Disclaimer: Los personajes aquí utilizados son propiedad de Naoko Takeuchi. Su uso de ellos en mis historias son con fines de entretenimiento libre de lucro.
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リターン
Regreso
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El cielo nocturno ya se hallaba en Nueva York hace algunas horas y al recibir la llamada proveniente de Japón, en Estados Unidos el reloj se acercaba a la medianoche.
Haruka no sabía hasta ese minuto si Darien había olvidado la diferencia horaria o bien su contacto telefónico había sido incentivado por un motivo todavía más importante del que había comunicado en su saludo inicial.
Pronto lo averiguaría.
Con el teléfono inalámbrico reposando sobre el hombro derecho, la guardiana de Urano caminó por la sala de su amplio departamento mientras escuchaba todo lo que se le estaba siendo revelado. Intentaba razonarlo y absorberlo de mejor manera, prontamente buscó el sofá más cercano para reposar en él. Lo que estaba diciendo el rey de Tokio de Cristal le parecía perturbador, aniquilante, y fue por ello que sintió que su paz había podido desvanecerse en solo cuestión de segundos.
—¿Pero ella realmente se encuentra bien ahora? —consultó Haruka al encontrar una pausa para hacerlo.
—Está recuperándose. En este minuto está acompañada y después de hablar contigo iré a verla.
La rubia asintió silente por algunos instantes. Realmente había sentido una fuerte presión en su pecho en cuanto escuchó que Serena se había desmayado sin causa aparente. Imaginó imprudente preguntarle si aquel síntoma no se trataba de uno que tuviera relación a un embarazo no descubierto, pues no le bastó demasiado para saber que si eso hubiera sido el meollo de todo el asunto, su esposo no la hubiera llamado con tanta urgencia.
—Es un alivio saber que está mejor —pronunció Haruka al poco tiempo.
—Lo está por ahora, pero desgraciadamente sospecho que su decaimiento no solo se debe al cansancio y es por eso que quise hablarte.
Quien encarnara a la sailor del planeta Urano sospechó rápidamente de qué se trataba.
Cuando se disponía a escuchar con la misma atención que había tenido desde un principio, Michiru se incorporó a la sala distrayéndola por algunos instantes. Haruka le pidió silencio y le susurró fugazmente el nombre de la persona al otro lado de la línea. Al oírlo, la mujer de cabellos aguamarina no pudo ocultar el asombro que le provocó esa llamada considerando las alturas de la noche, pero con solo buscar pistas en el rostro de su novia comprendió de igual forma que se trataba de algo sumamente importante.
Haruka continuó escuchando mientras ella en el sofá contiguo buscó cobijo.
—Tenemos graves sospechas de que Génesis puede estar provocándole daño a Serena. Estuvimos todo este tiempo buscando algo que nos hiciera creer lo contrario pero por desgracia nada nos ha servido para quitarnos la idea. Lo último que ocurrió ya fue la gota que rebalsó el vaso.
—Entiendo —respondió concisamente su interlocutora.
—Debo contarte también que antes de que esto pasara, Serena y yo ya habíamos tomado algunas medidas al respecto. Reubicaremos el palacio real para que quede más cercano a Tokio de Cristal, de esa manera creemos que ante cualquier problema tendremos una mejor oportunidad de afrontarlo.
—Imagino que las chicas tendrán que reubicarse también.
—Exacto.
—Es una buena medida de precaución y me alegra que la consideraran. Lo primordial es que permanezcan juntos.
—Lo es y por eso es que también me he comunicado contigo. Creo que lo más prudente es que tú, Michiru y Hotaru volvieran a Japón para estar con nosotros. Separadas corren peligro y nunca hubiese querido proponerte esto si no lo creyera absolutamente necesario.
No pudo responderle afirmativa o negativamente en ese mismo segundo.
Miró de reojo a su compañera y en ella encontró el silente apoyo con el cual siempre podía contar. No le hacía falta saber qué ocurría para mirarla de aquella manera tan especial, tan cómplice y compenetrada como de costumbre.
Haruka sabía que tenía la libertad de tomar cualquiera fuera la decisión y sin mayores consultas, pero no lo creyó justo. Siguió escuchando las razones que Darien le daba para que le resultara correcto acatar la petición, pero al querer consultarlo primero lo único que halló prudente y respetuoso fue pedirle que se volviera a comunicar con ella dentro de una hora más pues ya en ese plazo, lo más probable, es que pudiera tenerle una respuesta clara al respecto.
El rey del nuevo Milenio de Plata no pareció quedar muy conforme ante la prórroga que le fue pedida, pero sabía que su ansiedad era más bien algo personal y por eso entendió que era lógico darle un plazo a Haruka para analizar la situación. Se trataba solo de una hora más para saber si recibiría la respuesta que finalmente quería. Esperaría aunque gustoso hubiese recibido una resolución inmediata.
Se despidieron con el compromiso latente de volver a comunicarse en algunos minutos más. Haruka caminó con lentitud hasta la mesa de vidrio donde descansaba la base de su teléfono inalámbrico y lo conectó a él al finalizar la llamada.
Volteó dubitativa antes de encontrarse con la mirada de su novia. Exhaló profundamente y se dirigió al mini-bar que se encontraba no muy lejos. Tomó un vaso de cristal y vertió whiskey en él. Lo bebió rápido, lo suficiente para que le dejara un rastro ardiente en la garganta. Volvió a llenar parcialmente el vaso y esta vez esperó para consumir su contenido sentada en el sofá. Con eso esperaba poder encontrar las mejores palabras para decirle a Michiru lo que debía.
—Ambas sabíamos que este día llegaría —pronunció entonces, antes de que su novia pudiera terminar de acomodarse en su asiento.
—¿Cómo supiste que ahora se trataba precisamente de ese día?
—Por tu mirada. No me hace falta nada más para saber perfectamente qué ocurre contigo.
Haruka le dio una sonrisa ladeada como respuesta. Dejó caer su espalda en el respaldo cubierto en cuero negro y volvió a suspirar. Fijó la mirada en el techo, en los candelabros de luz tenue sobre ella y pensó en silencio por algunos segundos.
Era cierto, ella y Michiru siempre supieron que algún día iban a tener una razón para volver a Tokio. Siempre ocurría, siempre algo pasaba, pero no imaginó que tal día llegaría tan pronto.
De repente un sentimiento de injusticia la invadió, sucediendo esto al pensar en el porvenir de quien en su tormentoso pasado, se vio en la obligación de encarnar a sailor saturn.
Lejos de Tokio de Cristal y en contra de sus propios pronósticos, Haruka había cambiado.
En ese momento recordó cuán difícil fue para ella y su compañera, Michiru, acostumbrarse a su nuevo estilo de vida. Habían elegido residir en Estados Unidos por las comodidades que dicho lugar pudiesen proveerles como familia, además y sin dejar de lado, su faceta profesional. Ella había podido retomar su carrera como corredora de automóviles de fórmula uno y su novia regresó al mundo del espectáculo musical. Los contactos que habían sembrado a través de los años les otorgaron la posibilidad de volver a ejercer sus vocaciones personales sin tener la necesidad de partir de cero, lo cual resultaba una gran ventaja que sabía, no todos tenían al alcance de sus manos, pero nada de esto le hubiese resultado importante, ni siquiera meritorio, si no se hubiera tratado del futuro que podrían entregarle a Hotaru, la niña que ahora criaban como si fuera su hija.
Era verdad, ella, desde que descubrió su misión como sailor scout había decidido entregarse de lleno a esa tarea. Uno de sus mayores orgullos fue, por mucho tiempo, velar por la seguridad de la, en ese entonces, futura reina del trono del Milenio de Plata. Nunca antes había cuestionado la importancia de tal responsabilidad, de hecho ni siquiera lo hacía ahora, pero no por eso pudo aparentar para sí misma que la propuesta hecha por el rey le causaba un conflicto interno.
¿Deseaba ser "Haruka Tenoh" y nadie más? Tal vez era eso.
¿No quería volver a sentir el miedo de perder a Michiru en batalla? Era lo más probable.
¿Le aterraba la idea de que Hotaru tuviese que volver a ser una sailor? Le resultó innegable.
Cuando escuchó los sutiles pero aun así evidentes tosidos de su mujer, abandonó sus dudas y especulaciones mentales.
—Discúlpame —le dijo un tanto apenada.
—¿Qué ha pasado? —le consultó velozmente su compañera.
—Serena parece estar en peligro una vez más —contestó breve.
—Imagino que si Darien nos localizó debe ser por más que meras sospechas al respecto.
—Así es —afirmó la rubia—. Sospecha que se trata de Génesis, que puede continuar con vida y ha emprendido una fuerte ofensiva psicológica en su esposa. Me ha dicho que hace no más de dos horas sufrió una especie de pesadilla donde aquella enemiga la torturó a su completo antojo, provocándole finalmente a Serena un fuerte cuadro de estrés que incluso hizo que se desmayara en su habitación.
—Eso es grave —puntualizó Michiru—. No podemos dejarlo pasar por alto.
—Sé que no —respondió Haruka con un atisbo de enfado en su hablar.
—Es extraño —dijo su mujer tras esperar algunos segundos—, nosotras no hemos podido percibir ninguna amenaza proveniente del exterior.
—Y puede ser eso mismo lo que nos juegue en contra —continuó la guerrera de Urano.
—¿Tienes alguna sospecha?
—Ninguna que no haya tenido antes —le dijo—. Creo que a estas alturas tanto nosotras como los demás estamos batallando contra la incertidumbre, contra lo que no es concreto y sin embargo no podemos obviar por tan solo no verlo con nuestros propios ojos.
Haruka volvió a sorber algo más de licor para aplacar su malestar.
Michiru mantuvo silencio al extrañarse por aquella conducta en su pareja. Le parecía, por lo menos curioso, que al enterarse de todo lo sucedido en el palacio real no hubiera aceptado inmediatamente la petición de regresar a Japón. Imaginaba qué le podía estar molestando pero nunca imaginó que llegaría a tal grado. En ese instante supo que tendría que apoyarla para así guiarla en la toma de una sabia decisión al respecto.
—¿Darien puso alguna fecha límite?
—Para nada, pero su voz sí me dejó en claro que no se encuentra demasiado receptivo para escuchar un "no" a lo que me ha pedido.
—¿No era acaso eso lo que querías? —punzó Michiru.
Haruka la observó con extrañeza mientras la mujer imitó su conducta al acudir al mini-bar. Con silente calma se preparó una copa de vino blanco y regresó al sofá donde anteriormente estaba ubicada. Tomó asiento erguida y lucía en su mirada una profunda introspección reflexiva, como si los pasos correctos a dar desfilaran ordenadamente frente a ella. Poco después volvió a hablar.
—En algún momento temiste que Darien no fuera capaz de proteger realmente a Serena, ¿lo has olvidado?
Al escucharlo, la aludida sintió un poco de vergüenza.
Era cierto, en el pasado y siendo una de las primeras en dudar sobre este punto, Haruka había prometido estar siempre al pendiente de "cabeza de bombón" en caso de que el propio Darien no cumpliera las expectativas. Recordó así la separación que atravesó la pareja y cómo ella, en conjunto con Setsuna y Michiru, habían sido pilar fundamental para la heredera del Milenio de Plata. También regresó a su memoria, como un recuerdo general, todas las veces que había cuestionado la prudencia del futuro gobernante con respecto a la seguridad de la princesa de la luna, de lo absurdo que le parecieron sus antiguos procederes y como, gustosa, le hubiera roto la cara en esos instantes. ¿Cómo podía entonces molestarse al ver que, en el presente, el primero en velar por su seguridad era el mismo Darien?
Viéndolo de esa forma se sintió egoísta e incongruente. No podía cuestionar ahora, bajo ningún punto, el recelo que el rey sentía cuando la vida de su mujer corría peligro.
Haruka botó una risa satírica dedicada a sí misma. Se burló de su arrebato inicial y negó varias veces al darse cuenta del error que había cometido, porque Darien no solamente buscaba la certeza de ver protegida a su esposa, sino que también deseaba encontrar la confianza de saber que todas las personas directamente relacionadas a ella no se vieran amenazadas. Eso incluía a Hotaru y por algunos instantes, no pudo verlo con claridad.
Al parecer la lejanía geográfica que había conferido a Haruka una suerte de invulnerabilidad con respecto a todo lo que su vida pasada correspondía. Había olvidado en cierto punto que Darien y Serena ahora eran los reyes de Tokio de Cristal, lo que eso significaba, toda la responsabilidad que recaía sobre ellos. De alguna forma, inexplicable inclusive para ella misma, continuaba viéndolos en un rol más simple, como si antes de su salida de Japón jamás ellos hubieran ascendido al trono. Por algún extraño motivo, Haruka imaginaba a Serena estando en su casa preocupada de los quehaceres domésticos mientras Darien ejercía su profesión en el área de la medicina, que de eso se trataba sus vidas, que eran una pareja normal, con aciertos, con errores, desencuentros y reconciliaciones. Tal vez se debía a que su propia vida familiar junto a Michiru y Hotaru se había transformado en eso. Ellas no tenían que ver constantemente las huellas que Génesis había dejado en el lugar de todos los sucesos, no tenían, aparentemente, nada más por lo cual temer.
¿En qué punto había podido olvidar todo eso con tanta facilidad? Se preguntó a sí misma.
Le pareció sorprendente cómo un año de distancia, en todo sentido, había podido alterar con tanta fuerza los recuerdos de su pasado.
—¿Qué haremos? —consultó de repente Haruka, meciendo en el vaso su licor.
Sabía la respuesta, pero deseaba escucharla viniendo de los labios de su pareja.
—Lo prudente —le fue respondido.
—¿Y eso es…?
—Ser quienes somos, así de simple.
En ese instante, en el segundo exacto en que Haruka miró los ojos de Michiru, fue brutalmente golpeada con la verdad.
Conocía esa mirada, ya la había visto en el pasado.
La talentosa violinista había sido quien reveló la misión de su vida a la sailor guardiana del planeta Urano. Hoy la volvía a mirar con esa misma certeza, con esa misma verdad. Haruka se sintió indefensa como aquella vez, incluso algo confundida, aunque bien ya podía comenzar a sentir cómo los ecos de aquel rol volvían a recorrer su cuerpo, regalándole la eufórica vibración de antaño.
Michiru podía lograr eso en ella con una facilidad arrolladora.
—Sé que fue fácil dejarse llevar por la simpleza de nuestra rutina actual. Innegablemente fue muy cómodo tener vidas comunes y corrientes, pero tómalo como una especie de tregua después de todo, porque si lo ves con objetividad, sabrás que las únicas que pudimos contar con tal privilegio fuimos nosotras —dijo ella, como si adivinara una vez más los pensamientos de su novia.
—Es verdad —contestó la guerrera de Urano.
—Es normal que te cueste renunciar a ello después de todo lo que hemos tenido que pasar juntas, pero no podemos simplemente dar vuelta la mirada ahora que Darien y Serena nos necesitan. Sabes que ellos no hubieran dudado nunca acudir en nuestro socorro de ser necesario.
—¿Cómo logras hacerme sentir tan infantil, Michiru? —cuestionó con irónica suspicacia, Haruka.
—¿Por qué lo dices? —le contestó la chica, sonriendo fugazmente.
—Porque además de siempre parecer estar en mi mente, logras ridiculizarme y hacer que me sienta culpable por mis tonterías. Por supuesto que Darien y Serena harían lo que estuviera a su alcance por vernos bien, es decir, por algo aceptaron que nos fuéramos de Japón en busca de una nueva vida, mientras tanto yo estoy aquí dándole vueltas al asunto, como si tuviera el derecho de negarme a estar donde me corresponde.
—Lo tienes.
—Claro que no, es ilógico creer sensato permanecer acá mientras en Tokio de Cristal temen por la seguridad del planeta entero.
—Haruka, no seas tan dura contigo misma —dijo la guardiana de Neptuno, con tono suplicante.
Conocía a su compañera de vida, la facilidad con la cual se preocupaba de cada cosa hasta un límite casi intolerable, pero pocas veces había tenido la oportunidad de verla vulnerable y entristecida, tal cual lucía en ese preciso instante.
Alicaída Haruka volvió a saborear el licor que bailaba en el vaso. Optó por beberlo de golpe otra vez. Michiru se limitó a observarla, a notar con que impotencia dejaba éste en la mesa de centro frente a ella. Sintió el deseo de consolarla entre sus brazos, pero sabía que tal gesto no sería oportuno por el momento. La guardiana de Urano necesitaba combatir con su personal tormento aunque fueran unos segundos.
Fue entonces cuando la violinista sorbió un poco de vino. Lamió sus labios al sentir que algunas juguetonas gotas se escurrían a través de ellos. Posó la copa junto a su mejilla y analizó para sus adentros la magnitud del sigiloso y denso momento compartido. No podía negar la melancólica aura reinante en el lugar. Mudamente lamentó que las cosas se dieran de esta manera.
Las manecillas del reloj continuaban marcando el tiempo y creó ecos a través de la sala. Ninguna de las dos mujeres se aventuró a alzar la voz.
Los pensamientos de Haruka ya se habían vuelto impenetrables y Michiru lo supo. Había tratado de hacer contacto visual en vano. La mirada de la rubia parecía perdida en algún lugar muy lejano, como si incluso se tratase de un universo alterno al que compartían. Le provocó dolor verla tan inaccesible.
¿Qué podía decir para aplacar su angustia? Ninguna palabra la confortaría y lo tenía claro. Había ocasiones en que su amor y temple no eran suficientes.
La especulación comenzó a apoderarse de los pensamientos de la mujer de cabellos aguamarina. Odiaba llegar a esas instancias pues su mente se transformaba en una suerte de enemigo, uno que lograba vencerla antes de que pudiera incluso formular alguna teoría, algún escape o solución.
Era terror, tan simple y devastador como eso.
¿Por qué no había sido capaz de advertir con seguridad que todo esto pasaría? Claro está, la sospecha nunca había abandonado sus mentes, pero odió profundamente no haber tenido la capacidad o el poder para aseverar que ese día en específico, en aquel minuto exacto, la Neo Reina sería víctima de tan cruel impacto a sus sentidos.
¿La distancia había podido tal vez entorpecer lo que había sido su leyenda con Sailor Neptune? ¿Su talismán no tenía el mismo valor al estar lejos? ¿Qué era, en definitiva, lo que había impedido que se anticipara al ataque?
No podía visualizar el porqué de ninguna de sus interrogantes.
Un mareo la envolvió de repente y de no haber estado sentada, lo más probable es que hubiera caído donde fuera otro lugar que estuviese.
Mintiéndose a sí misma adjudicó dicho malestar al vino que ya había comenzado a entibiarse. Lo apartó de su lado como si esa fuera la respuesta, aunque bien entendía que de nada serviría.
Aprisionó sus rodillas con las manos y exhaló profundamente. Abrió los ojos después de haberlos mantenido cerrados por un breve lapso y volvió a darle atención a quien todavía en silencio le acompañaba.
Haruka seguía sin reaccionar.
Insatisfecha Michiru esbozó un suspiro cargado de molestia. Pasó los dedos a través de su cabello antes de llegar a su sien izquierda, la cual masajeó ante el inminente dolor de cabeza que anunciaba su llegada.
Detestaba haber perdido la capacidad de quebrar la tensión con alguna frase ocurrente o esperanzadora. Se hallaba vacía.
«Es la sorpresa, el shock» pudo decirse a sí misma a modo de excusa. Bien sabía, había algo más, algo profundo y que no se atrevía a reconocer.
Su consciencia le susurró que los miedos de Haruka también eran los suyos, que de igual manera, la distancia había logrado apartarla de gran parte de las preocupaciones del ayer. No era falta de cariño hacia sus heroicos compañeros, nada más alejado de la verdad que eso, pues en realidad se trataba de algo sencillo y complejo a su vez: había tenido la oportunidad de vivir una vida normal y ahora debía despedirse de ella, probablemente, para siempre.
Nada sería igual en caso de que regresara a Japón, incluso cuando le dijeran que sí, ella creería lo contrario.
Ya consciente de lo que ocurría en Tokio de Cristal, tenía claro que ofrendaría cada uno de sus días en pos de la seguridad de sus soberanos, que su carrera musical encontraría el fin definitivo y que nunca más iba a tener que preocuparse de veleidades, ahora absurdas. Ese punto le resultaba el menor a decir verdad, casi una anécdota dentro de todo lo que acontecía y cuando lo entendió, se encontró de frente con el mayor de sus resquemores: la vida de Hotaru.
Había aprendido a amar a esa niña como si su concepción hubiese sido anidada en su propio vientre. Había dedicado gran parte del corazón y sus esfuerzos para que el mañana de Hotaru fuera como el de cualquier otra persona, que asistiera a una buena escuela, que formara lazos con sus compañeros, que su mayor tarea a cumplir fuera tener destacadas calificaciones y que a futuro buscara su pasión, algo que la llenase y en ello se pudiera desempeñar por el resto de sus días.
¿Por qué el destino se empeñaba en decir otra cosa?
Michiru podía lidiar con eso y sabía que Haruka también, que dejando atrás las dudas asumirían sus roles sin mayores impedimentos. Ambas sabían de qué se trataba todo, pero forzar a la pequeña Hotaru a lo mismo le resultaba sencillamente injusto.
—¿Por qué a ella? —susurró involuntariamente creyendo no ser escuchada.
—¿Y por qué no? —le fue contestado, logrando sorprenderla.
Llevó la mirada hasta quien había pronunciado la interrogante: Haruka.
Alzando su torso, Michiru le observó absolutamente receptiva. El que leyera su mente con tal facilidad había logrado descolocarla.
—Aunque los deseos fueran nobles, nuestras expectativas no son más fuertes que el destino. Hotaru tiene por misión ser una sailor y no tenemos derecho a torcer su camino.
Apaleada por la sabiduría hallada en aquella catarsis nacida en su pareja, apenas pudo responder.
—¿Estás dispuesta a dejar ir los sueños que teníamos para ella? —inquirió.
—Mi sueño es verla a salvo y es necesario que comprendamos que aquí no lo estará.
¿Cómo Haruka había podido menguar el suplicio de sus pensamientos aunque no se los haya expresado explícitamente? La duda atormentó a la dueña del talismán de Neptuno.
¿Había tenido alguna especie de revelación que ella no había podido alcanzar?
El nerviosismo la obligó a recoger la copa de vino que había optado por desechar instantes atrás.
—Michiru —musitó la rubia, atrayendo su atención—. ¿Recuerdas el momento en el cual revelaste mi misión?
—Nunca lo podría olvidar.
—Entonces te será innegable volver a ver en tu mente mi consternación, pero bien sabes que me sobrepuse a ésta al saber que le habías dado sentido a mi vida. Fue así como pude conocerte, estar contigo, amarte y luchar a tu lado por el resguardo de nuestro mundo. Cambiaste todo y lo hiciste para siempre, y si alguien ahora me ofreciera borrarte de mis recuerdos y comenzar nuevamente, te lo juro, rechazaría tal oferta.
—Haruka…
La tácita emoción dominó su voz.
—Eres mi destino y si no fuera así, ahora no sería ni la mitad de la persona que soy. Ese día tomé tu mano para no soltarla jamás, para estar contigo aunque eso me costase la vida. No lo cambiaría por nada. Toda sonrisa y lágrima a tu lado, por la eternidad, es lo que quiero vivir.
La guardiana de Urano se levantó al fin del sillón y condujo sus pasos hasta donde se encontraba su mujer. Se posicionó a su diestra y sin tener que pedirlo o reclamarlo, la recibió en sus cálidos brazos. Besó la parte superior de su cabeza y se permitió absorber el fresco aroma de sus suaves cabellos. Sintió en su pecho los suspiros ahogados nacidos de su boca repletos de humeante emoción. Michiru había comenzado a llorar.
—Hotaru también sabrá apreciar su destino y a nuestro lado estará segura. Haremos lo que esté en nuestras manos para que siempre sea así.
—Sé que sí —dijo entonces su compañera.
—Y no solo nosotras la cuidaremos, sino que también los propios reyes, las demás sailors scouts y en un futuro, la pequeña dama será su mejor amiga. Nunca estará sola pues no solo tú y yo somos su familia, los demás también lo son.
Sus palabras, su verdad, fueron como bálsamo para la incertidumbre aterradora que había calado el espíritu de Sailor Neptune. Las recibió con el corazón abierto y ahí se tatuaron, quitándole la agonía de un tirón.
Pudo respirar hondamente exhalando paz. El rumbo nuevamente estaba claro frente a ella.
—Mientras pueda estar a tu lado, Haruka, haré lo que tenga que hacer. Respeto y admiro la misión que me fue otorgada, pero es solo contigo donde realmente veo la razón. Encontrarte fue el mejor acierto de toda mi vida y yo tampoco renunciaría a ti por nada. Viviremos este nuevo desafío con todo lo que conlleve, haremos lo mejor por Hotaru, por Darien, Serena y por todo ser de este planeta.
—Me fascina escucharte hablar así —confesó Haruka, a la vez en que reacomodaba un mechón de cabello tras el oído de su mujer.
—Y a mí me fascina que tú seas la inspiración.
La atracción ferviente entre sus labios las condujo a regalarse un beso inundado de ternura. En él todos los miedos se desvanecían para quizás no volver.
Se separaron brevemente solo por el deseo de contemplarse. Ambas quedaron hechizadas en la mirada de la otra. Mutuamente se transmitieron entrega infinita y seguridad. La complicidad de su amor volvía a unirlas.
Haruka sintió un cosquilleo revoloteando a través de su espíritu. Se impresionó y evidenció a través de un espasmódico movimiento involuntario. Su pareja rápidamente lo advirtió.
—¿Qué ocurre? —preguntó con preocupación.
—Algo extraño pero no precisamente en el mal sentido.
—Pues con esa respuesta no me dejas demasiado claro qué fue lo que sucedió —aclaró la guardiana de Neptuno.
—Creo que… extrañaba esto.
—¿Extrañabas que nos besáramos? ¿Acaso insinúas que lo hacemos con poca frecuencia? —soltó con aires de ofensa.
—No se trata de eso aunque ten en claro, tus besos nunca me son suficientes —coqueteó fugaz—. Me refería a sentirte como antes, poder ver en tus ojos el infinito poder de tu faceta como guardiana.
—¿Por qué lo dices? —inquirió la aludida.
—Ciertamente te amo por ser Michiru Kaioh, sin embargo lo que siento al saberte una sailor impacta mis sentidos. Te hace absolutamente maravillosa y me llena de emoción.
—Ya entiendo —pronunció juguetona su compañera—. Es el destino golpeando tu alma, el ferviente deseo por verme cumplir mi cometido y así también el tuyo.
—En ese caso no estábamos tan perdidas como había supuesto. Fue una gran equivocación.
—Lo fue y lo comparto, pues para mí verte hablar sobre volver a ser Sailor Uranus me sabe a un renovado orgullo.
—Necesitábamos esto. No podemos negarnos ante nuestra esencia.
—Nuestro destino ya ha sido escrito y no lucharemos por evadirlo. Somos Sailors Scouts y siempre será de esa manera.
En ese momento hicieron de su sonrisa una sola. Aceptaron nuevamente ser quienes eran y no vacilaron más. Ya todo estaba claro.
El teléfono volvió a sonar y ambas dirigieron su mirada hacia éste. Antes de atender la llamada, Haruka volvió a impregnarse de la fuerza que expelían los ojos de su fiel compañera. Asintieron a la par asegurando así cuál sería el próximo paso. El timbre cesó su sonido.
—Rey Endymion —pronunció con orgullo y lealtad, Haruka.
—Gracias por contestar. Espero no haber sido imprudente y llamar en un mal momento.
—Por supuesto que no.
—¿Tienes ya la respuesta?
—Así es. Volveremos a Tokio de Cristal lo antes posible.
La emoción hirvió en las venas de Sailor Uranus y Sailor Neptune.
—No tienes idea cuánto me alegra que aceptaras mi proposición. Agradezco infinitamente que no hayas optado por la otra alternativa, esa que habrías podido exigir sin que yo pudiera reclamarte lo contrario.
—Aquella alternativa no es más importante que la misión que tenemos en conjunto. Será un honor volver a estar con todos ustedes.
—Mi esposa estará especialmente complacida al saber las buenas nuevas. Aunque ambos sabíamos que ustedes merecían la oportunidad de formar una vida lejos de la nuestra, su ausencia no ha sido indiferente para nosotros, en especial para ella.
—Y para nosotras tampoco —confesó Haruka sin temer—. Por cierto, ¿se encuentra mejor?
—Lo está.
—Me alegra y tranquiliza mucho.
—Siéntete libre de comunicarte con ella cuando gustes. Estará en el palacio por algunos días, libre de toda responsabilidad o quehacer. Una charla contigo le será sumamente útil para mejorar su ánimo.
—Lo haré. Es una promesa.
Los minutos continuaron su paso mientras Haruka y el soberano de Tokio de Cristal mantenían su conversación. Silente, Michiru observaba eso que jamás pensó que ocurriría: una comunicación tan fluida y amena entre ambos.
Sonrió discreta al ver los giros del destino y cómo todo se conectaba entre sí, como nada quedaba al azar.
Repasó velozmente, como una película atemporal, todos sus momentos en cosa de segundos, todas las apreciaciones que Haruka había hecho sobre Darien en lo público como así también lo privado. Cierto es que no había mencionado algo ofensivo en extremo, pero más de alguna vez sus comentarios colindaron con tal concepto.
Lo respetaba y mucho, innegable a totalidad, pero la guardiana del lejano planeta exterior también debía lidiar con una especie de celo con respecto a Serena, su especial protegida. De alguna manera sentía que ningún hombre, inclusive el futuro soberano de Tokio de Cristal, era digno de pasar la vida a su lado. Para Haruka, Serena lo era todo: el pasado, el presente y futuro; por ende, no cualquiera era merecedor de estar a su diestra.
Las veces que Michiru abogó en favor del entonces príncipe terrestre eran incontables, porque si bien compartía algunos puntos con su compañera, otros realmente le parecían absurdos. Muchas veces le explicó que tal relación había sido escrita en las estrellas del destino y que por sobre eso, el amor que se profesaban era más poderoso que cualquier adversidad o recelo. Haruka asentía a regañadientes al conocer perfectamente lo que era vivir un camino trazado con anterioridad, lo que significaba enamorarse y vivir junto a alguien que estaba predispuesto para eso como justamente lo era Michiru. Esas eran las ocasiones en que Uranus guardaba silencio o bien cambiaba el tema.
Hoy todo era muy distinto y otra arista de nostalgia revoloteó en su interior.
Los años habían pasado y no en vano. Como pensó antes, nada quedaba ya al azar.
Todo cobraba sentido, más que nunca y como siempre.
En cuanto la mujer finalizó el contacto telefónico, su compañera abandonó las conjeturas silenciosas de su mente.
—El rey ha dicho que nos tomemos el tiempo que queramos para preparar el regreso, pero…
—Lo haremos en cuanto antes, lo sé.
Una nueva sonrisa cómplice adornó el labio de ambas guardianas.
Fue entonces cuando Haruka esbozó un gran suspiro y capturó de nuevo la sonrisa pausada para esta vez hacerla más duradera. Caminó algunos pasos en dirección al balcón que se hallaba frente a ella, deslizó el gran ventanal e imantada, Michiru siguió su andar haciéndolo propio.
La noche estrellada e infinita fue el testigo del cercano abrazo que ambas chicas se regalaron. Por el momento, las palabras sobraban.
La luz de luna llena les besó el alma y les confirió su mística fuerza una vez más. La luz de luna guiaría el retorno de tan valientes guerreras.
La unión haría la fuerza. El nuevo Milenio de Plata contaría con todos sus guardianes plenamente aliados.
La leyenda estaba siendo reescrita.
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¿Qué les pareció?
Espero que disfrutaran del capítulo dedicado a nuestras bellas guardianas exteriores. Ansiaba verlas de regreso y algo me hace creer que ustedes también. Ojalá así sea.
Quiero agradecer la presencia de cada lector, del que pasa en lectura silenciosa, el que comenta, agrega esta historia a su lista de favoritas o bien opta por recibir la alerta. Muchísimas gracias.
Hoy se cumplen dos años desde la publicación del final de la trilogía y también cinco años desde mi inicio como fanficker. La emoción que esto me provoca es gigante. Ser parte del fandom lunar y poder escribir estos relatos es un regalo para nosotros, porque sí, para mí también lo es. Desde mi posición de escritora no quedo libre de la magia de las letras dedicadas a Sailor Moon, por el contrario, son muy importantes para mí. Y que ustedes me acompañen en este camino lo hace sencillamente fantástico.
Agradecimiento a los sailor lectores que dejaron su review en el capítulo pasado:
Ren-chan91 - Feña - ChibiChibi-sd - luselene - mvz. karla - Dinas - jessy tu yekito - Taniagatita - SerenaKuran - Serenity6- ReynaCecilia - Karina T
Estaré respondiendo sus reviews en un plazo de dos días aprox. si gustan pueden volver a pasar por acá y leer dichas respuestas en caso de que comentaran sin cuenta, ya que a quienes lo hicieron con la suya les enviaré un MP. Mi conexión a internet está con algunos problemas así que estoy intentando subir esto lo más rápido posible, pero desde ya y como siempre agradezco infinitamente el tiempo que se toman para dejarme sus palabras, ánimos, felicitaciones, peticiones y sugerencias. Espero también poder contar con sus comentarios en este nuevo capítulo.
Nos vemos pronto
¡Nunca dejemos de soñar!
¡Nos leemos, sayo!
Usagi Brouillard.-
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