Encajo la llave en mi cerradura y le sedo el paso a Ino, quien me está ayudando a llevar algunas bolsas de las compras que he hecho hoy, aunque nos regresaremos en una semana a la universidad, me aseguré de adquirir varios alimentos no perecederos para cuando vuelva el próximo mes a realizarme mi próximo eco. Sinceramente no me apetece tener que ir de compras a penas llegué.
―Vamos ―Insto a la rubia a que me siga por los pasillos para llegar a la cocina, ya aquí, nos disponemos a sacar cada cosa de las bolsas y a acomodarlas en la alacena. Debo ponerme de puntillas para poder alcanzar la repisa más alta y guardar allí algunas de las compras. Escucho a mi acompañante abrir y cerrar, posteriormente, algunos cajones.
Me ha extrañado que desde que salimos no ha tocado el tema de su cita. Sé que necesitara mi ayuda y sabe muy bien que no se la negaré. Se merece despejarse un poco, después de todo. Vuelvo a una postura mucho más cómoda cuando termino y la examino mientras ella guarda las bolsas ahora vacías.
―Sakura.
―¿Sí? ―La miro con una ceja arqueada, a la espera de lo que dirá―. ¿Estás nerviosa por la cita de mañana, no es así?
―Así es ―Exhala, cerrando sus ojos y afianzándose contra uno de los mesones―. Es estúpido, lo admito, no es como si fuese una colegiala, pero ―Sus ojos vuelven a tener ese brillo destellante de emoción―, no puedo evitarlo, desde hace mucho he querido salir con Sai. Demonios, tu más que nadie sabes lo mucho que me gusta. ―Sonrío ante su sinceridad, sí, lo sé más que nadie. Conversaciones de tres o cuatro horas sobre lo maravilloso que le parece el chico me han dejado con una clara idea de cuánto.
―Es normal, Ino. No tienes que preocuparte, todo saldrá bien ―Animo.
Frotando sus manos, una contra la otra repetidas veces, concede:
―Eso espero, frente ―Despeja su mente rápidamente y luego me sonríe abiertamente. Eso me ayuda a saber que ya formuló un plan en el que yo, obligatoriamente tengo que entrar para ayudarla―. Ahora, sobre eso de que me vas a encubrir, tenemos que aclarar ciertas cosas, ya sabes, amoldarnos a una misma historia, por si acaso, ya sabes.
―Entiendo.
―Pues pensé en decirle a mi padre que pasaría la tarde contigo para al final llamarlo y decirle que te has sentido mal y que no quiero dejarte sola, algo simple…
―¿Crees que funcione? ―Después de todo, Sasuke no es ningún idiota.
―Ahí es donde intervienes tú.
―¿A qué te refieres?
Dando unos pasos para acercarse, se posiciona a mi lado y entrelaza su brazo con el mío, mirando al vacío.
―A una hora exacta, mientras yo esté con Sai, coordinaremos una triple-llamada, de manera que podremos hablar, los tres ―Empieza a explicar―. Por supuesto, sin que él sepa que en realidad no estamos juntas, después de que yo le explique la situación, ahí entraras tú y confirmaras lo que yo diga, que no es más de lo que te he informado antes. Puedo decirle de un dolor estomacal, o algo así ―Alejándose un poco, se coloca frente a mí y me toma suavemente por los hombros―. Eres mi salvación para poder salir con Sai, sé que es tonto que me oculte a los 22 años, pero papá no lo conoce y es más que obvio que no actuará de la mejor manera, así que esta será mi manera de proceder esta vez.
Un poco aturdida, asiento a su explicación y ella me suelta, de nuevo sonriente.
―Bien, ¿a qué hora sería la llamada? ―No me agrada la idea de tener que mentirle a Sasuke, pero como dijo Ino, de ser de la manera correcta la cita se arruinaría. No se tiene que ser un genio para saber lo protector que puede ser su padre a veces con su única hija.
Cierro mis ojos con fuerza ante las últimas palabras, recordando que dentro de unos meses, ese ya no será el caso. Mi mejor amiga tendrá un hermano, o hermana, y su progenitor otro descendiente. De pronto nuevas ganas de llorar me atormentan y estoy a punto de ceder a ellas si no fuese por las exclamaciones de Ino y su agarre en mis brazos.
―¿Qué ocurre, Sakura? ―Murmura un poco agitada―. ¿Te sientes mal? ¿Quieres que vayamos al médico?
Me cuesta mucho de mi autocontrol, sorbidas por la nariz y diversos pestañeos, no preocuparla más. Cuando me he repuesto lo suficiente como para no decaer, hablo:
―No es nada.
―¿Nada? ―Dice escéptica―. ¿Me crees idiota? No te has puesto así por nada, ¿qué ocurre? ¿Qué te puso así?
Sacudiéndome sin fuerza logro que baje sus brazos y me suelte, pero no que quite su expresión de confusión y preocupación.
―No es nada, Ino ―Repito, desviando la mirada hacia la cocina y cambiando el tema―. ¿Quieres algo de comer?
Frunciendo el entrecejo, mirándome fijamente a los ojos y con la pregunta escrita en estos, cuando no le respondo nada más, niega con su cabeza.
―No, ya debo irme. Es viernes.
―¿Y qué sucede?
―Debo ir al club de golf, en unos minutos iniciará un juego y luego almorzaré con papá ―Se encoge de hombros―. Mañana me le perderé la mayor parte del día, así que no puedo rehusarme ―Explica―. Pasaré por aquí antes del mediodía y terminaremos de cuadrar los detalles, ¿te parece?
―Claro ―Murmuro por lo bajo.
Ella se da media vuelta y se dispone a recorrer de nueva cuenta el pasillo para llegar a la puerta, pero antes de tomar el pomo entre sus manos, me mira por encima del hombro.
―Deberías descansar un poco, Sakura ―Ambas sabemos qué la lleva a decir eso―. Nos vemos mañana, cuídate.
Dicho esto se va, cerrando la puerta tras de sí, es entonces cuando me permito tomar una bocanada de aire y paso las palmas de mis manos por mi rostro, despejándome a la fuerza. Decidida a no caer en más quebraderos de cabeza, me pongo a cocinar algo.
…
―De verdad, ya no quiero más ―Le comento a Sasori cuando intenta ordenar otro plato para el desayuno. Esta mañana apareció en la puerta de casa, decidido a invitarme algo de comer. Es un buen chico, eso ya lo sabía, siempre al pendiente de mí y buscando alguna manera para distraerme. Porque aunque no sabe por todo lo que estoy pasando, estoy segura de que intuye que algo no va bien, siempre fue muy suspicaz y si a eso se le añade que ahora tiene el instinto de policía, soy una fuente de agua cristalina ante su mirada, lo cual, a mi parecer, es un arma de doble filo.
―Bueno, desisto —Se rinde, colocando las manos en el aire con los ojos cerrados, luego los abre y siento el ámbar taladrarme—. ¿Qué quieres hacer ahora?
Lo sopeso unos segundos, estamos a la mitad de la mañana, por lo que Ino tardará un poco en llegar a la casa, en pocas palabras, tengo tiempo libre antes de comenzar con la mentira a Sasuke. Frunzo los labios al recordarlo y de inmediato lo alejo de mi mente. Mientras menos piense en él, mejor, aunque resulta algo ridículo pensarlo cuando en unas horas deberé corroborar lo que Ino le dirá, cosa que significa tener un intercambio de palabras del cual no estoy segura en salir bien parada.
―Considerando que estoy a reventar ―Masajeo mi barriga en círculos para afianzar mi acotación―, creo que podemos quedarnos unos minutos más, esperamos a que la comida baje y mientras me cuentas el motivo que te trajo de regreso a la ciudad.
Una sonrisa aparece en sus labios lentamente y aunque se da su tiempo bebiendo de su café humeante, al final responde simplonamente.
―Estoy de vacaciones, ya te lo dije.
―¿Por cuánto tiempo?
―15 días. ―Comenta, estirándose en la silla para mayor comodidad―. A penas regrese iniciaré con el último periodo de entrenamiento en la academia.
―Muy bien ―Le sonrío―. Me alegro por ti.
―¿Y tú? ¿Cómo vas?
«Todo lo opuesto a lo que había planeado».
―Bien, me graduaré en unos meses ―Eso espero, aunque no lo digo, es lo que pasa por mi cabeza.
Dejando su taza ahora vacía sobre la mesa, se acerca y me examina detenidamente, creo que comienzo a sonrojarme, así que desvío la mirada y cruzo mis brazos en forma de escudo. Lo escucho reprimir una risa.
―¿Y bien, Sakura?
―¿Qué ocurre? ―Refuto, aún sin mirarlo, sintiendo una desagradable corriente atravesar mi columna vertebral.
―¿No me hablaras de ello, cierto? ―Murmura.
―No sé de qué me hablas ―Lo escucho suspirar y después siento un pequeño movimiento en la mesa, eso me incita a mirarlo y quisiera no hacerlo, pues lo consigo cerca de mi rostro, con las manos afianzadas sobre la mesa y la parte superior de su torso sobre ésta. Mis ojos se abren por la cercanía y mi garganta se seca. No es por nada en particular, solo la sorpresa―. Sasori…
―Algo te ocurre, Sakura, lo sé. ¿Cuánto tiempo llevamos conociéndonos? ―Pregunta, pero no me da oportunidad de responder―. Trece, o quizás quince años ya. Bastante tiempo. Sé que no es de mi incumbencia, pero me preocupo por ti, te he notado extraña estos días y quisiera ayudarte, si me dejarás, claro… ―No agrega más, en cambio sigue observándome atentamente, puede que esperando a que le confiese algo, pero no puedo. Por más que lo aprecie estos son mis asuntos y quiero mantenerlos así, además, no es como si dentro de unos meses no se fuese a enterar.
―No ocurre nada, Sasori. Te lo estás imaginando.
Sin creerme ni un ápice de lo que he dicho, se separa lentamente y se queda de pie con su metro ochenta de estatura. Realiza un leve encogimiento de hombros.
―Supongo que sí ―Ni él ni yo creemos eso, pero lo dejamos pasar―. ¿Quieres que te lleve a casa?
―Sí, vamos. ―Me pongo de pie con cuidado y después de cancelada la cuenta, salimos de la cafetería, el día de hoy ha amanecido frío y húmedo, por lo que Sasori pidió prestado el auto que sus padres no usan para que me pudiese trasladar, ya que está al tanto de que la única manera en la que me montaría en su motocicleta fuese si me apuntaran con un arma. Que dramática puedo ser a veces.
Me abre la puerta del copiloto con caballerosidad y espera hasta que esté dentro para ir a su asiento, a mi lado. La calefacción en el interior es agradable y muy necesaria en estos casos, por lo que conduce en un cómodo silencio. Al cruzar por nuestra calle residencial, nos encontramos con una moderada cantidad de agua en el asfalto, a medio camino de casa, extrañados, nos miramos el uno al otro, se supone que en nuestro conjunto derramar tal cantidad de agua está prohibido. La expectativa crece en mi interior mientras nos acercamos más y más a casa pero es cuando detallo que todo esa agua proviene del interior cuando me alerto.
Bajándonos rápido del auto tan solo estacionarlo, me apresuro a buscar mis llaves y abrir. Dentro todo es una pequeña inundación, hay agua por todas partes de la casa, al dar un paso dentro mis zapatos se mojan en segundos.
―Diablos… ―Musito sintiendo mis medias pesadas.
―Debe ser alguna tubería averiada ―Responde Sasori a mi espalda―. Lo mejor será revisarla cuanto antes.
―Sí ―Asiento y rápidamente comenzamos a verificar cada una de las conexiones de agua de la casa, en ningún rincón de la planta baja encuentro algo extraño así que decidimos ir arriba y veo una pequeña corriente formarse a las afueras de la puerta de mi habitación. Llego rápidamente hasta allí y me encuentro con que, al igual que abajo, todo está inundado pero aquí la afluencia de agua es mayor. Veo cada lugar y el único que me genera sospechas es el baño, y resulta ser de allí de donde proviene toda la inundación, la conexión que lleva el agua fría a la ducha ha colapsado y de una gran fisura sale un chorro de agua, el que ha provocado todo esto.
―Es fácil de arreglar, solo tenemos que detener el agua antes de que se inunde toda la cuadra. ―Advierte Sasori, acercándose―. ¿Tienes una caja de herramientas?
―Creo que sí.
―Pues necesito que la busques, Sakura, mientras yo ―Mira las cuatro paredes del baño con atención y depara en el tanque del retrete, se acerca y desplazando lo que se encuentra encima, aleja la cubierta y se descubre una llave azul entre la pared y la porcelana, la gira y pronto el chorro se disminuye hasta cesar en su totalidad―, ya está. ―Para cuando se gira hacia mí me doy cuenta de que las botas de sus pantalones están empapadas, al igual que las mías.
―Lo siento.
―No te preocupes ―Minimiza mirando también hacia sus piernas―. Lo primordial es encontrar la caja de herramientas.
―Sí, voy por ella. ―Salgo casi corriendo del cuarto de baño de mi habitación y busco en la parte baja del mesón, pero no encuentro nada. Muerdo mi labio y pienso un poco, decantándome por el cuarto de aseo, entre un montón de objetos que jamás he utilizado, ―solían ser herramientas que papá usaba en su tiempo libre―, encuentro la caja y con cuidado, subo los escalones para llegar a mi habitación. Encuentro a Sasori de pie en el baño, aún mirando la fisura del tubo, examinándola, supongo.
Le entrego la dichosa caja y él la toma, comienza a rebuscar hasta dar con unas pinzas, lo que parece cinta flexible de color blanco y un poco de silicón industrial. Con rapidez procede a colocarle el silicón de secado rápido hasta cubrir todo los ángulos, aguarda unos segundos y comienza a rodearlo con teflón, para cuando usa las pinzas para ajustar ya yo estoy eternamente agradecida con él.
―Listo ―Comunica, poniéndose de pie―. Solo es una medida temporal, ese tubo tiene que ser reemplazado cuanto antes, pero mientras eso ocurre, servirá.
―Te lo agradezco mucho, Sasori. Yo nunca habría logrado solucionar el problema tan rápido.
―Para eso estamos ―Guarda los utensilios rápidamente y cierra la caja―. Ahora, creo que necesitaras ayuda para limpiar todo este desastre.
Me pongo lívida al caer en cuenta de que tendré que secar una casa de dos plantas y con cada habitación llena de agua. Bonita forma de pasar mi día.
―Agradezco en demasía tu ayuda, de verdad ―Admito.
―Ya, deja de agradecer tanto y comencemos con la limpieza ―Dice con expresión divertida. Salimos del cuarto de baño y aunque me avergüenza un poco que estemos en mi habitación, me ocupo en salir, aunque me extraño de no sentirlo detrás, es entonces cuando giro y me lo encuentro de pie, al lado de la puerta, mirando hacia el escritorio que está allí, intrigada, vuelvo en mis pasos y pierdo el aliento cuando lo encuentro ensimismado mirando mi ecografía.
…
―¿Qué ha pasado aquí? ―Murmura Ino a penas entra a la casa―. Hay agua por todas partes.
Suspiro al escucharla y dejo el trapeador a un lado. Sasori se ha marchado hace poco, juntos despejamos la planta superior pero me sentía tan incómoda y tensa que no podía ni mirarle el rostro y al final inventé excusas para despacharlo. Afortunadamente no comentó nada sobre mi estado pero era más que obvio que la noticia lo había sorprendido.
―Es una larga historia.
―Imagino que sí… ―Murmura acercándose hacia la cocina y mirando que está en igual estado―. ¿Pasó un tsunami y no me enteré?
―Muy graciosa ―Digo sin humor―, pero no, la tubería del baño falló y he aquí el resultado ―Señalo con los brazos abiertos todo a mi alrededor.
―Que desastre.
―Dímelo a mi ―Continuo escurriendo mi trapeador para volver a pasarlo y que seque un poco mejor. Con suerte ninguno de los muebles se habrá dañado, aunque no estaré segura hasta que se sequen. Simplemente lo que me faltaba.
―¡¿Qué estás haciendo, Sakura?! ―Chilla Ino de repente cuando estoy por comenzar a trapear de nuevo.
Me detengo en el acto y le lanzo una mirada inquisitiva.
―¿Acaso no es obvio?
―No seas tonta, en tu estado no debes andar trapeando. ¡Puede resultar peligroso para el bebé! ―Y por segunda o quizás tercera vez en el día, pierdo el color de mi rostro. Lo olvidé por completo.
Ino no tarda en arrebatar el objeto de su histeria, y ahora la mía, de mis manos y fruncir el ceño.
―No lo recordaba ―Llevo una mano a mi frente y masajeo suavemente.
―Lo he notado ―Suelta tajante, luego suspira, como tratando calmarse―. Diablos, me tocará trapear bastante.
―¿Qué? ¡No! Ino, tienes una cita con Sai.
Por una fracción de segundos veo la añoranza deslizarse por su expresión, pero luego se recupera y mira a su alrededor.
―¿Recuerdas lo que decíamos de pequeñas? ―Pregunta tranquilamente―: «La amistad primero que cualquier chico». Sai puede esperar unas horas, frentona. Estoy segura que no le molestará.
―Pero Ino, no me parece justo que pierdas tu cita por mi culpa.
―¿Inundaste la casa apropósito?
―No. ―Respondo extrañada.
―Entonces no es tu culpa, estas cosas pasan y ya ―Dando un nuevo vistazo a su entorno, se encoge de hombros―. Ahora déjame ponerme manos a la obra.
Cada vez que la veo limpiar ganas de pegarme la cabeza contra la pared me sacuden, recordando una y otra vez lo que ha dicho. ¿Por qué mi mejor amiga tenía que ser tan especial? ¿Por qué su padre tenía que gustarme tanto? Varias preguntas como esas llegan a mi mente, una detrás de otra, sin darme tregua alguna.
¿Seguirá en pie ese dicho cuando se entere de todo?
Cruzo mis dedos mentalmente para creer que sí. Si existe alguna mínima esperanza de que no perderé su amistad, quiero aferrarme a ella con fuerza desmedida por más tonta que sea. Puede que resulte hipócrita de mi parte, pero la realidad es que sin Ino yo estaría completamente sola en todo esto.
Hola, chicas.
Les tengo un adelanto del próximo capítulo, ¡Reencuentro SasuSaku! :3
Mi historia ya está llegando a lo que quiero en sí. Y aunque sé que para algunos la repetitiva Sakura reprochándose por lo que hizo podrá resultar un poco tediosa, no cambiará de opinión de un segundo a otro, ¿así es la conciencia, no?
Nos estamos leyendo.
Saludos.
