Deambulo por los pasillos de la universidad con mi mochila en el hombro sujetándose con fuerza. Tengo los nervios crispados desde que entre a este lugar, la clase anterior solo me dedique a tamborilear la punta del lapicero contra el pupitre una y otra vez luego de terminar el examen. Al fin libre he prácticamente corrido por los pasillos lejos de Ino y sus gritos. Todavía no puedo creer que casi le haya dicho el nombre del padre de mi hijo, después que me despertará de un mal sueño que me atormentó como nunca pensé que algo pudiera hacerlo.

Suspiro un poco recordando las escenas más vividas y crueles de mi pesadilla. En ella Sasuke descubría mi estado, y se reía en mi cara por ser tan tonta y descuidada, por pertenecer a ese escaso porcentaje al que las píldoras anticonceptivas la defraudaban, echándome la culpa también por la falla del preservativo, por haber pensado que quizás podríamos tener un futuro en conjunto, y por contar aún con la pueril espera, esa que me hacía un poco más difícil toda la situación, el que sigo enamorada de él.

¿Alguna vez, después de los 14 años, dejé de quererlo?

No puedo mentirme a mí misma, de hecho ya estoy harta de tener que ocultarle la realidad a los que me rodean. Es cansino, exhaustivo, pero también necesario. No puedo simplemente gritar a los cuatro vientos que el padre de mi mejor amiga tendrá un nuevo descendiente que poco a poco se forma en mi vientre.

Así como tampoco puedo quedarme esperando a que lo tome de la mejor manera y de pronto formemos una familia que se guíe por el «felices para siempre»; eso solo se ve en las historias de amor que proyectan las películas románticas. La vida real no es ni remotamente similar —la mayor parte del tiempo—, a lo que allí dramatizan.

Sin esperarlo, llego hasta la entrada de la biblioteca del campus. Miro el amplio letrero unos segundos, aún de pie a unos pocos metros de la puerta y me relajo. Ino no estaría aquí, jamás, así que me encuentro segura por los menos las horas libres antes de retomar una aburrida clase de historia.

—¡Sakura! —me llaman de alguna parte. Giro sobre mis pies para averiguar de quien es la voz. La encuentro trotando un poco hacia mí. Sonrío.

—Hola, Hinata —saludo. Me causa un poco de gracia verla agitada, distando mucho de su peculiar serenidad para todo.

—Hola —se quita el flequillo de la frente y pasa después su mano por las mejillas marcadas y rosáceas. A pesar de su edad, puedo afirmar que Hinata parece, y es, una mujer adorable—. ¿Entramos juntas? —señala la puerta doble.

Yo miro hacia allí y asiento. Juntas comenzamos a caminar y pasamos aquella barrera, todo lo que nos reciben son libros y más libros. Pese a lo que se podría esperar, no huele a polvo ni está muy callado que se diga. Seguimos caminando en absoluta calma.

—¿Buscas algo en particular? —pregunta mirando frente.

—Sí, necesito averiguar sobre las fechas de creación y publicación de unos escritos importante en la antigua China.

—¿Historia contemporánea?

Suspiro.

—No me lo recuerdes.

No es extraño que sepa de lo que hablo, estudiamos lo mismo después de todo. Riendo a mi lado, porque debe saber que me fastidia en demasía, vamos hasta uno de los mesones para estudiar en calma.

—Debo irme —me detiene—, al mesón de recepción, ¿quieres venir y así busco en el computador si no han cambiado esos libros de estantería?

—Perfecto, no me apetece perder tiempo entre lomo y lomo.

La sigo con calma, en dirección al ala derecha de la enorme biblioteca. Allí nos topamos con un largo mesón de recepción que dista de los demás por su color mostaza chillón, y detrás de éste se encuentra con clara mueca de aburrimiento una mujer un poco mayor que nosotras. Ve a Hinata y sus ojos se iluminan, imagino que quiere salir pitando del sitio.

Llegamos hasta ella, quien ya se ha puesto de pie.

—¡Cinco minutos tarde! —reprende, para nada molesta—. Pero no importa, lo bueno es que ya estas aquí y yo me largo —se agacha para tomar su abrigo y, obviamente sin querer, por su acción veo el escaso hilo rojo que conecta la ropa interior a sus nalgas. Miro al otro lado—. Por cierto, ¿no has sabido nada de quien quiera trabajar por las tardes?

La peliazul a mi lado niega.

—No, Samui.

—No me sorprende, ni yo quiero trabajar aquí —bufa, haciendo un ruido poco agraciado al explotar la goma de su boca en una bomba. Termina tomando su cartera y sale de detrás del mesón, sin despedirse.

Hinata y yo nos miramos con cara de extrañeza, pero luego ella se ríe y yo la sigo. Eso ha sido raro.

Pronto mi acompañante del camino toma el lugar que antes ocupaba la extraña rubia y comienza a revisar en el computador.

—No sabía que trabajabas aquí.

—Lo hago en las mañanas que mayormente tengo libres, me distrae —responde suavemente.

—Ya veo —murmuro—. Debe ser muy calmado por aquí.

Se ríe por mi comentario.

—Sí, aburrido también es. Por eso no todos podemos aplicar para este empleo de medio tiempo —señala por donde la mujer de antes se ha ido—. Samui está por graduarse y desde mucho antes quiere dejarlo, pero no la dejan ir hasta que se encuentre otra persona dispuesta a trabajar aquí y ella aún esté en el último período.

—Entiendo, no se le veía muy feliz.

—Sí.

—¿Y pagan por pase un turno aquí? —curioseo.

—Casi lo mismo que trabajando fuera, pero como ya te dije, casi nadie se postula.

—¿Y yo podría hacerlo?

—¿Trabajar aquí?

—Tengo cuatro de cinco tardes libres a la semana y justo la que tengo ocupada es el viernes, cuando la biblioteca no labora. Podría funcionar aquí —miro a mi alrededor—. Me distraigo y consigo un poco de dinero extra, no está mal.

—¿Segura?

De repente tengo más convicción que nunca. Es una oportunidad perfecta.

—Claro que sí.

—Entonces al salir de aquí hablaré con la decano a ver si te acepta, pero deberías acompañarme.

—¿Con Anko?

Obtengo una respuesta afirmativa y mi ánimo de pronto decae varios niveles.

—Al mediodía, ¿te parece?

—Sí.

Vuelve a retomar su búsqueda y después me mira.

—Pasillo 7, estantería 23.

—¿Eh?

—Los libros, Sakura —recuerda tímidamente. Me sonrojo de vergüenza.

—Gracias, Hinata —me alejo despidiendome con un movimiento de manos—. Nos vemos a las 12:00.

—Bien —asiente, para luego recibir unos libros que alguien ha ido a devolver.

Camino en dirección al pasillo y murmuro los números de las estanterías hasta dar con el que me dijo.

Es altísimo. No creo llegar por mi misma.

Busco una escalera de esas que siempre están en las esquinas y la abro, cerciorandome de que esté bien puesta. Subo un escalón, después el segundo, y la madera bajo mis pies se tambalea. Dudo. No quiero caer, eso es muy peligroso en mi estado, pero tampoco puedo obviar que sí necesito esos libros para no llegar con las manos vacías a mi siguiente clase. Bajo los escalones subidos y después miro hacia arriba, donde brillan en letras doradas el tomo que necesito. Subo un escalón de nuevo, para al final bajarlo con rapidez.

—¿Le tienes miedo a las alturas?

De nuevo en la seguridad del suelo, busco a quien me habla.

—No, es solo que... ¿Neji, no es así?

—Sí, ¿cómo te llamas?

En mi ojo aparece un tic nervioso.

—Soy Sakura, Hinata nos presentó el otro día... ¿lo recuerdas? —Su expresión sigue en blanco y yo me pongo nerviosa. Primero me ve actuando como una desquiciada que sube y baja dos peldaños de escalera y ahora tartamudeo. Menudo ridículo he hecho—. ¿Sabes qué? No importa.

Prefiero dejar el agujero de la vergüenza hasta cierta profundidad, gracias.

—En fin, ¿quieres que te ayude?

Parece un poco malhumorado, pero no se ha alejado. Es más, es él quien se está ofreciendo a ayudarme. Neji ha escalado en mi grado de hombres extraños. Y no sé si en el sentido bueno o malo.

—Por favor —doy un paso atrás cuando se acerca y se monta en la escalera con toda la calma y agilidad del universo. Pero hay una cosa que no soy capaz de dejar pasar, y eso es su trasero; el cual queda a una muy buena distancia.

Tiene buenos glúteos, o al menos eso parece debajo de la tela de su pantalón de jean.

Un carraspeo me saca de mi ensoñación inducida, así que lo miro.

—¿Cuál es el libro? —sus cejas se han fruncido y su voz suena un poco más irritada que antes. Ha de estarme hablando mientras yo andaba de distraída.

—Lomo rojo y letras amarillas —señalo hacia arriba.

Lo toma y me lo entrega una vez está de pie a mi lado. Abro la boca para agradecerle, pero al parecer no le hace falta, pues al verme queriendo realizar tal acción sigue de largo, como si nada.

Es definitivo, ese hombre es raro. Suspiro un poco en la restaurada soledad y deparo en la escalera, sonrío, negando con la cabeza mientras dejo el libro sobre una de las mesas y la voy a poner en su sitio. Despues me siento y comienzo a hacer mis apuntes, esperando poder tenerlos a tiempo.

...

—¿Dónde estuviste todo el día? Me tenías preocupada, Sakura —comienza Ino con su regañina. Coloco mis libros sobre el escritorio y saco la silla para descansar mi bolso allí. La espalda me duele a horrores—. ¿No piensas decirme? ¡Sakura!

—¿Qué pasa? —centro mi atención en ella, quien deja el esmalte rosa a un lado y me mira con claro disgusto.

—Andas muy distraída —dice, poniéndose de pie y observándome con la clara intención de intimidarme. Conozco sus técnicas—. Y me atrevería a jurar que me has estado evitando todo el día, ¿ocurre algo? —pregunta, sentándose en mi cama.

—Solo he tenido un día agitado, nada más —comunico, y no es mentira, después de todo.

—¿Únicamente? —asiento—. ¿Segura? —Vuelvo a afirmar con una sonrisa—. Bueno, entonces cuéntame, ¿qué tanto hiciste hoy después de ignorar mis gritos por el pasillo?

—No te ignoraba, solo... tenía prisa.

Arqueada una ceja clara, acusandome de mentirosa sin palabras

—Hagamos como que te creo, ahora sigue. ¿Hacia donde ibas?

Cierro los ojos mientras me siento y quito las botas con los calcetines antes de lanzarme a mi cama. De verdad que estoy cansada.

—A la biblioteca.

—¿Por qué?

Masajeo mis cienes.

—Necesitaba terminar los apuntes de historia y allí se encuentra un libro que me recomendaron y me sirvió de mucha ayuda. Cuando quieras te doy el título.

Hace como si le recorriera un escalofrío.

—Ni de broma —rio, y ella adopta una pose pensativa, a la par que pone una mano en mi pantorrilla—Oye, Sakura, tienes los pies hinchados, ¿no lo crees?

Abro mis ojos anteriormente cerrados por el cansancio y enfoco el sitio. Sí, se ven más gordos de lo habitual.

—Es normal en mi estado, Ino —recuerdo—. Además, hoy pasé mucho rato de pie. No es gran cosa.

—Creo tener que contarte que leí algunos artículos sobre el embarazo, y eso no debería empezar a pasar sino hasta adelantado el embarazo. Debes tener cuidado, a veces pareciera que olvidarás que esperas un bebé —regaña—. ¿Por qué estuviste de pie tanto tiempo?

Hago una mueca.

—Tuve que esperar a la decano fuera de su oficina, por algunas horas, los puestos no estaban disponibles así que me tocó permanecer de pie —recuerdo que me dolían mucho para cuando la profesora Anko arribo a la instalación.

—Un momento, ¿qué hacías allá? ¿Qué ocurrió?

—Nada malo —detengo el hilillo de sus pensamientos—. Es solo que iba a hacerme una entrevista —la detengo con mi mano antes que me interrumpa—. A partir de la próxima semana trabajaré en la biblioteca por las tardes.

Su confusión es evidente cuando habla.

—¿Pero por qué? ¿Qué bicho te picó, Haruno?

Sonrío cuando termina, con un buen presentimiento aflorando en mi pecho. Procedo a explicarle, para que así ella comparta mi alegría.

—Verás, voy a tener un bebé —como si no lo supiera—, y necesitaré dinero para cuando ese momento llegue. Papá me envía mensualmente, pero prefiero tener unos ahorros, por si algo surge. Nunca está de más. Con ellos puedo tener cierta independencia económica, que aunque no lo parezca, dan un buen sueldo por estar unas cuantas horas recibiendo y registrando libros en la biblioteca; lo que me ayudará. Más ahora que vienen gastos de medicamentos, citas médicas, ropa y artículos necesarios para ese día. Quiero ganarme esos pagos y con ellos comprar poco a poco lo que necesite. Ya no puedo simplemente pensar en mí, Ino —murmuro, poniendo las manos sobre mi vientre—. Ahora somos dos y debo hacerme responsable.

Silencio total, mi mejor amiga solo me mira con los ojos brillosos y una sonrisa que aunque no muestra dientes, se siente y ve como una sincera.

Se abalanza para abrazarme, tomándome por sorpresa, sin embargo, eso no me priva de rodearlo con mis brazos y afianzar mi mejilla en su hombro.

Duramos así lo que presumo como un minuto, o poco menos, hasta que nos separamos. Y noto que gruesas lágrimas recorren sus mejillas, aún cuando ahora sonríe ampliamente.

—Eres... —sollozó y seguidamente ríe—. Tonta, hablas como si no tuvieses a nadie más en este mundo, como si no me tuvieses a mí. Tú podrás ser quien lo lleve dentro, pero eso bebé también será mío. ¡Si hasta seré su madrina! —exclama, logrando que me encoja de hombros en mi sitio.

—Yo...

—No —me corta antes de que logre añadir una segunda palabra—. Entiende una cosa, Sakura Haruno. Me tienes a mí, no estas sola en esto. Yo te ayudaré en todo lo que esté a mi alcance, le regalaré muchas cosas a mi sobrino —dice, mirando mi vientre cubierto—. Puedes que tus padres, en cierta forma, te hayan dado la espalda —prosigue con tiento—. Pero yo no, jamás. No lo hice antes ni lo haré ahora, mucho menos a futuro —siento la presión de las lágrimas subir por mi garganta, y las reprobó como puedo—. Así que entiendelo de una buena vez.

—Gracias.

No lo soporto más y sollozo, cubriéndome el rostro con las manos y dando rienda suelta a mis emociones. No me merezco una amiga como ella, soy una basura. Nunca podré perdonarme el haberme metido con su padre y sé que ella tampoco. Pues aunque dice esto ahora, no está al tanto de la verdadera situación y por lo tanto esa promesa está sujeta a cambios, nada favorables, a mi pesar.

Vuelve a estrecharme y la escuchó llorar y reír también.

—Estamos excesivamente sensibles —se burla al separarse. Entonces, de la nada, pega un grito que le hace una reñida competencia a los de las películas de terror.

—¿Qué ocurre? —pregunto sobresaltada, con el corazón latiendo desbocado dentro de mi pecho.

—¡Me he arruinado el esmalte fresco! —prácticamente pega sus unas a mis ojos y no lo evito, rompo a reír ante su dramatismo. Es tan... Ino.

—Oye —capto su atención cuando busca un removedor por toda la habitación, abriendo y cerrando cajones a diestra y siniestra—. ¿Tienes planes para este fin de semana?

Se detiene, con el envase en una mano y algodón en la otra.

—Sí —bajo la mirada, un poco decepcionada pero sin querer que lo note. No es su obligación después de todo—. Tenemos cita con la doctora Mei, ¿o acaso tenías otra idea en mente?

Levanto mi vista, encontrandola con una expresión de chulería mientras pone una de sus manos sobre la cadera.

—No, Ino. Gracias —exclamo, con un torbellino de emociones en mi interior.

...

Las mariposas dentro de mi estómago, parecen tener un nido allí dentro mientras retuerzo mis dedos entre sí una y otra vez. Esta vez hemos sido las primeras en la lista para que la gineco-obstetra nos atienda. Aunque ella no ha llegado todavía; por lo que Ino y yo no encontramos sentadas con cuatro personas más a nuestro alrededor, cada quien inmiscuido en lo suyo.

Hasta mi amiga, quien no ha dejado de teclear en su teléfono desde que pasó por mí esta mañana.

Sonrío por ella, feliz de que las cosas en el ámbito amoroso le vayan tan bien. Sin querer interrumpirlo, me pongo de pie con cuidado.

—¿A dónde vas?

—Al baño —susurro bajito—. No aguanto mi vejiga —admito con un poco de vergüenza, aunque ella ya se ha dado cuenta de eso. De un tiempo para acá he pensado en mudarme al baño de nuestra habitación en el campus, ya que prácticamente paso más horas allí que en otro sitio.

Sonríe divertida después que le explique que no tardaré.

Solo he estado aquí una vez con anterioridad, por lo que me extravío en mi camino al baño, llegando hasta el ala en el que están los internos. Vuelvo sobre mis pasos, recurriendo a entrar por otro pasillo esta vez. Camino unos pocos metros antes de decidir devolverme de nuevo. Al final reculo y voy a la que debió ser mi primera opción.

—Buenos días, por favor, ¿podría decirme donde se encuentra el baño? —pregunto a una joven de cabello ondulado y oscuro en la recepción.

—Claro, ese por ese pasillo —señala con su bolígrafo a la izquierda—, cruzas a la derecha, al fondo.

—Gracias —le sonrío con amabilidad y rodeo el mesón redondo de la recepción que ocupa el centro de la misma para poder atender desde todos los ángulos.

Dando un par de pasos y antes de entrar por el pasillo, siento mi teléfono vibrar en el bolsillo trasero.

Es un mensaje de Ino avisandome que la doctora ya ha llegado. Me apresuro lo más que puedo a hacer mi necesidad y caminó a paso rápido de regreso al consultorio.

No encuentro a la rubia por ningún lado, así que con un poco de cautela paso entre los demás y toco suavemente la puerta, hasta que me permiten abrirla.

Lo primero que veo y me sorprende es escuchar unas risas que provienen de la doctora y de mi mejor amiga.

—Oh, Sakura, ¿te perdiste en el camino hacia al baño? —bromea.

—No importa, Ino —intercede la pelirroja, sorprendiendome por la familiaridad con la que habla—. Ya puedes sentarte, comenzaremos con las preguntas, Sakura.

Aún confundida, me siento y respondo lo que quiere que responda, pasando desde los síntomas hasta los cambios físicos.

—Creo que... están un poco más pesados —admito, señalando mi busto.

—Es normal, los conductos se están preparando para cuando llegue la hora de amamantar.

—¿Y no es muy temprano para eso? —preguntó con verdadero interés—. No se me nota mi estado todavía.

Ella sonríe, como si no le sorprendiera lo que acabo de decir. Quizás sea así. Vive de soportar mujeres embarazadas, así que es lo más probable.

—Todavía estas sufriendo los cambios, pero llegado el tercer mes estos comenzarán a ser más notorios y rápidos, porque el bebé comenzará a crecer cada día más. Así sea un poco, lo hará.

Una sonrisa amplia se instala en mi rostro ante esto.

—¿Has tenido algún tipo de manchado o flujo? ¿Dificultad para ir al baño? ¿Dolores en zonas particulares? ¿Molestias? —comienza a preguntar y yo respondo a cada una de ellas con sinceridad.

Busca en un archivo que tiene a la mano hasta dar con el que tiene mi nombre. Lo abre, traza unas cuantas cosas en un cuadro donde presumo deben llevarse las fechas en la que asisto.

Ya cuando he respondido a un sinfín de cosas, voy para que como la vez anterior, me pese y tome la presión arterial. He aumentado casi medio kilo y mi presión sigue igual, ella me indica que mis niveles y peso van perfectos. Luego me recuesto en la camilla para que me unte de ese gel sumamente frío sobre mi bajovientre y pase la maquina de ecografías.

Primero todo se ve negro y gris, hasta que aparece una mancha blancuzca que resalta. Empieza a apretar botones y a acercar la imagen. Creo saber cada una de las formas que me muestra la pantalla y lágrimas vuelven a agolparse en mis ojos. Es tan hermoso.

—Vamos a ver —me saca de mi ensoñación, aunque creo que en realidad le habla a la pantalla. Mueve el aparato de arriba a abajo y luego de izquierda a derecha, por lo que la imagen se mueve rápido y casi no distingo nada ahora—. Los dedos de los pies y las manos se han desarrollado en su totalidad —dice, deteniéndose unos segundos en esa parte. La puedo distinguir y me emociona—. Ya tiene sus huellas dactilares... Aquí se aprecia con claridad su columna vertebral —sigue moviendo el aparato—. La cabeza ocupa gran parte de su masa corporal, lo que es normal —no puedo apartar mi vista, es como si me encontrara hipnotizada—. Sus rasgos se van formando, va a ser muy guapo en el futuro —bromea, causando que Ino y yo asintamos entre risas—. Es muy activo en esta etapa, responde a estímulos, puede que todavia no lo sientas, pero si acaricias tu barriga, probablemente se encoja. Debes hablarle, les gusta mucho —accedo a todo de inmediato. De verdad quiero hacerlo ya—. ¿Quieres escuchar los latidos de su corazón?

Eso ni siquiera debería preguntarlo, pienso, pero por si acaso, asiento con efusividad, generando una sonrisa.

—Por favor.

Me da una última mirada antes se ir a presionar unos botones un poco más grande que los demás. Escucho como se imprimen las tomas que capturó con anterioridad y aunque me distraigo en ella, pronto soy atraída de nuevo a la realidad, por un golpeteo suave y constante.

Escucho que alguien retiene el aliento y creo que soy yo, no estoy segura.

La habitación está en completo silencio, exceptuando los latidos y no sé si el hecho de tener las luces apagadas adjunto a eso es lo que logra que sienta las emociones rebasandome.

—Parece el galope de... un caballo —musita Ino, apenándose al instante—. Es simplemente hermoso.

—Lo es, realmente lo es —concedo con la voz ahogada.

La doctora de queda quita, dejándome disfrutar de esto y se lo agradezco en silencio. De verdad es otro nivel de realidad, de reconocimiento de mi estado, de que pronto tendré a un pequeño entre mis brazos.

Más pronto de lo que quisiera, el sonido es enmudecido. Lo entiendo, no puedo durar toda la mañana aquí, ella tiene otros pacientes que atender pero de igual forma siento un poco de decepción zumbando en mi interior mientras me limpio la zona donde antes ha estado el gel y me abrocho mi pantalón.

La especialista ha vuelto a tomar notas en mi informe médico. Me acerco a Ino.

—Todo va bien, no hubo ninguna irregularidad —exclama—. Tu embarazo va en perfecto desarrollo —sonríe.

—Eso es una fortuna.

—Así es —irrumpe la rubia. Ya me había extrañado que no participara—. Pero, Mei —de nuevo esa extraña familiaridad—, ¿cuándo podremos saber el sexo?

—Es muy pronto —le recuerdo, o por lo menos así leí en internet.

Sin importarle, pasa de mi olímpicamente y espera una respuesta profesional.

—Tiene razón, es muy pronto. Nada es seguro todavía, pero, quizás y al ojo por ciento pueda darles mi opinión. Eso sí, no es seguro, aunque puede y después acierte. Tú decides, Sakura.

Me tenso. ¿Quiero saber el género? ¿O es mayor el miedo que la intriga? Al carajo. ¡Sí, claro que quiero!

Humedezco mis labios, esperando a encontrar mi voz nuevamente.

—¿Qué cree que sea?

Mei mira a Ino y luego a mí, cerrando mi expediente y tendiendome una receta médica ligera.

—Varón, casi apostaría que eso va a ser.

Mi cuerpo sufre una perdida de temperatura y color al escucharlo. Un varón, un pequeño hombrecillo. Mis manos tiemblan y no volteo a mirar a Ino aún cuando ésta grita de emoción.

—¡Tendré un sobrino! ¡Qué emoción!... ¿Sakura? ¡Sakura!

La miro todavía desorientada, y su semblante se ablanda.

—Es... perfecto —solo eso puedo decir.

—Claro que sí, lo sería sin importar el género —Me da un apretón cariñoso en el hombro—. Deja de llorar, por favor.

Allí es donde soy consciente de las nuevas lágrimas que no he sentido llegar. Las limpio con calma cuando me tienden un pañuelo desechable. Le agradezco a la doctora Mei, antes de salir del consultorio.

Otro paciente toma el lugar donde antes estaba yo y salimos de la clínica. El trayecto ha sido silencioso, y se mantiene así hasta que montamos en el auto de Ino.

—Eh, Sakura, debes salir de ese trance —bromea—. ¡Vas a tener un Saku!

Ruedo mis ojos cuando repite ese apodo.

—No le dirás así, te lo prohibo.

—¿Por qué?

La mirada que le lanzo no necesita respuesta, aunque ella se ria mientras enciende el motor.

Muy probablemente tenga un varón, ¿cómo será? ¿Se parecerá a mí? O... Niego con mi cabeza, despejandome. Sea como sea, lo amaré. No importa si al final sus rasgos resultan ser los de él.

Las calles atestadas pasan a la velocidad en la que se conduce y yo me distraigo viendo a las personas, sintiendo un poco de hambre. Tantas emociones me han abierto el apetito, que ha empezado a regresar. Y las náuseas, las benditas náuseas y son escasas. No veo la hora de dejar de devolver todo lo que ingiero.

—¿Podríamos para en una cafetería? —pregunto.

—Claro, por aquí hay una cerca.

—Ino —llamo, cuando entramos a una calle de puros comercios de comida—. ¿Conoces a la doctora Mei?

—Sí y no. Antes de que llegaras he debido distraerla para que no te dejaran de última en la lista de pacientes. Me presenté y ella simplemente me reconoció.

—¿Qué quieres decir?

—Soy Ino Uchiha, Sakura.

Empiezo a atar cabos.

—¿Conoce a tu padre?

—Sí, inmediatamente me presente, me lo preguntó. Le dije que soy su hija y comentó que eran viejos amigos.

—Vaya.

—Quiero que sea ella.

Había comenzado a centrarme de nuevo en la ventana, por lo que volví el rostro hacia ella.

—¿Que sea qué?

—La mujer con la que sale. Ya no tengo dudas, papá se ve con alguien. Y quiero que sea ella. ¿La has visto? La mujer es hermosa y muy inteligente, ¿es doctora después de todo, no? Se verían bien juntos, además, esa expresión que adquirió al preguntarme por nuestro parentesco delataba auténtico interés...

Dejo que siga con sus suposiciones, una lastimandome más que la anterior. Me duele escucharla decir eso, y más aún porque es la verdad. Sasuke merece estar con una mujer como ella, toda una dama madura, correcta e inteligente. No conmigo, quien como la estúpida que soy, todavía espero un final feliz a su lado. Quiero llorar de nuevo pero ahora nada tiene que ver con la felicidad, es dolor del más puro que jamás sentí. De ese tipo que carcome y desgarra todo en tu interior, del peor de todos, porque debo fingir que estoy bien, cuando la realidad dista mucho de eso.


Yo sé que a veces tardo en actualizar, pero entiendan, por favor, que no siempre la inspiración me acompaña. Por más que quiera:(

Muy probablemente encontraron errores, pero es que no tuve tiempo de corregir.

Ahora, quisiera saber qué les está pareciendo mi historia. Admito que es un poco lenta, pero así como la situación de nuestra pareja es difícil, la relación de los sentimientos también. Sasuke no puede enamorarse de Sakura de un día para otro. ¿O sí? Neh. Mentira, quizás en otras historias sí, pero no en las mías:p

Muero por leerlos.

Saludos a todos:)