—No puedo.

—¿Por qué? —Me lanza una mirada recelosa.

—Porque no... —Me retuerzo sobre el sofá mientras desvío la mirada—. No quiero molestarles.

—¡Por favor! —Bufa al instante—. Ni que fuese la primera vez que te quedas a dormir en casa. A papá no le molestará.

¿De verdad no lo hará? Yo no estoy tan segura como Ino en ese asunto.

—Ese es su espacio y no me parece adecuado.

Suspirando con fastidio, se lanza sobre el sillón y mira al techo. Sé lo que está haciendo y no me agrada.

—A ver, cuéntame, ¿qué es lo que en realidad sucede?

—Nada.

—No te creo.

—Pero es la verdad.

—¿Ah, sí? ¿La de quién?

Mordiendo mi labio subo las piernas para colocarlas sobre el asiento y obtener una mejor postura que alivie el dolor de espalda que me ha invadido, y a su vez, para hacer tiempo.

Ino ha terminado de limpiar todo minutos antes, merece una condecoración por su perseverancia para con el trapeador y mi indeseada inundación. Todo iba bien, ella ya se iba a encontrar con Sai, pues nos ha caído la noche sin darnos cuenta, hasta que a mis pies torpes les ha dado por resbalarse en una pequeña porción del piso que se había llenado de jabón líquido. El alma me llegó al suelo cuando sucedió, pero rápidamente acudió en mi ayuda para evitar algún incidente del cual luego nos lamentaríamos. Y desde entonces, por más que le he prometido ser más cautelosa con mis pasos, no ha dejado de insistir en que la casa no es adecuada ni para mí ni para el bebé hasta que todo vuelva a la normalidad.

Odio admitirlo, pero puede que tenga razón. No obstante, no me apetece quedarme durmiendo en su casa así solo sea por esta noche. Quedarme en aquel lugar implicaría muchas cosas a las que justo ahora no quiero hacerles frente.

—La mía, por favor, respeta mi decisión.

—La respeto —Suelta—, pero no el que seas una cabezota.

Se pone de pie y le echa un vistazo a su reloj de muñeca, puedo ver la exasperación en su mirada.

—Ve, o llegarás tarde.

—Sakura.

—Ino.

—Diablos —Lleva una de sus manos hasta el tabique y ejerce presión mientras cierra los ojos. Luego, en cámara lenta, detiene sus movimientos y me enfoca. Una pequeña sonrisa brilla en su terso rostro.

—¿Qué pasa?

—Tengo una idea.

«Ay no.»

—Te vendrás conmigo —Escucharla me hace rodar los ojos—. Y así matare dos pájaros de un tiro —Abro mi boca para continuar protestando cuando me calla elevando su dedo—. Ven conmigo y así podré irme tranquila a mi cita con Sai.

—¿Salir con ustedes? ¡No!

—No me refiero a eso —Intenta no crisparse—. Veras, si tú me acompañas a casa serás mi cuartada perfecta, mi padre no sospechará que me le he escapado por obvias razones —Dice, señalándome con una mano—. Y yo podré estar con Sai, y tranquila, porque sé que estarás a salvo allá.

A salvo es lo que menos me sentiría estando bajo el mismo techo que Sasuke.

—No me parece.

Entonces su entrecejo se marca de manera pronunciada y sus ojos se entrecierran, anunciando la llegada de su irritación.

—Haruno, ya no tengo tiempo para juegos, harás lo que te pido por mí, tu mejor amiga. Y ya está. Nada de peros.

Se levanta con decisión de su lugar y me extiende una mano pero al ver que no la tomo, coge mi brazo con suavidad y me levanta. No oculto mi desagrado hacia su acción, pero esto pronto cambia cuando me lleva a las escaleras. Llegamos a mi habitación y ella le da un repaso a todo, decidiendo por ir en busca de un bolso más o menos grande, que pronto llena de ropa que va escogiendo al azar de mi armario.

—¿Qué estás haciendo? —Lanzo una pregunta retórica.

—Lo que ves —Se aleja de la cama en la que ha depositado el bolso y comienza a abrir las gavetas de los costados. Da con el de mis bragas y sin pudor alguno comienza a hurgar en ellas.

—¡Para, por el amor de Dios! —Me ofusco. Camino hacia ella y le alejo las manos con una reprimenda leve de las mías. La miro de mala manera antes de tomar un par del montón y cerrar el compartimiento. Las sumerjo en el interior del bolso cuando ella aparece por la puerta del baño. Definitivamente no conoce los límites de la privacidad ni un no por respuesta, pues no ha deparado en tomar mi desodorante y cepillo de dientes, logrando que al final sí abandone la casa por esta noche, solo espero no arrepentirme luego.

...

—Pasa. —Sintiéndome completamente fuera de lugar, entro detrás de Ino. El nudo en el fondo de mi garganta me hace dudar de los motivos por los que vine aquí. No fue una buena idea. Me quedo de pie cuando la puerta se cierra, expectante, con los nervios de punta.

Mi mejor amiga parece no notarlo, pues sigue su camino como si nada y se dirige a la cocina. No me pasa desapercibido que la luz en ésta se encuentra apagada, por lo que intuyo que Sasuke no está en casa. Mejor para mí, así solo tendré que subir a la habitación de Ino y no salir hasta que pueda marcharme por la mañana. Sujeto mi bolso con más fuerza y sigo los pasos de la ojiazul. Recibo el vaso de agua que me extiende y lo tomo gustosa, pensando que con el líquido me garganta dejará de tener esa extraña sensación, pero no es así. Y probablemente no cambie hasta que esté lejos de este lugar.

Mi parlanchina amiga habla sobre el nuevo acuerdo tan tranquila, que confirmo que solo estamos nosotras. Mucho más cuando nombra a cierto personaje de tez pálida, con el que se reunirá a las 8:00 p.m. Me siento fatal por dañarle sus planes de hoy, cosa que le hago saber y motivo por el cual me disculpo, pero Ino pasa de mí y sigue relatando las pautas a seguir.

Su padre no llegará sino hasta pasada las 7:00 p.m, seguramente de alguna reunión importante. En cuanto él la haya visto y sin levantar sospechas, nos iremos a dormir temprano. Y es allí cuando comenzará su proceso de fuga, la muy arriesgada se escapará por la puerta trasera sin importar que su papá esté merodeando por allí.

Cuadrado todo y sin ninguna pregunta, se pone a preparar algo de comer y yo rápidamente me apunto para ayudarla. Comemos en —casi— total calma y charlamos un poco. Luego subimos a su habitación y busca algo adecuado para su cita, no es que esté mal vestida, nunca lo está, pero su atuendo es más del estilo diurno.

Encendemos la televisión y colocamos un episodio de una serie policíaca que a ambas nos encanta, pero a la que Ino no presta real atención pues se pone a hablar por teléfono por largo rato. ¿El personaje?

No podía ser otro que Sai.

Obviando su conversación me concentro en la serie, y hasta en los comerciales, con tal de no ponerme a pensar en otros asuntos.

Poco después de que deje su móvil, el mío comienza a sonar. Rebusco en uno de los bolsillos externos de la bolsa que he traído y doy con él. Es Sasori quien llama. Recuerdo con lujo de detalles lo que ocurrió esta tarde y tengo muchas ganas de enterrar mi cabeza debajo de la tierra para no ver la luz del sol en mucho tiempo. Al sexto timbrazo, deja de sonar y yo me quedo mirando la notificación de llamada perdida.

—¿Quién era? —Pregunta Ino.

—Sasori.

—¿Aún sigue en la ciudad? —Inquiere mirándose las puntas de su largo cabello.

—Sí, estará aquí por un par de días más —Resuelvo, dejando el aparato a un lado.

—¿Y por qué no le contestaste?

—No lo sé —Miento fatalmente.

El colchón a mi lado se hunde y pronto siento la mirada inquisitiva que me lanza. Hago como que si no la noto, pero entonces carraspea con fuerza. Al mirarla, encuentro la interrogante plasmada en su expresión.

—¿Discutieron, no es así? —Estoy por negarle cuando me interrumpe—: ¿Se ha enterado de qué va a ser padre, acaso?

La saliva se me atora y comiendo a toser como loca, sin poder creer lo que acabo de escuchar. Esto debe ser una broma, razono, mientras inhalo un poco de aire y me recompongo.

—No digas tonterías, Ino —Gruño—. No se ha enterado de nada porque él no es... —Me muerdo la lengua en el acto cuando mi teléfono comienza a sonar de nuevo.

Me mira atenta, sabiendo quien está al otro lado del teléfono y espera a observar cualquier movimiento. Atiendo la llamada queriendo rehuir de su escrutinio.

—Hola —Saludo con suavidad.

—Sakura —Responde el pelirrojo con el mismo tono—, ¿qué tal va todo? ¿Pudiste terminar de limpiar?

—Si... Ino me ayudó —Muerdo mi labio cuando el silencio se apodera de la llamada.

—Bien —Retoma pasando los segundos y me imagino que está cavilando—, ¿puedo ir a verte?

—No —Niego con la cabeza, como si en realidad pudiese verme—. No estoy en casa.

—Ah —Musita—. Entonces hablaremos luego.

—Bien.

—Lo siento, Sakura.

Su repentina disculpa me descoloca tanto que tardo más de lo necesario en contestar, provocando que la rubia quiera acercarse a husmear. ¿Pero qué es lo que le ocurre?

—No tienes porqué. Todo está bien —Digo una mitad verdad, mitad mentira.

—Eso me alegra, ten una buena noche.

—Tu igual, descansa.

La llamada termina de inmediato y yo bajo el teléfono. Este día ha sido tan extraño. Guardo mi teléfono y me arreglo la coleta que se me ha ido deshaciendo desde que llegué, negándome a mirar a mi acompañante por más que ella quiera.

—Tienes muchas cosas que contarme —Sentencia por lo bajo. Meneo mi cabeza con cuidado, pero no le respondo.

Aún cautelosa, se pone a revisar el móvil y pronto salta de la cama. La veo correr a la ducha y por primera vez en años, Ino se da un baño de menos de una hora de duración. Debe tener muchas ganas de ver a su cita, me rio para mis adentros ante esto, claro que las tiene.

Al salir se unta crema con aroma a orquídeas y comienza a rebuscar entre su ropa interior, recordándome lo de antes en casa. Saca un conjunto de encaje morado, muy sexy, y regresa al cuarto de baño. No tiene reparo, mucho menos remedio.

Me enfoco nuevamente en lo que transmiten por la televisión y la dejo arreglarse a su gusto, lo más que puede sin crear sospechas. La hora se acerca a gran velocidad, pero su padre aún no ha llegado. Me alegra tanto que así sea, pero justo cuando miro hacia arriba e intento destensar un poco mis erguidos hombros, Ino regresa disparada a la habitación. La miro con una ceja arqueada, pero no tiene necesidad de responder porque verla ponerse una camiseta de una banda con un pantalón de algodón me dan a entender que mi pesadilla se ha vuelto realidad. Bueno, tampoco es así, pero se siente como algo similar.

Me acerco al borde de la cama y me apresuro a colocarme los zapatos. Siento el latido apresurado en mi cabeza, en un rato tendré una buena jaqueca. Me pongo de pie y miro mi cuerpo.

—Vamos.

Descendemos las escaleras que nos llevarán a la planta baja y tengo que sujetarme con fuerza de la barandilla para no caer, de pronto mis piernas se han vuelto más inestables de lo normal. Abajo no hay ni pista de su padre.

—¿Estás segura que ha regresado? —Me lamento porque al inicio mi voz suene tan débil y timorata.

—Sí, debe andar por aquí —Repone comenzando a andar rumbo a la cocina, la cual sigue vacía, después nos dirigimos al recibidor y al final, ella decide, justo como la vez anterior, arrastrarme a su despacho. Un lugar tan de él.

Y allí está.

De pie frente a su escritorio.

Mostrando su fabulosa espalda cubierta por el traje azul marino.

Resultando imponente aún cuando no lo pretende.

—¡Papá! —Pronuncia una entusiasta rubia. Si su intención es no levantar sospechas, actuando de esa manera no creo que lo logre.

Sasuke levanta su mirada de los papeles y se da la media vuelta. Puede ver su sorpresa al encontrarme allí, entrometiéndome en su hogar. Me siento minúscula y fuera de lugar cuando me escudriña con la mirada... pero extrañamente, también viva.

—Hola —Tan escueto como de costumbre.

—¿Qué tal ha ido la reunión?

—Bien.

—Me alegra escuchar eso —Repone mi amiga, quedándose ahí. Entonces, como recordando que existo, me rodea los hombros—. Sakura pasará la noche aquí.

—¿Qué?

Sabía que no le agradaría la idea.

—Su casa ha sufrido una pequeña inundación y le he pedido que se quede esta noche conmigo mientras todo se seca —Lo dice tan pancha, como si estuviese dando la hora, porque quizás para ella sea un acto tan simple como ese.

—Ya veo —Me mira una vez más y tengo que reprimir el instinto de llevarme las manos a mis antebrazos para acariciarlos por el escalofrío que me sacude. No obstante, soy incapaz de bajar la mirada—. ¿Te encuentras bien, Sakura?

Procesar que se dirige a mí se me dificulta.

—Sí, gracias.

—¿Lo ves? —Me codea Ino— Sabía que no tendría ningún problema, ¿no es así, padre?

—Sí —Apenas lo dice, sé que miente. Su lenguaje corporal, ahora tenso, no es el que alguien cómodo tendría.

¿Tan difícil se le es siquiera la idea de tolerarme aunque sean solo un par de horas?

Ser consciente de esto duele, más de lo que creí.

Desvío mi mirada para tomar un poco de aire y dejar de beber de su presencia, que aunque no requerida en este momento, no deja de ser tan intensa.

Me está mirando, puedo sentir como me taladra con su ónix y debo reprimir el mirarlo de regreso. Nada bueno saldrá de eso.

Escucho como cierra uno de los compartimientos de su escritorio y luego sus pasos en el recién instaurado silencio. Por más que quiero evitarlo no puedo hacer como si nada ocurriese y el estómago se me revuelve.

Me coloco un mechón de mi cabello rebelde detrás de la oreja y suspiro.

—Iré al baño un momento —Le susurro a Ino por lo bajo, quien asiente comprensivamente y me da un espacio para salir. Mientras más me alejo de él, más se acentúa un desagradable vacío.

Subo de regreso a la habitación con premura y me encierro en el baño. De inmediato miro mi reflejo en el espejo de bordes lustrados y me llevo la mano al estómago, intentando calmarme. Esto no puede seguir así, yo no puedo seguir así. Tengo que calmarme, respirar hondo y recordar que la única razón por la que estoy aquí es porque Ino, y no él, quiso. Elevo una comisura que destila amargura, si un genio le apareciera a Sasuke Uchiha, lo más probable sería que pidiera que borraran la noche de fin de año, o en todo casa que no ocurriera. Debe sentirse avergonzado, como el hombre que es, de haberse acostado con una chiquilla como yo, pero yo no puedo mentirme y creer lo mismo. Me gustó estar con él, aunque sólo fue una vez, me fascinó conocerlo en el plano de amante y sentir sus caricias, sus besos, escuchar lo que me susurraba... pero ese no es su caso.

Llevo mis palmas al rostro y las froto sin importar qué, debo aclararme.

Lavo mis manos más de lo necesario y aguardo unos segundos antes de regresar a la habitación. Ino aún no regresa y aunque acaba de comenzar un nuevo episodio de la serie de antes, no me apetece verla ya, no estoy de humor. Sin embargo, tomo asiento en la cama y espero a que mi amiga regrese. Está más que decidido que no bajaré de nuevo hasta mañana por la mañana, cuando salga de aquí.

Asiento al vacío para reafirmar mi sentencia cuando la puerta se abre. La ojiazul camina confusa y con una extraña mueca en su rostro. Cierra la puerta detrás de sí y se reafirma, reculando sin cesar.

—¿Pasa algo? —Pregunto al verla tan ensimismada.

—No tendré problemas —Responde por inercia y casi como si ni ella se lo creyera.

—¿De qué hablas?

—Papá salió.

¿De nuevo?

—¿Qué?

Ella comienza a afirmar con su cabeza y pasado el rato se despega de la puerta y camina hago mí. Sigue notándose desorientada.

—Esto es increíble —Continúa—, todo resultará más fácil de lo que creí. Salió, Sakura. Y... —Cierra la boca y se pone a pensar nuevamente en lo extraño que debe resultarle que Sasuke salga— No creo que vuelva temprano.

—¿Por qué lo dices?

Ella se lanza en su cama sin ninguna clase de cuidado y luego se da la vuelta para mirarme. Coloca una de sus almohadas debajo de su nuca y parpadea.

—Está saliendo con alguien.

Mis ojos se abren más de lo necesario al oírla. ¿Sale con alguien? Genial, ahora no solo crearé una brecha entre su hija y él, sino que también con su nueva pareja, aunque...

—¿Cómo te enteraste?

—No es oficial y mucho menos me lo ha dicho, pero intuyo que así es —Comienza a buscar las palabras para explicarse—, los últimos días ha estado extraño, incluso en el almuerzo de ayer, no parecía él. Lo noto ausente en ocasiones y más pensativo de lo normal así que no encuentro otra explicación coherente. Tiene una novia, aunque ese término resulte un poco ridículo a su edad.

—No creo que ese sea el caso, Ino —No quiero, pienso para mí misma.

—Yo sí, lo conozco. Además, ¿por qué, sino, saldría a penas recibiera un mensaje?

«Porque solo quiere una excusa para poder huir de mí.»

Entonces lo entiendo, la hemos liado, y ahora estoy mucho más segura que antes que se arrepiente de lo que ocurrió entre nosotros. ¿También se arrepentirá del bebé que lentamente se forma en mi vientre?

Eso ya sería mucho para mí, puede odiarme cuanto quiera y hasta repugnarme pero no a mi hijo.

—Puede que tengas razón —Le respondo para no dejarla hablando sola. Vuelvo mi vista al televisor y me centro en los nuevos comerciales, o por lo menos lo intento. De pronto me asaltan muchas cosas en las que pensar y el dolor de cabeza comienza a hacerse presente.

—¡Joder! —Chillan a mi lado—. ¡Llegaré tarde! —Pronuncia, saltando de la cama y caminando hasta donde ha quedado su celular y jadear dramáticamente—. Tengo quince minutos para alistarme, ¡ayúdame Sakura! —Estoy por pedirle que recupere un poco de cordura pero me detiene con sus balbuceos—, ¿Qué me pongo? ¿Muestro arriba o abajo? ¿Y sí hace frío o calor? —Camina de un lado a otro como un león enjaulado, rebuscando entre las prendas de su armario y algunas otras cosas.

—Tranquilízate —Pido, cansándome de solo mirarla hacer todo eso—. ¿A qué lugar irán?

—Cena, cine, parque —Suelta apresuradamente—. ¡No tengo idea! —Se lleva las manos a sus sienes para acunarlas, se está estresando, en mi opinión, sin ninguna necesidad.

—Entonces utiliza algo versátil —Resuelvo, yendo a su encuentro. Paso muchas de sus hermosas prendas y las que me gustan más para la ocasión las pongo sobre la cama. Ella me observa atenta, mordisqueándose una uña—. Para ya, te arruinaras la manicura —Me burlo, sacando un pantalón pitillo negro y lanzándolo hacia la colcha. Por último, me decido por darle un repaso a su cuerpo cubierto por el pijama y me hago a un lado—. Pantalón, blusa y chaqueta, ¿estás de acuerdo?

—Depende, ¿qué pantalón, cual de todas las blusas que tiraste y que combine con mis chaquetas?

—Pantalón negro, blusa sin mangas verde y cualquiera de tus chaquetas —Meneo mi mano en el aire—. Yo que sé Ino, nuestros estilos difieren mucho.

—En eso tienes razón.

—Y, ¿qué decides?

—No lo sé.

—Quince minutos —Recuerdo e intento reprimir una risa cuando se ofusca nuevamente. Creo que Sai tendrá que esperar un poco más.

...

Me muevo de un lado a otro en la cama, inquieta. Nunca se me ha dado muy bien dormir en cama ajena, pues tengo cierto apego a la mía pese a que la de Ino es muy cómoda y grande.

Doy media vuelta y me coloco de costado mirando a la pared de color marfil en la que se encuentra una gran ventana cubierta por una cortina color salmón y hueso. Extiendo mi mano para buscar mi teléfono y mirar la hora. La luz me pega de lleno y tengo que entrecerrar mis ojos para poder enfocar bien pasado el rato.

2:30 a.m. Ino no ha llegado y creo que Sasuke tampoco, ¿cómo es que estoy sola en una casa ajena entonces? Esto es tan extraño... e incómodo.

Me coloco de espaldas al colchón y hago girar mi celular entre mi índice y el pulgar. No creo poder conciliar el sueño, por lo menos no profundo.

No debería estar aquí.

¿Cómo le irá Ino? ¿Dónde estará Sasuke?

Dejo el aparato a un lado y me llevo un brazo flexionado hacia mis ojos, suspirando pesadamente. Promete ser una larga noche.

Despierto de mi pequeño descanso cuando la boca del estómago comienza a arder. Aplico masajes en mi abdomen para aliviarlo y espero a que pase. No suelo tener acidez, pero las pocas veces que me da, es un poco tediosa. Me alejo las mantas del cuerpo y busco una mejor posición. Nada sirve, sigue la sensación de ardor.

Irritada y aún un poco somnolienta, me levanto, voy con cuidado hasta el baño para hacer una de mis necesidades y al terminar reviso el comportamiento izquierdo del lavamos empotrado. Encuentro un vaso que pronto lleno con agua de grifo y lo tomo sin pausa. La sensación persiste por un rato más y comienzo a irritarme de verdad. ¿Tenía que darme justo cuando logré conciliar el sueño?

Regreso a la cama con el ceño fruncido y la mano en el estómago. Vuelvo a recostarme de medio lado y aguardo con la poca paciencia que soy capaz de reunir a esta hora. Sigo incómoda y ya comienzo a impacientarme cuando transcurre la media hora y no se ha ido la sensación. Bufando vuelvo a levantarme y sopeso ir abajo y buscar un poco de leche, es lo único que me alivia en estos casos, pero me siento una entrometida en este hogar y más andando a mis anchas. El ardor sube a mi esófago y me hace recapacitarlo, Sasuke no está, no lo he escuchado llegar por lo que sigo sola, puedo ir, beber un poco de leche y regresar en un santiamén. ¿No es difícil, verdad?

Solo será un minuto.

Decidida a realizar mi hazaña en tiempo extremadamente reducido, adentro mis pies en mis pantuflas afelpadas y salgo de la habitación. Todo el pasillo está oscuro así que tengo que valerme de mi memoria para recordar donde hay algo que pueda resultar peligroso para mi integridad física. La planta baja si está un poco iluminada, han dejado la lámpara de la cocina encendida y su luz baña parte del lugar. Camino hacia la nevera y la abro, hurgando entre los envases hasta dar con el que necesito. Busco un vaso y bebo apresuradamente. Guardo de nuevo el cartón y lavo lo que utilicé, lo seco y lo guardo antes de regresar en mis pasos. No debo permanecer aquí más de lo necesario y eso aplica para este instante y el amanecer. Cojo la agarradera de la escalera y subo el primer par de escalones antes de escuchar un sonido agudo, tenue pero claro, el del cristal cuando se parte. Mis sentidos entran en alerta y mi espalda toma una posición erguida y tensa. El pasillo por el que ha retumbado es en el que está el despacho de Sasuke. ¿Regresaría ya?

«Eso no te importa. Sigue tu camino.»

Debería, mi conciencia me dice lo correcto pero mis actividades motoras parecen tener vida propia cuando bajo los peldaños escalados y con la piel de gallina, echo a andar hacia allí. Sólo será un vistazo, me cercioro de que todo esté en orden y sin ser detectada regreso a la alcoba.

Veo la gran puerta oscura entreabierta y escucho de nuevo como suenan algunos cristales. Con la respiración un poco errática, me asomo por la abertura. Al principio no veo nada fuera de lugar, ni a nadie, para ser exacta, pero sé que está aquí. Tengo la misma extraña sensación que me embarga cada vez que él anda cerca y aunque eso debería ser una señal de alerta para mí, en este momento no le presto atención.

La luz está encendida y puedo ver en el interior, pero sigo sin tener alguna pista de su paradero hasta que entra en mi campo de visión. Ya no lleva la chaqueta de su traje y se ha arremangado la camisa hasta la parte baja de los codos, con dos de los botones abiertos y el cabello un poco alborotado. Lo miro caminar hasta uno de sus estantes y abrir una botella para servirse un trago de algún tipo de licor que no reconozco, después andar hacia su escritorio y hurgar en los cajones, dando con un marco de fotografía. Imagino que debe contener algo dentro más no soy capaz de verlo porque está hacia él.

Su expresión adquiere un ápice de añoranza desconocida mientras delinea los bordes del artículo, lentamente, como si temiera que se rompiera entre sus dedos. No me agrada verlo de esta manera, parece... abatido.

¿Qué lo habrá puesto así?

Sé que debo irme, que me objetivo al venir aquí ya está cumplido pero no puedo despegarme de la puerta, ni frenar las ganas que tengo de ir a su encuentro y darle un abrazo. ¿Cómo alguien que en público puede parecer que nada le afecta a solas puede caer en ese estado? Y más aún, ¿por qué me sorprende? Es humano, después de todo.

—Amiko —Susurra entonces, sin despegar la vista del cuadro. Mis ojos escuecen al escuchar su tono y entenderlo, es su nombre, extraña a su difunta esposa, a la madre de Ino. Quiero llorar porque eso solo sirve de confirmación para lo que yo ya imaginaba. Me llevo una mano al pecho cuando creo que la respiración me está fallando y puedo dejar escapar algún sonido que delate mi presencia. Comienzo a retroceder lentamente, la acidez ha quedado en segundo plano, ahora lo que me atormenta es otra cosa.

Al tercer paso de retroceso que doy, tropiezo con una mesa que olvidé por completo a causa de mi actual estado de shock y está hace un chirrido al deslizarse un poco.

Mi pecho comienza a subir y bajar con una velocidad vertiginosa, nada saludable y yo solo quiero echar a correr. Desaparecer. Justo cuando he decidido que eso es lo que debo hacer, escucho pasos. Cierro mis ojos por instinto, todavía de espaldas y con miedo a girarme. Todo esto es inaudito, irracional, desastroso.

Su voz me clava un puñal en mi corazón cuando lo escucho pronunciar mi nombre. No me vuelvo, no me siento capaz. Estoy segura de que lloraré si lo veo al rostro.

—¿Qué haces aquí?

Comienzo a pasar el pulgar una y otra vez por la superficie de madera.

—Solo... he venido al escuchar el sonido de cristales romperse —Me cuesta mucho reprimir un sollozo. Tengo que salir de aquí—. Ya me voy.

—Espera —Apresura, casi como en un impulso y yo, como una tonta, me quedo en el sitio. Aguardando a lo que tenga que decirme—. Sakura, yo... —Pero entonces se calla y con amargura admito que entre nosotros pocas cosas pueden ser pronunciadas—. Preferiría que nos topáramos lo menos posible de ahora en adelante —Suelta velozmente.

Mi cerebro tiene un cortocircuito al oírlo. No hay que ser un genio para saber a lo que se refiere. Llevo ambas manos a mis costados y las dejo descansar laxas allí. Duele, duele mucho. No quiere tenerme cerca.

Sin decir nada, retomo mi camino a la planta superior y me encierro, dejando escapar mis emociones a borbotones por medio de llanto y reproches. Dejando fluir mi malestar y mis tormentos.

Para cuando Ino regresa ya ha comenzado a salir el sol y yo me hago la dormida, volviéndome un ovillo. A primera hora hago como que si recién me levanto cuando no he podido pegar un ojo desde que me acosté y tomo mis cosas. Me despido de una adormilada rubia y salgo sin hacer ruido.

No pretendo regresar aquí jamás.


Al principio planeaba extender su reencuentro, pero me gustó como quedó de esta manera.

¿Se imaginan a dónde fue Sasuke y por qué estaba en ese estado?

Me encantaría leerlos, sus comentarios y deducciones me alegran el día.

Nos estamos leyendo pronto, prometo no tardar mucho para subir la continuación.

Cuídense.