Es navidad y como cosa rara, mi mamá no me ha incluido en sus planes, noté su tono de sorpresa cuando le comenté que iría a la ciudad esta víspera, pues desde que entré a la universidad no lo hacía, de igual forma nada o mejor dicho nadie, me esperaría con los brazos abiertos, cosa realmente común desde que mis padres se divorciaron y papá se mudó al extranjero. Sé que mamá para lo único que tenía cabeza era para sus hijastros y su nuevo marido. Mebuki no es de las clases de mujeres interesadas que sólo busca a un hombre para que les arregle la vida, o por lo menos confió en que no lo sea ahora. Quiero imaginar que está realmente enamorada de su pareja y que quiere encajar con ellos, agregando a los hijos, pues conviven desde hace poco tiempo, relativamente.
Bajo del bus y miro todo a mi alrededor, nunca me canso de hacerlo ni de sentir la nostalgia de estar de vuelta al que un día llame hogar. Afianzo el agarre de mi maleta y empiezo a caminar por las calles cubiertas de nieve casi en su totalidad.
Mañana será noche buena.
El lugar en el que me hospedo queda unas cuadras más abajo, así que no pierdo más tiempo pensando tonterías y voy hacia allá.
El clima está realmente insoportable, ni mi abrigo me protege de semejante temperatura. Para cuando estoy abriendo la puerta de casa, casi no siento mis dedos y eso me lo dificulta.
Debo dejar la maleta en el piso de la entrada y crear un poco de fricción con mis dedos para poder moverlos un poco mejor. Ya adentro de la humilde morada en la que me quedo cuando estoy aquí, o como le decíamos antes mis padres y yo, casa. Ahora se encuentra vacía y se nota que desde que se casó, mamá no ha pasado por aquí, el polvo en cada rincón del lugar me lo confirma.
Cierro la puerta y suspiro, para luego comenzar a estornudar por la piquiña que me da en la nariz, de verdad tengo que limpiar, pero antes quisiera un baño caliente.
Arrastro mi equipaje escaleras arriba y me apresuro a desvestirme y conectar el calentador. Ni loca uso agua a temperatura ambiente, prácticamente saldrían cubos de hielo. El baño se llena de vapor rápidamente y yo me alegro por ello, me meto debajo del chorro de agua y tomo un largo y relajante baño que dura casi media hora.
Vuelvo a la planta baja para comenzar a limpiar, aunque el cansancio y las vocecitas en mi cabeza que me susurraban un "para mañana" casi logran que no lo haga.
Me agarra la medianoche escurriendo el trapeador y con todas mis ganas intento obviarlo, pero el sentimiento de desolación que me embarga es demasiado para reprimirlo, antes, justo antes de que mi vida diera un cambio drástico, cuando llegaba noche buena, la ultima del año, yo corría a abrazar a mis padres y a fundirlos de besos, esos recuerdos en comparación a lo que estoy viviendo ahora, me dejan un vestigio de algo que me hace sentir miserable, sola. He aprendido que los cambios hay que sobrellevarlos, de alguna manera, pero hay que hacerlo, no obstante y ya con 22 años de edad, puedo afirmar que existen fechas, momentos y ocasiones en los que todo regresa a ti, enseñándote el dedo medio por la mierda en la que se ha convertido tu vida.
El teléfono de la cocina comienza a sonar y yo ya sé de quién se trata.
―Hola, Ino ―Saludo, nadie más llama a casa, solo ella.
―Hey, frentona ―Suena tan risueña como de costumbre―. ¿A qué hora has llegado?
―A las 6:00 p.m. ―Suspiro, acto que ya puedo realizar con tranquilidad gracias a que limpie.
―Muy bien, ¿no te encontraste con mi padre?
―¿Qué? ¿Por qué lo preguntas? ¿Él sabía que tú vendrías mañana, no?
―Sí, sí sabía. Se lo he contado cuando me ha llamado esta tarde, y aunque no me ha dicho nada, es más que obvio que le molesta que me quedara más de lo debido.
―Bueno, es lo normal teniendo en cuenta que pospusiste el viaje por una fiesta. ―No lo digo en modo de reproche, solo es una observación.
Ambas teníamos dos opciones; quedarnos una noche más para asistir a la fiesta de fin de año que daría Sai, o venir. Obviamente elegí la segunda, y eso que no tenía a nadie esperándome, como ella, pero bueno, Ino tomó su decisión basándose en el enamoramiento que siente por Sai.
―En fin, no sé ni para qué me quedé, nos han cachado y han terminado con todo.
―¿Cómo?
―Los decanos aparecieron y se llevaron todo, la música, bebida, todo.
―Que mal. ―Digo con una mueca de desagrado, imagino el rostro de satisfacción de la profesora Anko cuando lo ha hecho. Es… Malvada.
―Sí, pues ya es muy tarde para tomar otro autobús hasta la ciudad, a veces detesto que la universidad quedé lejos de donde vivo ―Gruñe.
A pesar de vivir en una ciudad más o menos grande, la universidad queda en la capital, a unas cuantas horas de aquí.
―Pero no decías eso cuando te ibas a las discos ―Digo, riéndome.
―Muy cierto ―Se ríe ella también―. En fin, lo que quería decirte es que llegaré mañana, temprano.
―¿Y entonces? ―Pregunto con una ceja arqueada, no es por ser mala, pero no es a mí a quien debería decirle esto, sino a su padre. Ino es tan rara a veces.
―¿Cómo qué "y entonces"? ―Se burla―. Quiero decir que antes de mediodía estaremos comprándote un vestido.
―Ya te dije que no usaré un vestido.
―Pero yo te dije que sí, y ya.
―¿En ocasiones eres insoportable, Ino, lo sabías?
―También te quiero, frentona.
Después de sacarme de mis casillas lo mayormente posible y concluir algunos asuntos sin mucha importancia, cuelgo, guardo todo lo que utilicé para limpiar y voy a dormir.
A la mañana siguiente me levanto temprano y voy al mercado por un poco de comida, ya que no tengo nada en la alacena. Aunque ya no hablo con papá, cada mes me hace un depósito, creo que para nivelar su falta de interés en mí, será cargo de consciencia o qué sé yo…
Después de hacer las compras regreso a casa, a cocinar y a esperar la llegada de Ino para que me someta a la tortura que ella llama día de compras.
Justo cuando estoy comiendo mi teléfono celular suena, me levanto del sillón y voy por él.
―Hola.
―Hola, puerca. ¿Ya llegaste?
―Eh, no. Por eso llamaba, la nieve ha llegado a un nivel peligroso y los autobuses no están trabajando. Los vuelos no saldrán tampoco por la fecha ―Suspira―. Estoy varada en la universidad hasta nuevo aviso.
Hago una mueca al oírla, parece que este año si lo pasaré completamente sola.
―No hay problema, nos veremos después. Así podré dormir temprano. ―Hablo como si nada, no quiero que se sienta mal.
―¡¿Qué?! ¡No! ―Grita―. Papá ha dicho que igual te esperaría en casa, él tampoco quiere pasar año nuevo solo, Sakura.
―No creo que sea una buena idea, Ino. ―Me apresuro a contestar―. Digo, sé que el señor Sasuke ha sido muy amable, pero no me parece correcto ir a su casa si tú nos vas a estar, sería incómodo.
―Lo conoces desde que corrías en pañales por el patio de mi casa, ¿y ahora te resulta incómodo?
Me pongo colorada al escuchar las vergonzosas cosas que hacía cuando era niña.
―No es eso, solo…
―Nada, te va a estar esperando.
―Pero…
―Supongo que a la misma hora, y debo pedirte una cosa.
—¿Qué? —Exhalo, rendida.
—Diviértete y come pastel de chocolate por mí.
—Esas son dos cosas, Ino y…
—Sabes a lo que me refiero. Ahora debo colgar, cuídate mucho, adiós.
Y sin decir más, me deja con la palabra en la boca y con un compromiso al que honestamente, no estoy convencida de asistir.
Al final sí asisto a la casa del señor Sasuke. Me arreglo con un pantalón negro, un abrigo gris largo y unos tacones, nada excepcional pero sí cómodo.
Toco la puerta de entrada y espero a que alguien aparezca. Pasados los segundos ésta se abre y por ella aparece el papá de Ino, quien casi hace que babee del gusto al verlo.
Por eso no quería venir sola, porque siempre ha sido mi amor platónico, como la misma Ino decía años atrás, pues ella cree que ya es tema del pasado, pero aún no lo es, no del todo.
Va tan casual y elegante como siempre, lleva una camisa de botones negra con unos pantalones grises, porta los mismos tonos de colores que yo, solo que invertidos. Su cabello, aún azabache en su totalidad pese a sus 43 años no ha dejado de captar mi atención ni un minuto desde que lo conozco, cuando aún vivía la madre de Ino, una mujer muy amable. El recuerdo de ella es lo que siempre me ha dado un alto en cuanto a mis pensamientos mal habidos, fue una buena mujer.
―Sakura ―Saluda con un asentimiento de cabeza y haciéndose a un lado―. Pasa.
Entro a la casa Uchiha y dejo la bufanda y el gorro que me he puesto en el perchero. La estancia sigue siendo tan agradable como siempre, decorada con elegancia y sofisticación. El señor Sasuke me conduce hasta la sala y me ofrece una copa de vino, la cual acepto, comenzamos a hablar de todo un poco, el club de golf del que es dueño, la universidad, mi desempeño, Ino y sus mentiras, pues sí, su padre está al tanto del verdadero motivo por el que no llegó ayer junto a mí, no es tonto.
Se hacen las 10:00 p.m y comenzamos a comer y a beber a intervalos, la verdad es que pese a lo guapo que resulta, añadiéndole su forma de ser, me he manejado muy bien. No es tan extraño y perturbador como pensé que sería que recibiéramos el año nosotros dos, solos.
Comiendo un poco de pastel de chocolate que siempre se compra para estas festividades, me lleno el abrigo y contengo un improperio, me disculpo y voy al baño para limpiarme y eliminar la mancha, pero ésta nunca se quita y pronto estoy irritada, apenada y con una mancha de chocolate en mi atuendo que me avergüenza, como si se tratase de una chiquilla. Al final el señor Sasuke lo nota y se ofrece a lavar la prenda en su lavadora de última tecnología, pero solo hay un problema, que me quedo en una ajustada camisa de tiras negras que hace que me sienta extraña, pues creo, o por lo menos quiero creer que él le ha dado unos cuantos vistazos a mi escote.
La media noche está muy cerca y vamos al patio trasero para admirar los fuegos artificiales.
Me abrazo a mi misma al impactar con el frio, pero éste pronto se me olvida cuando los destellos de luz y detonaciones abarcan mis sentidos.
Miro encantada el contraste del oscuro cielo con las brillantes luces, mientras unas tras otras se abren paso en el manto nocturno. Cuando terminan volvemos adentro, ya completamente dispuesta a retirarme, tampoco quiero pasar más tiempo del necesario aquí.
―¿Ya te irás? ―Su voz resulta muy intimidante y sexy a la vez, ¿cómo es posible que ya pase los cuarenta?
―Así es, señor. Ya es hora. ―Señalo mi reloj de muñeca y él asiente sin decir ni una palabra.
Desaparece de la sala para regresar poco después con mi abrigo ya completamente limpio y con un olor delicioso, casi como el suyo.
Ya apenada por mis pensamientos, abandono el lugar, desistiendo de su idea de llevarme a casa. Ando que no parezco yo, lo mejor es imponer distancia.
Pero no funciona, al final me lleva hasta casa.
Nos despedimos en la entrada, yo intento estar lo más tranquila posible, pero cuando se desata una llovizna que en realidad parece granizo, no lo dejo ir. Es peligroso.
Al final lo llevo hasta la sala y le ofrezco un poco de vino, no de semejante calidad como de las botellas que suele tomar, pero sin decir nada, lo acepta.
Al momento de entregarle su copa, nuestros dedos se rozan y yo siento como si una corriente eléctrica me atravesara, justo cuando una de verdad cae cerca de nosotros y la luz se va.
Voy por las velas y el encendedor que siempre tengo en casos de emergencia, enciendo una y la fijo sobre una pequeña base, me doy la vuelta para ir por la otra cuando sin preverlo choco contra su pecho, todo se me escapa de las manos en ese momento, las cosas y la situación por igual.
Nos miramos gracias a la escasa luz de la vela que sí logre encender y detallo que algo en el ambiente ha cambiado, mi lenguaje corporal y su mirada están de acuerdo.
El señor Sasuke, el papá de Ino, quien me conoce desde que era una chiquilla, roza sus labios con los míos y yo me dejo llevar, rodeándolo con mis brazos y logrando un primer beso en toda regla. Esto fue algo que si bien imagine unas cuantas veces, nunca pensé que se daría.
Sus manos van a mi cintura y la toman para acercarme un poco más hacia él, hasta que nuestros torsos entran en contacto.
Y así, mientras la lluvia sigue haciendo fiesta en el exterior, yo me entrego a un hombre que nunca creí a mi alcance, subiéndome a su cadera y tomando de sus hebras suaves y medianamente largas. Seguimos besándonos, ahora con más rigor y demanda que antes. Jadeos rellenan el espacio y ya ni soy consciente de a quién pertenecen cuando subimos a mi habitación, él me lleva a cuestas, porque si fuese por mi estado actual, hasta en el piso lo haría.
Me deja en la cama con suavidad pero sin titubeo alguno, aquí todo está mucho más oscuro que abajo, pero eso no me priva de las sensaciones que provocan sus manos por mi cuerpo, danzando, vagando con un rumbo fijo, haciéndome retorcer de gusto.
La ropa sobra y molesta, por lo que él decide terminar con el obstáculo que representa.
Para cuando la lluvia termina, en mi habitación se encuentra una hoguera de éxtasis y entrega que nunca imaginé que existiera.
Desde esa noche todo cambió, ya nunca volvería a ser el señor Sasuke para mí, sino mucho más.
Y ese es el mayor problema al que me enfrentaré de ahora en adelante.
—Sakura —Mueven mi hombro suavemente y yo volteo, es Ino. Debería avergonzarme por estar recordando todo lo sucedido con su padre. Me regala una sonrisa— ¿Vas a querer un poco de pizza?
Asiento y ella se levanta de mi cama, directo a la cafetería para traer. Hoy nos hemos saltado clases, aunque le pedí que no faltara por mi culpa, no escuchó razones. Desde que salimos del hospital un par de horas atrás no me ha dejado sola, y se lo agradezco. Nunca he dudado de su amistad, y rezo para poder conservarla cuando todo explote. Porque sé que tarde o temprano lo hará.
Cierro mis ojos y me siento en la cama, la noche de fin de año no deja de rondar en mi cabeza. Recordándolo ahora, hasta pareciera que fue planeado, pero no, solo ocurrió, aunque como explicárselo a mi mejor amiga, ¿cómo justificar que me acosté con su padre y que además quedé embarazada?
La puerta se abre y yo abro los ojos esperando a que sea Ino, pero no, es Hinata, una de mis compañeras de piso.
Me regala una sonrisa tímida, muy común en ella y pide permiso para entrar. Le palmeo el lado disponible de mi cama hasta que se sienta.
—¿Te sientes mejor? —Pregunta amablemente.
—Sí, gracias por preguntar —Al terminar de decirlo me doy cuenta de algo—. ¿Ha hecho Ino mucho alboroto por mi desmayo? —Indago, temerosa de que así sea.
Los demás podrían sospechar y aunque todavía no sé que pasará conmigo de ahora en adelante, quisiera mantener un bajo perfil todo lo que pueda.
—Un poco —Responde divertida—. Hemos tenido que ayudarla a bajarte hasta el auto de la decano.
—¿Me trasladaron en el auto de la señora Anko? —No lo sabía, y tampoco lo esperaba.
—Sí, andaba haciendo inspección cuando ocurrió tu percance así que se ocupó.
Vaya, se lo agradezco. Siempre he sabido que no soy de su agrado, pero lo que ha hecho hoy ha logrado que la vea desde otra perspectiva.
—Cuando la vea le agradeceré.
Hinata asiente con una sonrisa y después mira fijamente mi rostro.
—¿Ya te sientes mejor?
—Sí, ¿por qué? —Me tenso de repente.
—Sigues muy pálida, Sakura.
—Es que por los exámenes no he estado comiendo bien y digamos que eso me pasó factura.
—Deberías cuidarte más, puede resultar peligroso —En momentos como este me provoca abrazarla, a simple vista se nota lo bondadosa y amable que es ella.
—Lo haré —Debo hacerlo.
Hinata y yo charlamos por un rato hasta que mi compañera de cuarto regresa, nos da porciones de pizza a cada una y las tres cenamos, un poco temprano, pero está muy bueno.
Al final de la tarde Hinata regresa a su habitación pero antes promete venir mañana a ver como sigo, Ino va a bañarse y yo me quedo recostada. La verdad es que no tengo ánimos de nada, solo de llorar y darme golpes en la cabeza por lo tonta que fui. Sin embargo eso de nada servirá.
¿Deberé decirle a Sasuke?
Comienzo a mordisquear mi uña cuando la rubia a la que tanto cariño le tengo sale del baño. Me regala una sonrisa y va hasta su cama. Se sienta y busca su teléfono para hacer lo que parece una llamada.
—¡Papá! —Saluda, con entusiasmo. Son tan diferentes, ella es febril y risueña mientras su padre es serio y con carácter lejano. Sin duda Ino se parece más a su madre—. Sí, muy bien —Habla un poco y yo intento calmar mi acelerada respiración para no levantar sospechas y que se dé cuenta de que solo escuchar el nombre de su progenitor me afecta, hasta que dice algo que me preocupa—. ¿Sakura? Sí, está aquí, ¿quieres que te la pase?...
Pierdo el poco color que adquirí al comer, ¿por qué pregunta por mí ahora si desde nochebuena ni luces?
Y desde eso ya han pasado varios días, pero no puedo mentirme, mi corazón latiendo como loco me hace saber que en el fondo quiero que se preocupe y pregunte por mí más a menudo.
Sé que a muchos la idea les parecerá extraña en un principio, pero denle la oportunidad, tengo muchas cositas preparadas para este fic:3
Besos.
