Tocan a la puerta justo cuando estoy subiéndome el cierre del pantalón, hoy me he decidido por llevar uno no tan ajustado y oscuro con una camisa verde y sandalias bajas. Algo cómodo por si tenemos que esperar mucho a que nos atiendan.

De nuevo suena el timbre.

―¡Ya voy! ―Grito rodando los ojos y saliendo de mi habitación.

Bajo las escaleras refunfuñando mientras el maldito aparato no deja de emitir ruido. Mientras, voy pensando los muchos improperios que diré en la cara de Ino por su apuro.

Abro la puerta con fuerza, intentando dramatizar la escena y hacer hincapié en mi molestia, pero esta se desvanece y en cambio la duda se establece.

―Hija ―Saluda mi madre con una gran sonrisa en su rostro, cuando el mío debe estar desencajado por la sorpresa.

―Mamá ―Saludo escuetamente aún afincada de la puerta. No me esperaba su visita, quiero decir, nunca viene a verme cuando estoy aquí.

Su sonrisa no disminuye al verme, ni mucho menos cuando me examina de cuerpo completo con la mirada.

―¿Me dejaras pasar? ―Pregunta con un toque de humor, cuestión a la que yo accedo y le hago un espacio. Ella se adentra al lugar con la elegancia que la caracteriza, hombros atrás, mentón en alto y mirada nivelada.

Vamos juntas hasta la sala y después de pedirme un vaso con agua, toma asiento en el sillón principal. Puedo notar en su lenguaje corporal que ya no se siente a gusto aquí, ni conmigo. Voy en búsqueda de lo que me ha pedido, preguntándome una y otra vez el motivo de su visita. No es que no me alegre verla, por supuesto que sí, pero es extraño.

Cuando regreso a su encuentro ella está mirando toda la estancia, casi con añoranza. Dejo pasar ese detalle, le entrego la bebida y tomo asiento frente a ella.

Me mira detenidamente, con una sonrisa brillante en su rostro mientras pasan los segundos y yo comienzo a incomodarme por eso, nunca ha sido de mi agrado ser el centro de atención.

―¿Y cómo estás? ―Inicio conversación logrando que se centre solo en mi rostro.

―Bien, ¿y tú?

―Igual. ―Respondo con un leve encogimiento de hombros.

―¿Cómo vas en la universidad, Sakura? ―Esta pregunta me extraña pues nunca la he notado interesada en el tema.

―Pronto iniciare el penúltimo semestre, madre. ―No puedo evitar el deje de desconfianza que se escucha en mi voz.

―Oh ―Parece sorprendida―, ¿tanto tiempo ha pasado ya?

―Así es.

Mueve los dedos en torno a su vaso con nerviosismo una y otra vez, cosa que me inquieta de sobremanera. Suspiro fuertemente y me preparo para expresarlo sin rodeos.

―¿A qué ha venido? ―Suelto, con mi mirada fija en sus ojos abiertos de forma desmedida. No quiero parecer tosca, pero tampoco me apetece seguir con esta farsa de que se interesa por mí.

―¿Por qué lo preguntas? ¿Tan extraño es que tu madre venga a visitarte? ―Refuta a la defensiva.

Asiento sin cortarme ni un poco.

―Sí.

―Sakura… ―Llama mi atención, pero la interrumpo.

―¿Cómo supiste que estaba aquí?

―Por tu llamada no fue ―Apunta de mala gana y después parece percatarse―. Me lo ha dicho Sasuke.

Creo haber escuchado mal, ¿qué objetivo tendría para decirle a mi madre de mi ubicación?

A falta de una explicación, me voy con una pregunta:

―¿Cómo es eso posible?

La mujer que me llevó en su vientre durante nueve meses se mueve un poco, arreglando la parte baja de su refinado vestido rosa pastel. Me permito observarla como ella lo ha hecho antes y encuentro su rostro liso y brillante, su cabello de un tono un poco más claro y su elegante figura. Mamá ha cambiado, admito para mi interior, y para bien. No es que con papá luciera fea, pero debo reconocer que la mujer de antes con la de ahora, marca un punto y aparte al compararlas.

―Verás, hija ―Por fin deja sus manos quietas para comenzar a hablar―. Hoshina, mi esposo, es integrante del club de golf que Sasuke preside ―Comienza a contarme―, esta mañana mientras lo acompañaba a uno de sus juegos, me encontré con él ―Lleva un mechón de su lacio cabello para la parte trasera de su oreja―. Ahí me contó de tu llegada… ―Frunce el ceño al decir lo último, como si recordara algo que no es de su total agrado.

―¿Ocurrió algo más? ―No puedo evitar preguntar, es obvio que Sasuke nunca mencionaría, y menos a mi madre, lo que sucedió entre nosotros, pero intuyo que la mujer frente a mí se reserva algo para sí misma, y cuando la veo enfocarme y observarme con un poco de culpa en su mirada, estoy segura de mi corazonada.

―Me… Me ha dicho algunas cosas.

―¿Qué cosas?

―Sakura, dime algo, ¿sientes que te he dejado de lado desde que me casé?

Me quedo en mi asiento, estupefacta, jamás pensé que me preguntaría algo como eso y honestamente, no sé cómo responderle.

―Mamá…

―No lo disfraces, Sakura, quiero saber la verdad ―Exige.

―Siento que desde el divorcio, tanto mi padre como tú, han tomado rumbos diferentes, de eso ya han transcurrido 10 años y entiendo que las prioridades de cada uno cambien ―Es todo lo que soy capaz de decir.

Mi madre parece meditar en silencio, antes de esbozar otra sonrisa, pero ésta, a diferencia de la anterior, no es de alegría, sino de remordimiento.

―Lo lamento tanto.

―No tengo problema con ello ―Digo―. Ya no.

―Hija, te prometo que de ahora en adelante, seré mejor madre… ―Quiere añadir más, pero la detengo. No estoy dispuesta a hacerme falsas ilusiones.

―No es necesario, los actos están hechos y las palabras dichas. No es necesario ―Repito. Me levanto del sofá con un peso en mi pecho, como quisiera poder creerle a mi madre y apostar por una mejor relación, pero soy realista. Las personas casi nunca cambian―. Ahora debo terminar de arreglarme, Ino llegará en cualquier momento.

Ella se pone de pie y en su expresión veo la duda, intento sonreírle para tranquilizarla.

―¿A dónde irán? ―Inquiere insegura.

La miro de reojo mientras recojo el vaso que ha dejado en la pequeña mesa central y me pongo recta.

―Al odontólogo ―Hemos decidido seguir con la pequeña mentira que dijimos días atrás, después de todo la clínica que visitaremos hoy también cuenta con especialistas en esa área.

―Ya veo ―La acompaño hasta la entrada de casa, ya allí nos despedimos con un movimiento de mano en el aire. Camina hasta el auto que se encuentra estacionado frente a nosotras y da media vuelta―. Por cierto, casi lo olvidaba… Te ves muy hermosa.

Una sonrisa, sin mostrar dientes pero no por eso menos retribuida se forma en mis labios.

―Gracias ―Nos despedimos una vez más y después regreso al interior de la casa.

Sé que no debo contar los pollos antes de nacer, pero quisiera depositar un gramo de esperanza en la idea de una mejor relación con mi madre.

Con eso en mente, subo de vuelta a mi habitación y me maquillo un poco, justo después Ino llega y nos dirigimos a la clínica que ha encontrado en la guía de la discordia, como le hemos apodado antes.

Llegamos a la hora exacta, según Ino, aunque en realidad llevamos 5 minutos de anticipación. Le preguntamos a la recepcionista por la doctora y las consultas, después de pagar la interrogamos para saber del pasillo que buscamos y después de que nos indica, vamos.

Estoy nerviosa, este será el primer eco, no de mi vida, pero sí el primero en el que me encuentro embarazada. Llevo mis manos hasta mi espalda y las junto para empezar a jugar con ellas.

Damos con el pasillo pertinente y nos encontramos con varias personas a la espera, la mayoría mujeres, algunos hombres acompañándolas y hay dos en particular que captan mi atención, no ellas en sí, sino su abultado vientre punzón. Me le quedo mirando más de lo debido a una de las mujeres hasta que carraspea y la miro, no parece muy a gusto con mi escrutinio. Alejo la mirada un poco avergonzada y nos preparamos para tomar asiento.

―Somos la número 8, ¿no es así?

―Sí ―Miro a las demás personas e intento no volver a quedarme ensimismada con el vientre de la mujer de antes. Dentro de poco el mío estará así. La puerta del consultorio se abre y por ella sale una jovencita seguida de quien parece ser su madre, desaparecen por el pasillo mientras una voz se hace presente.

―Número 4 ―Lee de una hoja la mujer con bata, supongo que debe ser la doctora. La recepcionista de antes llega junto a 3 personas más y le entrega una nueva lista, antes de despedirse. La dueña de un largo y extraño cabello rojo retoma su lectura―. Akira Towe.

La persona que antes me ha mirado mal por quedarme observándola se levanta de su asiento y después de tomar lugar junto a la doctora en el interior, cierra la puerta.

―¿Viste como caminaba? ―Susurra una sorprendida Ino. Asiento en respuesta y ella se acerca un poco más a murmurar―: Parece que tuviera un palo dentro de su vagina.

Me atraganto con mi saliva al escucharla y ella se pone a darme palmaditas en la espalda, divertida.

―No digas cosas como esas. ―Gruño, ya recuperada.

Una mirada que delata que se la está pasando bomba con mis reacciones hacen que no quiera escuchar lo siguiente, cosa prácticamente imposible, pues estamos sentadas una al lado de la otra.

―Tú también caminaras así.

Le mando una mirada de enojo pero ella solo intenta disimular su risa con una falsa tos.

Transcurre hora y media antes de poder ser atendida por la doctora Mei Terumi.

Entramos a su consultorio y ella nos recibe como supongo lo hace con todos, extendiéndole la mano y con una sonrisa amigable.

―Mucho gusto, mi nombre es Mei, como ya sabrán ―Va diciendo mientras toma asiento tras su escritorio―. Díganme, ¿en qué puedo ayudarles?

Ino y yo compartimos una mirada antes de que logre responder.

―Estoy embarazada. ―Eso basta para que la doctora, con un asentimiento de cabeza se ponga a llenar un formulario.

―¿Cuándo fue la última vez que te vino el período?

―El 12 de diciembre.

―¿Cuándo terminó?

―El 18 del mismo mes.

―Correcto ―Hace una anotación―. ¿Te has hecho alguna prueba de embarazo?

―Sí, una de orina.

La doctora me mira unos segundos.

―¿No llegaste a realizarte la de sangre?

―No, ¿por qué?

―No es por poner en duda la efectividad de esas pruebas, pero siempre prefiero guiarme por las de sangre, ya que son más precisas.

―¿Tendré que hacerme una?―Pregunto temerosa, no de sentir el pinchazo de una aguja, sino del resultado. Si ella lo manda a hacer es por algo, después de todo es su especialidad, los embarazos, pero, ¿y si no hay bebé?

―Tranquila ―Mira mis manos afianzadas sobre mi vientre y su expresión adquiere un poco de suavidad, como si leyera mis pensamientos―. Para eso mejor te hacemos un eco, ¿no crees?

―¿Ahora? ―Estoy nerviosa, asustada y un poco alterada.

―¿Quieres hacerlo ahora o primero llenamos el formulario?

―El formulario ―Digo al instante, con demasiada rapidez. Una mano se posa en mi hombro y me giro para observar a Ino.

―Tranquilízate, Sakura ―También ha leído mis pensamientos.

Le agradezco internamente por infundirme valor y procuro no alterarme más mientras la doctora hace las preguntas de rutina.

Sin embargo, lo que ha dicho antes no se aleja de mi cabeza mientras respondo, no estar embarazada es una posibilidad, aún si la prueba resultó positiva, pero, ¿será ese mi caso?

Sasuke usó condón la única vez que mantuvimos relaciones, por lo que las probabilidades de que solo se trate de una falsa alarma crecen a niveles gigantescos y se sienten como pisadas de elefante sobre la esperanza de estar dando vida dentro de mí.

«Tuve los síntomas, no hay error.»

Por más que lo repito, la angustia no se aminora. Y es entonces cuando lo noto, yo quiero estar embarazada, ver como mi hijo o hija se desarrolla en mi interior a la par que mi vientre crece y se da a conocer para cualquiera que me vea, sentir sus pataditas, hasta cuando le da hipo ―me enteré por internet que les pasa aún cuando están dentro de sus madres―, yo quiero ser madre.

―¿Sakura? ―Me nombra Ino, al parecer me he sumido en mis pensamientos y he perdido la noción de lo que me rodea.

―¿Sí?

―¿Te sientes bien? Tienes expresión de susto ―Dice esta vez la doctora.

―Estoy un poco asustada.

―¿Por qué?

―Porque existe la posibilidad de que solo haya sido una falsa alarma ―Musito, mirando mi vientre.

―Eso me parece extraño, doctora ―Toma mi mejor amiga la batuta―. Si Sakura no está embarazada, ¿por qué hacerle esas preguntas? ¿No sería mejor simplemente mirar en el eco?

La pelirroja asiente con convicción, al parecer se esperaba esa pregunta.

―Si no hay bebé ―Habla mirándome, como para cerciorarse de que la estoy escuchando―. Igual necesitaré saber esos detalles, para colocarla en control.

―Entiendo.

―Ahora bien ―Se acomoda mejor en su silla y nos mira a ambas, intermitentemente―. ¿Comenzamos?

Mis manos comienzan a temblar de nerviosismo y siento mi rostro frío, como si estuviese en la Antártida. Es real, debe serlo.

―Hagámoslo.

Nos ponemos de pie después de ella y nos señala el peso a su espalda, rodeo el escritorio, no tengo que quitarme las sandalias así que subo, a los pocos segundos me indica que mi peso es de 57 kg. Luego me pide que vaya hasta la camilla que se encuentra en el otro extremo, con cuidado me monto en el pequeño banco de la parte baja y me siento.

―Tomaré la presión primero ―Indica, maniobrando a mi espalda un aparato que está fijado a la pared. Lo coloca alrededor de mi brazo y comienza a presionar la pequeña goma que logra que se prense con cada nuevo apretón. Pronto siento mi brazo frio y el pulso se detalla claramente. Esperamos a que dé el resultado en un silencio sepulcral―. 123/84 ―Enuncia, y a pesar de mi poca experiencia, sé que esos son buenos valores―. Muy bien ―Acerca una mesita con ruedas en la cual reposa un monitor con múltiples botones a los lados, presiona algunos y mira un poco cada uno antes de tomar el artefacto que está a un lado y unido a la pantalla de tamaño mediano― Levanta tu camisa, esto lo sentirás un poco frío.

Pronto tengo mi prenda doblada sobre mi busto y estoy trepidando de los nervios, sintiendo una intensa presión en mi estomago. Esparce el gel, pero los nervios casi no dejan que depare en la extraña sensación. Solo tengo cabeza para una sola cosa, o persona, mi bebé.

La imagen le sigue a su tanteo con el aparato y yo contengo la respiración al vislumbrar un punto gris entre tanto negro. La doctora vuelve a presionar muchos botones para tener una visión más clara de la personita que poco a poco ha tomado forma dentro de mí. Está ahí, es real… Es mi bebé.

Una lágrima resbala por mi mejilla al ver un pequeño movimiento de su parte, casi como diciendo presente. Ino pone su mano sobre mi hombro nuevamente y da un apretón cuando me ve en este estado, pero no puedo evitarlo, es hermoso.

―Ya está formadito… ―Susurra mi amiga después de sorber de su nariz, al parecer también le ha afectado, de buena manera, presenciar el mágico momento en el que miro por primera vez a quien es de ahora en adelante mi rayito de luz, mi criatura.

―Sí, mucho ―Concede la doctora con una sonrisa acercándose para señalar el monitor―, estas son las orejitas ―Dice y baja un poco más―. Y aquí están las muñecas y los tobillos.

―Santo cielo ―Alcanzo a murmurar entre tanta alegría.

―Se ve muy saludable ―Continúa la especialista en el tema y señala la carita de mi pequeño, o pequeña, que aún no se distingue mucho pero sé que es esa parte de su cuerpo―. Ya tiene parpados, por supuesto se encuentran cerrados, pero ahí están.

Sigo llorando cuando vuelve a moverse, al parecer es imperativo.

―¿Por qué no siento cuando hace eso?

La doctora comienza a sacar medidas y sigue moviendo el aparato sobre mi vientre todavía plano.

―Porque aún es muy pronto, comenzaras a sentir sus movimientos a los cinco meses, aproximadamente.

Asiento en respuesta sin despegar la mirada ni un segundo de la pantalla. Comienzo a sonreír hasta que me duelen las mejillas, pero poco me importa. Estoy feliz, porque mi bebé se encuentra sano, su desarrollo va perfecto y porque seré su mamá. Jamás pensé que sentiría esto al venir a mi primera consulta, quiero decir, estoy que no entro en mi cuerpo de tanta emoción, quiero gritar, reír, llorar, expresar todo lo que me está atravesando justo ahora.

Saber que pronto lo, o la tendré entre mis brazos para acurrucar y fundir su pequeño rostro de besos y mimos, me acelera el corazón y convierte la sensación antes desagradable en una mágica, casi irreal.

No tengo cabeza para nada más justo ahora, el mundo puede esperar, ahora solo somos mi bebé y yo, pese a tener a otras dos personas en este consultorio.


El primer eco de Sakura *w* morí de emoción mientras escribía esta escena. No soy madre, pero sí tía y estuve al lado de mi hermana cuando fue a su primera consulta, parte de lo que sentí en ese instante se los quise trasmitir en este capítulo. Espero les guste.

¡Nos leemos pronto!

Besos.