Disclaimer: Gran parte de los personajes aquí mencionados son propiedad de Naoko Takeuchi. Su uso en mis historias son con fines de entretenimiento libre de lucro. El resto de los personajes e historia corresponden a quien les escribe.
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フィアー
Miedo
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«Serena… ¿puedes escucharme?»
Ella reconocía esa voz…
Sintió que su amado esposo, el rey Endymion, pudo seguirla después de la muerte.
«Despierta por favor. Estamos aquí contigo»
¿Rei y las demás también habían podido encontrarla?
Deseó abrir sus ojos para reencontrarse con ellos en el más allá. Supuso que todos ya habían muerto también, que Génesis había podido llevarse la victoria tras eliminarla a ella como primer objetivo en su lista.
Una seguidilla de susurros se acomodó en su silente dormir. Las voces parecían lejanas, pero su corazón se confortó al escucharlas aunque fuese de aquella forma.
La muerte parecía ser más amable que sus últimos instantes de vida.
El sueño se hizo más intenso y comenzó a perderles el rastro. Ya casi no podía oír lo que la gente a su alrededor exclamaba, pero un intenso aroma la envolvió hasta obligarla a mantenerse consciente.
Reconoció el olor a alcohol y poco después sintió un breve escalofrío en su nuca. Al parecer alguien había tomado su cabeza para dejarla en un lugar más suave.
«Se parece a mi almohada» pensó a sus adentros y se permitió descansar en ella.
«Quizás deberíamos llevarla al hospital»
Esa voz, esa suave y pasiva voz no podía ser de otra persona que no fuera Amy. Qué gusto le daba saber que ella también había podido dar con su incierto paradero…
«Despierta, por favor»
Aquella súplica parecía provenir de los labios de Mina. Segundos después sintió el contacto de una mano en su pierna. Era cálida y amistosa. Quiso pensar que se trataba de ella y sonrió.
«Darien, ¿de verdad crees que despertará?»
Eso quería y deseó explicárselo a Lita, pero no fue capaz de pronunciar tan solo una escueta frase para su alivio.
«Lo hará» escuchó entonces una y otra vez, como si se tratase de un eco sin final.
Su frío cuerpo fue el receptor de un hilo energético proveniente de algún ser dotado de magia. Cada centímetro de su piel empezó a recibir una apacible tibiez. Supo que su mano era sostenida por la de su esposo y que era él el responsable de que la vida volviera a ella.
Pudo al fin abrir los ojos y aunque todo era un tanto borroso ante su visión, pudo distinguir a todas las almas presentes a su alrededor.
Darien estaba ahí, frente a ella casi inmóvil, casi sin respirar. También Amy, Rei, Mina y Lita se encontraban en ese lugar y a lo lejos, si su desorden sensorial no la hacía errar, estaba Blanca, la ama de llaves del palacio real.
—¿Está reaccionando? —alertó la última, sin ocultar la tensión en su hablar.
—Al fin… —compartió Rei antes de bajar su cabeza.
Serena la conocía, sabía que estaba a punto de llorar y así sucedió.
—¡Di algo, por favor! —exclamó Mina con desespero. Lita y Amy se acercaron a ella para calmar su ansiedad.
—No podemos obligarla —explicó la peliazul, tajantemente—. Está recién despertando, debe seguir algo confundida.
—Tranquilas —les dijo el rey—. La tenemos junto a nosotros y eso es lo importante. Denle tiempo para que esté mejor.
Darien volvió a buscar la mirada de su esposa y fijó sus ojos en ella sin alejarse un centímetro de la misma. Acarició el contorno de su mejilla con suavidad y susurró algo que la neo reina fue incapaz de entender.
—¿Están todos bien? —consultó ella, balbuceando con escuálidas energías.
—Ahora sí —le contestó breve el rey, sonriéndole después de haber escuchado al fin su voz.
Darien atrajo la atención de Blanca y le susurró algo al oído. Le solicitó una comida liviana, ropa limpia para la cama que compartía con Serena y también privacidad. La ama de llaves condujo a todas a la salida de la habitación incluso cuando se opusieran en un principio, pero tras las razones que el gobernante les dio se retiraron del lugar.
Al quedar a solas, el rey continuó curando a su mujer con plena delicadeza. Efectivamente el olor que ella había podido percibir se trataba de alcohol, Darien había frotado algo de éste alrededor de su nariz para quitar las manchas de sangre que habían quedado en ella y en el resto de su rostro. Después e intentando que se moviera lo menos posible, Darien le quitó el vestido y en su lugar acomodó en su cuerpo una ligera camisola de seda. Posterior a ello la reacomodó para poder seguir examinándola.
—¿Puedes sentarte? —consultó.
La neo reina asintió silente.
—Hazlo lento —ordenó su esposo, ayudándole.
El rey continuó su exhaustiva revisión. Buscó contusiones, heridas o rasguños, pero solo halló un restante rastro de la hemorragia nasal y una inflamación en la parte trasera de la cabeza de su esposa.
—¿Sabes quién soy? —le preguntó, causando gracia en ella.
—No tengo tan mala memoria —dijo, queriendo bromear.
—Dime quién soy —insistió el rey.
Comprendiendo lo que hacía y cuál era el propósito, no quiso seguir con las respuestas que desestimaran cualquier problema.
—Darien Chiba, mi esposo —contestó con calma la neo reina.
—¿Sientes algún mareo?
—No.
—¿Puedes ver bien?
A ella le costó responder la última interrogante cuando sintió la invasión de una fuerte luz en sus pupilas. Parpadeó rápidamente para no dejarse cegar más, pero cuando aquella luz se apartó de ella pudo al fin contestar con seguridad.
—Veo bien.
Darien dejó de lado el instrumento que había utilizado y lo cambió por un estetoscopio. Estuvo en silencio por varios segundos mientras buscaba algún indicio de problemas en las palpitaciones de Serena o bien en su respiración.
Todo, por fortuna, parecía estar en orden.
—¿Te duele la cabeza?
—Casi nada —aclaró su mujer—, es solo una molestia en la parte de atrás —explicó tratando de palpar aquel punto—, pero es un dolor externo, eso lo sé bien.
—Toma mi mano y apriétala con toda la fuerza que puedas.
La neo reina acató todas las órdenes que su marido le indicaba. El análisis continuó hasta que él estuviera seguro de que la lesión se trataba solo de un golpe superficial y no de un traumatismo encéfalo craneal de urgencia. Prefirió hacerlo así en vez de acudir con ella a un hospital pues al verse obligada a hacer un recuento de síntomas, lo más probable sería que el cuerpo médico pensara que se tratara de algo grave. Perder el conocimiento era un punto crítico en el área de la salud y Darien lo sabía bien, pero también sabía que dicho suceso, en el caso de la vida de su esposa, en la suya y en la del selecto grupo de guerreros a su alrededor podía tratarse perfectamente de otra cosa.
El rey sospechaba qué había pasado en realidad, sin embargo no iba a dejar pasar la obligación de tener que velar también médicamente por su esposa. Analizó con objetividad todo lo que le habían dicho las chicas, lo que vio al llegar a casa, específicamente en la habitación matrimonial y dio rápidamente con un diagnóstico:
Serena sufría un grave cuadro de estrés y temía saber a qué se debía.
—Harás reposo —aclaró mientras guardaba su instrumental médico—. Estarás en cama por unos días y no te moverás de aquí a menos que yo diga lo contrario.
—Eres un doctor muy serio… —dijo ella con voz más clara.
—Lo que te ocurrió es el resultado de la sumatoria de tantas preocupaciones y ya es hora de que descanses. No puedes seguir a este ritmo. Ya ves que no le hace bien a tu salud.
—¿Te cuento algo? Al principio creí que mi malestar se debía a un embarazo —soltó la neo reina con un dejo de ironía en sus palabras.
—También lo pensé cuando las chicas me dijeron que no fuiste capaz de comer y que parecías tener náuseas, pero si no me equivoco…
—No te equivocas —le respondió Serena velozmente—, sabes que apenas hace unos días me hice un test de embarazo y dio negativo.
—Por eso creo que lo que tienes es estrés. Probablemente tu periodo menstrual se alteró a causa de ello, pero para descartar cualquier duda volverás a hacerte otro.
—¿Con qué fin? Ya sabemos que no…
—Serena, a veces esas pruebas no detectan la hormona específica del embarazo si éste está en su más reciente fase inicial, pero con el paso de los días ésta comienza a aumentar y se vuelve detectable.
—No te hagas ningún tipo de esperanza, ni de un embarazo ni de nada…
Tras haber recobrado la consciencia y saber que no estaba muerta como sospechó, los recuerdos de su horrible pesadilla volvieron para atormentarle.
Darien, quien había permanecido sentado al lado de su esposa se puso de pie, llegó a la puerta de su habitación y la cerró para que nadie los interrumpiera.
Sabía que aquella declaración no se trataba de un episodio de mal humor o solo por el gusto de ser amarga. Algo debía haber detrás.
Volvió a la cama y se sentó a los pies de ella. Serena, ya más estable, se acomodó mejor y se sentó parcialmente erguida. Buscó rápidamente la mirada de su esposo y supo que era instante de hablar sobre lo ocurrido.
—Llegué hasta aquí apenas, entré, mi nariz empezó a sangrar y escuché a alguien pronunciar mi nombre. Las ventanas se abrieron de par en par y una ventisca entró helando toda la habitación, después de eso todo se hizo oscuridad hasta que desperté en una pesadilla o bien, que es lo que realmente creo, una advertencia.
—Era Génesis, ¿no? —preguntó con fastidio, el rey.
—Sí —contestó Serena—. Jugó con mi mente como quiso, me hizo creer que estabas muerto, tú, las chicas, todos los habitantes de Tokio de Cristal y… me mató a mí también.
—¿Y qué te decía?
—Dijo tantas cosas… —pronunció abatida—. Me hizo buscarla por todo el palacio, de habitación en habitación y no podía encontrarla, ni a ella ni a ninguno de ustedes. Todo era silencio, nieve, oscuridad y destrucción. Me instigaba a pelear con ella, decía que tenía el poder para vencerla pero después se burlaba cruelmente de mí. También decía que yo la mantenía viva, que no quería darla por muerta y por eso jamás sería feliz, que nunca podría mantenerlos a salvo pues el terror que dejó en mi corazón era más fuerte que mi deseo de protegerlos. Era como si… quisiera verme acabada pero a la vez me indicaba cómo derrotarla, eso hasta cuando tomó el Cristal de Plata en sus manos, me quitó el aliento y sacó de él una espada con la cual finalmente atravesó mi pecho dándome muerte. Lo último que escuché fue tu voz diciendo mi nombre.
—Cuando llegué estabas tirada en el piso con la respiración agitada y decías cosas que no pude comprender. Las chicas estaban desesperadas, te rogaban parar pero de un momento a otro te quedaste en silencio. Dijeron que estuviste muchos minutos peleando con algo antes de que yo llegara y no pudieron hacerte despertar. Entre tanto, Blanca me llamó por teléfono y dijo que si no llevaba en un plazo prudente pediría una ambulancia. Por fortuna pude estar aquí antes de que eso ocurriera.
—Eso quiere decir que…
—No habían ventanas abiertas, tampoco nieve, oscuridad ni silencio. Tu Cristal de Plata estaba a pocos centímetros de tu mano, totalmente intacto. Ninguna de las chicas pudo percibir alguna energía maligna presente aquí o en el resto del palacio, incluso creyéndolo así dieron orden a los guardias para que revisaran cada rincón interior y exterior, pero no hallaron nada sospechoso.
—¿Crees que estoy loca?
La pregunta punzó el pecho del rey. La recibió con amarga sorpresa. Le parecía ilógico que Serena imaginara que él podía pensar algo así.
—Claro que no —aseveró sin demora—. Lo que quise decir es que no fuiste atacada físicamente. Me dices que la hemorragia nasal fue antes de esa pesadilla y puedo suponer que se debió a un desbalance de tu presión, ahora el golpe en tu cabeza debió producirse cuando caíste al piso y te desmayaste.
—¿Y lo que vi? ¿Piensas que eso no pasó?
—Pasó, pero sospecho que pudo ser una alucinación provocada por Génesis antes de inducirte a esa amarga pesadilla.
—¿Entonces sí crees, sin duda alguna, que ella sigue con vida?
Darien guardó silencio algunos segundos. Pensó mucho antes de dar su respuesta.
—Temo que sí, pero no podría asegurarlo… ¿cómo puedo descartar que aquella pesadilla no sea parte también de tu estrés?
Era verdad.
La confusión nuevamente azotó la mente de la neo reina.
¿Génesis tendría la osadía de jugar con su mente de manera tan cruel? La respuesta obvia era que sí, pero al repasar los detalles Serena empezó a dar cabida a que mucho de lo ocurrido podía ser la materialización de sus recelos.
«Si me haces vivir en cada latido de tu corazón, en cada vistazo que le das a la luna y en cada una de tus pesadillas jamás estaré muerta. ¿Por qué no te libras de mi desagradable presencia y me dejas libre a mí también?»
Recordó con exactitud aquella declaración: Dejar ir su presencia, librarse de ella para así dejarla morir en el olvido. Eso pareció decirle.
Sin embargo también había dicho…
«Tal vez no soy solo un fantasma, mi querida Serena…»
¿Qué era verdad o mentira? No supo descubrirlo.
—No sigas pensando en eso —dijo Darien al ver la aflicción en el rostro de su esposa—, desgraciadamente no tenemos cómo probar nada por ahora, pero sí podemos tomar medidas al respecto en caso de que esa infeliz siga con vida y que sea la causante de todo esto —pronunció con determinación.
—¿La buscaremos? —consultó Serena con un toque de ingenuidad en su declaración.
—Puede estar en cualquier parte del universo, lamentablemente no podemos hacer más que esperar a que aparezca si así lo decide algún día, eso siempre y cuando no dé alguna muestra para poder localizarla. Me comprometo a seguir rastreando cualquier foco de peligro en la ciudad, sabes que lo que hago diariamente, pero buscaré gente de confianza para que pueda seguir monitoreando cualquier cosa día y noche. Aceleraré la construcción del nuevo palacio, hablaré con quién sea necesario para pedir apoyo y resguardo policial constante. Entre tanto te recuperarás y para ese entonces podremos dotar de poder nuestro nuevo hogar para que ningún invasor nos ataque en él. Las chicas estarán cerca, Setsuna retomará la vigilancia de la puerta del tiempo y daré con Haruka y Michiru para que regresen.
—¿Crees que ellas volverán a Tokio de Cristal solo porque tenemos miedo?
—No, no es el miedo lo que nos tiene que mover y unir a todos, es la protección. No podemos permitir que algún desastre ocurra solo porque tenemos dudas absurdas al respecto —respondió con severidad—. Sé que ellas deseaban darle otra vida a Hotaru y por eso se fueron del país, pero si la situación lo requiere todas ellas deberán prepararse, no pueden dejar de ser scouts por un mero capricho.
—Después de todo lo que le ocurrió a esa niña, querer darle otra vida no es un mero capricho, Darien —argumentó Serena.
—Lo sería en caso de que antepongan eso a la seguridad de todo el planeta —dijo raudamente el rey—. Recuerda que ellas son las encargadas de protegerte de cualquier invasión exterior y puede ser que Génesis, según lo que sabemos hasta ahora, no se encuentre aquí en la tierra. Ellas tienen el poder para percibir alguna influencia maligna que provenga desde otro punto del universo.
—Me sentiría tan culpable por traerlas de regreso en contra de su voluntad…
—Lo sé, es lamentable, pero en caso de que lo que te pasó no sea solo producto de tu estrés es importante que todos estemos reunidos en un mismo lugar. ¿Crees que ellas no vendrían en cuanto pudieran si supieran por lo que estás pasando? ¿Olvidas acaso cómo te han protegido desde que aparecieron en tu vida? Haruka y Michiru han estado contigo en todo momento posible, no veo por qué ahora no sería igual.
Serena enmudeció ante las decididas y serias puntualizaciones que Darien le daba. Hacía mucho no lo veía comportarse de esa forma y pudo entender que, aunque no lo dijera textual, estaba sumamente preocupado por su seguridad.
Quiso seguir argumentando en contra de la resolución que su esposo había hecho, pero tras pensar cómo hubiese actuado ella en una situación parecida, es decir, que fuera ella quien viera a Darien padecer por todo lo ocurrido, probablemente habría llegado a la misma conclusión. Además comprendió que cada conversación había quedado en él. Fue la misma Serena quien había hablado por semanas sobre la importancia de que todas sus aliadas se unificaran y residieran en un mismo lugar en caso de riesgo y dándole más vueltas al asunto, entendió que Haruka, Michiru y Hotaru corrían peligro al estar a tantos kilómetros de distancia con sus pares.
Fue entonces cuando la idea de su esposo cobró total sentido.
—Hablaré con ellas.
—No, yo lo haré —negó él sin dar espacio a réplicas—. Tú vas a descansar lo que resta del día, pero mañana, de ser posible, te harás un chequeo médico completo. No dejaré que tu salud siga empeorando y si por sanarte debes estar semanas sometida a exámenes pues así será.
—Darien…
—No, amor… Darien nada. Una cosa es que no puedas detener lo que esa bruja, en caso de estar viva, quiera hacer contigo, pero otra muy distinta es que te quedes aquí esperando ponerte peor.
—¿De verdad crees que todo esto es necesario?
—Solo quiero saber que estás bien…
El rey volvió a acercarse a su esposa y tomó su mano. Pensó que se había excedido un poco pues Serena no recibía muy bien tanta seriedad si provenía de él ya que pronto imaginaba que estaba enfadado, pero para demostrarle lo contrario dejó reposar suavemente sus labios contra lo de suyos y los besó con calma.
La caricia fue interrumpida por Blanca al tocar la puerta.
Cuando se le autorizó a entrar, la ama de llaves ingresó con evidente nerviosismo. Deseaba enterarse sobre el estado de la neo reina, pero usualmente no hablaba antes de que se le solicitara. Darien ya conocía perfectamente aquella costumbre en ella, así que después de recibir lo que él mismo había ordenado, le pidió que se quedara unos minutos más en su recámara.
—Ya está mejor, Blanca, pero de todas formas hay que seguir pendiente de ella.
—Por supuesto que sí, rey Endymion —le respondió con formalidad—. ¿En qué puedo ayudarlo?
—Quiero que mañana inicie un chequeo médico, para ello te pediré que hagas las citas correspondientes. ¿Todavía tienes los números de los doctores que me son de confianza?
—Siempre los tengo a mi alcance —explicó Blanca—. ¿Desea solicitar una primera visita a domicilio?
—Así es. Lo inmediato sería que le tomen exámenes de sangre y eso pueden hacerlo acá. Ya después podrán informarme sobre los resultados vía telefónica.
—Muy bien. Debo entender que desea que todo esto se lleve a cabo bajo el máximo bajo perfil posible.
—Exacto —afirmó Darien—. Pídale al doctor Hattori que la consulta sea lo más reservada posible. Él después sabrá si es necesario que Serena acuda a la clínica para someterse a otros exámenes.
—Si gusta puedo intentar que la visita se efectúe hoy mismo. Usted sabe lo insistente que puedo llegar a ser si se trata de que ambos se sientan a salvo.
—Te lo agradezco, Blanca. No había pensado que hoy mismo vinieran a verla pero tienes razón. Trata de que hoy puedan venir a chequearla, aunque tenga que ser de noche.
—Por supuesto —contestó la mujer asintiendo con respeto—. ¿Desea algo más?
—Sí —le respondió el rey—. Localiza a Setsuna y pídele que venga lo antes posible, también te pediré que le digas a las demás chicas que permanezcan acá en el palacio. Pronto bajaré para hablar con ellas.
—Muy bien. Con su permiso.
Blanca abandonó la habitación después de ofrecer una reverencia y una amena sonrisa hacia la reina, la cual le fue recíproca.
Volviendo a estar en soledad, Serena se reacomodó sobre su cama con lentitud debido a que su cuerpo aún resentía todo lo ocurrido, pero su esposo tenía otros planes por llevar a cabo.
—¿Sientes que te podrías poner de pie unos minutos? Algo de tu sangre cayó en las sábanas y no me agrada la idea de que duermas entre ellas en ese estado.
—¿Por qué no le pediste a Blanca eso también? Hubiese llamado a dos mucamas de inmediato.
—Porque quiero que estemos solos. No hace falta tener más compañía por ahora y aunque no lo creas, todavía recuerdo cómo hacer una cama —bromeó su marido.
—Está bien —respondió ella—. Creo que aprovecharé de ir al baño.
—Te ayudo —dijo Darien con velocidad.
Tomó a su esposa por la cintura y la ayudó a ponerse de pie. Caminó con sosiego sosteniéndola hasta llegar a la puerta del baño contiguo a la habitación matrimonial. La dejó ir con la condición de que no cerrara dicha puerta con llave y que no se demorara demasiado, pues aunque Serena parecía estar mucho mejor, no pretendía dar cabida a alguna imprudencia de su parte.
Cuando Darien quedó a solas no quiso demorarse demasiado en lo que tenía como propósito. Arrancó rápidamente las sábanas de la cama e inspeccionó las demás cobijas en ella en busca de algún rastro de sangre desapercibido. El cobertor también estaba manchado y aunque las rojas gotas estaban en la parte inferior no dudó en retirarlo también. Levantó el citófono y pidió que rápidamente se le trajera otro. No pasaron más de tres minutos sin que este llegara velozmente a la habitación.
Sintiendo que la cama que compartía con su esposa ya no tenía un aspecto tan poco acogedor como hace instantes atrás, Darien recorrió la habitación para seguir buscando algún nuevo rastro de sangre. Desgraciadamente parte de la alfombra los tenía e imaginando que no tendría el tiempo para retirarlas antes de que su esposa saliera del baño, tomó una silla y la reubicó para disimular momentáneamente aquellas marcas. Tomó el vestido de Serena y antes de guardarlo provisoriamente en el clóset, con tal de esconderlo por algunos minutos, le echó un vistazo.
Le pareció curioso que no hubiese una línea parcialmente recta al considerar que la hemorragia de su mujer había sido nasal, más bien el rastro de sangre parecía localizarse en el área central del escote y esto le llamó poderosamente la atención. Él mismo le había prestado los primeros auxilios a Serena y procuró revisarla. No recordaba que tuviese heridas más allá de algunos hematomas, de hecho ninguna herida le hubiese sido invisible si esta fuese capaz de sangrar de esa forma.
Mientras más lo pensaba, menos lógico le resultaba. Serena había dicho que su sangrado inició antes de que se desmayara y según las chicas, cuando la encontraron en la habitación, se encontraba peligrosamente boca arriba y fue Amy quien intentó dejarla de costado y con la cabeza inclinada hacia adelante, pero ya para ese entonces la hemorragia se había detenido.
¿Cómo pudo manchar su vestido de aquella forma?
Darien tuvo una sospecha y ésta lo estremeció por completo.
Serena había dicho que en aquella pesadilla, Génesis le había dado muerte al atravesarle una espada en el pecho. De esa forma, aquella marca tan localizada cobraba un sentido.
El rey escuchó a su esposa abrir la puerta del baño. Tomó la prenda, la compactó lo más posible y debido a la urgencia, solo pudo ocultarla bajo la cama con tal de que ella no la viera otra vez. Se levantó rápidamente simulando que había estado estirando finalmente el cobertor y tratando de mostrarse tranquilo, se aproximó hacia ella para ayudarla en su camino de regreso.
—¿Ningún mareo? —le consultó una vez que pudo tomar sus brazos para servirle de apoyo.
—Ninguno. Quédate tranquilo —le pidió Serena con ternura.
—Entonces si ya estás mejor puedes comer. Un sándwich será suficiente por ahora, si no quieres comerlo todo puedes dejar parte de lado, pero sí te pediré que bebas todo el jugo de frutas. Te hará bien y te dará energía.
—¿Puede ser en un rato más? No tengo demasiadas ganas de comer aún —preguntó su esposa.
—Al menos un sorbo de jugo por ahora y no te molesto más —insistió Darien—, pero cuando vuelva vendré con mi almuerzo y comeremos juntos, ¿te parece bien?
—Darien, sé que tenías muchas cosas más por hacer hoy, ¿podrás quedarte todo el día?
—Créeme, cancelé cualquier actividad en cuanto Blanca me llamó así que sí, podré estar contigo lo que resta del día, pero si no te molesta iré a finiquitar bien esos asuntos o bien a reorganizarlos según me digan. ¿Puedes estar unos momentos a solas? Si quieres le pido a Blanca que venga y esté contigo en mi ausencia.
—Prefiero que venga. No quiero estar sola —le comunicó mientras entraba a su cama para recostarse.
—Muy bien. Prometo no demorar pero si no te molesta, antes quiero que te recuestes de lado un segundo. Quiero ver tu espalda.
—¿Para qué? —preguntó su esposa.
—Solo hazme caso —dijo su marido sin querer entrar en detalles.
Serena acató lo pedido sabiendo que no sacaría mucho al protestar. Subió por sus propios medios la camisola y dejó su espalda descubierta ante los ojos de Darien. La revisó exhaustivamente y enmudeció al ver una extraña marca en ella. Se trataba de un hematoma violáceo, apunto de sangrar profusamente, con forma lineal ubicado en el centro de sus omóplatos. Quiso tocarlo pero en cuanto acercó su dedo, dicha herida se desvaneció frente a sus ojos.
Darien batió su cabeza con velocidad y pestañeó un par de veces.
¿Estaba alucinando?
—Amor, ¿te duele la parte superior de la espalda? —consultó.
—No, para nada —le contestó Serena con simpleza.
—¿Tampoco el pecho?
—Tampoco. Hace un rato sí, pero ya desapareció ese dolor. Supongo que fue por todo el susto.
Darien agradeció que su mujer no pudiese verle la cara en ese instante.
Desconcertado y sin saber qué hacer, permaneció en silencio por algunos segundos, pero pronto reaccionó y mientras le solicitaba a su esposa que volviera a acomodar su camisola, sacó el vestido que había ocultado bajo la cama y salió velozmente de la habitación con dicha prenda en sus manos.
—Regreso pronto —le anunció sin mirarla. Ya después inventaría una excusa para justiciar su sospechoso comportamiento.
Bajó con insólita rapidez por la escalera central del palacio y se encontró con las chicas, Setsuna y Blanca a su espera, como si todas hubieran sabido que eran necesarias sus presencias.
—Blanca, acompaña a mi esposa en su habitación mientras yo no esté. Si se siente mal llámame de inmediato.
—Sí —le contestó ella concisamente antes de cumplir la orden sin dar tiempo a demoras.
—Rey Endymion, ya fui informada sobre lo que le ocurrió a la reina. ¿Se encuentra mejor?
—Está descansando —le respondió.
—Qué bueno… —comentó Setsuna, notoriamente aliviada.
—Amy, Rei, Lita, Mina, creo que Serena alcanzó a contarles algo sobre la reubicación del palacio real, ¿no es así?
—Sí —respondieron al unísono.
—Setsuna, como mi esposa había pedido, por favor llévalas y muéstrales dónde pensamos construir nuestra nueva residencia. Blanca había solicitado un chofer para ustedes y éste debe estar disponible hace bastante tiempo ya. No demoren más y vayan.
—¿Debemos ir todas? —consultó Mina, manteniendo su preocupación por Serena.
—Por el momento solo tú y Lita. Rei, Amy, quiero pedirles que se queden acá por hoy y me acompañen. Debo hablar con ustedes.
—Como ordene —contestaron las dos últimas aludidas.
Setsuna, Mina y Lita se despidieron del resto del grupo con un aire un tanto insatisfecho, éste especialmente en Mina. Darien sabía que lo más probable era que deseara permanecer en el palacio hasta que supiera que Serena estaba mejor, pero por este preciso momento necesitaba solo la presencia de las dos restantes inners. No pensaba ocultarle información a ella, a Lita o a Setsuna, pero creyó que lo oportuno sería que fuera después. Ellas sabrían entenderlo.
—Síganme por favor —les pidió el gobernante.
Con la dirección clara en su mente y sin permitirse interrupciones, el rey Endymion caminó junto a Rei y Amy en dirección a una sala oculta en el piso subterráneo. Dicha sala fue diseñada como una especie de centro de comando donde el esposo de la neo reina monitoreaba constantemente el palacio real, a Tokio de Cristal y el resto del planeta.
Maniobró con destreza los comandos y puntualizó en la pantalla el mapa de la ciudad completa. Según él todo parecía en orden. No encontró focos de peligro maligno al acecho, no al menos uno visible.
Confió en las habilidades de cada una de las guerreras que estaban a su lado, cada cual con su destreza particular y que le servirían de ayuda en ese segundo.
—Amy, tú estás familiarizada con este tipo de tecnología, ¿verdad?
—Según veo funciona parecido a mi rastreador y en ese caso sí, estoy familiarizada.
—Muy bien. Necesito que busques en detalle algún punto de energía enemiga, el que sea. Primero hazlo a nivel global, posteriormente revisa cada capital de los países con mayor densidad demográfica antes de monitorear Tokio de Cristal. Si no encuentras algo sospechoso entonces enfócate en el palacio, en todo su perímetro externo e interno. Imprime los resultados y me los entregas cuando regrese.
—Sí —respondió la peliazul con decisión.
—Te lo agradezco —dijo el rey—. Ahora tú, Rei, necesito que me acompañes a otra sala.
Ambos salieron de la primera y dejaron a la guardiana de Mercurio para que cumpliera con la labor solicitada. El trayecto fue silencioso y breve, pues el nuevo paradero no se hallaba demasiado lejos.
—¿De qué se trata este lugar? —interrogó la pelinegra, un tanto confundida.
—Es una especie de espacio privado donde solo Blanca tiene permitido entrar cuando se le solicita. En ocasiones Serena y yo bajamos hasta aquí para despejarnos un poco del ajetreo diario.
—Ya entiendo… —susurró la guerrera de Marte.
—Como puedes ver, se trata de una recámara tranquila. No hay artefactos eléctricos en abundancia ni mayor distracción. A veces para estar en paz y no dejarte interrumpir por el ritmo de vida del hoy es bueno contar con un espacio minimalista.
—Esto es como una gran habitación con lo justo y necesario: una cama tradicional, una mesa de centro, cojines y lámparas.
—Es un lugar ideal si se quiere un poco de silencio, ¿no te parece?
—Sí. Es como si fuera un lugar totalmente ajeno al resto del mundo —compartió Rei.
—Pues bien, si te traje hasta aquí es porque requiero tu ayuda con algo.
Darien le mostró el vestido de su esposa y le comentó lo extraño que le pareció la ubicación del rastro de sangre. Reveló ciertos detalles de la pesadilla que Serena había tenido y Rei fue entendiendo cuál era el propósito de todo el asunto.
—No sé si puedas sentir algo extraño en esto, pero si alguien puede dar con alguna pista pienso que la indicada eres tú —comentó tras explicarle su idea.
—Entiendo. Quieres que busque la presencia de Génesis o cualquier huella de ella en Serena.
—Exacto —afirmó el rey.
—En ese caso este lugar es ideal para intentar conectarme con esta prenda en busca de lo que deseas.
—Gracias, Rei. Cuando termines, des con algo o no, te pido que subas a mi habitación para que estés con Serena. Puede que algo de la energía de Génesis esté en ella o bien en la recámara pero no soy capaz de percibirla. Debo reconocer que esta situación me tiene un poco perturbado y primordialmente me estoy dejando llevar por la lógica por sobre cualquier cosa.
—Estás bloqueado, lo puedo comprender.
Darien asintió con un dejo de derrota.
Intentaba no hacerlo obvio, pero la adrenalina poco a poco dejaba su cuerpo y empezaba a sentir fatigación. Desde que había escuchado la alterada voz de Blanca al informarle lo ocurrido con Serena, había decidido actuar con la mayor rapidez y eficacia posible. Su prioridad era saberla con vida, protegerla, calmarla y velar por su pronta recuperación, por lo tanto al sentir que había podido cumplir con todo ello la tensión había llegado para cobrarle factura. Pero faltaba aún y lo tenía claro. Tenía una importante llamada pendiente por cumplir.
—Aquí está su vestido —dijo el rey, dándoselo a la guardiana del planeta rojo—. Tómate el tiempo que sea necesario. Si crees que debes decirme algo a mí antes que a Serena estaré en la biblioteca, búscame ahí, si no estoy es porque ya volví a la recámara con mi esposa.
—Vete tranquilo —pronunció la pelinegra con empatía hacia el gobernante.
Se despidieron con solemnidad antes de que Darien abandonara la sala procurando inspeccionar que nadie molestara a la guardiana mientras llevase a cabo su misión. Sabiendo que nadie estaba cerca, a excepción de Amy, continuó su camino con mayor tranquilidad.
En el trayecto el rey se encontró con gran parte del servicio que tenía a su disposición dentro del palacio. Intentó, aunque fuera de manera breve, decirles a todos que la neo reina se encontraba sana y salva, que podían continuar con sus labores con normalidad pero que de todas formas estuvieran atentos en caso necesario. Cada uno de ellos acató las indicaciones del mandatario y regresaron rápidamente a cumplir sus quehaceres.
Darien se dirigió, como se lo había dicho a Rei, a la biblioteca. Al cerrar la puerta tras su espalda pudo dejar escapar un extenso suspiro que le sirviera de alivio ante tanta tensión acumulada. Encendió la luz con un conciso toque en el interruptor e inspeccionó desde ese punto que todo en aquella sala estuviera en orden.
Nada parecía estar fuera del lugar donde él lo había dejado.
Tranquilo al saberlo, caminó a paso firme hasta llegar a su escritorio. Sacó de ahí algunos libros que se encontraba actualmente leyendo antes de buscar en uno de los cajones una agenda que guardaba con recelo.
Cautamente, la información que le parecía importante, la respaldaba al dejarla escrita en papel.
La tomó y buscó con calma el número que le urgía hallar. Dio con él rápidamente y sin pensarlo mucho, lo discó en su teléfono. Sobre la marcha intentaría encontrar las palabras idóneas para que la situación fuese explicaba bien y dicha instancia no demoró en llegar.
—¿Rey Endymion?
—Así es, Haruka. Me alegra oírte nuevamente. Necesito que me escuches con atención, es importante.
Desde el otro lado de la línea la petición sonó grave y por ello, la guerrera de Urano guardó completo y respetuoso silencio.
Darien estaba a segundos de pedirle que ella y las demás que regresaran a Tokio de Cristal.
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¿Qué les pareció?
Espero que el haber llegado a esta parte, hayan disfrutado el capítulo.
Debo confesar que escribir este capítulo fue un total deleite. Me gusta la tensión que hay en el palacio, la incertidumbre y todo lo demás pues así experimento otro nivel en los personajes, sacándolos de su "zona segura" y al verlos en jaque, se abren muchísimos aspectos que me fascina visualizar. Claro ejemplo de esto es Darien, quien debe lidiar con sus poderes sobrenaturales sin dejar de lado su lado racional y lógico. Ese conflicto en él me gusta bastante, esa lucha interna que debe hacer entre sus poderes y pensamientos, sobre todo cómo idea soluciones en pos de su esposa.
¿Creen que la llamada que hizo al final del capítulo tendrá frutos? ¿Volverán Haruka, Michiru y Hotaru a Tokio de Cristal? Espero ansiosa sus opiniones y conjeturas al respecto.
¿Qué les parece ahora lo que ocurrió con Serena? ¿Se atreven a decir que fue solo una pesadilla o es Génesis manipulando su consciencia? Si gustan pueden resolver eso ya o bien esperar los siguientes capítulos para tener una opinión más tajante sobre esto.
Pues bien, quiero agradecer a todos por su espera, paciencia, cariño, tiempo y lectura. Como muchos saben, últimamente me he estado conectando con menos frecuencia y mucho de eso tiene que ver con el asunto de las actualizaciones, además estoy con "Ecos de un amor milenario" y "Mi segunda primera vez" al mismo tiempo T_T y como tengo solo dos manitos, no puedo sacar las actualizaciones con la rapidez que quisiera TnT así que es aquí donde su apoyo desinteresado y constante juega un rol sumamente importante :D es eso lo que me da energías y ánimo para continuar.
Quiero agradecer especialmente a quienes me dejaron review en el capítulo pasado:
princessqueen - ChibiChibi-sd -Cotita83 - mvz karla - jessy tu jekito - Mary Yuet - luselene - KarinaT - serenity1512 - dinas - Feña - srnkiki
¡Muchísimas gracias!
Espero poder contar con sus comentarios en este nuevo capítulo y saber que continuarán leyendo este final de la trilogía. Eso es muy importante para mí.
Gracias por su tiempo, lectura y respaldo. Son los mejores sailor lectores de todo fanfiction =3
Nos veremos por acá cuando el capítulo 9 esté terminado (sí, escribo uno anticipado, no sé bien por qué xD) pero sepan que el 8 ya está a medio camino.
¡Nunca dejemos de soñar!
¡Nos leemos, sayo!
Usagi Brouillard.-
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