Me levanto rápidamente cuando una almohada golpea mi rostro. Miro a todos lados hasta encontrarme con una exasperada Ino a los pies de mi cama.
―¿Estás loca acaso? ¿Qué te sucede? ―Gruño y esquivo otro almohadazo. ¿De dónde saca tantas?
―Por Dios, Sakura. Apresúrate o llegaremos tarde ―Mis ojos se abren al escucharla y me apresuro a mirar a la mesa de noche que reposa a un lado.
Salto de la cama y me las arreglo para no tropezar en medio de mi apuro con tal de poder arreglarme. Abro la ducha y no espero a que el agua se caliente, me meto debajo y me lavo con rapidez, cepillándome a la vez. Salgo envolviéndome una toalla alrededor de mi pecho y voy a buscar un cambio de ropa interior. Mi mejor amiga sigue sentada en la cama. Me visto rápidamente intentando mantenerme cubierta cada segundo para no enseñarle mis más grandes pudores.
―¿Por qué no me levantaste antes? ―Me coloco el pantalón y los zapatos al mismo tiempo. Después me cubro con una camiseta gris holgada y me hago una coleta alta.
―Lo hice, hace media hora ―Responde ella acercándose y extendiéndome una bandeja― Me dijiste que cuando regresara ya estarías lista. Toma, come antes de irnos.
Frunzo mis labios al escucharla, no recuerdo haberle dicho nada pero es posible. Cuando tengo mucho sueño a veces hablo y luego lo olvido. Además, desde que estoy embarazada mi sueño se ha vuelto el triple de pesado.
―Muchas gracias, Ino. ―Comienzo a comer con bocados grandes y peligrosos pero el tiempo no lo permite de otra manera. Al terminar limpio las comisuras de mi boca y cojo la mochila.
Prácticamente trotamos por el pasillo cuando solo nos quedan 4 minutos para llegar al salón. El apuro que nos mueve es porque la profesora de la primera hora, Suki, tiene un carácter fuerte y no nos dejará pasar si llegamos con dos segundos de retraso, lujo que no nos podemos dar pues es el último día del primer módulo y tenemos una prueba importante.
Al parecer nos han regalado ayuda divina pues entramos al salón justo a tiempo, un segundo después la profesora cierra la puerta y comienza a vociferar.
―Nadie más entrara a mi clase por hoy, quien perdió la prueba y le quedó la materia será por su culpa ―Una gota de sudor resbala por mi nuca. De la que nos salvamos―. Bien, la prueba dará inicio ―Mira el reloj sobre su escritorio y después a nosotros―. Ya. Las preguntas están en el cajón de sus mesas.
Y con esto último dicho, cada quien se pone a resolver lo suyo, o por lo menos intentarlo.
Una hora después culmina la clase y con ello llega la hora de entregar lo que logramos hacer, debo reconocer que estaba difícil y largo para el tiempo permitido. Tanto, que me faltaron las últimas dos preguntas.
Salimos directo a las ultimas clases del modulo con una expresión de derrota, ni Ino ni yo estamos seguras de haber aprobado el examen. Esa profesora es una de las mejores docentes de la universidad con una trayectoria reconocida pero precisamente por eso su materia es tan complicada.
Solo espero que el resto del día tenga un mejor pronóstico.
Al final de la tarde estoy exhausta, rendida, agotada, pero libre. Ya es oficial, tenemos dos semanas libres por el cambio de modulo. La idea me emociona y me aterra en partes iguales.
Con cuidado me recuesto en mi cama con piernas y brazos extendidos, analizando la mejor forma de llevar estos días que se vienen.
No me quedaré aquí, Ino enloquecería, sin embargo, tampoco quiero regresar a nuestra ciudad natal, ir para allá significa encontrarme con su padre. Y aunque parezca cobarde de mi parte es algo que quiero evitar a toda costa.
Sasuke…
¿Por qué el destino parece querer burlarse de mí? Estuvimos juntos una vez, y quedé embarazada, cuando otras mujeres lo hacen millones de veces y esto no les pasa. Pero claro, yo soy Sakura, alias mala suerte.
Llevo las manos a mi vientre y lo acaricio con suavidad, disculpándome mentalmente por pensar así, como si no quisiera a la criatura que crece en mi interior.
Debo afrontar las consecuencias de mis actos, no lamentarme por lo que resultó de todo.
―Vaya ―Dice Ino desde su cama. Levanto mi rostro para verla y la encuentro sonriente.
―¿Qué ocurre?
Su sonrisa se ensancha aún más.
―Es la primera, de la que presumo serán muchas, en las que acaricias tu vientre de esa forma.
―¿De qué forma? ―Pregunto extrañada.
―Protectoramente ―Responde―. Se ve que vas a querer mucho a tu bebé.
Le sonrío un poco al escucharla, la verdad es que sí. Si bien embarazarme a dos semestres de terminar mi carrera universitaria no estaba en mis planes, ser consciente del pequeñuelo que nacerá dentro de unos meses me emociona bastante. Por eso ni cuando me enteré pensé en el aborto, nunca dañaría así a una criatura indefensa e inocente.
Vuelvo a tumbarme sobre la cama y pienso detenidamente, ya va siendo hora de que vaya con un gineco-obstetra para ponerme en el control médico adecuado. Si tomo citas con un especialista de la ciudad, sería más fácil, porque por lo que he investigado deberé acudir una vez al mes para cada chequeo, aunque la idea de que mi hijo nazca aquí, no es de mi total agrado. Es obvio que no podré tener a un bebé en los dormitorios, por lo que tendría que alquilar un departamento y eso, más los servicios y los gastos que tendré que hacer cuando mi hijo, o hija nazca, sería excesivo.
―Ino ―Llamo, captando su atención―. He estado pensando y creo que lo mejor será ponerme en control con un doctor de mi ciudad de origen.
―¿De verdad? ―Pregunta emocionada, no me extraña ni un poco, desde que supo de mi estado ha insistido en que lo mejor sería inclinarse por la raíces, aunque lo que me ha llevado a tomar la decisión es que por lo menos allá, tendré un lugar propio y tranquilo para quedarme cuando dé a luz.
―Así es. ¿Me ayudarás a buscar un especialista?
Su rostro toma una expresión indignada mientras se lleva la mano al pecho, haciéndose la ofendida.
―Eso no se pregunta, ¡por supuesto que sí!
Su efusividad al decir lo último me causa gracia.
―Te lo agradezco mucho, Ino ―Susurro.
―¿Estás bromeando, no? ―Llega a mi cama y se sienta a un lado―. Desde que supe que sería tía juré ayudar en todo lo que estuviese a mi alcance, no me agradezcas.
La mención de la conexión familiar hace que baje la mirada. Si supiera la verdad de todo…
La culpa y seguidamente la vergüenza de lo que hice con su padre logra que mis ojos se humedezcan y cuando intento limpiarlos ya es muy tarde, estoy llorando. Ino se acerca a mí con preocupación y me pregunta si dijo algo malo, o que me hiriera.
Ahora me siento peor. Le he ocultado información a la única persona que ha estado a mi lado todos estos años, he traicionado su confianza y cuando lo sepa probablemente la amistad duradera entre nosotras se desvanecerá. Me dolerá mucho cuando todo suceda, pero trataré de entenderla.
―Nada de eso ―Limpio mis mejillas húmedas y trato de sonreírle con normalidad―. Creo que más bien son cosas del embarazo, ya sabes, las hormonas.
Afortunadamente ella no indaga y me deja tranquila después de bromear un poco.
Soy consciente de la curiosidad que siente por la identidad del padre de mi hijo, pues no he tenido novio formal desde hace dos años, pero también sé que se contiene al recordar mi reacción del día del desmayo.
La noche cae sorprendentemente rápido a mi parecer gracias a la corta siesta que he tomado. En internet decía que el cansancio y el sueño en las mujeres embarazadas es algo normal, pero no sabía en qué cantidad.
Me levantó para tomar un baño antes de salir por algo de comida, entro a la ducha y me desvisto con una lentitud desconocida en mí, es que tengo tanto sueño. Solo de pensarlo ya estoy bostezando.
Unos toques en la puerta llaman mi atención.
―Sakura, iré a comprar un poco de comida en el campus, ¿vas a querer?
―Sí, por favor ―Cierro la llave de la ducha, me cubro y vuelvo a la habitación―. Déjame buscar un poco de dinero.
Camino hasta mi bolso para sacar mi monedero pero a Ino no le agrada la idea, así que se va acordando ser yo quien pague la próxima vez. Sale de la habitación y como ya estoy bañada y con sueño, busco un pijama cómodo y me recuesto en la cama, pero esta vez no logro conciliar el sueño, así que ruedo varias veces, intentando estar lo más cómoda posible. Cuando consigo una posición más relajada, busco mi teléfono y decido escuchar un poco de música, en el proceso me encuentro con el de mi compañera, lo ha dejado. Lo acomodo mejor en la mesa pues estaba por caerse y sigo en lo que estaba.
Cierro los ojos y me relajo al compas de When You're Gone, una canción un poco triste, pero que poco a poco termino escuchando a lo lejos.
Un tedioso ruido rompe mi estado de descanso poco después, dejo mis audífonos y el celular a un lado y miro hacia la mesilla de noche. Es el teléfono de Ino.
Muerdo mi labio al recordar el día en el que estamos, es jueves y hoy Ino y Sasuke tienen una de sus llamadas semanales. Asomo un poco mi rostro para salir de dudas y al ver la pantalla, me doy cuenta que estoy en lo correcto.
Estiro mi mano para tomarlo, pero la dejo suspendida en el aire. No es a mí a quien está llamando, por lo tanto no es conmigo con quien quiere hablar. La indecisión se abre paso en mi mente y al final desisto, justo antes de que el teléfono deje de sonar.
Recuerdo muy bien como hace días, mientras Ino hablaba con él y preguntaba si quería entablar alguna clase de conversación conmigo, una insulsa esperanza se abrió paso en mi pecho, para que al final su respuesta fuese un rotundo no.
No es como si antes hubiésemos sido amigos cercanos pero desde que todo ocurrió pienso que ha estado mucho más distante, claro, ¿de qué otra forma podría actuar cuando se arrepiente de acostarse con la amiga de su hija?
Suspiro profundamente y me siento en la cama. Es un hecho, no haré nada bueno aquí.
Con esto en mente me cambio el pantalón de pijama por uno de jean holgado y me cubro con un sweater, salgo del dormitorio sintiéndome un poco mejor. Estaba segura de que al final no soportaría la tentación y le contestaría a Sasuke, cosa que solo empeoraría todo, creando más incógnitas sin respuestas.
Vagando por uno de los pasillos me encuentro con Hinata, quien anda con Neji, su primo y también estudiante de la universidad, solo que cursa una carrera distinta a la de nosotras, estudia derecho, cosa que sinceramente, le va bien con su carácter. Creo que no me he topado con nadie más callado y calculador que él… Pensándolo bien quizás Sasuke también aplica para esa categoría.
―¿Sakura? ―Me llama Hinata. Le sonrío apenada pues me he quedado lela.
―Lo lamento, es que andaba pensando en algunas cosas. ―Digo, no me pasa desapercibida la mirada que me dirige Neji, pero decido pasar de ella.
―En los días libres, supongo. ―Apunta la peliazul.
―Sí, en eso… ―No encuentro nada inteligente que decir así que me despido y los veo alejarse para seguir su camino. Por instinto miro en su dirección y detallo un poco mejor a su primo, es muy guapo, pero también amargado.
Justo cuando voy a virarme él se adelanta y me cacha mirándolo. Siento mis mejillas calentarse un poco cuando me descubre y hace una mueca con sus labios.
Huyo de su mirada y decido ir a buscar a Ino.
Después de diez minutos doy con ella, trae una bolsa en cada mano así que la ayudo. Ha comprado en los carritos que se estacionan en el centro de la universidad. El olor hace que mi apetito se abra al instante, nos sentamos en una de las mesas de la cafetería prácticamente vacía y empezamos a comer de las hamburguesas y los refrescos que compró. Casi gimo del gusto al masticar, llevaba mucho sin comer chatarra.
―Oye, oye ―Habla Ino mirándome fijamente―. Come despacio o le caerá mal a Saku ―Susurra y yo evito reír.
―Más bien le gusta ―Respondo―. No me ha dado la primera queja, además, ¿Saku?
Su cabellera rubia se mueve cuando asiente.
―Sí, ese será su nombre hasta que se sepa el sexo, ya sabes, porque Saku suena unisex.
―No suena unisex, suena femenino y como un diminutivo de mi nombre.
Se encoje de hombros ante mi replica.
―Y también bonito.
Después de comer y bromear, regresamos al dormitorio compartido. Charlamos un poco más, trayecto de tiempo que Ino aprovechó para contarme sobre el "encuentro casual" que tuvo con Sai horas atrás. Suena tan ilusionada por la cita que quedaron en tener estos días libres que al final del relato hasta yo suspiro enamorada. Al final de la noche decidimos hacer algo productivo así que nos ponemos a empacar para tener todo listo y partir mañana temprano.
―¿Te lo vas a llevar todo? ―Le pregunto cuando la veo luchar para cerrar su maleta, la cual está a reventar. No tendría caso hacerlo, después de todo este edificio se cierra los días libres y como solo es un cambio de modulo, seguiremos en la misma habitación.
Ella da un grito de victoria cuando por fin logra su cometido.
―Creo que tomaré un baño, este ejercicio me ha cansado ―Suena tan dramática que yo solo me dedico a sonreír, mucho más cuando noto que hasta su toalla y cepillo de dientes ha guardado al final de la maleta y le tocará sacar todo.
―No quiero ser mala, pero te lo dije. ―Al final refunfuña, deshace todo y se encierra en el baño dando un portazo.
Niego con la cabeza porque la verdad la situación aún me causa gracia.
Como yo sí deje algunas cosas fuera de mi equipaje, no presento problema alguno ni para hoy ni para mañana.
Vuelvo a cambiarme con el pijama y ya vestida cómodamente, me siento a peinar mi cabello, ya me llega a la cintura y estoy pensando seriamente en cortarlo. Dejo el peine de lado y me miro en la peinadora por unos minutos, soy una mujer joven, que pronto será madre soltera y luchará para brindarle un buen futuro a su hijo, o hija. Solo pensar en cómo saldrá, los rasgos físicos, el género, logra que mi estomago revoloteé de emoción.
Con una sonrisa soñadora en mi rostro me recuesto y me preparo para dormir, Ino nunca tarda menos de una hora en el baño así que no tengo nada mejor que hacer.
Me coloco de medio lado, apago la lámpara de noche y cierro mis ojos, imaginándome años después, logrando que mi instinto defensor salga a flote. Intuyo que la idea de tener una hija embarazada no le hará gracia a mis padres, pero, ¿qué pueden decir ellos?
No he visto a mamá en semanas y eso que hemos estado en la misma ciudad por varias días, ya he asumido el poco interés que siente hacia mí, y papá, tampoco es que pueda replicar mucho, ya casi olvido su rostro. No es una figura ni presente ni constante en mi vida.
No va a ser fácil, las adversidades no pararán de llegar, pero las afrontare de la mejor manera posible.
Más decidida que nunca, me cubro hasta los hombros con la cobija y bostezo.
Un teléfono suena en la habitación y ruedo mis ojos, Ino ni siquiera lo ha movido de mi mesa de noche. Entonces recuerdo que se me olvidó comentarle sobre la llamada de su padre.
¿Será él de nuevo?
No estoy dispuesta a averiguarlo esta vez. Tapo mis oídos y me hago la desentendida, hasta que un grito me sobresalta.
―Frentona, ¿podrías contestar por mí? ―Grita desde el interior del baño.
―Puede ser tu padre, ha llamado antes, se me había olvidado. ―También hablo fuerte para que me escuche pues aún tiene la ducha abierta―. Deberías salir y contestar.
No quiero tener que hacerlo yo.
―Joder, frentona ―Chilla―. ¡Contesta!
―Ino… ―Estoy dispuesta a negarme pero ella me frena.
―¡Sólo por hoy! ¡Estoy en el baño! ¡No le contestaré desde aquí!
―Pues sal. ―Resoplo.
―¡Sakura!
Mierda.
¿Por qué no sale y le contesta? ¿Por qué me toca a mí hacerlo? Y justo ahora.
Rendida tomo el celular y miro la pantalla, efectivamente, es él. El aparato sigue sonando y vibrando en mi mano mientras yo me dedico a observarlo con tristeza y desanimo.
Atiendo la llamada después de infundirme valor y prometerme no titubear, únicamente le pediré que llame en un rato.
―Ino, ¿por qué no contestabas? ―Apunta desde el inicio con tono irritado, no puedo hablar, solo escuchar su voz ha removido cosas en mi que justo ahora no quiero que se agiten ni un poco―. ¿Ino?
Esa voz… Cubro mi boca con una de mis manos cuando un jadeo amenaza con escaparse de mis fauces. Sé que es un contacto distante, pues estamos en distintas ciudades y no es a mí a quien ha llamado, pero escucharlo me produce cierto desasosiego y desespero que no logro explicar. Es un sentimiento que me cierra la garganta, me impide respirar bien y hace que lágrimas quieran escapar de mis ojos.
Me reprendo por ser tan patética y divagadora. Doy una gran exhalación antes de buscar mi voz.
―No, no soy Ino ―Del otro lado no se escucha nada, sólo insípido silencio es lo que le sigue a mi respuesta―. Ella está bañándose.
―Sakura… ―Susurra como si estuviese entablando conversación con algún fantasma aterrador. Una sonrisa seca aparece en mi rostro.
―Hola ―Balbuceo estúpidamente―. Le diré que le devuelva la llamada a penas salga ―No dice nada y eso hace que mi corazón se achique un poco más, ni siquiera puede intentarlo con una pregunta cortés como un: ¿Cómo estás? Aunque, eso de nada serviría, únicamente para darle largas al asunto―. Adiós.
No sé si responde a mi despedida pues he cortado la llamada con un mal sabor de boca. El nudo en mi garganta crece a niveles insoportables cuando intento retener mis lágrimas.
Dejo el teléfono de Ino sobre su cama y me hago la dormida cuando ella por fin sale del baño, no quiero conversar, ni mucho menos puedo arriesgarme a que sospeche de algo.
¡Hola!
De nuevo por aquí con un nuevo capítulo.
¿Qué les está pareciendo la trama hasta ahora?
Háganmelo saber por medio de comentarios:3
