Disclaimer: Los personajes aquí mencionados son propiedad de Naoko Takeuchi. Su uso de ellos en mis historias está libre de lucro. La temática del fic recae en autoría de quien les escribe.
Buen tiempo sin vernos por acá, ¿cierto?
Espero que disfruten el nuevo capítulo.
¡Buena lectura!
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冷たい悪夢
Fría pesadilla
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Había pasado mucho tiempo, más de lo que ella era capaz de recordar, desde que podía enfrentar al astro rey sin la constante letanía del ayer, pero le resultaba curioso recibir sobre su rostro las hebras candentes de la luz solar aborreciéndolas en silencio. Ella reconocía aquel patrón extraño en su acostumbrada conducta, pero pronto se obligaba a recordar que no era culpable, menos su propia victimaria, solamente por transformarse en otra persona.
Ahora era la neo reina Serena, y para ella, el resplandor de mediodía no era tan agradable como sí pudo ser para la antigua Serena Tsukino. Una aparente veleidad podría ser y de hecho pudo ser así para cualquiera que pudiera analizarlo de manera superficial. Una estudiante sin mayor anhelo que no fuera divertirse a la salida de clases con sus amigas para después estar con su novio era, sin duda alguna, muy distinto a lo que una gobernante debía esperar para su día.
Probablemente todo giraba en torno a las responsabilidades adquiridas con el paso del tiempo, al peso que éstas conllevan con su respectiva cuota de preocupación. Entendible.
Pero ella sabía que no se trataba solamente de eso.
Su relación con el rey había vuelto a ser calma, compenetrada y comprometida como siempre debió ser. Desde la noche en la cual secretamente renovaron sus votos de amor se prometió no volver a ocultarle cosa alguna y había cumplido con su palabra. Todo entre ellos funcionaba bien y esa estabilidad se pudo palpar a la perfección en su ambiente general. La servidumbre del palacio parecía trabajar mucho mejor, sus amigas y aliadas podían sentirse más tranquilas y con ello, recuperaron la capacidad de dominar sus labores y tiempos libres de mejor manera. Algo similar ocurrió también con Tokio en su extensión, pues cada ciudadano parecía llevar la vida idónea que la gente protegida por la antigua princesa de la luna podía presumir.
¿Qué podía faltar en aquella ecuación de perfección?
Su seguridad, su completa seguridad.
Hace mucho ya Serena había dejado de menospreciarse a sí misma bajo el argumento simplista de su pasado juvenil. Poco y nada de la extrovertida, alocada e ingenua niña quedaba en ella. Hoy era una mujer distinta, una mejor versión de sí misma si se quisiera pensar, al menos ella lo creía así.
Es verdad, había dejado de lado sus juegos, sus añoranzas juveniles y la idea de que todo estaría bien solo porque ella lo deseara así. Su inocencia era un recuerdo melancólico oculto tras la dorada corona que adornaba sus cabellos. Ese era el costo a pagar, el que asumió cuando se alzó como soberana de una nueva era y al cual no rehuía. Esta nueva Serena era lo que el mundo necesitaba y ella estaba dispuesta a entregarse con fervor ante la misión de su vida, ante el cambio que exigía el renacer del Milenio de Plata.
Se había dejado abatir en un comienzo. Para nadie resultan fáciles los cambios y ella no sería la excepción. Fue arduo y doloroso el recorrido antes de comprender la exigencia que la nueva etapa en su destino marcó, pero ya con ese cambio recorriéndole en cada una de sus venas lo halló correcto, lo halló digno de ella pues entendió que nadie más podría responder con semejante destreza e inteligencia lo que Tokio de Cristal demandaba.
La neo reina quitó su mirada del horizonte para continuar con su nueva estrategia. Se alejó del ventanal que había elegido para tomar un minuto de descanso y abandonó rápidamente la sala principal de su morada.
Recorrió con seguridad los pasillos de su palacio haciendo audibles ecos al caminar.
Sus pasos jamás deberían pasar desapercibidos.
Llegó entonces a su despacho. Erguida continuó hasta llegar al escritorio que sostenía varios planos mezclados entre sí. Volvió a estudiarlos en conjunto y por separado. La idea resultaba cada vez más acertada y no le costó resolver que su siguiente orden a concretar era lo mejor.
«No puedo pretender estar lejos de quienes debo proteger»
Sí, esto podría ser un gran paso, uno muy bien elaborado si quería sentirse más segura.
No pasaron muchos minutos hasta que a su puerta arribaron las guardianas scouts. Tocaron antes de ingresar al despacho donde la soberana las había citado con puntualidad y dejándolas pasar tras exclamar su aprobación, pudo verles después de algunos días separadas.
—Neo reina —pronunció Venus al asomar su silueta en dicho espacio.
—Me alegra verte, a todas en realidad —correspondió ella con suma cordialidad y cariño.
—Y nosotras a ti… a usted —se corrigió Mars tras secundar, lo que supuso erróneamente, a Venus.
—Ya hemos hablado de eso. El trato formal se debe mantener mientras alguien más nos pueda estar viendo, si estamos solo las cinco no hace falta —aclaró la soberana con una sonrisa en sus labios.
La guardiana de Marte y sus compañeras se sintieron más aliviadas. Todas sabían que tal pacto había quedado resuelto desde mucho antes de la misma coronación de los reyes, pero en cierta forma seguían sin poder delimitar claramente cuándo era oportuno dirigirse a la reina de una manera parecida a la de sus años de juventud y cuándo no lo era.
Jupiter cerró la puerta después de dejar ingresar a sus compañeras. El silencio se hizo parte por escasos segundos antes de que la enérgica voz de Serena se abriera paso.
—Ya he consultado con muchas personas este proyecto y solo me falta la aprobación de ustedes, junto a la de mi esposo, para dar el sí definitivo.
El anuncio estremecía a Serena por completo. Clavó sus ojos nuevamente en aquellos planos y sonreía con evidencia. Nada en ese segundo se podía comparar a la felicidad que le causaba este nuevo cambio de planes.
—¿Lo crees absolutamente necesario? —preguntó Mars, procurando cuidar su tono.
—¿De verdad necesitas cuestionarlo? —agregó Mercury con suavidad en su voz.
—No la corrijas, de hecho necesito que ustedes cuestionen mis decisiones, esa es parte de su labor —dijo la neo reina sin titubeo alguno—. Y respondiendo a la pregunta pues sí, lo creo absolutamente necesario.
Serena estudió nuevamente los planos frente a ella y eligió uno en concreto. Hizo a un lado los demás y enfatizó el que creyó ser más descriptivo. Espero a que sus amigas se acercaran para apreciarlo y al hacerlo, ella prosiguió:
—Este podría ser nuestro nuevo hogar —anunció con orgullo.
Amy lo analizó desde el primer instante con suma atención. Mina observaba y asentía sonriente. Lita pareció estar igualmente satisfecha. Rei pareció no entenderlo, Serena lo supo debido a su hermético silencio, el cual ya se había acostumbrado a descifrar. Fue entonces cuando creyó necesitar ser aún más clara.
—El nuevo castillo se encontrará en un lugar estratégico de la ciudad. Cuatro alas, sus nuevas residencias, estarán frente al palacio central y éstos estarán directamente conectados con el resto de Tokio de Cristal. Los pasajes de sus casas darán directo con la mía y tendremos un amplio perímetro de seguridad. Son varios los kilómetros a la redonda que quedarán a nuestra disposición. La idea primordial es que todos nos encontremos cerca del resto de los ciudadanos y, en caso de algún peligro, podamos reaccionar rápida y eficientemente.
La neo reina deslizaba su dedo índice a través del plano bajo éste. Continuó explicando la importancia de este nuevo cambio y las ventajas que traería de concretarse. Su actual residencia, por hermosa que esta fuese, le parecía muy mal ubicada en caso de que algo malo ocurriera en la ciudad que gobernaba. Serena sentía la necesidad de estar más cerca del pueblo que tanto amaba.
—¿Y qué pasará con las actuales estructuras en ese lugar? —preguntó Amy, dubitativa.
—Ya he tenido reuniones con el comité político y aunque habíamos acordado que ahí estarían los edificios gubernamentales, al escuchar mi proposición parecieron estar bastante de acuerdo.
—Es como si… te estuvieras preparando para una guerra, Serena —expeló Lita sin poder ocultar su temor.
—Yo siento que la idea es fantástica y no creo que tenga que ver con algún miedo, ¿no es así? —agregó Mina con inicial seguridad, cediendo ésta ante las palabras que la gobernadora tuviera que decir al respecto.
—¿Necesito explicarles todo lo que hemos pasado para que me entiendan mejor? —dijo ella entonces, con un atisbo de molestia en su hablar—. Siempre, pase lo que pase, debemos estar un paso adelante. No estoy diciendo que cosas terribles pasarán, pero si llegan a ocurrir lo más lógico es que estemos mejor preparadas. Si seguimos acá lo único que sacaríamos es tener una vista privilegiada sobre la ciudad mientras se desmorona frente a nuestros ojos. ¿Cuánto demoraríamos en llegar a su centro en caso de problemas?
No había más que razón en sus palabras y finalmente todas las sailors estuvieron de acuerdo.
—Mi castillo quedaría aquí, al centro —continuó Serena puntualizando su idea en aquel plano—. Si algo pasa necesitaré que me protejan antes de usar el Cristal de Plata para resguardarnos.
—Eso dalo por hecho —comentó con orgullo la valiente guardiana de Júpiter.
—¿Cuándo comenzaría la construcción? —agregó Mercury.
—Lo antes posible. Tomará tiempo, eso está claro, pero cuanto antes, mejor.
Las guardianas volvieron a asentir en silencio. Se miraron entre sí y aunque creyeron tener todas las dudas despejadas, nuevas brotaron en sus mentes.
—¿Hay algo más que nos quieras decir, Serena?
Eso fue todo lo que la reina necesitó para detener en seco su, hasta ahora, apacible armonía.
Dejó caer pesadamente sus palmas sobre el escritorio, pero antes de rendirse y dejarse llevar por el enfado, tomó una inmensa cantidad de aire, la contuvo en su pecho y la dejó escapar antes de responder.
—No solamente nosotras estamos lejos de proteger a la ciudad en este instante, la misma ciudad es la que no nos puede proteger en algún caso de desastre. Mi idea es que todos funcionemos de manera recíproca y cuidemos el uno del otro. Si algo llega a pasar, fuerzas militares custodiarían nuestra zona residencial y también la gubernamental pues quedaremos cerca según estos planos. Quiero que estemos a salvo porque sí, temo una guerra y no pienso quedarme aquí esperándola de brazos cruzados.
Serena se alejó de su escritorio y comenzó a vagar en el despacho. Se detuvo en uno de los ventanales y, a diferencia de algún rato atrás, quiso darle oportunidad al sol para que éste le entregara su calidez de una manera distinta. Cuando corrió una de las grandes y blancas cortinas un gran rayo de luz embistió sus ojos. Hizo de éste una metáfora en su corazón. Aquel rayo de luz era también otra cosa.
—Tengo serias intenciones de hacer crecer mi familia y no quiero que suceda aquí, no donde me siento desprotegida y vulnerable.
La confesión quitó por completo el habla de sus amigas. Esperaron a que Serena volteara para poder abrazarla ante tan magnífica noticia, pero con el paso de los segundos entendieron que eso no ocurriría.
Ellas no podían ver como una amplia sonrisa se dibujaba en los labios de la reina. Una que, se permitió, disfrutarla solo para sí misma.
—¿Ahora me entienden mejor? —preguntó sin voltear.
—Totalmente claro —respondió la guardiana de Marte, intentando no hacer evidente su emoción.
—Nosotras estaremos ahí, de la forma que quieras, para protegerte a ti, al rey y a… la pequeña dama —secundo Lita con adoración.
—Será maravilloso —acotó sin demoras, Amy.
—¡No lo puedo creer! ¡Al fin seré tía!
—¡Mina!
Fue entonces cuando al fin giró la neo reina y encandiló con su alegría a sus eternas amigas.
—No la regañen —pidió ya mucho más tranquila—. Sé que la idea es… no, en realidad no lo sé, lo único que tengo claro es que me hace feliz.
—¿Se dan cuenta cómo hemos crecido? ¡Nos estamos haciendo viejas! —agregó Mina sin ocultar su extrovertida personalidad.
—Ver a Serena siendo madre será… sí, en realidad nos estamos haciendo viejas —dijo Lita contagiándose de aquel episodio de entusiasmo juvenil.
—¿Te has cuidado suficiente, verdad? Aunque puede ser una pregunta algo tonta considerando que tu marido es doctor, por supuesto que debes estar bien de salud —compartió Amy apenándose, entre risas, por la obviedad de su comentario.
—Pues que se ocupe más todavía —punzó Rei con sátira—. Como doctor debe cuidarte, pero como esposo con mayor razón.
—Por supuesto que lo hace —aclaró sonriente, Serena—. Siendo sincera no habíamos hablado del tema hasta hace algunas semanas atrás, pero creo que estoy preparada para ser madre, aunque insisto, antes de eso quiero tener lo más posible en orden para que la llegada de la heredera del Milenio de Plata sea la mejor que pueda darle.
—¿Y cómo será? ¿Darás a luz en una clínica? ¿Lo harás en el castillo? ¿Será como algo más íntimo y será el propio Darien quien reciba a la niña? He visto en muchas películas que son los mismos padres quienes reciben a sus hijos y bueno, tomando en cuenta que él es profesional de la salud…
—Mina, Serena ni siquiera está embarazada todavía y tú preguntas esas locuras.
—Lita, bien dijo ella, hay que tener todo en orden y creo que deberían planear eso también.
—Pues creo que lo mejor es que el parto de Serena ocurra en un ambiente especializado para ello, es decir una clínica donde pueda ser constantemente monitoreada y corra los menores riesgos posibles.
—Amy, le quitas lo fantástico a toda la historia. ¿No sería lindo que después Darien pudiera decirle a Rini que el primero en recibirla fue él?
—No se trata de eso, Mina…
—Rei, tú que eres más tradicional para tus cosas creí que me entenderías.
Todavía les era tan fácil perder el foco…
Serena sonrió al escuchar el debate que la idea de su futura maternidad había generado. Se sintió confortada al ver cómo sus amigas deshilaban el tema sin siquiera estar ocurriendo aún, pero más allá de eso, sin haberlo esperado, algo de su "vieja yo" había florecido por un instante.
De alguna manera extrañaba estas conversaciones absurdas con sus amigas.
Lo tenía claro y eso no cambiaba, ella ya se había convertido en otra persona, pero fue en ese instante en el cual le quedó más que claro que siempre habría algo de su pasado merodeando en su presente. Aceptó entonces de buena gana dejarse llevar por la liviandad del momento. A nadie le haría daño permitirse estos instantes de relajo con quienes tanto quería.
—Chicas, creo que eso será algo que Darien y yo deberemos decidir cuando sea el momento, pero así suceda en una clínica, en el palacio o donde sea, simplemente estaré feliz de que ocurra.
—¿Ya estás "en campaña"? —preguntó Mina sin detener su entusiasmo.
—No de manera oficial, solo está hablado, porque antes de que eso pase deberé decirles otra cosa también.
Nuevamente el ambiente se tornó más formal, pero no por ello severo. Serena tenía la intención de abordar un tema complejo pero no deseaba, al menos en ese minuto, transformarlo en una pesada carga para todas, sin embargo le resultaba importante comunicar sus recelos restantes.
—Lita apuntó a que con todos estos cambios pareciera que me estuviera preparando para una guerra, les dije que sí pues todo puede pasar pero no les mentiré, mis sospechas son por algo y creo que todas sabrán a qué me refiero.
—Génesis —pronunció Rei susurrante, como si hubiera roto un tabú al dar vida con su voz a tal nombre.
—Así es —afirmó la soberana—. Sé que nuestra presencia en la luna pudo al menos darnos la garantía de que ella no se encuentra ahí, pero me niego a pensar que desapareció sin más. Si Génesis aparece en nuestras vidas, quizás en ese entonces en la de la propia pequeña dama, es importante que estén de acuerdo conmigo para llevar a cabo mi resolución. Necesitamos unir nuestras fuerzas una vez más y que el universo entero lo vea. Seremos fuerza ante los ojos de cualquiera que pretenda hacernos daño y no nos dejaremos vencer.
—¡Sí! —respondieron sus guardianas al unísono.
—Sé que los cambios generan miedo, pero confío en que este nos brindará mayor seguridad a todos. Les pido nuevamente que crean en mí.
—Por supuesto. Nunca hemos dejado de creer en ti, Serena —respondió la pelinegra sin demora.
—¿Entonces haremos esto?
—Adelante —dijo Mina haciendo la voz de todas la suya.
—Muy bien, entonces ahora pasemos al comedor. Almorzaremos juntas para que después Setsuna las lleve a hacer un simpático recorrido —anunció Serena con floreciente desplante.
—¿Recorrido? —preguntó Mina, confundida.
—No se enojen, pero antes de hablar el tema con ustedes primero lo hice con ella. Setsuna retomará la misión de ser la guardiana de la puerta del tiempo y fue la misma la que me ayudó a buscar una locación idónea para abrir nuevamente una brecha entre las dimensiones. Aquella puerta será parte del palacio central y únicamente los miembros de la familia real podrán ingresar ahí.
—¿Nosotras no podremos? —cuestionó Amy.
—Lamentablemente no al menos que sea de suma urgencia. Esa es una de las reglas que Setsuna estipuló antes de volver a aceptar la misión.
—¿Y eso lo habló contigo? ¿Estás de acuerdo? —continuó la interrogación, Lita.
—En realidad fue Darien. Ellos llegaron a los tratos pertinentes y a mí se me comunicaron después. Nos pusimos de acuerdo repartimos las labores: él hablaría con Setsuna y yo con ustedes. Acordamos que cuando todo estuviera listo ella las llevaría a ver los terrenos que pronto ocuparemos, después de eso Darien y yo ajustaremos los últimos detalles y oficiaremos una especie de celebración privada entre nosotros.
—Una especie de despedida también… —dijo con un dejo de nostalgia, Mina.
—La verdad es que sí. Setsuna retomará su vieja misión y eso la obligará a tener una vida más reservada y solitaria. El día en que asuma ser nuevamente la guardiana de la puerta del tiempo estará siempre en su rol de sailor scout y solo compartirá conmigo y con Darien. Nos explicó que es mejor así, que su labor implica sacrificios y dentro de ello es ofrecer su total devoción y vida hacia la familia real y su cuidado.
—Qué loable —acotó Amy, con respeto.
—Había imaginado que ella podría llevar una vida distinta pero…
—Lita, si aceptó que no fuera así es por algo —agregó Rei.
—Alguien debe cumplir esa misión y ese alguien es ella —puntualizó Mina, retomando seriedad.
—Todos tenemos misiones, todas conllevan gran entrega de nuestra parte y debemos aceptarlo —puntualiza con pulcra determinación la neo reina—. Ahora pasemos al comedor por favor. Blanca debe tener todo listo ya.
Esperando la aprobación de sus fieles aliadas, la gobernante de Tokio de Cristal las guió hasta el lugar propuesto. No le resultó sorpresivo ver que efectivamente Blanca, su mano derecha dentro del palacio, esperaba por ellas de pie junto a la entrada del amplio salón.
—Bienvenidas —dijo la ama de llaves a las acompañantes de Serena para después dirigirse a ella—. Reina, ¿desea que la comida sea traída ahora mismo? —consultó con respeto.
—Sí. Gracias —le fue respondido.
Tras solo hacer un par de gestos con su mano, dos de las sirvientas del palacio real dieron por iniciada la labor de servir a la reina y a sus amigas. La primera ocupó con distinguida elegancia el puesto principal de la mesa e invitó rápidamente a las chicas para que se les uniere. A pesar de que ya había pasado bastante tiempo, Amy, Rei, Lita y Mina no estaban acostumbradas a recibir un trato tan exquisitamente formal inclusive cuando todas también contaran con personal a su disposición en sus hogares. Sin duda el palacio de los reyes era particularmente distinguido en todo lo que tuviese que ver con él y aunque ya para Serena todo resultaba normal, sus amigas de juventud seguían en vías de acostumbrarse a los cambios.
Cinco copas de cristal adornaron la amplia mesa de roble que se imponía silente en el gran comedor de la residencia real. Eran mínimas las ocasiones en las cuales la neo reina ordenaba servir vino tinto para acompañar una comida, mas hoy le pareció una buena ocasión para abrir un licor de reserva con el propósito de celebrar la compañía que la rodeaba, pues también eran menores las instancias en que podía permitirse compartir con sus aliadas y amigas sin mayor ajetreo ni ocupaciones.
Entonces les fue servido aquel vino aterciopelado de enigmático y profundo color. Serena alzó su copa y propuso un cordial brindis sin hallar la necesidad de agregar un motivo explícito para ello a través de las palabras. Le bastaba estar con ellas, sus amigas, observarlas y escuchar todo lo que tuvieran que decir. Cualquier discurso, por breve que fuese, le resultaba sobrante para lo que con tanta naturalidad se estaba desenvolviendo al correr de los segundos.
Las cuatro guardianas empezaron a sentirse mejor, probablemente tras sentir lo que les trajo los primeros sorbos de vino. Ninguna estaba particularmente acostumbrada al licor y seguramente por ello no bastó demasiado para que el efecto sedante calara en cada una.
Los platos de entrada no demoraron en llegar mientras una casual conversación ya había emergido en el grupo. La reina recibió su comida y, contra todo pronóstico, no supo hallarle inmediatamente el placer que se desprendía de aquel plato.
Ciñó su nariz rápidamente entre sus dedos tras sentir un ligero pero aun así fastidioso cosquilleo en él. Intentó continuar como si nada y creyó que tal vez un sorbo más de licor la ayudaría a escapar de ese breve impasse de malestar, sin embargo éste no hizo más que incrementarlo.
Contra toda formalidad Serena dejó recaer pesadamente sus codos sobre la mesa y sujetó su ladeada cabeza en la palma derecha de la mano. Presionó un poco su sien esperando mitigar de esta forma la reciente punzada que se había clavado ahí. Poco después un fugaz mareo la obligó a cerrar los ojos.
Le tomó varios segundos reincorporarse y al despejar su mirada, encontró fija las de las demás en ella.
—¿Te sientes bien? —consultó Mina al encontrarse con los azules ojos de la mandataria.
—Sí, es solo cansancio —le respondió.
—¿Segura? —averiguó Rei con evidente preocupación.
Serena deseó responderle apenas terminara la pregunta, pero no fue capaz.
Guardó silencio tras creer que sería la mejor forma de continuar. Batió su cabeza antes de regalarles a toda una tenue sonrisa que rápidamente se extinguió en cuanto saboreó el primer bocado de su comida. Pareció sentir en su boca todos los sabores que no eran de su agrado sin poder captar los que les resultaban cotidianamente sabrosos. Tomó la segunda copa a su alcance y bebió agua para quitar de sus labios lo que pudiera quedar después de tan desagradable experiencia.
Intentando mantener la compostura, Serena se alzó y ofreció disculpas a sus amigas. Se retiró con la promesa de volver tras ir a su habitación por algunos minutos.
Amy, quien tenía estudios y experiencia médica se ofreció raudamente a acompañarla, sin embargo la neo reina la rechazó para no darle importancia ante que creía ser solo una molestia pasajera. Les pidió que continuaran la comida sin ella y se sintieran a gusto en su ausencia, tras esto caminó a paso calmo hasta retirarse del comedor.
El trayecto hasta su habitación había sido lento y complejo. Con mucha dificultad fue capaz de subir por completo la amplia escalera de la primera planta y a paso pesaroso dio al fin con la puerta de su recámara. Dejó recaer en ella su espalda y palpó rápidamente su frente con el dorso de su mano. Estaba gélida y un fino hilo de frío sudor le acompañaba. Se apresuró por entrar a su alcoba para no ser vista.
Ya en soledad Serena imaginó poder recobrar la compostura. Buscó en su mesa de noche alguna pastilla que le ayudara a combatir la creciente migraña que exprimía su cráneo cada vez con más fuerza, pero tras algunos segundos de fallida búsqueda recordó que de tener dicho medicamento, éste probablemente se encontraría en la mesa auxiliar de su esposo. Dio cuatro pasos y el último la obligó a retroceder. Tuvo que dejarse caer en la cama debido al malestar que ya se iba tornando general.
Su respiración se hizo arrítmica y sus manos habían palidecido al punto de ser inquietante, pero lo fue más en cuanto en aquel blanco lienzo cayeron gotas de sangre.
Serena rápidamente buscó un pañuelo para tapar su nariz al sentir la hemorragia. Imaginando que solo se trataba de eso quiso llamar a Blanca confiando en que algún té de hierbas le sería útil para calmarla. Atribuyó todas sus molestias al estrés, era lo más lógico. Quizás había acumulado el suficiente como para que en un momento de paz su propio cuerpo la castigase recordándole que no es siempre lo mejor acaparar tantas responsabilidades en soledad. Fue entonces cuando la neo reina volvió a erguirse, pretendió caminar hasta la puerta de su recámara pero se vio obligada a detener sus pasos. Un escalofrío que caló hasta lo más profundo de sí recorrió su espalda y la inmovilizó por completo.
Aterrada miró a su alrededor en busca de algún causante de aquel estremecimiento, pero bien sabía que se encontraba completamente sola.
Eso también era lo más lógico, sin embargo…
«La sangre te sienta bien incluso en aquel resplandeciente vestido»
Los ojos de la reina se abrieron con estupor tras escuchar a su izquierda aquel suave susurro. No dudó en voltear con imponencia para dar con quien le había dicho semejante barbaridad, mas solo se encontró nuevamente con el lecho que compartía con su esposo.
«Es audaz de tu parte querer huir de mí, pero me llevas a todas partes junto a ti. Tú me das vida»
Esta vez aquella misteriosa voz provenía de su derecha y quiso dar con su dueña también, pero otra vez supo que estaba sola en aquella recámara.
Instintivamente Serena quiso proteger su espalda y como pudo llegó a la pared más cercana y se incrustó en ella. Así podía observar todo su alrededor, todo su siniestramente vacío alrededor.
—Maldita… —susurró escupiendo su ira.
Sabía quién estaba jugando con su cordura y repudió la cobardía de aquel ente tras no mostrar su identidad, pero incluso sin tener que verla con sus ojos, la podía sentir en el alma.
«¿Crees todavía que quien está maldita soy yo?» volvió a escuchar en su mente «Una vez más te equivocas, dulce Serena, una vez más y como siempre»
—¡Qué es lo que quieres! —gritó sin poder contener más la repulsión que nacía desde su corazón al escucharla…
No obtuvo respuesta.
La adrenalina corría hirviente por la sangre de la gobernante del nuevo Milenio de Plata. Su estado de alerta estaba en su máximo nivel mientras observaba desafiante cada recoveco de la habitación.
Poco después el frío ya no solamente fue interior.
La temperatura descendió con espeluznante rapidez y cada centímetro de su piel desnuda podía percibirlo. Volvió a tiritar, a estremecerse, pero en su alma una daga punzante clavó en cuanto todos los ventanales de su recámara se abrieron a la par. Una ventisca de nieve pareció entrarle por los ojos llegándole directo al corazón.
«Te quiero a ti, neo reina Serena…»
El pañuelo que cubría su rostro cayó manchado a sus pies.
La sangre gorgoteó sin freno alguno a través de su rostro.
Lo último que sus ojos pudieron ver fue la nieve entrando a su espíritu antes de que todo se convirtiera en oscuridad.
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¿Qué les pareció?
Bueno, hace mucho tiempo que no pasaba por acá así que agradezco infinitamente a quienes se mantengan junto a mí en este trayecto y continúen acompañándome en "Eterno resplandor de luna"
Abrazos y besitos especiales para:
princessqueen - ChibiChibi-sd - yesqui2000 - Ren-chan91 - Sol Levine - reikomars86 - luselene - Menos 3 - Mary Yuet
Responderé los reviews vía MP, pero antes de que lo haga quiero que tengan presente que sus palabras siempre son muy importantes para mí. Saber que aprecian mi trabajo me conmueve muchísimo y me alegra demasiado poder darles algunos minutitos de entretención a través de las letras.
Mantengamos este lindo hábito, ¿sí? :D
Espero que me comenten qué les pareció esta actualización. Si tienen alguna idea sobre lo que puede estar pasándole a Serena díganmelo en el review si gustan =) siempre me entusiasma leer las sospechas que tienen con respecto a los caminos que va tomando la historia.
Hay dos capítulos más listos, así que espero que la gran mayoría de los lectores actuales del fic se manifiesten para saber que puedo seguir adelante =)
Les mando un millón de besitos lunares.
¡Nos vemos pronto! (y esta vez es en serio)
¡Nunca dejemos de soñar!
¡Nos leemos, sayo!
Usagi Brouillard.-
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