear a ver a su furioso amigo. "¿No está bien?"
John se sentía tan molesto por Molly que no se atrevió a hablar en varios segundos. Cuando lo hizo su tono era bajo y controlado. "¿No está bien? ¡No puedo creer el idiota tan colosal que puedes llegar a ser! ¿Entonces qué pasó cuando llevaste a Molly a casa? Al menos hiciste eso, ¿no?"
"Por supuesto que la lleve a casa," Sherlock contestó indignado y se subió a la banca.
John lo siguió rápidamente. "¿Le dijiste que la pasaste bien? ¿Algún alago? ¿Le diste un beso de buenas noches?"
La mirada de Sherlock se dirigió al suelo por un segundo.
Un exasperado John dijo, "¡Por favor, dime que al menos actuaste como si quisieras estar con ella!"
"Ella sabe que quiero estar con ella."
"Las acciones son más fuertes que las palabras. Y en tu caso ¡Ni siquiera dices las palabras!" John atravesó el puente bruscamente. "Necesitas disculparte con Molly, si es que aun quiere escuchar lo que sea que tienes que decir."
"¿Por qué estás tan seguro de que ella estará tan molesta que no querrá escucharme? Eso no puede ser cierto. Tú mismo me has dicho que Molly se preocupa por mí."
John se detuvo y dio media vuelta. "No puedes seguir tratándola de esa manera y esperar que regrese por más. Hay una delgada línea entre amor y odio, Sherlock."
Observando la mirada herida en el rostro de su amigo, John se suavizo un poco. ""¿En realidad eres el idiota más despistado del mundo, verdad?"
La casa Gibson no era lo que John Watson esperaba. Desde afuera se parecía a cualquier otra casa de ese tranquilo y agradable barrio. Pero cuando Luciana De Silva abrió la puerta para que él y el detective pasaran, el doctor se dio cuenta que el interior era totalmente lujoso.
Notando su expresión, Luciana le dijo. "Esto no es nada. Debería de ver la casa de campo o el apartamento en New York."
"¿Se encuentra la Srta. Dunbar?"
"Está en la sala de juegos, esperando a los niños." La pequeña mujer los guió escaleras abajo a una habitación donde había una mesa de billar y todo tipo consolas de videojuegos conectadas a una gran pantalla plana. En un reclinable azul se encontraba sentada una joven.
La primera impresión que tuvo John de Grace Dunbar fue la de una tranquila chica de campo que estaba fuera de lugar en un lugar tan opulento. Era de estatura promedio con largo cabello rubio rojizo que usaba partido por un lado. El color azul intenso de sus ojos era hermoso, pero tenía tanto delineador negro que se miraban pequeños y muy juntos. Vestía pantalones de mezclilla, zapatillas deportivas blancas, y una blusa de holanes que se miraba un poco elegante para pasar una tarde cuidando a dos niños.
"Este es el Sr. Holmes y el Dr. Watson. Tienen algunas preguntas con respecto a la Sra. Gibson," Luciana dijo con tono autoritario.
El cambio en la joven fue sutil, pero Sherlock se dio cuenta de cómo cruzo sus brazos sobre el pecho.
"Por supuesto, Srta. De Silva," ella dijo de manera inexpresiva. "John y Sophie están arriba buscando sus abrigos para nuestro paseo en bicicleta."
Después de que su clienta salió de la habitación, Sherlock le sonrió de manera encantadora a Grace.
"Sé que quiere estar con los niños, así que no tomaremos mucho tiempo," dijo él en una de las voces más amigables que John le había escuchado fingir. "Debe de ser un gran consuelo para ellos en estos terribles momentos."
La chica se relajó visiblemente. "Gracias. Hago lo mejor que puedo para mantener las cosas normales. ¿Qué quiere saber?"
"¿Por cuánto tiempo a trabajado con los Gibson?"
"Ocho meses. Antes de eso iba a la escuela en casa y trabajaba medio tiempo en una guardería."
"Debió de ser difícil ajustarse a la vida en Londres," Sherlock dijo con empatía.
"Sí." Grace sonrió un poco. "Fue un gran cambio dejar a mi mamá y hermanos."
"¿y su padre?" pregunto John.
Su sonrisa desapareció rápidamente. "Nunca conocí al tipo."
Sherlock se aclaró la garganta. "Dígame cuál era su opinión de la Sra. Gibson."
"No quiero hablar mal de quien ya no está aquí." Su voz se escuchaba recatada, pero su mirada se endureció.
"Solo queremos la verdad, Señorita Dunbar," dijo John.
Grace miro sus manos con interés. "La señora podía ser demandante. Nunca vi a un hombre trabajar tan duro como el Sr. Gibson, pero la señora siempre se quejaba. Ella no lo apreciaba para nada."
Sherlock forzó su expresión para que fuera una de completa sorpresa. "Pero escuche que el Sr. Gibson era malo mientras su esposa era buena y lo apoyaba."
"¡No! Eso es lo que sus enemigos quieren los demás piensen," dijo molesta. "La verdad es que Neil es bueno."
"Interesante," Sherlock levanto la mirada al techo como si tratara de entender las cosas. "Entonces el Sr. Gibson no tendría una razón para querer a su esposa muerta."
"Para nada," Grace dijo en tono contundente. "Estaba en una video conferencia cuando la señora salió a correr el domingo."
"¿Cómo sabe eso si el Domingo es su día libre?" John le preguntó.
Ella se sonrojo, pero a diferencia de los constantes sonrojos de Molly, el de Grace era poco atractivo. "El Sr. Gibson debió de comentarlo la noche anterior."
"¿Usualmente el Sr. Gibson discute sus reuniones de negocios con usted?" Sherlock preguntó, pretendiendo estar confundido.
Agobiada, la chica dijo. "En ocasiones charlamos."
"Regresando a la Sra. Gibson. Que más puede decirnos sobre ella," Sherlock dijo.
Grace se enderezo en su asiento. "Tenía una alta opinión de sí misma. Siempre arreglándose. Nunca pasaba por un espejo sin mirar su reflejo," la niñera dijo en un tono que denotaba celos.
"Algunos dirían que era una mujer extraordinariamente bella," John dijo despreocupado.
Grace cruzo las piernas. "Quizás. Nunca la vi así."
"Solo una pregunta más, Srta. Dunbar. ¿Qué planes tenia para ese Domingo?"
Grace acomodo su cabello. "Pasar tiempo con mis amigos. Tengo una habitación aquí, pero también comparto un piso con algunas chicas. Ahí es donde estaba. En mi casa. Toda la mañana."
"Por supuesto eso cambio cuando recibió la llamada del Sr. Gibson," el detective dijo compasivo.
Grace asintió. "Si, por supuesto. Viene aquí de inmediato. John y Sophie me necesitaban."
"Parece que se preocupa mucho por esos queridos niños," Sherlock dijo.
"Es como si fueran míos."
"Muchas gracias, Srta. Dunbar. Ha sido de mucha ayuda. ¡Oh, disculpe!" El teléfono de Sherlock voló de su mano y aterrizo a los pies de la chica.
El detective y la niñera se agacharon al mismo tiempo para tomarlo. "Muchas gracias," Sherlock dijo cuando ella se lo entrego. "¿Usted también paseara en bicicleta como los niños?"
"No," dijo Grace. "Paseare a Roscoe, nuestro terrier."
"¿Los niños tienen otras mascotas? He escuchado que son de ayuda en tiempos turbulentos."
La niñera sonrió. "No, solo tenemos a Roscoe."
"De nuevo gracias," Sherlock dijo y le dio un apretón de manos. "¡Que tenga una excelente tarde!"
Mientras la chica subía por las escaleras, El rostro de Sherlock regreso a su expresión normal. "Eso es todo lo que necesitaba saber."
"Obviamente está enamorada de Gibson," John susurro, "pero no veo como algo de lo que dijo puede ser de ayuda al caso."
"Ves, pero no observas. Vamos, John. Necesitamos visitar a Lestrade."
